Archive for agosto, 2009

Nuestro parto (1): preparto y trabajo de parto en casa

Después de leer, pensar, preguntar e, incluso, planear (aunque fuera a solas) nuestro parto, debo decir que tuvimos uno  satisfactorio: no sólo por nuestra Irene, que es un regalo precioso, sino también porque fue un parto tranquilo y rápido, aunque un tanto distinto a lo imaginado. En todo caso, debo darle casi todos los créditos a la peque, pues sin duda, ella hizo casi todo el trabajo.

Esta historia empieza con una “amenaza” (está bien, pronóstico) médica del miércoles 5 de agosto, que rezaba: “si el lunes 10 no ha nacido tu bebé, tendrás que ir a la Clínica…” Por supuesto, el entrelíneas, que me confirmaron luego, es que la poca actividad de mi útero les sugería que podríamos tener un parto inducido. Obvio, nosotros no lo queríamos ni cinco. Estaba segura de que Irene sabía claramente cuándo sería el momento preciso para su nacimiento. Ahora sólo esperaba que ese momento coincidiera con el de los médicos. En fin…

Después de 40 semanas de gestación y un par de días, la madrugada del 9 de agosto me saludó con la expulsión de tapón mucoso: una sustancia parecida a una clara de huevo que salía, por fin, del caminito que la chiquita debía recorrer para salir. Tenía algunas pintitas de sangre, que ya me habían anticipado, así que al verlo sonreí. Podíamos ganarle la batalla al pitosín: mi útero e Irene estaban haciendo la tarea. Se lo celebré a la pequeña y le aseguré, como lo había hecho todos esos días, que no iba a estar solita, que ese trayecto íbamos a recorrerlo juntas, que iba a ayudarla a salir y que cuando estuviera en este otro lado del mundo, podríamos vernos, tocarnos, movernos juntitas… Y que el papá podría tomarla en sus brazos, por fin.

Si bien en las últimas semanas había estado sintiendo unas contracciones flojitas, que endurecían buena parte de mi panza, en la madrugada de ese día comencé a sentir además de ello dolores similares a cólicos en la parte inferior de mi vientre. Volví a la cama (me había levantado al baño) con una sonrisa. En la mañana, tras darle la noticia a mi amorcito, tomé una ducha y le pedí que camináramos. Estuvimos fuera cerca de una hora y las contracciones seguían. Regresamos a casa, yo revisé que nada nos faltara mientras él preparaba el almuerzo, hablé con mi gran hermana del alma (médica por demás) para reportarme y recibir instrucciones y en lugar de comer sentada almorcé con el plato en mis manos caminando por toda la casa… no fue propiamente la instrucción de mi médica, pero la verdad es que así sentía que las contracciones se pasaban mejor y no paraban. Tomamos papelito, lápiz y reloj y empezamos a consignar cada cuánto tiempo llegaban. La verdad es que esa fue una gran herramienta, pues aunque antes estábamos mirando el reloj, siempre terminábamos por olvidar la frecuencia de los intervalos. La indicación era: después de 3 horas de tener 3 contracciones cada diez minutos, vas a la clínica. Pasaron dos horas en esas circunstancias, pero en la tercera, un poco cansada, el tiempo entre una y otra se amplió justo cuando decidí sentarme o acostarme. Le achaqué el asunto al cambio de posición.

Seguí caminando entonces y tomando nota de cuándo llegaban. Estaba muy tranquila, mientras que la vida seguía más o menos normal en mi casa. A eso de las seis revisé con más detalle cómo seguían los intervalos… encontrando con sorpresa que los últimos eran cada vez más largos. Teníamos la duda de si eso significaba que el trabajo de parto aún no era tan bueno, así que llamé otra vez a mi amiga: me dijo que podían ser contracciones de dilatación, sobre todo si eran más dolorosas, que al final las contracciones pueden estar más espaciadas unas de otras, pero que hay más intensidad en el dolor. La verdad es que sí me había dolido más, pero otra vez le achacaba el asunto al cambio de posición. Esperé un rato y finalmente llamé a mi muacho (que estaba con mi cuñada, la madrina de Irene, que estuvo con nosotros todo el tiempo, desde nuestras 38 semanas) y le dije que las últimas contracciones eran más dolorosas, que creía que era mejor que nos fuéramos al hospital. Él me miró con cara de “¿estás segura?”, pero me dijo que los espacios entre una y otra eran más largos, que recordara que le había pedido que esperáramos en casa al máximo. En esas llegó una contracción muy fuerte, así que le dije (con lágrimas en los ojos, producto del desespero y el dolor): “esque ya duelen mucho, vamos para que nos revisen”. No lo dudó un segundo: tomó la maleta y salimos.

En el carro, otra vez pasaban más minutos entre contracción y contracción. Llegamos en unos 15 minutos a la clínica, parqueamos, nos bajamos y yo sentía que volvía una y otra contracción. El tiempo: ahora parecía que entre una y otra pasaban dos minutos. Yo mientras tanto me balanceaba a los lados, sintiendo por no sé qué motivo que ya no era tan fuerte el dolor. ¿Me habría apresurado mucho?

(Y como esta historia se fue larga y tengo una pequeña en casa -al menos ya saben cómo termina la historia-, dejo aquí este primer capítulo. En el próximo les contaré cómo nos fue en la clínica, cómo fue el trabajo final de parto, cómo nos fue en el expulsivo y cómo arribó la pequeña a nuestro mundo. Todo, hoy, parece una ilusión. Continuará…)

28 agosto 2009 at 08:18 2 comentarios

Irene a sus dos semanas de vida

Sonríe, balbucea, mira amorosamente, sigue con su carita las voces que oye a su alrededor, conversa, duerme tranquilamente en la noche… Nuestra pequeña nos sorprende. Cada día a su lado es un descubrimiento y un goce.

Pasó de tenerle susto al baño a gozar y relajarse en el agua. Y, sin exagerar, desde el primer día sonríe al oírnos, como si celebrara que por fin nos reuniéramos los tres. Irene reconoce la canción (inventada) que le canté durante todo el embarazo: sólo con entonarla su cuerpecito se relaja. Aún tengo presente que al nacer, después de llorar con un “no sé a dónde llegué”, se la canturreé. Mi chiquita inmediatamente guardó silencio, hasta el punto en que el médico me dijo que necesitaba que llorara (lo dudo) para que se le llenaran de aire sus pulmones. Desde ese instante las dos confirmamos que aunque ya no estuviera en la barriguita, su llegada a este mundo era una prolongación de ese tiempo maravilloso que habíamos construido durante el embarazo juntos.

Puedo decir, con confianza, que la bebé que sentía dentro de mí es la misma que ahora me acompaña: una Irene suave, delicada, amorosa y determinada. Sabe lo que quiere y lo pide con paciencia. Llora, por supuesto, pero lo hace sólo cuando se siente incomprendida. Ser padres primerizos despista. Ella, sin embargo, nos ayuda con su calma.

Le encanta tomar del pecho, hacer visita, dormir a pierna suelta en la noche, oír música. Como su padre, disfruta enormemente de las comidas y, una vez dormida, requiere de más de un estímulo para abrir los ojitos, sobre todo cuando la despertada no es diurna.

Irene, en resumen, es una historia infinita que no podría contarse enteramente en capítulos. Éste es apenas un esbozo de nuestra hija… Un esbozo incompleto, pero precioso. Dibujar a la pequeña con palabras, aunque sea someramente, es un ejercicio de la memoria que infla el espíritu y materializa ese motorcito creciente de amor que ahora nos mueve.

Gracias, mi Irene. Tenemos la eternidad para adorarte y contarte.

Que el amor nos lleve, “él sabrá dónde ir”.

😉

25 agosto 2009 at 11:11 8 comentarios

La primera semanita de Irene ;)

Aquí van algunas fotos de Irene… para que gocen como nosotros los primeros días de la chiquita. Cada segundo que pasa, ilumina más y más nuestras vidas.

19 agosto 2009 at 11:15 8 comentarios

La música de Irene

Mi chiquita balbucea, sonríe, sueña. Y mientras esa música nos llena, otras canciones llegan para ella. Gracias, Jose. (Y gracias a todos los que con sus palabras nos inundan de la amorosa sensación de tenerlos cerca).

Oh certo che può sembrare inutile
una stazione a chi non parte mai,
ma i treni che davvero portan via,
non han fiori sui sedili,
ma da fuori non lo sai,
devi entrarci per sapere dove vai.
Irene, non aspettare più,
la spiaggia era d’oro per illuderci,
col vantaggio di non pensarci su,
non è il tempo della volpe
ora è il corvo il mio Dio,
questo niente nella mano sono finalmente io.
Corri via, scappa via,
ma devi farlo da te,
senza starlo a chiedere
come fai, sempre fai
con tutto quel che hai.
Corri via,, via, scappa via,
insieme o contro di me,
non importa, basta che
cerchi tu, solo tu
di scegliere chi sei.

I gufi che stanno sulla spalla tua
ti mangiano gli occhi e non li mandi via,
(c’è il vantaggio di non pensarci su),
è che ti dicono: “poi ci ringrazierai…”
e a volte la musica non viene più,
allora vorrei che mi capissi tu,
e guardassi con rabbia insieme a me
tutto il tempo da borghesi
perso a coltivar ninfee,
senza mai capire gli uomini e le idee…
corri via, via, scappa via.
Irene (Roberto Vecchioni)

19 agosto 2009 at 05:49 Deja un comentario

¡¡¡Llegó Irene!!!

Este domingo 9 de agosto a las 10:24 de la noche (colombiana) asomó sus narices al mundo nuestra pequeña Irene.

Pesó 3320 gramos y midió 51 centímetros. Tal como lo presentíamos, es un derroche de serenidad, amor y paz. Ha llenado nuestros segundos de la felicidad más infinita, demostrándonos el milagro de la vida y la posibilidad de que el infinito y la eternidad tienen lugar también en este lado del cosmos.

Como supondrán, estamos dedicados (feliz y plenamente) a cuidarnos, a contamplarnos, a reconocernos (porque te conocemos de hace tiempo) y a amar. Desde este espacio caserito los tendremos presentes a todos, sintiendo su compañía constante y su cariño. Una vez pasemos la “dieta” de rigor -una cucharadita de paciencia y mucho amor ;), claro que siendo honestos, la paciencia aquí ni hace falta porque está en nuestra Irene encarnada- volveremos a estas tierras para contarles cómo ha salido todo. En un resumen rápido diremos que, a pesar de que algunas circunstancias difirieron de nuestro plan de “parto no medicalizado”, tuvimos un parto maravilloso, natural, rápido y feliz: llegamos a la clínica con 8 centímetros de dilatación (para nuestra propia sorpresa) y con una chiquita vital y deseosa de abrir sus ojitos al mundo. 😉

Aquí quedan unas imágenes de nuestra pequeñita, la concreción perfecta de nuestra felicidad actual. Quedan en su casa… con su anfitriona a bordo.
Un abrazo,
A.

13 agosto 2009 at 05:07 18 comentarios

Cómo almacenar la leche materna: extracción, almacenamiento y conservación

Para darle continuidad al artículo anterior, relacionado con los extractores o sacaleches, hoy hablaré sobre el almacenamiento y la conservación de la leche materna. Aún no tengo experiencia en este proceso, pero estoy convencida de la utilidad de esta información: con ella se confirma que hay alternativas de apoyo a la lactancia que permiten brindarle a los niños el mejor alimento que existe en la naturaleza, incluso en casos extremos como pueden ser el trabajo, una enfermedad o convalecencia o problemas en la succión directa del pezón.


La extracción de la leche

Y empiezo a hablar de los extractores, sin desconocer por ello la posibilidad que existe de realizar manualmente la extracción (al final adjunto un video que explica en detalle cómo hacerlo). Tanto los extractores mecánicos como los eléctricos imitan la succión del bebé cuando toma el pecho. Esto no significa que no se deba hacer una estimulación previa del seno y del pezón: por el contrario, existen recomendaciones puntuales para hacer más efectiva la extracción, que pasan -entre otros- por masajes circulares alrededor de la aureola, paños de agua tibia y duchas calientes, espacios relajados y la lactancia misma del bebé por el pecho contrario al que se usará para la extracción.

La extracción puede hacerse a cualquier hora del día, aunque algunos recomiendan más la mañana o la noche (se supone que a lo largo de esta última es cuando hay más produción de leche). Al igual que ocurre con el amamantamiento, se recomienda seguir una rutina para la extracción, pues ésta es la que garantiza la producción adecuada de leche. En el caso de las madres que regresan al trabajo, se sugiere hacer la extracción a las mismas horas que el bebé lactaba y mantener -en los horarios no laborales- el amamantamiento.

Formas de conservación

En cuanto a la conservación de la leche extraída, hay varias opciones: pueden usarse bolsas plásticas, resellables (venden unas especiales para la lactancia) o un recipiente de plástico duro o cristal. En cualquier caso, es fundamental que el recipiente esté esterilizado y que no contenga químicos. La asesora de la Liga de la Leche que frecuente recomienda más la primera opción y hace especial enfásis en que cada recipiente tenga un máximo de 3 onzas almacenadas (o el equivalente a una toma del bebé), pues la leche no puede volver a llevarse a la nevera tras su descongelación.

Una vez se tenga la leche extraída dentro del recipiente, éste debe marcarse con la fecha de la recolección y llevarse al congelador. Si va a usarse el mismo día, puede dejarse fuera (por un máximo de horas que varía según la temperatura ambiente) o guardarse en el refrigerador. Para mayores detalles sobre el almacenamiento de la leche, pueden consultarse estos artículos: Beneficios de almacenar correctamente la leche materna, Cómo extraer y almacenar leche materna y Almacenamiento de la leche materna y tiempos de refrigeración.

En cualquier caso, es importante evaluar cuáles son las necesidades de leche. En el caso de las madres que regresan al trabajo, por ejemplo, puede ser útil iniciar el almacenamiento de la leche con prelación. También en su caso se recomienda que deleguen en otra persona (padre, abuela, etc.) el suministro de la leche del pequeño en algunas tomas, de modo que se vaya habituando a ello. La leche extraída no debe suministrarla en ningún caso la madre, pues el bebé no entenderá por qué, si tiene el pecho a mano, debe lactar de otro modo. Es importante, asímismo, que se evite a toda costa el uso del biberón (por la confusión que puede crear en la succión del bebé): en su lugar se recomienda el uso de vasos o jeringas.

Cómo descongelar la leche

La leche que ha sido almacenada en el congelador debe llevarse a temperatura ambiente. Ello puede hacerse de varias maneras: bajándola primero al refrigerador (por algunas horas) y poniéndola luego -aún dentro del recipiente- bajo el grifo de agua. Algunas personas recomiendan calentarla al baño María (en una olla con agua hirviendo, sin sacarla del recipiente en el que se recolectó), mientras que otras no. No se recomienda en ningún caso descongelar la leche en el microondas y mucho menos hervirla, pues pierde nutrientes. Es importante agitar el envase una vez que se ha descongelado, pues la leche pierde homogeneidad. Los expertos señalan igualmente que la separación de la leche congelada en capas es normal y no indica -al menos mientras se respeten las recomendaciones y tiempos de conservación- un daño de la leche.

Por último, la leche conservada debe utilizarse en el mismo orden en que fue almacenada (lo primero que entra es lo primero que sale, por eso es importante marcar la fecha de extracción) y puede usarse tanto para darla directamente o para la preparación de papillas, esto último en el caso de bebés de más de 6 meses de edad. Para información adicional, puede consultarse: La Extracción y el Almacenamiento de la Leche: Guía para Madres Lactantes, Extracción y conservación de la leche materna.

Y termino con lo prometido: un video sobre la extracción manual de la leche y su almacenamiento que puede aclarar mucho de lo escrito hoy.

Foto de Sammis Co (Flickr Creative Commons).

9 agosto 2009 at 11:21 1 comentario

Sacaleches y extractores: un apoyo tangible a la lactancia materna

En la misma línea de nuestro post anterior, hoy hablaré sobre los extractores o sacaleches, herramientas fundamentales de apoyo a la lactancia materna. Los hay mecánicos y eléctricos, y su escogencia varía de acuerdo con las necesidades de uso que tenga la madre (o con el bolsillo y su disponibilidad para amamantar). Si bien la decisión de usarlos depende de cada caso (en el nuestro, después de sopesarlo, optamos por adquirir uno mecánico), el conocimiento de sus características puede ser relevante, sobre todo para las mamás que estén decididas a dar exclusivamente leche materna a su pequeño, sin duda el mejor alimento para ellos.

Aunque siempre es posible hacer una extracción manual de la leche, los extractores pueden ser una gran ayuda para las madres que deban regresar al trabajo y quieran que su hijo siga nutriéndose de la lecha materna, así como para cualquier mamá que amamante y quiera hacer su propio banco de leche, que le permita alejarse temporalmente del bebé e involucrar al padre u otro familiar en la lactancia. Adicionalmente, los extractores o sacaleches pueden ser los mejores aliados para descongestionar los pechos y evitar mastitis o inflamación.

Existen dos tipos: los manuales, también conocidos como mecánicos; y los eléctricos. Los primeros son más silenciosos, económicos y sencillos, suelen venir para usar en un solo pecho, requieren de un trabajo físico por parte de la madre (no necesariamente muy intenso) y suelen recomendarse a aquellas mujeres que no requieren extraerse leche con frecuencia y en espacios cortos de tiempo, como sería el caso de las madres que trabajen (y tienen horarios limitados para su extracción) o tengan más de un hijo lactante. Tienen la ventaja adicional de que permiten controlar la intensidad y duración de la succión. Los eléctricos, por su parte, son utensilios más sofisticados y costosos, que suelen recomendarse a las madres con gran demanda de leche o a los centros hospitalarios. Son más eficientes y en algunos casos permiten la extracción de leche de los dos pechos al tiempo.

Las características en ambos tipos varían según la marca y el modelo que se escoja: de ahí, la importancia de informarse para hacer valer realmente su inversión. En crianzanatural.com y en babycenter.com, entre otros, pueden encontrarse pautas útiles sobre la elección del sacaleches, que pueden ser de gran ayuda contrastadas con las experiencias de otras madres y las recomendaciones de instituciones como la Liga de la Leche (aquí, por ejemplo, pueden encontrar algunos comentarios publicados en su revista Nuevo Comienzo).

Finalmente, como casi todos los temas relacionados con la crianza de los niños, hay amplia información disponible sobre los extractores o sacaleches. En la web, por ejemplo, pueden encontrarse páginas variadas como sacaleches.com.es, con artículos sobre la elección de un extractor, sus formas de uso, los tipos que existen, los cuidados que requieren, opiniones sobre marcas, entre otros. En un post futuro publicaré información sobre la extracción de la leche y su conservación, así como nuestra experiencia con el extractor.

PD: Seguimos esperando a Irene… ¿será que la cigüeña ya salío?
😉

8 agosto 2009 at 11:03 Deja un comentario

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