“Make a wish”: Nuestros proyectos

Llevo días en una discusión interna sobre si debo o no plantearme objetivos o proyectos para este año. Por un lado pienso que hacerlo equivale a desconocer el goce que siento -y requiero- ante un fluir natural de la vida, que apunte al presente sin más. Por otro, reconozco que esa proyección es una buena manera de concretar deseos y sueños, y darle un “orden” a la vida y a las prioridades que tengo (para mí y para mi familia, por cierto). Finalmente, ayer encontré un post muy lindo de Victoria -¡ella es siempre tan capaz de simplificar lo que parece tan complejo! ;) – sobre el tema que ha terminado por redimir ambos puntos de vista y darme paz: voy a pensar en proyectos mensuales. Hacerlo, creo, me da ese pedacito de libertad que necesito y no quiero olvidar.

Imagen de Martin Kenny, tomada de Seen Objects, su fotoblog.

Pues bien, quizás mi lista no contenga 12 deseos-proyectos, quizás sean más, quizás sean menos. A lo mejor, incluso, termine enunciando montones de ellos más allá de enero (idea que no le disgusta a la parte de mí que se siente un poco apabullada con eso de que al empezar el año “hay” que planear) o me quede corta con mi capacidad de hacerlos realidad. Pero no importa: quiero soplar la velita o la florecita de mis sueños y dejarlos volar. Así que empiezo.

  • Quiero que la alimentación de mi familia sea saludable, hogareña, orgánica y familiar. Obviamente, si han leído este blog en otras ocasiones, éste no es un deseo nuevo… ni siquiera es algo en lo que no hayamos realizado intentos. Creo firmemente que vamos por muy buen camino (cocinando en casa, usando principalmente productos orgánicos, evitando el consumo de productos procesados, sembrando una huerta -que nos pide cuidados-, haciendo ghee, yogur y kéfir en casa -esto es nuevo y es algo que me encanta; gracias a ello estoy apreciando y buscando la leche cruda, por demás ;) -…), pero también pienso que tiene que ser un deseo consciente y constante. De otro modo, quizás no se hará realidad. Los resultados posibles son, a parte de menús deliciosos y de un montón de tiempo en familia -en el que sueño a Irene participando en los procesos de consecución de ingredientes y preparación de las comidas-, una vida más saludable para todos y una conciencia de respeto y cuidado del entorno que nos rodea. Quizás el impacto parezca poco, pero para nosotros, una familia pequeña, es inmenso.
  • Quiero adentrarme más en la educación en casa, potenciar los aprendizajes de nuestra chiquita (no con tareas o ideas impuestas sino aprovechando las inquietudes que ella misma nos plantea) y darle más ritmo a nuestra rutina. Básicamente porque siento que ella cada vez quiere aprender y entender más y porque los días se nos pasan tan rápido -y a veces con una sensación grande de vacío- que quiero disfrutarlo más (con menos pantalla, menos internet y más parque, más baile y más amigos).
  • Quiero escribir (tengo un libro en mente… que nace, justo, de este blog) regularmente y desarrollar proyectos que se me han quedado en el cajón.
  • Quiero mejorar el presupuesto familiar, con una meta de ahorro viable y sin salir (yo) a trabajar (el sueño de todos, ¿cierto? Jjajaj. Si alguien tiene la fórmula, me encantaría conocerla. ;) ).
  • Quiero hacer proyectos en casa: de costura, de cocina... Me gustaría ser más “craft” (Quizás, lo que quiero en realidad, es poder disfrutar más de ese estar en casa, haciendo cosas útiles y hermosas. Mover mis manos sin pensar).
  • Quiero bailar. Este deseo puede parecer extraño y quizás suene muy global (¿un solo mes para hacerlo? Ni pensarlo). Pues bien, es un proyecto que ya está en proceso, sin pretensiones profesionales ni nada que se le parezca: quiero despertar mi cuerpo, reconectarme con mi alma, despertar mi sensualidad, quiero sentirme ágil y saludable, quiero que no me duela la espalda, quiero poder saltar. Ah, y quiero que Irene también baile… aunque, a decir verdad, ella lo quiere mucho más, ¡pero no logro encontrar unas clases de ballet para niños de menos de 4 años! Sigo buscando. Las mías, no de ballet sino de meditación en movimiento a través de la danza, ya están. ;)

Hoy paro en este punto y traduzco algunos deseos en proyectos (con la idea de que los buenos hábitos perduren en el tiempo):

  • Mes culinario en casa (para el que me inspiraré, entre otros, en el Real Food Challenge -del año pasado y el que vendrá este año en marzo- de Not Dabbling in Normal y en chefs conscientes y activos como Jamie Oliver) -marzo-.
  • Curso de Lectoescritura y participación en la Escuela libre el línea Aprende con alas -enero-.
  • Participar en el NaNoWriMo -noviembre- (aunque para entonces espero tener ya una rutina de escritura establecida, que incluya al menos un post semanal).

¿Sugerencias? ¿Ideas? Ya sé que esta entrada es más un compromiso personal, pero me encantaría que verbalizarlo abra puertas a otras formas de hacer esos deseos realidad (entre otros tantos que sí elevamos al cielo, pues pueden desbordar nuestra capacidad de obrar).

25 enero 2012 at 15:32 6 comentarios

Rutina = felicidad

Sí, es un título pretencioso… y seguramente impreciso, pero de alguna manera siento que se ajusta a lo que hemos vivido con nuestra pequeña durante estas primeras semanas del año: tras una primera semana atípica, fuera de casa y vacacional, hemos vuelto a la rutina y con ella a la tranquilidad del hogar. Obviamente, los cambios no significan tristeza, pero debo decir que el retornar al “me despierto, desayuno, me baño, me visto y juego” en los horarios y espacios habituales nos ha permitido dejar atrás esos días de rebeldías y llantos constantes. Creo que más que falta de fiesta, nuestra chiquita extrañaba su casita (Y eso que andaba contentísima).

Fotografía de Livinglocurto.

Llegué a pensar, muy honestamente, que los terribles dos habían llegado con fuerza. Ahora opino que sí que existen, pero que quizás lo que más afecta el comportamiento de un chiquito es su entorno, no la edad. Sin duda, Irene cada vez reclama más autonomía, más control (de su parte, claro), más independencia, más… “quiero que sea sí y ya”, pero también da indicios de seguir unos ritmos precisos a pesar incluso de adaptarse a las novedades con gusto (si nosotros nos adaptamos también a ellas, por cierto). En varias ocasiones durante los últimos días de nuestro viaje dijo, al notar que regresábamos después del paseo diurno al lugar donde dormíamos, “quiero ir a la casita de nosotros”… con nombre de ciudad y todo. No protestaba, no lloraba (por eso, al menos), pero sí daba señas de estar cansada y de extrañar.

¿Cambio de rutinas?

Y de espacio, sin duda. Seguía estando con papá y mamá, pero la alteración de su entorno y de sus tiempos de reposo fue quizás lo que más incidió en su estado (no siempre bueno) de ánimo. Hoy, con más calma y -sobretodo- después de ver el retorno de su tranquilidad, me doy cuenta de que Irene pedía a gritos -literalmente- menos actividad (a pesar de todo el goce que tuvo durante las vacaciones y de lo muchísimo que aprendió, río, disfrutó, bla, bla, bla). Sus horas de sueño se vieron trastocadas y aunque no fue significativamente, la ausencia de siesta y la hora de más que permanecía levantada sí la hacían muchísimo más irritable.

Las ideas del continuum, la crianza en brazos y un no sé qué otro cúmulo de teorías y prácticas de crianza me resultaban lejanas. Luego, no obstante, concluí que los adultos somos los llamados a reconectar. Recordé incluso algunas palabras escritas por mí misma en este espacio: el niño no tiene que adaptarse a la vida de los adultos, son los adultos quienes deben adaptarse al pequeño. Irene estaba completamente dispuesta a los cambios, pero nosotros no podíamos desconocer que estos la afectaban y que por mucho que ella quisiera estar en todo y hacer de todo, su cuerpecito necesita, al menos, descansar.

Con esta perorata, resumo, reafirmé muchas de las palabras escritas antes en esta casita, al tiempo que divagué sobre algunas ideas que más adelante espero desarrollar.  A manera de abrebocas puedo decir que, tal vez, por mucho que queramos, no podemos pretender que nuestros chiquitos crezcan y respondan totalmente a esa idea de bienestar natural que parecen tener los niños yecuanas (me refiero a lo que dice Liedloof en su libro), pues nosotros mismos no crecimos en ella y actuaremos, las más de las veces, sobre prerrogativas distintas a las de esos papás. Quizás sí podamos intentar descubrir nuestro continuum (y hacerlo puede ayudarnos muchísimo en el establecimiento de una relación tranquila y feliz con nuestros hijos), pero dudo que ése sea un calco del de los indios.

Como verán, discurrí muy especialmente en ese tema… y volví a reencontrarme (después de muchos suspiros desesperanzados) con una idea de bienestar y tranquilidad al retornar a casa. Mi conclusión puede sonar pretenciosa, pero sí se resume en que la rutina proporciona felicidad (y si al decir rutina digo estabilidad, confianza, equilibrio, tranquilidad… ¿no retorno un poco a esa idea de continuum? Falta tela por cortar).

;)

¡Feliz comienzo de año (y de rutinas. Jajaja)!

18 enero 2012 at 23:40 4 comentarios

No es tan fácil…

Retomar la rutina, tanto a los grandes como a la pequeña, este año nos está costando más. Recién regresamos de nuestras vacaciones de fin de año y tras disfrutar de nuevos horizontes, mucho sol, playa, comida deliciosa y un frío mar, intentamos reinciar nuestra cotidianidad. Pues bien, entre gritos y protestas rebeldes (para las que no han bastado la paciencia de mamá y papá ni las palabras de Liedloff sobre el continuum) y entre intentos por hacer sin pensar, aquí estamos. Sin nuevos proyectos manifiestos, pero sí un cúmulo de buenas intenciones. Veremos cómo terminamos esta lenta calentada de motores. Entretanto, seguiremos pasando por acá.

Foto de choc0lateworld, tomada de FotoLog.

¡Feliz año para todos!

Y una posdata: además de que casi no tomamos fotos del viaje, no logro descargar en nuestro pato-aparato una sola de las sí tomadas. Insisto: “no es tan fácil”… ;)

11 enero 2012 at 15:33 2 comentarios

¡Navidad!

Oficialmente -y aunque vivamos en zona tropical- ha pasado el solsticio de invierno y con él se respira un nuevo aire en este hogar. Pasaremos unos días no virtuales con la familia por lo que andaremos un tanto silenciosos por acá. No queremos, sin embargo, dejar pasar estas fechas sin desearles a todos una brillante y feliz navidad. Esperamos que los últimos días de este 2011 los llenen de esperanza e ilusiones y que el comienzo del 2012 nos traiga a todos gratas sorpresas, prosperidad, amor, salud y felicidad.


(No sé si decir que también deseo que con este nuevo año amanezcan muchas historias -llenas de aprendizajes y sonrisas para todos- porque quisiera poder dejar de escribirlas en este espacio sin culpas ni complejos… Pero soy mamá bloggera y es lo que hay. ;) Un gran abrazo para todos y nuestros mejores deseos para ustedes de Navidad.)

22 diciembre 2011 at 02:59 3 comentarios

“Con los amigos” (2) -Updated

Esta semana hablaba sobre una de las expresiones más comunes en nuestro hogar.  Hoy quiero comentar cómo “con los amigos” ha simplificado buena parte de nuestra vida, haciendo quizás más claros algunos conceptos para nuestra chiquita: las idas  al supermercado, la despedida de las visitas, aprender a ir al baño, la superación de los miedos y una serie de eventos más suelen entenderse con la consabida frase, evitando disgustos, frustracciones, temores… No resuelve todo con un brochazo, pero sí ayuda a organizar una imagen del mundo (un punto de partida que después, con los años, se podrá perfeccionar).

Sin duda, con el paso del tiempo, la vida se irá haciendo más compleja, no en los hechos (espero) sino en la comprensión que Irene tenga de ellos. Por ahora, con todo y que pienso -y compruebo- que siempre es mejor hablar y explicar, también siento que a los chiquitos debemos hablarles desde su punto de vista, algo así como tomarle fotos agachándonos para estar a su altura (las imágenes resultan más cercanas, ¿verdad?).

No digo con esto que es necesario maquillar la realidad: afirmo que es necesario hablar en términos que resulten familiares para los niños y que les permitan desarrollarse armónicamente, de acuerdo con sus circunstancias y su edad.

Sé, no obstante, que no siempre funciona al 100%, que en casita seguimos siendo unos aprendices de papás, que no nos las sabemos todas y que habrá momentos en los que necesitemos profundizar. Pero el “con los amigos” (y sus variantes) sí ha sido una fórmula de tranquilidad en nuestro hogar.

¿Cómo funciona?

Ejemplo 1. Vamos al supermercado (muy pocas veces, además) y la pequeña ve una pila de muñecos. Como todo niño, quiere acercarse a ellos, tocarlos y, si puede, cogerlos. Mamá le da uno en las manos y le dice que lo cargue un ratito mientras cogemos las cosas que necesitamos. Una vez tenemos preparada nuestra compra, volvemos al sitio de donde tomamos el muñeco (muchas veces porque la misma Irene lo pide) y dejamos al bichito “con sus amigos”. No hay llantos, no hay dolor, no hay apego, no hay frustración. Irene siente que es el lugar natural para el juguete y sabe que ella, a su vez, tiene otros amigos en su hogar.

Ejemplo 2. El lobo. Pensaba escribir un post al respecto. Quizás lo haga después para ahondar un poco sobre los miedos. Resumo: Irene recibió en su cumpleaños un cuento -bastante resumido, entre otras cosas- de Caperucita Roja. Si bien nosotros leemos algunos cuentos, mamá, por ahora, evita entrar en detalles escabrosos, saltando las páginas y leyendo un poco al ritmo que fija la pequeña. ¿El motivo? No quiero llenarle la cabeza a mi chiquita de información que considero innecesaria para ella en este momento. No obstante, alguna vez alguien le leyó el cuento e hizo posiblemente los típicos comentarios de “¡ay, el lobo!” -seguido quizás por un “¡qué miedo!”. ¿Consecuencias? Irene corre cada cierto tiempo a mis brazos, cuando se siente sola, diciendo “¡¡mamá, el lobo!!”. La solución, sin embargo, ha sido un poco más elaborada: “no tienes que tenerle miedo, el lobo es un amigo, pero está lejos” (no vivimos en un bosque y ella no necesita tener al lobo entre el listado de peligros cotidianos ni mucho menos). Repisamos la frase con una película de la que ya hablé en otro momento, omitiendo el final (por ahora. Sí quiero que sepa que podemos hacerle daño a los animales, pero no pretendo asustarla con culpas y sangre a los dos años de edad). Y aunque el protagonista es un zorro, Irene entiende que así es el lobo y que vive en el bosque y que le tiene miedo a los hombres (porque a veces no sabemos cómo comportarnos con ellos) y que se esconde. Pero que, como todos los animales, es bueno: se cuida, se protege y, si lo tratas con cariño y respeto, no te hará daño. Ahora cada cierto tiempo viene a mis brazos, corriendo y diciendo “¡mamá, el lobo!”, pero ella misma se detiene, sonríe y complementa la oración diciendo “pero el lobo es amigo”. Fin del miedo.

Ejemplo 3. Por no sé qué circunstancias de la vida, hace algunos meses tuvimos un gallinazo (chulo, buitre o zopilote) instalado por un día en uno de los árboles que rodean nuestro hogar. Irene, por supuesto, vio un pájaro enorme, negro… y oyó los comentarios de medio desagrado que suscitó el bicho en su papá. Quiso verlo, la alcé en brazos y le dije -realmente conmovida al ver la cara de inocencia y cero amenaza del animal- que se veía cansado, que era raro que estuviera solito, pero que muy seguramente después se iría “con los amigos”. Pues bien, el animal duró instalado en la rama toda la tarde y la noche siguientes, y muy temprano en la mañana se marchó. Nosotros no nos dimos cuenta de esto último, pero la explicación de mamá sirvió para que Irene aprendiera a contar la primera historia de su vida y entendiera la partida como algo natural: “un día había un gallinazo en el árbol, pero se fue con los amigos, volando”. Aún hay días en que la repite, con variantes que van desde el “se quedó dormido” y otras cositas, pero los amigos siempre son la causa para que el pajarito decida volar.

Ejemplo 4. Aprender a ir al baño. Recuerdo que alguna vez Virginia contó que cuando Oliver, su hijo, aprendió a ir al baño, tuvo la mala idea de sugerirle que se despidiera de su popó cuando se iba por el baño: el chiquito, al parecer, sintió que una parte de él se iba lejos y se asustó. Irene, como todos los niños, supongo, también tuvo esa sensación de no entender por qué ese algo salía de su cuerpo, pero rápidamente la superó pensando que al popó le esperaba algo bueno, iba a estar “con los amigos” y se iba a divertir de lo lindo.

Ejemplo 5. Las despedidas: papá (o abuelo, o tía, o primo, o amigo) necesita salir a una reunión (social, laboral, etcétera) y la chiquita resiente su ausencia, quiere saber dónde está, por qué no llega. Mamá le explica que está trabajando o estudiando o descansando “con los amigos”. Si está solo en su casita (en caso de que hablemos de primo, tía, amigo o vecino) ella entiende que está en un espacio de cotidianidad. No satanizamos, por cierto, la soledad.

Podría seguir enumerando casos, pero creo que el tema ya queda suficientemente ilustrado. “Con los amigos”, repito, nos da tranquilidad y le permite a nuestra chiquita entender de una manera amorosa y relajada cómo funciona el mundo. Es cierto que el popó, por ejemplo, no se va a las aguas negras a jugar, pero sí a estar con sus pares… así que ¿por qué no pensar que está “con los amigos”? ;) Ya habrá tiempo para entender de un modo más complejo y detallado el mundo. Por lo pronto, aprehender el mundo desde una perspectiva amistosa nos da seguridad.

UPDATE. Bueno, más que una actualización es un complemento: creo que el poder que tiene “con los amigos” en la vida de Irene se debe en gran parte al descubrimiento de lo que un amigo puede representar en su cotidianidad. No sobra decir entonces que esas pequeños vecinos-amigos de juego -especialmente L y A- que la han acompañado tantas veces al parque, así como a cantar cumpleaños feliz y unas cuantas tonadas más han sido significativas en su espíritu. Creo que, en consecuencia, cuando “el lobo es amigo” o “el muñeco se queda con los amigos” imágenes de sonrisas, sueños y esperanzas de momentos maravillosos inundan su espíritu. Igual pensará de todos sus amigos en las pantallas y de sus amigas mamás. ;)

16 diciembre 2011 at 09:38 2 comentarios

“Con los amigos”

Esa es una de las frases típicas de Irene y de sus papás. Y desde hace no sé cuánto tiempo inunda nuestra casita, con sonrisas, sueños, cuentos e historias que llenan de ilusiones sus y nuestros días. Miramos un pajarito, eleva vuelo, “se fue con los amigos, mamá”; vamos al baño, dejamos sus regalitos en la taza “va a jugar con los amigos”; pregunta por sus primos, le explico que no están en casa sino en el colegio, “están con los amigos”; leemos el cuento de caperucita roja, recuerda al lobo, se asusta un poco, se detiene, piensa, se relaja: “el lobo es amigo, mamá”… y así con un sinfín de variantes.

“Con los amigos” nació casi espontáneamente, pero se ha quedado para explicar de mil maneras que el mundo está habitado por seres que comparten, se encuentran, juegan. Puede que no siempre las relaciones sean tan amistosas, pero en una chiquita de 2 años y 4 meses, ¿el mundo no funciona a partir del goce y la amistad?

PD: Creo que la frase, nació, por cierto, casi al mismo tiempo que nuestra vecindad con nuestras amigas pequeñas, compañeras de parque, risas y juegos. Me gusta que “los amigos” hagan parte de este hogar. ;)

13 diciembre 2011 at 07:00 4 comentarios

Organizar la casa

Un paréntesis pequeño para contarles que hice un pequeño listado de enlaces útiles en la columna derecha del blog. Ahora, además de los links de otras mamás bloggeras, otras casitas (relacionadas con crianza) y algunos enlaces sobre Simple Living, he incluido tres categorías más de enlaces: una general sobre Homeschooling, otra con recursos para homeschoolers (que es válida para cualquier mamá o papá que quiera hacer actividades con sus hijos en casa, aunque vayan a la escuela)  y otra con algunas comunidades (foros o grupos de correo) de apoyo para mamás y papás con niños que estudian en casa o con pequeños inquietos, como Irene, que los obligan a pensar en esa posibilidad .

Imagen tomada de SanDiegoBargainMama.com.

Sé que la apariencia del blog está congestionada (y que debe verse fatal en pequeños dispositivos), pero aún así tomo el riesgo porque sé que es información relevante. Espero tener chance de depurarla después un poco más.

Como verán, mi interés sobre el homeschooling sigue marchando y mis ganas de empaparme más sobre eso que llamamos escuela en casa no para. He encontrado cosas muy interesantes, así que les recomiendo el recorrido. Mientras tanto, sacaré tiempo para algunas entradas anecdóticas de nuestra pequeña, que cada día sale con nuevas cosas: una sobre los amigos, otra sobre el lobo (y los miedos) y otra sobre el lenguaje. A ver si no se me quedan otras en el tintero. Seguramente sí, pero ya vendrán. Por lo pronto, dejo un abrazo decembrino para todos. Y un beso. ;)

9 diciembre 2011 at 12:54 3 comentarios

“Trabajar menos y producir de forma inteligente”

Esas son las palabras centrales de un artículo sobre la conferencia “El decrecimiento: ¿una alternativa al capitalismo?”, de Serge Latouche, publicado en El Diario de Navarra. Y aunque la conferencia fue hace casi un año, en Pamplona, España, sus planteamientos no están mandados a recoger.Comparto el texto (que es apenas un abrebocas) y una entrevista con este economista y filósofo francés: creo que nos viene bien pensar en consumir menos justo ahora, cuando con la excusa de la Navidad y los Reyes todo el sistema occidental nos dice “compremos, compremos, compremos”.

Según las mismas palabras de Latouche: “La gente feliz no suele consumir” y es posible (y necesario) vivir con menos. Esto ha dado lugar a un movimiento que se denomina “decrecimiento” y que tiene adeptos en lugares tan variados como Navarra, justamente, en España, y que plantea, entre otras cosas, la necesidad de un replanteamiento de la necesidad de un crecimiento infinito en un mundo finito (lo que, en otras palabras, implica racionalizar nuestra realidad). Desde esta perspectiva, debemos consumir menos, relocalizar nuestro consumo (y aprender a disfrutar y mejorar nuestros entorno inmediato, consumiendo los productos de la zona en la que vivimos y disminuyendo, de esta manera, el absurdo impacto ambiental que supone el consumir -y parcialmente envenenarnos- productos que tienen su origen a miles de kilómetros de nuestro hogar.

Para ilustrar la entrada, dejo -antes de este texto introductorio- dos videos con una entrevista realizada en 2005 a este economista francés, además, por supuesto, del texto prometido. Me encantaría saber qué piensan al respecto. En casa, nuestro intento de vivir una vida simple encaja perfecto en estas propuestas… y creo que después de leer el texto y ver la entrevista (que dura un poco más de 16 minutos) se justifica mucho más. ;)

Serge Latouche: “La gente feliz no suele consumir”
“Propone vivir mejor con menos. Profesor emérito de Economía en la Universidad París-Sud, es una de las voces mundiales del llamado movimiento por el decrecimiento.”

GABRIEL ASENJO.. PAMPLONA. Viernes, 11 de febrero de 2011 – 04:00 h.
“Nacido en Vannes (Francia) hace 70 años, ante un público que le escuchaba sentado hasta en los pasillos de acceso al salón de actos del Colegio Mayor Larraona de Pamplona, subrayaba ayer noche que el actual ritmo de crecimiento económico mundial es tan insostenible como el deterioro y la falta de recursos en el planeta.

“Invitado por el colectivo Dale Vuelta-Bira Beste Aldera, y bajo el título de su conferencia El decrecimiento, ¿una alternativa al capitalismo? , reclamó que la sociedad establezca una autolimitación de su consumo y de la explotación medioambiental. Desde su punto de vista no se trata de plantear una involución sino acoplar la velocidad de gasto de los recursos naturales con su regeneración.

“Especialista en relaciones económicas Norte / Sur, premio europeo Amalfi de sociología y ciencias sociales, su movimiento decrecentista, nacido en los años 70 y extendido en Francia, defiende la sobriedad en la vida y la preservación de los recursos naturales antes de su agotamiento. A su juicio, si el decrecimiento no es controlado “el decrecimiento que ya estamos experimentando” será consecuencia del hundimiento de una forma de capitalismo insostenible, y además será desmesurado y traumático.

“Una bomba semántica. Afirma Serge Latouche que el término decrecimiento es un eslogan, “una bomba semántica provocada para contrarrestar la intoxicación del llamado desarrollo sostenible”, una forma de pensamiento, la sostenibilidad, extendida por el economicismo liberal de los años ochenta, y que propicia pagar por todo, “por ejemplo, en el caso del trigo, obliga a pagar por los excedentes, por su almacenamiento y también hay que pagar por destruir los sobrantes”. “Deberíamos hablar de A-crecimiento”, dijo como una invitación hacia la reflexión sobre nuestro estilo de vida, incluso sobre la exhibición de los superfluo y el enriquecimiento desmesurado.

“Desde su punto de vista “vivimos fagotizados por la economía de la acumulación que conlleva a la frustración y a querer lo que no tenemos y ni necesitamos”, lo cual, afirma, conduce a estados de infelicidad. “Hemos detectado un aumento de suicidios en Francia en niños”, agregó, para aludir más adelante a la concesión por parte de los bancos de créditos al consumo a personas sin sueldo y patrimonio como sucedió en Estados Unidos en el inicio de la crisis económica mundial. Para el profesor Latouche, “la gente feliz no suele consumir”.

“Sus números como economista aseguran que le dan la razón: cada año hay más habitantes en el planeta a la vez que disminuyen los recursos, sin olvidar que consumir significa producir residuos y que el impacto ambiental de un español equivale a 2,2 hectáreas, y que cada año se consumen 15 millones de hectáreas de bosque “esenciales para la vida”. “Y si vivimos a este ritmo es porque África lo permite”, subrayó. Para el profesor Latouche, cual cualquier tipo de escasez, alimentaria o de petróleo, conducirá a la pobreza de la mayoría y al mayor enriquecimiento de las minorías representadas en la grandes compañías petroleras o agroalimentarias.

“Trabajar menos y producir de forma inteligente. Tachado por sus detractores de ingenuo, postuló trabajar menos y repartir el empleo, pero trabajar menos para vivir y cultivar más la vida, insistió. Desde un proyecto que calificó como “ecosocialista”, además de consumir menos, la sociedad debería consumir mejor, para lo cual propuso producir cerca de donde se vive y de forma ecológica para evitar que por cualquier puesto fronterizo entre España y Francia circulen hasta 4.000 camiones a la semana “con tomates de Andalucía cruzándose con tomates holandeses”. Finalizó con una alabanza al estoicismo representado en España por Séneca: “No se obtiene la felicidad si no podemos limitar nuestros deseos y necesidades”.”

(Por cierto, si quieren ver las conferencias del encuentro que dio lugar a este texto, pueden hacerlo en este link. Yo aún no las veo, pero después de esta entrada, me animaré a hacerlo.)

6 diciembre 2011 at 08:13 5 comentarios

Alinear y guardar (y un poco más sobre homeschooling… ¡con links de recursos online!)

De manera natural, siguiendo sin duda la línea del continuum, Irene ha empezado desde hace algunos días a alinear sus juguetes… y las cajas de discos, los zapatos, los muñecos, los libros… También ha adoptado la disciplina de guardar las cosas (quizás orientada por una lógica sana de hacer lo mismo que nos ve hacer a nosotros o inspirada por la misma dinámica de juguetes como el que aparece en la foto, donde parte del juego consiste en meter las fichas en su “cajita”). Mi intuición (mi continuum) me indica que el camino para estructurar un poco su aprendizaje empieza a abrirse ante nosotros. Aún no tengo completamente claro cómo hacerlo, pero confío en que ese mismo sentido común me dé indicios. Son bienvenidos todas las ideas y recursos.

(Recursos que voy buscando en internet. Comparto aquí algunos de mis últimso descubrimientos. Con ellos, queda aún más claro que se aprende jugando y que es lindo cuando nosotros como padres hacemos parte del proceso.

Acabamos de superar un bicho gástrico indeseable -que dejo la oración “me duele mucho, mucho, mucho” rondando alrededor nuestro. Poco a poco volveremos)

2 diciembre 2011 at 09:25 4 comentarios

Si un niño lo entiende, todos lo podemos entender: consume -y produce- alimentos orgánicos

Me encontré esta conferencia, maravillosa, corta, sencilla y contundente en la página de TED. La recomiendo totalmente, entre otras cosas porque comparto la totalidad de sus apreciaciones y porque pienso, como Birke, el niño-conferenciante, que podemos cambiar el mundo a partir de nuestros hábitos de consumo (bueno, el mundo global y particular… porque la comida sana da, sin duda, salud y bienestar). Espero que lo disfruten. ;)

PD: Si prefieren verlo en el portal de TED, pueden hacerlo aquí.

22 noviembre 2011 at 14:10 2 comentarios

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