Posts tagged ‘parto medicalizado’

Nuestro parto (3): parto y alumbramiento en la clínica

Tras dar cuenta del preparto y el trabajo de parto en las entradas 1 y 2, creo que culmino hoy la historia de nuestro parto. Tal como decía antes, las cosas no fueron exactamente como me las imaginé, no al menos en sus pequeños detalles; pero el resultado fue plenamente satisfactorio, no sólo porque finalmente tuvimos a nuestra chiquita con nosotros, sino también porque nuestro preparto y trabajo de parto se desataron solitos, porque Irene y su mamita hicieron el trabajo juntas y porque mantuvimos la serenidad que queríamos, obteniendo como resultado -creo- una bebé tranquila y feliz de llegar al mundo. Los otros detalles, las conclusiones los dirán.

Como decía en el post anterior, el obstetra decidió, a pesar de mi dilatación casi completa (de 9.8 según el último tacto), romper membranas y ponerme pitosín. Yo, con toda la calma posible, traté de oponerme a ambas decisiones, pero lamentablemente no logré mis resultados. Según él, era mejor romper las membranas artificialmente (algo así como “para qué esperamos si a fin de cuentas se van a romper”) y debía ponerme la oxitocina química porque “la epidural ralentiza el parto”… y, claro, según sus ojos, supongo, con ello tendría un parto más controlado. Sus palabras fueron: “usted es MI responsabilidad”. Dejé ver mi cara de “no le creo” (sobre todo, la validez en ese instante de sus argumentos) y un puchero de decepción en mis labios. De nada valieron los 9.8 cms. de dilatación, ni la actividad uterina que se detectaba en el monitoreo, ni mi tranquilidad, ni mi solicitud, ni nada. Me pusieron la vaina ésa y en cuestión de minutos ya tenía mi sensación de pujo y pasé a la camilla de la sala de partos.

La sensación, como dije en un comentario del post anterior, fue desagradable, pues me era como si la droga me sacara un poco de mí. Debo decir que hasta ese punto (y hasta ahora, en cierta forma) no me arrepentí de haber aceptado la epidural, pues no perdí sensibilidad en mis piernas para pujar o tener conciencia de mis contracciones, pero si haberla aceptado significaba a los ojos del médico la obligatoriedad de meterme el pitosín… habría soportado los dolores (bueno, eso digo yo que al final no los sentí). No tenía ningún control o conciencia natural de lo que ocurría en mi cuerpo, pues me sentía desconectada del flujo de contracciones que tenía. Todo resultaba tan artificial, tan una cosa encima de la otra, que pujar era una obligación insoportable… algo así como “sáquenme eso ya”. Algo muy lejano de lo que había pensado.

No sé si me equivoque al adjudicárselo al químico, pero esos momentos no fueron agradables sino hasta que la chiquita asomó narices y dejó saber con su llanto que se iba a quedar. En ese instante, todas las sensaciones se concentraron en ella, en el calor que sentí al tener sobre mi vientre su cuerpecito (es increíble cómo nacen de calientitos), en la canción que le cantaba (“corazón de melón, corazón, corazón de melón”) para que me reconociera y supiera que era yo quien estaba allá con ella, en la bienvenida que quería que sintiera desde ese instante. Y, claro, en mi paz: esa misma que ella me había dado a lo largo de esas 4o semanas y que ahora yo quería darle a ella hasta la eternidad. Ahí no valieron ni las luces, ni los químicos, ni nada. Otra vez el mundo era sólamente nuestro. Por eso siento, al menos, que valió la apuesta que hice y que mi voto de confianza irrevocable por nosotras nunca nos iba a fallar. Sólo faltaba poder cogerla con mis brazos, recostarla sobre mi pecho y entregársela a su papito. Las dos primeras cosas pude hacerlas pronto. La tercera sólo pude hacerla un par de horas luego, tras el alumbramiento de mi placenta (hermosa, viva, roja-roja-roja), tras la sutura de un pequeño desgarro, tras esperar a que pasaran un poco los efectos de la epidural (intensificada luego del nacimiento de Irene para poner los puntos), tras la puesta en orden de todos los protocolos requeridos por las enfermeras (medida, peso, huellas de los píes, vitamina K para la pequeña, vestidito y demás), tras tener a Irene a mi lado y darle pecho por primera vez, tras vivir en un par de horas una eternidad… Sólo entonces, a eso de las 12:30, salimos al gran encuentro con mi amorcito y la futura madrina de la chiquita. No hay palabras para describir nuestra felicidad.

En resumen: así fue nuestro parto. Me hubiera gustado intentar tener un parto en casa, pero creo que en mi país las condiciones, aún, no están dadas. De todas formas, me siento satisfecha por cómo culminaron las cosas, pues en cualquier caso logramos tener un parto espontáneo y vaginal (no diré natural por aquello de los químicos… pero casi casi). De otro lado, concluyo:

* El parto es una cajita de sorpresas y nosotros, como madres, estamos dentro de ella. Podemos optar por hacer de ese instante una fiesta (al menos dentro de nosotras mismas, llenándonos de confianza, paz y tranquilidad) o un encierro.

* Hay una conexión con nuestros chiquitos que se da desde el vientre mismo y que puede verificarse, confirmarse, fortalecerse, respaldarse en el momento del nacimiento y en los momentos posteriores de reencuentro. Yo, al menos, así lo sentí: desde  mis tres meses de gestación (o incluso antes, quizás) le canté a Irene la misma canción, todos los días, al ducharme. Al nacer, lo primero que hice fue cantarla de nuevo y vi cuáles fueron sus efectos, pues mi pequeña inmediatamente dejó de llorar para concentrarse en ella. Creo que gracias a esa canción supo que ése era su lugar. Sospecho, entonces, que todo lo que le hablé, todo lo que sentí, todo lo que la amé y la pensé durante las 40 semanas se mi embarazo valieron la pena y construyeron esa relación que hoy fortalecemos. Igual, pienso, ocurre con los papás, porque ella busca al suyo cuando lo oye hablar, porque le sonríe y lo mira como si siempre hubiera estado al lado suyo (lo estuvo, de hecho. Y ella, sin duda, lo sabrá).

* La naturaleza es sabia y organiza en un orden perfecto e incomprensible sus cosas. La medicina, por el contrario, parte de la incertidumbre y la incredulidad. Es una pena que no seamos lo suficientemente sensibles para reconocer ese hecho y permitirle a la vida tomar su curso. Por nuestra parte, como pacientes, lo mejor que podemos hacer es ser conscientes de ellos y dar al menos nuestra cuota de tranquilidad. Ah, en el caso de un parto podemos hacer algo extra: esperar prudentemente a que llegue el momento, preparar con ejercicio nuestro cuerpo y darle fundamentos a nuestra mente (informativos, sobre todo) para saber cómo puede ocurrir todo. No sobreinformarnos, pero sí aprender lo que sea necesario. Ojalá, por esa vía, nos acerquemos cada vez más a partos humanizados, respetados y no medicalizados. Sería un triunfo para todos: madres, bebés, papás y sociedad.

* Habrá otros dos post “familiares” de éste: uno de postparto y otro de lactancia. Ya llegarán, creo, la próxima semana. Por ahora, cierro con una sonrisa en la cara y con mi pajarita (que también parece un gato porque no deja de ronronear) en su cunita, esperando a su mamá. Gracias a todos por sus comentarios. Creo que esta historia, cuando menos, le quedará a la pequeña para la posteridad.

😉

Un abrazo.

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3 septiembre 2009 at 14:56 4 comentarios

¡¡¡Llegó Irene!!!

Este domingo 9 de agosto a las 10:24 de la noche (colombiana) asomó sus narices al mundo nuestra pequeña Irene.

Pesó 3320 gramos y midió 51 centímetros. Tal como lo presentíamos, es un derroche de serenidad, amor y paz. Ha llenado nuestros segundos de la felicidad más infinita, demostrándonos el milagro de la vida y la posibilidad de que el infinito y la eternidad tienen lugar también en este lado del cosmos.

Como supondrán, estamos dedicados (feliz y plenamente) a cuidarnos, a contamplarnos, a reconocernos (porque te conocemos de hace tiempo) y a amar. Desde este espacio caserito los tendremos presentes a todos, sintiendo su compañía constante y su cariño. Una vez pasemos la “dieta” de rigor -una cucharadita de paciencia y mucho amor ;), claro que siendo honestos, la paciencia aquí ni hace falta porque está en nuestra Irene encarnada- volveremos a estas tierras para contarles cómo ha salido todo. En un resumen rápido diremos que, a pesar de que algunas circunstancias difirieron de nuestro plan de “parto no medicalizado”, tuvimos un parto maravilloso, natural, rápido y feliz: llegamos a la clínica con 8 centímetros de dilatación (para nuestra propia sorpresa) y con una chiquita vital y deseosa de abrir sus ojitos al mundo. 😉

Aquí quedan unas imágenes de nuestra pequeñita, la concreción perfecta de nuestra felicidad actual. Quedan en su casa… con su anfitriona a bordo.
Un abrazo,
A.

13 agosto 2009 at 05:07 18 comentarios

Un parto necesita, sobre todo, AMOR

Lo prometido es deuda. Como continuación a nuestras últimas dos entradas, hoy tenemos una entrevista corta a Michel Odent, un obstetra francés, autor de varios libros sobre el parto (entre otros, tiene Nacimiento renacido, El bebé es un mamifero, La vida fetal, el nacimiento y el futuro de la humanidad; Ecología prenatal, El granjero y el obstetra, La cientificación del amor y La césarea). Adicionalmente, es fundador del Centro de Investigaciones Primarias de la Salud en Londres, encargado de estudiar la correlación entre lo que ocurre durante el período primario y la salud y comportamiento posterior en la vida. En esta entrevista plantea, entre otras cosas, por qué deben evitarse las intervenciones durante el parto, cuáles son algunos de los efectos que producen las mismas y qué se puede lograr si en su lugar se deja trabajar al cuerpo, con sus químicos y su amor.


“Más que humanizar el parto hay que mamiferizarlo”: Entrevista a Michel Odent, prestigioso ginecólogo francés, pionero en la promoción del parto fisiológico y precursor hace tres décadas de las bañeras de dilatación, ha hablado sobre la importancia de lograr partos menos medicalizados y mucho más naturales, o como él los llama, más cercanos a los de todos los demás mamíferos, más “mamiferizados”.

P: Cuando habla de la importancia del amor en el parto, ¿a qué se refiere?

R: El amor ya no es tema exclusivo de poetas, filósofos o novelistas. Hoy lo estudian científicos de muy diversas disciplinas y han llegado a una conclusión: la importancia que tiene todo lo que sucede en el inicio de la vida para desarrollar la capacidad de amar. Es fundamental no perturbar demasiado el parto para que madre e hijo puedan desarrollar ese amor.

P: ¿No perturbar el parto significa no medicalizarlo y humanizarlo más?

R: Más que humanizar, yo hablaría de “mamiferizar”. Para que un parto sea fácil, hay que redescubrir las necesidades básicas que compartimos con todos los mamíferos. Y todas las hembras, para segregar oxitocina, esa hormona del amor que hasta hace poco se necesitaba liberar para poder dar a luz, necesitan sentirse seguras y que su nivel de adrenalina sea muy bajo.

En la selva, si una hembra está a punto de dar a luz y se da cuenta de que tiene un depredador cerca, segregará adrenalina para poder defenderse y retrasará el parto para cuando se sienta más segura. Los mamíferos necesitan sentirse seguros y no observados para dar a luz.

P: ¿Un parto con médicos, oxitocina sintética, epidural, cesárea… no es más fácil?

R: No, la epidural es un medicamento que sustituye a las endorfinas, lo mismo que la oxitocina sintética sustituye a la natural. Todos estos medicamentos hacen el papel de las hormonas que las mujeres no pueden segregar porque no se encuentran en un entorno adecuado. Hoy en día no solo no las pueden liberar las parturientas que dan a luz por cesárea, también muchas de las que tienen un parto vaginal, al usar sustitutos farmacológicos de estas hormonas del amor. El problema es que estos sustitutos no producen efectos sobre el comportamiento y alteran el curso natural del nacimiento, un momento crítico en el proceso del desarrollo de la capacidad de amar.

P: Entonces, ¿cuál es el mejor entorno?
R: Después de llevar más de medio siglo participando en nacimientos, puedo resumir mi aprendizaje en pocas palabras: un parto será más fácil y rápido cuanto más sola esté la mujer. Solo necesita una comadrona que tenga experiencia y una actitud maternal y que se mantenga en silencio. Es el mejor entorno para liberar la oxitocina, que es una hormona tímida y no aparece si hay muchos espectadores.

Autora: L. Artiz. Sitio Oficial: Ser Padres

8 julio 2009 at 12:06 1 comentario

“Un parto humanizado, un parto más natural”: a propósito de los partos medicalizados

Navegando en la red me encontré un artículo que resulta muy oportuno para mis planteamientos del post anterior, sobre los partos medicalizados. Es un texto publicado en Ser padres y referenciado en un blog llamado Beso de amor, que habla sobre las prácticas comunes en los partos medicalizados, contrastadas con el proceso de un parto natural. Como decía la semana pasada, creo que todas las madres tenemos derecho a (y quizás, también tenemos el deber de) estar informadas sobre cómo puede ser un parto y sobre las implicaciones que pueden tener algunas prácticas que se asocian en ocasiones al mismo. Dejo, por lo tanto, el texto “Un parto humanizado, un parto más natural” con la esperanza de que esta puesta en común ayude a algunas madres a tener un parto seguro, así como a los chiquitos que vienen en camino y a sus papás a cambiar la percepción de las cosas, confiar más en la naturaleza y vivir esa gran llegada al mundo como un momento real de felicidad. 😉

“Un parto humanizado, un parto más natural”

Las mujeres piden que se tengan en cuenta sus preferencias al dar a luz a sus hijos y buscan partos naturales. También hospitales y clínicas están cambiando sus protocolos para no entorpecer un acto íntimo y personal.

En realidad, el parto se considera un acontecimiento más de la vida sexual de la mujer y como tal se debe tratar. Si no se detectan complicaciones, lo ideal es que el profesional vigile adecuadamente, pero en un discreto segundo plano, interrumpiendo lo menos posible.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que muchas de las prácticas que se han venido utilizando en los partos normales no son necesarias. Añade que incluso algunas de ellas pueden resultar también perjudiciales. Entre otros puntos cuestiona:

  • El rasurado y enema;
  • Poner un gotero y meter oxitocina;
  • Que la mujer de a luz tumbada e inmovilizada;
  • Pujos dirigidos en el expulsivo;
  • Medicación para expulsar la placenta, siempre;
  • Explorar el útero por dentro, tras el parto.

Avances médicos

Episiotomía

Este corte en el periné se ha estado realizando durante muchos años para facilitar la salida del bebé. Se creía que prevenía las lesiones en el suelo pélvico y la incontinencia de orina.

Hoy, casi todas las maternidades están reduciendo su uso al mínimo, porque se sabe que, salvo excepciones, la episiotomía es innecesaria y produce más lesiones, dolor y secuelas que las que intenta prevenir. Es mejor correr el riesgo de un pequeño desgarro, que un corte más profundo. Los desgarros que siguen las líneas naturales de tensión del tejido cicatrizan con mucho menos dolor y la mayoría de las veces solo afectan a la piel. La episiotomía corta también los músculos y puede producir problemas en las relaciones sexuales y secuelas dolorosas.

Oxitocina sintética

El empleo de oxitocina , la hormona artificial que imita la que se produce en el cerebro, se debe reservar solo para cuando realmente el parto se detiene o hay problemas. La oxitocina sintética impide que se segreguen endorfinas, los opiáceos naturales u hormonas del placer que el cerebro produce a la vez que la oxitocina natural, y que ayudan a la madre y al bebé durante el proceso.

Monitor fetal

Si una futura madre decide no ponerse anestesia epidural y el parto no se fuerza con oxitocina, no es necesario que permanezca atada a las correas del monitor fetal. Puede pasear o darse una ducha caliente si lo desea. Es suficiente con una auscultación del latido del corazón del bebé de vez en cuando.

Tacto vaginal

Cuando una matrona es experta, puede llegar a detectar cómo avanza el parto sin someter a la futura madre a un número excesivo de tactos vaginales. Aumentan el riesgo de infección, si no son necesarios.

Rotura de la bolsa

La rotura artificial de la bolsa ayuda a desencadenar o estimular un parto si es necesario, pero es perjudicial cuando no hay motivo, ya que se producen más infecciones, las contracciones son más dolorosas y se priva al bebé del almohadillado que crea la bolsa en el canal del parto. Algunos afortunados llegan a nacer ¡con la bolsa sin romper! Dice la tradición que esto da buena suerte.

Cesárea

Existe un preocupación seria por el aumento exagerado de la tasa de cesáreas (hasta un 25%). Según la OMS, no debería ser mayor de un 15%, aunque algunos centros han conseguido bajarla hasta un 10-12%, sin arriesgar la vida del niño o la madre. Los médicos temen las demandas judiciales, y algunas mujeres la piden sin saber que tiene más riesgo de muerte, problemas y secuelas.

No forzar los partos, dejar que las mujeres con una cesárea anterior intenten un parto vaginal y respetar el ritmo natural del proceso sin entorpecerlo, reduce las cesáreas a las realmente necesarias.

Inducción al parto

Los partos inducidos presentan más complicaciones que los que empiezan solos y muchas más probabilidades de acabar en cesárea.

Se ha dejado de inducir el parto por sistema a:

  • Todas las mujeres con diabetes gestacional no complicada;
  • Con la placenta calcificada;
  • Con bebé grande (mejor esperar a que se ponga de parto);
  • A madres un poco bajitas o con niños pequeños pero dentro de límites normales, si están creciendo a su ritmo.

La postura

Expertos de todo el mundo se asombran de que en algunos países, como España, las mujeres sigan pariendo tumbadas boca arriba. Es la postura más incómoda para empujar y dificulta la llegada de oxígeno al bebé, ya que comprime el riego sanguíneo.

El niño encuentra mejor su camino si la madre está en posición vertical, y la pelvis se abre más si la mujer adopta la postura que «le pide el cuerpo», con frecuencia en cuclillas o a cuatro patas.
Muchos hospitales están introduciendo en sus paritorios pelotas grandes de goma, sillas bajas de madera, camas amplias y cómodas o camillas que se pueden poner en posición vertical.

Cambios en el entorno

Contacto con el recién nacido

Todo bebé sano nacido a término sin problemas debería permanecer con su madre en contacto piel con piel, sin separarlo ni siquiera para hacer los controles habituales.

Estos se pueden realizar encima de la mujer ( test de Apgar, aspirarle los mocos si lo necesita…) o posponer (pesarle, tomar huellas, vitamina k, pomada en los ojos que impide ver a mamá…).

¿Por qué es mejor?

Encima del pecho desnudo de su madre el recién nacido no pierde temperatura, tiene menos bajadas de azúcar y su cerebro no se ve dañado por las hormonas del estrés que segrega si llora de miedo y soledad en una cuna.

La madre es la mejor incubadora para los prematuros, según demuestran las investigaciones del método canguro. El contacto inmediato tras el parto favorece el buen inicio de la lactancia materna y el vínculo hormonal y emocional entre madre e hijo. La primera hora de vida es un momento mágico e irrepetible, en el que madre y bebé se enamoran, y no debe suprimirse sin motivo. No se debería separar a una madre de su hijo sin su consentimiento.

Partos naturales en hospitales

Algunos hospitales están empezando a ofrecer la opción de un parto natural en el propio centro. otras ofrecen partos no medicalizados en algunas maternidades públicas. A diferencia de lo que ocurre en países europeos, como Alemania, en España y en otros paises existen pocas «casas de parto» (centros donde la mujer da a luz en un entorno agradable, similar al de su casa, controlada por una matrona, que da mucha tranquilidad y facilita el parto).

Dar a luz en casa con los controles adecuados es seguro, siempre que se cumplan unos requisitos de salud de la madre, cercanía a un hospital… Es esencial elegir una matrona bien preparada.

Podrás encontrar información en http://www.nacerencasa.org/

Dar a luz acompañada

La mujer tiene derecho a estar acompañada en el parto por la persona que ella elija, que no siempre será el padre del niño.

Una opción son las doulas, que acompañan a la madre durante las labores de parto si no cuenta con ningún familiar cercano que pueda apoyarla en esos momentos. Se ocupa de ayudar en pequeñas cosas que hacen sentirse a la mujer más cómoda (cuidados, masajes, etc).
En otros paises es habitual que la futura madre exprese en un escrito qué practicas desea evitar y realizar en su parto, dejando al profesional la opción de actuar en caso de complicaciones. En algunos países, el hecho de que la futura madre presente un plan de parto suele poner en guardia a los profesionales de los hospitales, que ven cuestionado su buen hacer profesional.
La mujer tienen derecho a elegir qué pruebas les van a realizar, o a rechazarlas, como en cualquier intervención médica. El plan de parto sería como una especie de consentimiento informado, que actualmente firma toda persona que entra en un hospital para cualquier acto médico.

Más información sobre el tema en la organización el parto es nuestro.

Autora: Pilar de la Cueva, ginecóloga.

PD: He encontrado un par de textos más (en las mismas fuentes donde estaba este artículo) que me tomaré el atrevimiento de publicar a lo largo de esta semana… para que tengamos opción de pensar, en serio, en los beneficios de un parto natural. No sé cómo caminen las cosas cuando llegue el momento, pero confío, al menos, que estar informadas nos servirá a Irene, a su papá y a mí a sentirnos seguros en este proceso, verlo como un momento feliz, a pesar de su costo, y acudir al centro médico cuando el momento esté próximo a llegar.

7 julio 2009 at 15:09 8 comentarios

¿Por qué dudo de la necesidad de partos medicalizados?

Como la mayoría de las mamás primerizas, una de mis mayores inquietudes se relaciona con el trabajo de parto (y con el parto como tal).  Y no sé si por necedad (mi muchachín dice que -en general- tanta información circulando puede terminar por atafagar el cerebro y bloquear, incluso, la capacidad de razonar) o por necesidad, he buscado datos, comentarios, conceptos médicos y documentos que me ayuden a aclarar el panorama para saber cómo puede ser un parto y qué opciones puedo considerar. La conclusión, hasta ahora, es simple: no quiero un parto medicalizado innecesariamente, pues creo que la naturaleza es sabia y que no seré ni la primera ni la última mujer en ser mamá.

Quizás lo que escriba hoy no tenga nada que ver con lo que piense mañana y mucho menos, tal vez, con lo que piense después de que nazca mi bebé. En cualquier caso, creo que vale  la pena escribir ahora, justo antes de que todo llegue a su término, para desahogar palabras, emociones, temores, sentimientos. No haré análisis médicos, pues no estoy capacitada, pero sí dejaré algunas inquietudes que rondan mi cabeza y que explican, en parte, por qué insisto en la búsqueda de un parto natural, en principio, más amoroso, menos traumático y más saludable para la madre y el bebé.

Esta semana cumplimos, si mis cuentas no se enredan, 35 semanas de embarazo, es decir: cada vez estamos más cerca de las 38 que indican término. Los médicos hablan de una gestación “total” cuando llega a las 40 semanas, pero aclaran que las madres primerizas (entre las que me cuento) pueden tener su parto dos semanas antes o dos semanas después de ello. Como quien dice: ahora sí el reloj va en conteo regresivo y la pequeñita estará mostrando sus narices en algo así como un mes.

¿Qué puedo esperar del parto? No sé. Que mi hija nazca, para ponerlo en los términos más elementales del asunto. ¿Y si los pongo en los del deseo? Pues que nazca tranquila, feliz, bien… Me niego a creer que la llegada al mundo tenga que ser algo traumático. No quiero con ello, por supuesto, desconocer sus posibles complicaciones ni las dificultades por las que muchas madres han pasado, pero sí quiero suponer que hay un orden natural que existe desde el comienzo del mundo y que ese orden, así yo no lo entienda, tiene una razón de ser. Cualquier intervención que se le haga tiene que traer consecuencias: ¿sobre qué criterios debe actuarse entonces?

Un parto respetado

Como se ve en el video, ésta es una discusión que existe hace rato y que tiene, entre sus actores, asociaciones como la OMS (que hace algunas recomendaciones puntuales sobre el parto), fundaciones internacionales y hasta gobiernos que hablan abiertamente de derechos (de elección en el momento del parto) y defienden los partos naturales sobre las cesáreas, reconociendo el riesgo que puede tener sobre la madre y el niño cualquier intervención. Una cosa son las complicaciones y otra las facilidades que puede brindar, desde una perspectiva médica, “saber a qué atenerse”, es decir, controlar desde la medicina misma un proceso natural que tiene variables desconocidas hasta el momento mismo en que se presente.

Aclaro, en cualquier caso, que no soy enemiga de la ciencia. De hecho pienso que es una ayuda maravillosa para el ser humano… pero también creo en la naturaleza, en su orden, en su sentido, a sabiendas de que casi nunca somos los suficientemente perceptivos para entender cómo funciona y que ese desconocimiento puede producir temores a más de uno.

Pregunto, entonces (como en este otro video): ¿por qué cada vez se programan más cesáreas? ¿Por qué rutinariamente se utilizan medicamentos, como oxitocinas sintéticas, para acelerar el proceso de dilatación? ¿Por qué NO existen en la mayoría de centros de atención médica de los partos alternativas distintas a la camilla o “el potro”, como le dicen en algunos países, para parir? ¿Por qué no se informa a las madres sobre posiciones en el momento del parto distintas a la horizontal? ¿Por qué se “conectan” mujeres en trabajo de parto, limitando su movilidad y haciendo, en consecuencia, más difícil la búsqueda de posiciones y movimientos que relajen su cuerpo y le permitan tener un trabajo de parto más sencillo y cómodo? ¿Por qué, incluso, se aísla a la madre de su familia, llevándola a espacios fríos, más cercanos a la atención de enfermedades que a la culminación de un proceso natural? ¿Por qué se suministra “naturalmente” (sin consultar a la madre en muchos casos o presionándola para que lo acepte) anestesia epidural? ¿Por qué se realiza con tanta frecuencia la episotomía (corte en los labios) y no se buscan alternativas diferentes como un parto vertical?

No sigo, aunque podría haber muchas más inquietudes que pasan por cómo se le da la bienvenida al mundo a ese pequeño, si se le entrega a la madre inmediatamente y se le permite que busque por sí mismo el pecho y un largo etcétera que podría no acabar. Puede -y ojalá- que estas no sean las circunstancias comunes, pero ¿hay suficiente información o instrucción a las madres sobre cómo puede ser un parto que le permitan tomar decisiones sobre el mismo? Así como el embarazo es una etapa de la vida (y no una enfermedad), el nacimiento es un proceso natural que tiende a complicarse cuando lo intervenimos sin necesidad. Información y videos al respecto pueden encontrarse en todos lados. Algunos de los más reconocidos (y recientes) son The Bussiness of Being Born (del que a continuación pego un fragmento) y Orgasmic Birth (del que también pueden encontrar trailers y demás en Youtube). Creo que toda madre debería verlos o, al menos, informarse al respecto.

Nuestra sociedad le ha dado la espalda a un momento de la vida que es trascendental, no sólo por lo que significa, si no porque es un regalo mismo de ella. Del mismo modo que nos emocionamos ante un regreso o una visita, deberíamos tener la libertad de sensibilizarnos ante un nacimiento, con la alegría y la incertidumbre que el mismo conlleve. Puede que no sepamos cómo ocurra, pero… ¿si pensamos en el milagroso fin que nos espera, si tenemos presente que nos hemos preparado durante nueve meses para ese encuentro, si nos conscientizamos de esa jornada de acercamiento que hemos tenido con esa personita, pedacito nuestro que salta y vibra en la “barriga”… no cambiaría nuestra perspectiva? Yo, al menos, quiero sentir a plenitud esa llegada, con la certeza de que ése es mi viaje a Ítaca y que Irene llegará, ansiosa, para compartir con nosotros otro buen pedazo de trayecto. No quiero alterar su arribo: quiero que ella misma decida su momento.

¡Feliz comienzo!

🙂

P.D: El video con el que abro esta entrada es un comercial publicitario de una marca de colchones. Sé que no suena muy ortodoxo, ni mucho menos, pero me parece válido como testimonio de un parto natural. En varios países europeos los partos en casa son bien vistos (incluso incentivados por los gobiernos mismos, que los regula y promueve ofreciendo capacitación y personal ídoneo para atenderlo). En Colombia esas alternativas son casi impensables (al menos si se tienen los recursos para recibir atención médica), pues no cuentan con ningún soporte oficial para hacerlo. En un caso y otro, lo que quiero resaltar con ese video, especialmente, es el hecho de que sí es posible hablar de un parto natural, respetado, humanizado, sin intervenciones. ¿Si el embarazo ha sido un embarazo tranquilo y sin complicaciones, no es lógico que se pueda dar?

PD2: Hay algo que no menciono en el texto pero que me parece válido en esta entrada, aunque sea al cerrar: curiosamente uno de los puntos comunes que he encontrado en los textos que he leído (y en los videos y en las conversaciones con madres, médicos, entre otros) es que una vez se interviene con algo (por ejemplo, una vez se usa la epidural o una vez se aplica oxitocina sintética o una vez se rompen aguas artificialmente, etc., etc.,) la necesidad de intervenciones siguientes viene en cascada, trayendo como consecuencia un camino muy lejano al parto natural. Esos son los partos medicalizados a los que me refiero: aquellos en los que no dejamos que el bebé y el cuerpo de la madre alcancen su propio ritmo. Sé que el tema es discutible o al menos inquietante, por eso lo planteo acá.

2 julio 2009 at 08:31 8 comentarios


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