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13 semanas + 5 días

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No nos lo esperábamos, no por falta de deseos sino por lo que nos decían la medicina, el paso del tiempo y la edad. Sin embargo, a comienzos del verano, en medio de la tristeza profundísima que nos produjo la enfermedad inclemente de quien siempre será nuestra hermana, madrina, abuela y hasta mamá, descubrimos que un chiquito había llegado a nuestras vidas. Un último regalo suyo antes de marcharse físicamente, tal vez… El mejor regalo que nos ha podido llegar.

Han pasado un poco más de 8 años desde que empezamos este camino. Hoy lo retomamos casi con la misma ingenuidad de entonces, y con la más grande de las ilusiones. No nos alargamos ahora, pero prometemos compartir más detalles en el futuro. Por ahora, anunciamos que ha llegado otra chiquita (así, en femenino), y que de su mano llegan la esperanza y la felicidad.

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24 agosto 2017 at 16:29 1 comentario

La vista atrás

Han pasado ya varios años desde la última vez que escribí en esta casita. Y han pasado varios más desde que lo hacía de manera habitual. Los ritmos cambian (como lo he dicho ya en otras ocasiones) y también las formas de comunicarnos, de estar. No obstante, hay cosas que permanecen incluso cuando ya no las usas del mismo modo. Los blogs, por ejemplo, creo que siguen siendo espacios de encuentro y de aprendizaje. También pueden ser incluso formas de viaje en el tiempo y en la memoria. O diarios (journals, dirían en otros contextos), cada vez más personales (en apariencia) por los comentarios que ya casi no están. La casita de Irene ha sido todo eso y quizás más. Por ello, tal vez, hoy revivo este trayecto, con ganas de remirar, crecer y evaluar.

La vista atrás

Comenzaré por decir que el tono inicial de este blog, que se decantaba más por lo personal, a modo de diario, justamente, cambió pronto a un tono inquieto e investigativo, que se compaginaba perfectamente con el mar de preguntas que suelen acompañar los primeros meses del embarazo y los primeros meses y años posteriores a la llegada de un bebé. En ese sentido, estudié y compartí mucha información sobre embarazo, parto y lactancia, matizados con nuestra propia experiencia como prímaros de la ma-paternidad. Luego, en la misma medida en que Irene fue creciendo (y se abrió con ella, frente a nosotros, ese increíble anhelo por coger todo, probar todo y aprender a comer, caminar, hablar y bla bla bla), empezamos a compartir artículos sobre alimentación complementaria, las primeras palabras, la socialización de los niños, su educación, los primeros dientes, los primeros pasos, las primeras palabras y una cantidad de primeras veces más. Y con ello, nuestras reflexiones sobre el tipo de vida que queríamos y los cambios que generan en la rutina el saber que tienes a tu lado a un ser que te necesita todo el tiempo y por el que estás dispuesto a cambiar el mundo, si es necesario y te lo exige su bienestar. Con el paso de los meses, posteriormente, nos vimos enfrentados (en el buen sentido del término) a una chiquita que hablaba más, preguntaba más, se movía más, quería más, etcétera, etcétera, etcétera, que nos puso de vuelta al mundo de carne y hueso y nos mantuvo al margen, de manera creciente, de esta esfera digital. Así, de escribir dos y a veces hasta tres entradas semanales, pasamos a escribir solo una, y luego solo una quincenal, o mensual… Y llegamos hasta una eventual. Y así también, fuimos llegando a un tono final, mucho más práctico e íntimo que informativo, con el que hace un par de años casi definitivamente nos despedimos.

Hoy Irene es una niña maravillosa, exigente, enérgica e inquieta de casi 8 años. Ha pasado (y nosotros con ella) por experiencias maravillosas como su entrada al colegio (a los 4 y 5 meses, sin ninguna escolarizacón previa y mucho éxito a pesar de las expectativas que algunos cercanos tenían al respecto), su descubrimiento de la danza (que sigue siendo una de sus grandes pasiones), la ejecución de proyectos académicos, su introducción al mundo de Harry Potter (que adora), la enfermedad de un ser querido y el sufrimiento que la ausencia (aunque no siempre sea manifiesta) encierra, el enfrentarse a otras culturas y otros idiomas, la pérdida de una de sus mascotas, el poder empezar por sí misma a leer y escribir palabras y el anhelo de tener un hermanito sin que ese, por mucho que quisiera, pudiera llegar. La vida está hecha de eso, de momentos de vida y casi siempre de cambios y nuevas formas de estar, ser o pensar.

Volvemos a esta espacio, entonces, para remirar el camino recorrido (que aunque parezca mentira, ahora parece tan lejano) y quizás abrir un nuevo capítulo, no sé si aquí o en otro sitio, pero ya el tiempo lo dirá. Dejo, para aquellos que llegan por primera vez a esta página (que han de ser varios porque nuestras visitas aún crecen -¡GRACIAS!) un recuento de nuestras entradas más visitadas (en los últimos meses). Habrá temas pendientes, que quizás lleguen, relativos a la escolarización de los niños, la búsqueda de otro hijo, la educación de un hijo único, actividades en casa para hacer con los niños, las etapas del desarrollo psicológico y emocional de un pequeño y el embarazo después de los 40 años. Todo ello hace parte de este mundo inagotable de la maternidad y la crianza de los hijos, que en esta casita, como en otras tantas maravillosas, intentamos abordar.

Gracias por pasar por acá. 😉

Entradas más vistas en los últimos meses:

25 junio 2017 at 08:46 Deja un comentario

Seguimos vivos

Y felices. La vida ha dado mil saltos (y nosotros con ella, por supuesto) y con cada uno de ellos Irene ha ido creciendo. Nosotros, como papás y como seres humanos, también.

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Lo cierto es que este espacio se ha convertido en un recuerdo grato. Y debo decir que dejarlo un poco en el pasado (sin actualizarlo por ya casi dos años) significa paz. Me gustaría escribir, me encantaría compartir sucesos, experiencias, dudas y un montón de cosas, pero lo cierto es que entramos en otro ciclo de vida en el que empezamos a mirar un poco más adentro y a vivir también más libres de pantallas y búsquedas desenfrenadas en internet. Ya no siento la necesidad acuciante y quizás primeriza de saberlo todo e incluso expresarlo todo. Siento simplemente la necesidad de estar.

Pero a lo mejor porque los ciclos también tienen sus quiebres o porque en muchos momentos extraño este espacio en el que encontraba a muchas de esas mamás amigas que pasaban por lo mismo que yo, hoy vuelvo, volvemos Y no para reanudar una escritura frenética, sino para saludar y contarles que seguimos vivos, felices y sanos.

Irene es ya una niña de casi seis años. Va al colegio, sigue disfrutando de sus clases de ballet como el primer día, canta, oye cuentos por horas continuas en el radio, pinta muchísimo y disfruta de cada minuto que pasamos juntos. Es expresiva, imponente, amorosa y verbal. No sé si sea la edad o el resultado de esa convicción mía de que como podía entenderlo todo no paré de hablarle y explicarle hasta el zumbido de una mosca desde que estaba en mi vientre, pero Irene es una chiquita súper sociable y hablantinosa (y aclaro que esto último supone un esfuerzo a veces supremo, pues ese hablar y opinar sobre todo lo que oye a veces implica que papá y mamá no puedan hablar).

Y sigue siendo una hija única a pesar de quisimos tener otro hijo. Pero la vida impone sus ritmos y tal como pinta todo, creo que seguiremos siendo una familia de tres. Felices sí, y tranquilos. Incluso, me atrevo a decirlo, conscientes del gran regalo que supone en la vida tener un bebé.

Nuestros ritmos siguen teniendo casi los mismos parámetros de los primeros años: intentamos ajustarnos a los tiempos de ella, pasamos el mayor tiempo posible juntos y fijamos normas sobre la lógica de la consistencia y el “podemos hablar”. Hemos tenido etapas difíciles (los terribles dos y medio, los terribles tres y medio y ahora los “déjenme en paz” que saltan cada cierto tiempo en el corazón y la cabeza de esa niña libre que soñamos, pero que cuesta tanto entender como papás), pero han sido muchísimas más las felices. Y hemos aprendido a adaptarnos, aunque cada nueva situación suponga un esfuerzo extra y desconocido en este universo de la ma-paternidad.

No sé si volvamos pronto o no por estos lados, pero confío -como he hecho siempre- en que esta casita siga cumpliendo con su propósito: ser un espacio en el que esa tribu de mamás que pueden estar pasando por nuestras mismas situaciones encuentren la información y las palabras que nosotros, sin abuela ni tías ni mamás con experiencia a nuestro alrededor, logramos descubrir por experiencia y por pesquisa angustiante en san Google. Seguimos añorando y cada vez más a las abuelas, pero la vida nos puso estas condiciones y tratamos de llenar un poco esos huequitos con gratos recuerdos presentes. Irene, que es la que ahora más padece esa ausencia, intenta suplirla con un par de fotos al lado de su cama y con esfuerzos supremos de “magia”. Espero que si en el futuro no me tiene a su lado para preguntarme cómo empezó a caminar o cuál fue la primera palabra que dijo, pueda encontrar sus respuestas aún acá.

13 mayo 2015 at 10:23 5 comentarios

Y empezó noviembre…

Y yo no estoy participando en el NaNoWriMo como me lo había propuesto. Alcanzo a sentir algo de decepción, pero esta se aminora cuando recuerdo mi plena conciencia del asunto y las razones para no andar con metas semanales de escritura en este momento.

Intento seguir ritmos y dejar que la vida me indique sus tiempos. Y, bueno, después de 5 libros revisados y corregidos a lo largo de este año, no es tan grave que el que será hijo de este espacio tarde un poco más en salir. Ando intentando aquietar la mente (eso dicen que debe hacerse los que meditan) para disfrutar el ahora. Y, sí, proyecto, a veces más de lo que quiero, y recuerdo estos silencios cibernéticos. Así que espero tener libro en algún momento del 2013 y escribir más continuamente en esta casita (que historias sobran). Tengo varias en el tintero, pero el “no quiero que trabajes, mami” sigue imponiéndose. 😉

Besos.

14 noviembre 2012 at 08:05 3 comentarios

La velocidad de los niños

O el tiempo. No sé. Lo cierto es que hasta hace muy poco he logrado concretar algo que puede ser obvio para muchos: que los tiempos y la velocidad de papá y mamá son muy distintos a los de los niños y que cuando nosotros decimos rápido, el chiquito entiende algo distinto. No es tozudez, no es rebeldía, no son ganas de jorobar la vida. Es un asunto semántico y vital. Nada más. Así que la próxima vez que sienta que empieza a perder la paciencia porque su chiquito no reacciona al ritmo que usted espera, respire profundo y recuerde que él tardó40 semanas en formarse en su pancita… y luego más de un año en empezar a caminar y unos seis meses o más en probar alimentos “sólidos”. ¿Sigo con la lista? 😉

De hecho, esta “revelación” sobre la velocidad de los niños me ha dado espacio para darme cuenta también de por qué a nosotros nos cambia tanto la vida ser papás: llevó más de una semana con ella en la cabeza, pero eso que yo llamo modorra cibernética y que bien podría entenderse como una niña de tres años que quiere-estar-con-mamá-todo-el-tiempo-a-su-lado sin darle tiempo para respirar y mucho menos para sentarse a escribir entradas en su blog, se ha impuesto hasta hoy.

Y, por supuesto, como suele ocurrir cuando se tiene una idea dando vueltas en la cabeza, llegaron un par de pensamientos más que se unieron a ella y que ampliaron su forma. Las anexo para que cada quien se haga su propia idea:

  • La primera es una columna muy interesante y recomendada sobre la paradoja de la velocidad, escrita por el esposo de otro mamá bloguera (a quien extrañamos infinitamente, por cierto). Él dirige una organización llamada Despacio que intenta concretar en la vida cotidiana muchas de las ideas de lo que se ha denominado el movimiento Slow. Del tema ya hemos hablado acá, pero de las conclusiones actuales quizás no. Para simplificar voy a decir que la columna plantea desde una perspectiva un poco más relacionada con la movilidad el abismo semántico que hay entre la velocidad de los niños y la velocidad de los papás. Así diría (pegándome a la misma fábula usada en su texto por el señor Pardo) que mientras los niños son la tortuga, nosotros somos la liebre que intenta cocinar, comer, arreglar la casa, trabajar, pensar, comprar mercado, producir grandes ideas, hacer estupendos proyectos (un disfraz, un menú nuevo, un libro, etc, etc, etc)… todo mientras la feliz tortuga avanza sonriente por la vida disfrutando el camino (y sus días, por supuesto). ¿Quién, carajos, se inventó los horarios? Realmente tardarse una hora en comer la cena no debería ser problemático, sobre todo si lo que implica es un tiempo en familia, conversado (evítese el “come rápido que debo ___”) y gozado hasta (literalmente) la saciedad.
  • La segunda, una oración que encontré casualmente hoy en Familia Libre, sin otra referencia que la de su autora, pero que bien entra dentro de esta sarta de cosas que hoy incluyo acá. Dice: “El embarazo es básicamente un tiempo de espera. Mientras el niño activamente crece, necesita que la madre tranquilamente se detenga” (Laura Gutman).

En síntesis, quería compartir una obviedad que suele pasarnos de largo y que, cuando aparece, solemos reducir a una idea de “lentitud” asociada a los niños, satanizada y padecida diariamente por sus papás. Yo, particularmente, estoy harta de pasarme los minutos de mis comidas diciéndole a Irene que si no termina pronto se va a quedar solita (recordé que había vivido la misma escena millones de veces en sentido opuesto cuando estaba pequeña y era yo quien se tardaba horas enteras en la mesa). He decidido, en su lugar, intentar adaptarme al ritmo de la pequeña o encontrar no sé qué alternativas de “movilidad” que nos ayuden a conciliar un poco las diferencias. Es increíble cómo algo tan simple puede terminar -si lo dejamos- por arruinarnos un poco el rato… y mucho más si pensamos que al final del cuento la liebre es la que pierde la carrera…

(…) Se entretiene con cualquier cosa,
menos con la apuesta. Al final, cuando ve
que la otra tocaba casi la meta,
parte como una flecha; pero los impulsos hechos
fueron vanos: la tortuga llegó de primera.

¿Alguna idea, algún consejo? Creo que todos deberíamos vivir en el tiempo de los niños, o en su velocidad. Ojalá logré superarme a mí misma para hacerlo 😉

Un abrazo.

8 noviembre 2012 at 05:33 7 comentarios

Cambiar paradigmas: ¿matan las escuelas la creatividad?


Sigo fascinada con mis búsquedas (y sobre todo con mis hallazgos) sobre la educación. Hoy quiero compartir dos conferencias de Sir Ken Robinson, un investigador británico (elevado al título de Sir por sus aportes en el campo educativo) famoso por su visión sobre la educación y la creatividad y por la crítica que hace al modelo educativo actual (que heredamos de una época muy distinta, como se ilustra -literalmente- en el maravilloso primer video que anexo.

Hace quizás ya más de un año, cuando indagaba sobre la crianza de los niños en general, había visto una conferencia suya que hablaba sobre las escuelas y la creatividad. En ese entonces mis ideas sobre el homeschooling eran mucho más étereas, pues pensaba que era una tarea para valientes que quizás no podría asumir. Ahora, apesar de que no sé en la práctica qué signifique llevarla a cabo, me parece una alternativa más cercana y, sobre todo, válida.

Adjunto también un video con esa charla porque considero que plantea una crítica válida, ya no sólo al sistema educativo sino a nuestra sociedad, que ha desplazado buena parte del pensamiento creador e innovador por la comodidad: el juego libre (justo ahora que acabo de encontrar este maravilloso sitio para “jugar i jugar“) y espontáneo por programas de videojuegos, la vida simple por una larga lista de necesidades de confort.

Finalmente, recomiendo y mucho otras conferencias de Sir Ken Robinson que hay en la red, así como su sitio web. En casa, entretanto, seguimos disfrutando, aprendiendo, jugando. Gracias por todos sus comentarios. 😉

9 noviembre 2011 at 08:19 8 comentarios

Más que bla, bla, bla

Irene no para de hablar (bueno, un poco cuando está fuera de casa). Y nosotros no dejamos de sorprendernos con todo lo que dice y con la manera como repite y repite y repite ya no palabras sueltas sino oraciones completas. Pasamos de los “a papá” y todos los sustantivos precedidos del “a”, a oraciones simples pero llenas de sentido, dichas lentamente y con sonrisas en los ojos y la boca. Nos derrite y nos encanta tener una interlocutora tan chiquita en el hogar porque saber lo que piensan o quieren facilita las cosas. ¿Y el irinense? Todavía existe, sobre todo cuando coge libros y nos “lee”. Pero lo celebramos igual.

Y pienso que no hay un antes o un después que deba preocupar a los papás cuando un niño empieza a hablar. Primero, porque estoy convencida de que serán más los casos en los que los niños hablen que los que no, y, segundo, porque creo que aunque no lo hagan a los dos sino a los tres o cuatro años, lo harán el resto de sus vidas… así que ¿para qué prisas?

Pero a pesar de ello, confieso que me sorprende tener en casa a una chiquita de un poco más de 80 centímetros de altura contestanto, opinando y decidiendo. Es cierto que no da grandes discursos ni expresa ideas revolucionarias (a pesar de que pedir avena cuando tiene servido un plato de sopa y carne puede alterar un poco la logística del hogar), pero habla y le entendemos. (Quise, por cierto, incluir su voz parlanchina en esta entrada, pero el descubrimiento de una grabadora cerca hace que enmudezca persiguiendo el aparato. Ni modo).

Dice: “la niña tiene… [aquí se puede insertar cualquier sustantivo cotidiano como aretes, camisa, vestido, juguetes, etc]”, “el bebé (ahora anda con sus muñecos para todos lados) tiene [inserte acciones cotidianas como sueño, hambre, frío, calor, etcétera]” y los clásicos “vamos al parque” o “vamos a la calle” y -el ahora afamado y recurrente- “quiere helado”. Eso, sumado a sus repeticiones inacabables (que hacen que mamá y papá se rían y hasta se vuelvan cuidadosos al hablar para no alborotar solicitudes no muy viables -como salir a la calle en la noche o hablar con el abuelo que duerme-), hacen de este período un goce constante. Lo más lindo quizás, después del hecho de que hable, es oírla decir todo lentamente, como traduciendo ese ejercicio mental que debe significar armar oraciones en su cabeza. Es fascinante ver su carita de satisfacción al respondernos y, mucho más, sentir su alegría constante porque le entendemos. ¡Si hasta le hemos oído hablando sola en las mañanas, al despertar, enumerando todos los dibujos que tiene en su sábana… y creo que hasta armando historias con ellos!

Quedo debiendo un soundtrack del suceso (bueno, una pequeña grabación de su vocecita… que al menos en nuestra casita será todo un éxito). Y mientras eso sucede, me disculpo por ausencias en esta tierra y me doy permiso para hablar con mi lorito bello.

😉

Besos.

PD: Dejo links relacionados. Todos de Bebés y más (que justo en estos días anda escribiendo especiales sobre la estimulación del lenguaje. ¿Nuestra fórmula? Hablar y hablar con Irene -desde que estaba en la pancita- y explicarle cada cosa que pasaba o veía.
Cómo pueden ayudar los padres a estimular el lenguaje del niño
Cuándo pueden los padres ayudar a desarrollar el lenguaje infantil
Qué pueden hacer los padres para ayudar a estimular el lenguaje (I)
Qué pueden hacer los padres para ayudar a estimular el lenguaje (II)
Qué pueden hacer los padres para ayudar a estimular el lenguaje (III)
Qué deben evitar hacer los padres para ayudar a estimular el lenguaje
Trastornos del habla:dislalia (I)
Trastornos del habla: dislalia (II)

(Imagen tomada de Barullo.)

18 mayo 2011 at 10:04 3 comentarios

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