Posts filed under ‘Sueño infantil’

Ni palabras necias, ni oídos sordos

Siempre he estado convencida de que los chiquitos entienden todo lo que oyen. Y desde antes de nacer. Puede que no interpreten perfectamente y que confundan un sonido con otro, pero en su corazón tienen claro si el ruido que perciben es motivo de alarma, de tranquilidad o de dolor (la lista de emociones probables es larga, pero cierro aquí a manera de ejemplo). Pues bien, debo añadir ahora que a esa inteligencia emocional que les permite sobrevivir en y al mundo, debe añadírsele una capacidad comprensiva de las palabras y toda su carga emotiva a partir del momento en que ese chiquito empieza a hablar.

Foto tomada de Comunicología.

Es posible que se dé antes (más que posible es seguro, sin duda), pero para nosotros el hecho sólo es tangible ahora que obtenemos respuestas moduladas y sonoras en español. Puede parecer un chiste, pero cuando descubres que puedes quedarte una hora más en cama en las mañanas después de “conversar” con tu pequeñita en la noche y pedirle que no te despierte tan temprano lo confirmas. 😉 Puede que ni siquiera durmamos esa hora de más (mamá, al menos, se despierta a la hora habitual con orejitas alerta), pero sentimos una especie de saltito en el corazón al experimentar -a lo largo de una semana y cada uno de sus días- que Irene no sólo oye nuestras palabras: escucha.

Y así, después de despertarse unos días y hablar con los muñequitos que hay pintados y bordados en su cama, ahora opta por echarse un sueñito más largo, silenciosa y tranquila. Los días de “me despierto a las 6 a.m., me paro en la cama y llamo inmediatamente a mi madre” parecen hacer parte del pasado. Ahora “da oídos, atiende a un aviso, consejo o sugerencia” -así define el verbo el DRAE– y, sin sobresaltos ni inquietudes, duerme.

La otra cara de hablar

Y aunque a algunos el hecho les pase de largo, a mí me ha puesto a pensar seriamente que esas conversaciones sin réplicas -pero atentas- que siempre he tenido con Irene (explicándole que íbamos donde el médico o de paseo o que debía darle una medicina, ponerle el saco, esperar a papá que salía al trabajo para volver más tarde, salir de viaje, preparar la cena, bla, bla, bla), nunca fueron palabras necias.

Jamás lo creí así, por cierto, pero ahora que hay réplicas en mi lengua (el irinense disminuye) y que veo claras consecuencias, esos diálogos se resaltan con marcadores iridiscentes en mi cabeza. Todo lo que le digamos a nuestros pequeños -o lo que hablemos cerca de ellos- no cae en oídos sordos. Los bebés entienden… (lo que no tengo claro es si los entendemos nosotros).

En casa, siempre nos ha emocionado hablar con nuestra hija todo el tiempo, explicarle -o intentarlo al menos- cómo es y qué pasa en el mundo que nos movemos. También enunciar lo que sentimos… Libera, acerca, encuentra.

[Y cierro añadiendo que ese “todo lo repito” -antecedido de un “todo lo oigo, todo lo entiendo” que nace con ellos- es el que también ayuda a darnos cuenta de ese chiquito que es personita que ama, que siente y que vibra desde su primer segundo de vida. Ya decía: si yo estoy, tú estás bien. Ahora añado, “si me lo dices, también te entiendo”.]

20 mayo 2011 at 07:24 3 comentarios

Bebés y niños sin televisión

Aunque en otras ocasiones he hablado sobre nuestra vida sin televisión, hoy quiero hacer algunos apuntes sobre cómo afecta (o no) a Irene vivir sin ella. No tengo experiencia directa sobre las diferencias que pueda haber con un bebé que ve televisión, pero haré referencias a algunos estudios sobre los efectos que puede tener la llamada caja mágica sobre los pequeños, además de algunos comentarios sobre casos cercanos de familiares con niños que sí conviven con un televisor.

Imagen tomada del blog Rebel:art.

En principio, reafirmo que nuestra vida es maravillosa y completamente llevadera sin televisión. Puede parecer tonto hacerlo, pero comienzo por ahí porque en más de una ocasión hemos visto caras asombradas e incrédulas por nuestra decisión de marginarnos de ella. Vivimos actualizados, informados, activos y felices sin ver los programas de moda, y disfrutamos -mucho más que antes- de un gran número de actividades lúdicas y de ocio que nos acercan muchísimo más como familia y que estimulan de manera sorprendente el desarrollo de nuestra chiquita.

Sin embargo, nuestra vida no carece de pantallas: vemos cine (ahora en casa, por la pequeña) y usamos el ordenador. Internet a veces resulta tan atractivo y absorbente como un televisor, pero como ya sabemos el tiempo que ganamos como familia limitamos su uso (confieso que podemos hacerlo mejor).

Un bebé sin televisión

La inquietud que incluso a nosotros mismos nos ronda es cómo afecta el desarrollo de Irene no ver televisión. Y aunque no cuento con la experiencia diaria del caso opuesto, tengo la sensación desde hace algunos meses de que sí hay ciertos rasgos y comportamientos de nuestra hija que se potencian por el hecho de no tener pantallas en su rutina: entre otras, Irene es una niña constantemente activa (no hiperactiva), que habla todo el tiempo y que cuenta con una gran capacidad de concentración.

La mayor parte de nuestras actividades (diurnas, al menos) son conjuntas, lo que ayuda a que en su cotidianidad sea una niña que interactúa mucho con otras personas, se desplaza constantemente por distintos lugares -dentro y fuera de casa- y se adapta fácilmente a los cambios (con ella ha sido, por ejemplo, muy fácil viajar). Tiene una rutina establecida para su baño, su sueño y sus comidas y el resto del tiempo lo distribuye en juegos, lecturas, dibujos y paseos. Cuenta siempre con un adulto de confianza a su lado (casi siempre mamá o papá), lo que le aporta mucha seguridad (aunque demanda, de nuestra parte, total disposición y disponibilidad).

¿En qué más incide la no pantalla? Creo que en el desarrollo del habla y en -lo decía antes- su capacidad de concentración. Un estudio -que referencio al final del texto- señala que por cada hora de televisión que ve un niño, recibe 770 palabras y 20 minutos menos de interacción. Otros (que no encuentro ahora, pero que sé que existen) afirman que los niños que están expuestos (en exceso, al menos) a los estímulos de la televisión pueden tener dificultades para concentrarse en un aula de clase -mucho más estática y “aburrida” que una serie televisiva.

Ver o no ver televisión

Mi propósito no es satanizar el medio (ya muchos dicen que el problema no es su existencia si no el uso que se hace de ella), pues yo misma vi televisión de pequeña sin que ello supusiera el fin de mi desarrollo. Quizás pretendo más señalar lo que siento que hemos ganado como individuos y como familia por no tenerla, así como expresar el impacto que me genera ver cómo crecen generaciones mucho más expuestas a su influjo, menos atentas, menos activas, menos sociables, más encerradas, menos curiosas y más “formateadas” por lo que se dice en la televisión. De hecho, tras casi cinco años de no convivir con ella, me he dado cuenta de que la mayor parte de las conversaciones que oigo tienen como origen el televisor (anoche dijeron en las noticias…, vi un programa que decía…, ¿qué te parece lo que pasó con sutanita o perencejita? -personajes de ficción de una telenovela o una serie televisiva- and go on).

Y cierro diciendo que yo misma me he quedado perpleja al hacer la búsqueda de textos que acompaña este artículo, pues todos insisten en los efectos negativos que puede tener la televisión (que pasan por obesidad hasta diabetes, cáncer e hipertensión… para no hablar de autismo, malas hábitos de consumo, pérdida de atención, bajo rendimiento escolar, entre otros).

He intentado ver algunas películas con Irene, pero me he sorprendido a mí misma saltando del sofá para detenerlas en su comienzo (todas, sin excepción -seguro que el descubrimiento de la estructura narrativa la explica mejor Vladimir Propp- comienzan con una pérdida, un drama o una tragedia dolorosas y angustiantes para un menor). No es gratuito que digan que los bebés sólo necesitan 20 segundos para absorber las emociones plasmadas en la televisión (aún recuerdo la cara de angustia de mi chiquita después de ver por un instante la persecución que sufrió no sé quién de no recuerdo tampoco qué animal.) ¿Qué pasará con las series -de dibujitos incluso- que ven los chiquitos sin supervisión? Dejo los links referenciados junto con algunas reseñas y resaltados. Cada quién juzgará qué es mejor. Por lo pronto, en casa, vivimos felices sin televisión.

Lecturas relacionadas:

:s

7 marzo 2011 at 08:21 14 comentarios

Dientes, dientes, dientes…

De una salida progresiva y gradual de incisivos, pasamos a un ataque frontal de salidas de muelas. La buena nueva (aunque esa noticia también es grata para los avances de la chiquita) es que a diferencia del malestar y la irritabilidad que acompañó la asomada de narices de la primera de ellas, la llegada de dos nuevas muelitas simultáneas no han afectado en lo absoluto el ánimo de nuestra pequeña. Ni su apetito ni su sueño…

[Youtube=http://www.youtube.com/watch?v=WY8jr_qdQLs]
La mala nueva es que esos dientes traseros no se dejan “retratar”. No sé si sea un asunto de fotógrafa, de cámara -me falla la nuestra. Snif- o de modelo. Lo cierto es que puedo dar fe de que hay dos señoras blancas y grandes saliendo de las encias de nuestra hija, que se suman a su segundo incisivo inferior izquierdo. Ah, las señoritas nuevas, por cierto, vienen acompasadas a ese mismo lado, arriba y abajo. 😉 Y amenazan en convertir a nuestra chiquita en una nueva versión de Cookie Monster. Jajjaja

PD: Dos detalles más. Sobre aprender a dormir tengo una nueva hipótesis (que voy confirmando lentamente): Irene duerme más horas seguidas cuando se duerme por sí misma. Si se queda dormida en su última toma de pecho y yo la pongo en la cama, suele despertarse a medianoche (después de 4 o cinco horas de sueño). La madre regresa, la acompaña pero no la saca y la chiquita vuelve a caer en brazos de Morfeo. Pero si su sueño llega después de comer e ir consciente a la cama y caer profunda después de revisar ene veces que la mamá sí la acompaña, puede dormir hasta 10 y 11 horas de un tirón. ¡Y sin lágrimas! [Ha de tener que ver algo con que ya tiene casi dieciséis meses, ¿verdad?. Recuerdo las palabras de Karina así que borro la anterior afirmación para evitar que se rompa el hechizo. Por cierto, dejo otro video (entrevista preciosa) del Cookie Monster original. Me hace recordar mis épocas de infancia. [♥ Suspirito, suspirito, suspirito ♥].

Y uno de los clásicos: 😉

Por cierto, a la fecha completamos once dientecitos en la boca de Irene. ¿Un montón, no? Espero que eso la convierta en Food Master. Jjejej.

26 noviembre 2010 at 06:38 3 comentarios

Aprender a dormir

He hablado muchas veces del sueño de la chiquita: que se despierta en las noches, que no, que sigue derecho, que hace siesta en el día, que se queda sin cerrar los ojos en toda la tarde como si tuviera pilas, que se duerme tomando el pecho, que se duerme mecidita… Pues bien, hoy debo agregar que los niños sí aprenden a dormir… o, mejor, que necesitan hacerlo y que -ya lo he dicho- aprender a dormir como lo hacemos nosotros implica un proceso. Los caminos en cada chiquito son distintos. Así que expongo el último paso dado con Irene de la mano de Morfeo, pero no garantizo que se mantenga así per secula seculorum… De hecho, creo que faltan años para lograrlo. 😉

Puedo confirmar, sí, que nada está escrito en los bebés, que el sueño es un aprendizaje y que cada niño tendrá su forma de llegar a uno regulado y tranquilo. No me quejo de las noches que he pasado al lado de Irene, no me arrepiento de la cantidad de veces que me he despertado para estar con ella, no lamento haber cambiado mis noches desde hace casi dieciséis meses, pero sí lamento haberme sentido agotada una noche y haber creído (no fue el fin del mundo, pero tampoco tuvo sentido) que saliendo de su cuarto a las 5 a.m. por unos 20 minutos, después de hablarle (siempre lo hago y de eso no me arrepiento) y explicarle n veces que debía acostarse para volverse a dormir iba a dar resultado.

Sin embargo, después de tantas montañas rusas (y puede que ésta sea otra, pero que ahora estemos en un llanito), pareciera que nuestra chiquita ahora sí está aprendiendo a dormir por sí misma. ¿La fórmula? No creo que exista, aunque sí hay una serie de experiencias nuevas que parecieran haber surtido efecto en ella. Seguramente no serán la panacea para ningún otro pequeño, pero en esta casita -al menos- nos está ayudando a cambiar de nivel. ¿Y si volvemos a tener noches con muchos despertares? Intentaremos algo nuevo, acompañándola siempre… porque a dormir y a vivir también se debe aprender.

Te acompaño pero no te saco

Suena horrible, pero es literal. Ahora, cuando nuestra chiquita se despierta en las noches mamá acude a su lado y se sienta en la mecedora enfrente de ella. No más. Al principio le hablaba, le decía cosas, me acercaba a la cama y le ponía la mano en el pecho, etc., etc., etc. Y sí, ella se dormía (algunas veces después de protestar insistentemente, otras, sin más), pero casi siempre volvía a despertarse una hora más tarde o dos. Y nos pasábamos así toda la noche, cansada ella y cansada yo. En otras ocasiones, por supuesto, sí había períodos de 4 y 5 horas de sueño contínuo. Pocas veces también, había noche sin despertares… pero nada era ni predecible ni constante. Ahora, con el “te acompaño pero no te saco” (y, de hecho, ya tampoco hablamos) Irene se acuesta solita (curioso, ahora boca-abajo… o más o menos, porque la boca queda a un lado del colchón mientras el cuerpo descansa sobre el pecho) y se duerme por sí misma, rápidamente y sin protestar.

Por supuesto, llegar a este punto implicó cambios. Y protestas (sin lágrimas, pero sí con gritos que lo parecían) que terminaron cuando entendió lo que decía mamá. No fue un período largo: dos noches con uno o dos despertares cada una y protestas -que iban disminuyendo en cada despertar- por menos de cinco minutos. Aclaro, por cierto, que estas últimas no eran continuas porque la señorita gritaba y se quedaba callada para ver si la mamá reaccionaba (yo, por mi parte, ni me movía; me quedaba en una mecedora que hay enfrente de su cuna, en un vaivén adormecedor para las dos). El resultado, como  dije, fue que Irene terminó por “ensayar” lo que le había dicho taaaantas veces: acostarse y cerrar los ojitos para dormir. Cada tanto, nuestra niña se levantaba otra vez, silenciosa, para ver si mamá seguía allí. Una vez lo verificaba, volvía a acostarse calladita hasta que finalmente, convencida, se quedaba dormidita. Ahora, después de una semana, se despierta muy pocas veces (cuando lo hace, ya no ocurre siempre), se para en su cuna, me llama, entro a su cuarto, me siento en la mecedora y, casi automáticamente, ella se acuesta en su camita en la nueva posición favorita, cierra los ojos y pasados unos 15 minutos respira profundamente dormida.

No sé si dure esta nueva etapa. Es más, estoy segura de que puede variar en el camino, pero tengo la sensación de que nuestra pequeña ha entendido -por fin- que sí puede dormirse solita y que mamá y papá la acompañan y la aman y pueden estar de muchas maneras a su lado. Ahora no hay muelas asomando narices, ni niña irritable en el día (no digo que una cosa tenga que ver con la otra. [Inserte aquí cara de “no tengo ni idea” con elevación de hombros rapidísima])… circunstancias que seguramente ayudan para nuestras nuevas prácticas de buen dormir. Seguramente tendremos nuevos despertares y molestias y tomada en brazos y mecidas y conversadas y un largo etcétera cuando haya gripitas o muelas cansonas o pesadillas (ojalá no lleguen), pero esas malas noches las tenemos todos… así que no cuentan. 😛

Dejo constancia de esta nueva etapa para ustedes y para ella en el mañana. A lo mejor Irene tiene alguien “nietecito para mamá y papá” que la despierte en las noches para que le vele el sueño. Y si no lo tiene, pues habrá amiguitos y vecinitos duermiendo.

PD: Aclaro que cada uno de nuestros pasos responden a nuestros hábitos al dormir. Celebro también los dulces sueños de aquellos padres que comparten cuarto o lecho con los pequeños. Si les funciona, me parece perfecto. Esta chiquita, por su parte, parece que no prefiere el colecho. O no aprendió a dormir así. Ahora cuando siente algo cerca, manda patadas a todos lados, no sé si porque no le gusta sentir estrecho su espacio o si porque no le gustan para nada las cobijas (duerme sólo con pijamita). Sea una cosa o la otra confirmo lo dicho: cada niño y cada familia tienen sus hábitos y sus rutinas para dormir.

24 noviembre 2010 at 07:58 7 comentarios

Otra vez como en botica…

De todo. Un resumen sobre nuestras últimas semanas con Irene. Anticipo noticias de sueño, temperamento, dientes y verde.


[A ver si esta vez si logro cubrir la mayor parte de las novedades… sin escribir un kilómetro de post. ;)]

  • Karina me anticipó que no hablara mucho de esto, así que lo hago en susurro: Irene duerme otra vez plácidamente en la noche, diez horas de un tirón más o menos, después de un retorno de despestares (que no será el único, seguro, porque es bebé y porque ellos se despiertan en la noche como nosotros). Creo que encontré la causa eficiente de que estuviera despertándose: tenía calor. :S Y yo, poniéndole cobijas, pijamas gruesas y etcétera porque creía que si estaba calientita se despertaba menos. ¿Quién podrá ayudarnos con el efecto sobreprotector? Recomendaciones: eviten pijamas con poliéster (mejor fibras naturales que respiren, como el algodón) y celebren, después del año, que no vengan con piecitos cubridores, sobre todo si viven en el trópico. Y si el niño se quita la cobija… pues seguramente lo hace porque tiene calor. 😉
  • El último diente en salir se ha tomado su tiempo y ha molestado un poco, rascando, inflamando… El apetito ha mermado. Ya, por fin, se ve una hilerita blanca en su espacio. Y creo que se tejen arribos futuros porque las encias están cada vez más gruesas por todos lados. Ya nuestra chiquita luce sonrisa de niña que crece. A veces extraño su desdentado.
  • Todos los días hay gritos de independencia en nuestro hogar. El temperamento de Irene sigue afianzándose, revelando una chiquita decidida e independiente. Quiere comer sola (¡con cuchara! Y lo mejor -dato importante para otros padres- es que como ocurre con casi todo: si la dejas experimentar, aunque se ensucie, lo logra), caminar sola, correr sola… Manda y dispone. Y sonríe con una carita tan dulce y amorosa… Mi muacho dice a veces que está consentida, yo creo firmemente que está descubriendo que puede hacer cosas por sí misma y que, cuando no puede, se frustra un poco y le duele. ¿Y qué funciona para calmar los ánimos y evitar lloros y malestares? Explicarle lo que pasa, con detalles, y cambiar su foco de atención. Si el grito se torna grave y continúa después de aclarar lo que sucede (los niños a veces no son buenos interpretadores por eso es bueno hablarles), le decimos que entendemos que se siente mal, que estamos para acompañarla, pero que sólo ella puede encontrar la manera de calmarse. La dejamos un poco sola (manteniéndonos a su lado pero sin prestarle toda la atención)… y comprende y se calma. Si no funciona, un buen abrazo conversado no falla.
  • Y cierro confirmando lo que ya he dicho otras veces: la naturaleza es sabia… y nosotros sólo debemos dejarla hablar. Y dejar de pelear con ella y seguir su curso con confianza. Este fin de semana tuve dos muestras claras de ello: la primera, una huerta orgánica preciosa, que apareció de la nada, al lado de mi cotidianidad. La montaron en tres semanas y ya tiene sus retoños (una preciosidad). Muchas veces creo que cuando hablas de algo empiezas a verlo de repente porque te has sensibilizado para ello… pero en este caso, juro, siento que la vida me está trayendo las cosas para que aprenda de ello y pueda empezar proyectos. Veremos, veremos. Ahora, lo segundo: después de una temporada de lluvias fuertes, hay derrumbes grandes y pequeños por todos lados en las montañas que abrazan mi ciudad. Fuimos a una casita de campo y vimos, dolorosamente, que el cauce que había sido basurero de materia orgánica de un vecino empezó a erosionarse (y no poco). Si en lugar de tirar allí los residuos del corte de su jardín, el hombre hubiera destinado una pequeña área -segura- de su lote para acumularlos y los hubiera dejardo degradarse (también ha podido preparar una caja compostera, airear los residuos cada tanto, taparlos con un plástico para incrementar la temperatura de la pila,…), habría tenido abono para sus plantas, un cauce limpio y un derrumbe menos de qué preocuparse.

Y cierro con la recomendación de dos lecturas cortas de otras mamás bloggeras que sin querer coinciden un poco con lo que acabo de mencionar: Boicot a Nestlé (al que me uno totalmente) y De “madres vaca” y periodistas fatuas. Cada vez me convenzo más de que nuestras pequeñas acciones o palabras sí pueden cambiar algo… cuando menos nuestro mundo. Quedo debiendo noticias de nuestros avances en Simple Living… pero ya habrá espacio para ellas. [Añado un cartoon de Nani (que salió en la prensa hace como veinte días y se ve mejor aquí) que habla por sí mismo.]

19 octubre 2010 at 04:52 8 comentarios

Tres noches sin despertares…

¿Será definitivo? Mi chiquita está dormiendo, sin despertar, desde las 7-8 de la tarde hasta las 5:30 a.m. Hace siestas de una hora en la mañana y en la tarde. Al levantarse y acostarse toma leche de mi pecho… y en el día (además de nuestra leche, que toma unas 5 veces más) come y come y come todo lo que le demos, con gusto y con deseo. Nuestra Irene está creciendo… Y lo seguirá haciendo incluso, si en la noche, se despertara de nuevo.

Foto tomada de: El diván digital

Asusta, pero es bello. Más cuando al abrir los ojos, sonríe y empieza a brincar.

😉

8 septiembre 2010 at 13:09 6 comentarios

Sueño y lactancia: ¿menos despertares a los casi 10 meses de edad?

Todas las noches con los pequeños son distintas… pero hay unas, que ya había comentado antes, en las que el sueño cambia tanto que nosotras, madres a fin de cuentas, damos vueltas en la cama ya no por tener que levantarnos cada cierto tiempo, si no, justamente, porque el chiquito no se ha vuelto a despertar. Desde hace cuatro días, los despertares de Irene no han estado acompañados invariablemente por su tetita y, para mi sorpresa, esto ha devenido en una reducción abrumadora de sus despertares. ¿Será que mi chiquita está aprendiendo a relajarse sola, será que ya es una niña más grande, será que está aguantando hambre, será que yo soy una mala madre por no darle pecho todo el tiempo, será que el sueño y la lactancia tienen una relación incomprensible, será que mañana es distinto, será… normal?

Y arranco con lo que he dicho una y mil veces: Cada niño es único. Y cada madre y cada familia tienen su propia historia y lo que pasa en unos no tiene que ser igual en los demás. Me lo digo especialmente a mí misma, pero también lo escribo porque temo que en el futuro alguien lea esto y termine, por una interpretación descontextualizada de nuestra experiencia, iniciando un destete forzoso del chiquito, cuando yo misma afirmo a los cuatro vientos que quiero que Irene tome pecho hasta que -literalmente- ella quiera (ojalá, al menos, hasta sus dos años). Dicho esto, arranco con nuestras nuevas variantes de sueño nocturno y con una serie de preguntas que -habrán visto- no sé aún cómo responder.

Despertar

Hace algunos días, Irene inició un período de muchos despertares nocturnos (5 o 6 en la noche), que duraban poco, pero que se repetían, pasadas las primeras tres o cuatro horas de sueño, cada hora y media más o menos. En estos despertares, como suelo hacer siempre, yo le daba pecho para ayudarla a relajarse y, una vez dormida, volverla a acostar.

Pues bien, empecé a notar que nuestra chiquita muchas veces no alcanzaba a succionar más de cinco minutos antes de quedarse de nuevo profundamente dormida. Como no tenemos colecho y cuando le doy tomas nocturnas (al menos al principio) me despierto totalmente, concluí que el tema era más un “necesito relajarme para conciliar el sueño” que un “tengo hambre y necesito tomar la leche de mamá”. Me propuse buscar alternativas para que Irene pudiera relajarse de otro modo, no tanto para no levantarme en la noche -que lo hago con gusto y hasta me hace falta-, sino para que mi chiquita tuviera un sueño apacible y descansara más.

Tertulias con mamá

Iniciamos así unas nuevas tertulias nocturnas: durante su última toma empecé a hablar con ella diciéndole que podía estar tranquila porque sabía que siempre estábamos a su lado, amándola, cuidándola y protegiéndola para que nada malo le llegara a pasar. Paralelamente, acariciaba su espalda, sus hombros, sus brazos, sus piernas y le decía que si se despertaba en la noche, podía darse la vuelta, cerrar nuevamente sus ojitos, respirar profundo y sentir cómo su cuerpecito se llenaba de amor, paz y serenidad.

Cabe decir que estos (darse la vuelta tranquila y volverse a dormir) son comportamientos que ya he visto en ella, pues a diferencia de sus primeros meses de vida, nuestra chiquita ahora se acuesta casi siempre entredormida, consciente de que está yéndose a la camita y dándose la vuelta ella misma para dormir de lado, en su posición preferida. Agrego, así mismo, que en más de una ocasión en que me despertaba presurosa para atenderla porque creía que se había despertado, me encontraba con que su despertar había sido superficial, que ella apenas necesitaba sentirse acompañada para dar una vuelta en la cama y continuar su sueño.

Esto, sumado a unas palabras recientes de Adri en su blog, donde contaba que no siempre ayudaba a Gabi, en sus despertares, a dormir dándole pecho porque de este modo dormía un poco más, y a la consciencia de que Irene toma leche materna durante todo el día, a demanda (cómo, dónde y cuando quiera), que siempre estoy con ella y que no tiene ningún problema con su alimentación complementaria (además de que ya tiene casi 10 meses de edad), me convenció de intentar otros métodos para acompañarla en sus noches. ¿Resultado? Pues que de un día para otro, sin más, mi chiquita ha pasado de despertarse 5 o 6 veces en la noche, a uno o dos despertares. ¿Coincidencia? Ustedes dirán.

Nuestras hipótesis

(Foto de Bebés y más)

Y digo hipótesis porque es posible que mañana, con la misma secuencia de acciones, Irene se despierte cada dos horas. Además de lo dicho anteriormente (que Irene toma leche materna a demanda, que va bien con su alimentación complementaria, que es una bebé con un aparato digestivo mucho más maduro por su edad y no requiere tomar leche en la noche para completar sus requerimientos de nutrientes, que siempre ha estado acompañada), pienso que hay un par de cosas más que propician este tipo de cambios en nuestra chiquita. La primera es que nunca ha llorado en las noches, pues siempre nos ha tenido a su lado al despertar. Creo que eso le da confianza y seguridad y ayuda, por supuesto, a que no se sienta amenazada y se sienta tranquila -o, lo que es casi igual, a que se relaje fácilmente- incluso sin succionar el pecho de mamá. La otra es que el sueño nocturno de Irene (desde sus primeras semanas de vida) ha sido regular: siempre, desde que tuvo conciencia del día y la noche, ha dormido desde las 6 p.m. hasta las 6 a.m., horas en las que el sol también descansa en esta tierra tropical. Se despierta, por supuesto (unas veces más, otras menos), pero eso nunca ha variado su hora de irse y salir de la cama. Algo con lo que se puede contar.

¿Y qué es exactamente lo que hemos hecho estas últimas noches?

Atenderla cada vez que sentimos que está totalmente despierta. ¿Cómo? Yendo a su cuarto, hablándole para tranquilizarla, diciéndole que estamos con ella, que puede dormir tranquilita, que estamos cuidándola y amándola como siempre (algunas veces, incluso, le cantamos su nana, mi “corazón de melón”, reiterativa desde el embarazo, inventada y que sigo debiendo por acá). Si vemos que no se duerme y que definitivamente lo que quiere es leche, la sacamos de la cunita y la dejamos mamar. La sorpresa es que normalmente esto sólo ocurre al inicio de la noche, en su primer despertar. De ahí en adelante, al menos en los últimos dos días (de cuatro es una referencia significativa) se ha dormido casi inmediatamente… Y sólo se ha despertado una vez más.

¿Se habrá reducido su ingesta de leche?

La verdad es que creo que no. Pero aclaro que en este momento y en este caso. No sé si se mantenga así y no creo que sea igual ni en otro niño ni en otra mamá. El pañal que le cambio en las mañanas, al despertarse, sigue estando tan mojado como siempre -sólo usa uno en la noche 😉 … una de las ventajas de usar pañales de tela: le pones un inserto extra y ya está- y sus tomas de leche durante el día siguen siendo tan frecuentes como antes. Lo único que ha variado, desde que salimos de la clínica, es que ahora, alrededor de las 4:00 o 5:00 p.m., toma una sopita (completando dos en el día). A las 6 p.m., como siempre, toma su lechita.

Veremos cómo siguen dándose las cosas. Lo cierto, es que definitivamente nada está escrito en este oficio (¿oficio?) de ser madre y que mi chiquita está en una edad en la que todo puede pasar. Confieso que antes de escribir esto temí que alguna madre entendiera que la solución para los despertares era el destete, pero espero que haya quedado claro que no lo pienso ni loca y que sigo siendo una defensora total de la lactancia. Creo, simplemente, que nuestra chiquita ha llegado a un momento en su desarrollo en el que no necesita comer durante la noche y en el que sus ciclos de sueño se regulan más. ¿Les había contado, por cierto, que durante el día también ahora duerme mucho más?

😉

(Y para no dejar el tema puramente en lo anecdótico, les recomiendo este artículo sobre las fases del sueño, de Bebés y más, esta entrada de nuestra casita sobre el libro Dormir sin lágrimas, de Rosa Jové, y el libro mismo de esta autora. Creo que los tres textos pueden ayudar a entender mejor el sueño de los peques y a buscar alternativas que se amolden a cada hogar.)

25 mayo 2010 at 07:48 3 comentarios

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