Posts filed under ‘Uncategorized’

Seguimos vivos

Y felices. La vida ha dado mil saltos (y nosotros con ella, por supuesto) y con cada uno de ellos Irene ha ido creciendo. Nosotros, como papás y como seres humanos, también.

IMG_3447

Lo cierto es que este espacio se ha convertido en un recuerdo grato. Y debo decir que dejarlo un poco en el pasado (sin actualizarlo por ya casi dos años) significa paz. Me gustaría escribir, me encantaría compartir sucesos, experiencias, dudas y un montón de cosas, pero lo cierto es que entramos en otro ciclo de vida en el que empezamos a mirar un poco más adentro y a vivir también más libres de pantallas y búsquedas desenfrenadas en internet. Ya no siento la necesidad acuciante y quizás primeriza de saberlo todo e incluso expresarlo todo. Siento simplemente la necesidad de estar.

Pero a lo mejor porque los ciclos también tienen sus quiebres o porque en muchos momentos extraño este espacio en el que encontraba a muchas de esas mamás amigas que pasaban por lo mismo que yo, hoy vuelvo, volvemos Y no para reanudar una escritura frenética, sino para saludar y contarles que seguimos vivos, felices y sanos.

Irene es ya una niña de casi seis años. Va al colegio, sigue disfrutando de sus clases de ballet como el primer día, canta, oye cuentos por horas continuas en el radio, pinta muchísimo y disfruta de cada minuto que pasamos juntos. Es expresiva, imponente, amorosa y verbal. No sé si sea la edad o el resultado de esa convicción mía de que como podía entenderlo todo no paré de hablarle y explicarle hasta el zumbido de una mosca desde que estaba en mi vientre, pero Irene es una chiquita súper sociable y hablantinosa (y aclaro que esto último supone un esfuerzo a veces supremo, pues ese hablar y opinar sobre todo lo que oye a veces implica que papá y mamá no puedan hablar).

Y sigue siendo una hija única a pesar de quisimos tener otro hijo. Pero la vida impone sus ritmos y tal como pinta todo, creo que seguiremos siendo una familia de tres. Felices sí, y tranquilos. Incluso, me atrevo a decirlo, conscientes del gran regalo que supone en la vida tener un bebé.

Nuestros ritmos siguen teniendo casi los mismos parámetros de los primeros años: intentamos ajustarnos a los tiempos de ella, pasamos el mayor tiempo posible juntos y fijamos normas sobre la lógica de la consistencia y el “podemos hablar”. Hemos tenido etapas difíciles (los terribles dos y medio, los terribles tres y medio y ahora los “déjenme en paz” que saltan cada cierto tiempo en el corazón y la cabeza de esa niña libre que soñamos, pero que cuesta tanto entender como papás), pero han sido muchísimas más las felices. Y hemos aprendido a adaptarnos, aunque cada nueva situación suponga un esfuerzo extra y desconocido en este universo de la ma-paternidad.

No sé si volvamos pronto o no por estos lados, pero confío -como he hecho siempre- en que esta casita siga cumpliendo con su propósito: ser un espacio en el que esa tribu de mamás que pueden estar pasando por nuestras mismas situaciones encuentren la información y las palabras que nosotros, sin abuela ni tías ni mamás con experiencia a nuestro alrededor, logramos descubrir por experiencia y por pesquisa angustiante en san Google. Seguimos añorando y cada vez más a las abuelas, pero la vida nos puso estas condiciones y tratamos de llenar un poco esos huequitos con gratos recuerdos presentes. Irene, que es la que ahora más padece esa ausencia, intenta suplirla con un par de fotos al lado de su cama y con esfuerzos supremos de “magia”. Espero que si en el futuro no me tiene a su lado para preguntarme cómo empezó a caminar o cuál fue la primera palabra que dijo, pueda encontrar sus respuestas aún acá.

13 mayo 2015 at 10:23 5 comentarios

Nuestra casita alterna ;)

No estábamos borrachos ni nos fuimos de parranda, como dice la canción: andábamos construyendo una casita alterna para papá… y, bueno, ya está lista. ¿Nos visitan y nos cuentan qué tal les parece? Son tan bienvenidos como acá (en donde seguiremos estando, por supuesto. Pronto, pronto nuevas noticias vendrán).

Web GForeroQ

24 abril 2013 at 11:58 2 comentarios

Y empezó noviembre…

Y yo no estoy participando en el NaNoWriMo como me lo había propuesto. Alcanzo a sentir algo de decepción, pero esta se aminora cuando recuerdo mi plena conciencia del asunto y las razones para no andar con metas semanales de escritura en este momento.

Intento seguir ritmos y dejar que la vida me indique sus tiempos. Y, bueno, después de 5 libros revisados y corregidos a lo largo de este año, no es tan grave que el que será hijo de este espacio tarde un poco más en salir. Ando intentando aquietar la mente (eso dicen que debe hacerse los que meditan) para disfrutar el ahora. Y, sí, proyecto, a veces más de lo que quiero, y recuerdo estos silencios cibernéticos. Así que espero tener libro en algún momento del 2013 y escribir más continuamente en esta casita (que historias sobran). Tengo varias en el tintero, pero el “no quiero que trabajes, mami” sigue imponiéndose. 😉

Besos.

14 noviembre 2012 at 08:05 3 comentarios

La velocidad de los niños

O el tiempo. No sé. Lo cierto es que hasta hace muy poco he logrado concretar algo que puede ser obvio para muchos: que los tiempos y la velocidad de papá y mamá son muy distintos a los de los niños y que cuando nosotros decimos rápido, el chiquito entiende algo distinto. No es tozudez, no es rebeldía, no son ganas de jorobar la vida. Es un asunto semántico y vital. Nada más. Así que la próxima vez que sienta que empieza a perder la paciencia porque su chiquito no reacciona al ritmo que usted espera, respire profundo y recuerde que él tardó40 semanas en formarse en su pancita… y luego más de un año en empezar a caminar y unos seis meses o más en probar alimentos “sólidos”. ¿Sigo con la lista? 😉

De hecho, esta “revelación” sobre la velocidad de los niños me ha dado espacio para darme cuenta también de por qué a nosotros nos cambia tanto la vida ser papás: llevó más de una semana con ella en la cabeza, pero eso que yo llamo modorra cibernética y que bien podría entenderse como una niña de tres años que quiere-estar-con-mamá-todo-el-tiempo-a-su-lado sin darle tiempo para respirar y mucho menos para sentarse a escribir entradas en su blog, se ha impuesto hasta hoy.

Y, por supuesto, como suele ocurrir cuando se tiene una idea dando vueltas en la cabeza, llegaron un par de pensamientos más que se unieron a ella y que ampliaron su forma. Las anexo para que cada quien se haga su propia idea:

  • La primera es una columna muy interesante y recomendada sobre la paradoja de la velocidad, escrita por el esposo de otro mamá bloguera (a quien extrañamos infinitamente, por cierto). Él dirige una organización llamada Despacio que intenta concretar en la vida cotidiana muchas de las ideas de lo que se ha denominado el movimiento Slow. Del tema ya hemos hablado acá, pero de las conclusiones actuales quizás no. Para simplificar voy a decir que la columna plantea desde una perspectiva un poco más relacionada con la movilidad el abismo semántico que hay entre la velocidad de los niños y la velocidad de los papás. Así diría (pegándome a la misma fábula usada en su texto por el señor Pardo) que mientras los niños son la tortuga, nosotros somos la liebre que intenta cocinar, comer, arreglar la casa, trabajar, pensar, comprar mercado, producir grandes ideas, hacer estupendos proyectos (un disfraz, un menú nuevo, un libro, etc, etc, etc)… todo mientras la feliz tortuga avanza sonriente por la vida disfrutando el camino (y sus días, por supuesto). ¿Quién, carajos, se inventó los horarios? Realmente tardarse una hora en comer la cena no debería ser problemático, sobre todo si lo que implica es un tiempo en familia, conversado (evítese el “come rápido que debo ___”) y gozado hasta (literalmente) la saciedad.
  • La segunda, una oración que encontré casualmente hoy en Familia Libre, sin otra referencia que la de su autora, pero que bien entra dentro de esta sarta de cosas que hoy incluyo acá. Dice: “El embarazo es básicamente un tiempo de espera. Mientras el niño activamente crece, necesita que la madre tranquilamente se detenga” (Laura Gutman).

En síntesis, quería compartir una obviedad que suele pasarnos de largo y que, cuando aparece, solemos reducir a una idea de “lentitud” asociada a los niños, satanizada y padecida diariamente por sus papás. Yo, particularmente, estoy harta de pasarme los minutos de mis comidas diciéndole a Irene que si no termina pronto se va a quedar solita (recordé que había vivido la misma escena millones de veces en sentido opuesto cuando estaba pequeña y era yo quien se tardaba horas enteras en la mesa). He decidido, en su lugar, intentar adaptarme al ritmo de la pequeña o encontrar no sé qué alternativas de “movilidad” que nos ayuden a conciliar un poco las diferencias. Es increíble cómo algo tan simple puede terminar -si lo dejamos- por arruinarnos un poco el rato… y mucho más si pensamos que al final del cuento la liebre es la que pierde la carrera…

(…) Se entretiene con cualquier cosa,
menos con la apuesta. Al final, cuando ve
que la otra tocaba casi la meta,
parte como una flecha; pero los impulsos hechos
fueron vanos: la tortuga llegó de primera.

¿Alguna idea, algún consejo? Creo que todos deberíamos vivir en el tiempo de los niños, o en su velocidad. Ojalá logré superarme a mí misma para hacerlo 😉

Un abrazo.

8 noviembre 2012 at 05:33 7 comentarios

Cambiar paradigmas: ¿matan las escuelas la creatividad?


Sigo fascinada con mis búsquedas (y sobre todo con mis hallazgos) sobre la educación. Hoy quiero compartir dos conferencias de Sir Ken Robinson, un investigador británico (elevado al título de Sir por sus aportes en el campo educativo) famoso por su visión sobre la educación y la creatividad y por la crítica que hace al modelo educativo actual (que heredamos de una época muy distinta, como se ilustra -literalmente- en el maravilloso primer video que anexo.

Hace quizás ya más de un año, cuando indagaba sobre la crianza de los niños en general, había visto una conferencia suya que hablaba sobre las escuelas y la creatividad. En ese entonces mis ideas sobre el homeschooling eran mucho más étereas, pues pensaba que era una tarea para valientes que quizás no podría asumir. Ahora, apesar de que no sé en la práctica qué signifique llevarla a cabo, me parece una alternativa más cercana y, sobre todo, válida.

Adjunto también un video con esa charla porque considero que plantea una crítica válida, ya no sólo al sistema educativo sino a nuestra sociedad, que ha desplazado buena parte del pensamiento creador e innovador por la comodidad: el juego libre (justo ahora que acabo de encontrar este maravilloso sitio para “jugar i jugar“) y espontáneo por programas de videojuegos, la vida simple por una larga lista de necesidades de confort.

Finalmente, recomiendo y mucho otras conferencias de Sir Ken Robinson que hay en la red, así como su sitio web. En casa, entretanto, seguimos disfrutando, aprendiendo, jugando. Gracias por todos sus comentarios. 😉

9 noviembre 2011 at 08:19 8 comentarios

Más que bla, bla, bla

Irene no para de hablar (bueno, un poco cuando está fuera de casa). Y nosotros no dejamos de sorprendernos con todo lo que dice y con la manera como repite y repite y repite ya no palabras sueltas sino oraciones completas. Pasamos de los “a papá” y todos los sustantivos precedidos del “a”, a oraciones simples pero llenas de sentido, dichas lentamente y con sonrisas en los ojos y la boca. Nos derrite y nos encanta tener una interlocutora tan chiquita en el hogar porque saber lo que piensan o quieren facilita las cosas. ¿Y el irinense? Todavía existe, sobre todo cuando coge libros y nos “lee”. Pero lo celebramos igual.

Y pienso que no hay un antes o un después que deba preocupar a los papás cuando un niño empieza a hablar. Primero, porque estoy convencida de que serán más los casos en los que los niños hablen que los que no, y, segundo, porque creo que aunque no lo hagan a los dos sino a los tres o cuatro años, lo harán el resto de sus vidas… así que ¿para qué prisas?

Pero a pesar de ello, confieso que me sorprende tener en casa a una chiquita de un poco más de 80 centímetros de altura contestanto, opinando y decidiendo. Es cierto que no da grandes discursos ni expresa ideas revolucionarias (a pesar de que pedir avena cuando tiene servido un plato de sopa y carne puede alterar un poco la logística del hogar), pero habla y le entendemos. (Quise, por cierto, incluir su voz parlanchina en esta entrada, pero el descubrimiento de una grabadora cerca hace que enmudezca persiguiendo el aparato. Ni modo).

Dice: “la niña tiene… [aquí se puede insertar cualquier sustantivo cotidiano como aretes, camisa, vestido, juguetes, etc]”, “el bebé (ahora anda con sus muñecos para todos lados) tiene [inserte acciones cotidianas como sueño, hambre, frío, calor, etcétera]” y los clásicos “vamos al parque” o “vamos a la calle” y -el ahora afamado y recurrente- “quiere helado”. Eso, sumado a sus repeticiones inacabables (que hacen que mamá y papá se rían y hasta se vuelvan cuidadosos al hablar para no alborotar solicitudes no muy viables -como salir a la calle en la noche o hablar con el abuelo que duerme-), hacen de este período un goce constante. Lo más lindo quizás, después del hecho de que hable, es oírla decir todo lentamente, como traduciendo ese ejercicio mental que debe significar armar oraciones en su cabeza. Es fascinante ver su carita de satisfacción al respondernos y, mucho más, sentir su alegría constante porque le entendemos. ¡Si hasta le hemos oído hablando sola en las mañanas, al despertar, enumerando todos los dibujos que tiene en su sábana… y creo que hasta armando historias con ellos!

Quedo debiendo un soundtrack del suceso (bueno, una pequeña grabación de su vocecita… que al menos en nuestra casita será todo un éxito). Y mientras eso sucede, me disculpo por ausencias en esta tierra y me doy permiso para hablar con mi lorito bello.

😉

Besos.

PD: Dejo links relacionados. Todos de Bebés y más (que justo en estos días anda escribiendo especiales sobre la estimulación del lenguaje. ¿Nuestra fórmula? Hablar y hablar con Irene -desde que estaba en la pancita- y explicarle cada cosa que pasaba o veía.
Cómo pueden ayudar los padres a estimular el lenguaje del niño
Cuándo pueden los padres ayudar a desarrollar el lenguaje infantil
Qué pueden hacer los padres para ayudar a estimular el lenguaje (I)
Qué pueden hacer los padres para ayudar a estimular el lenguaje (II)
Qué pueden hacer los padres para ayudar a estimular el lenguaje (III)
Qué deben evitar hacer los padres para ayudar a estimular el lenguaje
Trastornos del habla:dislalia (I)
Trastornos del habla: dislalia (II)

(Imagen tomada de Barullo.)

18 mayo 2011 at 10:04 3 comentarios

Hogar, dulce hogar

Hemos vuelto después de una semana en familia, fuera de casa, y tras un recorrido -desastroso- por las “carreteras” de nuestro país. Confirmo que prefiero los viajes en avión para grandes distancias… mucho más después de pasar casi el triple de tiempo esperado en la vía, con una chiquita a bordo, paciente y amorosa, pero cansada -AGOTADA-, sudorosa y con ganas de comida de verdad. Es cierto que la ola invernal que golpea por estos días a Colombia ayuda con derrumbes e inundaciones, pero también es un hecho que somos un país terriblemente administrado, rico en recursos naturales y humanos (bueno, algunos -dejen por fuera los politiqueros, los ladrones y los corruptos-), pero pobrísimo en desarrollo y conciencia social.

Nos cansamos de ver escenas desoladas de grandes extensiones de tierra llenas de agua, de casas tapadas hasta los techos y -sobre todo- de gente sentada en el piso mirando a la nada, sabiendo, sí, que lloverá y les robarán más. Quisiera estar de ánimo para hablar sobre cómo sobrellevar los contratiempos en la carretera dignamente, pero confieso que no los tengo por físico cansancio y por pereza. Habrá sitios a los que no podamos llegar con alas, pero aquellos a los que sí, lo haremos gustosos (al menos mientras estemos en Colombia… porque, siento decirlo, nuestras vías terrestres sólo sirven para la inmovilidad). Por lo pronto, mi única recomendación es llenarse de paciencia, de agradecimiento por las seguridades con las que contamos (hogar, DULCE hogar), de amor y de solidaridad.

¡Uff!

(Anoto que las imágenes adjuntas son las pocas que pudimos tomar. El río que se ve en ellas está cansado de que le roben tierras, de que se asienten en sus riberas, de que le talen los árboles que deberían proteger su cauce y de que le habrán compuertas a las represas sólo cuando estas ya no dan más -en plena época de lluvias, por supuesto-. La naturaleza siempre reclama sus caminos, ¿es algo tan difícil de entender y respetar?).

25 abril 2011 at 14:42 3 comentarios

Entradas antiguas


De sol a sol

mayo 2017
L M X J V S D
« May    
1234567
891011121314
15161718192021
22232425262728
293031  

Contenido protegido

NO SE PERMITE USAR NI LAS FOTOS NI LOS VIDEOS DEL BLOG La casita de Irene a no ser con consentimiento expreso y por escrito. Todo el contenido de esta web se encuentra protegido (a no ser que se especifique lo contrario) por una licencia Creative Commons tipo Reconocimiento-No Comercial-Sin Obras Derivadas.

Categorías