Archive for mayo, 2011

Destete: ¿espontáneo o inducido?

Suena a vaca -definitivamente nuestra condición de mamíferos termina estando más asociada a la leche de vaca que a la leche materna, ¡qué horror!-, pero justamente no es esa leche la que está en cuestión. Más bien es mi tita o, mejor, la tita de Irene. Casi sin darme cuenta, terminé dejándome taladrar el cerebro con la idea de que quizás iba siendo tiempo de que Irene tomara menos pecho… y por poco echo al traste ese universo maravilloso de complicidad, tranquilidad, comodidad y felicidad que nos ha dado la lechita de mamá.

Foto tomada de Las confesiones de Sofía.

Fueron un par de días de dudas, y de “control” y reducción medio forzada de lactancia -con niña mimosa, llorosa y descuadrada-, pero pasaron rápidamente cuando en mi cerebro y en mi corazón se encendieron los instintos de mamá. Volvimos al “Irene tomará leche materna hasta cuando ella quiera” y desde entonces otra vez nuestra casa y nuestra vida fluyen felices y en paz.

Así que no recomiendo ni cortes abruptos ni dudas. Cada niño es un mundo, pero Irene me demostró en esos dos días -que ocurrieron hace un par de semanas- que incluso al guerrero más decidido le pueden hacer mella los comentarios entrelíneas y su inseguridad (grrrr). Pero por fortuna a ese soldado le sobraban ojitos amorosos y precisos que lo miraran y lo reconectaran. 😉 Los “quizás no come otras cosas porque está tomando mucha leche materna” o “esta niña está muy grande para andar tomando tanto pecho” o “tú y ella necesitan desligarse un poco” o “es que a la que le da más duro dejarlo es a ti”, etcétera, etcétera, etcétera, pasaron cuentas.

Cómo ocurrió

Resumo al máximo: mamá entró en dudas, intentó hablar con la pequeña (oraciones del tipo “ya estás muy grande, mi corazón. ¿No quieres mejor un banano [o un jugo, o leche -de vaca o de cabra- o whatever]? o “ya tomaste ahorita, mamá va a descansar” o “corazón, ya eres una niña grande, tita es sólo para dormir”) y lo único que consiguió fue desatar comportamientos totalmente extraños en su hija, plagados de llantos (que decían “¿por qué haces esto, mamá?”, con un “no entiendo” clarísimo -y justificadísimo- entre líneas y gestos), tristezas e ires y venires a la teta.

Lo que antes eran unas 4 o 5 tomas diarias (al levantarse, para hacer la siesta, después de comer y para dormir en la noche) se conviertieron en 10 o más discutidas, cortas, sufridas. Una calamidad. Terminamos con un ya no me dés en la noche que me duermo sola (no dicho pero hecho efectivo, con corazón arrugado por parte y parte) que logró ponerme en sintonía con las dos. Pensé, mientras lo oía dormirse, sentada a su lado, que todo ese comportamiento extraño era por la tita. O mejor, por la alteración totalmente absurda de nuestro orden. La tomé en brazos, la abracé, la pegué a mi pecho y la dejé comer en paz (que era lo único que quería). Y le pedí perdón, le expliqué qué había pasado y la besé. Fin de llantos y de comportamientos extraños (por ambos lados).

Mi conclusión

Creo que cada chiquito y cada familia tienen sus ritmos. Irene no come menos porque tome leche de mamá. Es cierto que algunas veces, si mamá no le ofrece algo para comer -a pesar de conocer sus horarios habituales de comida- o si estamos fuera de casita, la pequeña pide tita. Puedo saber por la hora si lo que tiene es hambre o sueño a secas. O si lo que quiere, realmente, es la tita de mamá. Pregunto y ofrezco (primero comida diferente. Si la respuesta es negativa, su querida tita) y según las circunstancias, procedo. No considero que esté apegada a su tita en particular. Le gusta, claro, pero si mamá no está come otra cosa (en caso de hambre) y ya. Sí le hace falta para dormir, definitivamente, pero yo no tengo problema en que se la tome. Llegará el día en que se duerma solita por físico cansancio y ya. Y eso que puede dormirse sola (no es que se quede dormida pegada a mí), pero le hace falta su traguito de buenas noches y la compañía de mamá.

Así que como estoy disponible para ella todo el tiempo y como siento que la tita no entorpece en lo absoluto su desarrollo (por el contrario, siento que lo fortalece: los dos días extraños justamente se caracterizaron por una niña fuera de sí, insegura y dependiente de mamá -lo que NUNCA con tita se da-), dejaré que sea ella quien decida espontáneamente -y sin trastornos- cuándo dejarla. Para quienes estén en otras situaciones (o en la misma y sin respuesta) dejo algunos links de Armando, de Bebés y más, sobre el tema, y otro sobre relactancia -porque siempre se puede volver al pecho… al menos algunos días después de dejar de mamar-.

Ah, y confieso que al empezar nuestra vida con la leche materna no sabía que iba más allá de los seis meses (a pesar de las charlas, los documentos, etcétera). En mi cabeza, absurdamente, creía que cuando empezaba la alimentación complementaria los niños dejaban el pecho sin más. Creo que la confusión se debía a que muchas veces se relaciona destete con introducción de otros alimentos. Por fortuna, entendí que comer otras cositas no implicaba -a secas- dejar de tomar lechita de mamá. 😉

[Y termino confesando menos tiempo en estos días para escribir en este hogar. Nuestra chiquita cada día está más activa. Y mamá no quiere perderse tanta vida revoloteando fuera y dentro de ella.]

Links relacionados:
El destete (I): aclarando el concepto
El destete (II): cuando es el hijo quien decide
El destete (III): cuando es la madre quien decide
El destete (IV): cómo hacerlo
Relactancia, volver a amamantar tras el destete

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26 mayo 2011 at 09:20 9 comentarios

Ni palabras necias, ni oídos sordos

Siempre he estado convencida de que los chiquitos entienden todo lo que oyen. Y desde antes de nacer. Puede que no interpreten perfectamente y que confundan un sonido con otro, pero en su corazón tienen claro si el ruido que perciben es motivo de alarma, de tranquilidad o de dolor (la lista de emociones probables es larga, pero cierro aquí a manera de ejemplo). Pues bien, debo añadir ahora que a esa inteligencia emocional que les permite sobrevivir en y al mundo, debe añadírsele una capacidad comprensiva de las palabras y toda su carga emotiva a partir del momento en que ese chiquito empieza a hablar.

Foto tomada de Comunicología.

Es posible que se dé antes (más que posible es seguro, sin duda), pero para nosotros el hecho sólo es tangible ahora que obtenemos respuestas moduladas y sonoras en español. Puede parecer un chiste, pero cuando descubres que puedes quedarte una hora más en cama en las mañanas después de “conversar” con tu pequeñita en la noche y pedirle que no te despierte tan temprano lo confirmas. 😉 Puede que ni siquiera durmamos esa hora de más (mamá, al menos, se despierta a la hora habitual con orejitas alerta), pero sentimos una especie de saltito en el corazón al experimentar -a lo largo de una semana y cada uno de sus días- que Irene no sólo oye nuestras palabras: escucha.

Y así, después de despertarse unos días y hablar con los muñequitos que hay pintados y bordados en su cama, ahora opta por echarse un sueñito más largo, silenciosa y tranquila. Los días de “me despierto a las 6 a.m., me paro en la cama y llamo inmediatamente a mi madre” parecen hacer parte del pasado. Ahora “da oídos, atiende a un aviso, consejo o sugerencia” -así define el verbo el DRAE– y, sin sobresaltos ni inquietudes, duerme.

La otra cara de hablar

Y aunque a algunos el hecho les pase de largo, a mí me ha puesto a pensar seriamente que esas conversaciones sin réplicas -pero atentas- que siempre he tenido con Irene (explicándole que íbamos donde el médico o de paseo o que debía darle una medicina, ponerle el saco, esperar a papá que salía al trabajo para volver más tarde, salir de viaje, preparar la cena, bla, bla, bla), nunca fueron palabras necias.

Jamás lo creí así, por cierto, pero ahora que hay réplicas en mi lengua (el irinense disminuye) y que veo claras consecuencias, esos diálogos se resaltan con marcadores iridiscentes en mi cabeza. Todo lo que le digamos a nuestros pequeños -o lo que hablemos cerca de ellos- no cae en oídos sordos. Los bebés entienden… (lo que no tengo claro es si los entendemos nosotros).

En casa, siempre nos ha emocionado hablar con nuestra hija todo el tiempo, explicarle -o intentarlo al menos- cómo es y qué pasa en el mundo que nos movemos. También enunciar lo que sentimos… Libera, acerca, encuentra.

[Y cierro añadiendo que ese “todo lo repito” -antecedido de un “todo lo oigo, todo lo entiendo” que nace con ellos- es el que también ayuda a darnos cuenta de ese chiquito que es personita que ama, que siente y que vibra desde su primer segundo de vida. Ya decía: si yo estoy, tú estás bien. Ahora añado, “si me lo dices, también te entiendo”.]

20 mayo 2011 at 07:24 3 comentarios

Más que bla, bla, bla

Irene no para de hablar (bueno, un poco cuando está fuera de casa). Y nosotros no dejamos de sorprendernos con todo lo que dice y con la manera como repite y repite y repite ya no palabras sueltas sino oraciones completas. Pasamos de los “a papá” y todos los sustantivos precedidos del “a”, a oraciones simples pero llenas de sentido, dichas lentamente y con sonrisas en los ojos y la boca. Nos derrite y nos encanta tener una interlocutora tan chiquita en el hogar porque saber lo que piensan o quieren facilita las cosas. ¿Y el irinense? Todavía existe, sobre todo cuando coge libros y nos “lee”. Pero lo celebramos igual.

Y pienso que no hay un antes o un después que deba preocupar a los papás cuando un niño empieza a hablar. Primero, porque estoy convencida de que serán más los casos en los que los niños hablen que los que no, y, segundo, porque creo que aunque no lo hagan a los dos sino a los tres o cuatro años, lo harán el resto de sus vidas… así que ¿para qué prisas?

Pero a pesar de ello, confieso que me sorprende tener en casa a una chiquita de un poco más de 80 centímetros de altura contestanto, opinando y decidiendo. Es cierto que no da grandes discursos ni expresa ideas revolucionarias (a pesar de que pedir avena cuando tiene servido un plato de sopa y carne puede alterar un poco la logística del hogar), pero habla y le entendemos. (Quise, por cierto, incluir su voz parlanchina en esta entrada, pero el descubrimiento de una grabadora cerca hace que enmudezca persiguiendo el aparato. Ni modo).

Dice: “la niña tiene… [aquí se puede insertar cualquier sustantivo cotidiano como aretes, camisa, vestido, juguetes, etc]”, “el bebé (ahora anda con sus muñecos para todos lados) tiene [inserte acciones cotidianas como sueño, hambre, frío, calor, etcétera]” y los clásicos “vamos al parque” o “vamos a la calle” y -el ahora afamado y recurrente- “quiere helado”. Eso, sumado a sus repeticiones inacabables (que hacen que mamá y papá se rían y hasta se vuelvan cuidadosos al hablar para no alborotar solicitudes no muy viables -como salir a la calle en la noche o hablar con el abuelo que duerme-), hacen de este período un goce constante. Lo más lindo quizás, después del hecho de que hable, es oírla decir todo lentamente, como traduciendo ese ejercicio mental que debe significar armar oraciones en su cabeza. Es fascinante ver su carita de satisfacción al respondernos y, mucho más, sentir su alegría constante porque le entendemos. ¡Si hasta le hemos oído hablando sola en las mañanas, al despertar, enumerando todos los dibujos que tiene en su sábana… y creo que hasta armando historias con ellos!

Quedo debiendo un soundtrack del suceso (bueno, una pequeña grabación de su vocecita… que al menos en nuestra casita será todo un éxito). Y mientras eso sucede, me disculpo por ausencias en esta tierra y me doy permiso para hablar con mi lorito bello.

😉

Besos.

PD: Dejo links relacionados. Todos de Bebés y más (que justo en estos días anda escribiendo especiales sobre la estimulación del lenguaje. ¿Nuestra fórmula? Hablar y hablar con Irene -desde que estaba en la pancita- y explicarle cada cosa que pasaba o veía.
Cómo pueden ayudar los padres a estimular el lenguaje del niño
Cuándo pueden los padres ayudar a desarrollar el lenguaje infantil
Qué pueden hacer los padres para ayudar a estimular el lenguaje (I)
Qué pueden hacer los padres para ayudar a estimular el lenguaje (II)
Qué pueden hacer los padres para ayudar a estimular el lenguaje (III)
Qué deben evitar hacer los padres para ayudar a estimular el lenguaje
Trastornos del habla:dislalia (I)
Trastornos del habla: dislalia (II)

(Imagen tomada de Barullo.)

18 mayo 2011 at 10:04 3 comentarios

Alitas hechas en casa para nuestro disfraz

Cuando logré concretar mi primer proyecto de costura -hace apenas unas semanas- me prometí a mí misma que iba a hacer el disfraz de Irene para Hallowen (bueno, en realidad espero que lo usemos muchas veces: para jugar en casa, correr-volar en el parque, ir a fiestas de amiguitos, bla, bla, bla). Pues bien, el diseño está escogido: Alitas para nuestra pajarita. Quiero compartirlo para ver si alguien más se antoja y, por supuesto, para ponerme en marcha.

El diseño lo encontré en Llevo el invierno, la casita de Eri, una mamá muy craft. Incluye el patrón para cortarlo y coserlo, además de muchas fotos para antojarse de volar. No exige una gran experiencia en costura (quizás sí algo de habilidad con las tijeras) por lo que creo que es un proyecto viable (¡¡¡y hermoso!!!). Sólo requiere, de acuerdo con las palabras de su creadora, paciencia para cortar y pegar todas las piezas de tela que crean la cascada de plumas multicolor.

Las medidas del patrón son para niños de 18 a 36 meses de edad. Y aunque sé que pueden encontrarlo donde Eri, lo incluyo acá:

El molde que aparece a la izquierda es para la base donde estarán pegadas las plumas (que se cortan con el molde de la derecha). Es más, si no quieren coser, también pueden pegarse con silicona.

Luego, se van cosiendo las hileras de plumitas , de abajo hacia arriba (es decir, de afuera hacia el cuello), una sobre otra.

Y precisa Eri: “Una vez que tengan el molde de la línea de ondas recortado (esas ondas serán nuestras plumas ), lo copian en los retazos de tela para sacar las líneas. Teniendo una buena cantidad de estas líneas recortadas, empiezan a coserlas, la primer línea de plumas u ondas va en la parte de abajo del vestido, las demás se van cosiendo hacia arriba una encima de otra de manera que quede oculta la línea de costura.”

Luego, se cosen las dos alas por el cuello (con una cinta fuerte) y se cosen también dos cintas al final de cada ala para poder amarrarlas al dedo pulgar del pequeño. Y ya: pajaritos a volar. 😉

El resto del disfraz va por cuenta de la creatividad de cada mamá e hijo… 😉 No requiere prendas muy alambicadas (creo que nosotros optaremos por un vestido semejante al de Emma, la hija de Eri, o por una camiseta con mallitas… el tiempo lo dirá), pues las mismas alas hacen toda la magia.  ¿Se apuntan?

(Por cierto, la misma Eri tiene un disfraz de búho -con tutorial- para quienes prefieran algo más nocturno y uno de árbol -en fieltro y papel… supongo que también puede hacerse con telas, para quien lo prefiera-). Yo ando encantada con el hallazgo. No veo la hora de “alar” a Irene. Jajja.

PD: Visiten el maravilloso blog de Eri: está lleno de proyectos preciosos (casi todos en su categoría M.a.k.e), con tutoriales para hacerlos uno mismo.

11 mayo 2011 at 17:46 14 comentarios

Dx: Bronquiolitis aguda (en bebés) :(

Hemos tenido una semana difícil: lo que parecía el principio de una gripa terminó siendo una inflamación en los bronquiolos de nuestra pequeña que no la dejaba casi ni comer. Tos, tos, tos, tos, tos, tos, fiebre, ojitos llorosos y con ojeras, malestar (a pesar de sus sonrisas constantes y sus ganas de juego), poquísimo apetito y ganas de vomitar después de comer algo (un trocito, la inflamación no daba chance de más) fueron algunos de los indicios. Ah, y moquitos (muchos) transparentes. El comienzo fue simple, pero las complicaciones fueron llegando en crescendo. El jueves en la noche ya no pintaba tan simple y el viernes pasamos todo el día en urgencias. Hoy tenemos una chiquita repuesta, no al 100%, pero sí con muy poca tos y comiendo. Así que dejo nuestra historia y algunos consejos.


Y empiezo con el último: no subestimar ninguna pestecita y bicho que esté cerca y evitar llevar al pequeño a sitios donde sabemos que hay alguna enfermedad contagiosa. Sobrestimé la fortaleza de mi chiquita y la llevé a casa de unos amigos para felicitar a su pequeño -enfermito- que cumplía un año de vida. Irene, por supuesto (es bastante efusiva con los niños), se le abalanzó, lo abrazó, lo besó y etcétera y en el interín el bicho seguramente se le pegó.

¿Cómo se produce?

Voy a simplificar lo que más pueda el asunto para no hacer larga la historia: un bicho (normalmente de gripa) los infecta, produce irritación en las vías respiratorias, flemas y tos. El esfuerzo que hacen los bronquios por sacar a unos y otros de su camino (la savia invasiva del árbol: imaginen los pulmones como un árbol al revés y sabrán de qué va) hace que esas vias (primero los bronquios, después los bronquiolos) se inflamen, cerrándose cada vez más. De ahí que la tos sea cada vez más persistente, que sea seca (a pesar del esfuerzo, el cuerpo no logra soltar la flema que tiene pagada en su “árbol” respiratorio) y que el chiquito casi no pueda tragar (el espacio que queda para respirar es muy pequeño y tragar y respirar ya no pueden ocurrir al tiempo).

Los riesgos

Es una enfermedad muy común en los menores de dos años y requiere tratamiento, pues puede complicarse muy fácilmente y producir una falla respiratoria crónica: si la flema -que, creo, lleva los bichos- no logra soltarse, seguirá su camino hacia los pulmones agravando la enfermedad cada vez mas:  primero con una bronconeumonia (infección en bronquio y el comienzo de las hojitas del árbol -pulmones-) y después con una neumonía (infección en los pulmones).  Estas dos últimas suponen -al menos en mi tierra- casi siempre hospitalización y pueden degenerar en asma hacia el futuro. Por si queda alguna duda, no era una enfermedad que quisiéramos en casa, así que muy juiciosamente aplicamos -además de el clásico acetaminofén y algunos remedios homeopáticos- los esteroides y las inhalaciones que se nos recetaron. Dos días después nuestra chiquita era otra vez un pequeñajo que podía pasar más de dos horas sin toser.

Remedios caseros que funcionan (o al menos que lo hicieron en casa)

No para detener la infección, evidentemente, pero sí para hacerla más llevadera: un humidificador (recomiendan que sea de vapor frío para congestión de las vías respiratorias, y de vapor caliente para la congestión nasal, Nosotros teníamos -prestado- el segundo, pero regulamos temperatura con la sábana que enuncio a continuación y con un recipiente con agua -temperatura ambiente- a su lado), una sábana húmeda sobre la cama de la pequeña, vaporizaciones con eucalipto (al comienzo de la noche), la sagrada cebolla con azúcar al lado de la cama y MUCHO amor (insértese también mucha paciencia, comprensión y cero acoso para comer -no descuidar, eso sí, la ingesta de líquidos. Que sí haya todo el tiempo, por favor). Adoraría dar más detalles sobre el suceso, pero la chiquita ya despertó. Dejo links con información complementaria y con la aclaración de que no somos médicos en casa. Ah, nuestra médica-hermanita del alma nos recomendó ponerle camisetas rojas a nuestra pequeña para fortalezar su chacra de las defensas. No sé si sí, pero creo que para algo sirvió.

😉
Bronquiolitis infantil, causas y tratamiento
Bronquiolitis
Consejos para prevenir la bronquiolitis en los bebés
La bronquiolitis: prevención y tratamiento
Bronquiolitis aguda

Ah, las recomendaciones

  • Es importante que el chiquitín tome mucho líquido para garantizar su hidratación y ayudarle al organismo a drenar (es decir, expulsar, casi siempre en forma de moquitos) los bichos [En nuestra casa, la leche materna se lleva todos los premios en constancia y preferencias de la pequeña].
  • Tener un muñeco en casa que también requiera el tratamiento ;). A nosotros, al menos, nos ayudó muchísimo para simplificar y hacer menos horrible para nuestra chiquita (al menos, cada inhalación).
  • El humidificador no está recomendado en niños con alergías y asma: antes de usarlo, puede ser bueno consultarlo con el pediatra.
  • No dar espera antes de consultar: aunque parezca una gripa simple, si los síntomas no ceden sino que empeoran, es importante ir pronto al médico. La diferencia de tiempo entre una bronquitis, una bronquiolitis, una bronconeumonía y una neumonía puede ser de apenas unas horas (al menos, eso nos dijeron… y creo que es mejor no hacer el ensayo para comprobar).
  • Tratar de que el pequeño duerma semincorporado (medio sentado), para facilitar la respiración. Nosotros lo intentamos, pero fracasamos. 😦
  • Lavarse y lavarle con frecuencia las manos al bebé: dicen que reduce las posibilidades de contagio.
  • Dejar al chiquito en casa mientras pasa la enfermedad: no sólo lo protege de complicaciones sino que además evita propagar el contagio.
  • Y, finalmente, llenarse de comprensión: aunque el pequeño juegue y grite y sonría, está enfermo.

[Y ahora nuestra adenda: Irene hoy cumple 21 meses. ¡El tiempo vuela!]

9 mayo 2011 at 07:01 12 comentarios

La piscina

Cada día al lado de Irene es sorprendente… mucho más desde que podemos hablar con ella y entender todo (bueno, casi todo) lo que quiere.

Gracias a sus palabras y a sus gestos descubrimos la infinitud de su mente: ésa misma que hace que quiera meterse en la “pichina” de un libro que leía con papá (quitándose -por iniciativa propia, sin que nadie le insinuara que nos metiéramos, zapatos y medias para hacerlo) y que quiera, además, que nosotros la acompañemos. Anoche humedecimos nuestros pies en el agua azulada y entintada de Maniática de la explicación. Aún tenemos el corazón mojado y goteando amor. Vivir a su lado es caminar todos los días por el cielo. 😉

PD. La imagen es de hoy… la de ayer quedó grabada en el recuerdo. La imaginación de los niños es un mundo (¿innato? No sé, pero -cuando menos- inmenso).

2 mayo 2011 at 08:55 5 comentarios


De sol a sol

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