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¿Qué pasa con la lactancia una vez que se inicia la alimentación complementaria?

Irene come -además de leche materna- frutas, verduras, pollo y arroz desde hace un poco más de un mes. ¿Cómo ha sido la experiencia? Interesante, satisfactoria y menos distinta de lo que pensamos, porque (para ser honesta) creía que habría grandes cambios en nuestras rutinas y ritmos de lactancia una vez iniciáramos la alimentación complementaria. Nada más lejano a la realidad, al menos hasta ahora. ¿Por qué? No sé. Tal vez por mito, por exceso de expectativas en mi cabeza o por sólo conocer -por encimita- experiencias de biberones y leches de fórmula antes de tener a mi bebé. No sé si sea su caso, pero como sí fue el nuestro, decidí escribir al respecto… Una red de apoyo no nos sobra y ya sea para que alguien sepa cómo ha sido nuestra experiencia o para que nos cuenten cómo ha sido la suya, nos lanzamos con esta historia porque documentación nueva, la verdad, no encontré. ¿A ustedes cómo les fue?

Comienzo por los detalles generales de nuestra rutina: seguimos lactando a libre demanda, más o menos cada 3 horas, combinando algunas de las tomas de Irene (1 o 2 al día) con trozos de comida. Todo esto irá variando, sin duda, a medida que pase el tiempo yque la pequeña tenga más dientes, pueda ampliar su dieta y quiera comer otras cositas. Por lo pronto, aquí va un pequeño reporte sobre qué tanto cambia la lactancia una vez que los pequeños inician su alimentación complementaria.

Punto de partida: seis meses de edad

Como les contaba en un post anterior, hace ya un poco más de un mes incluimos en la dieta de Irene otros alimentos además de su leche. Para hacerlo, seguimos las recomendaciones de la OMS y la Liga de la Leche para la alimentación complementaria, introduciendo frutas, verduras, carnes y cereales de manera progresiva y siguiendo las pautas del Baby-Led Weaning: trozos de comida en lugar de papillas y manitos y dientes en lugar de cucharas para comer.

La experiencia ha sido interesante, no sólo porque representa realmente un cambio en la vida (desde que Irene come otras cositas mira ansiosa y curiosa cualquier alimento que comamos, con unas ganas infinitas de probar también), pero menos lineal de lo que pensé: La leche materna sigue siendo su principal alimento y todo lo demás, como su nombre lo indica, es su complemento y hace parte de su dieta -por ahora- más que para llenar una pancita para familiarizar a Irene con otros sabores, texturas y maneras de comer.

Seguimos, por lo tanto, en una fase experimental, permitiendo que ella pruebe, conozca sabores y texturas y se inserte en nuestros hábitos al comer. En resumen, se sienta a la mesa con nosotros en su sillita, come al mismo tiempo trozos de comida y sigue sus tomas habituales de leche, tomando el pecho antes y después de comer otras cosas. La idea es que nada de lo que come extra la llena (apenas está experimentando), por lo que no me preocupa si come mucho o poco: con el equivalente a un par de cucharadas estamos contentas las dos. Si quiere comer más, lo hace, pues en definitiva es ella la que decide qué tanto quiere comer.

Confieso, no obstante, que aún no tengo una pequeñita que coma tan modocita como Óliver, el niño de los Países Bajos que nos servía de ejemplo para el Baby-Led Weaning: creo que, en parte, porque nuestra chiquita es un tanto eléctrica (jiji, ahora no se queda quieta), porque apenas comienza a tener dientecitos para desgarrar y masticar bien los alimentos por su cuenta y porque las frutas y verduras que le damos suelen estar tan maduras que se le deshacen en la mano. ¿Consecuencias? Las que se ven en la foto: mamá y papá (sobreprotectores, seguro) le acercan los trozos de comida y ella va mordisqueando por su cuenta lo que quiere comer. Cuando los alimentos son un poco más duros, nosotros mismos le damos los trozos en la boca mientras ella juega con una cuchara o con un pedazo en su mano. Aclaro, eso sí, que Irene cada vez es más hábil cogiendo por sí misma los trozos y que los dientecitos que se asoman ya empiezan a ser útiles. Confío en que en poco tiempo ella misma manipule los alimentos. Ya les contaré.

¿Y qué tantas calorías y nutrientes pueden aportar otros alimentos distintos a la leche?

Vuelvo al tema de la leche. En una entrada anterior les contaba por qué la leche materna debía seguir siendo el alimento principal en la dieta del bebé menor de un año y cómo seguía aportando nutrientes y defensas después de este tiempo, hasta el punto de que se recomienda darla, al menos, hasta los dos años de edad. Pues bien, revisando la web la semana pasada encontré un cuadro muy interesante que habla sobre las calorías y los nutrientes que aportan otros alimentos.
Si ese cuadro se toma como complemento de otro que comentábamos en nuestra primera entrada sobre la alimentación complementaria, fruto de una investigación de la Sociedad Argentina de Pediatría, que muestra cuáles son los requerimientos diarios de calorías que tiene el bebé hasta los 23 meses de edad y cuáles de éstas las aporta la leche materna, se puede ver que la energía y los nutrientes que proporcionan los nuevos alimentos a la dieta del bebé son importantes, pero no suplen por sí mismos sus necesidades básicas: complementan y preparan al chiquito física y emocionalmente para un período futuro en el que eventualmente no tenga a mano leche materna.

Edad Requerimiento caloría/día
Leche materna caloría/día
Alimentación complementaria caloría/día
6-8 meses 682 413 269
9-11 meses 830 379 451
12-23 meses 1092 346 746

(Fuente: Sociedad Argentina de Pediatría, “Guía de alimentación para niños sanos de 0 a 2 años”, pág. 37)

En la práctica, creo que el hecho de que un chiquito de seis meses no esté aún capacitado para comer otras cosas por sí mismo o, dicho de otro modo, requiera de la ayuda y vigilancia de un adulto para alimentarse, debe tener mucho que ver. También considero relevante el desarrollo de su sistema digestivo (que va desde los dientes hasta su colita. Entre otras cosas, no creo que un bebé tenga la misma capacidad que un adulto para absorber nutrientes de alimentos distintos a su leche) y el riesgo potencial de infección que una dieta no esterilizada (al menos como la leche materna) pueda tener. Sea un caso u otro, la leche sigue siendo la reina de la dieta y los nuevos alimentos hasta el año de vida sólo la complementan. No gratuitamente somos mamíferos, por lo que es natural que -como ellos- de bebés la leche sea nuestro principal alimento y necesitemos de un período de transición para lograr nuestra autonomía al comer.

¡La leche! (Bendita eres)

Quizás por todo ello, tras la experiencia, no me sorprende que Irene siga mamando casi igual que antes (ahora, quizás, lo hace más eficientemente, tardando menos en sacar su leche). Creo que fui ingenua al pensar que en cuanto ella probará algo distinto a la leche, sus tomas disminuirían. Y, viéndolo bien, siquiera que ése no ha sido el caso, porque si su principal alimento fueran ahora frutas, cereales, carnes y verduras, andaría preocupadísima por lo poco que a su edad lograría comer.

No sé si el hecho de que ella tome leche materna marque una diferencia. Tampoco sé si nuestro propósito de darle la comida en trozos en lugar de papillas tenga igualmente que ver. Sea una cosa u otra, nuestra lactancia se mantiene, libre, cuando ella quiere, sin huelgas de lactancia (que espero que no lleguen), ni malestares fisicos. Su digestión cambia muy paulatinamente y su salud se mantiene como un roble. Conclusión: probamos alimentos poco a poco (sin lácteos, pescado, glúten o huevo hasta el primer año) y mantenemos abierto el pecho hasta que ella quiera comer.

Y ahora la pregunta: ¿a ustedes cómo les fue?

(Y las confesiones: sigo leyéndolas, pero mi muy querida Irene se ha vuelto un colibrí inquieto, que ya no me deja casi tiempo ni manitos libres sobre el teclado. Aunque sea tarde y poco, ya les contestaré ;))

17 marzo 2010 at 06:37 4 comentarios

Irene-Led Weaning ;)

No me aguanté las ganas de poner en marcha la técnica de Baby-Led Weaning (de la que hablaba en nuestra anterior entrada), así que Irene ya probó algo más que leche de su mamá: ¡cogió, tocó, se untó, probó y comió banano por primera y segunda vez! Nos ha ido maravillosamente…Claro que confieso que el primer día su padre estaba un poco ansioso porque ella no lograba coger la fruta fácilmente y le ayudó un poco. Tuvimos, en consecuencia, una peque desesperada por seguir comiendo. El segundo día, en cambio, todo marchó bien. Aquí queda el testimonio. Todavía lo veo y no me lo creo. ¡Los bebés sí pueden comer solos! Pero acompañaditos y cuidados.

Eso sí, antes de empezar, verificamos si nuestra chiquita cumplía con todos los requisitos necesarios para introducir nuevos alimentos: se sostiene sentada (cada vez más firmemente), nos acompaña en las comidas con atención, se lleva las cositas a la boca por sí misma y toma la lechita de su madre con juicio (bueno, a veces se distrae, pero vuelve a su toma y come bien). Después de un primer intento fallido, en el que comió, se untó y se desesperó, concluimos: “ensayemos nuevamente, si no puede coger su comida es porque todavía no es el momento de introducir otros alimentos”. Estábamos más relajados… ¡Y la peque apenas tuvo el banano en frente, lo cogió bien! Se le cayó, se ensució, lo botó… pero el sabor le encantó. Confiesi, sí, que resulta un alimento un poco liso para sus deditos. Pero come. Entre mordisco y mordisco la cáscara se cae, pero es chistoso y lindo verla comer por primera vez.

En cualquier caso, como la idea es que coma el equivalente a un par de cucharaditas, resulta perfecto. Probaremos el banano por varios días, lentamente. Si se le sigue cayendo con frecuencia, pospondremos la comida otra vez. Igual, faltan 10 días para que Irene cumpla seis meses y como la introducción de alimentos complementarios no es una carrera contra el tiempo, pues si no es ahora igual está bien. Se ha empegotado hasta el pelo, pero verle la cara de felicidad y el goce es una delicia. Ya veremos cómo nos va con los otros alimentos. Eso sí, leche materna antes y después.

¡¡Qué viva el Baby-Led Weaning!! Los niños, hasta con un poco menos de seis meses, sí pueden comer solitos.

¿Cierto que es algo que vale la pena ver? 😉

31 enero 2010 at 08:31 7 comentarios

Baby-led Weaning: una propuesta interesantísima para la alimentación complementaria

En nuestra entrada reciente sobre alimentación complementaria, Flor, la mamá de las nenitas, me habló de Baby-led Weaning, una propuesta de introducción de alimentos guiada por el bebé mismo y desarrollada por Gill Rapley, nutricionista y directora adjunta de la Iniciativa de Hospitales Amigos de los Niños (IHAN) de UNICEF en el Reino Unido. No sé si me equivoque, pero tengo la impresión de que ésta es una forma natural de introducir alimentos y que es muy probable que los mismos chiquitos desarrollen, a partir del tacto, el gusto, la vista y el olfato, un acercamiento amable y sensato a lo que van a comer. En cualquier caso, la selección y preparación de alimentos la hacen los padres; luego, será el bebé quien toque, pruebe, mida y coma. Algo que seguro vale la pena ver. 😉

Confieso que al principio la idea me asustó (pensé que era imposible dar semisólidos a bebés de apenas 6 meses), pero a medida que fui leyendo información al respecto y, sobre todo, viendo videos con experiencias de padres, madres y bebés de todo el mundo, la propuesta me encantó. De hecho, creo que probaremos esta modalidad de alimentación con Irene, siguiendo recomendaciones básicas -disponibles, entre otros, en la web (Bebés y más tiene varios artículos en español al respecto)-, acompañando y vigilando (no sobreprotegiendo) la experiencia de mi chiquita y siguiendo las pautas generales de introducción de alimentos que comentaba anteriormente: dar los nuevos alimentos solos (sin mezclas) por 4 días o una semana, al comienzo; no adicionar sal o azúcar hasta que cumpla un año de edad, no introducir lácteos hasta los doce meses, mantener la leche materna como el alimento principal de la dieta, suministrándole los alimentos complementarios después de la toma de leche (y dándole leche después de los mismos); evitar el huevo, el gluten, el pescado y los cítricos hasta los 12 meses de edad, entre otros.

En resumen, y considerando que la leche materna seguirá siendo la principal fuente de nutrientes de Irene hasta que cumpla 12 meses (luego será importante, al menos hasta los 2 años, pero no será lo principal), pienso que ofrecer frutas, verduras y cereales solitos, en porciones que el bebé pueda agarrar por sí mismo para llevarse a la boca y experimentar, es lógico.

En este momento, nuestra chiquita se lleva todo a la boca y lo muerde. Si, además de eso, descubre que tiene un sabor particular y que, al igual que nos ve hacerlo a nosotros en la mesa, puede comerlo, seguramente tendrá un acercamiento más fluido y tranquilo con los alimentos. Se supone que a los seis meses sólo deben comer dos o tres cucharadas (con el Baby-led Weaning pasaremos de usarlas por un tiempo), unos cuantos mordiscos a un banano, un calabacín hervido, un trozo de brócoli, un pedazo de pera bien podrían representar lo mismo, ¿no?

Al traste tendrán que irse, sin duda, la angustia porque el bebé se ensucie (a lo mejor, incluso, termine más empegotado con una papilla que chorrea y unta todo), coja bien lo que le damos o se atratagante (no quita, por supuesto, el estar vigilando). Y en primer orden tendrán que estar el espacio y el tiempo de disfrutar de la mesa en familia, naturalmente, con tranquilidad y goce.

Por ello, como dice Armando, de Bebés y más (hay artículos interesantísimos al respecto, que vale la pena revisar), “La cantidad no es importante (…) la alimentación complementaria tiene como objetivo que los bebés vayan aprendiendo a comer, conociendo texturas y colores. Esto es precisamente lo que está haciendo cuando le ponemos comida delante y le dejamos que la toque, la manipule, la chupe, la espachurre y se la coma, si quiere”.

Nos iremos entonces por esta ruta, sobre la base de investigaciones que señalan que los bebés sí pueden comer solos y de que las papillas pueden ser innecesarias. Eso, sumado a las experiencias de otros padres que ya practican el Baby-led Weaning con buenos resultados es una base interesante para comenzar. Tenemos tiempo para probar…  si no funciona, siempre podemos cruzar al otro lado. Ya les contaremos cómo nos va. Les dejo, eso sí, algunos videos de niños comiendo solitos (nuestro protagonista principal será Oliver, un pequeño de los Países Bajos que tiene toda su historia de Baby-led Weaning acá, que incia a sus 5 meses y 24 días y culmina a sus casi dos años de edad). ¿No les parece exitoso y natural?

En el video que sigue, Oliver se come un helado solito, sin ningún papá que corra a limpiarlo o a sacarle la crema para que él pueda disfrutarlo. Es lindo ver cómo él mismo encuentra la manera de comérselo. Se nota que le gusta y que quiere más:

Y en éste, finalmente, Oliver ya usa cubiertos y come, seguramente, casi (si no) lo mismo que sus papás:

27 enero 2010 at 10:40 18 comentarios

“Beneficios de la lactancia prolongada”

Ad portas de cumplir nuestros seis meses de lactancia exclusiva y, por ende, de introducir nuevos alimentos en la dieta de Irene, quiero compartir con ustedes un texto muy interesante que me encontré sobre la lactancia prolongada. El término, como lo verán en el texto, se utiliza para referirse a niños que continúan tomando leche materna después de cumplir doce meses. Mi meta es dejar que Irene tome nuestra leche todo el tiempo que ella quiera (y, aquí entre nos, confieso, quisiera que fuera al menos hasta los dos años de edad, como lo recomienda la Organización Mundial de la Salud). La experiencia ha sido maravillosa, creo que tanto para ella como para mí, así que por lo pronto nuestra voluntad es introducir nuevos alimentos complementarios y seguir con la leche materna. Los beneficios, seguramente, no dejarán de venir.

Alguna vez leí (y me da pena no recordar exactamente en dónde) que una madre que había optado por la lactancia prolongada ya sabía qué debía contestarle a alguien que la cuestionara por seguir dándole leche materna a un bebé “mayorcito”. La respuesta: por la misma razón que continúo dándole manzanas. Es decir: porque sí alimenta y porque me gusta y le gusta. Por eso digo: que Irene nos dé la pauta.

Sigo sin entender por qué en nuestro contexto se ve con malos ojos (y no exagero, ya hablé aquí y aquí sobre ello) la lactancia. Pero cuando pienso en lo bien que está Irene, en lo saludables que han sido estos meses, en su desarrollo maravilloso (físico, mental, emocional y etcétera), creo que no deberían rebatirse las bondades de la leche materna.

Ayer tuvimos revisión con el pediatra y esta chiquitolina está perfecta: ya mide 66 cms y medio y pesa 6.800 gramos. Vi en la sala de espera una bebé de un mes de nacida y sentí nostalgia y todo por cuándo ella estaba así de pequeña, pero luego la veo mirándose las manitos, sonriendo, alegando, sacándonos la lengua con malicia y a propósito, y pienso que cada instante ha sido bueno y que mientras perdure en nuestra memoria, será eterno. Así que sigo haciendo nuestros votos amorosos por la lactancia y antes de empezar la alimentación complementaria, en tres semanas, digo: ¡qué viva la leche materna! Dar pecho a un chiquito es maravilloso.

Y arranco con el texto: se titula igual que esta entrada y se encuentra disponible en la web paraelbebe.net. Ydice así:
El término “lactancia prolongada” se utiliza cuando el niño amamantado es mayor de 12 meses de edad. En este artículo, a dichos niños les llamamos “pequeños lactantes”.

Los pequeños lactantes se benefician NUTRICIONALMENTE:

“Aún mucho después del primer año de vida, la leche materna continúa proporcionando cantidades sustanciales de nutrientes clave, especialmente proteínas, grasas, y la mayor parte de las vitaminas”.
–Dewey, 2001

En el segundo año de vida (12 a 23 meses), 448 ml de leche materna proporcionan:
29% de requerimientos de energía
43% de requerimientos de proteína
36% de requerimientos de calcio
75% de requerimientos de vitamina A
76% de requerimientos de ácido fólico
94% de requerimientos de vitamina B12
60% de requerimientos de vitamina C
–Dewey, 2001

“El promedio estimado de tomas de leche en un periodo de 24 horas fue de 548g para el 97% de niños que fueron amamantados de 12 a 23 meses de edad, y 312 g para el 73% de niños amamantados de 24 a 36 meses de edad. Esto representa un promedio diario de ingestión de 41% y 23% de la ingesta diaria recomendada de vitamina A, respectivamente”.
–Persson 1998

A pesar de que se ha investigado poco sobre niños que son amamantados después de los dos años de edad, la información disponible indica que la leche materna continúa siendo una fuente valiosa de nutrición y protección contra enfermedades durante todo el periodo de lactancia.
Es común que se recomiende el destete para niños pequeños que ya comen algunos sólidos. Sin embargo, esta recomendación no está sustentada en investigación alguna. De acuerdo con Sally Kneidel en “Nursing Beyond One Year” (New Beginnings, Vol. 6 No. 4, July-August 1990, pp. 99-103.):
Algunos médicos pueden sentir que la lactancia interferirá con el apetito del niño hacia otras comidas. No obstante, no hay documentación que indique que los alimentos suplementarios son rechazados más frecuentemente por los niños amamantados que por los ya destetados. De hecho, la gran parte de los investigadores en países del Tercer Mundo, donde el apetito de un niño pequeño desnutrido puede ser de importancia crítica, recomiendan la lactancia prolongada aún para los casos más severos de desnutrición. (Briend et al, 1988; Rhode, 1988; Shattock and Stephens, 1975; Whitehead, 1985). La mayoría sugieren ayudar al niño amamantado no con el destete, sino suplementando la dieta de la madre para mejorar la calidad nutricional de su leche (Ahn and MacLean, 1980; Jelliffe and Jelliffe, 1978), y ofreciendo al niño comidas más variadas y agradables al paladar para mejorar su apetito (Rohde, 1988; Tangermann, 1988; Underwood, 1985).

Los pequeños lactantes se ENFERMAN MENOS:

“Anticuerpos son abundantes en la leche humana durante toda la lactancia” (Nutrition During Lactation 1991; p. 134). De hecho, algunos de los factores inmunológicos en la leche materna aumentan en concentración durante el segundo año y también durante el proceso de destete. (Goldman 1983, Goldman & Goldblum 1983, Institute of Medicine 1991).
Según la Organización Mundial de la Salud (www.who.int/inf-fs/en/fact178.html) “un aumento moderado en las tasas de lactancia materna podría prevenir hasta un 10% de las muertes de niños menores de 5 años: El amamantar tiene un papel esencial, y a veces subestimado, en el tratamiento y prevención de enfermedades infantiles”.
Se ha encontrado que los niños que aún son amamantados entre las edades de 16 y 30 meses, tienen menos enfermedades, y de más corta duración, que los que no son amamantados (Gulick 1986).
La Academia Americana de Médicos de la Familia indica que los niños destetados antes de los dos años de edad tienen mayor riesgo de enfermarse (AAFP 2001).

Los pequeños lactantes tienen MENOS ALERGIAS:

Muchos estudios han mostrado que una de las mejores maneras de prevenir alergias y asma es el amamantar de forma exclusiva durante al menos seis meses y continuar amamantando a largo plazo. La leche materna puede ayudar a prevenir alergias al reducir exposición a posibles alergenos (entre más tarde sea expuesto el bebé a ellos, es menos probable que se presente una reacción alérgica), acelerar la maduración de la barrera intestinal protectora del bebé, recubrir el intestino y proporcionar una barrera contra potenciales moléculas alergénicas, proporcionar propiedades anti-inflamatorias que reducen el riesgo de infecciones (las cuales pueden actuar como disparadores de alergias).

Los pequeños lactantes son INTELIGENTES:

Extensas investigaciones sobre la relación entre la lactancia materna y los logros cognoscitivos (nivel de coeficiente intelectual, calificaciones escolares), han mostrado las mayores ganancias en los niños que durante más tiempo fueron amamantados.

Los pequeños lactantes son SOCIALMENTE BIEN ADAPTADOS:

De acuerdo con Sally Kneidel en “Nursing Beyond One Year” (New Beginnings, Vol. 6 No. 4, July-August 1990, pp. 99-103):
Reportes de investigaciones sobre los aspectos psicológicos de la lactancia son muy escasos. Un estudio que lidiaba específicamente con bebés amamantados durante más de un año mostró un vínculo significativo entre la duración de la lactancia y las “calificaciones” dadas por las madres y los maestros de niños de seis a ocho años de edad (Ferguson et al, 1987). En las palabras de los investigadores, “Hay tendencias estadísticamente significativas que demuestran la disminución en las puntuaciones de desórdenes de conducta cuando la duración de la lactancia se prolonga.”
El amamantar durante y después de la infancia ayuda a los bebés y a los niños pequeños a hacer una transición gradual hacia la niñez plena. La lactancia materna es una manera cálida y amorosa de cubrir las necesidades de los niños pequeños. Les ayuda a calmar las frustraciones, golpes y heridas, y el estrés diario de la niñez temprana.
El cubrir las necesidades de dependencia de un niño, de acuerdo con su horario personal y único, es la clave para ayudar a ese niño a alcanzar su independencia. Los niños que logran independencia a su propio ritmo, son más seguros en dicha independencia que los niños que fueron forzados a independizarse prematuramente.

Los pequeños lactantes son NORMALES:

La Academia Americana de Pediatría recomienda que los niños sean amamantados al menos durante 12 meses, y después de eso, durante todo el tiempo que tanto la madre como el hijo deseen hacerlo (AAP 1997).
La Academia Americana de Médicos de la Familia recomienda que la lactancia materna continúe durante todo el primer año de vida y que “El amamantar después del año de vida ofrece beneficios considerables tanto a la madre como al niño, y debe continuar mientras así lo deseen ambos”. También hacen notar que “Si el niño es menor de dos años de edad, está expuesto a un mayor riesgo de contraer enfermedades si es destetado” (AAFP 2001).
Un Secretario de Salud de Estados Unidos ha declarado que es un bebé afortunado el que continúa amamantando hasta los dos años de edad. (Novello 1990)
La Organización Mundial de la Salud pone énfasis en la importancia de amamantar hasta los dos años de vida y más (WHO 1992, WHO 2002).
Investigaciones científicas hechas por un profesor de Texas A&M, muestran que nuestros hijos están diseñados para esperar ser amamantados entre 2.5 y 7 años (Dettwyler 1995).

Las MAMÁS que amamantan a sus hijos de manera prolongada también obtienen beneficios:

En muchas mujeres, la lactancia prolongada retrasa el regreso de la fertilidad al suprimir la ovulación.
El amamantar reduce el riesgo de cáncer de ovarios.
El amamantar reduce el riesgo de cáncer uterino.
El amamantar reduce el riesgo de cáncer del endometrio.
El amamantar protege contra la osteoporeosis .Durante la lactancia, la madre puede experimentar reducciones de mineral óseo. La densidad de mineral óseo de una madre que amamanta puede ser reducida en todo el cuerpo en un 1 ó 2 por ciento mientras dure la lactancia. Esta pérdida regresa a sus niveles originales, y aún puede aumentar, cuando el bebé es destetado. Esto no depende de suplementos adicionales de calcio en la dieta de la madre.
El amamantar reduce el riesgo de cáncer del seno . Varios estudios han encontrado una asociación inversa significativa entre la duración de la lactancia y el riesgo de cáncer.
Se ha comprobado que el amamantar disminuye los requerimientos de insulina en mujeres diabéticas.
Las mujeres que amamantan tienden a perder peso más fácilmente.

Fuente: http://www.paraelbebe.net/beneficios-de-la-lactancia-prolongada/

Y añado un video, lindo, de promoción de la lactancia prolongada en Puerto Rico.

15 enero 2010 at 08:03 7 comentarios

Una maratón por la lactancia materna: “Corre por ellos”

El próximo 22 de noviembre se correrá en Bogotá, Colombia, la maratón “Corre por ellos”, de Unicef, en defensa de la lactancia materna. La propuesta, que hace parte de la campaña Amor que nutre, busca crear conciencia sobre la importancia de la leche materna y recoger fondos (con las inscripciones, que valen $30.000 pesos) para su promoción. Aunque no puedo asistir, creo que es una iniciativa que vale la pena, mucho más si se conocen las cifras de la última Encuesta Nacional de Demografía y Salud del país, del 2005: según ella, el promedio de duración de la lactancia en el país es de 2.2 meses. Ojalá que realmente nuestra mentalidad se movilice y muchos más niños reciban el mejor alimento de la vida: mamás, ¡a correr, a nutrir y a vivir!

Para mayor información, ingresen a: http://www.correporellosunicef10k.com/ o aquí.

19 noviembre 2009 at 17:26 2 comentarios

¿Menos leche o mejor succión?: nuevas preguntas sobre la lactancia materna

¿O etapa de crecimiento? Esas y otras inquietudes me han rondado esta semana. Irene está próxima a cumplir tres meses y seguimos lactando de manera exclusiva: Más o menos cada tres horas la pequeña hace una toma, esto entre las 5 a.m. y las 7 p.m.; en las noches el asunto varía, pues hemos pasado de no hacer ninguna nueva toma a hacer entre una y dos. En más de una ocasión (sobre todo a la hora de dormir), Irene comienza a jugar con el pecho luego de 10 o 15 minutos de estar comiendo: lo suelta, lo coge, lo tira, manotea, se agita…. Reviso y me encuentro con que no hay más leche. Me angustio y me repito una y otra vez “¿se estará acabando?”

Y la única respuesta confiable (o al menos tranquilizadora) es que no puedo dejar de pegarme a la chiquita para incrementar mi producción. Obviamente, cada vez que ocurre esto pienso que ella se va a quedar con hambre, que no va a poder dormir plácidamente y un sinfín de oraciones con música tenebrosa de fondo que mejor ni repito. Pero luego veo que se duerme tranquila (aunque ya no sea tomando el pecho sino mecida), que no llora desesperada, que sigue haciendo chichí y popó regularmente y que sigue viéndose saludable y gordita. ¿Qué varía? Que pide comida de una manera más seguida… y entonces recuerdo que ella misma es quien regula la producción.

Hace algunas semanas, Virginia Zuluaga, Mamasita, me envio unos links interesantísimos sobre lo que significa dar el pecho “a demanda” (Por qué se dice que la lactancia materna es a demanda (I), Por qué se dice que la lactancia materna es a demanda (II), Por qué se dice que la lactancia materna es a demanda (III) y Qué significa dar el pecho “a demanda”). De ellos recuerdo especialmente que decían que el bebé es quien regula la producción e, incluso, la composición de la leche. Según Armando, autor de dichas notas, la leche se ajusta a los requerimientos de los pequeños. De este modo, la composición de la leche misma puede variar incluso dentro de una misma toma, haciendo que ésta sea más rica en proteínas, en grasa, en azúcares, o lo que sea. El bebé, en ese caso, sería como un chef en plena acción.

Y si eso lo sumo a uno de los apuntes que encontré anoche en un artículo que leí, que planteaba que los pechos estaban diseñados no para almacenar si no para producir leche (y que por lo tanto, sentirlos flácidos después de las primeras semanas escompletamente normal y no significa que la leche se esté acabando), termino por tranquilizarme un poco y asumir que la lactancia materna es un proceso natural y que como tal, mientras más espontáneamente se le deje avanzar mejor funciona. Eso, en resumen, significa que mientras Irene siga succionando, mis pechos seguirán produciendo la leche que ella requiera. También significa que si hay baches (que puede haberlos, según lo que dice en este texto), estos se presentan porque las necesidades de los pequeños varían con el tiempo, a medida que crecen, pero que fàcilmente pueden ajustarse atendiendo su demanda de alimentación.

De ahí que mi solución haya sigo pegar a Irene más seguido, cada vez que reclama algo (en estos días ni siquiera me estoy preocupando si lo que tiene es sueño, hipo, cansancio, o lo que sea. En cualquier caso, el pecho es una solución y en todos, reconociendo nuestro bache por su tránsito a los 3 meses de edad, su succión constante aumentará la cantidad en la medida que ella lo está requiriendo). ¿Y si toma aire? Pues no pasa nada: los cólicos del lactante o de lo que sea ya están descartados. Mi pequeña come sin problemas desde que ajustamos un poco sus tomas (ya dejo que al menos haya pasado una hora y media entre una y otra) y nos conocemos mejor. Irene es bastante predicible en sus hábitos, así que la alimentación “a demanda” no supone una complicación.

En definitiva, es posible que haya menos leche de la que ella ahora requiere, también es posible que mi pequeña esté succionando más eficientemente (ahora se toma todo más rápido que antes) y esa crisis de lactancia que pensé que estábamos enfrentando puede ser una etapa de crecimiento de mi pequeña y un cambio en sus hábitos alimenticios. Así que a alimentarla todo lo que ella quiera y a ver resultados en una noche o dos (les adelanto que con ese régimen ya hemos empezado a ver mejoras… las tomas más contínuas y un incremento en la ingesta de líquidos han sido la solución).

😉

(P.D. ¿Y no es una gran casualidad que mi chiquita haya estado disfrazada ayer de vaquita? ¿O de ternero? En cualquier caso, el tema del fin de semana, sin duda, ha sido la lechita.)

1 noviembre 2009 at 20:53 2 comentarios

Más confesiones sobre la lactancia: ¿qué es y cómo funciona la libre demanda?

A pesar de que creía estar suficientemente informada sobre cómo debía ser la lactancia, esta semana me di cuenta de que sigo siendo una inexperta y que muchas de la demandas de mi hija no son sólo alimenticias. ¿Cómo lo descubrí? Con  Irene: contrario a su carácter, estuvo molesta, llorona e incómoda recurrentemente. Después de mucho hurgar (¿sueño, hambre, cambio de pañal, calor, incomodidad?) encontré el motivo real de sus quejas: gases en su pancita ocasionados, probablemente, por mi afán de alimentarla en unos términos que ahora creo mal entendidos de libre demanda.

Total, me siento como si fuera otra vez el principio, experimentando desde otra perspectiva la lactancia: estoy aprendiendo a entender las demandas de mi hija y “regulando”, en consecuencia, sus comidas. ¿Ojos abiertos? No tanto, pues esa regularización pasa más por el aprender a entender a mi hija, que ya no es tan chiquita y tiene otras necesidades más aparte de sueño y comida, que por el seguir a rajatabla un horario que haga que ella se acomode a mi ritmo de vida.

No sé si estoy equivocada, pero me da esperanzas la placidez que otra vez percibo en mi hija. Antes, ante cualquier reclamo, dejaba que Irene amamantara, incluso cuando no había leche y acababa de comer. Estaba convencida de que si ella pedía algo debía darle el pecho: con él se dormía y conseguía su alimento. Pero estaba equivocada porque su barriguita se llenaba de aire. ¿Cómo saber entonces qué quiere y qué necesita mi chiquita?

El temido cólico

Antier, cuando descubrí el motivo del llanto de Irene, me sentí culpable, ignorante, ingenua… ¿Cómo es posible que mi niña estuviera llena de gases y yo no me hubiese dado cuenta? ¿Por qué no entendí que su llanto me pedía que se los sacara, la meciera? Un recién nacido necesita, básicamente, dormir y comer. Un bebé de un mes y medio (¡y todavía es bien chiquita!) empieza a interactuar más conscientemente con lo que lo rodea y necesita, en consecuencia, estímulos que van más allá de su “teta”.

Es lo que he entendido y es lo que empiezo a ver: Irene detiene ahora sus ojitos en todas las cosas; ya no tiene una mirada perdida sino fija; sonríe a plena consciencia; responde a los sonidos que tiene a su alrededor, se carcajea. Reclama atención y mimos, pero no requiere sólo del pecho para recibirlos. Su cuerpo se transforma y con él su acercamiento a las cosas. Su aparato digestivo se hace más sensible y recibe de un modo distinto todo lo que llega. Encontré, así, que en algunos niños aparece el cólico del lactante y con él largas tardes de dolor, tensión abdominal y llanto.

No sé si lo que tiene mi chiquita sea el temido cólico ése, pero esta semana -que ha sido dura- ha estado acompañada de llantos inconsolables, de caritas enrojecidas, de malestares. Yo, convencida de la libre demanda,  le daba pecho. Ahora me doy cuenta que su estado no mejora (aunque se tranquiliza un poco mientras succiona): le hablo, le canto, la paseo, tratando de no empeorar la cosas. Debo decir, por cierto, que estas cosas la tranquilizan y funcionan. Sigo además una pauta para darle sus comidas (recomendada por mi hermana del alma, médico), basada en comportamientos y tiempos. Estoy atenta a sus tomas (cuándo fue la última, tomó leche por cuánto tiempo) y trato de mantener un ritmo lógico. De este modo, alcanzo a tener leche y ella no se llena de aire. Le doy pecho cuando veo que realmente tiene hambre. Sorprendentemente esto ocurre con regularidad, más o menos cada dos horas y media o cada tres horas.

Llevamos un día de ensayo y aunque también tuvimos un episodio largo de llanto, siento que vamos acoplándonos. No la he dejado sola ni un minuto; paseamos, cantamos. Veo que esto último la relaja mucho… eso y unos masajitos abdominales, en el sentido de las manecillas del reloj, seguidos de juegos con sus piernas y suaves movimientos de bicicleta, acostada.

La buena noticia es que ayer, tras “regular” un poco las comidas de mi hija, los gases se redujeron en un 90% y mis pechos se llenaron adecuadamente de leche para alimentarla (esto último estaba en crisis, pues como antes permitía que amamantara todo el tiempo, pensando que con ello se calmaba, no alcanzaba a tener todo lo que ella, creía, “necesitaba”). Retiraré la leche de mi dieta (de vaca) por unos días y veremos qué sigue pasando. La pregunta del millón es la misma: ¿sí será cólico o me estaré equivocando? Está noche, cuando menos, ella ha dormido incluso más de lo acostumbrado. Seguiré en la práctica con mi regularización y les estaré contando cómo vamos.

27 septiembre 2009 at 05:44 12 comentarios

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