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¿Carácter, temperamento o personalidad? “Cómo educar a un niño feliz, exitoso y cooperativo” O-O

Dejo a los psicólogos las diferencias, aunque parece haber consenso en cuanto a que el primero es aprendido, el segundo es fisiológico y el tercero es la suma total de lo que somos (cultural y físicamente). Pero… ¿han pensado cómo pueden influir las particularidades de un chiquito en su comportamiento y -por supuesto- en el acercamiento que debemos tener a ellos como papás?

No daré respuestas porque no las tengo, pero sí quiero compartir una sarta caótica de pensamientos que parecieran apaciguarse un poco en la imagen que acompaña este texto. Tanto mi amorcito como yo hemos concluido que en casa tenemos a una chiquita con temple y decisión para todo, que no se amedranta fácilmente, que sienta posiciones, que opina y revela con cada uno de sus comentarios un carácter y un temperamento firmes que van más allá de la edad (no sé si más lo primero que lo segundo… o lo segundo que lo primero, ¡¡??). También debo agregar que es “una cajita de música”, amorosa, sociable, dulce. A veces pareciera que razonara como un adulto y otras saca a relucir esa inocencia soberana que derrite argumentos sin chistar. Sin duda, muchas cosas cambiarán con los años, pero creo que Irene nos obligará a ampliarnos el panorama, a cambiar el orden de muchas cosas y a discutir sobre nuestras propias concepciones del mundo y sus limitaciones (¿serán las mismas entonces?). En cualquier caso, digo, ¿si ya hace todas las anteriores a los tres años, a los quince qué nos esperará? 😉

Sea cual sea la respuesta, tengo claro que justamente esa manera tan particular de ser y estar de los pequeños es el punto de partida obligado de acercamiento a ellos que tenemos sus papás. No habrá “manual de instucciones”, pero sí una sensibilidad potencial para intentar entender que cada niño requiere un tratamiento distinto y que cada adulto, niño también en algún momento, tendrá cuando menos un tris de ventaja (léase al menos autocontrol y razón desarrolladas) para “encauzar” ese carácter y temperamento particular… No serán susurros (la imagen es The Child Whisperer) lo que oigamos siempre, pero sí un corazón palpitante -bueno, dos: uno en el pecho, otro un poquito más lejos- que puede enseñarnos a amar. Así que si todavía andan buscando pistas para entender a un chiquito, miren la imagen que acompaña este texto y si aún así se sienten perdidos, les recomiendo que vuelvan al punto de partida, cierren los ojos, cierren razones y cierren egos: escuchen simplemente su corazón y el de sus pequeños (suena abstracto, pero es cierto). 😉

Abrazos,

A.

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23 noviembre 2012 at 08:13 2 comentarios

Menos cosas, más felicidad: ¿Cómo evitar el consumismo y educar en la simplicidad?

Últimamente nuestra chiquita ha empezado a expresar su deseo de tener (o retener) ciertas cosas. No nos preocupa mucho en este momento porque a fin de cuentas quienes deciden o no comprar ahora somos nosotros (otro tema es el de regalar-heredar), pero sí nos ha puesto a pensar sobre qué podemos hacer para sobrellevar nuestro mundo de consumo (y toda su avalancha de mensajes)… que si en el 2012 es complejo… ¿cómo será en diez años más? ¿Han pensado en formas de evitar el consumismo en un chiquito? Aquí van nuestras ideas -me encantaría conocer algunas más. 😉

Imagen tomada de Simple Mom.

No sé cuántas veces he hablado en esta casita sobre menos cosas y más felicidad. Sigo estando convencida de ello, pero Irene nos ha sorprendido con comentarios del tipo “a mí me encantan los regalos” o “Pepita me trae muchos regalos cuando viene”, producto, sin duda, de la generosidad de sus tías. Mamá y papá insisten en que son más importantes las personas y las experiencias (y las emociones), que las cosas materiales van y vienen y simplemente nos dan comodidad. Nos esforzamos en precisar el concepto de “necesidad”, pero tenemos una chiquita inquieta y argumentativa. Nos hemos dado cuenta, en resumen, que por más que nosotros intentemos mantenernos un poco al margen, vivimos en un mundo de consumo que -si no se asume de un modo consciente- puede generar muchísimas insatisfacciones (ni hablar de la posibilidad de desviar la atención hacia lo inmediato, lo efímero, lo material).

Así que ¿cómo podemos vivir con menos cosas y más felicidad y, por supuesto, cómo podemos criar y educar a una chiquita que aprenda de ello y logre sobreponerse a la presión de consumo-moda-dinero que nos rodea? No pretendemos que viva ajena al mundo sino que aprenda a tomar decisiones que no la esclavicen ni desde el deseo ni desde el tener. Aquí hay algunas conclusiones. Me voy con lista para simplificar nuestra manera de educar en el no consumismo. ¿Se podrá?

  • El ejemplo: si nosotros nos pasamos la vida acumulando objetos (comprando, heredando, guardando, etcétera), sin duda nuestro chiquito también lo hará. Si, por el contrario, logramos controlar nuestros propios impulsos y somos capaces de apuntar a una vida más simple en todos los sentidos (con menos visitas al supermercado, por ejemplo, con revisión de armarios cada cierto tiempo -aghhh, ¡me falta!-, con menos visitas a los centros comerciales y menos afanes tecnológicos -que invitan a cambiar de computador-teléfono-tablet-tv y un largo etcétera cada cierto tiempo-) seguramente nuestro chiquito también lo hará.
  • Minimizar la avalancha de anuncios (no ver televisión ayuda mucho. ¿Han visto qué tan larga es la franja publicitaria en el horario infantil y cómo se incrementa -por ejemplo- en Navidad?). En casa, los regalos son sorpresa y evitamos toda suerte de revistas, folletos y catálogos que cumplan su propósito de antojar.
  • Sirve y mucho controlar las compras (y los antojos, incluso cuando son de los chiquitos). Aunque se tengan los medios, decir “no” es una buena manera de educar al margen del consumo. Puede gustarte, puedes quererlo, pero no lo necesitás (casi nada se necesita, realmente). Nuestras palabras mágicas son: “llévemoslo dentro de la tienda un ratito para que nos acompañe y luego lo dejamos nuevamente con sus amigos”. Ella se siente feliz por pasear con el objeto de su deseo (casi siempre un muñeco) por un rato y luego, con sus mismas manitas, lo lleva a su sitio y se despide con tranquilidad. Ha funcionado hasta aquí y espero que siga funcionando a pesar de los recientes: “es que yo lo quiero comprar para llevarlo a la casa, yo lo necesito”, bla, bla. (Cuenta también la rotación de nuestros propios productos, decirnos “no” a nosotros y evitar andar siempre lleno de bolsas. Un niño, creo, puede entender rutinas -de mercado, por ejemplo-, pero quizás no tenga las herramientas para diferenciar entre esas compras necesarias -de comida- con las innecesarias de lujos -y ahí cada quién juzgará.)
  • Reducir los regalos que se reciben. Este tema es complejo y definitivamente supone un poco más que nuestra propia voluntad (implica, cuando menos, la capacidad de convencer a todos los tíos, abuelos y demás amigos generosos que nos quieren llenar las manos con regalos de que es más importante su compañía y amor que un objeto), pero creo que se hace necesario… sobre todo cuando el chiquito en cuestión empieza a asociar las visitas con regalo y antes de decir “hola”  pregunta “¿me trajiste algo?”.
  • Regalar, reciclar, botar. Nosotros apenas empezaremos con este tema, pero el creciente volumen de juguetes exige que tomemos medidas en el asunto. Queremos que Irene participe en el ejercicio. Espero que sea fácil; si no, nuestro propio desprendimiento será fundamental (y de paso la revisión de nuestros propios armarios primero, con el pequeño a bordo, ayudando, puede ser una manera de motivarlo).
  • Disfrutar de los viejos juegos (sin aparatos y artefactos de por medio, con manos, rondas, cantos y un buen amigo, además) y del aire libre. En nuestro caso esto último es fácil por aquello de que tenemos verano todo el tiempo. Creo que es más sencillo estar con menos cuando tienes a tu alrededor un universo abierto para disfrutar.
  • Buscar un colegio y unos amigos que apunten a lo mismo. La educación prohibida habla justamente de un modelo de educación imperante que les enseña a los niños a producir para consumir (retos, premios, competencias, castigos). No ha de ser una tarea fácil mantenerse al margen, pero sin duda se simplificará más si los mensajes son más o menos parecidos. Las recomendaciones de Simplicity Parenting pueden servir una cantidad.

Podría seguir con algunos, pero los dejaré para una entrada futura porque una pequeña duendecita acaba de despertarse. Nuestra vida, en cualquier caso, sigue fluyendo cada vez más tranquilamente. Y nuestra Irene sigue iluminando con sonrisas (a veces con protestas, cada vez más pocas). ¿Su vida cómo va? 😉 [Por cierto, un buen detonante de estos pensamientos fue el capítulo de esta semana -el 7- de Según Roxi. Menos, menos, menos. Aghhh]

22 septiembre 2012 at 15:47 5 comentarios

¿Y para qué juguetes?

Este video lo compartió Nuria en Facebook. No resisto la tentación de pegarlo acá. Creo que va muy en la línea de lo que estuve escribiendo en mis últimas entradas. ¡Gracias, Nuria, por regalárnoslo! La conclusión: los niños son unos genios, sólo nos necesitan a nosotros, no más.

7 septiembre 2012 at 07:16 1 comentario

Aprender y enseñar

La maternidad (o ma-paternidad, como suelo decirle) es sin duda un camino lleno de experiencias y aprendizajes tan profundos y variables que lo que hoy pensabas que era un hecho consumado, mañana puede presentarse como el nuevo punto de partida de un gran cambio. Pues bien, después de escribir un buen número de entradas sobre las complicaciones de la ma-paternidad, hoy me aventuro a decir que “en este momento de la vida” siento que nuestros aprendizajes se intensifican (plácida y felizmente) cada vez más: Irene es en todo el sentido de la palabra (sobre todo porque pregunta, comenta, opina, propone, refuta, habla) un interlocutor fundamental en nuestra vida y sus razonamientos, conclusiones, preguntas y acciones nos enseñan más que cualquier libro o comentario que pudiéramos haber tenido a mano. No descubro el agua tibia, por supuesto, pero creo que después de tanta “quejadera” bien vale la pena actualizar y compartir nuestra refundada paz.

Comienzo por lo práctico. Iniciamos esta semana nuestra prueba de un mes del prekínder ALAS. Llevamos sólo tres días, no hemos hecho todas las actividades sugeridas, pero trabajar a nuestro ritmo y descubrir, de un modo más sistemático, cómo opera la cabecita de nuestra chiquita (con ejercicios cotidianos de matemáticas, lectoescritura, vida práctica, estimulación de los sentidos y no sé qué más) ha sido una sorpresa monumental.

Obviamente, no es que antes no me diera cuenta de cómo va desarrollándose paulatinamente nuestra hija, pero confieso que descubrir y confirmar que espontánemanete, siguiendo nuestro propio ritmo, ella ha aprendido en general lo que se espera para su edad (razonamiento abstracto que le permite, por ejemplo, clasificar; comprensión de lectura para contar y recontar historias, imaginación para crear e inventar, motricidad fina para pintar -ahora sectorizadamente-, motricidad también para aprender a cortar con tijeras, habilidades de lectoescritura para tomar un lápiz y trazar una línea entre A y B y un largo bla, bla, bla) me ha sacado más de una sonrisa y me ha dado tranquilidad. Su interés desbordado por aprender, conocer y hacer cosas dan cuenta también de lo propio de su edad, ese deseo de comerse el mundo que caracteriza a los chiquitos y que nosotros, como cultura, solemos juzgar como inquietud excesiva, insatisfacción y deseos desbordados (¿desbordantes?) que se deben aplacar.

No creo, en cualquier caso, que seguir un programa educativo concreto (llámese escuela en casa o guardería o kínder formal o lo que sea) sea necesario. Sí pienso, no obstante, que tener la oportunidad de compartir este espacio con ella, en casa, de manera personalizada y con mamá como maestra y compañera, me ha sensibilizado aún más frente a las capacidades de aprendizaje de mi chiquita y a la naturalidad de sus ritmos. Y, claro, siento un poco de paz con respecto a los cuestionamientos que a veces nos circundan y rezan (de manera automática) un “¿ya va a la guardería? Pero todo niño lo necesita”. Confirmo la validez de nuestras opciones y tomo fuerzas para continuar.

Las escuelas matan la creatividad y “La maternidad me está matando”

Cierro con un par de cosas más (es un post desordenado, pero es lo que hay cuando tu hijo está a punto de despertar ;)): La educación prohibida (adjunta justo antes de este párrafo) y Según Roxi (con abrebocas al comienzo del post). La primera es una película documental muy comentada en las redes sociales, con descarga gratuita y una serie de entrevistas muy interesante que no dejaría de recomendar a cualquier padre. No habla de la escuela en casa como opción (y habría sido bonito incluirlo en su plan… a lo mejor en una segunda parte lo hagan), pero creo que sí invita a pensar, justamente, en el valor que tiene nuestra participación en la educación de los chiquitos (algo que me parece que va en mejor línea que una serie de “escuela de padres” que está llegando con el períodico que recibimos a diario en casa y que sataniza a los niños como demonios a los que hay que adiestrar). Puede verse online, en el link que está activo en su título, o descargarse en distintas versiones para verlo en casa. Nosotros optamos por lo segundo.

Con respecto a lo segundo, Según Roxi es una serie de videos argentinos que se están publicando semanalmente en internet (vía youtube) con el propósito de retratar (o al menos intentarlo) la vida de las mamás. Es divertido, extremo en algunos casos, pero también real. Digamos que ha casado perfecto en la línea de ese sinfín de cuestionamientos y dudas irresolubles que acompañan este camino.

(Dejo pegado también el segundo capítulo de Roxi. Me emocionó especialmente porque habla de todos los cuestionamientos que ahora pululan por acá).

Y no me alargo. Sé que más de una y uno sabrá a qué me refiero con este desorden de ideas ahora escrito. Estar cerca de nuestra chiquita, expresarle mis inquietudes y dudas, abrir espacios para aprender juntitas y dejar fluir nuestros propios ritmos han sido formas válidas de hacer camino. Y más sonrisas que lágrimas o deseperos nos han endulzado el recorrido.
PD. Acabó de ver el capítulo 5 de Según Roxi. Descubrí, para mi sorpresa, que la inspiración de la serie es un antinguo blog de maternidad que escribía su protagonista y creadora Julieta Otero. Así que vámonos preparando: a lo mejor en unos años vemos una serie similar con alguna de nuestras mamás. 😉 Más detalles sobre la serie y su historia, acá.

6 septiembre 2012 at 07:15 3 comentarios

Ritmo

Volver a bailar después de tantos, tantísimos años, redescubrir la sinuosidad de los movimientos y ver a nuestra chiquita gozar y fluir con ellos me ha hecho recordar lo importantes y necesarios que son los ritmos en nuestra vida: para respirar, para comer, para caminar, para pensar, para palpitar, para sentir, para amar. La lista podría ser infinita. Pues bien, así como en otro momento escribí una entrada sobre la rutina (otra manera de llamar al ritmo, quizás), hoy quiero hablar sobre los cambios recientes en nuestros ritmos y sobre la “música” de vida que ahora nos gusta danzar e interpretar. Tengo esperanzas de que con ellos muchas más cosas buenas vendrán. 😉

Imagen de Damien Frost, vía El blog alternativo.

Creo que lo he dicho otras veces: este año en nuestras vidas ha sido fundamental. Y pienso que en buena parte su importancia se centra en los ritmos. Ha sido un año de siembra y, sobre todo, de cosecha, un año de redescubrir, fundar, fluir e inventar. Ha sido un año para crear y, no sé si las palabras alcancen a ser precisas, ha sido un año para amar.

Estar juntos, palpitar juntos, crecer juntos, concebir y engendrar (no encontré un sinónimo más preciso para CREAR) nos ha reconectado como individuos, como pareja y como familia. Y la experiencia ha sido maravillosa, incluso a pesar de los cambios necesarios -que hacen parte justamente de ese “fluir” que implica el ritmo- en los movimientos, las cadencias  y la tonalidad de nuestro flujo vital.

No voy a extenderme en prólogos, pero la definición misma de ritmo ilustra en buena medida lo que sentimos. Y así como intenté fijar proyectos a comienzo de año para nuestra vida, la premisa central de FLUIR (que es justamente la raíz griega de la palabra: rheos) ha sido el eje central que ha permitido que este año sea tan especial.

Los flujos de la naturaleza (que a veces parecen esquivos a los sentidos en esta tierra tropical), los flujos emocionales y los flujos racionales se han ido asentando en nuestra vida casi en la misma medida en que hemos potencializado nuestros ritmos (debería decir nuestros poderes, pero la palabra suena esotérica a pesar de que la sensación de fuerza interna que genera me clava inevitablemente en ella). ¿El cómo? No sé. Intento fijarlo un poco en palabras y hechos concretos: con nuestro cuerpo más allá de nuestra mente, con nuestro sentir más que nuestro pensar.

Yo, como lo he dicho antes, con el baile (una de mis profesoras dice que la conciencia del cuerpo y la conexión de la música activa cada uno de los chacras de nuestro cuerpo); Irene siendo una niña (creo que su reconexión es mucho más espontánea que la nuestra y que actividades como jugar, estar al aire libre, bailar, cantar, etc., ayudan a ello. Cualquier desconexión o alteración de sus ritmos, ahora pienso, se deben a nuestro propio influjo en ellos); y papá por sí mismo, la conexión con sus ritmos y, quién lo diría, el encuentro con una médica maravillosa (además de nuestra hermana del alma) que le  ha hecho terapias de rolfing. No creo que estas sean las únicas vías de encuentro con nuestros propios flujos, pero sí considero que en nuestro proceso estos tres hechos han sido una ayuda fundamental. Agrego también que todos se pueden resumir como una reconexión con el cuerpo, que es un cambio sustancial en nosotros mismos y en nuestra perspectiva de la vida, tan occidental, tan precisa, tan racional [suspiro].

Y creo que podría seguir haciendo un listado de aspectos que nutren nuestra música y con ello nuestras cadencias: sembrar una huerta y ver, palpar, comer y sentir la generosidad de la naturaleza ha sido otra vía más. También estar cada vez más cerca de la tierra, de la luna, de mis propios ciclos femeninos. Nos falta un trecho inmensísimo, pero los resultados han sido invaluables. Esos sueños de comienzos de año (que incluían escribir como la ilusión central) se materializan más cada día. ¡Vale la pena fluir, danzar, amar! Quiero seguir encontrando nuestros ritmos, ahora especialmente con Irene. Les contaré cómo nos va (espero que menos etéreamente ;)).

[Gracias por sus palabras y su compañía de siempre. Un abrazo.]

Imagen de Eadweard Muybridge (sXIX).

23 agosto 2012 at 07:32 5 comentarios

“Yo no quiero que trabajes, mami”

¿Así o más claro? Con esa oración simple (expresada por Irene otras veces, en medio de llantos y discusiones, pero ante oídos ocupados y medio sordos de mamá) mi chiquita y la vida han resuelto el enigma de las crisis de mis anteriores entradas. El origen del demonio de Tazmania, en resumen, soy yo misma… bueno, yo o la atención perdida de mi hija -ahora que me parecía más independiente y más autónoma, menos demandante y más tranquila…

Ni los terribles dos ni los terribles tres ni la edad ni caprichos ni incomprensiones ni irracionalidad son adjudicables realmente a mi niña. Son inventos, quizás. O mejor: nuestra forma torpe y desconectada de entender una necesidad elemental y básica. Lo único que un niño necesita (yo misma lo he escrito en esta casita) es a sus papás. Y yo, que siempre he defendido esa crianza cercana, sin escuela ni nada que marque distancias, he caído en la falacia de ver en mi chiquita -que ahora camina sola, come sola, juega sola, habla como cotorra- a una personita independiente. Me necesita, apesar de todos esos logros. Porque es una niña y los niños necesitan a sus papás. Pretendo que entienda “mis necesidades” de tener otra vez una vida paralela (que es normal, que es humana, que a veces, no sé si psicológicamente, materialmente, profesionalmente, económicamente parece necesaria -insertar bendiciones a Simple Living como una forma d vida válida y necesaria aquí) a la de ser mamá. Pero no, estar disponible no basta. Al menos no solamente. Libros, trabajos, escrituras, pantallas y todo aquello que disperse la atención de mamá por periodos prolongados desata una crisis ya descrita que simplemente dice: “estoy aquí, te necesito, acompáñame” (es decir, “atiéndeme, juega conmigo, abrázame”).

Escribo esto y el corazón se me hace una uva pasa. No pretendo solidaridad ni látigo, simplemente quiero compartir esa respuesta directa y sencillísima -dicha ahora en nuestra cama, hace como una semana, al despertar y jugar con papá y mamá saludando, sonriendo, en medio de una felicidad y una tranquilidad total- que aclara definitivamente el panorama.

Y doy detalles de nuestra vida: Irene nunca está sola, siempre tiene un adulto disponible para ella. Si mamá trabaja en casa (ayudando a papá, casi siempre, o escribiendo -por ejemplo este blog, ahora a las 2 y 30 de la mañana-) no lo hace porque sea asalariada. Puedo dejarlo y ya está. Pero, claro, ese “trabajar” -que es lo que le he dicho a mi hija que hago, lo mismo que ella ha repetido que va a hacer, trayendo su computador de juguete para sentarse a mi lado, pidiéndome que ponga su mesita y su sillita al lado de la mía con un “mamá, yo también quiero trabajar” o cualquier variable similar- afecta mi disponibilidad: menos parque, menos juegos, menos conversaciones, menos estar juntas con los cinco sentidos puestos. Y la vida da razones que no vemos, así sea expresadas en gritos, reclamos o cambios de opinión repentinos, contradictorios e incomprensibles.

Hemos tenido días mejores, definitivamente. ¡Mejorsísimos! La solución, más allá de la disciplina positiva (que existe y creo que siempre ha primado en esta casa y que puede ayudar, sin duda, a enfrentar momentos de crisis demoníacas), ha sido dedicarle más tiempo y más atención a nuestra chiquita.

Así que no hay terribles dos, ni terribles tres (¡faltan un día para el cumpleaños de nuestra chiquita!), ni terribles nada. No es capricho, no es irracionalidad. Es necesidad de mamá (con todas sus letras, irremplazable por otro adulto disponible). Y eso, sin duda, es vital. No será fácil mantener la disponibilidad al tope, pero al menos ya tengo claridad sobre el enigma. ¿Vale la pena? Seguro. No sólo por estos mejores días, tranquilos, sosegados, felices, sino porque creo que las faltas o no de afecto (que estar disponible también es darlo sin condiciones) marcan el resto de la vida de un pequeño. Ya habrá tiempo para otras cosas, otros libros, otros oficios alternos (así sea en la madrugada, cuando un poquito de insominio nos hace levantar).

Estoy tranquila y feliz. Y, sí, no es un reto fácil, pero me gustan los “premios” (y esta solución final). Seguiré “transmitiendo”. 😉

Un abrazo y un gracias a todas por sus palabras.

PD: Ilustro esta nota con una imagen emblemática, del 22 de septiembre de 2010: la de la eurodiputada conservadora italiana Licia Ronzulli, quien llevó a su bebé a trabajar “para que pensemos en todas las mujeres que no pueden conciliar su vida profesional con su vida familiar”. No estoy en contra del trabajo, lo admiro y lo respeto, pero no puedo dejar de desconocer una cosa natural. Nos falta tribu y nos jode (perdón) el sistema en el que vivimos. Los niños, que no entienden ni de capitalismos ni de facturas por pagar, lo tienen claro: ellos sólo necesitan a sus papás. Cierro, para ¿dar esperanza? ¿acabarla? con una foto actual de esta misma diputada (y su hija) en la Eurocámara (si meten su nombre en Google y seleccionan imágenes, verán un montón de sesiones con chiquita a bordo más… ¿conciliación laboral?).

8 agosto 2012 at 03:04 6 comentarios

Curso de kinder o prekinder gratis por un mes en casa: ¿se animan a ensayar?

He hablado muchísimas veces sobre escuela en casa o homeschooling y casi siempre, a pesar de no ser una “practicante” formal del modelo, he expuesto las razones por las que pienso que es el sistema ideal para la educación de un pequeño. Pues bien, gracias a una oferta maravillosa de la Fundación Aprende con Alas (con Laura Castellanos a la cabeza, una mamá argentina que le enseña a sus hijas en casa) a partir del próximo 3 de septiembre probaremos su programa de pre-kinder en nuestra casita por un mes. Creo que es una muy buena manera de empaparnos del asunto, además de que puede ayudarnos -incluso si finalmente no considerarámos hacer escuela en casa- a organizar un poco nuestro tiempo juntos, sistematizar métodos, crecer jugando, compartir y, por supuesto, aprender. Cualquier persona interesada puede inscribirse y participar en esta maravillosa oferta: dejo datos y detalle a continuación para que sepan en qué consiste y se animen. 😉

Ésta es la invitación de Laura:

En abril de este año ALAS inauguró su Plan de kinder, pensado para familias que buscaban contar con material educativo, actividades y recursos para utilizar de manera libre y desestructurada. Hoy queremos contarte que a partir del lunes 3 de septiembre abriremos los nuevos planes de Pre-Kinder y Kinder online, que a diferencia del primero, están estructurados en semanas de trabajo.

Sabemos que se trata de tus hijos, y por ese motivo necesitas evaluar a detalle cada propuesta educativa que llega a tus manos para tomar la mejor decisión e invertir tu dinero de la  mejor manera posible. Por este motivo, queremos hacerte una propuesta:

¿Te gustaría probar cualquiera de nuestros nuevos planes de Pre-kinder o Kinder GRATIS por un mes, sin ningún tipo de compromiso, para conocer cómo trabajamos, la calidad de nuestras actividades y la dinámica de nuestras semanas de trabajo, y para evaluar cómo se adapta tu peque a nuestra visión de lo que consideramos el método ideal para educar en edades preescolares?

Si tu respuesta es “si” continúa leyendo; te va a interesar mucho conocer un poco más de estos planes:

Cada mes podrás ingresar a un aula virtual en la que encontrarás:

  • Planilla de horario semanal, en la que están distribuidas en forma estratégica las diferentes áreas a desarrollar: matemáticas, lenguaje oral, preescritura, coordinación viso-manual, comprensión y observación del medio, música y expresión corporal, atención y memoria, sensorial y vida práctica.
  • Lista de material que debes comprar y/o preparar en casa para abordar las actividades del mes.
  • Las 4 planificaciones semanales con las áreas y los temas correspondientes que se abordan cada día, para descargar e imprimir.
  • 20 planificaciones diarias con las 4 (pre-kinder) o 5 (kinder) actividades a hacer en el día, con la explicación detallada de cómo abordar cada actividad, el material imprimible necesario para hacer dichas actividades, el detalle de los materiales concretos a utilizar (que ya tendrán preparados de acuerdo a la lista de material del mes) y los recursos multimedia si fuera el caso.
  • Un foro para padres mediante el cual podrás hacer las consultas que quieras y comunicarte con otros papás.(Si utilizas o planeas utilizar el sistema de educajas, nuestros planes y planificaciones se adaptan perfectamente al sistema).

Nuestros planes de Pre-Kinder y Kinder están compuestos por 40 semanas de trabajo y tienen un costo mensual de 10 dólares (o su equivalente en pesos mexicanos), sin cuotas de inscripción, y con los beneficios de no pagar una anualidad y de pagar únicamente el mes en que vas a utilizar la plataforma (por ejemplo puedes dejar un mes sin pagar por el motivoque fuere y continuar al siguiente mes sin ningún problema).

Pero bueno, eso lo verás después. Ahora lo único que tienes que hacer para matricularte en forma absolutamente gratuita al primer mes de Pre-kinder o Kinder es responder a aprendeconalas@hotmail.com avisándonos que deseas probar nuestro Pre-Kinder o Kinder por un mes. Inmediatamente te enviaremos un pequeño formulario de inscripción y listo! Quedarás matriculad@ para iniciar junto a nosotros el lunes 3 de septiembre.

A comienzos de este año hice un curso de lectoescritura muy interesante con ellos, así que puedo dar buenas recomendaciones sobre la forma como funciona la plataforma y la calidad de las personas que me acompañaron en el proceso. No dudo que me encontraré con cosas similares en esta ocasión. ¿Se animan y compartimos aula a partir del 3 de septiembre? Me pareció una alternativa tan buena y generosa que no resistí quedarme sola con un regalo tan bello. 😉 Y, a pesar de que ya me había planteado estructurar más nuestro tiempo con Irene, en la práctica no lo hemos hecho tanto. Esta alternativa de seguir un curso, a nuestro ritmo, me parece genial. ¡A estudiar!

1 agosto 2012 at 08:32 13 comentarios

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