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¿La leche materna puede ser un vicio?

La inquietud en sí misma me parece absurda, pero la planteo porque para mí sorpresa -los mitos siguen vivísimos- ayer la ginecóloga me lo sugirió. En sus labios, el tema no fue una pregunta si no una afirmación… no sustentada por ningún argumento. Sólo dijo “no tenemos que creer en todo lo que dice la Organización Mundial de la Salud” (o algo parecido). Soy una madre lactante de una chiquita de 14 meses. He recibido, de mi mano y de la de mi hija, los beneficios de la lactancia, exclusiva durante sus primeros seis meses de vida y prolongada desde entonces hasta aquí. Quiero seguir amamantándola hasta que ella quiera y, cuando menos, aspiro poder hacerlo -como lo recomienda la OMS y un montón de organizaciones especializadas más- hasta que Irene cumpla dos años. Este texto, por lo tanto, expone las razones por las que pienso que la lactancia no es ningún vicio. Puede sonar a apología (y claro que es una defensa en sí misma), pero pretende ser más bien una fuente de información para mamás y papás. Cada quién tomará sus decisiones. Yo, por mi parte, estoy convencida de que la leche materna es y será siempre un alimento… como lo es la leche de vaca, de cuyos nutrientes -qué curioso- nadie duda. ¿Por qué será?


No me alargaré exponiendo las ventajas de la leche materna, pues ya lo he hecho en otras entradas. Dejaré para quien le interese la recopilación general de textos sobre lactancia materna publicados en el blog, además del link de un artículo específico sobre los beneficios de la lactancia prolongada, que es la que se critica más abiertamente (la lactancia durante los primeros meses no se critica, pero en muchos casos se desestimula). En ellos podrán encontrar las pruebas científicas de los beneficios de la leche de mamá, además de un buen recaudo de experiencias que confirman tanto sus ventajas nutritivas como emocionales. Me centro en si la leche materna se puede considerar un vicio (o un juguete, también me lo han dicho) después del primer año de edad.

Creo que el problema (que no debería serlo) de si la leche materna sirve o no y de si el biberón es bueno o malo se debe mayoritariamente a un asunto cultural. En Occidente, la revolución industrial y el desarrollo de la ciencia nos han alejado de la naturaleza con discursos de comodidad y bienestar. Y no estoy en contra de ellos, aclaro, pero sí difiero de las consideraciones absolutistas que echan por tierra cualquier forma anterior de vida. Suena a prehistoria y sin duda nuestra condición de mamíferos viene de tiempos remotos, pero para sorpresa de muchos es una condición vigente y vital… por la que a pesar de la ciencia y de la industria seguimos necesitando mamar.

¿Por qué se sataniza la lactancia?

Sospecho que si la leche materna viniera en un empaque diferente y no supusiera la necesidad de que las madres estuvieran “con el niño pegado a la teta” cada cierto tiempo (a medida que crece, por cierto, ese “cada” disminuye considerablemente) no sería mal vista. Es más, creo que nadie diría que puede ser un vicio o un juguete en ningún momento de la vida (a mis treinta y tantos años nunca me han dicho algo semejante de la leche de vaca o de cabra, que siempre es tan alimenticia, que se incluye en las pirámides nutricionales y que se considera un infaltable en la dieta familiar).

Lo cuestionable a los ojos de muchos es la supuesta pérdida de libertad que supone amamantar. Pero nadie lo plantea en esos términos… o casi nadie: normalmente se dice que es importante la interacción de otras personas en la crianza, que la madre también necesita recuperar sus espacios, que no puede dejarse a un lado la vida profesional de las mujeres, que el niño se vuelve dependiente, que la leche materna envicia (¡¡¡???), que la teta se vuelve un juguete, que bla, bla, bla…

¿Qué respondo? Que la lactancia materna no compite con nada de ello. También que la naturaleza hizo las mamas para alimentar (no para lucir escotes), que el hombre es un mamífero y, por lo tanto, para subsistir necesita tomar leche, que la naturaleza es sabia e indica, por todos los medios, que los bebés no pueden desarrollarse solos y que por ello necesitan tener a su madre cerca para que los alimente, para que les dé calor, para que les brinde seguridad, para que los proteja. Lo del mundo laboral y lo de interacción con otras personas (incluída la participación del papá) puede darse de otras formas… Criar no es sólo alimentar.

¿Hasta cuándo es recomendable?

Vuelve y juegan los discursos (que no enuncio porque son en general una reiteración de los anteriores). Pienso que la respuesta correcta la tiene cada familia. En nuestro caso, creo que el momento final será hasta que Irene deje de pedirla. Confío en la naturaleza. ¿Si ha funcionado tan bien durante siglos, por qué dejaría de hacerlo ahora?

¿Que ya come otras cosas, que la leche ya no es indispensable para su desarrollo, que ya es más lo que juega que lo que come, que pierde independencia, que pueden creársele traumas o fijaciones con el pecho (también -parece increíble- me lo han dicho), etcétera, etcétera? Igual. Come otras cosas pero aún no tiene todos sus dientes ni cuenta con una motricidad lo suficientemente desarrollada para alimentarse solita. Es cierto que la leche ya no es su principal alimento, pero no por eso deja de ser una fuente importante de nutrientes. ¿O alguien ha dicho, por ejemplo, que no se pueden comer naranjas si no hasta los 2 años o que la carne es dañina a partir de 30? Bla.

Mi niña, por cierto, no juega con su pecho… ahora lo mira, claro, del mismo modo que inspecciona todo lo que tiene frente a los ojos: un juguete, una cuchara, un alimento. Pero de ahí a que juegue en lugar de comer hay un trecho largo y si veo que no tiene hambre, cierro la tienda y ya está. Con respecto a la independencia, debo afirmar por nuestra experiencia que Irene es una niña tranquila, bastante independiente y segura para su edad. Creo que amamantarla puede tener que ver en algo de esto, aunque supongo que es una más de las cosas en las que se refleja un estilo de crianza que ella proyecta. Puede haber madres tranquilas y atentas a sus hijos que den leche de fórmula y puedan decir lo mismo. Ahora, si una tendencia se presenta más en unos que en otros, no tengo ni idea. Sólo puedo decir que la teta no crea niños dependientes en lo absoluto y que, por el contrario, les da seguridad.

Y cierro con mi respuesta a lo último: ¿traumas, fijaciones? Irene está chiquita pero lo dudo totalmente. ¿Por qué ha de ser dañino algo que es natural? Creo que afirmarlo equivale a decir que los niños se obsesionarán con sus genitales cuando aprendan a ir al baño o que peinar a las niñas les creará fijaciones con su apariencia y cuidado. Repito: el tema, me parece, es más cultural.Y agrego: también es un asunto de mercado.

Amamantar a mi hija me ha dado satisfacciones y libertad. No tengo que correr cada tanto a la farmacia para conseguir una leche de tarro (que, como decía Adriana, pueden resultar además muy caras), no tengo que trabajar como loca para tener el dinero con qué comprarla, no tengo que invertir tiempo adicional al de la toma misma para preparar teteros, no tengo que angustiarme si mi chiquita no muestra apetito por lo que está servido en la mesa… Hasta ahora, nunca ha rechazado mi pecho. Es más, se tranquiliza al tomarlo, lo disfruta, se alimenta. Es la mejor cura que tenemos ante una caída o una enfermedad (que, por cierto, han sido muy pocas).

¿Entonces: si tiene tantas ventajas por qué se habla en contra de la leche materna? No me voy contra otras formas de lactancia, sólo pienso que es absurdo satanizar lo que es natural. Pienso que cada familia debe tomar sus decisiones con información adecuada y objetiva. Es más, creo que si fuéramos realmente honestos, a las mamás se les debería informar que pueden optar por la lactancia materna o por la leche artificial, señalándole los posibles efectos adeversos de esta última, que no deja de ser un intento de adaptación de la primera y, se quiera o no, no se recibe ni es igual.

¿Y después del año? Lo mismo: cada quien dirá. Irene ahora también toma leche de vaca, entera o semidescremada. Y no por ello deja de tomar mi pecho, simplemente me pide cuando ve que tomo en un vaso (como me pide cualquier cosa que ve que estoy comiendo). Le doy y no le ha caído mal, pero aclaro que hasta ahora le han sentado bien todos los alimentos. Puede ser, tal vez, porque se alimentó con leche materna de manera exclusiva hasta los seis meses. Y porque, en consecuencia, su sistema digestivo maduró de una manera sana y natural. Sé que si mañana no quiere tomar más mi pecho habrá otras fuentes para alimentarla, pero si quiere hacerlo, ¿por qué se lo voy a quitar? No creo que haya ningún vicio en la leche materna… creo que hay vicios en las miradas que la intentan satanizar.

[Otra vez se me fue largo. Oops. Recomendaba a vuelo de pájaro en mi última entrada un texto-respuesta a un mal artículo -mal informado, mal planteado, mal sopesado- del Magazín de El País, de España, sobre la lactancia. Hoy recomiendo además dos textos resúmenes sobre la polémica que se ha desatado en distintos países como consecuencia de ese mismo artículo (titulado “Madre o vaca“, páginas 36-40), porque creo que exponen desde distintos puntos de vista el valor de la lactancia materna y la común desinformación que lleva a afirmaciones o preguntas como la que da título a este post.

El primer texto se titula “Las madres lactantes contra `El Mundo´” y el segundo se denomina “Blogs de papás y mamás (XXXVII)”. Aunque el título de este último no adelanta mucho sobre el tema, es una recopilación de al menos once artículos de mamás bloggeras sobre la lactancia. Ambos pueden complementar desde la experiencia lo que por fuentes distintas, pero con las mismas causas y consecuencias planteo hoy.Una última recomendación: el texto “Aprendiendo a ser mamíferos” publicado en El País, de España. Creo que brinda un buen contraste al de “Madre o vaca”. Cada vez que escribo de los beneficios de la lactancia materna pienso que no debería haber discusión sobre sus ventajas… pero vuelvo y me topo con sorpresas como la de esta médica. O_O]

21 octubre 2010 at 10:37 13 comentarios

No más dudas sobre la lactancia materna

No son pocas las preguntas o los mitos que rodean a la lactancia materna, como tampoco son pocos los niños y mamás que se privan de sus beneficios (físicos y emocionales) por falta de información. Por ello, como felices beneficiarios y promotores de la lechita de mamá, nos unimos a la celebración de la Semana Mundial de la Lactancia Materna compartiendo una entrevista clara y amena de Graciela Hess, miembro de la Liga de la Leche y experta en Lactancia, difundida por La W Radio de México ayer.

Y aunque la entrevista está en audio, la pegó insertada en un video por las particularidades de los blogs gratuitos de WordPress. Dura 16 minutos y 31 segundos, más o menos y vale MUCHÍSIMO la pena… así que no se la pierdan. Creo que si todas las mujeres supiéramos lo que se plantea en ella, ninguna dejaría de amamantar a su bebé. 😉


[Links relacionados: BBMundo, La lactancia materna salvaría un millón de vidas al año, La leche materna salva vidas y otros videos sobre Lactancia]

3 agosto 2010 at 16:17 5 comentarios

¿Cómo cambian la digestión y la caca del bebé durante su primer año de vida? (1)

Uno de los cambios más importantes que ocurren en el bebé al iniciar la alimentación complementaria se revela en sus caquitas. En Irene, de ser amarillosas, casi inodoras y líquidas, se han vuelto -a sus ocho meses- más olorosas, consistentes y marrones, e, incluso, han cambiado de horario y se han vuelto menos frecuentes. Estas transformaciones son apenas una evidencia de otros cambios mucho más grandes que se operan en la boca, el estómago, el hígado, el páncreas, los riñones y los intestinos de la chiquita. ¿Qué factores inciden en ellos, qué es normal y qué es preocupante y cómo podemos ayudar a los bebés para que la maduración de su aparato digestivo vaya al ritmo que su cuerpo requiere?

No son pocas las inquietudes que surgen al abrir un pañal. Esta semana (justo el día que me preguntaba por qué Irene había dormido de nuevo más de 5 horas seguidas) al cambiar a nuestra hija me encontré por primera vez con una masa consistente que se había quedado casi pegada por completo a su colita. ¿Sería la comida? ¿Era por esto que dormía más? ¿Habrá tomado poca leche? Las preguntas bombardearon mi cabeza, a pesar de que sabía que la introducción de nuevos alimentos en su dieta cambiaría sus caquitas.

Para entonces ya había presenciado cambios importantes en el color y consistencia de sus heces, surgidos desde el momento mismo en que Irene había probado frutas y verduras. Había notado también en los últimos días un olor distinto, menos agradable, tanto en sus deposiciones como en sus gases. De ahí, que me saltara el bichito final de la duda que le da título a este post y que decidí compartir en este espacio.

Como mi objetivo es comprender un poco más cómo madura la digestión del bebé, me remontaré a sus primeros meses de vida y a los principales cambios que se ven en sus heces. Luego, en una segunda entrada que publicaré mañana, hablaré con más detalle sobre lo que es normal y lo que no lo es en las deposiciones del bebé y sobre por qué son importantes los alimentos que ingiere un chiquito, pues la maduración de su aparato digestivo se reflejará en la manera como son digeridos.

Asimilar conceptos

Uno de los sistemas más importantes del cuerpo humano es el digestivo, pues convierte alimentos en energía y nos ayuda a eliminar el material sobrante: lo queda después de asimilar los nutrientes requeridos por nuestro organismo, que es degradado y expulsado en los orines y las heces. Las transformaciones de este aparato a lo largo de la vida son, sin embargo, progresivas y están directamente relacionadas con la dieta que ingerimos y con la maduración de cada uno de los órganos relacionados en este proceso.

Para el bebé estos cambios son sensibles, pues es justamente en esa etapa de la vida cuando más se transforma todo lo que entra a nuestro organismo. Y no por magia, si no por lo rápido que cambian nuestro cuerpo: desde la salida de los dientes hasta la capacidad de coger y llevarnos cosas a la boca están relacionados con la alimentación y su procesamiento. Empezamos con la leche y terminamos con frutas, verduras, cereales y carnes. ¿Cuál es el resultado?

La cacas y la colita

Aunque parezca desordenado, empezaré por hablar de las cacas del bebé. En el recién nacido se denominan meconio (bueno, las primeras), y se caracterizan porque tienen una consistencia espesa y un color oscuro, que oscila entre negro y verde. Están compuestas por los residuos de lo que ingería el bebé en el vientre materno (líquido amniotico principalmente) y por células muertas y secreciones del estómago e hígado que revisten el intestino del recién nacido. Se expulsan gracias a la acción laxante del calostro (la leche -amarillosa, casi transparente- que produce nuestros pechos durante la primera semana de vida del pequeño, que no baja a chorros sino en cantidades muy pequeñas, acordes con el tamaño del estómago del bebé) y suelen tener altas concentraciones de bilirrubina que si no salen totalmente en el meconio tornan amarillosa la piel de algunos bebecitos, produciendo la denominada ictericia neonatal.

¿El tipo de leche que tome un niño incide en su digestión?

Durante las primeras semanas de vida se dan cambios importantes en la digestión del recién nacido, marcados principalmente por el tipo de alimentación que reciba. En el caso de Irene (y en el caso de los bebés alimentados con leche materna), sus primeras cacas fueron muy frecuentes y líquidas, pero a medida que crecía, sus deposiciones adquirían un color acaramelado, una textura grumosa y un olor dulzón. Las primeras semanas, teníamos deposiciones casi después de cada toma, que fueron espaciándose en el tiempo a medida que ella crecía. Pasados las primeras semanas, cumplidos los dos o tres meses, Irene ya tenía una digestión muy regular, en la que orinaba con frecuencia a lo largo del día y hacía caca en la mañana al despertar.

La recomendación general (confirmada en nuestro caso) es brindarle al bebé leche materna de manera exclusiva hasta los seis meses. ¿Las razones? Es la única que está diseñada realmente (¡por la naturaleza, además!) para el bebé: su ingesta ayuda, además, a madurar el aparato digestivo del pequeño, preparándolo para el cambio que supondrá la ingesta de alimentación complementaria (frutas, cereales, verduras y carnes que se le suministrará también de manera gradual).

Aún así, como evidentemente hay casos en los que se suministra leche de fórmula, no está de más saber cómo puede ser su digestión. En principio, la asimilación de estas leches en el cuerpo del bebé es mucho más lenta que la de la leche materna y las deposiciones suelen ser más amarillentas y gruesas. ¿Por qué? Por que la leche artificial contiene proteínas más complejas y gruesas que la leche materna, pues es leche de vaca procesada. El sistema digestivo del bebé no está preparado naturalmente para digerirla, por lo que su organismo debe adaptarse, forzosamente, a hacerlo. No son poco los casos que devienen en intolerancias, cólicos, diarreas con sangre, estreñimiento, entre otros, como consecuencia de estas leches. De aquí que se insista tanto en la alimentación con leche materna. El uso de la leche artificial supone, por lo general, un proceso de adaptación complejo que implica, en la mayoría de los casos, el cambio recurrente de marca en la búsqueda de una que el bebé tolere (o que, de plano, ya pueda procesar).

No quiero parecer dogmática con el tema, pero como beneficiaria directa de la lactancia materna, cerraré esta entrada con un video que habla sobre algunas de las posibles consecuencias que puede generar el suministro a los bebés de leche artificial. Irene tiene, como saben, ocho meses, y hasta ahora no ha sufrido ninguna gripa, ninguna diarrea, ningún episodio de estreñimiento, ninguna infección gastrointestinal. Nuestra chiquita es una niña sanísima. ¿A qué se lo atribuyo? A la leche materna. Y concluyo con una reflexión simple, que ya he publicado acá: Si la naturaleza nos brinda nuestra leche, ¿por qué no la recibimos como el alimento más propicio para nuestros pequeños?

(El video lo encontré en el artículo  “Lactancia materna vs. lactancia artificial“, publicado en el blog Mimos y Teta. Vale la pena leerlo, si quieren ahondar más en el tema. Hay una primera parte del mismo que habla sobre la violación del Código de comercialización de sustitutos de la leche materna, por parte de las empresas productoras de leche artificial. Si quieren verlo, ingresen acá)

Esta entrada, como siempre, se volvió larga. Mañana publicaremos una segunda parte sobre lo que pasa con la digestión y la caca del bebé cuando se da inicio a la alimentación complementaria, además de comentar qué es y qué no es normal en sus deposiciones. Bienvenidas son desde ya todas sus recomendaciones y experiencias. Nunca me imaginé escribir sobre este tema, pero reconociendo cuánto llama mi atención las “bombas” arrojadas en el pañal por mi pequeña, concluí que era importante  hacerlo… como muchas otras cosas que ni pensaba antes de tener a Irene en nuestro hogar. La vida cambia con ellos, ¿verdad?

😉

15 abril 2010 at 11:02 11 comentarios

¿Qué pasa con la lactancia una vez que se inicia la alimentación complementaria?

Irene come -además de leche materna- frutas, verduras, pollo y arroz desde hace un poco más de un mes. ¿Cómo ha sido la experiencia? Interesante, satisfactoria y menos distinta de lo que pensamos, porque (para ser honesta) creía que habría grandes cambios en nuestras rutinas y ritmos de lactancia una vez iniciáramos la alimentación complementaria. Nada más lejano a la realidad, al menos hasta ahora. ¿Por qué? No sé. Tal vez por mito, por exceso de expectativas en mi cabeza o por sólo conocer -por encimita- experiencias de biberones y leches de fórmula antes de tener a mi bebé. No sé si sea su caso, pero como sí fue el nuestro, decidí escribir al respecto… Una red de apoyo no nos sobra y ya sea para que alguien sepa cómo ha sido nuestra experiencia o para que nos cuenten cómo ha sido la suya, nos lanzamos con esta historia porque documentación nueva, la verdad, no encontré. ¿A ustedes cómo les fue?

Comienzo por los detalles generales de nuestra rutina: seguimos lactando a libre demanda, más o menos cada 3 horas, combinando algunas de las tomas de Irene (1 o 2 al día) con trozos de comida. Todo esto irá variando, sin duda, a medida que pase el tiempo yque la pequeña tenga más dientes, pueda ampliar su dieta y quiera comer otras cositas. Por lo pronto, aquí va un pequeño reporte sobre qué tanto cambia la lactancia una vez que los pequeños inician su alimentación complementaria.

Punto de partida: seis meses de edad

Como les contaba en un post anterior, hace ya un poco más de un mes incluimos en la dieta de Irene otros alimentos además de su leche. Para hacerlo, seguimos las recomendaciones de la OMS y la Liga de la Leche para la alimentación complementaria, introduciendo frutas, verduras, carnes y cereales de manera progresiva y siguiendo las pautas del Baby-Led Weaning: trozos de comida en lugar de papillas y manitos y dientes en lugar de cucharas para comer.

La experiencia ha sido interesante, no sólo porque representa realmente un cambio en la vida (desde que Irene come otras cositas mira ansiosa y curiosa cualquier alimento que comamos, con unas ganas infinitas de probar también), pero menos lineal de lo que pensé: La leche materna sigue siendo su principal alimento y todo lo demás, como su nombre lo indica, es su complemento y hace parte de su dieta -por ahora- más que para llenar una pancita para familiarizar a Irene con otros sabores, texturas y maneras de comer.

Seguimos, por lo tanto, en una fase experimental, permitiendo que ella pruebe, conozca sabores y texturas y se inserte en nuestros hábitos al comer. En resumen, se sienta a la mesa con nosotros en su sillita, come al mismo tiempo trozos de comida y sigue sus tomas habituales de leche, tomando el pecho antes y después de comer otras cosas. La idea es que nada de lo que come extra la llena (apenas está experimentando), por lo que no me preocupa si come mucho o poco: con el equivalente a un par de cucharadas estamos contentas las dos. Si quiere comer más, lo hace, pues en definitiva es ella la que decide qué tanto quiere comer.

Confieso, no obstante, que aún no tengo una pequeñita que coma tan modocita como Óliver, el niño de los Países Bajos que nos servía de ejemplo para el Baby-Led Weaning: creo que, en parte, porque nuestra chiquita es un tanto eléctrica (jiji, ahora no se queda quieta), porque apenas comienza a tener dientecitos para desgarrar y masticar bien los alimentos por su cuenta y porque las frutas y verduras que le damos suelen estar tan maduras que se le deshacen en la mano. ¿Consecuencias? Las que se ven en la foto: mamá y papá (sobreprotectores, seguro) le acercan los trozos de comida y ella va mordisqueando por su cuenta lo que quiere comer. Cuando los alimentos son un poco más duros, nosotros mismos le damos los trozos en la boca mientras ella juega con una cuchara o con un pedazo en su mano. Aclaro, eso sí, que Irene cada vez es más hábil cogiendo por sí misma los trozos y que los dientecitos que se asoman ya empiezan a ser útiles. Confío en que en poco tiempo ella misma manipule los alimentos. Ya les contaré.

¿Y qué tantas calorías y nutrientes pueden aportar otros alimentos distintos a la leche?

Vuelvo al tema de la leche. En una entrada anterior les contaba por qué la leche materna debía seguir siendo el alimento principal en la dieta del bebé menor de un año y cómo seguía aportando nutrientes y defensas después de este tiempo, hasta el punto de que se recomienda darla, al menos, hasta los dos años de edad. Pues bien, revisando la web la semana pasada encontré un cuadro muy interesante que habla sobre las calorías y los nutrientes que aportan otros alimentos.
Si ese cuadro se toma como complemento de otro que comentábamos en nuestra primera entrada sobre la alimentación complementaria, fruto de una investigación de la Sociedad Argentina de Pediatría, que muestra cuáles son los requerimientos diarios de calorías que tiene el bebé hasta los 23 meses de edad y cuáles de éstas las aporta la leche materna, se puede ver que la energía y los nutrientes que proporcionan los nuevos alimentos a la dieta del bebé son importantes, pero no suplen por sí mismos sus necesidades básicas: complementan y preparan al chiquito física y emocionalmente para un período futuro en el que eventualmente no tenga a mano leche materna.

Edad Requerimiento caloría/día
Leche materna caloría/día
Alimentación complementaria caloría/día
6-8 meses 682 413 269
9-11 meses 830 379 451
12-23 meses 1092 346 746

(Fuente: Sociedad Argentina de Pediatría, “Guía de alimentación para niños sanos de 0 a 2 años”, pág. 37)

En la práctica, creo que el hecho de que un chiquito de seis meses no esté aún capacitado para comer otras cosas por sí mismo o, dicho de otro modo, requiera de la ayuda y vigilancia de un adulto para alimentarse, debe tener mucho que ver. También considero relevante el desarrollo de su sistema digestivo (que va desde los dientes hasta su colita. Entre otras cosas, no creo que un bebé tenga la misma capacidad que un adulto para absorber nutrientes de alimentos distintos a su leche) y el riesgo potencial de infección que una dieta no esterilizada (al menos como la leche materna) pueda tener. Sea un caso u otro, la leche sigue siendo la reina de la dieta y los nuevos alimentos hasta el año de vida sólo la complementan. No gratuitamente somos mamíferos, por lo que es natural que -como ellos- de bebés la leche sea nuestro principal alimento y necesitemos de un período de transición para lograr nuestra autonomía al comer.

¡La leche! (Bendita eres)

Quizás por todo ello, tras la experiencia, no me sorprende que Irene siga mamando casi igual que antes (ahora, quizás, lo hace más eficientemente, tardando menos en sacar su leche). Creo que fui ingenua al pensar que en cuanto ella probará algo distinto a la leche, sus tomas disminuirían. Y, viéndolo bien, siquiera que ése no ha sido el caso, porque si su principal alimento fueran ahora frutas, cereales, carnes y verduras, andaría preocupadísima por lo poco que a su edad lograría comer.

No sé si el hecho de que ella tome leche materna marque una diferencia. Tampoco sé si nuestro propósito de darle la comida en trozos en lugar de papillas tenga igualmente que ver. Sea una cosa u otra, nuestra lactancia se mantiene, libre, cuando ella quiere, sin huelgas de lactancia (que espero que no lleguen), ni malestares fisicos. Su digestión cambia muy paulatinamente y su salud se mantiene como un roble. Conclusión: probamos alimentos poco a poco (sin lácteos, pescado, glúten o huevo hasta el primer año) y mantenemos abierto el pecho hasta que ella quiera comer.

Y ahora la pregunta: ¿a ustedes cómo les fue?

(Y las confesiones: sigo leyéndolas, pero mi muy querida Irene se ha vuelto un colibrí inquieto, que ya no me deja casi tiempo ni manitos libres sobre el teclado. Aunque sea tarde y poco, ya les contestaré ;))

17 marzo 2010 at 06:37 4 comentarios

Irene-Led Weaning ;)

No me aguanté las ganas de poner en marcha la técnica de Baby-Led Weaning (de la que hablaba en nuestra anterior entrada), así que Irene ya probó algo más que leche de su mamá: ¡cogió, tocó, se untó, probó y comió banano por primera y segunda vez! Nos ha ido maravillosamente…Claro que confieso que el primer día su padre estaba un poco ansioso porque ella no lograba coger la fruta fácilmente y le ayudó un poco. Tuvimos, en consecuencia, una peque desesperada por seguir comiendo. El segundo día, en cambio, todo marchó bien. Aquí queda el testimonio. Todavía lo veo y no me lo creo. ¡Los bebés sí pueden comer solos! Pero acompañaditos y cuidados.

Eso sí, antes de empezar, verificamos si nuestra chiquita cumplía con todos los requisitos necesarios para introducir nuevos alimentos: se sostiene sentada (cada vez más firmemente), nos acompaña en las comidas con atención, se lleva las cositas a la boca por sí misma y toma la lechita de su madre con juicio (bueno, a veces se distrae, pero vuelve a su toma y come bien). Después de un primer intento fallido, en el que comió, se untó y se desesperó, concluimos: “ensayemos nuevamente, si no puede coger su comida es porque todavía no es el momento de introducir otros alimentos”. Estábamos más relajados… ¡Y la peque apenas tuvo el banano en frente, lo cogió bien! Se le cayó, se ensució, lo botó… pero el sabor le encantó. Confiesi, sí, que resulta un alimento un poco liso para sus deditos. Pero come. Entre mordisco y mordisco la cáscara se cae, pero es chistoso y lindo verla comer por primera vez.

En cualquier caso, como la idea es que coma el equivalente a un par de cucharaditas, resulta perfecto. Probaremos el banano por varios días, lentamente. Si se le sigue cayendo con frecuencia, pospondremos la comida otra vez. Igual, faltan 10 días para que Irene cumpla seis meses y como la introducción de alimentos complementarios no es una carrera contra el tiempo, pues si no es ahora igual está bien. Se ha empegotado hasta el pelo, pero verle la cara de felicidad y el goce es una delicia. Ya veremos cómo nos va con los otros alimentos. Eso sí, leche materna antes y después.

¡¡Qué viva el Baby-Led Weaning!! Los niños, hasta con un poco menos de seis meses, sí pueden comer solitos.

¿Cierto que es algo que vale la pena ver? 😉

31 enero 2010 at 08:31 7 comentarios

Baby-led Weaning: una propuesta interesantísima para la alimentación complementaria

En nuestra entrada reciente sobre alimentación complementaria, Flor, la mamá de las nenitas, me habló de Baby-led Weaning, una propuesta de introducción de alimentos guiada por el bebé mismo y desarrollada por Gill Rapley, nutricionista y directora adjunta de la Iniciativa de Hospitales Amigos de los Niños (IHAN) de UNICEF en el Reino Unido. No sé si me equivoque, pero tengo la impresión de que ésta es una forma natural de introducir alimentos y que es muy probable que los mismos chiquitos desarrollen, a partir del tacto, el gusto, la vista y el olfato, un acercamiento amable y sensato a lo que van a comer. En cualquier caso, la selección y preparación de alimentos la hacen los padres; luego, será el bebé quien toque, pruebe, mida y coma. Algo que seguro vale la pena ver. 😉

Confieso que al principio la idea me asustó (pensé que era imposible dar semisólidos a bebés de apenas 6 meses), pero a medida que fui leyendo información al respecto y, sobre todo, viendo videos con experiencias de padres, madres y bebés de todo el mundo, la propuesta me encantó. De hecho, creo que probaremos esta modalidad de alimentación con Irene, siguiendo recomendaciones básicas -disponibles, entre otros, en la web (Bebés y más tiene varios artículos en español al respecto)-, acompañando y vigilando (no sobreprotegiendo) la experiencia de mi chiquita y siguiendo las pautas generales de introducción de alimentos que comentaba anteriormente: dar los nuevos alimentos solos (sin mezclas) por 4 días o una semana, al comienzo; no adicionar sal o azúcar hasta que cumpla un año de edad, no introducir lácteos hasta los doce meses, mantener la leche materna como el alimento principal de la dieta, suministrándole los alimentos complementarios después de la toma de leche (y dándole leche después de los mismos); evitar el huevo, el gluten, el pescado y los cítricos hasta los 12 meses de edad, entre otros.

En resumen, y considerando que la leche materna seguirá siendo la principal fuente de nutrientes de Irene hasta que cumpla 12 meses (luego será importante, al menos hasta los 2 años, pero no será lo principal), pienso que ofrecer frutas, verduras y cereales solitos, en porciones que el bebé pueda agarrar por sí mismo para llevarse a la boca y experimentar, es lógico.

En este momento, nuestra chiquita se lleva todo a la boca y lo muerde. Si, además de eso, descubre que tiene un sabor particular y que, al igual que nos ve hacerlo a nosotros en la mesa, puede comerlo, seguramente tendrá un acercamiento más fluido y tranquilo con los alimentos. Se supone que a los seis meses sólo deben comer dos o tres cucharadas (con el Baby-led Weaning pasaremos de usarlas por un tiempo), unos cuantos mordiscos a un banano, un calabacín hervido, un trozo de brócoli, un pedazo de pera bien podrían representar lo mismo, ¿no?

Al traste tendrán que irse, sin duda, la angustia porque el bebé se ensucie (a lo mejor, incluso, termine más empegotado con una papilla que chorrea y unta todo), coja bien lo que le damos o se atratagante (no quita, por supuesto, el estar vigilando). Y en primer orden tendrán que estar el espacio y el tiempo de disfrutar de la mesa en familia, naturalmente, con tranquilidad y goce.

Por ello, como dice Armando, de Bebés y más (hay artículos interesantísimos al respecto, que vale la pena revisar), “La cantidad no es importante (…) la alimentación complementaria tiene como objetivo que los bebés vayan aprendiendo a comer, conociendo texturas y colores. Esto es precisamente lo que está haciendo cuando le ponemos comida delante y le dejamos que la toque, la manipule, la chupe, la espachurre y se la coma, si quiere”.

Nos iremos entonces por esta ruta, sobre la base de investigaciones que señalan que los bebés sí pueden comer solos y de que las papillas pueden ser innecesarias. Eso, sumado a las experiencias de otros padres que ya practican el Baby-led Weaning con buenos resultados es una base interesante para comenzar. Tenemos tiempo para probar…  si no funciona, siempre podemos cruzar al otro lado. Ya les contaremos cómo nos va. Les dejo, eso sí, algunos videos de niños comiendo solitos (nuestro protagonista principal será Oliver, un pequeño de los Países Bajos que tiene toda su historia de Baby-led Weaning acá, que incia a sus 5 meses y 24 días y culmina a sus casi dos años de edad). ¿No les parece exitoso y natural?

En el video que sigue, Oliver se come un helado solito, sin ningún papá que corra a limpiarlo o a sacarle la crema para que él pueda disfrutarlo. Es lindo ver cómo él mismo encuentra la manera de comérselo. Se nota que le gusta y que quiere más:

Y en éste, finalmente, Oliver ya usa cubiertos y come, seguramente, casi (si no) lo mismo que sus papás:

27 enero 2010 at 10:40 18 comentarios

Preparen cucharas: ¡ya casi es hora de iniciar nuestra alimentación complementaria!

Irene ya casi está preparada para ampliar su menú gastronómico e ingresar al mundo de la alimentación complementaria: al cumplir seis meses de edad, su sistema digestivo estará lo suficientemente maduro para tolerar alimentos distintos a la leche materna. Y aunque aún no serán muchos y la introducción de los mismos será lenta y progresiva (la leche materna seguirá siendo hasta sus 24 meses el alimento que pueda proporcionarles más nutrientes y energía), a modo de preámbulo y preparación para nosotras mismas, quiero reorganizar la información que me dieron hace algunos meses en nuestras conferencias de la Liga de la Leche, así como las recomendaciones y tablas -que incluyo en este texto- de la Organización Mundial de la Salud. Como quien dice: a preparar cucharas y papillas, porque se amplía la dieta de nuestra chiquita.

Para empezar, la alimentación complementaria sólo debe iniciarse después de los seis meses de edad. Hay algunos signos (sostenerse sentado, controlar mejor la salida de su lengua y mostrar interés por la comida de los adultos) que pueden indicar mejor cuándo (puede ser antes o después), pero ese parámetro suele ser válido para la mayoría de los casos. Hacerlo antes puede generar alergias y/o trastornos digestivos por la inmadurez que tiene hasta entonces el aparato digestivo de los bebés. No es gratuito, por ello, que los niños alimentados con leche de tarro -también llamada leche de fórmula- presenten malestares digestivos y tengan que pasar, incluso, de una marca a otra mientras su estómago logra tolerar las enzimas y proteínas que tiene la leche de vaca (diseñada para los bebés de los terneros, no de nuestras mamás), en detrimento de su desarrollo y flora intestinal.

No se recomienda, incluso, iniciar el uso de leches procesadas (llamadas, en su segunda etapa, leches de continuación) una vez se han cumplido los seis meses, pues estas “son inventos de las empresas de alimentos preparados infantiles para tener un negocio rentable… las leches de vaca hay que procesarlas para que un bebé humano las pueda tolerar y digerir sin reventarle por dentro , puesto que tiene mucha más proteína que la humana”. Y agrega Mimos y Teta, un blog informativo sobre crianza y lactancia materna (en otro artículo, interesantísimo, sobre la guerra de la leche): “la alimentación natural no sólo es mejor, sino también más barata. Por cada madre que decide dar de mamar a su hijo, los fabricantes de leche artificial dejan de ingresar dinero contante y sonante, entre 50 y 100 euros mensuales de media”. Así que la idea, siempre, es tratar de suministrar leche materna. De este modo garantizamos que el crecimiento y desarrollo de nuestros chiquitos sea óptimo y que su organismo esté mejor preparado para recibir nuevos alimentos, una vez sea el momento de “complementar”.

¿Cómo se inicia la alimentación complementaria?

De acuerdo con la Liga de la Leche, se puede iniciar con cualquier alimento (excepto cítricos, huevo, pescado y trigo), pero siempre introduciendo uno solo cada vez. Recomiendan introducir primero frutas, por su sabor dulce y su fácil preparación. No se aconseja suministrar compotas y papillas de supermercado, por los químicos que incluyen, por su exposición a agentes patógenos y por las mezclas que traen de antemano. Preparar las papillas en casa es, por salud, cantidad y costos, una mejor inversión.

Así, durante varios días (4 o 5) se le da al bebé un mismo alimento, para percibir claramente cómo lo recibe y descartar intolerancias o alergias a los mismos. La idea es procesar mínimamente la fruta o lo que se le vaya a dar, para garantizar que el chiquitín reciba la mayor cantidad de nutrientes: es mejor la compota o papilla que los jugos, más si se tiene en cuenta que un bebé de seis meses aún debe tomar principalmente leche.

¿Y cómo se preparan? Casi con nada: si es una fruta, se puede escoger una muy madura (el mango, la manzana, la pera, entre otros); se toma una cuchara y con ésta se raspa la pulpa. Se le dan pequeñas porciones al pequeño, pisando la lengua con la cuchara, sin alterarnos porque se ensucie, las escupa o haga pucheros. Es normal que tienda a babiar y a sacarlas de su boca (puede llevarse incluso las manos a ella, para experimentar y verificar qué estamos haciendo), pues hasta entonces ha estado acostumbrado sólo a chupar y tragar. Después de algunos intentos, comprenderá el mecanismo, degustará y comerá con menos aspavientos. ¡Toda una experiencia, qué bello!

¿Qué cantidad se le debe dar?

Siempre se le debe dar la alimentación complementario después de la leche. El primer día se le da sólo una cucharadita (para que pruebe), el segundo, dos de la misma fruta, y el tercero, si ya se muestra interesado, se le pueden dar tres. Eso sin descartar, por supuesto, que cada niño tiene su ritmo. Se mantiene el menú por cuatro o cinco días y una vez se vea la tolerancia al alimento, se introduce uno nuevo con el mismo proceso.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) precisa las cantidades de alimentos que deben ofrecerse a un bebé. Estas, como verán a continuación, varían de acuerdo con la edad y en ningún caso reeemplazan la leche materna: como su nombre lo indica, la introducción de nuevas comidas en los pequeños complementa su dieta y sólo debe hacerse luego de cumplidos los seis meses de edad. De acuerdo con su sitio oficial, la OMS recomienda mantener la lactancia hasta los dos años, combinándola paulatinamente con otros alimentos como se indica acá:

Edad Textura Frecuencia Cantidad en cada comida
Desde los seis meses Papillas blandas, verduras, carne, fruta bien trituradas Dos veces al día, además de tomas de pecho frecuentes 2-3 cucharadas
7-8 meses Alimentos triturados Tres veces al día, además de tomas de pecho frecuentes Aumento gradual hasta 2/3 de una taza de 250 ml en cada comida
9-11 meses Alimentos triturados o cortados en trozos pequeños, y alimentos que el bebé pueda agarrar Tres comidas más un refrigerio entre comidas, además de tomas de pecho ¾ de una taza de 250 ml
12-24 meses Alimentos de la familia, cortados o triturados en caso necesario Tres comidas más dos refrigerios entre comidas, además de tomas de pecho Una taza de 250 ml llena

(Fuente: OMS, “¿Hasta qué edad es adecuado alimentar al bebé sólo con leche materna?“)

Un buen recurso, para familiarizar al pequeño con el nuevo mundo de los alimentos, es ponerle enfrente un plato de comida con un poquito de lo que le estamos dando para que juegue: tocar, oler y untarse algo es una bonita manera de conocer y entrar en contacto con algo nuevo.

Tipos de alimentos

¿Y si son verduras? Se le brindan del mismo modo (por 4 o 5 días, de dos a tres cucharadas por comida), pero se preparan al vapor y en papilla (aplastaditas). Algunas verduras -por su consistencia las reconocerán- se diluyen en un poco de agua para su preparación. Cuando ya se hayan probado varias, se pueden mezclar, trituradas, con papa (criolla, en nuestra tierra, es decir, pequeñas y blandas) y carne de pollo o res (licuada). Se debe tener en cuenta que mientras el bebé no tiene dientes, no podrá triturar por sí mismo los alimentos.

Cuando el pequeño ya esté familiarizado con frutas, verduras y carnes, se pueden introducir los cereales (aquí, uno y dos artículos muy interesantes al respecto): avena, arroz, entre otros. Estos se preparan en coladas, preferiblemente en agua o (si se llevan leche) en leche materna extraída previamente. Después de tres semanas de estarle suministrando al chiquitín alimentación complementaria, puede dársele fruta en la mañana, verdura (en sopita, con carne, si es el caso) en la tarde y cereal en la noche. Todo progresivamente, de acuerdo con su propio ritmo. Una recomendación importante es que no mezcle alimentos que no haya probado solos. Hágalo únicamente con otros que ya sepa que el niño tolera bien.

Finalmente, no debe agregarse sal hasta que cumpla 9 meses, los condimentos que use deben ser naturales (cebolla, ajo, cilantro y zanahoria) y los cítricos, el pescado y el trigo y gluten (pan, incluído) sólo deben darse hasta que cumpla un año de edad. El huevo se recomienda darlo también después de que el bebé cumpla 12 meses, empezando por la yema (un cuarto solamente) y aumentando la cantidad con el paso de los días, si el niño lo recibe bien. Sobre otros alimentos (miel, frutos secos, entre otros) pueden encontrar comentarios y recomendaciones acá.

Según me dijeron en la Liga de la Leche, antes de que el bebé cumpla un año se le debe dar siempre primero leche materna y después la alimentación complementaria (según nuestro pediatra, debe vigilarse que el niño coma al menos seis veces al día: leche, siempre; otros alimentos, al desayuno, al almuerzo y a la comida). Después de cumplir doce meses, se suministra primero la alimentación complementaria y luego la leche. A esta edad, así mismo, se le pueden empezar a suministrar lácteos (tratados pero no deslactosados: yogurt, quesos, entre otros).

Es ideal que todos los alimentos que reciba el pequeño sean frescos, naturales y preparados en casa. Y que si tienen alguna duda, recurran al médico o las recomendaciones de organizaciones reconocidas como la OMS y la Liga de la Leche. En la web hay muy buena información sobre éste y otros temas relacionados con la alimentación de los pequeños (en Bebés y más, por ejemplo, hay muy buenos textos). Si buscan más, incluso, pueden encontrar recetas, consejos y relatos de experiencias. El menú está servido. Ah, y recuerden que la OMS recomienda continuar suministrando leche materna hasta los dos años de edad. Aquí va un cuadro que muestra el aporte calórico de la leche materna junto a la alimentación complementaria. Como verás (y como habíamos dicho antes) la lechita de mamá sí alimenta.

Edad Requerimiento caloría/día
Leche materna caloría/día
Alimentación complementaria caloría/día
6-8 meses 682 413 269
9-11 meses 830 379 451
12-23 meses 1092 346 746

(Fuente: Sociedad Argentina de Pediatría, “Guía de alimentación para niños sanos de 0 a 2 años”, pág. 37)

¡Buen apetito! Y perdón por estos posts tan largos… ¿Los leerán? 😉

22 enero 2010 at 07:47 9 comentarios

“Beneficios de la lactancia prolongada”

Ad portas de cumplir nuestros seis meses de lactancia exclusiva y, por ende, de introducir nuevos alimentos en la dieta de Irene, quiero compartir con ustedes un texto muy interesante que me encontré sobre la lactancia prolongada. El término, como lo verán en el texto, se utiliza para referirse a niños que continúan tomando leche materna después de cumplir doce meses. Mi meta es dejar que Irene tome nuestra leche todo el tiempo que ella quiera (y, aquí entre nos, confieso, quisiera que fuera al menos hasta los dos años de edad, como lo recomienda la Organización Mundial de la Salud). La experiencia ha sido maravillosa, creo que tanto para ella como para mí, así que por lo pronto nuestra voluntad es introducir nuevos alimentos complementarios y seguir con la leche materna. Los beneficios, seguramente, no dejarán de venir.

Alguna vez leí (y me da pena no recordar exactamente en dónde) que una madre que había optado por la lactancia prolongada ya sabía qué debía contestarle a alguien que la cuestionara por seguir dándole leche materna a un bebé “mayorcito”. La respuesta: por la misma razón que continúo dándole manzanas. Es decir: porque sí alimenta y porque me gusta y le gusta. Por eso digo: que Irene nos dé la pauta.

Sigo sin entender por qué en nuestro contexto se ve con malos ojos (y no exagero, ya hablé aquí y aquí sobre ello) la lactancia. Pero cuando pienso en lo bien que está Irene, en lo saludables que han sido estos meses, en su desarrollo maravilloso (físico, mental, emocional y etcétera), creo que no deberían rebatirse las bondades de la leche materna.

Ayer tuvimos revisión con el pediatra y esta chiquitolina está perfecta: ya mide 66 cms y medio y pesa 6.800 gramos. Vi en la sala de espera una bebé de un mes de nacida y sentí nostalgia y todo por cuándo ella estaba así de pequeña, pero luego la veo mirándose las manitos, sonriendo, alegando, sacándonos la lengua con malicia y a propósito, y pienso que cada instante ha sido bueno y que mientras perdure en nuestra memoria, será eterno. Así que sigo haciendo nuestros votos amorosos por la lactancia y antes de empezar la alimentación complementaria, en tres semanas, digo: ¡qué viva la leche materna! Dar pecho a un chiquito es maravilloso.

Y arranco con el texto: se titula igual que esta entrada y se encuentra disponible en la web paraelbebe.net. Ydice así:
El término “lactancia prolongada” se utiliza cuando el niño amamantado es mayor de 12 meses de edad. En este artículo, a dichos niños les llamamos “pequeños lactantes”.

Los pequeños lactantes se benefician NUTRICIONALMENTE:

“Aún mucho después del primer año de vida, la leche materna continúa proporcionando cantidades sustanciales de nutrientes clave, especialmente proteínas, grasas, y la mayor parte de las vitaminas”.
–Dewey, 2001

En el segundo año de vida (12 a 23 meses), 448 ml de leche materna proporcionan:
29% de requerimientos de energía
43% de requerimientos de proteína
36% de requerimientos de calcio
75% de requerimientos de vitamina A
76% de requerimientos de ácido fólico
94% de requerimientos de vitamina B12
60% de requerimientos de vitamina C
–Dewey, 2001

“El promedio estimado de tomas de leche en un periodo de 24 horas fue de 548g para el 97% de niños que fueron amamantados de 12 a 23 meses de edad, y 312 g para el 73% de niños amamantados de 24 a 36 meses de edad. Esto representa un promedio diario de ingestión de 41% y 23% de la ingesta diaria recomendada de vitamina A, respectivamente”.
–Persson 1998

A pesar de que se ha investigado poco sobre niños que son amamantados después de los dos años de edad, la información disponible indica que la leche materna continúa siendo una fuente valiosa de nutrición y protección contra enfermedades durante todo el periodo de lactancia.
Es común que se recomiende el destete para niños pequeños que ya comen algunos sólidos. Sin embargo, esta recomendación no está sustentada en investigación alguna. De acuerdo con Sally Kneidel en “Nursing Beyond One Year” (New Beginnings, Vol. 6 No. 4, July-August 1990, pp. 99-103.):
Algunos médicos pueden sentir que la lactancia interferirá con el apetito del niño hacia otras comidas. No obstante, no hay documentación que indique que los alimentos suplementarios son rechazados más frecuentemente por los niños amamantados que por los ya destetados. De hecho, la gran parte de los investigadores en países del Tercer Mundo, donde el apetito de un niño pequeño desnutrido puede ser de importancia crítica, recomiendan la lactancia prolongada aún para los casos más severos de desnutrición. (Briend et al, 1988; Rhode, 1988; Shattock and Stephens, 1975; Whitehead, 1985). La mayoría sugieren ayudar al niño amamantado no con el destete, sino suplementando la dieta de la madre para mejorar la calidad nutricional de su leche (Ahn and MacLean, 1980; Jelliffe and Jelliffe, 1978), y ofreciendo al niño comidas más variadas y agradables al paladar para mejorar su apetito (Rohde, 1988; Tangermann, 1988; Underwood, 1985).

Los pequeños lactantes se ENFERMAN MENOS:

“Anticuerpos son abundantes en la leche humana durante toda la lactancia” (Nutrition During Lactation 1991; p. 134). De hecho, algunos de los factores inmunológicos en la leche materna aumentan en concentración durante el segundo año y también durante el proceso de destete. (Goldman 1983, Goldman & Goldblum 1983, Institute of Medicine 1991).
Según la Organización Mundial de la Salud (www.who.int/inf-fs/en/fact178.html) “un aumento moderado en las tasas de lactancia materna podría prevenir hasta un 10% de las muertes de niños menores de 5 años: El amamantar tiene un papel esencial, y a veces subestimado, en el tratamiento y prevención de enfermedades infantiles”.
Se ha encontrado que los niños que aún son amamantados entre las edades de 16 y 30 meses, tienen menos enfermedades, y de más corta duración, que los que no son amamantados (Gulick 1986).
La Academia Americana de Médicos de la Familia indica que los niños destetados antes de los dos años de edad tienen mayor riesgo de enfermarse (AAFP 2001).

Los pequeños lactantes tienen MENOS ALERGIAS:

Muchos estudios han mostrado que una de las mejores maneras de prevenir alergias y asma es el amamantar de forma exclusiva durante al menos seis meses y continuar amamantando a largo plazo. La leche materna puede ayudar a prevenir alergias al reducir exposición a posibles alergenos (entre más tarde sea expuesto el bebé a ellos, es menos probable que se presente una reacción alérgica), acelerar la maduración de la barrera intestinal protectora del bebé, recubrir el intestino y proporcionar una barrera contra potenciales moléculas alergénicas, proporcionar propiedades anti-inflamatorias que reducen el riesgo de infecciones (las cuales pueden actuar como disparadores de alergias).

Los pequeños lactantes son INTELIGENTES:

Extensas investigaciones sobre la relación entre la lactancia materna y los logros cognoscitivos (nivel de coeficiente intelectual, calificaciones escolares), han mostrado las mayores ganancias en los niños que durante más tiempo fueron amamantados.

Los pequeños lactantes son SOCIALMENTE BIEN ADAPTADOS:

De acuerdo con Sally Kneidel en “Nursing Beyond One Year” (New Beginnings, Vol. 6 No. 4, July-August 1990, pp. 99-103):
Reportes de investigaciones sobre los aspectos psicológicos de la lactancia son muy escasos. Un estudio que lidiaba específicamente con bebés amamantados durante más de un año mostró un vínculo significativo entre la duración de la lactancia y las “calificaciones” dadas por las madres y los maestros de niños de seis a ocho años de edad (Ferguson et al, 1987). En las palabras de los investigadores, “Hay tendencias estadísticamente significativas que demuestran la disminución en las puntuaciones de desórdenes de conducta cuando la duración de la lactancia se prolonga.”
El amamantar durante y después de la infancia ayuda a los bebés y a los niños pequeños a hacer una transición gradual hacia la niñez plena. La lactancia materna es una manera cálida y amorosa de cubrir las necesidades de los niños pequeños. Les ayuda a calmar las frustraciones, golpes y heridas, y el estrés diario de la niñez temprana.
El cubrir las necesidades de dependencia de un niño, de acuerdo con su horario personal y único, es la clave para ayudar a ese niño a alcanzar su independencia. Los niños que logran independencia a su propio ritmo, son más seguros en dicha independencia que los niños que fueron forzados a independizarse prematuramente.

Los pequeños lactantes son NORMALES:

La Academia Americana de Pediatría recomienda que los niños sean amamantados al menos durante 12 meses, y después de eso, durante todo el tiempo que tanto la madre como el hijo deseen hacerlo (AAP 1997).
La Academia Americana de Médicos de la Familia recomienda que la lactancia materna continúe durante todo el primer año de vida y que “El amamantar después del año de vida ofrece beneficios considerables tanto a la madre como al niño, y debe continuar mientras así lo deseen ambos”. También hacen notar que “Si el niño es menor de dos años de edad, está expuesto a un mayor riesgo de contraer enfermedades si es destetado” (AAFP 2001).
Un Secretario de Salud de Estados Unidos ha declarado que es un bebé afortunado el que continúa amamantando hasta los dos años de edad. (Novello 1990)
La Organización Mundial de la Salud pone énfasis en la importancia de amamantar hasta los dos años de vida y más (WHO 1992, WHO 2002).
Investigaciones científicas hechas por un profesor de Texas A&M, muestran que nuestros hijos están diseñados para esperar ser amamantados entre 2.5 y 7 años (Dettwyler 1995).

Las MAMÁS que amamantan a sus hijos de manera prolongada también obtienen beneficios:

En muchas mujeres, la lactancia prolongada retrasa el regreso de la fertilidad al suprimir la ovulación.
El amamantar reduce el riesgo de cáncer de ovarios.
El amamantar reduce el riesgo de cáncer uterino.
El amamantar reduce el riesgo de cáncer del endometrio.
El amamantar protege contra la osteoporeosis .Durante la lactancia, la madre puede experimentar reducciones de mineral óseo. La densidad de mineral óseo de una madre que amamanta puede ser reducida en todo el cuerpo en un 1 ó 2 por ciento mientras dure la lactancia. Esta pérdida regresa a sus niveles originales, y aún puede aumentar, cuando el bebé es destetado. Esto no depende de suplementos adicionales de calcio en la dieta de la madre.
El amamantar reduce el riesgo de cáncer del seno . Varios estudios han encontrado una asociación inversa significativa entre la duración de la lactancia y el riesgo de cáncer.
Se ha comprobado que el amamantar disminuye los requerimientos de insulina en mujeres diabéticas.
Las mujeres que amamantan tienden a perder peso más fácilmente.

Fuente: http://www.paraelbebe.net/beneficios-de-la-lactancia-prolongada/

Y añado un video, lindo, de promoción de la lactancia prolongada en Puerto Rico.

15 enero 2010 at 08:03 7 comentarios

¿Cómo alimentar al bebé con vasito?: una forma de mantener la lactancia materna cuando no siempre está presente la mamá

Irene tiene ahora un poco más de tres meses. Felizmente, hasta ahora, hemos logrado nuestra meta de darle exclusivamente leche materna: he estado todo este tiempo con ella y siempre ha tenido a mano su “teta”. Muchas madres, sin embargo, deben modificar sus rutinas y retornar a sus trabajos o no pueden darle el pecho a sus hijos porque estos son muy pequeños y no han establecido bien la succión o por asuntos médicos. Surge entonces una pregunta: ¿Cómo pueden mantener la lactancia a pesar de no estar con sus chiquitos cada vez que se alimentan? Hay varias formas, pero la más recomendable es darle leche extraída de la madre con un vasito, pues con ella se evita la confusión de succión y se garantiza, al menos en la práctica, la permanencia a futuro de la lactancia materna directa. Comporto por ello aquí, un “tutorial” en video para aprender a hacerlo. Verán cómo después de recibir la leche con vasito, los chiquitines vuelven tranquilos al pecho. Puede que cueste un poco al principio, pero sin prisas y con constancia es posible hacerlo. 😉

¿Las ventajas? Muchísimas: con el vasito se evita, como decía al comienzo, la confusión de succión, pues la forma como el bebé recibe la leche se diferencia claramente de cómo lo recibe del pezón. Adicionalmente, el vasito permite que la madre se desplace (al trabajo, a una cita médica, etcétera) sin que ello altere la rutina alimenticia del pequeño, y también sirve como alternativa temporal o permanente de la lactancia -con leche extraída de la madre- para aquellos casos en los que los pequeños no pueden pegarse directamente de sus mamás (bebés prematuros, labio leporino, grietas en los pezones, etcétera). Podría seguir enumerando otras ventajas, pero no quiero alargarme. ¿Quizás las mismas por las que es mejor la leche materna sobre la leche de tarro valgan? Como esas ya las hemos mencionado antes (una, dos, tres, y hasta cuatro veces), no vuelvo a enunciarlas. Como ven, la lechita de las madres da mucho para hablar.

😉

24 noviembre 2009 at 07:44 2 comentarios

Nutrired: una casita para la lactancia materna y, en general, para una mejor nutrición infantil

Encontré en estos días Nutrired, una página muy interesante sobre la nutrición infantil que habla, especialmente, sobre la importancia de la lactancia materna. Aunque tiene información puntual para Argentina (su lugar de origen), cuenta con documentos muy valiosos para cualquier pequeño, además de links relacionados con su alimentación. ¡Se las recomiendo! Ojalá tuviéramos un nodo informativo así también en nuestro país.


Entre los materiales de la página que más me gustaron, destaco:
Los primeros 5: un programa educativo de la provincia de Tucumán que señala la importancia de la alimentación y el afecto durante los primeros 5 años de vida. Sus contenidos se presentan en bloques televisivos (disponibles en Nutrired en la sección “Información Nutricional”), que se encuentran en Youtube. Aquí, el segundo bloque del primer programa. Simple e interesantísimo:

La sección de bibliografía: Cuenta con más de 50 libros, artículos y revistas sobre nutrición, además de links de blogs y sitios recomendados, como Nutrinfo (con monografías y e-books sobre la alimentación de los niños), entre otros. Algunos no funcionan, pero la mayoría sí, con lo que vale y mucho su selección.

La sección de preguntas frecuentes, con 20 respuestas a las cuestiones más frecuentes sobre nutrición: responde, entre otras, a inquietudes sobre el embarazo, la lactancia, la niñez, cómo tener una vida sana y, en general, sobre alimentación. Algunas tienen enlaces a páginas comerciales (como Nestlé), que a primera vista pueden parecer irrelevantes, pero que revisadas en detalle ofrecen herramientas útiles (como recetas, dietas especiales, entre otros). Y un tip: cuando en las respuestas les aparezca la página de Lacmat, Lactancia materna y seguridad alimentaria, no se asusten si aparentemente no hay información disponible: por un error de diseño, todos los contenidos aparecen al final de la página… así que desplacen el cursor hasta abajo para encontrar su valiosa información.

Y, finalmente, Nutrired hace una campaña para promover la lactancia materna, que tiene, además de información precisa, avisos como estos, divertidos, estimulantes y concretos:

Ah, y un detalle más: en la campaña de la lactancia de Nutrired hay una encuesta sobre cuáles pueden ser las causas por las que se interrumpe -o no se da- la lactancia materna durante los primeros 6 meses y, aunque resulte increíble (y doloroso), el 34% (de 298 votos) afirma que esto sucede por recomendación del pediatra. De aquí que todas las madres debemos encargarnos de promoverla, no sólo con otras mamás, si no con los mismos médicos. Información que demuestre las ventajas invaluables de la leche materna hay de sobra… sólo es cuestión de compartirla. ¡Hágamoslo mamás, en blogs, en reuniones y en cualquier sitio! Si cada una logra movilizar al menos a otra madre, habrá al menos un chiquitín que lo agradezca.

😉

21 noviembre 2009 at 08:42 1 comentario

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