Archive for febrero, 2010

Ahora sí, ¡Irene a la piscina!

Hace una semana, el sábado para ser más exactos, Irene asistió por primera vez a natación. Aunque ya había estado regodeándose en una gran tina (que bien podría ser su piscinita personal), ésta fue formalmente su primera zamullida en una piscina. Pataleó, gozó, observó atentamente a otros niños y experimentó algo que sin duda vendrá para ella en el futuro: su primera clase de natación.

Y hay conclusiones: después de chapucear felizmente con su padre, confirmamos que los peques son esponjitas que sienten nuestra tranquilidad y nuestro miedo (y nuestra rabia y nuestro dolor, aunque eso no viene al cuento, así como nuestra felicidad y nuestro amor, que sí queremos que sean constantes… me voy yendo lejos, vuelvo). Y confirmamos también que, como suele ocurrir en estas nuevas tareas de ser padres, los aprendices somos nosotros: debemos ser menos sobreprotectores, sí cuidadosos, y confiar en las capacidades de nuestros pequeños y del entorno en el que nos movemos. Con una buena guía (un buen profesor), buena información y las medidas necesarias, la experiencia en el agua puede ser gratificante para todos. No sé si continuemos ahora mismo por asunto de horarios, pero es definitivo que queremos que nuestra chiquita aprenda a nadar pronto. Ama el agua y ese amor, seguro, es herencia de su padre. Así que ya les contaremos cómo avanzan estos periplos. Por lo pronto, deleítense como nosotros con nuestra s-irenita. 😉

28 febrero 2010 at 10:06 Deja un comentario

El sueño de los chiquitos: cero lágrimas y más mimos para dormir bien

Hace una semana prometí escribir un post sobre el sueño de los niños. Hoy cumplo mi cometido, a pesar de que en nuestro hogar aún nos falta mucho trecho por vivir. Irene duerme serena y, como todos los niños, se despierta en las noches: algunos días dos veces, otros días tres… y otros hasta cuatro. El tema no me preocupa porque aprendí que el sueño de los bebés es evolutivo y que no hay ninguna patología en los despertares. ¿Qué es lo mejor que podemos hacer nosotros como padres? Ayudarles a nuestros pequeños a relajarse, crear una rutina de sueño y tratar de sincronizarnos (ojo, nosotros) con ellos, entendendiendo que no hay nada de malo en los despertares y que podemos acompañarlos y atenderlos sin dejarlos llorar. Eso garantiza bebés sanos, felices, tranquilos e independientes en el futuro.

Y comienzo por nuestra experiencia. Antes de que naciera la chiquita alguien me habló de un método estupendo para el sueño de los chiquitos que garantizaba que a los tres meses de vida dormían de un solo tiro, sin ningún despertar. Ese alguien en cuestión, con las mejores intenciones, me regaló después un libro “reputadísimo” que me daría las pautas para que mi chiquita “organizara” su sueño (como si el hecho de que no estuviera sincronizado con el nuestro implicara ya un desorden o una patología del mismo). Sin prevenciones, hice la tarea y me leí el texto, echándole cabeza y pensando (aún sin que naciera la pequeña) cómo podría funcionar.

Posteriormente, en alguno de estos blogs mencioné el asunto, resaltando lo que me pareció interesante del cuento: que era bueno establecer rutinas que les permitieran a los niños diferenciar el día de la noche y que dormir era necesario para que los chiquitos tuvieran un desarrollo normal. Dudaba, como buena madre primeriza, de la propuesta de dejarlo llorar hasta que aprendiera a dormirse por sí mismo, pero no sabía de otras posturas ni tenía mamá cerquita para preguntarle cómo podían ser las noches con una bebecita.

En ese entonces no entendía si era cierto el consabido y repetido comentario de “si no la dejas llorar, después no vas a tener cómo bajártela” o “es que los niños te manipulan”. ¡Qué ingenuidad! Creo que quien piensa eso no tiene una relación cercana y real con un pequeño y que, mucho menos, ha hecho el ensayo de ver si es cierto. Justamente los niños criados con apego – a mis ojos- son luego los más independientes. Es apenas normal que cuando no pueden ser autónomonos quieran estar con sus papás… En todo caso, si quieren saber las consecuencias de cargarlos y atenderlos sin dejar que lloren, este testimonio se las explicará. Recordaba, sí, haber visto capítulos de niñeras “expertas” que lo primero que hacían al llegar a una casa era imponer horarios y obligar a los niños a descansar. No importaba, en esos casos, si para lograrlo había que armarse de reloj, nervios y abandonos que dieran como resultado un niño dormido por físico estrés y cansancio y secuelas e inseguridades futuras que no sería fácil erradicar:  la versión discotequera del programa era que el niño dormía porque “había organizado sus horarios”.

Por fortuna, mi comentario tuvo de inmediato una respuesta que decía, desde la experiencia, que había otras posturas más amorosas, realistas y efectivas para ayudarles a dormir a los chiquitos. Esas solas palabras (de Mamasita, por cierto. ¡Gracias, de nuevo por un consejo dado a tiempo!) me sirvieron para ahondar en el asunto y encontrar a Rosa Jové, a su libro y a los foros de apoyo a padres que quieran realmente acompañar y entender el sueño de sus hijos: Dormir sin llorar y Crianza natural. Leí  los artículos base y de apoyo que había disponibles, y entendí, a partir de estudios científicos, que el sueño de los bebés y los niños era evolutivo y que los despertares eran normales y hacían parte de un proceso de aprendizaje emocional y físico. Para quienes aún no conocen estas posturas, les recomiendo ver este video de Rosa Jové y leer esta entrevista, de ella también.

¿En definitiva, cómo es el sueño de los bebés?

Trataré de no extenderme en detalles porque el material disponible sobre el tema es conciso e interesante (pueden encontrar muchísimo aquí, incluídos algunos consejos para ayudar a mejorar el sueño de los pequeños). Los despertares, que suelen ser la mayor preocupación de los papás y los que han generado teorías erradas y poco recomendables que sugieren dejar llorar a los niños y esperar a que se duerman nuevamente solos, son normales. Es más, suelen responder a ciclos (horas fijas durante algunos días que pueden modificarse en poco tiempo, con nuevas rutinas) y son la evidencia de que el niño está introduciendo nuevas fases de sueño a sus noches (los adultos tenemos seis fases de sueño, que van desde un sueño ligero hasta el sueño profundo, mientras los niños al nacer sólo tienen dos… además de un ciclo distinto al nuestro, pues en el útero no diferencian el día a la noche… y eso, por supuesto, tiene que ver).

De ahí que despertarse en la noche varias veces sea necesario y lógico, pues le permite sobrevivir a ese bebé tanto en el presente como en el futuro: ¿imaginan lo peligroso que puede resultar en el desarrollo físico de un niño no despertarse repetidamente para comer? Su estómago es tan pequeño que si no lo hiciera, dejaría de contar con la energía requerida para su desarrollo. Y visto de otro modo: ¿qué sería de un bebé, incapaz de valerse por sí mismo, si no contara con un adulto a su lado que lo cuidase y protegiese? Nosotros sabemos que no vendrá un león a comérselo, pero él estando tan chiquito no tiene la seguridad ni física ni emocional para contar con ello. De ahí que se despierte: si no lo hiciera no garantizaría su supervivencia ni crecería con la seguridad necesaria para luego ser emocionalmente autónomo. Y de ahí que sea importante atenderlo: no hacerlo es romper ese proceso y dejar secuelas emocionales y físicas para el futuro de ese bebé.

¿Y cuándo se completará ese proceso (o dicho de otro modo, cuándo ese chiquito dormirá toda la noche, como los adultos)? Después de cumplir 5 o 6 años de edad, pero eso no significa que su sueño se mantendrá siempre igual: habrá épocas en que se despierte más o menos veces, así como habrá otras (y otros niños) que duerma(n) de corrido. En cualquier caso, su comportamiento será normal siempre que se vea descansado y tranquilo, y que su desarrollo físico y emocional sea el esperado para un chiquito de su edad. Hay patologías del sueño, por supuesto, pero se presentan en pocos casos e, incluso (esto es sorprendente), muchas se generan después de la utilización de métodos que prometen hacer dormir al niño de un tirón  (¡¡¡dormir no necesita de un método!!! Es una función natural) generalmente dejándolo llorar.

¿Cómo ayudar al niño a dormir y por qué no dejarlo llorar?

Como decía anteriormente, dejar llorar a un bebé cuando se despierta en las noches deja secuelas, que se exponen claramente en el video que compartía en mi anterior post: en él se precisa -desde la ciencia- qué pasa y qué se puede esperar del cerebro del bebé. Y como mi objetivo es hablar un poco desde nuestra experiencia, puedo decir con confianza que esperar paciente y amorosamente que las cosas sigan su ritmo es una estrategia que funciona bien: hasta ahora, no hemos dejado nunca llorar a nuestra chiquita y ella, con seis meses y medio cumplidos, duerme cada vez más tranquila, sin dejar de despertarse en las noches para comer. Últimamente come menos y se duerme más pronto que antes, no sé si es porque ahora tiene un estómago más maduro y más grande o porque se siente protegida y sólo necesita sentirse un poco acompañada para relajarse y dormir otra vez.

Eso sí, es un relojito a la hora de dormir; tiene claramente diferenciadas la noche del día (desde chiquita tratamos que lo notara, marcando las diferencias de luz y ruidos de uno y otro momento, y creando rutinas); come a libre demanda, duerme sus siestas fijas (cortitas y casi siempre pegada al pecho) y nos tiene a su lado cuando nos llama: de hecho, casi siempre se despierta balbuceando y nunca ha tenido que llorar o gritar para despertarnos.

¿Nuestras ayudas? Luz tenue (de hecho, en la noche nunca encendemos la lámpara para atenderla), pecho, mecedora y monitores de audio para bebés. Duerme en su pieza y su cuna (nunca colechamos, pero estuvo en nuestro cuarto hasta el segundo mes) y sus despertares varían regularmente (una semana a unos horarios, la siguiente a unos nuevos). Normalmente no se despierta antes de 3 o 4 horas continuas de sueño (a veces son 5, a veces son 6, a veces son 7…) y usa pañal con doble inserto (de tela), que no requiere cambio en toda la noche, con lo que nunca se despierta totalmente y puede dormirse rápidamente, al comer.

Seguramente me salto varios detalles, pero en términos generales ésa es una muestra de cómo puede ser el sueño de los niños. En los foros que adjuntamos antes (Dormir sin llorar y Crianza natural) hay muchas experiencias de padres, además de espacios para preguntas y consejos. También allí tienen artículos con tablas de tiempos aproximados de sueño en los bebés (que varían según las edades), que ofrecen referencias útiles. En todos los casos, es importante entender que ningún niño es igual a otro y que lo que en uno puede funcionar a las mil maravillas, en otro caso puede no estar bien. El sentido común y la sensibilidad de padres son siempre las mejores fórmulas para entender a nuestros hijos. Lo importante es no dudar, confiar en nuestro instinto y tratar a nuestros chiquitos como queremos que nos traten a nosotros, aunque seamos padres primerizos.

No sé a ustedes qué les parezca, pero hasta aquí esta táctica a nosotros nos ha funcionado bien. Hemos tenido, como todos, noches en las que deseamos que Irene duerma más tiempo… pero luego pensamos que ya tendrá toda una vida para dormir mucho y seguido y que ese sueño futuro depende en gran parte de estos saltitos. ¿Por qué dormir sin llorar? Porque eso garantizará un sueño tranquilo. Cada quién dirá. En cualquier caso, por si sirve de algo, les dejo un video comparativo (comprensible para todos, a pesar de estar en catalán). Y antes de despedirme: ¿cómo han sido sus historias? ¿Creen también que es posible dormir sin llorar?

El video y una reseña del mismo se pueden encontrar acá: Los métodos “Duérmete niño” vs. “Dormir sin lágrimas” en práctica (Bebés y más).

PD: ¡Les juro que intento escribir corto, pero, como siempre, termino con un chorizo de palabras difícil de leer! Discúlpenme… ¿Será porque lo hago en varias sentadas? 😉 Espero que les sirva y que al menos les dé noches más tranquilas a algunos papás y bebés.

PD 2: Las leo, las leo… pero no he sacado el tiempo para contestarles (Pronto lo haré).

25 febrero 2010 at 21:01 9 comentarios

Por qué se debe prestar atención al llanto de un bebé

En mi entrada anterior hablaba sobre las críticas constantes que reciben las mamás y los papás que deciden criar a sus niños con apego: respondiendo a sus llantos, atendiendo sus reclamos, llevándolos en brazos sin temor a que se malcríen y, si es posible (ojalá todos lo hiciéramos), dándoles pecho, tanto para su alimento físico como para su bienestar emocional y espiritual. En este video están las pruebas científicas que demuestran cuáles son las consecuencias de no hacerlo y pretender, en su lugar, adaptar los requerimientos de un niño a nuestros horarios y necesidades. Sé que no siempre es fácil estar disponibles todo el tiempo, pero no deberíamos tener nunca dudas sobre los beneficios que el amor y la dedicación le brindan a los niños (ni hablar de la felicidad que le dan de vuelta a los papás). Vale la pena ver este documental: por eso, saquen el tiempo, disfrútenlo y, si pueden, difúndanlo. Puede hacer la diferencia en muchas familias. Ahora sí, sin temores, a mimar, a amar y abrazar. 😉

PD: El video lo encontré en un artículo antiguo de Bebés y más. Si no logran verlo en nuestra casita (o prefieren verlo completo, sin paradas), pueden encontrarlo junto con su comentario- en ese link o acá. Y para pegarlo en sus blogs (si, como a mí, no les funciona la opción que brinda TuTV), pueden hacerlo con una copia (dividida en 6 capítulos) que está disponible en YouTube y que dejo en esta entrada. Espero que les guste.

18 febrero 2010 at 04:19 2 comentarios

¿Por qué las mamás y los papás que críamos con apego recibimos tantas críticas?

Acabo de terminar de leer Dormir sin lágrimas, de Rosa Jové, y confirmo que vivimos en una sociedad que le da la espalda a la maternidad… o a un tipo de maternidad al menos: ésa en la que se cría con apego y se prescinde de costumbres (y consumos) que abogan por una supuesta libertad de las mamás. Como ya lo he dicho antes, por nosotros y por los niños vale la pena repensar la maternidad (y esto incluye a padres y madres). Por eso propongo una nueva defensa, para discutir y considerar.

¿Qué sociedad tendremos en el futuro si continuamos desconociendo que se puede criar a los hijos con amor, con dedicación, con teta a libre demanda, con acompañamientos respetuosos y “responsivos” (este término es de Jové), sin ser tildados de mediocres, de esclavos e incluso -¡esto es escandaloso por miope!- de indios? Repensar la maternidad no significa inventarnos una nueva, sino reconocer la verdadera naturaleza de la nuestra.

Sigo sintiendo la sorpresa (y la crítica) de personas que me rodean y que no entienden por qué decido estar con mi hija, dedicarme a ella y atender sus requerimientos sin dejarla llorar. Los “la estás malcriando”, “no la cargues tanto”, “déjala con alguien más”, “no puedes estar con ella todo el tiempo”, “¿no le estás dando tetero?”, “tienes que prenderle el televisor para que se entretenga” o “ponle un chupo porque si no te vas a encartar” son sólo algunos ejemplos de las críticas expresas y entre líneas que circulan alrededor de este tipo de crianza. Ah, esas y los “no te levantes en la noche… a estas alturas (y “estas alturas” son todas a partir del primer mes de edad) los niños ya deben dormir derecho” (¡¡¡Ah???).

¿Nadie considera natural y recomendable la leche materna, llevar al bebé en brazos, buscar las causas del llanto en lugar de dejarlo que “se acostumbre” o querer estar con un chiquito que no se defiende solo y que necesita ayuda hasta para alimentarse? Y lo que es aún más sorprendente: ¿Es difícil ver en nuestras caras -y eso incluye la carita de Irene- la felicidad  que nos brinda esta crianza sin límites de “haz esto o lo del más allá”?

La independencia de una mamá

Muchos consideran que si una madre se dedica así a su hijo es porque está “sometida”, pues están convencidos de que una mujer con cinco dedos de frente no renunciaría a su movilidad (¿tener un hijo nos hace inmóviles?), a su libertad (¿tener un hijo nos confina?), a su independencia (¿dar el pecho limita?)… Y, claro, un niño demanda atención y cuidados, pero ¿eso implica una manipulación de su parte o, visto del otro lado, una subyugación por parte de sus padres?

Visto desde la barrera, desde la cabeza y, sobre todo, desde el modelo de sociedad que hemos construido -que no abre espacios reales y sociales para los niños, que considera que estos deben estar “guardados” (ya sea en una guardería, de ahí el nombre, o en su casa), que sugiere, con todas las metas económicas, sociales y profesionales que promueve, que la maternidad se desplace y que sea mal visto, incluso, que una mujer joven sea mamá- seguramente sí… Pero visto desde los niños mismos o desde las pobres madres (y no exagero con el adjetivo, porque creo que la sensación ha de ser la de ser miserable) que tienen que dejar a sus hijos en manos de otros o que tienen que correr al trabajo aún con dolores en sus caderas o sus espaldas, que tienen que padecer los cólicos y los consecuentes llantos de sus hijos por lo pesada que les resulta la leche de tarro (cosa que casi nunca les dicen, pues les adjudican los malestares a la leche materna, a que el niño traga aire, a la edad y otros tantos distractores más), que tienen que correr a urgencias a todo momento porque el niño llora desesperadamente y otro etcétera que no continúo acá porque sería una historia de nunca acabar, otro sería el cuento.

Y las enumeraciones cansan no porque falte tino para redactar sino porque son tantas las posiciones en contra y son tantos los problemas que genera ese modelo occidental y consumista que nos rodea, que es imposible no terminar por agotarse. De ahí que la vida se nos haga miserable: a madres, a padres y a niños. ¿Exagero cuando siento que algo está mal?

Como casi siempre concluyo, si fuéramos capaces de dar una vuelta de tuerca a ese modelo que nos han vendido (casi siempre en la publicidad) y reconociéramos como naturales los deseos que puede sentir una mamá y un papá de estar con su hijo y las necesidades reales (de amor, de cuidados, de alimentos, de estimulación) que tiene un ser que apenas está conociendo el mundo, los problemas que se asocian a la primera infancia se reducirían de una manera sorprendente. Y sí, dicho así no tiene ningún peso científico, pero si se busca información se encuentra a montones el respaldo requerido: que la leche materna es el mejor alimento que puede tener un chiquito hasta el primer año de edad (deberían ser dos años, según la Organización Mundial de la Salud, pero eso ya lo hemos dicho), que los llamados trastornos de sueño se presentan muy pocas veces, pues el sueño de los bebés es distinto al de los adultos y los despertares son parte del proceso natural de evolución del sueño de un niño hasta los 5 y 6 años de edad (mi próximo post hablará sobre ello, pero si quieren más información la pueden encontrar acá -video- y acá); que llevar al bebé en brazos no malcría a los niños si no que les da, por el contrario, independencia y seguridad (la Red Canguro y Mimos y teta son dos sitios donde se puede ahondar en ello); y que desconocer la importancia que tiene el apego (en un sentido positivo) en la crianza de nuestros hijos y el papel central que cumplen en ella mamás y papás ahonda los problemas individuales y sociales de nuestro tiempo, pues genera individuos más aislados, egoístas e inseguros (Laura Gutman y Carlos González -el link que está bajo este nombre tiene una entrevista con él, interesantísima, al respecto- tienen muy buenos textos sobre el tema. Algunos comentarios -en video- sobre ello pueden encontrarse acá).

Creo, en resumen, que en lugar de llenarnos la cabeza de ideas artificiales y construidas, deberíamos vernos en nuestros hijos e informarnos, realmente, en y de la vida. La experiencia da muestras claras de que el amor es la fórmula más efectiva para la crianza de nuestros hijos y de que volver a muchas de las costumbres propias de la maternidad no es atrasarse si no avanzar. Aquellos que nos ven como salvajes por amamantar, llevar en brazos o dormir en la misma cama que nuestros hijos (o levantarnos en la noche, cuando el bebé llora)  deberían pensar que no gratuitamente se vivieron miles de años sin teteros, sin chupos, sin leche de tarro, sin trabajos de 40 horas a la semana y sin guarderías. ¿Entonces, por qué en lugar de cuestionarlo no permitimos que coexista? Es clara cuál es mi postura frente a la maternidad, me encantaría que asumirla no supusiera críticas. ¿Será pedirle mucho a nuestra sociedad?

17 febrero 2010 at 08:15 9 comentarios

“Children see, children do”

Hace pocos días encontré este video en Aprendiz de madre, el blog de Azucena, una mamá como muchas de nosotras, que comparte inquietudes y experiencias de su maternidad. Quiero compartirlo con ustedes porque creo que plantea algo fundamental, que va más allá incluso de la consabida frase de “los niños hacen lo que ven”, pues muestra de una manera sencilla (exagerada probablemente para algunos) cómo nuestros pequeñines son esponjitas que aprenden a cada segundo de su vida. ¿Mi conclusión? Los niños no sólo aprenden cuando se les enseña, aprenden SIEMPRE, pues vivir es aprender. Pienso que vale la pena tenerlo en cuenta no sólo porque los patrones se repiten, sino también porque uno atrae a su vida lo que es. Eso creo al menos yo… ¿qué piensan ustedes?

NAPCAN’s latest campaign for a Child Friendly Australia.

Y un dato más, este comercial es de Napcan, una institución australiana que trabaja en la prevención del abuso infantil. Salió al aire, según tengo entendido, hace ya dos años, y hace parte de una política de trabajo interesantísima que bien podría extenderse a otros lugares. Si pueden, dense su pasadita por la página de esta institución: hay material que les puede servir.

Espero que lo disfruten y que lo compartan si quieren también. 😉

Fuente: Aprendiz de madre

12 febrero 2010 at 11:31 Deja un comentario

¡Seis meses, mi Irene!

¿Y cómo más describirlos si no es diciendo que han sido la expresión plena, total y constante del amor? Gracias, gracias, gracias, gracias, gracias, gracias, gracias, mi vida, mi pajarita, mi lucecita, mi pedacito, mi otro amorcito, gracias, mi princesita. Como diría Cortázar en otro sentido, “el regalado soy yo”. Inundas nuestras vidas y haces que todo se detenga. Llenas el universo y nos llevas de la mano a conocerlo. Millones de besos y nuestros deseos de que estos seis meses trasciendan el infinito y te dejen siempre a nuestro lado. Chiuck. Te amamos.

9 febrero 2010 at 03:24 6 comentarios

Los nuevos descubrimientos de Irene

Desde que llegó Irene a nuestra casita, hay despertares nuevos cada día, que van más allá de la salida del sol: pasar, por ejemplo, de ver todo un poco difuso a quedarse perpleja mirando y cogiendo los pelitos de las piernas de su padre, de descubrir y jugar incansablemente con sus manos a encontrar, de pronto, otros dedos más gorditos, pero suyos también, en sus pies, de sonreir a todo (que aún lo hace) a reconocernos claramente y gritar y celebrar cada uno de nuestros gestos. Nuestra hija ya casi cumple seis meses… Y cada uno de los 174 días que ha pasado a nuestro lado ha sido un regalo para grabar en la memoria. ¿Podré? 😉

Hoy Irene:

  • Responde a su nombre: la llamamos y busca inmediatamente a quien quiera que diga “Irene”. Reconoce, también, creo, las palabras papá, mamá, abuelo. También está familiarizada con los nombres de sus gatos y con los de las personas que llegan a casa constantemente. ¡¡Unas ocho palabras que ya significan algo (o, mejor dicho, alguien) en su universo!!
  • A la cuenta de tres, cogida de nuestros deditos, hace fuerza para sentarse o pararse. ¡Le fascina jugar con nosotros y cambiar de posición para ver el mundo!
  • Ha comido banano, pera y zanahoria. ¡Y lo ha hecho con sus propias manitos! Nada de papillas ni de cubiertos: nuestra chiquita nos recibe los trozos (grandes) en sus manos y los chupa y se unta hasta que logra sacar algo de ellos. Eso sí, las consecuencias apenas se notan en su popis (ahora apenas los prueba y se degusta con sus sabores), pero los avances en su capacidad de coger las cosas solitas, llevárselas a la boca, sentarse con nosotros a la mesa (en su propia silla) y comer al mismo tiempo que nosotros se notan. 😉
  • Coge sus juguetes, los cambia de mano, los chupa ¡y los tira fuera de su coche! Nos mira con picardia esperando que los cojamos del suelo y una vez los tiene de nuevo en sus manos, saca su manita fuera de su espacio y los suelta. Es maliciosa y chistosa. Y no se cansa de tirar sus muñecos afuera.
  • Le sonríe a sus gatos y habla con ellos.
  • Se voltea bocarriba y, casi, casi, se devuelve bocabajo solita.
  • Sabe perfectamente cuándo nos preparamos para salir y celebra con emoción.
  • Jala -con ayuda- su muñeco risueño y se carcajea al mismo tiempo que él… y todos gozamos parejo.
  • Encontró su dedo gordo del pie y lo chupa agachándose sobre su cuerpo.
  • Sigue pateando y pateando y pateando como loca: en la cama, en el coche, en la bañera… Y las caritas que hace mientras patea y la manera como coordina todo su cuerpo para regalarnos esa explosión de energía y vida nos llena de felicidad y sonrisas los días.
  • Se sienta apoyada en sus manitos y se sostiene. Ah, pero en la bañera y en el coche se sienta sola. Y se ve de lo más independiente. 🙂 Hermosa.
  • Juega con bloquecitos: los coge, los chupa, los tira, los mueve con sus manitos como loca (¿para ver si suenan?), los suelta, se ofusca, los busca, velve y juega.
  • Mira con atención a los niños en la calle, les sonríe, los busca, manotea…
  • Le encantan los animales, los árboles, el aire fresco: Se ríe a carcajadas cuando la brisa la despeina.

Y faltan 4 días para cumplir 6 meses de edad. 😉 Insisto: nuestra Irene es y será, sin duda, nuestro mejor y más feliz despertar.

Te amamos, princesa hermosa.

Chiuckk

5 febrero 2010 at 09:41 Deja un comentario


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