Posts tagged ‘Educación’

¿Afectan los estereotipos de género la educación de los pequeños?

Hace algunos meses escribí un texto sobre las inquietudes que rondan ese modelo ideal de educación (léase formación del individuo y del ciudadano, no escolarización a secas) que queremos o buscamos o soñamos para nuestra hija. Hoy doy puntadas en la misma línea compartiendo una serie de reflexiones que nos han acompañado estos últimos días entorno al género y los estereotipos que lo suelen acompañar: ¿afectan a nuestros chiquitos? ¿Deben mantenerse al margen? ¿Cómo se pueden “conscientizar” y evitar? Sin duda, no habrá respuesta para todas las preguntas, pero sí una sarta de experiencias que espero que se enriquezcan con las de otras mamás y papás (ojalá).

Empiezo diciendo que vivimos en una ciudad bastante sembrada en una idea fija  de las mujeres, que salta a la vista, primero (y dolorosamente para nosotras), en sus formas y, luego, en una doble moral que a un mismo tiempo vende la imagen de femme fatale y la de madre de familia, consagrada, dócil y sumisa a la masculinidad (y negada al sexo, producto del demonio, según algunos).

Esto aparentemente no es muy distinto a lo que se vive en otros países o ciudades de América Latina, pero sí un poco más complicado por esa estética artificial de “Yayita” que aquí le heredamos especialmente a los gringos y al narcotráfico y que pasa no por una idea de una mujer de naturaleza curvilínea, si no por la de una mujer artificialmente construida (por cuenta del bisturí y de prótesis aquí y allá).

No sigo, no obstante, por ese lado: quiero ahondar sobre cómo sobrevivir a los estereotipos circundantes y a la doble moral en nuestro papel de padres que buscan tener hijos librepensadores, capaces de vivir en paz con su cuerpo y con su espíritu, sin comerse el coco ni sentirse culpables frente a un dios, el que sea, o la sociedad.

¿Gallina o intelectual?

Hace algunos días (justo cuando intenté darle forma a este texto, sumido por la modorra cibernética que me acompaña últimamente y que espero vencer hoy) se celebraba el “Día Internacional de la Niña“. No tenía ni idea de que existía, pero al verlo pensé -como habrán hecho muchos- que esos énfasis suelen ahondar brechas en lugar de suprimirlas. Luego vi las aterradoras cifras sobre discriminación femenina, matrimonio infanti y una cantidad de absurdos más y consideré que algo de bueno tendrá poner el dedo en la llaga.

Dejo los datos para interesados y especialistas, pero tomo ese punto de partida para señalar que los estereotipos culturales sobre el género, la educación y el sexo sí tienen una influencia determinante en la vida de los niños y que nosotros como padres necesitamos ser conscientes de ello para no repetir esquemas y fundar un modelo que verdaderamente se parezca más a la vida que queremos en el futuro para nuestros pequeños.

E intento retomar: el origen de todos estos pensamientos es justamente una serie de actitudes que veo en nuestra chiquita: su forma de caminar, de mover el pelo, sus deseos de “ser grande” y la curiosidad que suscitan en su cabecita “pintarse las uñas, los ojos y ponerse tacones”. Nada malo, en último término, pero sí un poco alarmante cuando se supone que estás rodeado por un mundo bastante distorsionado con respecto al papel de las mujeres y tú pretendes lograr salvar a tu chiquita de esa presión social.

Así que le doy vueltas a un montón de ideas en mi cabeza y recuerdo decisiones supuestamente férreas de no permitir Barbies en casa, de evitar juguetes de “maquillaje” para niñas y cualquier asunto que apuntara al estereotipo (adelantado en edad, por cierto) de “yayita”. En la práctica, sigo firme en todas menos en la primera (aunque el menos es también parcial). Y me pregunto: ¿hago mal? ¿dónde quedó mi decisión supuestamente inmutable del principio?

Educar en libertad

Las muñecas rubias llegaron en las manos de una amiga adoradísima. Ni me planteé entonces recharzarlas o guardarlas en el cajón más oculto del armario ni lo hice después cuando vi a Irene jugar reiteradamente con ellas, cambiándoles vestidos y poniéndolas a bailar. Los pies en punta para ella no son sinónimo de tacones si no de bailarinas de ballet.

Concluí, un poco sin darme cuenta, que los estereotipos pesan tanto positiva como negativamente. Es decir, mi hija no necesita aislarse del mundo para vivir en un universo donde no existen “yayitas”, como tampoco puede pretender vivir en uno donde no existan intelectualoides. El mundo es amplio y ajeno y tiene, por fortuna, ejemplares de todas las especies. Mi hija juega con Barbies, pero para ella estas son unas muñecas rubias sin antecedentes, con lo que no hay estereotipos reforzados con ideas de mansiones en las playas californianas, ni limusinas, ni Kents. Camina “como chica” porque ha visto desfiles de modas o porque ve mujeres entaconadas andando por la calle. ¿Me pide tacones? Lo ha hecho un par de veces, pero mamá, sin mayor alarma, le ha dicho que eso no es apropiado para las niñas porque pueden hacerle daño a sus pies. Algo similar pasa con el maquillaje (que no tiene ni quiero), o con los libros: ella los coge y puede pasarse ratos larguísimos pasando sus páginas porque es lo que nos ve hacer.

Mi mejor resumen de esta sarta de pensamientos son las palabras de Bertrand Russell (estupendo) sobre la educación de los niños, especialmente un texto (que no pude encontrar en la red, pero que comentaré después) titulado “Educación sin tabúes sexuales” que si bien apunta a la sexualidad en particular, da bases igualmente válidas para la formación de seres libres o al menos lo suficientemente creativos e inquietos para cuestionar. Dejo los diez mandamientos de Russell como preámbulo de lo que dicho antes y de lo que ojalá (cuando termine mi modorra cibernética) después vendrá. Creo que valen para nuestra propia vida y también para nuestra forma de ser papás.

  1. No estés absolutamente seguro de nada.
  2. No creas conveniente actuar ocultando pruebas, pues las pruebas terminan por salir a la luz.
  3. Nunca intentes oponerte al raciocino, pues seguramente lo conseguirás.
  4. Cuando encuentres oposición, aunque provenga de tu esposo o de tus hijos, trata de superarla por medio de la razón y no de la autoridad, pues una victoria que dependa de la autoridad es irreal e ilusoria.
  5. No respetes la autoridad de los demás, pues siempre se encuentran autoridades enfrentadas.
  6. No utilices la fuerza para suprimir las ideas que crees perniciosas, pues si lo haces, ellas te suprimirán a ti.
  7. No temas ser extravagante en tus ideas, pues todas la ideas ahora aceptadas fueron en su día extravagantes.
  8. Disfruta más con la discrepancia inteligente que con la conformidad pasiva, pues si valoras la inteligencia como debieras, aquélla significa un acuerdo más profundo que ésta.
  9. Muéstrate escrupuloso en la verdad, aunque la verdad sea incómoda, pues más incómoda es cuando tratas de ocultarla.
  10. No sientas envidia de la felicidad de los que viven en el paraíso de los necios, pues sólo un necio pensará que eso es la felicidad.
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19 octubre 2012 at 08:48 4 comentarios

Aprender y enseñar

La maternidad (o ma-paternidad, como suelo decirle) es sin duda un camino lleno de experiencias y aprendizajes tan profundos y variables que lo que hoy pensabas que era un hecho consumado, mañana puede presentarse como el nuevo punto de partida de un gran cambio. Pues bien, después de escribir un buen número de entradas sobre las complicaciones de la ma-paternidad, hoy me aventuro a decir que “en este momento de la vida” siento que nuestros aprendizajes se intensifican (plácida y felizmente) cada vez más: Irene es en todo el sentido de la palabra (sobre todo porque pregunta, comenta, opina, propone, refuta, habla) un interlocutor fundamental en nuestra vida y sus razonamientos, conclusiones, preguntas y acciones nos enseñan más que cualquier libro o comentario que pudiéramos haber tenido a mano. No descubro el agua tibia, por supuesto, pero creo que después de tanta “quejadera” bien vale la pena actualizar y compartir nuestra refundada paz.

Comienzo por lo práctico. Iniciamos esta semana nuestra prueba de un mes del prekínder ALAS. Llevamos sólo tres días, no hemos hecho todas las actividades sugeridas, pero trabajar a nuestro ritmo y descubrir, de un modo más sistemático, cómo opera la cabecita de nuestra chiquita (con ejercicios cotidianos de matemáticas, lectoescritura, vida práctica, estimulación de los sentidos y no sé qué más) ha sido una sorpresa monumental.

Obviamente, no es que antes no me diera cuenta de cómo va desarrollándose paulatinamente nuestra hija, pero confieso que descubrir y confirmar que espontánemanete, siguiendo nuestro propio ritmo, ella ha aprendido en general lo que se espera para su edad (razonamiento abstracto que le permite, por ejemplo, clasificar; comprensión de lectura para contar y recontar historias, imaginación para crear e inventar, motricidad fina para pintar -ahora sectorizadamente-, motricidad también para aprender a cortar con tijeras, habilidades de lectoescritura para tomar un lápiz y trazar una línea entre A y B y un largo bla, bla, bla) me ha sacado más de una sonrisa y me ha dado tranquilidad. Su interés desbordado por aprender, conocer y hacer cosas dan cuenta también de lo propio de su edad, ese deseo de comerse el mundo que caracteriza a los chiquitos y que nosotros, como cultura, solemos juzgar como inquietud excesiva, insatisfacción y deseos desbordados (¿desbordantes?) que se deben aplacar.

No creo, en cualquier caso, que seguir un programa educativo concreto (llámese escuela en casa o guardería o kínder formal o lo que sea) sea necesario. Sí pienso, no obstante, que tener la oportunidad de compartir este espacio con ella, en casa, de manera personalizada y con mamá como maestra y compañera, me ha sensibilizado aún más frente a las capacidades de aprendizaje de mi chiquita y a la naturalidad de sus ritmos. Y, claro, siento un poco de paz con respecto a los cuestionamientos que a veces nos circundan y rezan (de manera automática) un “¿ya va a la guardería? Pero todo niño lo necesita”. Confirmo la validez de nuestras opciones y tomo fuerzas para continuar.

Las escuelas matan la creatividad y “La maternidad me está matando”

Cierro con un par de cosas más (es un post desordenado, pero es lo que hay cuando tu hijo está a punto de despertar ;)): La educación prohibida (adjunta justo antes de este párrafo) y Según Roxi (con abrebocas al comienzo del post). La primera es una película documental muy comentada en las redes sociales, con descarga gratuita y una serie de entrevistas muy interesante que no dejaría de recomendar a cualquier padre. No habla de la escuela en casa como opción (y habría sido bonito incluirlo en su plan… a lo mejor en una segunda parte lo hagan), pero creo que sí invita a pensar, justamente, en el valor que tiene nuestra participación en la educación de los chiquitos (algo que me parece que va en mejor línea que una serie de “escuela de padres” que está llegando con el períodico que recibimos a diario en casa y que sataniza a los niños como demonios a los que hay que adiestrar). Puede verse online, en el link que está activo en su título, o descargarse en distintas versiones para verlo en casa. Nosotros optamos por lo segundo.

Con respecto a lo segundo, Según Roxi es una serie de videos argentinos que se están publicando semanalmente en internet (vía youtube) con el propósito de retratar (o al menos intentarlo) la vida de las mamás. Es divertido, extremo en algunos casos, pero también real. Digamos que ha casado perfecto en la línea de ese sinfín de cuestionamientos y dudas irresolubles que acompañan este camino.

(Dejo pegado también el segundo capítulo de Roxi. Me emocionó especialmente porque habla de todos los cuestionamientos que ahora pululan por acá).

Y no me alargo. Sé que más de una y uno sabrá a qué me refiero con este desorden de ideas ahora escrito. Estar cerca de nuestra chiquita, expresarle mis inquietudes y dudas, abrir espacios para aprender juntitas y dejar fluir nuestros propios ritmos han sido formas válidas de hacer camino. Y más sonrisas que lágrimas o deseperos nos han endulzado el recorrido.
PD. Acabó de ver el capítulo 5 de Según Roxi. Descubrí, para mi sorpresa, que la inspiración de la serie es un antinguo blog de maternidad que escribía su protagonista y creadora Julieta Otero. Así que vámonos preparando: a lo mejor en unos años vemos una serie similar con alguna de nuestras mamás. 😉 Más detalles sobre la serie y su historia, acá.

6 septiembre 2012 at 07:15 3 comentarios

Cambiar paradigmas: ¿matan las escuelas la creatividad?


Sigo fascinada con mis búsquedas (y sobre todo con mis hallazgos) sobre la educación. Hoy quiero compartir dos conferencias de Sir Ken Robinson, un investigador británico (elevado al título de Sir por sus aportes en el campo educativo) famoso por su visión sobre la educación y la creatividad y por la crítica que hace al modelo educativo actual (que heredamos de una época muy distinta, como se ilustra -literalmente- en el maravilloso primer video que anexo.

Hace quizás ya más de un año, cuando indagaba sobre la crianza de los niños en general, había visto una conferencia suya que hablaba sobre las escuelas y la creatividad. En ese entonces mis ideas sobre el homeschooling eran mucho más étereas, pues pensaba que era una tarea para valientes que quizás no podría asumir. Ahora, apesar de que no sé en la práctica qué signifique llevarla a cabo, me parece una alternativa más cercana y, sobre todo, válida.

Adjunto también un video con esa charla porque considero que plantea una crítica válida, ya no sólo al sistema educativo sino a nuestra sociedad, que ha desplazado buena parte del pensamiento creador e innovador por la comodidad: el juego libre (justo ahora que acabo de encontrar este maravilloso sitio para “jugar i jugar“) y espontáneo por programas de videojuegos, la vida simple por una larga lista de necesidades de confort.

Finalmente, recomiendo y mucho otras conferencias de Sir Ken Robinson que hay en la red, así como su sitio web. En casa, entretanto, seguimos disfrutando, aprendiendo, jugando. Gracias por todos sus comentarios. 😉

9 noviembre 2011 at 08:19 8 comentarios

¿Y si optáramos por hacer escuela en casa?

Llevo meses leyendo -cada vez más atentamente- blogs de mamás y papás que practican Escuela en casa (o Homeschooling, como se conoce en inglés). Irene aún está lejos de empezar su escolarización; sin embargo, mientras más leo -y husmeo- sobre estas experiencias, me siento más inclinada a hacerlo… al menos como un intento. Tengo cerca de dos años para pensarlo… y una chiquita que me inspira cada día más. Obviamente, la primera pregunta es por qué quiero hacerlo. (¡Uff, no es fácil sintetizar una respuesta! Aquí va mi intento.)

Estos dos años con Irene han sido un total aprendizaje para nosotros. Y no sólo como papás: descubrir la capacidad (y deseo) de conocer y explorar de nuestra chiquita nos ha abierto las puertas a un universo realmente desconocido, que desborda cualquier expectativa y hace tambalear cualquier idea anterior que tuviéramos sobre la educación. Tener a nuestra pequeña en casa, sin guardería, además, nos ha revelado el potencial casi siempre oculto de los niños y su florecimiento -la palabra suena extraña, pero se ajusta a la sensación que tengo- en espacios de respeto, amor y atención particular.

Hasta aquí, todo suena un poco filosófico, pero puedo asegurar que en la práctica esto es perfectamente tangible y satisfactorio. Sé que no se puede comparar la formación de un niño de 2 años con la de uno de 7 o uno de 15, pero sí siento que esa máxima que reza que cada niño es un universo se ajusta perfectamente a la idea de que una educación personalizada y amorosa propiciará el mejor desarrollo de un pequeño.

En nuestro barrio

Y aterrizo con ejemplos: nuestros vecinos educan en casa a sus niñas (de 4 y 7 años) con resultados que -por lo menos hasta donde veo- se ajustan a los esperados en un colegio para niños de su edad. Siguen un currículo particular y cuentan con un ritmo claro de horarios, que se ajustan a las necesidades de su hogar, y la escuela en casa no significa ningún limitante para el desarrollo. Sus niñas, además, son simpáticas, juguetonas y amorosas, y padecen muchas menos enfermedades que mis sobrinos (que son bastante saludables) y los hijos de mis amigos, escolarizados desde los dos años. Obviamente -y no sobra aclarar- estoy hablando de una familia extranjera que siempre ha seguido ese modelo y que lo ve como algo natural. En Colombia, al menos hasta donde yo conozco, el Homeschooling no es una práctica común, a pesar incluso de que no exista ninguna ley que lo prohíba (al igual que en España, lo que tenemos es un vacío legal).

Pues bien, ese caso y la experiencia -apenas en sus inicios- de Náhuatl, me han hecho cambiar los prejuicios naturales de mi entorno (no alguno que diga que la escuela en casa es mala, sino aquellos que apuntan a que el colegio externo es la única vía que existe para formar académicamente a un pequeño). Adicionalmente, he empezado a entender que no necesito ser una sabia para suplir todas las áreas de conocimiento de mi pequeña (para eso existen los currículos, las clases extracurriculares y los profesores especializados a domicilio) y que no asistir al colegio no limita en lo absoluto el desarrollo social de un chiquito.

No quiero decir con esto que ya he tomado una decisión al respecto, pero sí que siento menos lejano e inviable el asunto… y que estoy realmente inclinada a hacer un intento (así sea en pre-kindergarten, con o sin currículo. El razonamiento de Náhuatl para decidir hacerlo con su hijo me ayudó a terminar de cambiar el chip. Muchísimo).

Cómo lo haríamos si nos decidimos

Inicialmente, estoy considerando estructurar un poco más mis rutinas con Irene, no basada en un currículo (aún es muy pequeña), pero sí inspirada en proyectos que ella misma quiera desarrollar. Es decir, si ahora practicamos el juego libre casi todo el tiempo, y pintamos, leemos, bailamos y paseamos cómo y cuándo queremos, mi idea es que lo seguiremos haciendo, pero potenciando las inquietudes y preferencias que van apareciendo en ella.

Con esto no quiero decir que ahora no lo hagamos, si no que quiero asumir el reto de integrar esa “rutina” a actividades particulares (en mi cabeza, no como una obligación pero sí como un propósito valioso). Para concretar, pongo un ejemplo: ahora que nuestra chiquita anda enloquecida con las hadas, quiero hacer con su ayuda un tapiz para que juegue con ellas (con el fieltro sobrante de su disfraz): un gran campo con animales, árboles y flores, que recortemos y peguemos juntas y que después nos sirva para jugar (la idea me surgió de acá). 😉

También quiero buscar algunos cursos externos (de baile o música) para ella. Veremos qué decidimos al respecto. Y, finalmente, según marchen las cosas, decidiremos si llegando la hora de entrar a su primer curso nos aventuramos a hacerlo con un currículo (Epysteme es la opción que he visto hasta ahora para hacerlo en español -pero en inglés hay muchísimas opciones más-… y me parece válido hacerlo de este modo, por el vacío legal que existe en nuestro país. Creo que si optamos por hacer escuela en casa, lo mejor es hacerlo con una guía y una certificación que nos permita en el futuro ingresar -si es el caso- sin contratiempos en la educación formal). Si no optamos por la escuela en casa, seguramente como la mayoría de los chiquitos Irene irá a un colegio externo… Veremos (por ahora, cada vez me inclino más a o no hacerlo. Más sabiendo que existe la posibilidad de estudiar “con certificado” en nuestro hogar).

Así que si les inquieta el asunto, les dejo algunos links que me parecen interesantes al respecto. Todas las sugerencias o recursos adicionales que conozcan, son más que bienvenidos. Mi idea, como verán, es tratar de tener todas las herramientas posibles para reflexionar.

Y tres videos más:

(Las partes 2, 3 y 4 de este video las pueden ver siguiendo los links ocultos tras los números)

3 noviembre 2011 at 11:10 8 comentarios

Menos cosas, más felicidad (6): alternativas en transporte, comunicación, seguridad y salud

Aquí van nuestras opciones en estos ítems. En algunos casos pareceremos imprudentes y en otros extremos, pero nos funcionan bien. Nuestra meta sigue siendo vivir con menos y mejor (claro, y más felices), por lo que seguramente muchas de estas opciones pueden enriquecerse. Hasta aquí lo logramos, pero siguen siendo bienvenidas otras fórmulas para perfeccionar hábitos. 😉

Y comienzo haciendo alusión a uno de los primeros comentarios que recibimos en esta serie, de Adriana, cuando decía que unos de los cambios que habían hecho en su hogar era prescindir de una serie de servicios extras (con costos extras, también, por supuesto) de las cuentas de banco, servicios públicos, mercado y demás. Creo que el espíritu de esta entrada se alimenta un poco de ello, pues nuestras opciones en transporte, comunicación, seguridad y salud buscan responder, principalmente, a necesidades reales y no a los supuestos que nos impone el comercio. Aún tendremos que mejorar en muchas cosas, pero estos son algunos de nuestros hábitos actuales (además de las razones que tenemos para optar por ellos. Cada familia dirá qué es lo que mejor le va):

  • Transporte. Lo he mencionado antes: caminamos mucho y vivimos cerca a vías rápidas (y a sus consecuentes alternativas de transporte público). Aunque en nuestra ciudad aún no hay un sistema integrado de transporte público, sí existe la idea de implementarlo, por lo que una de nuestras principales prerrogativas a la hora de encontrar casita fue justamente estar cerca al metro, el aglutinador de las opciones integradas que vendrán. Usamos coche, también, pero casi siempre para desplazamientos “completos” (papá, mamá e hija). Mi esposo lo usa solo con más frecuencia que yo, pero sus desplazamientos son cortos (unos 4 kms. diarios para ir al trabajo, que no se pueden hacer andando por ser vías de alto tráfico). ¿El punto negativo? Un motor grande… que quizás no deberíamos usar en la ciudad, pero que nos viene muy bien en nuestras escapadas al campo (la topografía andina a veces es empinada y cenagosa). 😉
  • Comunicación. Para la comunicación móvil no tenemos teléfonos inteligentes ni nada por el estilo, pues realmente sólo los usamos para voz (además, escribo posts tan largos que no me imagino escribiéndolos ni loca en un iPhone… jjajaja). En casa tenemos, aún, teléfono fijo, con llamada en espera y otros extras, pero usamos la tarifa de menor consumo (aquí venden paquetes de minutos)… Hemos pensado en eliminarlo (cada vez lo usamos menos), pero aún no tomamos la decisión. Con respecto a internet, usamos banda ancha, a un precio que creo razonable porque se justifica con su uso. No usamos ni pagamos televisión por cable (ni satelital) ni empaquetamientos extra. Ah, para nuestra comunicación móvil tenemos unos de los planes más económicos del mercado, que nos permiten hablar con ciertos números (escogidos previamente) sin costo. No es el plan de mis sueños, pero es lo que más se ajusta a nuestros usos. Nos viene muy bien para hablar entre nosotros y con personas que no están en nuestra ciudad. Ahorramos, por tanto, en llamadas nacionales y al exterior (para lo que usamos llamadas de pc a pc de Skype). UPDATE: Nuestros planes de telefonía móvil son cerrados, es decir, tienen un límite de saldo… que si se acaba te exige comprar una tarjeta de dinero para hablar más. Casi nunca nos pasa, pero lo preferimos así porque nos permite controlar los gastos e ir a la fija, pues cada mes sabemos cuánto hay que pagar. Antes tuvimos un plan abierto y SIEMPRE hablábamos más de lo que debíamos… y pagábamos una barbaridad.
  • Seguridad. Creo que es un ítem en el que es muy difícil estar de acuerdo porque depende de una percepción subjetiva y real. Me podría pasar horas hablando de las consecuencias nefastas que el concepto de “seguridad democrática” trajo a mi país durante los últimos ocho años (como unos 2000 falsos -léase jóvenes civiles asesinados para presentarlos como guerrilleros muertos en combate- positivos del Ejército, por ejemplo), pero no viene al caso. Pienso, como Adriana, que no vale la pena gastar dinero en un sinfín de seguros (de vida, casa, carro, educación y un largo etcétera), llenos de letra menuda y de excepciones que casi siempre son, si se aplican, la regla general. Me parece increíble, además, que ahora ofrezcan seguros en todos lados (cuando pagas el mercado, cuando abres una cuenta bancaria, cuando pagas los servicios públicos…), de los que nadie se entera y que, aunque parezcan irrisorios, terminan en los bolsillos de las aseguradoras porque no me imagino a nadie llegando de hacer la compra y diciéndole al marido: “guarda la tirilla y si me muero, vas a cobrar”.  En conclusión, creo que tenemos lo justo: el seguro contra accidentes (obligatorio) de los coches, la vigilancia privada (que debería cumplir el Estado, pero ya sabemos que no funciona como debe, a pesar de que se lleven casi todo el presupuesto nacional) del barrio, un seguro exequial (todos nos moriremos algún día) y creo que ya. El resto de posibles siniestros (que espero que no ocurran) los cubriríamos con las inversiones que hacemos de ahorro… que sí se hacen, “por seguridad” futura. 😉
  • Salud. Debí incluir algo de esto en el ítem anterior, pero no quise mezclarlo. Creo que es una opción que depende mucho del país en el que se viva. En el nuestro hay un sistema de salud obligatoria (pagado en parte por el empleado y el empleador -si existe en la letra porque buena parte de los contratos laborales son encubiertos, lo que obliga a asumir todo el costo al trabajador), acompañado de una oferta de salud prepagada y de seguros de salud. Actualmente (y esto ha de ser escandaloso para muchos) nos quedamos con la primera solamente, pues la segunda y la tercera nos parecen innecesarias y abusivas (estoy cansada de oír historias tipo: “nos tocó pagarlo porque no nos lo cubría el seguro” o “puedo ver el médico que quiera, pero pago un vale de tanto aparte de la mensualidad fija que nos cobran”). Buena parte de esa decisión se debe, y hay que decirlo, a que por el trabajo de mi esposo podemos acceder a un régimen especial, sin pagos extras ni para exámenes ni citas y con un programa complementario, muy económico, que se comporta como una prepagada (en el servicio, no en el cobro): tiene una amplia lista de médicos especialistas que nos atienden con sólo reservar la cita. No pagamos ningún vale extra ni nada más. Y sí, Irene nació con un médico que no conocía, pero en una clínica que contaba con todas las garantías (UCI para neonatos, pediatría 24 horas y un largo etcétera) y sin pagar un solo peso. A lo mejor me habría gustado optar por alternativas más naturales como un parto en cuchillas  o en el agua, pero atenernos a las alternativas (seguras, repito) que teníamos nos daba también sostenibilidad. Y fue un buen parto, aclaro. La ventaja extra es que al no pagar una mensualidad de una prepagada o de un seguro horroroso permanentemente, cada tanto visitamos médicos de confianza (de medicinas alternativas) o especialistas (de osteopatía, nutrición y dietética, por ejemplo) por nuestra cuenta. Si nos recomiendan exámenes o demás, visitamos con su diagnóstico a los de nuestro plan.

También podría hablar de otros consumos, como los de vestuario y educación, pero no los menciono porque se rigen por los principios generales de los que ya he hablado (de calidad y sostenibilidad).

Cada vez me inclino más por opciones hechas en casa (y eso incluye, además de la ropa -que no hago yo pero que intento conseguir directamente con proveedores, sean estos un sastre o un punto de venta de fábrica-, la admiración que siento cada vez más por la escuela en casa), pero es posible que no me decante siempre por ellas.  Confío, sí, en el valor de las cosas sencillas y en el peso que cobran en la educación de los niños, con el paso del tiempo, los hábitos que se fomenten en el hogar. Obviamente, nosotros apenas estamos empezando, pero creo que no es descabezado afirmarlo porque yo misma fui pequeña y porque tengo chiquitos alrededor para mirar.

Nuestra meta en educación, por ejemplo, depende en buena parte del tiempo que queremos que Irene pase con nosotros. No queremos una chiquita que dedique dos horas al día en desplazarse del colegio a la casa cuando sabemos que hay opciones (buenas aunque no sean las “mejores” -otra apreciación subjetiva-) a tres cuadras. Queremos, además, poder mantener vigentes espacios importantes para todos, como el compartir juntos nuestras comidas… así sea una hora más tarde de lo habitual.

Dudo mucho de opciones educativas que se ofrecen como las mejores pero que por sus precios resultan excluyentes (entiendo, sí, que no todas las familias tienen que ir a los mismos sitios) y aspiro ver crecer a una chiquita que se sienta más orgullosa por lo que es que por lo que tiene. Envidio, de hecho, las opciones que tienen en otros países (en estos días leía, por ejemplo, que en Bélgica las escuelas tienen textos escolares propios, que rotan cada año entre los alumnos -manteniéndolos en el colegio-, evitando así la larga lista de compra que tienen a principio de curso otros papás), pero -también como dice Adri- en el peor de los casos, siempre existirá la posibilidad de irse para otro lado.

No vivimos una vida perfecta (no creo que exista), pero tratamos de ajustarnos a las alternativas que nos rodean… Hasta ahora nos funciona y nos da felicidad. Si en el futuro debemos (y podemos) hacer cambios, serán bienvenidos. Lo importante, como dice Kafavis en Ítaca, no es el destino sino el recorrido. 😉 Dejo pendiente la última entrada de esta serie (hasta ahora, al menos), para hablar sobre lo que nos falta (que es muchísimo) y lo que nos gustaría lograr para vivir con menos cosas y más felicidad.

PD: No se pierdan el video de Baloo, del Libro de la selva. ¡Les encantará! (Y dejo un aparte de lo que dice…)

“Busca lo más vital no más, lo que es necesidad no más y olvídate de la preocupación. Tan sólo lo muy esencial para vivir sin batallar y la naturaleza te lo da. Doquiera que vaya, doquiera que estoy soy oso dichoso, oso feliz… Lo más vital para existir nos llegará. … Si buscas lo más esencial sin nada más ambicionar, mamá naturaleza te lo da.”

6 octubre 2010 at 07:58 11 comentarios

“Children see, children do”

Hace pocos días encontré este video en Aprendiz de madre, el blog de Azucena, una mamá como muchas de nosotras, que comparte inquietudes y experiencias de su maternidad. Quiero compartirlo con ustedes porque creo que plantea algo fundamental, que va más allá incluso de la consabida frase de “los niños hacen lo que ven”, pues muestra de una manera sencilla (exagerada probablemente para algunos) cómo nuestros pequeñines son esponjitas que aprenden a cada segundo de su vida. ¿Mi conclusión? Los niños no sólo aprenden cuando se les enseña, aprenden SIEMPRE, pues vivir es aprender. Pienso que vale la pena tenerlo en cuenta no sólo porque los patrones se repiten, sino también porque uno atrae a su vida lo que es. Eso creo al menos yo… ¿qué piensan ustedes?

NAPCAN’s latest campaign for a Child Friendly Australia.

Y un dato más, este comercial es de Napcan, una institución australiana que trabaja en la prevención del abuso infantil. Salió al aire, según tengo entendido, hace ya dos años, y hace parte de una política de trabajo interesantísima que bien podría extenderse a otros lugares. Si pueden, dense su pasadita por la página de esta institución: hay material que les puede servir.

Espero que lo disfruten y que lo compartan si quieren también. 😉

Fuente: Aprendiz de madre

12 febrero 2010 at 11:31 Deja un comentario


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