Archive for enero, 2012

“Make a wish”: Nuestros proyectos

Llevo días en una discusión interna sobre si debo o no plantearme objetivos o proyectos para este año. Por un lado pienso que hacerlo equivale a desconocer el goce que siento -y requiero- ante un fluir natural de la vida, que apunte al presente sin más. Por otro, reconozco que esa proyección es una buena manera de concretar deseos y sueños, y darle un “orden” a la vida y a las prioridades que tengo (para mí y para mi familia, por cierto). Finalmente, ayer encontré un post muy lindo de Victoria -¡ella es siempre tan capaz de simplificar lo que parece tan complejo! ;)- sobre el tema que ha terminado por redimir ambos puntos de vista y darme paz: voy a pensar en proyectos mensuales. Hacerlo, creo, me da ese pedacito de libertad que necesito y no quiero olvidar.

Imagen de Martin Kenny, tomada de Seen Objects, su fotoblog.

Pues bien, quizás mi lista no contenga 12 deseos-proyectos, quizás sean más, quizás sean menos. A lo mejor, incluso, termine enunciando montones de ellos más allá de enero (idea que no le disgusta a la parte de mí que se siente un poco apabullada con eso de que al empezar el año “hay” que planear) o me quede corta con mi capacidad de hacerlos realidad. Pero no importa: quiero soplar la velita o la florecita de mis sueños y dejarlos volar. Así que empiezo.

  • Quiero que la alimentación de mi familia sea saludable, hogareña, orgánica y familiar. Obviamente, si han leído este blog en otras ocasiones, éste no es un deseo nuevo… ni siquiera es algo en lo que no hayamos realizado intentos. Creo firmemente que vamos por muy buen camino (cocinando en casa, usando principalmente productos orgánicos, evitando el consumo de productos procesados, sembrando una huerta -que nos pide cuidados-, haciendo ghee, yogur y kéfir en casa -esto es nuevo y es algo que me encanta; gracias a ello estoy apreciando y buscando la leche cruda, por demás ;)-…), pero también pienso que tiene que ser un deseo consciente y constante. De otro modo, quizás no se hará realidad. Los resultados posibles son, a parte de menús deliciosos y de un montón de tiempo en familia -en el que sueño a Irene participando en los procesos de consecución de ingredientes y preparación de las comidas-, una vida más saludable para todos y una conciencia de respeto y cuidado del entorno que nos rodea. Quizás el impacto parezca poco, pero para nosotros, una familia pequeña, es inmenso.
  • Quiero adentrarme más en la educación en casa, potenciar los aprendizajes de nuestra chiquita (no con tareas o ideas impuestas sino aprovechando las inquietudes que ella misma nos plantea) y darle más ritmo a nuestra rutina. Básicamente porque siento que ella cada vez quiere aprender y entender más y porque los días se nos pasan tan rápido -y a veces con una sensación grande de vacío- que quiero disfrutarlo más (con menos pantalla, menos internet y más parque, más baile y más amigos).
  • Quiero escribir (tengo un libro en mente… que nace, justo, de este blog) regularmente y desarrollar proyectos que se me han quedado en el cajón.
  • Quiero mejorar el presupuesto familiar, con una meta de ahorro viable y sin salir (yo) a trabajar (el sueño de todos, ¿cierto? Jjajaj. Si alguien tiene la fórmula, me encantaría conocerla. ;)).
  • Quiero hacer proyectos en casa: de costura, de cocina... Me gustaría ser más “craft” (Quizás, lo que quiero en realidad, es poder disfrutar más de ese estar en casa, haciendo cosas útiles y hermosas. Mover mis manos sin pensar).
  • Quiero bailar. Este deseo puede parecer extraño y quizás suene muy global (¿un solo mes para hacerlo? Ni pensarlo). Pues bien, es un proyecto que ya está en proceso, sin pretensiones profesionales ni nada que se le parezca: quiero despertar mi cuerpo, reconectarme con mi alma, despertar mi sensualidad, quiero sentirme ágil y saludable, quiero que no me duela la espalda, quiero poder saltar. Ah, y quiero que Irene también baile… aunque, a decir verdad, ella lo quiere mucho más, ¡pero no logro encontrar unas clases de ballet para niños de menos de 4 años! Sigo buscando. Las mías, no de ballet sino de meditación en movimiento a través de la danza, ya están. 😉

Hoy paro en este punto y traduzco algunos deseos en proyectos (con la idea de que los buenos hábitos perduren en el tiempo):

  • Mes culinario en casa (para el que me inspiraré, entre otros, en el Real Food Challenge -del año pasado y el que vendrá este año en marzo- de Not Dabbling in Normal y en chefs conscientes y activos como Jamie Oliver) -marzo-.
  • Curso de Lectoescritura y participación en la Escuela libre el línea Aprende con alas -enero-.
  • Participar en el NaNoWriMo -noviembre- (aunque para entonces espero tener ya una rutina de escritura establecida, que incluya al menos un post semanal).

¿Sugerencias? ¿Ideas? Ya sé que esta entrada es más un compromiso personal, pero me encantaría que verbalizarlo abra puertas a otras formas de hacer esos deseos realidad (entre otros tantos que sí elevamos al cielo, pues pueden desbordar nuestra capacidad de obrar).

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25 enero 2012 at 15:32 14 comentarios

Rutina = felicidad

Sí, es un título pretencioso… y seguramente impreciso, pero de alguna manera siento que se ajusta a lo que hemos vivido con nuestra pequeña durante estas primeras semanas del año: tras una primera semana atípica, fuera de casa y vacacional, hemos vuelto a la rutina y con ella a la tranquilidad del hogar. Obviamente, los cambios no significan tristeza, pero debo decir que el retornar al “me despierto, desayuno, me baño, me visto y juego” en los horarios y espacios habituales nos ha permitido dejar atrás esos días de rebeldías y llantos constantes. Creo que más que falta de fiesta, nuestra chiquita extrañaba su casita (Y eso que andaba contentísima).

Fotografía de Livinglocurto.

Llegué a pensar, muy honestamente, que los terribles dos habían llegado con fuerza. Ahora opino que sí que existen, pero que quizás lo que más afecta el comportamiento de un chiquito es su entorno, no la edad. Sin duda, Irene cada vez reclama más autonomía, más control (de su parte, claro), más independencia, más… “quiero que sea sí y ya”, pero también da indicios de seguir unos ritmos precisos a pesar incluso de adaptarse a las novedades con gusto (si nosotros nos adaptamos también a ellas, por cierto). En varias ocasiones durante los últimos días de nuestro viaje dijo, al notar que regresábamos después del paseo diurno al lugar donde dormíamos, “quiero ir a la casita de nosotros”… con nombre de ciudad y todo. No protestaba, no lloraba (por eso, al menos), pero sí daba señas de estar cansada y de extrañar.

¿Cambio de rutinas?

Y de espacio, sin duda. Seguía estando con papá y mamá, pero la alteración de su entorno y de sus tiempos de reposo fue quizás lo que más incidió en su estado (no siempre bueno) de ánimo. Hoy, con más calma y -sobretodo- después de ver el retorno de su tranquilidad, me doy cuenta de que Irene pedía a gritos -literalmente- menos actividad (a pesar de todo el goce que tuvo durante las vacaciones y de lo muchísimo que aprendió, río, disfrutó, bla, bla, bla). Sus horas de sueño se vieron trastocadas y aunque no fue significativamente, la ausencia de siesta y la hora de más que permanecía levantada sí la hacían muchísimo más irritable.

Las ideas del continuum, la crianza en brazos y un no sé qué otro cúmulo de teorías y prácticas de crianza me resultaban lejanas. Luego, no obstante, concluí que los adultos somos los llamados a reconectar. Recordé incluso algunas palabras escritas por mí misma en este espacio: el niño no tiene que adaptarse a la vida de los adultos, son los adultos quienes deben adaptarse al pequeño. Irene estaba completamente dispuesta a los cambios, pero nosotros no podíamos desconocer que estos la afectaban y que por mucho que ella quisiera estar en todo y hacer de todo, su cuerpecito necesita, al menos, descansar.

Con esta perorata, resumo, reafirmé muchas de las palabras escritas antes en esta casita, al tiempo que divagué sobre algunas ideas que más adelante espero desarrollar.  A manera de abrebocas puedo decir que, tal vez, por mucho que queramos, no podemos pretender que nuestros chiquitos crezcan y respondan totalmente a esa idea de bienestar natural que parecen tener los niños yecuanas (me refiero a lo que dice Liedloof en su libro), pues nosotros mismos no crecimos en ella y actuaremos, las más de las veces, sobre prerrogativas distintas a las de esos papás. Quizás sí podamos intentar descubrir nuestro continuum (y hacerlo puede ayudarnos muchísimo en el establecimiento de una relación tranquila y feliz con nuestros hijos), pero dudo que ése sea un calco del de los indios.

Como verán, discurrí muy especialmente en ese tema… y volví a reencontrarme (después de muchos suspiros desesperanzados) con una idea de bienestar y tranquilidad al retornar a casa. Mi conclusión puede sonar pretenciosa, pero sí se resume en que la rutina proporciona felicidad (y si al decir rutina digo estabilidad, confianza, equilibrio, tranquilidad… ¿no retorno un poco a esa idea de continuum? Falta tela por cortar).

😉

¡Feliz comienzo de año (y de rutinas. Jajaja)!

18 enero 2012 at 23:40 5 comentarios

No es tan fácil…

Retomar la rutina, tanto a los grandes como a la pequeña, este año nos está costando más. Recién regresamos de nuestras vacaciones de fin de año y tras disfrutar de nuevos horizontes, mucho sol, playa, comida deliciosa y un frío mar, intentamos reinciar nuestra cotidianidad. Pues bien, entre gritos y protestas rebeldes (para las que no han bastado la paciencia de mamá y papá ni las palabras de Liedloff sobre el continuum) y entre intentos por hacer sin pensar, aquí estamos. Sin nuevos proyectos manifiestos, pero sí un cúmulo de buenas intenciones. Veremos cómo terminamos esta lenta calentada de motores. Entretanto, seguiremos pasando por acá.

Foto de choc0lateworld, tomada de FotoLog.

¡Feliz año para todos!

Y una posdata: además de que casi no tomamos fotos del viaje, no logro descargar en nuestro pato-aparato una sola de las sí tomadas. Insisto: “no es tan fácil”… 😉

11 enero 2012 at 15:33 3 comentarios


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