Archive for octubre, 2009

Nuestro casi primer chuzón

El viernes pasado fue día de vacunas en mi hogar: penta (DPT, Polio, Hepatitis B e Influenza) y Neumococo fueron las requeridas… Quedó pendiente el rotavirus (que creo que no se lo pondremos, de acuerdo con el consejo de un médico que dice que no es necesario por estar la pequeña en casa la mayor parte del tiempo y tomar leche materna. Sé que es riesgoso, pero confío en su criterio). Confieso que estuve muy angustiada, pero para mi fortuna no hubo ningún efecto secundario. Optamos por vacunas acelulares (o de virus atenuados), que aunque tuvimos que pagar de nuestro bolsillo, suelen tener menos efectos colaterales. Ahora, las preguntas: ¿será excesivo ponerles tantas vacunas a los pequeños? y ¿por qué en nuestros países no todas son gratuitas?

Y empiezo por aclarar el título: el casi se debe a que a mi chiquita le pusieron cuando tenía menos de 24 horas de nacida dos chuzones más: la vacuna contra la tuberculosis, que le dejará la cicatriz típica, ahora en su espaldita, y la de hepatitis B, que se la pusieron en el muslito. También la chuzaron para ponerle sus aretitas y para hacerle dos veces la prueba de la tiroides que, por fortuna, finalmente salió bien, y le dieron una vacuna en gotitas, contra la poliomelitis. Ahora cumplió con su rutina de vacuna de los dos meses y la siguiente será al cumplir los 4. ¿Conclusiones? Vamos a ver. (más…)

30 octubre 2009 at 10:54 3 comentarios

Irene… y su bla bla bla *)

Los bebés sí dicen agú… Y un sinfín de balbuceos, comentarios, risas, gestos… Mi Irene ya está llena de ellos y no deja de sorprendernos ni un segundo. Con dos meses y medio de edad, esta chiquita se mira las manitos insistentemente, alza sus puños al cielo como queriendo mostrarnos algo, observa todo, incluso, algunas veces, con ojos desorbitados, atiende a nuestras palabras, reconoce a las personas y se emociona. Es, en definitiva, una chiquita hermosa que tiene enloquecidos a sus papás -y a unos cuantos más 😉 Por eso, y para no olvidarnos nunca de ese sinfín de agugús y gestos, guardo en casa un video (casero: la camarita no da para más). En mi opinión, está como para comérsela a besos. Chiuck

26 octubre 2009 at 20:10 6 comentarios

Las bondades del ruido para dormir ;)

La última vez que hablé del sueño de los pequeños fue para contarles sobre las dificultades que mi Irene tiene en el día para dormir. Hoy lo hago para señalar mi sorpresa al descubrir que mientras más ruido tenga alrededor mi chiquita, en el día, más fácilmente puede dormir. ¿Casualidad o norma?

Todo empezó a confirmarse la semana pasada, cuando Irene asistió a su primera piñata. Era miércoles y la pequeña llevaba, como es usual, una larga suma de siestas no hechas, acentuadas, además, por dos días de incomodidad y cambios que le adjudico a la falta que le hacía su papá, que estaba desde el lunes en un viaje de trabajo.

Llegamos al sitio en la tarde, a las 3 pasadas, cuando ya buena parte de los pequeños estaba corretiando de un lado para otro. Mi chiquita llegó dormida, pues justo cuando tomé el ascensor de mi edificio para salir, cayó en un sueño profundo… que seguramente duraría otros cinco minutos. La llevé a la mesa de las mamás y la dejé allí al cuidado de una de ellas mientras ayudaba a mi amiguita del alma con los pasabocas de la fiesta.

El número de niños fue creciendo y con ellos los gritos, las risas, la música, el número de mamás y sus puestas al día y el ruido en general. Pasada una media hora, Irene abrió los ojos, miró todo con atención, pasó a mis brazos y comió. Se quedó despierta, sentadita en mis piernas, mirando a los niños reunidos en un círculo, respondiendo con gritos felices cada pregunta de los recreacionistas. Mi chiquita se río, gritó, manotió (debo decir, por cierto, que es una leo típica, que adora las fiestas, el ruido y la música… nada heredado o aprendido en mi casita, donde disfrutamos de los sonidos de la naturaleza por pura costumbre ya asentadísima). Cuando vi su felicidad y emoción, decidí sentarme en la mesa de los chiquitos, más cerca de donde estaban ellos, con el propósito de gozar al ritmo de ella y propiciar que, al tenerlos más cerca, interactuara más. Vimos títeres, comimos helado, nos reímos, bailamos… Y fueron pasando los minutos hasta que dieron las 5:00 p.m. y, como era de esperarse, salió a relucir su cansancio.

Salimos al parque que circundaba el salón, caminamos, hablamos, pero mi niña no se durmió. Volvimos al recinto y caminamos otro ratito (ella, todo el tiempo en mis brazos), hasta que la peque cayó… ¡Irene se durmió nuevamente a pesar de (¿o quizás por?) la música, los gritos, las risas y el barullo de las conversaciones! La pasé a su sillita y siguió profunda por otra hora, hasta que salimos de la fiesta y se montó en el carro para ir a su casita. Ahí sí, acompasada por el ruido del motor, abrió los ojos. Y al llegar, lloró un poco (estábamos un tris pasados de su hora habitual de la rutina nocturna), comió y durmió. Pensé que iba a despertarse pronto por la gran estimulación que había tenido en la fiesta, pero no, pasó la noche como siempre, con sus despertares habituales y sus tomitas de leche.

Yo, por supuesto, me siento agradecidísima de que mi hija no sea hipersensible y que pueda dormirse en cualquier circunstancia. De hecho, creo que hemos tratado que duerma en el día con los ruidos habituales de la casa (pero ya he dicho que la nuestra no es especialmente ruidosa), pero me sorprende descubrir, casi como si la norma fuese justo la contraria, que mi chiquita se relaja y se duerme más fácilmente en medio del barullo. En más de una ocasión, tras pasearla por toda la casa y mecerla y arrullarla con un “shhhh”, he terminado por ponerle música fuerte (pop, bossa nova, flamenco,…), mucho más efectiva a la hora de dormir

Pregunto entonces: ¿será casualidad o empezará a ser norma? Y aclaro que ninguno de los ruidos con los que últimamente mi niña se duerme son ruidos blancos, repetitivos (de secador, agua corriendo o lavadora)… No, no, no.  Son ruidos variopintos, más cercanos a una fiesta que a un motor. Obviamente, no es que sean infalibles: Irene sigue siendo una chiquita más diurna que nocturna, con dificultades para dormir en el día y con unos sueños profundos en la noche -de hecho, anoche, por primera vez, pasó la noche de largo, durmiendo desde las 7:30 p.m. hasta las 5:15 a.m. 😉 … Pero, insisto, es sorprendente.

Y no sigo porque ya se fue largo y la peque, tras su pequeña siesta matutino, acaba despertarse. ¿Alguien saca alguna conclusión?

26 octubre 2009 at 08:46 1 comentario

Irene y la historia de su nombre

Cuando supimos que íbamos a tener una niña, el nombre de Irene nos saltó a los labios desde nuestros corazones. Obviamente ya habíamos hecho el ejercicio mental y familiar de considerar varias posibilidades, pero hasta ese día no nos habíamos decidido por ningún nombre. Nuestra escogencia pasaba por varias consideraciones que confluían fundamentalmente en creer que su nombre sería un regalo para toda la vida y que con él empezaba, en buena parte, la identidad de ése, nuestro pequeño ser. El pasado sábado 10 de octubre bautizamos a la chiquita. Con ello, concluímos esa escogencia inicial que acompañará a nuestra hija siempre, celebramos su llegada y compartimos nuestra dicha con buena parte de nuestra gran familia.

Ésta es la historia. Cuando pensamos qué nombre ponerle a nuestra peque, establecimos poco a poco 5 variables que resumían lo que para nosotros era importante:

1. Que no fuera un nombre común (tampoco el más extraño), no queríamos nada que sonara a moda o a popularidad. Creo que cada nombre tiene su peso, pero a veces siento que cuando en un mismo salón de clases, por ejemplo, hay cinco personas con el mismo nombre… digamos que se diluye un poco esa identidad que considerábamos fundamental.

2. Que fuera latino, básicamente para no disonar con ninguno de sus apellidos y para evitar malas pronunciaciones de su nombre.

3. Que no fuera religioso. Esto resultaba un poco más complejo porque prácticamente todos los nombres latinos tienen su santito. En cualquier caso, con esto lo que queríamos era evitar un peso “canónico” preestablecido: no mártires, no impecables, no crucificados ni nada semejante.

4. Que resultara sonoro con sus apellidos. Esto lo resolvimos de un modo simple, casi musical: tanto el primer apellido de mi amorcito como el mío tiene tres sílabas, por lo que dedujimos que el nombre de la chiquita debía tener lo mismo.

5. Que no fuera compuesto. La experiencia indica, al menos en mi país, que cuando alguien tiene un nombre compuesto, uno de los nombres siempre termina perdido. Total, ¿por qué no simplificarlo desde el principio?

Así, en definitiva, con esas variables y con la premisa central de que queríamos que el nombre que escogiéramos tuviera un significado amoroso, feliz, “bendecido”, revisamos distintas opciones, dejando entre el tintero los que cumplían más o menos con esos “requisitos”. Llegado el día, como decía al comienzo de esta entrada, Irene brotó de nuestros labios como si siempre hubiera sido el nombre de nuestra pajarita.

 

¿Y qué significa? PAZ. E Irene es eso, sin duda: aunque esté cansada, llorona o incómoda, ella respira y regala tranquilidad. Su nombre merece celebraciones, felicidad. Y merece también el goce de un rito que, aunque puede discutirse desde la fe y sus intermediarios, confirma una voluntad expresa de familia, que se abre y se extiende, que sueña, ama y espera. Por eso bautizamos a nuestra chiquita: por el presente y el futuro que ella nos da. Quizás hoy sea el único día que comparta en este espacio una imagen total de nuestra familia (primaria, la extendida crece más e incluye a muchos de quienes nos visitan por estos lares), pero la historia, SU historia, lo justifica. Los rostros pasan, pero este instante de nuestras vidas perdurará. Un besito para ti, infinito, mi chiquita.

Y gracias a todos los que siempre nos acompañan acá. Irene sabrá de ustedes en su futuro. ¿Nos lees, mi niña?

Un abrazo fuerte. Y un beso.

😉 Chiuck

22 octubre 2009 at 08:00 3 comentarios

¿Niñera experta?: mi Irene tiene sueño

Mi chiquita es diurna desde el comienzo: Pasa unas noches de maravilla (¡afortunadamente!), pero durante el día le cuesta muchísimo dormir. Casi siempre, después de comer, da muestras de cansancio y aunque logra dormirse en mis brazos su sueño suele durar, por mucho, cinco minutos. Llora, la alzo, paseamos, cantamos y mi Irene cae nuevamente… para despertar al momento siguiente, aún con sueño y queriendo dormir. He recordado mucho algunos capítulos del programa televisivo Nanny 911 (que hoy me parecen nefastos por el método conductista que utilizan para obligar a los niños a dormir) y he concluído que estos baches de duermo y no duermo, que cambian, sin duda, con el tiempo, tienen que ser parte natural de la vida. Cada niño es un universo y mi Irene está en una etapa donde no es fácil dormir.

Pero debo ser justa y detallar que las noches de Irene son realmente tranquilas: come alrededor de las 7 p.m. y se queda profundamente dormida entre las 8:00 y 8:30. Luego, a eso de las 2:00 a.m. vuelve a despertase, come, duerme de nuevo y se despierta finalmente a eso de las 5:00 o 5:30 a.m. para volver a comer. A veces hace una pequeña siesta diurna entre las 7 y las 9:00 a.m. y, cuando tenemos suerte, logra dormir -como lo hacía cuando era más chiquita- entre el mediodía y las 4:oo p.m. Ninguno de sus despertares nocturnos está acompañado de llantos o gritos: apenas unos gorgojeos me indican que ella está esperando su comida. Durante el día, sin embargo, sí es claro su desespero por dormir, ya sea porque tiene los ojitos rojos y cansados, porque recuesta su cabecita en mi hombro o porque llora y llora a intervalos, a pesar de estar recién comida y cambiada.

¿Alguien sabe cómo puedo ayudarla a dormir? El asunto no es que me desespere, porque cada vez siento más que es algo natural que muy probablemente en un tiempo se transforme, pero a veces la veo tan cansada que quisiera tener unas palabritas mágicas para ayudarla a descansar. A su favor, cuenta con que cada vez detalla más las cosas, que si no duerme, se va entreteniendo un poco más con todo, sonríe y goza con su móvil y sus muñecos, y a pesar de llevar tres días durmiendo solita en su habitación (antes lo hacía con nosotros, en su cunita), no da muestras de ninguna alteración asociada a ello. No quiero una Nanny 911, pero sí me encantaría saber qué han hecho para ayudarles a dormir sin llorar… ¿será que estoy haciendo algo mal?

😉

16 octubre 2009 at 08:48 9 comentarios

Irene y nuestros más felices dos meses

Y eso que siempre me he considerado de lo más afortunada porque realmente me siento, de antemano, agradecida con la vida y feliz. Hoy, Irene cumple sus primeros dos meses sobre esta tierra, dos meses de despertar, amar, brillar e iluminar el universo sólo con estar. Quiero celebrarlo con un “recorderis” gráfico rápido: es increíble cómo en tan poco tiempo, la vida y un ser íntegro como ella nos pueden cambiar. Un beso, mi chiquita. Y gracias por darnos tanta felicidad. Chiuck

Irene a sus 11 semanas.

Irene a sus 29 semanas.

Irene a sus 36 semanas.

Irene recién nacida.

Irene, 1 mes.

Irene hace una semana.

Y una cosa más: ¿ven el parecido entre la eco de sus 36 semanas y la última foto? Es increíble la perfección, siempre, de la vida. Feliz mesecito, chiquita.

9 octubre 2009 at 03:32 1 comentario

Irene ri ;)

Hoy hice un video (de fotitos, guardado en nuestro hogar) con la “risada” de Irene.
😉

7 octubre 2009 at 13:01 2 comentarios

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