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Ni palabras necias, ni oídos sordos

Siempre he estado convencida de que los chiquitos entienden todo lo que oyen. Y desde antes de nacer. Puede que no interpreten perfectamente y que confundan un sonido con otro, pero en su corazón tienen claro si el ruido que perciben es motivo de alarma, de tranquilidad o de dolor (la lista de emociones probables es larga, pero cierro aquí a manera de ejemplo). Pues bien, debo añadir ahora que a esa inteligencia emocional que les permite sobrevivir en y al mundo, debe añadírsele una capacidad comprensiva de las palabras y toda su carga emotiva a partir del momento en que ese chiquito empieza a hablar.

Foto tomada de Comunicología.

Es posible que se dé antes (más que posible es seguro, sin duda), pero para nosotros el hecho sólo es tangible ahora que obtenemos respuestas moduladas y sonoras en español. Puede parecer un chiste, pero cuando descubres que puedes quedarte una hora más en cama en las mañanas después de “conversar” con tu pequeñita en la noche y pedirle que no te despierte tan temprano lo confirmas. 😉 Puede que ni siquiera durmamos esa hora de más (mamá, al menos, se despierta a la hora habitual con orejitas alerta), pero sentimos una especie de saltito en el corazón al experimentar -a lo largo de una semana y cada uno de sus días- que Irene no sólo oye nuestras palabras: escucha.

Y así, después de despertarse unos días y hablar con los muñequitos que hay pintados y bordados en su cama, ahora opta por echarse un sueñito más largo, silenciosa y tranquila. Los días de “me despierto a las 6 a.m., me paro en la cama y llamo inmediatamente a mi madre” parecen hacer parte del pasado. Ahora “da oídos, atiende a un aviso, consejo o sugerencia” -así define el verbo el DRAE– y, sin sobresaltos ni inquietudes, duerme.

La otra cara de hablar

Y aunque a algunos el hecho les pase de largo, a mí me ha puesto a pensar seriamente que esas conversaciones sin réplicas -pero atentas- que siempre he tenido con Irene (explicándole que íbamos donde el médico o de paseo o que debía darle una medicina, ponerle el saco, esperar a papá que salía al trabajo para volver más tarde, salir de viaje, preparar la cena, bla, bla, bla), nunca fueron palabras necias.

Jamás lo creí así, por cierto, pero ahora que hay réplicas en mi lengua (el irinense disminuye) y que veo claras consecuencias, esos diálogos se resaltan con marcadores iridiscentes en mi cabeza. Todo lo que le digamos a nuestros pequeños -o lo que hablemos cerca de ellos- no cae en oídos sordos. Los bebés entienden… (lo que no tengo claro es si los entendemos nosotros).

En casa, siempre nos ha emocionado hablar con nuestra hija todo el tiempo, explicarle -o intentarlo al menos- cómo es y qué pasa en el mundo que nos movemos. También enunciar lo que sentimos… Libera, acerca, encuentra.

[Y cierro añadiendo que ese “todo lo repito” -antecedido de un “todo lo oigo, todo lo entiendo” que nace con ellos- es el que también ayuda a darnos cuenta de ese chiquito que es personita que ama, que siente y que vibra desde su primer segundo de vida. Ya decía: si yo estoy, tú estás bien. Ahora añado, “si me lo dices, también te entiendo”.]

20 mayo 2011 at 07:24 3 comentarios

Bebés y niños sin televisión

Aunque en otras ocasiones he hablado sobre nuestra vida sin televisión, hoy quiero hacer algunos apuntes sobre cómo afecta (o no) a Irene vivir sin ella. No tengo experiencia directa sobre las diferencias que pueda haber con un bebé que ve televisión, pero haré referencias a algunos estudios sobre los efectos que puede tener la llamada caja mágica sobre los pequeños, además de algunos comentarios sobre casos cercanos de familiares con niños que sí conviven con un televisor.

Imagen tomada del blog Rebel:art.

En principio, reafirmo que nuestra vida es maravillosa y completamente llevadera sin televisión. Puede parecer tonto hacerlo, pero comienzo por ahí porque en más de una ocasión hemos visto caras asombradas e incrédulas por nuestra decisión de marginarnos de ella. Vivimos actualizados, informados, activos y felices sin ver los programas de moda, y disfrutamos -mucho más que antes- de un gran número de actividades lúdicas y de ocio que nos acercan muchísimo más como familia y que estimulan de manera sorprendente el desarrollo de nuestra chiquita.

Sin embargo, nuestra vida no carece de pantallas: vemos cine (ahora en casa, por la pequeña) y usamos el ordenador. Internet a veces resulta tan atractivo y absorbente como un televisor, pero como ya sabemos el tiempo que ganamos como familia limitamos su uso (confieso que podemos hacerlo mejor).

Un bebé sin televisión

La inquietud que incluso a nosotros mismos nos ronda es cómo afecta el desarrollo de Irene no ver televisión. Y aunque no cuento con la experiencia diaria del caso opuesto, tengo la sensación desde hace algunos meses de que sí hay ciertos rasgos y comportamientos de nuestra hija que se potencian por el hecho de no tener pantallas en su rutina: entre otras, Irene es una niña constantemente activa (no hiperactiva), que habla todo el tiempo y que cuenta con una gran capacidad de concentración.

La mayor parte de nuestras actividades (diurnas, al menos) son conjuntas, lo que ayuda a que en su cotidianidad sea una niña que interactúa mucho con otras personas, se desplaza constantemente por distintos lugares -dentro y fuera de casa- y se adapta fácilmente a los cambios (con ella ha sido, por ejemplo, muy fácil viajar). Tiene una rutina establecida para su baño, su sueño y sus comidas y el resto del tiempo lo distribuye en juegos, lecturas, dibujos y paseos. Cuenta siempre con un adulto de confianza a su lado (casi siempre mamá o papá), lo que le aporta mucha seguridad (aunque demanda, de nuestra parte, total disposición y disponibilidad).

¿En qué más incide la no pantalla? Creo que en el desarrollo del habla y en -lo decía antes- su capacidad de concentración. Un estudio -que referencio al final del texto- señala que por cada hora de televisión que ve un niño, recibe 770 palabras y 20 minutos menos de interacción. Otros (que no encuentro ahora, pero que sé que existen) afirman que los niños que están expuestos (en exceso, al menos) a los estímulos de la televisión pueden tener dificultades para concentrarse en un aula de clase -mucho más estática y “aburrida” que una serie televisiva.

Ver o no ver televisión

Mi propósito no es satanizar el medio (ya muchos dicen que el problema no es su existencia si no el uso que se hace de ella), pues yo misma vi televisión de pequeña sin que ello supusiera el fin de mi desarrollo. Quizás pretendo más señalar lo que siento que hemos ganado como individuos y como familia por no tenerla, así como expresar el impacto que me genera ver cómo crecen generaciones mucho más expuestas a su influjo, menos atentas, menos activas, menos sociables, más encerradas, menos curiosas y más “formateadas” por lo que se dice en la televisión. De hecho, tras casi cinco años de no convivir con ella, me he dado cuenta de que la mayor parte de las conversaciones que oigo tienen como origen el televisor (anoche dijeron en las noticias…, vi un programa que decía…, ¿qué te parece lo que pasó con sutanita o perencejita? -personajes de ficción de una telenovela o una serie televisiva- and go on).

Y cierro diciendo que yo misma me he quedado perpleja al hacer la búsqueda de textos que acompaña este artículo, pues todos insisten en los efectos negativos que puede tener la televisión (que pasan por obesidad hasta diabetes, cáncer e hipertensión… para no hablar de autismo, malas hábitos de consumo, pérdida de atención, bajo rendimiento escolar, entre otros).

He intentado ver algunas películas con Irene, pero me he sorprendido a mí misma saltando del sofá para detenerlas en su comienzo (todas, sin excepción -seguro que el descubrimiento de la estructura narrativa la explica mejor Vladimir Propp- comienzan con una pérdida, un drama o una tragedia dolorosas y angustiantes para un menor). No es gratuito que digan que los bebés sólo necesitan 20 segundos para absorber las emociones plasmadas en la televisión (aún recuerdo la cara de angustia de mi chiquita después de ver por un instante la persecución que sufrió no sé quién de no recuerdo tampoco qué animal.) ¿Qué pasará con las series -de dibujitos incluso- que ven los chiquitos sin supervisión? Dejo los links referenciados junto con algunas reseñas y resaltados. Cada quién juzgará qué es mejor. Por lo pronto, en casa, vivimos felices sin televisión.

Lecturas relacionadas:

:s

7 marzo 2011 at 08:21 14 comentarios

Dientes, dientes, dientes…

De una salida progresiva y gradual de incisivos, pasamos a un ataque frontal de salidas de muelas. La buena nueva (aunque esa noticia también es grata para los avances de la chiquita) es que a diferencia del malestar y la irritabilidad que acompañó la asomada de narices de la primera de ellas, la llegada de dos nuevas muelitas simultáneas no han afectado en lo absoluto el ánimo de nuestra pequeña. Ni su apetito ni su sueño…

[Youtube=http://www.youtube.com/watch?v=WY8jr_qdQLs]
La mala nueva es que esos dientes traseros no se dejan “retratar”. No sé si sea un asunto de fotógrafa, de cámara -me falla la nuestra. Snif- o de modelo. Lo cierto es que puedo dar fe de que hay dos señoras blancas y grandes saliendo de las encias de nuestra hija, que se suman a su segundo incisivo inferior izquierdo. Ah, las señoritas nuevas, por cierto, vienen acompasadas a ese mismo lado, arriba y abajo. 😉 Y amenazan en convertir a nuestra chiquita en una nueva versión de Cookie Monster. Jajjaja

PD: Dos detalles más. Sobre aprender a dormir tengo una nueva hipótesis (que voy confirmando lentamente): Irene duerme más horas seguidas cuando se duerme por sí misma. Si se queda dormida en su última toma de pecho y yo la pongo en la cama, suele despertarse a medianoche (después de 4 o cinco horas de sueño). La madre regresa, la acompaña pero no la saca y la chiquita vuelve a caer en brazos de Morfeo. Pero si su sueño llega después de comer e ir consciente a la cama y caer profunda después de revisar ene veces que la mamá sí la acompaña, puede dormir hasta 10 y 11 horas de un tirón. ¡Y sin lágrimas! [Ha de tener que ver algo con que ya tiene casi dieciséis meses, ¿verdad?. Recuerdo las palabras de Karina así que borro la anterior afirmación para evitar que se rompa el hechizo. Por cierto, dejo otro video (entrevista preciosa) del Cookie Monster original. Me hace recordar mis épocas de infancia. [♥ Suspirito, suspirito, suspirito ♥].

Y uno de los clásicos: 😉

Por cierto, a la fecha completamos once dientecitos en la boca de Irene. ¿Un montón, no? Espero que eso la convierta en Food Master. Jjejej.

26 noviembre 2010 at 06:38 3 comentarios

Aprender a dormir

He hablado muchas veces del sueño de la chiquita: que se despierta en las noches, que no, que sigue derecho, que hace siesta en el día, que se queda sin cerrar los ojos en toda la tarde como si tuviera pilas, que se duerme tomando el pecho, que se duerme mecidita… Pues bien, hoy debo agregar que los niños sí aprenden a dormir… o, mejor, que necesitan hacerlo y que -ya lo he dicho- aprender a dormir como lo hacemos nosotros implica un proceso. Los caminos en cada chiquito son distintos. Así que expongo el último paso dado con Irene de la mano de Morfeo, pero no garantizo que se mantenga así per secula seculorum… De hecho, creo que faltan años para lograrlo. 😉

Puedo confirmar, sí, que nada está escrito en los bebés, que el sueño es un aprendizaje y que cada niño tendrá su forma de llegar a uno regulado y tranquilo. No me quejo de las noches que he pasado al lado de Irene, no me arrepiento de la cantidad de veces que me he despertado para estar con ella, no lamento haber cambiado mis noches desde hace casi dieciséis meses, pero sí lamento haberme sentido agotada una noche y haber creído (no fue el fin del mundo, pero tampoco tuvo sentido) que saliendo de su cuarto a las 5 a.m. por unos 20 minutos, después de hablarle (siempre lo hago y de eso no me arrepiento) y explicarle n veces que debía acostarse para volverse a dormir iba a dar resultado.

Sin embargo, después de tantas montañas rusas (y puede que ésta sea otra, pero que ahora estemos en un llanito), pareciera que nuestra chiquita ahora sí está aprendiendo a dormir por sí misma. ¿La fórmula? No creo que exista, aunque sí hay una serie de experiencias nuevas que parecieran haber surtido efecto en ella. Seguramente no serán la panacea para ningún otro pequeño, pero en esta casita -al menos- nos está ayudando a cambiar de nivel. ¿Y si volvemos a tener noches con muchos despertares? Intentaremos algo nuevo, acompañándola siempre… porque a dormir y a vivir también se debe aprender.

Te acompaño pero no te saco

Suena horrible, pero es literal. Ahora, cuando nuestra chiquita se despierta en las noches mamá acude a su lado y se sienta en la mecedora enfrente de ella. No más. Al principio le hablaba, le decía cosas, me acercaba a la cama y le ponía la mano en el pecho, etc., etc., etc. Y sí, ella se dormía (algunas veces después de protestar insistentemente, otras, sin más), pero casi siempre volvía a despertarse una hora más tarde o dos. Y nos pasábamos así toda la noche, cansada ella y cansada yo. En otras ocasiones, por supuesto, sí había períodos de 4 y 5 horas de sueño contínuo. Pocas veces también, había noche sin despertares… pero nada era ni predecible ni constante. Ahora, con el “te acompaño pero no te saco” (y, de hecho, ya tampoco hablamos) Irene se acuesta solita (curioso, ahora boca-abajo… o más o menos, porque la boca queda a un lado del colchón mientras el cuerpo descansa sobre el pecho) y se duerme por sí misma, rápidamente y sin protestar.

Por supuesto, llegar a este punto implicó cambios. Y protestas (sin lágrimas, pero sí con gritos que lo parecían) que terminaron cuando entendió lo que decía mamá. No fue un período largo: dos noches con uno o dos despertares cada una y protestas -que iban disminuyendo en cada despertar- por menos de cinco minutos. Aclaro, por cierto, que estas últimas no eran continuas porque la señorita gritaba y se quedaba callada para ver si la mamá reaccionaba (yo, por mi parte, ni me movía; me quedaba en una mecedora que hay enfrente de su cuna, en un vaivén adormecedor para las dos). El resultado, como  dije, fue que Irene terminó por “ensayar” lo que le había dicho taaaantas veces: acostarse y cerrar los ojitos para dormir. Cada tanto, nuestra niña se levantaba otra vez, silenciosa, para ver si mamá seguía allí. Una vez lo verificaba, volvía a acostarse calladita hasta que finalmente, convencida, se quedaba dormidita. Ahora, después de una semana, se despierta muy pocas veces (cuando lo hace, ya no ocurre siempre), se para en su cuna, me llama, entro a su cuarto, me siento en la mecedora y, casi automáticamente, ella se acuesta en su camita en la nueva posición favorita, cierra los ojos y pasados unos 15 minutos respira profundamente dormida.

No sé si dure esta nueva etapa. Es más, estoy segura de que puede variar en el camino, pero tengo la sensación de que nuestra pequeña ha entendido -por fin- que sí puede dormirse solita y que mamá y papá la acompañan y la aman y pueden estar de muchas maneras a su lado. Ahora no hay muelas asomando narices, ni niña irritable en el día (no digo que una cosa tenga que ver con la otra. [Inserte aquí cara de “no tengo ni idea” con elevación de hombros rapidísima])… circunstancias que seguramente ayudan para nuestras nuevas prácticas de buen dormir. Seguramente tendremos nuevos despertares y molestias y tomada en brazos y mecidas y conversadas y un largo etcétera cuando haya gripitas o muelas cansonas o pesadillas (ojalá no lleguen), pero esas malas noches las tenemos todos… así que no cuentan. 😛

Dejo constancia de esta nueva etapa para ustedes y para ella en el mañana. A lo mejor Irene tiene alguien “nietecito para mamá y papá” que la despierte en las noches para que le vele el sueño. Y si no lo tiene, pues habrá amiguitos y vecinitos duermiendo.

PD: Aclaro que cada uno de nuestros pasos responden a nuestros hábitos al dormir. Celebro también los dulces sueños de aquellos padres que comparten cuarto o lecho con los pequeños. Si les funciona, me parece perfecto. Esta chiquita, por su parte, parece que no prefiere el colecho. O no aprendió a dormir así. Ahora cuando siente algo cerca, manda patadas a todos lados, no sé si porque no le gusta sentir estrecho su espacio o si porque no le gustan para nada las cobijas (duerme sólo con pijamita). Sea una cosa o la otra confirmo lo dicho: cada niño y cada familia tienen sus hábitos y sus rutinas para dormir.

24 noviembre 2010 at 07:58 7 comentarios

Otra vez como en botica…

De todo. Un resumen sobre nuestras últimas semanas con Irene. Anticipo noticias de sueño, temperamento, dientes y verde.


[A ver si esta vez si logro cubrir la mayor parte de las novedades… sin escribir un kilómetro de post. ;)]

  • Karina me anticipó que no hablara mucho de esto, así que lo hago en susurro: Irene duerme otra vez plácidamente en la noche, diez horas de un tirón más o menos, después de un retorno de despestares (que no será el único, seguro, porque es bebé y porque ellos se despiertan en la noche como nosotros). Creo que encontré la causa eficiente de que estuviera despertándose: tenía calor. :S Y yo, poniéndole cobijas, pijamas gruesas y etcétera porque creía que si estaba calientita se despertaba menos. ¿Quién podrá ayudarnos con el efecto sobreprotector? Recomendaciones: eviten pijamas con poliéster (mejor fibras naturales que respiren, como el algodón) y celebren, después del año, que no vengan con piecitos cubridores, sobre todo si viven en el trópico. Y si el niño se quita la cobija… pues seguramente lo hace porque tiene calor. 😉
  • El último diente en salir se ha tomado su tiempo y ha molestado un poco, rascando, inflamando… El apetito ha mermado. Ya, por fin, se ve una hilerita blanca en su espacio. Y creo que se tejen arribos futuros porque las encias están cada vez más gruesas por todos lados. Ya nuestra chiquita luce sonrisa de niña que crece. A veces extraño su desdentado.
  • Todos los días hay gritos de independencia en nuestro hogar. El temperamento de Irene sigue afianzándose, revelando una chiquita decidida e independiente. Quiere comer sola (¡con cuchara! Y lo mejor -dato importante para otros padres- es que como ocurre con casi todo: si la dejas experimentar, aunque se ensucie, lo logra), caminar sola, correr sola… Manda y dispone. Y sonríe con una carita tan dulce y amorosa… Mi muacho dice a veces que está consentida, yo creo firmemente que está descubriendo que puede hacer cosas por sí misma y que, cuando no puede, se frustra un poco y le duele. ¿Y qué funciona para calmar los ánimos y evitar lloros y malestares? Explicarle lo que pasa, con detalles, y cambiar su foco de atención. Si el grito se torna grave y continúa después de aclarar lo que sucede (los niños a veces no son buenos interpretadores por eso es bueno hablarles), le decimos que entendemos que se siente mal, que estamos para acompañarla, pero que sólo ella puede encontrar la manera de calmarse. La dejamos un poco sola (manteniéndonos a su lado pero sin prestarle toda la atención)… y comprende y se calma. Si no funciona, un buen abrazo conversado no falla.
  • Y cierro confirmando lo que ya he dicho otras veces: la naturaleza es sabia… y nosotros sólo debemos dejarla hablar. Y dejar de pelear con ella y seguir su curso con confianza. Este fin de semana tuve dos muestras claras de ello: la primera, una huerta orgánica preciosa, que apareció de la nada, al lado de mi cotidianidad. La montaron en tres semanas y ya tiene sus retoños (una preciosidad). Muchas veces creo que cuando hablas de algo empiezas a verlo de repente porque te has sensibilizado para ello… pero en este caso, juro, siento que la vida me está trayendo las cosas para que aprenda de ello y pueda empezar proyectos. Veremos, veremos. Ahora, lo segundo: después de una temporada de lluvias fuertes, hay derrumbes grandes y pequeños por todos lados en las montañas que abrazan mi ciudad. Fuimos a una casita de campo y vimos, dolorosamente, que el cauce que había sido basurero de materia orgánica de un vecino empezó a erosionarse (y no poco). Si en lugar de tirar allí los residuos del corte de su jardín, el hombre hubiera destinado una pequeña área -segura- de su lote para acumularlos y los hubiera dejardo degradarse (también ha podido preparar una caja compostera, airear los residuos cada tanto, taparlos con un plástico para incrementar la temperatura de la pila,…), habría tenido abono para sus plantas, un cauce limpio y un derrumbe menos de qué preocuparse.

Y cierro con la recomendación de dos lecturas cortas de otras mamás bloggeras que sin querer coinciden un poco con lo que acabo de mencionar: Boicot a Nestlé (al que me uno totalmente) y De “madres vaca” y periodistas fatuas. Cada vez me convenzo más de que nuestras pequeñas acciones o palabras sí pueden cambiar algo… cuando menos nuestro mundo. Quedo debiendo noticias de nuestros avances en Simple Living… pero ya habrá espacio para ellas. [Añado un cartoon de Nani (que salió en la prensa hace como veinte días y se ve mejor aquí) que habla por sí mismo.]

19 octubre 2010 at 04:52 8 comentarios

Tres noches sin despertares…

¿Será definitivo? Mi chiquita está dormiendo, sin despertar, desde las 7-8 de la tarde hasta las 5:30 a.m. Hace siestas de una hora en la mañana y en la tarde. Al levantarse y acostarse toma leche de mi pecho… y en el día (además de nuestra leche, que toma unas 5 veces más) come y come y come todo lo que le demos, con gusto y con deseo. Nuestra Irene está creciendo… Y lo seguirá haciendo incluso, si en la noche, se despertara de nuevo.

Foto tomada de: El diván digital

Asusta, pero es bello. Más cuando al abrir los ojos, sonríe y empieza a brincar.

😉

8 septiembre 2010 at 13:09 6 comentarios

Sueño y lactancia: ¿menos despertares a los casi 10 meses de edad?

Todas las noches con los pequeños son distintas… pero hay unas, que ya había comentado antes, en las que el sueño cambia tanto que nosotras, madres a fin de cuentas, damos vueltas en la cama ya no por tener que levantarnos cada cierto tiempo, si no, justamente, porque el chiquito no se ha vuelto a despertar. Desde hace cuatro días, los despertares de Irene no han estado acompañados invariablemente por su tetita y, para mi sorpresa, esto ha devenido en una reducción abrumadora de sus despertares. ¿Será que mi chiquita está aprendiendo a relajarse sola, será que ya es una niña más grande, será que está aguantando hambre, será que yo soy una mala madre por no darle pecho todo el tiempo, será que el sueño y la lactancia tienen una relación incomprensible, será que mañana es distinto, será… normal?

Y arranco con lo que he dicho una y mil veces: Cada niño es único. Y cada madre y cada familia tienen su propia historia y lo que pasa en unos no tiene que ser igual en los demás. Me lo digo especialmente a mí misma, pero también lo escribo porque temo que en el futuro alguien lea esto y termine, por una interpretación descontextualizada de nuestra experiencia, iniciando un destete forzoso del chiquito, cuando yo misma afirmo a los cuatro vientos que quiero que Irene tome pecho hasta que -literalmente- ella quiera (ojalá, al menos, hasta sus dos años). Dicho esto, arranco con nuestras nuevas variantes de sueño nocturno y con una serie de preguntas que -habrán visto- no sé aún cómo responder.

Despertar

Hace algunos días, Irene inició un período de muchos despertares nocturnos (5 o 6 en la noche), que duraban poco, pero que se repetían, pasadas las primeras tres o cuatro horas de sueño, cada hora y media más o menos. En estos despertares, como suelo hacer siempre, yo le daba pecho para ayudarla a relajarse y, una vez dormida, volverla a acostar.

Pues bien, empecé a notar que nuestra chiquita muchas veces no alcanzaba a succionar más de cinco minutos antes de quedarse de nuevo profundamente dormida. Como no tenemos colecho y cuando le doy tomas nocturnas (al menos al principio) me despierto totalmente, concluí que el tema era más un “necesito relajarme para conciliar el sueño” que un “tengo hambre y necesito tomar la leche de mamá”. Me propuse buscar alternativas para que Irene pudiera relajarse de otro modo, no tanto para no levantarme en la noche -que lo hago con gusto y hasta me hace falta-, sino para que mi chiquita tuviera un sueño apacible y descansara más.

Tertulias con mamá

Iniciamos así unas nuevas tertulias nocturnas: durante su última toma empecé a hablar con ella diciéndole que podía estar tranquila porque sabía que siempre estábamos a su lado, amándola, cuidándola y protegiéndola para que nada malo le llegara a pasar. Paralelamente, acariciaba su espalda, sus hombros, sus brazos, sus piernas y le decía que si se despertaba en la noche, podía darse la vuelta, cerrar nuevamente sus ojitos, respirar profundo y sentir cómo su cuerpecito se llenaba de amor, paz y serenidad.

Cabe decir que estos (darse la vuelta tranquila y volverse a dormir) son comportamientos que ya he visto en ella, pues a diferencia de sus primeros meses de vida, nuestra chiquita ahora se acuesta casi siempre entredormida, consciente de que está yéndose a la camita y dándose la vuelta ella misma para dormir de lado, en su posición preferida. Agrego, así mismo, que en más de una ocasión en que me despertaba presurosa para atenderla porque creía que se había despertado, me encontraba con que su despertar había sido superficial, que ella apenas necesitaba sentirse acompañada para dar una vuelta en la cama y continuar su sueño.

Esto, sumado a unas palabras recientes de Adri en su blog, donde contaba que no siempre ayudaba a Gabi, en sus despertares, a dormir dándole pecho porque de este modo dormía un poco más, y a la consciencia de que Irene toma leche materna durante todo el día, a demanda (cómo, dónde y cuando quiera), que siempre estoy con ella y que no tiene ningún problema con su alimentación complementaria (además de que ya tiene casi 10 meses de edad), me convenció de intentar otros métodos para acompañarla en sus noches. ¿Resultado? Pues que de un día para otro, sin más, mi chiquita ha pasado de despertarse 5 o 6 veces en la noche, a uno o dos despertares. ¿Coincidencia? Ustedes dirán.

Nuestras hipótesis

(Foto de Bebés y más)

Y digo hipótesis porque es posible que mañana, con la misma secuencia de acciones, Irene se despierte cada dos horas. Además de lo dicho anteriormente (que Irene toma leche materna a demanda, que va bien con su alimentación complementaria, que es una bebé con un aparato digestivo mucho más maduro por su edad y no requiere tomar leche en la noche para completar sus requerimientos de nutrientes, que siempre ha estado acompañada), pienso que hay un par de cosas más que propician este tipo de cambios en nuestra chiquita. La primera es que nunca ha llorado en las noches, pues siempre nos ha tenido a su lado al despertar. Creo que eso le da confianza y seguridad y ayuda, por supuesto, a que no se sienta amenazada y se sienta tranquila -o, lo que es casi igual, a que se relaje fácilmente- incluso sin succionar el pecho de mamá. La otra es que el sueño nocturno de Irene (desde sus primeras semanas de vida) ha sido regular: siempre, desde que tuvo conciencia del día y la noche, ha dormido desde las 6 p.m. hasta las 6 a.m., horas en las que el sol también descansa en esta tierra tropical. Se despierta, por supuesto (unas veces más, otras menos), pero eso nunca ha variado su hora de irse y salir de la cama. Algo con lo que se puede contar.

¿Y qué es exactamente lo que hemos hecho estas últimas noches?

Atenderla cada vez que sentimos que está totalmente despierta. ¿Cómo? Yendo a su cuarto, hablándole para tranquilizarla, diciéndole que estamos con ella, que puede dormir tranquilita, que estamos cuidándola y amándola como siempre (algunas veces, incluso, le cantamos su nana, mi “corazón de melón”, reiterativa desde el embarazo, inventada y que sigo debiendo por acá). Si vemos que no se duerme y que definitivamente lo que quiere es leche, la sacamos de la cunita y la dejamos mamar. La sorpresa es que normalmente esto sólo ocurre al inicio de la noche, en su primer despertar. De ahí en adelante, al menos en los últimos dos días (de cuatro es una referencia significativa) se ha dormido casi inmediatamente… Y sólo se ha despertado una vez más.

¿Se habrá reducido su ingesta de leche?

La verdad es que creo que no. Pero aclaro que en este momento y en este caso. No sé si se mantenga así y no creo que sea igual ni en otro niño ni en otra mamá. El pañal que le cambio en las mañanas, al despertarse, sigue estando tan mojado como siempre -sólo usa uno en la noche 😉 … una de las ventajas de usar pañales de tela: le pones un inserto extra y ya está- y sus tomas de leche durante el día siguen siendo tan frecuentes como antes. Lo único que ha variado, desde que salimos de la clínica, es que ahora, alrededor de las 4:00 o 5:00 p.m., toma una sopita (completando dos en el día). A las 6 p.m., como siempre, toma su lechita.

Veremos cómo siguen dándose las cosas. Lo cierto, es que definitivamente nada está escrito en este oficio (¿oficio?) de ser madre y que mi chiquita está en una edad en la que todo puede pasar. Confieso que antes de escribir esto temí que alguna madre entendiera que la solución para los despertares era el destete, pero espero que haya quedado claro que no lo pienso ni loca y que sigo siendo una defensora total de la lactancia. Creo, simplemente, que nuestra chiquita ha llegado a un momento en su desarrollo en el que no necesita comer durante la noche y en el que sus ciclos de sueño se regulan más. ¿Les había contado, por cierto, que durante el día también ahora duerme mucho más?

😉

(Y para no dejar el tema puramente en lo anecdótico, les recomiendo este artículo sobre las fases del sueño, de Bebés y más, esta entrada de nuestra casita sobre el libro Dormir sin lágrimas, de Rosa Jové, y el libro mismo de esta autora. Creo que los tres textos pueden ayudar a entender mejor el sueño de los peques y a buscar alternativas que se amolden a cada hogar.)

25 mayo 2010 at 07:48 3 comentarios

Los gases del bebé

Una de las mayores preocupaciones que tenemos las madres son los gases del bebé. Eso y las mil y una posiciones para lograr que salgan parecen temas inherentes a la llegada del pequeño. Pues bien, a sabiendas de que cada chiquito es único y que nuestra experiencia puede no servirle a todos, hoy quiero escribir sobre los gases, básicamente para contar que nosotros nunca se los sacamos a Irene, que hoy creo firmemente que nuestra chiquita no sufrió ningún cólico y que las buenas noches de nuestra hija se debieron, quizás, a una costumbre que adquirimos casi espontáneamente: acostarla en cuanto se dormía, sin pasar por la rutina horrorosa de alzarla y sacudirla para ver si había aire en su pancita. Quizás el hecho de que tomara siempre pecho y que nuestra lactancia fuera tranquila tuvieron mucho que ver. De todos modos, surge la pregunta, ¿es siempre necesario sacar los gases al bebé?

Curiosamente, había olvidado este episodio de nuestras vidas, hasta que hace una semana hablé con una de mis mejores amigas sobre su lactancia y las noches con su bebé de menos de un mes de nacido. De ahí que después de 9 meses de nuestra chiquita hablé de los gases en sus primeras semanas de vida. 😉 Y empiezo: sea por la lactancia o por suerte, creo que bien vale la pena saber que no siempre es necesario sacarle los gases a un bebé. ¿Por qué? Porque no todos los niños tragan aire al mamar (de hecho, los que toman pecho tienen generalmente una succión hermética que evita, en buena medida, que esto ocurra) y porque los consabidos cólicos del lactante -tan anunciados y temidos por todos- ahora se atribuyen más a lo difícil que le resulta emocional y físicamente a un bebé adaptarse a un nuevo medio que al aire que tenga en su pancita por comer.

Y aclaro que yo también tuve mis dudas, que en algún momento pensé que mi chiquita estaba llena de gases por la manera como estaba comiendo y que concluí -después de algunos días- que los bebés tienen episodios de desasosiego en los que tragan aire al llorar. La solución, no obstante, no fue la recomendación “matemática” de sacarle gases cada vez que terminara de amamantar: fue buscar espacios tranquilos para ella que nos ayudaran, a ambas, a relajarnos y a disfrutar y conocernos plenamente. Creo que en la medida en que yo me sentí más confiada y segura, Irene se inundó de serenidad.

Nuestro “había una vez” de las noches sin sesiones anti-gas

Obviamente, decir que no le sacamos gases a Irene no significa que nunca haya eructado después de sus comidas: algunas veces tenía gases (pocos), pero estos salían solitos, por su boca o por su colita. ¿Intentamos sacárselos? Por supuesto, pero sólo los primeros tres días. Los intentos, sin embargo, fueron infructosos (léase: la alzarmos en el hombro y le masajeamos la espaldita después de cada comida) con respecto a los gases y muy efectivos en lo relativo a despertarla bien. Por ello y por la placidez con que se dormía, optamos por acostarla inmediatamente después de comer.

Pegada al pecho y sin hacer ningún ruido excesivo, Irene se quedaba profundamente dormida. A mí me daba una tristeza infinita despertarla para sacarle gases, por lo que terminé dándome bendiciones y asumiendo que algo de razón tendrían unas palabras que había leído y que decían que todos los gases que el bebé tiene salen, ya sea por la boca o por la colita: muchas veces el mismo desplazamiento (suave y sinuoso) que llevaba a Irene de mis piernas a la cama servía para que cualquier gas que tuviera en su pancita saliera espontáneamente. Cuando no fue así, los gasecitos salieron en forma de ventosidades -muy comunes en los peques.

Luego, cuando Irene estaba más grande (y se distraía un poco más al comer, soltando el pecho, cogiéndolo nuevamente, protestando mientras comía, sonriendo… en pocas palabras, abriendo su boquita y dejando colar algo de aire de vez en cuando), bastaba sentarla en mi regazo después de cada comida. Y hablarle y esperar un ratito. Por gravedad pura y dura la leche bajaba y cualquier resto de aire que quedaba salía espontáneamente por su boquita.

¿Y si el bebé sí tiene gases?

A pesar de lo escrito, tengo claro que no todos los bebés son iguales y que no existen fórmulas matemáticas para aplicar a todos por igual. Por ello, para aquellas mamás que sientan que sus bebés están molestos (porque tienen gases o porque la llegada al mundo los tomó por sorpresa y aún andan en un “que sí, que no” fatal) incluyo tres videos sobre shantala, una técnica india de masajes para el bebé que se utiliza para aliviar los gases. El primero muestra a una madre india haciendo el masaje original, mientras que los segundos presentan el ejercicio de la técnica en Occidente, con una terapeuta.

Personalmente creo que la incidencia de este masaje sobre los gases y sobre los posibles cólicos que llegaran a generarse (ya sea por aire en la pancita o por estrés del pequeño), está relacionada con el vínculo que puede crear un masaje entre el bebé y su mama, además -por supuesto- de la relajación e intimidad que estarían asociados a ellos. Si no se atreven a seguir esta técnica, pueden moverle las piernitas al chiquito en círculos, como si estuviera montando en bicicleta. El efecto sobre los gasecitos, creo, será similar.

Adicionalmente, dejo un link con remedios caseros para los gases. Verán que el tipo de alimentación que ingiere la madre y la ingesta por parte del bebé de leche de fórmula (más rica en lactosa que la materna y mucho más difícil de digerir que ésta) pueden estar relacionados con los cólicos. En cualquier caso, ante la duda, lo mejor es acudir a un especialista… Y escuchar el corazón de madre: no somos máquinas que funcionemos con fórmulas. A nosotros nos funcionó no sacar gases, a pesar de que en todos los cursos y textos que leímos nos decían que se le debían sacar. Ojalá que a ustedes les funcione una cosa u otra. En cualquier caso, dicen que pasados los tres primeros meses de vida los cólicos (cuando se sufren) se van solitos.

Ah, ¿y hay alguna sugerencia o experiencia que nos quieran aportar?

😉 Esta semana hemos estado lejos de la web, pero volvemos, lentamente. Es que una chiquita de nueve meses se mueve cada día más y más y más.

21 mayo 2010 at 15:14 6 comentarios

Si se despierta en la noche nos preocupamos y si no… ¡también!

No es fácil esto de ser padres… Hace menos de una semana contaba que la energía de Irene parecía no tener fin: las noches, desde hace algunos días, estaban llenas  de despertares constantes para las dos. Pues bien, como nada está escrito en los pequeños, Irene duerme plácidamente desde las 11 de la noche mientras yo veo pasar los minutos preguntándome qué pasa. Sé que pronto se despertará porque casi son las 6 de la mañana (y en eso sí que no cambian sus costumbres… hasta ahora), pero… ¿por qué rondo como loquita su cama y me preocupo, como si de algo malo se tratara, porque anoche mi chiquita casi ni se despertó?

Ni siquiera el flash de la cámara interrumpió su sueño (y sí, respira… ya, por supuesto, verifiqué que lo hiciera). Sé que mañana será otro día y que es posible que la pequeña nuevamente se despierte cada dos o tres horitas… pero yo no logro dormir tranquila. ¿Por qué? Estoy segura de que algunos me dirán que por tonta, otros que por sobreprotectora y unos más (seguramente madres) dirán que porque es nuestro orden natural.

Sea una opción u otra -personalmente me inclino por la última- es claro que uno de los grandes temas con los pequeños es su sueño. Para más señas, incluso, en esta casita lo hemos abordado en varias ocasiones, al  hablar de particularidades de Irene y pedir ayuda y consejos sobre cómo ayudarla a dormir, comentar cómo puede incidir -beneficiosamente incluso- el ruido en las siestas diurnas e indagar sobre las características del sueño infantil. Pero debo confesar que ninguna de nuestras pesquisas es lo suficientemente convincente durante las noches, cuando la chiquita o se despierta o no para de dormir. 😉

Lo cierto es que después de una tranquila noche en nuestra casa (tranquila especialmente para Irene) y de un par de horas de madre sentada (pensando fríamente, después de verificar que nuestra hija simplemente dormía), puedo decir que nada está escrito en la vida de los niños, que la maternidad se asienta en un instinto de proteger y estar alerta y que los días pasan inevitablemente y esos bebés que teníamos al principio se van convirtiendo con el paso del tiempo en seres cada vez más maduros e independientes (¡Irene tiene días -ahora- en que toma menos leche y yo me voy dando cuenta de que llegará el momento en el que no amamante… Y, confieso, una parte de mí se entristece).

Es el ciclo natural de la vida… ¿Qué pasará -no obstante- cuándo entre al colegio, cuando mude el primer diente,cuando salga a jugar con sus amigos y cuando parta, para hacer su vida, de este hogar? (se me salen las lágrimas).

:S

Sí, definitivamente, no es fácil ser papás.

P.D.: ¿Tendrá que ver el sueño de anoche de Irene con que le pedimos a nuestra vecina -hasta ayer desconocida- que no usara tacones en la noche cuando se levantaba una y otra vez seguidas? Aclaro que mi sorpresa fue descubrir que era una señora mayorcita que, sin duda, no quiere dejar en sus noches de insomio los zapatos con los que se siente más cómoda (unos negritos, altos, gruesos… de toooooda la vida). Sí, me sentí medio bruja… pero les juro que creo realmente que la señora anoche usó chanclitas.

UPDATE: Efectivamente, nuestra chiquita despertó a las 6.

Y después de verle esta cara y después de ver cómo se ilumina al volvernos a ver… No importan las preocupaciones, ni los corazones arrugados, ni nada. ¡Un hijo es un regalo infinito y constante! Inacabable. 🙂 Supongo que es el sentido de los cambios. No dejo de sonreír… ni de sorprenderme. 😉

12 abril 2010 at 06:25 8 comentarios

El sueño de los chiquitos: cero lágrimas y más mimos para dormir bien

Hace una semana prometí escribir un post sobre el sueño de los niños. Hoy cumplo mi cometido, a pesar de que en nuestro hogar aún nos falta mucho trecho por vivir. Irene duerme serena y, como todos los niños, se despierta en las noches: algunos días dos veces, otros días tres… y otros hasta cuatro. El tema no me preocupa porque aprendí que el sueño de los bebés es evolutivo y que no hay ninguna patología en los despertares. ¿Qué es lo mejor que podemos hacer nosotros como padres? Ayudarles a nuestros pequeños a relajarse, crear una rutina de sueño y tratar de sincronizarnos (ojo, nosotros) con ellos, entendendiendo que no hay nada de malo en los despertares y que podemos acompañarlos y atenderlos sin dejarlos llorar. Eso garantiza bebés sanos, felices, tranquilos e independientes en el futuro.

Y comienzo por nuestra experiencia. Antes de que naciera la chiquita alguien me habló de un método estupendo para el sueño de los chiquitos que garantizaba que a los tres meses de vida dormían de un solo tiro, sin ningún despertar. Ese alguien en cuestión, con las mejores intenciones, me regaló después un libro “reputadísimo” que me daría las pautas para que mi chiquita “organizara” su sueño (como si el hecho de que no estuviera sincronizado con el nuestro implicara ya un desorden o una patología del mismo). Sin prevenciones, hice la tarea y me leí el texto, echándole cabeza y pensando (aún sin que naciera la pequeña) cómo podría funcionar.

Posteriormente, en alguno de estos blogs mencioné el asunto, resaltando lo que me pareció interesante del cuento: que era bueno establecer rutinas que les permitieran a los niños diferenciar el día de la noche y que dormir era necesario para que los chiquitos tuvieran un desarrollo normal. Dudaba, como buena madre primeriza, de la propuesta de dejarlo llorar hasta que aprendiera a dormirse por sí mismo, pero no sabía de otras posturas ni tenía mamá cerquita para preguntarle cómo podían ser las noches con una bebecita.

En ese entonces no entendía si era cierto el consabido y repetido comentario de “si no la dejas llorar, después no vas a tener cómo bajártela” o “es que los niños te manipulan”. ¡Qué ingenuidad! Creo que quien piensa eso no tiene una relación cercana y real con un pequeño y que, mucho menos, ha hecho el ensayo de ver si es cierto. Justamente los niños criados con apego – a mis ojos- son luego los más independientes. Es apenas normal que cuando no pueden ser autónomonos quieran estar con sus papás… En todo caso, si quieren saber las consecuencias de cargarlos y atenderlos sin dejar que lloren, este testimonio se las explicará. Recordaba, sí, haber visto capítulos de niñeras “expertas” que lo primero que hacían al llegar a una casa era imponer horarios y obligar a los niños a descansar. No importaba, en esos casos, si para lograrlo había que armarse de reloj, nervios y abandonos que dieran como resultado un niño dormido por físico estrés y cansancio y secuelas e inseguridades futuras que no sería fácil erradicar:  la versión discotequera del programa era que el niño dormía porque “había organizado sus horarios”.

Por fortuna, mi comentario tuvo de inmediato una respuesta que decía, desde la experiencia, que había otras posturas más amorosas, realistas y efectivas para ayudarles a dormir a los chiquitos. Esas solas palabras (de Mamasita, por cierto. ¡Gracias, de nuevo por un consejo dado a tiempo!) me sirvieron para ahondar en el asunto y encontrar a Rosa Jové, a su libro y a los foros de apoyo a padres que quieran realmente acompañar y entender el sueño de sus hijos: Dormir sin llorar y Crianza natural. Leí  los artículos base y de apoyo que había disponibles, y entendí, a partir de estudios científicos, que el sueño de los bebés y los niños era evolutivo y que los despertares eran normales y hacían parte de un proceso de aprendizaje emocional y físico. Para quienes aún no conocen estas posturas, les recomiendo ver este video de Rosa Jové y leer esta entrevista, de ella también.

¿En definitiva, cómo es el sueño de los bebés?

Trataré de no extenderme en detalles porque el material disponible sobre el tema es conciso e interesante (pueden encontrar muchísimo aquí, incluídos algunos consejos para ayudar a mejorar el sueño de los pequeños). Los despertares, que suelen ser la mayor preocupación de los papás y los que han generado teorías erradas y poco recomendables que sugieren dejar llorar a los niños y esperar a que se duerman nuevamente solos, son normales. Es más, suelen responder a ciclos (horas fijas durante algunos días que pueden modificarse en poco tiempo, con nuevas rutinas) y son la evidencia de que el niño está introduciendo nuevas fases de sueño a sus noches (los adultos tenemos seis fases de sueño, que van desde un sueño ligero hasta el sueño profundo, mientras los niños al nacer sólo tienen dos… además de un ciclo distinto al nuestro, pues en el útero no diferencian el día a la noche… y eso, por supuesto, tiene que ver).

De ahí que despertarse en la noche varias veces sea necesario y lógico, pues le permite sobrevivir a ese bebé tanto en el presente como en el futuro: ¿imaginan lo peligroso que puede resultar en el desarrollo físico de un niño no despertarse repetidamente para comer? Su estómago es tan pequeño que si no lo hiciera, dejaría de contar con la energía requerida para su desarrollo. Y visto de otro modo: ¿qué sería de un bebé, incapaz de valerse por sí mismo, si no contara con un adulto a su lado que lo cuidase y protegiese? Nosotros sabemos que no vendrá un león a comérselo, pero él estando tan chiquito no tiene la seguridad ni física ni emocional para contar con ello. De ahí que se despierte: si no lo hiciera no garantizaría su supervivencia ni crecería con la seguridad necesaria para luego ser emocionalmente autónomo. Y de ahí que sea importante atenderlo: no hacerlo es romper ese proceso y dejar secuelas emocionales y físicas para el futuro de ese bebé.

¿Y cuándo se completará ese proceso (o dicho de otro modo, cuándo ese chiquito dormirá toda la noche, como los adultos)? Después de cumplir 5 o 6 años de edad, pero eso no significa que su sueño se mantendrá siempre igual: habrá épocas en que se despierte más o menos veces, así como habrá otras (y otros niños) que duerma(n) de corrido. En cualquier caso, su comportamiento será normal siempre que se vea descansado y tranquilo, y que su desarrollo físico y emocional sea el esperado para un chiquito de su edad. Hay patologías del sueño, por supuesto, pero se presentan en pocos casos e, incluso (esto es sorprendente), muchas se generan después de la utilización de métodos que prometen hacer dormir al niño de un tirón  (¡¡¡dormir no necesita de un método!!! Es una función natural) generalmente dejándolo llorar.

¿Cómo ayudar al niño a dormir y por qué no dejarlo llorar?

Como decía anteriormente, dejar llorar a un bebé cuando se despierta en las noches deja secuelas, que se exponen claramente en el video que compartía en mi anterior post: en él se precisa -desde la ciencia- qué pasa y qué se puede esperar del cerebro del bebé. Y como mi objetivo es hablar un poco desde nuestra experiencia, puedo decir con confianza que esperar paciente y amorosamente que las cosas sigan su ritmo es una estrategia que funciona bien: hasta ahora, no hemos dejado nunca llorar a nuestra chiquita y ella, con seis meses y medio cumplidos, duerme cada vez más tranquila, sin dejar de despertarse en las noches para comer. Últimamente come menos y se duerme más pronto que antes, no sé si es porque ahora tiene un estómago más maduro y más grande o porque se siente protegida y sólo necesita sentirse un poco acompañada para relajarse y dormir otra vez.

Eso sí, es un relojito a la hora de dormir; tiene claramente diferenciadas la noche del día (desde chiquita tratamos que lo notara, marcando las diferencias de luz y ruidos de uno y otro momento, y creando rutinas); come a libre demanda, duerme sus siestas fijas (cortitas y casi siempre pegada al pecho) y nos tiene a su lado cuando nos llama: de hecho, casi siempre se despierta balbuceando y nunca ha tenido que llorar o gritar para despertarnos.

¿Nuestras ayudas? Luz tenue (de hecho, en la noche nunca encendemos la lámpara para atenderla), pecho, mecedora y monitores de audio para bebés. Duerme en su pieza y su cuna (nunca colechamos, pero estuvo en nuestro cuarto hasta el segundo mes) y sus despertares varían regularmente (una semana a unos horarios, la siguiente a unos nuevos). Normalmente no se despierta antes de 3 o 4 horas continuas de sueño (a veces son 5, a veces son 6, a veces son 7…) y usa pañal con doble inserto (de tela), que no requiere cambio en toda la noche, con lo que nunca se despierta totalmente y puede dormirse rápidamente, al comer.

Seguramente me salto varios detalles, pero en términos generales ésa es una muestra de cómo puede ser el sueño de los niños. En los foros que adjuntamos antes (Dormir sin llorar y Crianza natural) hay muchas experiencias de padres, además de espacios para preguntas y consejos. También allí tienen artículos con tablas de tiempos aproximados de sueño en los bebés (que varían según las edades), que ofrecen referencias útiles. En todos los casos, es importante entender que ningún niño es igual a otro y que lo que en uno puede funcionar a las mil maravillas, en otro caso puede no estar bien. El sentido común y la sensibilidad de padres son siempre las mejores fórmulas para entender a nuestros hijos. Lo importante es no dudar, confiar en nuestro instinto y tratar a nuestros chiquitos como queremos que nos traten a nosotros, aunque seamos padres primerizos.

No sé a ustedes qué les parezca, pero hasta aquí esta táctica a nosotros nos ha funcionado bien. Hemos tenido, como todos, noches en las que deseamos que Irene duerma más tiempo… pero luego pensamos que ya tendrá toda una vida para dormir mucho y seguido y que ese sueño futuro depende en gran parte de estos saltitos. ¿Por qué dormir sin llorar? Porque eso garantizará un sueño tranquilo. Cada quién dirá. En cualquier caso, por si sirve de algo, les dejo un video comparativo (comprensible para todos, a pesar de estar en catalán). Y antes de despedirme: ¿cómo han sido sus historias? ¿Creen también que es posible dormir sin llorar?

El video y una reseña del mismo se pueden encontrar acá: Los métodos “Duérmete niño” vs. “Dormir sin lágrimas” en práctica (Bebés y más).

PD: ¡Les juro que intento escribir corto, pero, como siempre, termino con un chorizo de palabras difícil de leer! Discúlpenme… ¿Será porque lo hago en varias sentadas? 😉 Espero que les sirva y que al menos les dé noches más tranquilas a algunos papás y bebés.

PD 2: Las leo, las leo… pero no he sacado el tiempo para contestarles (Pronto lo haré).

25 febrero 2010 at 21:01 9 comentarios


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