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¿Por qué es importante intentar comer “Real Food” y comida tradicional?

Uno de los proyectos que me planteé y fijé para nuestra familia este año es continuar mejorando la alimentación de mi familia, bajo el precepto de comida orgánica, sana y natural. Lo que no sabía entonces -al menos con tanto detalle- es que la recomendación de no comer comida procesada está basada en datos alarmantes sobre lo que comemos y su relación con la salud. No voy a extenderme en detalles al respecto, pero sí recomiendo un texto titulado “Secretos de los alimentos” que me ha dejado de hielo. Aquí, en su lugar, hablaré de la importancia que creo que tiene la “comida real” y el volver a las recetas tradicionales, sobre la base de lo allí expuesto y algunos datos más. Creo que con ello, a parte de compartir información que considero relevante, podré recopilar un poco más ordenadamente lo que he ido encontrando al respecto. Así que comienzo.

Imagen tomada de Healing Our Children, extraída a su vez del libro Nutrición y degeneración física de W. A. Price.

El primer apunte es de agradecimiento y se lo debo en buena parte a Mónica Salazar, de Familia Libre, y a Elisa Berry, del Hogar sencillo: ambas han hecho recopilaciones invaluables sobre el tema, que han abierto buena parte del debate en español. Gracias a ellas, por ejemplo, conocí el texto de Weston A. Price titulado Nutrición y degeneración física (Nutrition and Physical Degeneration), así como Nourishing Traditions, de Sally Fallon, un libro de recetas maravilloso que parte de las investigaciones realizadas por Price. Lamentablemente los libros sólo se encuentra en inglés (por ahora), pero muchas de las cuestiones que plantean ya están también -y nunca mejor dicho- sobre nuestra mesa.

¿Qué dicen Price y Fallon sobre nutrición?

El entretítulo es más ambicioso que real porque resulta muy difícil simplificar la totalidad de sus planteamientos (sobre todo con el volumen de información adjunta en cada uno de los libros) en pocas palabras. Pero aún así asumo el riesgo:  ambos autores coinciden en afirmar que la modernización de los alimentos (que ha ido de la mano del procesamiento de los mismos en fábricas y de un abandono acelerado de la comida tradicional -esa que se planeaba con anticipación, que se proveía de alimentos extraídos muchas veces de la misma casa -su huerta, su granja- y que incluía una serie de procesamiento de las comidas sin aditivos químicos, totalmente hecha en el hogar) afecta sustancialmente la salud de nuestros cuerpos. Entre otros, la eliminación de grasas saturadas, la supresión de proteínas animales, el reemplazo de compuestos naturales por saborizantes artificiales, la pausterización de la leche, los jugos y un largo etcétera, así como procedimientos usados en la fabricación de alimentos procesados (además de sus ingredientes) han degradado nuestro bienestar, pues suponen un desequilibrio de orden natural que afecta la manera como funciona nuestro organismo. Dice la Fundación Weston A. Price (llena de recursos interesantísimos):

“Cuando el Dr. Price analizó los alimentos usados por estos grupos aislados -viajó alrededor del mundo para estudiar grupos étnicos que no habían estado expuestos a la alimentación moderna- encontró que, en comparación con la dieta americana de su época, estos contenían al menos cuatro veces más vitaminas hidrosolubles, calcio y otros minerales; y, al menos, DIEZ veces más vitaminas liposolubles de origen animal, las que se encuentran en productos como mantequilla, huevos, mariscos, carne de órganos y grasa animal – hoy en día, estos mismos alimentos son considerados por el público norteamericano como alimentos ricos en colesterol y peligrosos para la salud. Estas personas tradicionales que gozaban de buena salud sabían instintivamente lo que los científicos contemporáneos del Dr. Price acababan de descubrir – que estas vitaminas liposolubles, vitaminas A y D, eran vitales para la salud, pues actúan como catalizadoras en la absorción de minerales y la utilización de proteínas por el cuerpo. Sin estas vitaminas nuestro cuerpo no puede absorber minerales, independientemente de que estos se encuentren en cantidades abundantes en los alimentos que ingerimos. También descubrió un nutriente liposoluble al que llamó el Activador X, presente en pescados, mariscos, órganos y mantequilla de vacas que se alimentaron de pastos que crecieron activamente durante la primavera y el otoño. Todos los grupos primitivos incluían en sus dietas algún alimento que contenía este Activador X.”

El resultado -y ésta es quizás la parte más sorprendente del libro de Price- es una transformación física que evidencia el deterioro generado por el cambio de alimentación. Como odontólogo, Price concentró buena parte de sus estudios en la salud dental (de hecho tiene un libro, Cure Tooth Decay, interesantísimo sobre cómo prevenir y ¡curar! la caries a partir de una adecuada alimentación), encontrando que aquellas comunidades expuestas a la industria alimentaria sufrían muchísimo más de caries y de deformaciones en su arco dental. Ejemplos contrastantes como los de estas fotos -extraídas también de su libro- acompañan sus palabras: a la izquierda se ven personas sanas, con alimentación fundamentada en una dieta casera, tradicional; a la derecha, personas que ingieren alimentos de la industria alimentaria (¡y el libro es de 1939! Aghh).

Por oposición, aquellas comunidades que comían alimentos naturales, no pausterizados, libres de pesticidas y aditamentos, procesados de manera tradicional en los propios hogares y sin limitaciones “light”, “fat free” y demás, eran muchísimo más saludables y contaban con dentaduras sanas, sin caries ni apiñamiento de dientes. En resumen: modelos para la ortodoncia actual.

Fallon, por su parte, se puso en la tarea de recopilar, a partir de las investigaciones de Price, más de 700 recetas de comidas tradicionales, resaltando los beneficios de sus ingredientes, además de rescatar muchas de las costumbres culinarias que empezaban a perderse por lo que hoy bien podría equivalerse a menús pre-hechos (de esos que sólo necesitan de 15 minutos en el microondas para estar listos). Hay, por cierto, un blog muy divertido, The Nourishing Cook, (al estilo Julie & Julia -de quien también dejo el blog original) que intenta hacer cada una de las recetas del libro de Fallon (una buena manera de empezar). Lo dejo como recomendado.

En cualquier caso, para mayores detalles los remito, además de los textos (en los links de arriba pueden ojearlos), a las revisiones de ambos libros hechos por Mónica Salazar aquí y acá. Con respecto a las recomendaciones básicas, también me remito a alguien más, pues Elisa Berry en su blog hace una valiosa recopilación de sus planteamientos básicos. Los links que adjunta van, asimismo, en consonancia con los planteamientos de Price y Fallon.

¿No es real lo que estamos comiendo?

Quizás una de las cosas más aterradoras del texto “Secretos de los alimentos” es que cuando comemos alimentos procesados por la industria alimentaria casi nunca estamos comiendo lo que creemos. Un ejemplo: los cubos de caldos de carne no tienen carne sino un compuesto de químicos que parece carne. Dejamos a un lado los nutritivos caldos caseros hechos con huesos por un combinado de “glutamato monosódico (MSG),  agua, espesantes, emulsionantes y algún colorante de caramelo”. Y podríamos seguir igual con una lista infinita de compuestos (que incluyen la leche en polvo y los preparados infantiles de leches, compotas, potitos y snacks).

Según Fallon y Price la eliminación de grasas saturadas en nuestras dietas (mantequilla, huevos de campo, mariscos, vísceras, entre otros) y su reemplazo por aceites vegetales (hidrogeneizados, aclarados, etc, etc, etc), margarinas y huevos de galpones y cuido para gallinas nos han cambiado hasta las caras, introduciendo modelos de belleza que ya no apuntan a caras redondeadas sino a facciones afiladas.

El tema, como verán, da para mucho más. Lo concluyo con un par de recomendaciones básicas: evitar la comida procesada y volver a lo natural y tradicional. Bienvenidas entonces las mantequillas, el aceite de oliva, la leche entera (los lácteos descremados y desnatados, entre otras cosas, engordan más) y ojalá cruda, los alimentos fermentados, los panes de masa agria (pendiente, pero ya tengo receta para probar), los caldos caseros de hueso para sazonar las comidas, las carnes y los huevos de animales pastoreados (entre otras cosas, tampoco recomiendan la vida vegetariana y vegana), los azúcares naturales (de caña, miel o stevia), los granos germinados (no la soya o soja), entre otros. Y dejo un listado de recursos que les pueden interesar (aparte de los ya incluidos):

A mí, cuando menos, me parece que vale la pena. Por eso es un proyecto que considero permanente y vital. ¡A cocinar!

PD: esta semana ha estado muy prolífica en esta casita. :S

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9 febrero 2012 at 07:30 7 comentarios

Con el corazón arrugado como una uvita pasa

Ayer Irene se cayó. De manera absurda, dolorosa y notoria: su carita se llenó de sangre por cuenta de una herida odiosa en su frente. Mamá, su compañía entonces, la tomó en brazos y caminó presurosa a casa. Nada pasó a mayores: llegamos pronto (estábamos justo al lado, en el parque), limpiamos la herida, tomamos tita bendita (que alivia los males del cuerpo y del alma) y nos pusimos en la frente (ella y todos los habitantes de la casa, incluídos los muñecos) una mariposita de microporo en la frente, para cerrar la herida y curar el corazón. Luego, tranquilas viendo una película de haditas, vimos claramente que la caída incluía raspado en su naricita.

Ahora nuestra pequeña duerme tranquila, mientras yo ansío que se levante para abrazarla y cuidarla. No entiendo por qué si se ha caído antes, este aterrizaje me dolió más en el alma. ¿Será la sangre?

(Aparte de ello, tengo conclusiones varias. 1. No volvemos a ese parque de piedras puntiagudas en el suelo. Queremos que le pongan algo que recubra el piso. Nos cambiamos a pasto y arbolitos queridos… que no impedirán tropiezos, pero que seguramente harán que sea menos cortante el descenso. 2. Se pueden mantener los estribos en los malos momentos, pero el corazón se arruga igual y el espíritu se marea cuando llega la calma. No es bueno ver sangre corriendo y menos cuando proviene del ser que más amas. Y 3. No hay curita que valga. Incluso en los males menores, el dolor vendrá.)

Hay un montón de temas más que tengo en el tintero, pero definitivamente estos no han sido días para sentarnos por aquí. Voy a ver a nuestra chiquita -que ahora con el cuento de las haditas dice, firmemente, “quiero volar”, mientras mamá y papá le explican que no lo intente, que con su cuerpecito no se puede, que lo haga con la imaginación, cerrando los ojitos y sintiendo un vientecito feliz en su corazón. Y aprieta sus ojos cerrándolos, para caminar a tientas ¿imaginando? 😉

(Ah, y la caída no fue soñando volar: fue caminando al encuentro de mamá.).

7 septiembre 2011 at 06:28 7 comentarios

Dx: Bronquiolitis aguda (en bebés) :(

Hemos tenido una semana difícil: lo que parecía el principio de una gripa terminó siendo una inflamación en los bronquiolos de nuestra pequeña que no la dejaba casi ni comer. Tos, tos, tos, tos, tos, tos, fiebre, ojitos llorosos y con ojeras, malestar (a pesar de sus sonrisas constantes y sus ganas de juego), poquísimo apetito y ganas de vomitar después de comer algo (un trocito, la inflamación no daba chance de más) fueron algunos de los indicios. Ah, y moquitos (muchos) transparentes. El comienzo fue simple, pero las complicaciones fueron llegando en crescendo. El jueves en la noche ya no pintaba tan simple y el viernes pasamos todo el día en urgencias. Hoy tenemos una chiquita repuesta, no al 100%, pero sí con muy poca tos y comiendo. Así que dejo nuestra historia y algunos consejos.


Y empiezo con el último: no subestimar ninguna pestecita y bicho que esté cerca y evitar llevar al pequeño a sitios donde sabemos que hay alguna enfermedad contagiosa. Sobrestimé la fortaleza de mi chiquita y la llevé a casa de unos amigos para felicitar a su pequeño -enfermito- que cumplía un año de vida. Irene, por supuesto (es bastante efusiva con los niños), se le abalanzó, lo abrazó, lo besó y etcétera y en el interín el bicho seguramente se le pegó.

¿Cómo se produce?

Voy a simplificar lo que más pueda el asunto para no hacer larga la historia: un bicho (normalmente de gripa) los infecta, produce irritación en las vías respiratorias, flemas y tos. El esfuerzo que hacen los bronquios por sacar a unos y otros de su camino (la savia invasiva del árbol: imaginen los pulmones como un árbol al revés y sabrán de qué va) hace que esas vias (primero los bronquios, después los bronquiolos) se inflamen, cerrándose cada vez más. De ahí que la tos sea cada vez más persistente, que sea seca (a pesar del esfuerzo, el cuerpo no logra soltar la flema que tiene pagada en su “árbol” respiratorio) y que el chiquito casi no pueda tragar (el espacio que queda para respirar es muy pequeño y tragar y respirar ya no pueden ocurrir al tiempo).

Los riesgos

Es una enfermedad muy común en los menores de dos años y requiere tratamiento, pues puede complicarse muy fácilmente y producir una falla respiratoria crónica: si la flema -que, creo, lleva los bichos- no logra soltarse, seguirá su camino hacia los pulmones agravando la enfermedad cada vez mas:  primero con una bronconeumonia (infección en bronquio y el comienzo de las hojitas del árbol -pulmones-) y después con una neumonía (infección en los pulmones).  Estas dos últimas suponen -al menos en mi tierra- casi siempre hospitalización y pueden degenerar en asma hacia el futuro. Por si queda alguna duda, no era una enfermedad que quisiéramos en casa, así que muy juiciosamente aplicamos -además de el clásico acetaminofén y algunos remedios homeopáticos- los esteroides y las inhalaciones que se nos recetaron. Dos días después nuestra chiquita era otra vez un pequeñajo que podía pasar más de dos horas sin toser.

Remedios caseros que funcionan (o al menos que lo hicieron en casa)

No para detener la infección, evidentemente, pero sí para hacerla más llevadera: un humidificador (recomiendan que sea de vapor frío para congestión de las vías respiratorias, y de vapor caliente para la congestión nasal, Nosotros teníamos -prestado- el segundo, pero regulamos temperatura con la sábana que enuncio a continuación y con un recipiente con agua -temperatura ambiente- a su lado), una sábana húmeda sobre la cama de la pequeña, vaporizaciones con eucalipto (al comienzo de la noche), la sagrada cebolla con azúcar al lado de la cama y MUCHO amor (insértese también mucha paciencia, comprensión y cero acoso para comer -no descuidar, eso sí, la ingesta de líquidos. Que sí haya todo el tiempo, por favor). Adoraría dar más detalles sobre el suceso, pero la chiquita ya despertó. Dejo links con información complementaria y con la aclaración de que no somos médicos en casa. Ah, nuestra médica-hermanita del alma nos recomendó ponerle camisetas rojas a nuestra pequeña para fortalezar su chacra de las defensas. No sé si sí, pero creo que para algo sirvió.

😉
Bronquiolitis infantil, causas y tratamiento
Bronquiolitis
Consejos para prevenir la bronquiolitis en los bebés
La bronquiolitis: prevención y tratamiento
Bronquiolitis aguda

Ah, las recomendaciones

  • Es importante que el chiquitín tome mucho líquido para garantizar su hidratación y ayudarle al organismo a drenar (es decir, expulsar, casi siempre en forma de moquitos) los bichos [En nuestra casa, la leche materna se lleva todos los premios en constancia y preferencias de la pequeña].
  • Tener un muñeco en casa que también requiera el tratamiento ;). A nosotros, al menos, nos ayudó muchísimo para simplificar y hacer menos horrible para nuestra chiquita (al menos, cada inhalación).
  • El humidificador no está recomendado en niños con alergías y asma: antes de usarlo, puede ser bueno consultarlo con el pediatra.
  • No dar espera antes de consultar: aunque parezca una gripa simple, si los síntomas no ceden sino que empeoran, es importante ir pronto al médico. La diferencia de tiempo entre una bronquitis, una bronquiolitis, una bronconeumonía y una neumonía puede ser de apenas unas horas (al menos, eso nos dijeron… y creo que es mejor no hacer el ensayo para comprobar).
  • Tratar de que el pequeño duerma semincorporado (medio sentado), para facilitar la respiración. Nosotros lo intentamos, pero fracasamos. 😦
  • Lavarse y lavarle con frecuencia las manos al bebé: dicen que reduce las posibilidades de contagio.
  • Dejar al chiquito en casa mientras pasa la enfermedad: no sólo lo protege de complicaciones sino que además evita propagar el contagio.
  • Y, finalmente, llenarse de comprensión: aunque el pequeño juegue y grite y sonría, está enfermo.

[Y ahora nuestra adenda: Irene hoy cumple 21 meses. ¡El tiempo vuela!]

9 mayo 2011 at 07:01 12 comentarios

Sana que sana: remedios caseros y naturales para la gripa y la tos

Nos dio gripa. A los tres. 😦 Y aunque la peste de Irene ha sido mucho más tenue, tiene de vez en cuando una tos seca. Hace algunos meses, gracias a una entrada de  Fran en su blog, recopilé algunas recetas de remedios caseros para la gripa. Hoy -que los rescato para ponerlos en práctica con ella (ya algunos los he probado en otras ocasiones con nosotros)- quiero compartirlas con todos, con la secreta intención de hacer una especie de “toma y daca” que nos permita ampliar el repertorio, conocer experiencias y encontrar una solución a ese ruidito seco y molesto que cuando sale de la boca de nuestra chiquita nos oprime tanto el corazón.

Imagen tomada del blog Remedios caseros.

Los pongo a manera de lista y reitero que todos los consejos extras y experiencias son bienvenidos.

Cebolla con azúcar y miel: Se pone en un plato hondo, partida en pedazos más o menos pequeños, se le echa encima una cucharada de miel. Se pone al lado de la cama en la que se va a dormir (sí, el cuarto amanece oliendo horrible, pero se pasa con aire). Funciona para calmar la tos. Además, la cebolla suelta un juguito que, mezclado con la miel, se toma al otro día, una cucharada 3 veces al día. Si no mejora, por la noche se repite todo el proceso.
Agua de tomillo con miel (preparada en infusión y tomada a lo largo del día, como un té). No se tiene que dejar hervir, sólo a punto de ebullición y dejar reposar de 3 a 5 minutos. Es muy efectiva, pero debe tomarse varias veces al día.
Spray de marca Just (llamado Eucasol). Sirve más para la congestión nasal que para la tos. Se echan unas gotitas sobre la almohada o en el cuarto donde se va a dormir.
Abrilar. Es un jarabe natural, muy bueno para la gripa y para la tos. La venden en tiendas naturistas.
Leche tibia licuada con ajo y pasas (el ajo es un antiséptico natural). Dicen que no sabe mal.
Gárgaras de agua con sal o de jugo de limón con sal. Son muy efectivas para la tos y para las molestias de la garganta (es ideal hacerlas cuando la gripa empieza a aparecer).
Infusión de apio, cebolla fresca, laurel y miel. Se hierven 100 gms. de apio, 100 gms. de cebolla fresca y una hoja de laurel, se cuelan y se endulzan con miel. Dicen que el apio contiene algunos alcaloides con propiedades antiespasmódicas y tranquilizantes del sistema nervioso, la cebolla posee efectos expectorantes y antitusivos gracias a sus compuestos azufrados (por lo que se utiliza en casos de tos, rinitis, gripe) y el laurel es balsámico y espasmolítico en pequeñas dosis. Por último la miel suaviza y protege las vías respiratorias, calmando la irritación de la garganta y, con ello, la tos. Adicionalmente, se afirma que estos compuestos tienen en conjunto un suave efecto antibiótico, que ayuda a combatir la infección (Fuente: Remedios caseros).
Infusión de sauco (también conocido como sambucol). Se hierve el agua, se le ponen las bayas (flores) y se deja reposar durante diez minutos antes de tomar.
Té de flores de veranera (bouganvillea, santa ritas). Se prepara con 12 flores de veranera (lavadas), 1 bolsita de té de limón. También se recomienda hacerlo con flores de rosa amarilla (la medicinal), panela o miel para endulzar, un chorrito de limón y agua caliente.  Se puede tomar caliente o frío, como té. Es buenísimo.
Saumerio de hierbas medicinales. En una ollita con agua caliente se ponen orégano, tomillo, romero, eucalipto y pino ciprés; una vez el agua hierva, se tapa y se lleva al cuarto donde se va a dormir, se pone en una superficie segura (donde los pequeños no se quemen) y se retira la tapa. Puede ser bueno cerrar el cuarto para que el aire se impregne del olor. Puede dormirse con el saumerio o retirar la olla del cuarto antes de acostarse a dormir. Este remedio se recomienda para la sinusitis, la congestión nasal y la tos.

Otras recomendaciones importantes (publicadas en el portal Natura Sapiens):

  • Bebe muchos líquidos: Preferiblemente agua, zumos de fruta y sopas calientes, esto te ayudará a prevenir la deshidratación. Asegúrate de beber lo suficiente como para que tu orina sea de un color muy claro o amarillo pálido.
  • Descansa todo lo que puedas y duerme mas horas de las habituales, con ello ayudarás a combatir la infección a tu sistema inmunológico.
  • Toma sopa de pollo. No solo te levantará el ánimo, si no que ayuda a aliviar algunos síntomas de la gripe, como la congestión nasal.
  • Si lo consideras necesario, toma algún analgésico, pero recuerda que en realidad solo sirven para sentirnos un poco mejor, alivian los síntomas de la gripe pero no la curan ni reducen su duración, además de que pueden tener efectos secundarios. Y no administres bajo ningún concepto aspirina a niños o adolescentes con gripe pues puede provocarles el síndrome de Reye, una rara pero potencialmente fatal enfermedad.
  • Evita el alcohol y el tabaco.
  • Evita los antibióticos (a menos que los estés tomando por otra enfermedad), la gripe es vírica y los antibióticos no hacen nada en estos casos.
  • La Universidad de Hadaza en Israel parece haber confirmado experimentalmente que beber té de Saúco puede reducir significativamente la duración de la gripe. Para prepararlo, debemos hacer una infusión con una cucharada de bayas de saúco por taza y dejarla reposar durante 10 minutos. Se recomienda beber tres tazas de esta infusión de té de saúco al día hasta que los síntomas desaparezcan.

Agregaría que no debe dejar de visitarse al médico cuando se trata de un bebé (sobre todo muy pequeño): la deshidratación o la inflamación del tracto respiratorio en ellos puede ser mortal, al igual que virus como la tos ferina o el crup (habíamos hablado de nuestra experiencia con este último acá).

Finalmente, añado -además de algunos links relacionados que adjunto al final- un par de preguntas: dicen que no se le debe dar miel a menores de 2 años: ¿Saben por qué? Y la otra, entiendo que el eucalipto es muy fuerte (de hecho, dentro de las contraindicaciones del clásico Vick Vaporub se señala que no debe utilizarse en menores de tres años ni en mujeres embarazadas o lactantes sin supervisión médica) y no se debe tomar (me sugieron una bebida que lo incluía): ¿es cierto? ¿Tienen alguna alternativa?

Artículos relacionados:
Plantas que combaten la gripe (con recetas de remedios): Partes I, II, III, IV y V (ajo, canela, equinaccea, tilo, tomillo, tusilago, malva, malvavisco, menta piperita -también conocida como yerbabuena-, mostaza, pétalos de rosa, salvia, ecaramujo,eucalipto, jengibre, lavanda).
Remedios populares para el resfriado y la congestión nasal.
Remedios populares para la gripe.
Remedios caseros contra la gripe.
Jarabe de cebolla para la tos.

9 marzo 2011 at 08:36 17 comentarios

Muelas, fiebre y llantos: ¿se puede pedir más?

Las últimas dos semanas han sido difíciles. No por problemas de salud sino por cansancio. Irene ha estado irritable, llorosa e impaciente. Espero que sea temporal. Pasamos del susto de una fiebre constante y repetida durante dos días, al descubrimiento de un par de muelas nuevas que, por lo visto, molestan un montón. No sé si haya relación entre una y otra o si la fiebre fue la consecuencia de un cuadro viral. En cualquier caso, el tema no pasó a mayores y nuestra chiquita sigue tan saludable como siempre… pero no tan tranquila. ¿Será propio de su edad? Espero que sí porque si no voy a empezar a echarme bendiciones. :S

Y resumo rápidamente algunas medidas tomadas. Para la fiebre (que no deja de ser una defensa natural del organismo que indica que el cuerpo se protege de cualquier bicho que quiera entrar): ropa ligera (de algodón), bañitos frescos (mas no fríos) y ventilación. Ah, y mucho líquido para evitar una deshidratación. Y amor, amor, amor. Usamos antipiréticos cada 8 horas (no siempre son necesarios) y nos mantuvimos en casa con temperaturas que oscilaban entre los 37.5 y los 38.5 grados centígrados. Las recomendaciones sobre cuándo ir a urgencias (si es un recién nacido, de inmediato) y cuándo suministrar antipiréticos y antitérmicos pueden encontrarse acá. Y otras sobre cómo tratar la fiebre en casa y cómo tomar la temperatura, se encuentran aquí.

Con respecto a las muelas, la salida de los dientes nunca ha significado malestares para Irene. No puedo confirmar entonces que sea verdad que den diarrea o fiebre o irritabilidad. Sin embargo, como toda norma tiene su excepción, la coincidencia del cuadro febril y la irritabilidad de la chiquita con la señora muela (buenos, las doñas porque vienen dos) me hace dudar. Por si las moscas, dejo un link, también de la pediatra Amalia Arce (los dos primeros eran suyos), sobre la salida de los dientes (que aunque sean definitivos, dicen, se portan igual). Según ella, es un proceso fisiológico y no viral (así que cero fiebre y demás molestias médicas). Cada quien opina según su experiencia.

Y cierro con los llantos. Irene está impaciente y molesta. Y nosotros ya no sabemos qué pensar. Primero creímos que era por la fiebre, luego pensamos que se debían a los dientes y ahora no sabemos si es un asunto temperamental. Lo cierto es que nuestra hija está impaciente, llorosa, resabiada y difícil. Sus gritos de independencia son cada vez más fuertes y sus malas caras y protestas se repiten cada vez más. Seguimos siendo amorosos y precisos en nuestras explicaciones, pero aclaro que no es fácil hablarle a una chiquita que grita. Hemos optado algunas veces por la indiferencia, precedida de un “cuando te calmes, hablamos”. Ha funcionado algunas veces, otras, sus protestas son pasajeras y pasan una vez ella encuentra algo más en qué pensar. Repito: no es fácil. Creo en la disciplina amorosa, sin gritos ni golpes… pero no tengo aún claro cómo debo reaccionar ante estos episodios. ¿Algún consejo desde la experiencia?

😦

4 noviembre 2010 at 07:25 22 comentarios

¿El primer resfriado?: Crup

La fiebre, la tos y los moquitos han visitado esta semana a Irene, haciéndole pasar unas noches menos tranquilas y unos días más guardaditos -en casa- de lo habitual. Y aunque, en principio, la descripción de los síntomas sugerían un resfriado, la secuencia de aparición de los mismos y la prevalencia de una tos perruna y seca en ella introdujo un nuevo término en nuestra vida: crup (croup).

Foto: El ojo inoportuno, Flickr

Y comienzo con una definición rápida: crup o croup (en inglés) es el término utilizado para indicar una inflamación o infección en las vías respiratorias altas (faringe, principalmente), que se presenta en niños entre cero a 5 años, usualmente por el contacto con algún virus. Se caracteriza porque la vía respiratoria se inflama justo debajo de las cuerdas vocales, generando -según el grado de infección o inflamación- una respiración ruidosa y difícil (además de la tos).

De acuerdo con un documento del Programa de Salud Infantil de California (California Childcare Health Program), “por lo general, el niño con crup tiene fiebre de baja intensidad. Debido a que las cuerdas vocales están en la laringe, el síntoma principal del crup es una tos áspera que tiene sonido de foca; a eso le siguen secreción de la nariz, tos y ronquera. Los síntomas de crup usualmente empeoran durante la noche con un sonido agudo al respirar. El crup puede durar de uno a siete días. Se puede controlar el crup humidificando el aire.”

Su visita a nuestro hogar

La evidencia del arribo del bicho en nuestra casita fue un alza en la temperatura de Irene en la madrugada del lunes, justo después de asistir con ella el sábado a una clase de natación (con muchos, muchos niños; muchos cambios de temperatura en el agua -no les recomiendo una ducha fría tras el agua climatizada de la piscina- y, después, desafortunadamente, mucha, mucha lluvia y sol).

El domingo la pequeña había estado un tanto aperezada, pero pensamos que se debía más al día gris que teníamos afuera que a una infección. Luego, en la noche, justo después de acostarla, sentimos una tos seca y espontánea (sin reincidencia en esa noche), que pasó a ser sospechosa cuando la fiebre llegó unas horas más tarde. De ahí en adelante uno y otro síntoma fueron incrementándose, dejando como resultado en la mañana del lunes a una pequeña baja de ánimo, adormilada y quejosa, que tosía cada vez con más frecuencia como un perro. Fuimos al médico y nos diagnosticó el crup.

El tratamiento

El crup de nuestra chiquita es leve, por lo que hemos optado por un tratamiento sencillo, sin medicamentos, con ingesta de muchos líquidos, humidificación del ambiente (en nuestro caso, con una olla de agua con hojas de eucalipto) y mucho amor. Y aunque generalmente las complicaciones de esta enfermedad se dan en pequeños con alergias o con faringes estrechas (algo congénito), la recomendación siempre, ante cualquier indicio de fiebre, resfriado o tos, es acudir a un doctor: la inflamación de las vías respiratorias en un chiquito pueden ocasionar un paro respiratorio (su cuerpecito tan pequeño se ve afectado con cualquier inflamación), y una fiebre, por leve que sea, indica que el cuerpo del niño está activando sus defensas para matar a algún visitante no deseado. (Sueno alarmista, pero la foto que ilustra esta entrada está dedicada a la madre de un bebé de dos meses que murió de tos ferina (pertussis), una enfermedad que suele parecer un simple resfriado, que en los adultos es leve, pero que en los bebés puede ser mortal. Snif.)

Recomendaciones

Las mamás, aunque tengamos un sexto sentido, solemos no tener ni la información ni la experiencia requeridas para diagnosticar a un bebé. Por ello, pienso, es mejor curarse en salud y visitar el doctor, sea un crup, un resfriado, una otitis, un dolor leve de cabeza, una extraña inapetencia o una fiebre sin razón aparente. Sé que los mismos centros asistenciales pueden ser foco de virus, pero la visita al doctor (primero) y la protección (siempre) y el aislamiento (en casa) del pequeño de posibles virus contagiosos no sobra. Nuestra chiquita se recupera satisfactoriamente, a veces con ganas de comer sopitas, frutas y verduras, a veces no. Eso sí, la lechita de mamá no sobra nunca y es el mejor remedio contra todo. No entiendo por qué no nos recomiendan más que se las demos hasta que ellos quieran, porque siempre es bienvenida -y bendecida- ante cualquier malestar.

Tenemos una chiquita fuerte que se ha enfermado poco (a sus diez meses sólo ha tenido gastroenteritis [una vez] y este crup). Sé que la leche materna no la hace inmune a todo, pero protege y mucho. Y, claro, no estar en contacto permanente con otros niños ni con adultos enfermosos ayuda también un montón. 😉

Dejo unos cuantos links sobre la saliente (y no bienvenida en el futuro) enfermedad. [Otra vez se me fue largo… grgrgrgrg]: Crup (características y cuidados), información general sobre el crup y un video interesante sobre la enfermedad (en inglés).

Y un comentario: Tal como señala el médico del video, los días fueron tranquilos, las noches, un poco menos. Recomiendan aire fresco de la noche (no me atrevo, pero dicen que funciona… creo que hay que estar seguros del diagnóstico antes de hacero), una sábana húmeda sobre la camita o entrar al baño con el pequeño y abrir la ducha, tibia, preferentemente, y dejar que el niño respire esa humedad. Yo, decía, usé una ollita de agua hirviendo con hojas de eucalipto, por momentos, y la molestia mejoró.

PD. Tras el episodio de crup en nuestro hogar decidimos suspender la estimulación de la pequeña en la piscina: son muchos niños (y posibles virus) alrededor y ella está aún muy pequeña. Continuaremos estimulándola en casa, en la ducha, en la tina… Creo que vale igual. Cuando esté más grande aprenderá a nadar.

26 junio 2010 at 11:57 8 comentarios

Nuestra experiencia -non grata- con la gastroenteritis infantil

Como les contaba en nuestra anterior minientrada, esta semana Irene estuvo hospitalizada entre el lunes y el jueves por una infección gastrointestinal. Los análisis de su caquita confirmaron el diagnóstico y la hicieron acreedora a dosis diarias de antibiótico durante cinco días, a un día y medio de suero intravenoso y a tres noches de sueño interrumpido por las enfermeras del hospital. Los resultados desde la primera dosis de medicamento fueron, por fortuna, alentadores: disminución en la frecuencia de las deposiciones, desaparición de la diarrea y la sangre en sus heces, menor esfuerzo de pujo para hacer caquita y una chiquita sonriente. Todo parece indicar que estar pendiente de la apariencia de sus cacas (ya decíamos que era importante hacerlo aquí, aquí y aquí) y acudir inmediatamente al médico al detectar sangre en las mismas nos sirvió para evitar que la bacteria hiciera de las suyas. Por ello, tras tres noches en casita, paso reporte de nuestro paso (lamentable) por la gastroenteritis infantil.

Y me disculpo de antemano si el post queda muy largo. Me niego a hacer segundas partes de esta historia porque quiero que sea un capítulo cerrado.

Bichitos para botar

Todo empezó el domingo en la tarde. Irene, como siempre, había hecho ya su deposición diaria, en la mañana, pero curiosamente, a eso de las 3:30 p.m., tuvo una más: abundante, pero de apariencia normal. No me preocupé. Al prepararla a las 6 p.m. para su camita, encontré nuevamente algo de caca en su pañal. La sorpresa fue que ésta, además de ser la tercera en el día, tenía una pequeña mancha de sangre. Me quedé con la duda y llamé a mi amiga médica, que me dijo que estuviera alerta si se repetía. Planteó que podía ser una fisura en su ano por algún alimento no digerido del todo -había una hojita de no sé qué mata en su caquita- o algo más. Si era lo primero, probablemente no se incrementaría en futuras deposiciones, pero si era lo seguro lo mejor era consultar al pediatra en la mayor brevedad. Dormí un tanto intranquila, con las antenitas de vinil encendidas.

A las 3 a.m. sentí a Irene intranquila, moviéndose en la cama y haciendo fuercecita. El colofón fue una explosión acuosa: nuevamente tenía caca, cada vez más liquida, con mucosa y con hilitos de sangre. (No es la foto más agradable, pero la incluyo porque creo que ilustra claramente lo que nos encontramos… y puede ayudar a otras mamás).

Creció mi preocupación. Le tomé la temperatura a mi chiquita, pero tenía 36.2 grados centígrados: normal. Aparte del cambio en sus heces, su ánimo, su apetito y su sueño seguían intactos. Se durmió nuevamente. Al despertarse en la mañana (a las 6 a.m.), otra vez tenía una deposición similar a la anterior en el pañal… más abundante y líquida. Lo demás, igual. Comió, jugó, se río… A las 8 a.m., otra deposición. Mismos síntomas. Decidimos bañarla e ir al hospital. En su tina, mientras la bañábamos, nuevamente hizo caca, pero ahora sí líquida. Y mientras tanto, nuestra Irene sin quejas y sonriente. Apenas nos avisaba que algo le molestaba cuando iba a dar del cuerpo porque fruncía el ceño y hacía un gran esfuerzo para pujar.

A Urgencias

La vestimos y salimos al hospital. Como suele suceder en urgencias, se demoraron una hora y media en atendernos. Mientras tanto, yo me pasaba con Irene pegada al pecho, pues no quería que se deshidratara y tenía claro que tantas deposiciones y unas heces tan líquidas apuntaban a esa posibilidad. La revisó una doctora, que encontró por supuesto caquita en su pañal al revisarla. Nos dijo que debíamos dejarla hospitalizada. Yo abrí los ojos desmesuradamente y con preocupación (sé de la cantidad de virus y bichos que hay en las clínicas) le pregunté si era absolutamente necesario y si era posible una hospitalización domiciliaria. Ella fue clara: nos dijo que la presencia de sangre en las heces era un indicio muy importante de gastroenteritis infantil. Que podíamos ordenar un análisis de las cacas para confirmar la infección ( y el bicho que hacía de las suyas en el instentino de nuestra hija) y que, a partir de los resultados, tomar una decisión final. Lo de la hospitalización en casa dependía de nuestro servicio médico… Nos miramos y ante lo reducido de las alternativas y la clara anormalidad en las heces de Irene, aceptamos seguir con el procedimiento.

Lo malo es que estos no fueron tan rápidos como quisimos. No me alargo: se nos pasó toda la tarde en la sala de procedimientos de las urgencias pediatricas sin conocer los resultados. El médico que recibió el turno de urgencias a la 1 p.m. confirmó el diagnóstico de la doctora y ordenó, además de otros análisis, la hospitalización. Para entonces, Irene tenía dos deposiciones por hora en promedio, líquidas y con sangre. Se mantenía hidratada (pegada al pecho con la leche bendita de sus mami) y sin fiebre, sonriendo a todos los que caminaban por los pasillos. Esperamos. A las 5 p.m. la colita de la peque estaba totalmente irritada, sus deposiciones eran cada vez peores y, al tomar una nueva muestra de su caca para otros análisis, vimos el estado de su intestino (rojísimo, con sangre y saliéndose un poquito por su ano al pujar). No pongo foto del cuadro porque fue doloroso. Obviamente no es que se le saliera el intestino entero ni mucho menos, pero sí se veía claramente su parte final. Ella pujaba ya con poco éxito, pues no había comido ningún sólido en el día y, tras una jornada de más de 10 deposiciones, ya era poco lo que tenía para expulsar.

Con este cuadro, se colmó nuestra paciencia y exigimos que siguieran con los procedimientos, con o sin resultados de laboratorio. Preguntamos qué antibiotico le habían ordenado, lo consultamos con nuestra amiga médica y solicitamos que se lo suministraran. A las 8 de la noche lo conseguimos y las 8 y 30 ya íbamos rumbo al cuarto del hospital.

Internadas

Nos quedamos los tres juntitos en la habitación. La chiquita seguía con un semblante estupendo, sin fiebre pero cansada. Tuvo una buena noche, dentro de lo que cabe, interrumpida por unas tres o cuatro deposiciones más. Luego de que le suministrarán el antiobiótico (que buscaba cortar la infección, no interrumpir la diarrea), sus deposiciones se espaciaron y empezaron a ser más consistentes. En menos de 24 horas la sangre había desaparecido de su caca y las molestias que evidentemente sentía la chiquita al pujar, comenzaron a menguar. Durante toda esa noche y el día siguiente, le suministraron suero intravenoso a Irene. No paramos de tomar lechita materna y, por recomendación de la pediatra del piso, retomamos la alimentación complementaria el martes mismo, con las sopitas y las compotas de frutas que nos daban en el hospital.

Sé que en algún momento conté que habíamos dejado de darle papillas a la peque porque sentíamos que la estrenían un poco, pero con este cuadro y la recomendación de proteger las vellosidades de su intestino suministrándole comida -si no lo hacíamos, decía, además de bajar de peso podía tener un reinicio de la alimentación complementaria más brusco, con diarrea y demás-, les dimos nuevamente la bienvenida. Los resultados son buenos. Tres días después de esta dieta (con MUUUUUCHA leche materna, bendita entre todos los alimentos, líquido amoroso, consolador y protector de los pequeños), Irene estaba perfectamente: sin suero, sin sangre, sin diarrea y en casita.

¿Un viaje iniciático?

Lo curioso de toda esta historia es que la experiencia de enfermedad y hospitalización de la chiquita ha sido como un viaje iniciático para todos: Irene parece una niña más paciente, tranquila y madura. Estuvo atendida las 24 horas del día por nosotros y por todo el equipo médico que nos rodeaba; cambió de entorno, vio limitada su movilidad, tuvo interrupciones continuas de su sueño, un tubo de suero colgado a su manita por día y medio, un guantecito en su otra mano para evitar la tentación de jalarse el catéter por el que pasaban los líquidos -antibiótico incluido- a su cuerpo, visitas varias de su familia, saludos y manipulaciones de extraños… en fin, tantos cambios y taaanta paciencia y paz en su espíritu.

No sé si sea por lo que significa su nombre, pero Irene irradia armonía y paz. Y no es porque sea una niña pasiva en lo absoluto, de hecho creo que es muchísimo más sociable que nosotros, que protesta, que deja claro qué es lo que quiere, lo que le gusta… no quiere perderse nada. Pero es amorosa y comprensiva, se adapta a todo con una tranquilidad pasmosa, confía, pone buena cara, saca ánimos de donde no se sabe, conversa, se mueve, juega, se ríe. No hubo un solo instante de estos días en la clínica en el que ella hiciera algo distinto a observar, sonreir y esperar. A veces (tres para ser exactos) le costaba muchísimo dormirse, y protestaba y se retorcía como un gusanito para no quedarse quieta, pero luego, con nuestra ayuda, se relajaba y descansaba profundamente, reponiéndose y reponiéndonos.

Yo, que pensaba que pasar por todo esto y ver cómo le chuzaban sus manitas iba a dolerme infinitamente, encontré en ella una fuente inacabable de paz. Tuvieron que cambiarle tres veces su catéter (dos en la clínica y una en casa -estuvo dos días más con él, mientras terminaban de suministrarle el antibiótico) y nunca protestó más allá de mirarnos y hacer quejos con su boquita. Antes de que terminarán de pegárselo, ya nos miraba sin lágrimas, sonriente, pensando en otras cosas, siguiendo nuestras caras, nuestras manos, nuestras voces. He dicho varias veces que los chiquitos son esponjitas que se llenan de todo lo que nosotros les damos. Hoy lo confirmo pero agrego que también son soles que iluminan todo, que nos llenan de vida, de amor, de sonrisas.

Volvimos a casa el jueves, a las 5 de la tarde. Al llegar, Irene observó todo admirada, sonriente. Recorrió cada espacio de nuestro hogar en brazos de su padre, gritando, hablando. Él la puso en el suelo para que mirara todo autónomamente y, para sorpresa de todos, la vio arrastrarse por fin hacia adelante. ¡¡¡De pasar de lado a lado de la cuna, la chiquita aprendió a alzar sus rodillas!!! Gatea desde entonces y desde la mañana siguiente, del viernes, empezó a decir pa-pa. No se imaginan la cara de satisfacción de mi muacho. Y la mía, claro. No sé por qué pero este paso non grato de la gastroenteritis por nuestra vida también dejó sus buenos recuerdos. Ya decía: un viaje iniciático.

Y hay más: Hoy Irene cumple nueve meses y su padre y yo cumplimos nueve meses de maternidad oficial. Justo el día de la madre en nuestro país. 😉 Ella es nuestro mejor regalo. Ella y todo el amor, vivo y renovado, que trajo a nuestras vidas y que lleva consigo. ¡Felices nueve meses, chiquita! Y feliz día de las madres para todas las mamás y papás que crecen a nuestro lado.

Abrazos. Y gracias infinitas a todas por sus palabras y sus deseos llenos de amor y de energía para nosotros. Los hemos sentido a cada segundo. También por ellos y por todo el bien que nos hacen, volvemos acá.

…….

Y para no dejar este texto en lo anecdótico, complemento con algunos links sobre la gastroenteritis, sus síntomas, las recomendaciones médicas para su tratamiento y la experiencia de otros (de Fran y Lulú, puntualmente) al respecto. Resumo diciendo que mientras en nuestro país la medicación y la hospitalización es inmediata (somos tercermundistas y no tenemos agua potable en todos lados), en otros países del primer mundo (España, Francia, al menos) se recomienda hidratación constante sin medicamentos.

Supongo que los tratamientos varían según cada niño, sin importar el lugar en el que se encuentre. Y que el lugar de residencia no exime, en ningún episodio sospechoso de enfermedad e infección, de la consulta a un médico. Añado, además, que en nuestro caso fue de vital importancia llevar a Irene rápidamente al pediatra: si bien ella no sufrió otros síntomas posibles de la gastroenteritis, como dolor abdominal, inapetencia, fiebre o vómito, la diarrea era en sí mismo peligrosa. Encontré el dato de que el cuerpo de un bebé está constituido en un 90% de agua (el de los adultos, en un 50%), por lo que una deshidratación en ellos puede llegar a ser mortal. Miren bien las caquitas de sus chiquitos. No pensé que iba a verificarlo tan pronto, pero es claro que son una clave importante de su estado de salud, de su nutrición y de su bienestar.

🙂

Y cierro con un apartado de recomendaciones para prevenirla, de uno de los artículos citados en los links anteriores:

“La gastroenteritis, como enfermedad infecciosa que es, puede trasmitirse de persona a persona. La fuente más habitual de contagio es por contacto con las heces o los pañales de un niño con la enfermedad, por lo que la forma de evitarlo será extremar las medidas de higiene habituales, sobre todo el lavado de manos, tanto del niño como de la persona que lo cuide. Esta limpieza ha de ser especialmente escrupulosa después de cambiar el pañal, asear al niño o tras utilizar el retrete y, por supuesto, antes de las comidas. Con más razón aún si la persona que cuida al niño manipula además los alimentos.

“Desde hace poco está disponible en las farmacias una vacuna oral contra uno de los virus que con mayor frecuencia producen gastroenteritis: el rotavirus. No está incluida en el calendario de vacunaciones habitual y sólo está admitida su administración a niños muy pequeños.”

Nosotros no le aplicamos esta vacuna a la chiquita, pero creo que haberlo hecho tampoco sería garantía de no sufrir esta enfermedad, tan común en ellos. El rotavirus es uno de los bichos que da gastroenteritis pero no el único. A nuestra chiquita la atacó otro animalejo, según nos dijo la pediatra de la clínica los últimos días. En cualquier caso, lo mejor es seguir los consejos médicos del pediatra de cada niño, pues las condiciones particulares (nutricionales, sociales, económicas y hasta geográficas) de cada pequeño inciden en el esquema de vacunación y prevención ideal para cada uno. Así que, juiciosos, a consultar. Y ojalá a más de un médico. Tampoco está de más oir varias opiniones. Y juzgar.

9 mayo 2010 at 08:40 11 comentarios

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