Posts tagged ‘Alimentación complementaria’

Destete: ¿espontáneo o inducido?

Suena a vaca -definitivamente nuestra condición de mamíferos termina estando más asociada a la leche de vaca que a la leche materna, ¡qué horror!-, pero justamente no es esa leche la que está en cuestión. Más bien es mi tita o, mejor, la tita de Irene. Casi sin darme cuenta, terminé dejándome taladrar el cerebro con la idea de que quizás iba siendo tiempo de que Irene tomara menos pecho… y por poco echo al traste ese universo maravilloso de complicidad, tranquilidad, comodidad y felicidad que nos ha dado la lechita de mamá.

Foto tomada de Las confesiones de Sofía.

Fueron un par de días de dudas, y de “control” y reducción medio forzada de lactancia -con niña mimosa, llorosa y descuadrada-, pero pasaron rápidamente cuando en mi cerebro y en mi corazón se encendieron los instintos de mamá. Volvimos al “Irene tomará leche materna hasta cuando ella quiera” y desde entonces otra vez nuestra casa y nuestra vida fluyen felices y en paz.

Así que no recomiendo ni cortes abruptos ni dudas. Cada niño es un mundo, pero Irene me demostró en esos dos días -que ocurrieron hace un par de semanas- que incluso al guerrero más decidido le pueden hacer mella los comentarios entrelíneas y su inseguridad (grrrr). Pero por fortuna a ese soldado le sobraban ojitos amorosos y precisos que lo miraran y lo reconectaran. 😉 Los “quizás no come otras cosas porque está tomando mucha leche materna” o “esta niña está muy grande para andar tomando tanto pecho” o “tú y ella necesitan desligarse un poco” o “es que a la que le da más duro dejarlo es a ti”, etcétera, etcétera, etcétera, pasaron cuentas.

Cómo ocurrió

Resumo al máximo: mamá entró en dudas, intentó hablar con la pequeña (oraciones del tipo “ya estás muy grande, mi corazón. ¿No quieres mejor un banano [o un jugo, o leche -de vaca o de cabra- o whatever]? o “ya tomaste ahorita, mamá va a descansar” o “corazón, ya eres una niña grande, tita es sólo para dormir”) y lo único que consiguió fue desatar comportamientos totalmente extraños en su hija, plagados de llantos (que decían “¿por qué haces esto, mamá?”, con un “no entiendo” clarísimo -y justificadísimo- entre líneas y gestos), tristezas e ires y venires a la teta.

Lo que antes eran unas 4 o 5 tomas diarias (al levantarse, para hacer la siesta, después de comer y para dormir en la noche) se conviertieron en 10 o más discutidas, cortas, sufridas. Una calamidad. Terminamos con un ya no me dés en la noche que me duermo sola (no dicho pero hecho efectivo, con corazón arrugado por parte y parte) que logró ponerme en sintonía con las dos. Pensé, mientras lo oía dormirse, sentada a su lado, que todo ese comportamiento extraño era por la tita. O mejor, por la alteración totalmente absurda de nuestro orden. La tomé en brazos, la abracé, la pegué a mi pecho y la dejé comer en paz (que era lo único que quería). Y le pedí perdón, le expliqué qué había pasado y la besé. Fin de llantos y de comportamientos extraños (por ambos lados).

Mi conclusión

Creo que cada chiquito y cada familia tienen sus ritmos. Irene no come menos porque tome leche de mamá. Es cierto que algunas veces, si mamá no le ofrece algo para comer -a pesar de conocer sus horarios habituales de comida- o si estamos fuera de casita, la pequeña pide tita. Puedo saber por la hora si lo que tiene es hambre o sueño a secas. O si lo que quiere, realmente, es la tita de mamá. Pregunto y ofrezco (primero comida diferente. Si la respuesta es negativa, su querida tita) y según las circunstancias, procedo. No considero que esté apegada a su tita en particular. Le gusta, claro, pero si mamá no está come otra cosa (en caso de hambre) y ya. Sí le hace falta para dormir, definitivamente, pero yo no tengo problema en que se la tome. Llegará el día en que se duerma solita por físico cansancio y ya. Y eso que puede dormirse sola (no es que se quede dormida pegada a mí), pero le hace falta su traguito de buenas noches y la compañía de mamá.

Así que como estoy disponible para ella todo el tiempo y como siento que la tita no entorpece en lo absoluto su desarrollo (por el contrario, siento que lo fortalece: los dos días extraños justamente se caracterizaron por una niña fuera de sí, insegura y dependiente de mamá -lo que NUNCA con tita se da-), dejaré que sea ella quien decida espontáneamente -y sin trastornos- cuándo dejarla. Para quienes estén en otras situaciones (o en la misma y sin respuesta) dejo algunos links de Armando, de Bebés y más, sobre el tema, y otro sobre relactancia -porque siempre se puede volver al pecho… al menos algunos días después de dejar de mamar-.

Ah, y confieso que al empezar nuestra vida con la leche materna no sabía que iba más allá de los seis meses (a pesar de las charlas, los documentos, etcétera). En mi cabeza, absurdamente, creía que cuando empezaba la alimentación complementaria los niños dejaban el pecho sin más. Creo que la confusión se debía a que muchas veces se relaciona destete con introducción de otros alimentos. Por fortuna, entendí que comer otras cositas no implicaba -a secas- dejar de tomar lechita de mamá. 😉

[Y termino confesando menos tiempo en estos días para escribir en este hogar. Nuestra chiquita cada día está más activa. Y mamá no quiere perderse tanta vida revoloteando fuera y dentro de ella.]

Links relacionados:
El destete (I): aclarando el concepto
El destete (II): cuando es el hijo quien decide
El destete (III): cuando es la madre quien decide
El destete (IV): cómo hacerlo
Relactancia, volver a amamantar tras el destete

26 mayo 2011 at 09:20 9 comentarios

Sueño y lactancia: ¿menos despertares a los casi 10 meses de edad?

Todas las noches con los pequeños son distintas… pero hay unas, que ya había comentado antes, en las que el sueño cambia tanto que nosotras, madres a fin de cuentas, damos vueltas en la cama ya no por tener que levantarnos cada cierto tiempo, si no, justamente, porque el chiquito no se ha vuelto a despertar. Desde hace cuatro días, los despertares de Irene no han estado acompañados invariablemente por su tetita y, para mi sorpresa, esto ha devenido en una reducción abrumadora de sus despertares. ¿Será que mi chiquita está aprendiendo a relajarse sola, será que ya es una niña más grande, será que está aguantando hambre, será que yo soy una mala madre por no darle pecho todo el tiempo, será que el sueño y la lactancia tienen una relación incomprensible, será que mañana es distinto, será… normal?

Y arranco con lo que he dicho una y mil veces: Cada niño es único. Y cada madre y cada familia tienen su propia historia y lo que pasa en unos no tiene que ser igual en los demás. Me lo digo especialmente a mí misma, pero también lo escribo porque temo que en el futuro alguien lea esto y termine, por una interpretación descontextualizada de nuestra experiencia, iniciando un destete forzoso del chiquito, cuando yo misma afirmo a los cuatro vientos que quiero que Irene tome pecho hasta que -literalmente- ella quiera (ojalá, al menos, hasta sus dos años). Dicho esto, arranco con nuestras nuevas variantes de sueño nocturno y con una serie de preguntas que -habrán visto- no sé aún cómo responder.

Despertar

Hace algunos días, Irene inició un período de muchos despertares nocturnos (5 o 6 en la noche), que duraban poco, pero que se repetían, pasadas las primeras tres o cuatro horas de sueño, cada hora y media más o menos. En estos despertares, como suelo hacer siempre, yo le daba pecho para ayudarla a relajarse y, una vez dormida, volverla a acostar.

Pues bien, empecé a notar que nuestra chiquita muchas veces no alcanzaba a succionar más de cinco minutos antes de quedarse de nuevo profundamente dormida. Como no tenemos colecho y cuando le doy tomas nocturnas (al menos al principio) me despierto totalmente, concluí que el tema era más un “necesito relajarme para conciliar el sueño” que un “tengo hambre y necesito tomar la leche de mamá”. Me propuse buscar alternativas para que Irene pudiera relajarse de otro modo, no tanto para no levantarme en la noche -que lo hago con gusto y hasta me hace falta-, sino para que mi chiquita tuviera un sueño apacible y descansara más.

Tertulias con mamá

Iniciamos así unas nuevas tertulias nocturnas: durante su última toma empecé a hablar con ella diciéndole que podía estar tranquila porque sabía que siempre estábamos a su lado, amándola, cuidándola y protegiéndola para que nada malo le llegara a pasar. Paralelamente, acariciaba su espalda, sus hombros, sus brazos, sus piernas y le decía que si se despertaba en la noche, podía darse la vuelta, cerrar nuevamente sus ojitos, respirar profundo y sentir cómo su cuerpecito se llenaba de amor, paz y serenidad.

Cabe decir que estos (darse la vuelta tranquila y volverse a dormir) son comportamientos que ya he visto en ella, pues a diferencia de sus primeros meses de vida, nuestra chiquita ahora se acuesta casi siempre entredormida, consciente de que está yéndose a la camita y dándose la vuelta ella misma para dormir de lado, en su posición preferida. Agrego, así mismo, que en más de una ocasión en que me despertaba presurosa para atenderla porque creía que se había despertado, me encontraba con que su despertar había sido superficial, que ella apenas necesitaba sentirse acompañada para dar una vuelta en la cama y continuar su sueño.

Esto, sumado a unas palabras recientes de Adri en su blog, donde contaba que no siempre ayudaba a Gabi, en sus despertares, a dormir dándole pecho porque de este modo dormía un poco más, y a la consciencia de que Irene toma leche materna durante todo el día, a demanda (cómo, dónde y cuando quiera), que siempre estoy con ella y que no tiene ningún problema con su alimentación complementaria (además de que ya tiene casi 10 meses de edad), me convenció de intentar otros métodos para acompañarla en sus noches. ¿Resultado? Pues que de un día para otro, sin más, mi chiquita ha pasado de despertarse 5 o 6 veces en la noche, a uno o dos despertares. ¿Coincidencia? Ustedes dirán.

Nuestras hipótesis

(Foto de Bebés y más)

Y digo hipótesis porque es posible que mañana, con la misma secuencia de acciones, Irene se despierte cada dos horas. Además de lo dicho anteriormente (que Irene toma leche materna a demanda, que va bien con su alimentación complementaria, que es una bebé con un aparato digestivo mucho más maduro por su edad y no requiere tomar leche en la noche para completar sus requerimientos de nutrientes, que siempre ha estado acompañada), pienso que hay un par de cosas más que propician este tipo de cambios en nuestra chiquita. La primera es que nunca ha llorado en las noches, pues siempre nos ha tenido a su lado al despertar. Creo que eso le da confianza y seguridad y ayuda, por supuesto, a que no se sienta amenazada y se sienta tranquila -o, lo que es casi igual, a que se relaje fácilmente- incluso sin succionar el pecho de mamá. La otra es que el sueño nocturno de Irene (desde sus primeras semanas de vida) ha sido regular: siempre, desde que tuvo conciencia del día y la noche, ha dormido desde las 6 p.m. hasta las 6 a.m., horas en las que el sol también descansa en esta tierra tropical. Se despierta, por supuesto (unas veces más, otras menos), pero eso nunca ha variado su hora de irse y salir de la cama. Algo con lo que se puede contar.

¿Y qué es exactamente lo que hemos hecho estas últimas noches?

Atenderla cada vez que sentimos que está totalmente despierta. ¿Cómo? Yendo a su cuarto, hablándole para tranquilizarla, diciéndole que estamos con ella, que puede dormir tranquilita, que estamos cuidándola y amándola como siempre (algunas veces, incluso, le cantamos su nana, mi “corazón de melón”, reiterativa desde el embarazo, inventada y que sigo debiendo por acá). Si vemos que no se duerme y que definitivamente lo que quiere es leche, la sacamos de la cunita y la dejamos mamar. La sorpresa es que normalmente esto sólo ocurre al inicio de la noche, en su primer despertar. De ahí en adelante, al menos en los últimos dos días (de cuatro es una referencia significativa) se ha dormido casi inmediatamente… Y sólo se ha despertado una vez más.

¿Se habrá reducido su ingesta de leche?

La verdad es que creo que no. Pero aclaro que en este momento y en este caso. No sé si se mantenga así y no creo que sea igual ni en otro niño ni en otra mamá. El pañal que le cambio en las mañanas, al despertarse, sigue estando tan mojado como siempre -sólo usa uno en la noche 😉 … una de las ventajas de usar pañales de tela: le pones un inserto extra y ya está- y sus tomas de leche durante el día siguen siendo tan frecuentes como antes. Lo único que ha variado, desde que salimos de la clínica, es que ahora, alrededor de las 4:00 o 5:00 p.m., toma una sopita (completando dos en el día). A las 6 p.m., como siempre, toma su lechita.

Veremos cómo siguen dándose las cosas. Lo cierto, es que definitivamente nada está escrito en este oficio (¿oficio?) de ser madre y que mi chiquita está en una edad en la que todo puede pasar. Confieso que antes de escribir esto temí que alguna madre entendiera que la solución para los despertares era el destete, pero espero que haya quedado claro que no lo pienso ni loca y que sigo siendo una defensora total de la lactancia. Creo, simplemente, que nuestra chiquita ha llegado a un momento en su desarrollo en el que no necesita comer durante la noche y en el que sus ciclos de sueño se regulan más. ¿Les había contado, por cierto, que durante el día también ahora duerme mucho más?

😉

(Y para no dejar el tema puramente en lo anecdótico, les recomiendo este artículo sobre las fases del sueño, de Bebés y más, esta entrada de nuestra casita sobre el libro Dormir sin lágrimas, de Rosa Jové, y el libro mismo de esta autora. Creo que los tres textos pueden ayudar a entender mejor el sueño de los peques y a buscar alternativas que se amolden a cada hogar.)

25 mayo 2010 at 07:48 3 comentarios

Todo (y si no, casi todo) sobre la alimentación infantil

Y más específicamente, sobre la alimentación de los bebés. Desde hace algunas semanas, la página web de Bebés y más está publicando artículos variados y profundos sobre la alimentación infantil. Hoy quiero recomendarles algunos de ellos, pues considero que pueden ser de relevancia y utilidad en la dieta de los pequeños. Lo que más me ha llamado la atención sobre ellos, es que cada uno se centra en un alimento en particular, resolviendo inquietudes, recopilando información importante y precisando, incluso, qué tipo de productos se incluyen en el alimento o producto descrito. Adicionalmente, si entran a la categoría general creada sobre la alimentación infantil, se pueden encontrar textos generales sobre la alimentación complementaria, las papillas, el uso de las cucharas, el Baby-Led Weaning, entre otros. Así que si tienen dudas o simplemente quieren ampliar información sobre la alimentación de los pequeños, no dejen de visitar este portal.

Foto: [Puamelia]

Entre otros, pueden encontrar textos sobre el huevo en la alimentación infantil, los mariscos (1 y 2), el pescado, los pescados semigrasos, los pescados inadecuados en la alimentación infantil, los pescados azules, el pescado blanco, recomendaciones para la elaboración del menú infantil, la ternera y el cerdo; el cordero y el cabrito; el pollo, el pavo y el conejo; las carnes, verduras y hortalizas en la alimentación infantil, verduras a partir de los 12 meses de edad (1 y 2), tomate, apio y zanahoria; la cebolla y el puerro, la coliflor y el brócoli, los guisantes (arverjas) y las judias verdes, la patata (papa) y la batata, las frutas en la alimentación infantil, el melón, la sandía y el melocotón (y otras frutas de verano); el plátano o banano, la piña, el kiwi y otras frutas tropicales; la naranja y la mandarina, la calabaza y el calabacín, la manzana y la pera, los cereales: la avena, el centeno, el trigo y el trigo sarraceno, sorgo, mijo, sésamo (ajonjolí) y arroz salvaje, el amaranto, la quínoa, el maíz, el arroz, entre otros.

Y como hay tanto para leer, sólo agregaré que en este especial sobre la alimentación infantil (a partir de los seis meses) aún están pendientes los artículos sobre las leches y sus derivados, y que son igualmente recomendables los textos relativos a las papillas, el Baby-led-Weaning, el agua, las características que deben cumplir los nuevos alimentos en la dieta del bebé, además de la guía resumen (1 y 2) sobre la alimentación complementaria, un texto sobre la conveniencia o no de una dieta vegetariana para los niños, otro sobre la conveniencia de la comida casera (en lugar de la industrial) y un decálogo sobre una alimentación infantil sana. Como ven, muuuuucho por aprender. 😉

22 mayo 2010 at 10:14 4 comentarios

¿Cómo cambian la digestión y la caca del bebé durante su primer año de vida? (3)

Después de haber escrito dos entradas sobre el tema (una sobre la digestión durante los primeros 6 meses de vida y otra sobre los cambios que se presentan una vez se inicia la alimentación complementaria), pensé que ya había hablado todo lo que podía esperarse en el primer año de vida las cacas del bebé. Pues bien: me equivoqué. Retomo el hilo con una nueva entrada que demostrará con nuestra propia experiencia cómo (el por qué, si lo descubro, lo explicaré luego) la alimentación y la digestión están relacionados con la salud, el sueño y hasta el estado de ánimo del bebé.

Desde hace un par de semanas el sueño nocturno de Irene había incrementado considerablemente sus despertares, sin que tuviéramos muy clara la razón. Inicialmente pensamos que se debía al cúmulo de novedades y a esa energía incansable que llena al bebé a sus 8 meses de vida. Luego creímos que se debía a la introducción de nuevos alimentos en su dieta, que parecía -a un mismo tiempo- restarle interés a sus tomas de leche materna.

Pero no. Justo cuando empecé a escribir las dos entradas anteriores sobre la digestión y la cacá del bebé durante el primer año de vida, comencé a pensar en una nueva opción, que si bien no excluye totalmente las alternativas anteriores, sí precisa mucho más los recientes cambios en el sueño de nuestra hija. ¿La razón? La chiquita estaba viviendo un cambio fundamental en su digestión.

Los antecedentes

Hace casi dos semanas, Irene comió una papilla de verduras con pollo y sin leche materna por primera vez. Yo había estado un tanto reacia a brindarle alimentos triturados (había decidido usar la técnica de Baby-Led Weaning), pero entre un malestar médico de su padre que nos retuvo fuera un poco más de lo esperado en una visita médica y las inquietudes recurrentes que tenía sobre las cantidades de alimentación complementaria que ingería nuestra hija, terminamos brindándole a la chiquita una sopa casera que para nuestra sorpresa le encantó.

En los días siguientes seguimos dándole sopas a Irene, junto con trozos de frutas y verduras suministrados a lo largo del día. Sus deposiciones empezaron a ser más consistentes y su interés por la leche varió: hacía muchísimas menos tomas diurnas y siempre que se prendía perdía rápidamente el interés, protestando para que la sentáramos e hiciéramos cosas distintas. En las noches se incrementaron sus demandas de leche: se despertaba cada dos o tres horas en promedio, lactaba y pasados unos 15 minutos se dormía.

Honestamente, creí que los cambios se debían a su creciente actividad y a la quietud que se asociaba con la toma de leche, pero casualmente pasaron dos días sin que le diéramos su sopita (sí las frutas y verduras) y sus tomas y su sueño se regularizaron nuevamente: de un día a otro pasamos de tener despertares cada dos o tres horas, a dormir otra vez por lapsos de 5 horas seguidas. En el día, Irene volvió a hacer sus tomas regulares de leche, sin distracciones ni protestas mientras comía.

¿Qué cambió?

La digestión de nuestra niña: al amanecer mismo del pasado viernes (después de que la chiquita volviera a dormir por lapsos más extensos en la noche), encontramos al cambiar el pañal de Irene unas heces más consistentes. Empezamos a atar cabos y a manera de ensayo decidimos no darle sopitas por un par de días, confirmando con el paso del tiempo su regularización con el sueño y la leche. Creí que también cambiarían de nuevo sus caquitas (por unas un poco más líquidas), pero no: cada vez son más sequitas (pastosas, no estreñidas), más olorosas y más continuas. Esta noche, por ejemplo, he tenido que cambiarla dos veces, cuando antes -después de cumplir tres meses- nunca hacía deposiciones nocturnas.

Nuestras hipótesis

No sé si nuestras conclusiones son acertadas o no, pero la hipótesis hasta el momento es que las papillas dieron el punto final en la digestión de nuestra hija. Al ser trituradas (algo que aún no podría hacer ella por sí misma en esa medida por su incipiente dentición), recortaron el proceso de digestivo, generando heces más espesas. La reducción en sus tomas de leche quizás se debían a una sensación de llenura y al esfuerzo extra que seguramente hacían sus intestinos para desplazar los desechos hasta su salida.

El incremento en sus despertares debieron, en definitiva, ser una consecuencia natural a sus necesidades de leche y a las molestias que probablemente sentía por su novedosa y creciente actividad digestiva. La tranquilidad habitual de Irene no se vio alterada por ataques de llanto ni nada por el estilo ( sigue siendo una niña que llora pocas veces), pero sí por incrementos de actividad y de irritabilidad.

Me sentí culpable, creí que pasados un par de días volvería a ver deposiciones más ligeras y “sencillas”, pero las cacas -después de tres días de no sopitas y tomas de leche continuas- son cada vez más consistentes. Concluí que quizás no hicimos nada malo (los ingredientes de las sopitas de la niña fueron siempre verduras y carnes que ella ya comía) y que sólo estamos presenciando un ciclo natural de la vida (seguramente acelerado por suministrarle a su organismo un alimento ya triturado). Veremos qué nos dicen sus nuevas caquitas.

Pienso, además, que la leche materna cumplió su papel laxante (¡¡¡de ahí la importancia de manterla más allá de los seis meses!!!) y que los intestinos de mi hija aprendieron, seguro, a moverse más fuertemente para evacuar este nuevo tipo de heces. Por nuestra parte, seguimos revisando atentamente los pañales de Irene y cuidamos la piel de su colita, pues al entrar en contacto más directo con las cacas -al ser más consistentes se quedan pegadas en su rayita- pueden irritarla con mayor facilidad. Seguiremos con la misma rutina de estos días (mucha leche, no sopitas, sí trozos de verduras, frutas, cereales y carne) y veremos qué novedades surgen. Nada está escrito definitivamente… así que quizás antes de que cumpla el año de edad, veremos -tipo Rambo– versiones posteriores de “¿Cómo cambian la digestión y la caca del bebé durante su primer año de vida?”

¿Sugerencias, recomendaciones o historias? Todas, por supuesto, siguen siendo bienvenidas. 😉

18 abril 2010 at 05:27 1 comentario

¿Cómo cambian la digestión y la caca del bebé durante su primer año de vida? (2)

Tras hablar ayer de los cambios que sufrían la digestión y la caca del bebé a lo largo de sus primeros meses, hoy comentaremos qué pasa con ambos cuando se da inicio a la alimentación complementaria y qué debe vigilarse en las deposiciones del bebé. En ellas se encuentran las claves de posibles intolerancias, alergias o enfermedades que afectan al niño que, tratadas a tiempo, evitarán dolores de cabeza en el futuro. Las recomendaciones generales de cómo deben introducirse los nuevos alimentos y la prerrogativa de que esta nueva dieta complementa -sin quitarle su papel protagónico- la leche son aspectos que deben tenerse en cuenta para ayudar a la maduración del sistema digestivo y al adecuado desarrollo de los chicos.

Cada niño es un universo. Sin embargo, la maduración del sistema digestivo es más o menos igual en todos los bebés. Al cumplir los seis meses de edad, los niños están capacitados para iniciar, paulatinamente, la alimentación complementaria, pero aún deben completar el desarrollo de sus órganos, que sólo será posible con el paso del tiempo y con la adaptación de estos a los nuevos alimentos.

Las pequeñas cantidades de frutas, verduras, cereales y carnes que ingiere un bebé después de su leche pretenden, entre los 6 y los 12 meses, familiarizar al pequeño con texturas, colores y sabores diferentes, proporcionar nuevas fuentes de energía al organismo y completar el proceso de maduración del aparato digestivo. El proceso de adaptación a esta nueva dieta toma su tiempo y las pistas de este proceso las tenemos siempre a mano en las cacas del bebé.

La maduración del sistema digestivo

La salida de los dientes (que permiten la trituración y, por lo tanto, la deglución), el desarrollo de las mucosas estomacales e intestinales, así como la maduración del riñón, el páncreas y el hígado, están directamente relacionados con la capacidad que tiene el organismo de procesar los nutrientes e impedir el paso de antígenos que pueden estar presentes en la flora intestinal.

Hasta que el bebé no cumple el primer año de vida, su organismo se encuentra limitado y en proceso de desarrollo: los riñones son inmaduros, el estómago es muy pequeño, el vaciamiento de los intestinos es relativamente lento, el páncreas no secreta (o secreta muy poco) enzimas necesarias para culminar el proceso digestivo, la absorción de proteínas se da pero no en los mismos niveles de un hombre adulto, la absorción de grasas es deficiente y los dientes -si han salido- son aún pocos para triturar los alimentos completamente.

Si a esto le añadimos que el bebé no ha desarrollado la motricidad fina y que aún está aprendiendo a controlar movimientos elementales como mantenerse erguido, llevarse objetos a la boca o caminar, se entiende como natural el lento proceso de adaptación a los alimentos y la relevancia que tiene la leche (materna, ojalá) en su dieta hasta los dos años de edad.

¿Cómo cambian la digestión y las cacas del pequeño con la introducción de nuevos alimentos ?

Todo depende de lo que ingiera el bebé y de la manera como lo haga: si se le brinda en papillas, lo más probable es que las heces se tornen más pastosas y marrones; si los alimentos se le brindan por separado (lo más recomendable) y en pequeños trozos (siguiendo la técnica del Baby-Led Weaning, por ejemplo), las deposiciones cambiarán de apariencia gradualmente, manteniendo la consistencia que tenían antes (amarillosas y líquidas en el caso de los bebés amamantados, y más grumosas y marrones en los bebés que toman biberón), pero con fragmentos del alimento ingerido.

Con el paso de las semanas, y a medida que el bebé incrementa la variedad de alimentos que ingiere, sus deposiciones van tornándose más pastosas, marrones y olorosas, hasta que la absorción de líquidos es más sensible. Es importante cuidar en ese momento su colita, pues la consistencia de sus caquitas puede quemarla o producir (por estreñimiento) pequeñas fisuras.

Lo que NO es normal

Babycenter tiene un artículo muy interesante y completo que señala anomalías en la caca del bebé. El texto tiene además un enlace a una presentación de fotos de caquitas, que puede ser de gran ayuda para todas aquellos padres que tengan dudas cuando abren el pañal.

En resumen, puede decirse que la diarrea, el estreñimiento, los cambios de coloración en las heces y la presencia de sangre son señales de alarma que deben consultarse con un médico. De aquí que se enfaticen insistentemente las recomendaciones sobre qué y cómo suministrar la alimentación complementaria a un bebé. Con ello se busca proteger la salud de los pequeños y ayudar a completar adecuadamente su crecimiento. No comer cítricos, pescado o glúten, por ejemplo, son indicaciones que se dan con el objeto de evitar alergias o el desencadenamiento de intolerancias (la enfermedad celíaca, entre otras) que podrían afectar seriamente la adecuada absorción de los nutrientes.

Estar, por tanto, atentos a las cacas y cualquier alteración en el estado de ánimo y en el sueño del pequeño son otras de las tareas que tenemos al cuidarlo. Es importante estar informado y vigilar cuidadosamente lo que ingiere el bebé. Ah, y mantener la ingesta de leche materna como mínimo hasta el primer año de vida (los primeros seis meses de manera exclusiva). Si se hace los dos años que recomienda la Organización Mundial de la Salud el balance será incluso mejor, pues se reflejará en la salud de nuestro hijo.

[Más información: Qué revela la caca del bebé]

PD: Espero que el texto sea útil. Traté de que fuera menos largo… pero es tanta la información, que no se da. :s

16 abril 2010 at 09:35 7 comentarios

¿Cómo cambian la digestión y la caca del bebé durante su primer año de vida? (1)

Uno de los cambios más importantes que ocurren en el bebé al iniciar la alimentación complementaria se revela en sus caquitas. En Irene, de ser amarillosas, casi inodoras y líquidas, se han vuelto -a sus ocho meses- más olorosas, consistentes y marrones, e, incluso, han cambiado de horario y se han vuelto menos frecuentes. Estas transformaciones son apenas una evidencia de otros cambios mucho más grandes que se operan en la boca, el estómago, el hígado, el páncreas, los riñones y los intestinos de la chiquita. ¿Qué factores inciden en ellos, qué es normal y qué es preocupante y cómo podemos ayudar a los bebés para que la maduración de su aparato digestivo vaya al ritmo que su cuerpo requiere?

No son pocas las inquietudes que surgen al abrir un pañal. Esta semana (justo el día que me preguntaba por qué Irene había dormido de nuevo más de 5 horas seguidas) al cambiar a nuestra hija me encontré por primera vez con una masa consistente que se había quedado casi pegada por completo a su colita. ¿Sería la comida? ¿Era por esto que dormía más? ¿Habrá tomado poca leche? Las preguntas bombardearon mi cabeza, a pesar de que sabía que la introducción de nuevos alimentos en su dieta cambiaría sus caquitas.

Para entonces ya había presenciado cambios importantes en el color y consistencia de sus heces, surgidos desde el momento mismo en que Irene había probado frutas y verduras. Había notado también en los últimos días un olor distinto, menos agradable, tanto en sus deposiciones como en sus gases. De ahí, que me saltara el bichito final de la duda que le da título a este post y que decidí compartir en este espacio.

Como mi objetivo es comprender un poco más cómo madura la digestión del bebé, me remontaré a sus primeros meses de vida y a los principales cambios que se ven en sus heces. Luego, en una segunda entrada que publicaré mañana, hablaré con más detalle sobre lo que es normal y lo que no lo es en las deposiciones del bebé y sobre por qué son importantes los alimentos que ingiere un chiquito, pues la maduración de su aparato digestivo se reflejará en la manera como son digeridos.

Asimilar conceptos

Uno de los sistemas más importantes del cuerpo humano es el digestivo, pues convierte alimentos en energía y nos ayuda a eliminar el material sobrante: lo queda después de asimilar los nutrientes requeridos por nuestro organismo, que es degradado y expulsado en los orines y las heces. Las transformaciones de este aparato a lo largo de la vida son, sin embargo, progresivas y están directamente relacionadas con la dieta que ingerimos y con la maduración de cada uno de los órganos relacionados en este proceso.

Para el bebé estos cambios son sensibles, pues es justamente en esa etapa de la vida cuando más se transforma todo lo que entra a nuestro organismo. Y no por magia, si no por lo rápido que cambian nuestro cuerpo: desde la salida de los dientes hasta la capacidad de coger y llevarnos cosas a la boca están relacionados con la alimentación y su procesamiento. Empezamos con la leche y terminamos con frutas, verduras, cereales y carnes. ¿Cuál es el resultado?

La cacas y la colita

Aunque parezca desordenado, empezaré por hablar de las cacas del bebé. En el recién nacido se denominan meconio (bueno, las primeras), y se caracterizan porque tienen una consistencia espesa y un color oscuro, que oscila entre negro y verde. Están compuestas por los residuos de lo que ingería el bebé en el vientre materno (líquido amniotico principalmente) y por células muertas y secreciones del estómago e hígado que revisten el intestino del recién nacido. Se expulsan gracias a la acción laxante del calostro (la leche -amarillosa, casi transparente- que produce nuestros pechos durante la primera semana de vida del pequeño, que no baja a chorros sino en cantidades muy pequeñas, acordes con el tamaño del estómago del bebé) y suelen tener altas concentraciones de bilirrubina que si no salen totalmente en el meconio tornan amarillosa la piel de algunos bebecitos, produciendo la denominada ictericia neonatal.

¿El tipo de leche que tome un niño incide en su digestión?

Durante las primeras semanas de vida se dan cambios importantes en la digestión del recién nacido, marcados principalmente por el tipo de alimentación que reciba. En el caso de Irene (y en el caso de los bebés alimentados con leche materna), sus primeras cacas fueron muy frecuentes y líquidas, pero a medida que crecía, sus deposiciones adquirían un color acaramelado, una textura grumosa y un olor dulzón. Las primeras semanas, teníamos deposiciones casi después de cada toma, que fueron espaciándose en el tiempo a medida que ella crecía. Pasados las primeras semanas, cumplidos los dos o tres meses, Irene ya tenía una digestión muy regular, en la que orinaba con frecuencia a lo largo del día y hacía caca en la mañana al despertar.

La recomendación general (confirmada en nuestro caso) es brindarle al bebé leche materna de manera exclusiva hasta los seis meses. ¿Las razones? Es la única que está diseñada realmente (¡por la naturaleza, además!) para el bebé: su ingesta ayuda, además, a madurar el aparato digestivo del pequeño, preparándolo para el cambio que supondrá la ingesta de alimentación complementaria (frutas, cereales, verduras y carnes que se le suministrará también de manera gradual).

Aún así, como evidentemente hay casos en los que se suministra leche de fórmula, no está de más saber cómo puede ser su digestión. En principio, la asimilación de estas leches en el cuerpo del bebé es mucho más lenta que la de la leche materna y las deposiciones suelen ser más amarillentas y gruesas. ¿Por qué? Por que la leche artificial contiene proteínas más complejas y gruesas que la leche materna, pues es leche de vaca procesada. El sistema digestivo del bebé no está preparado naturalmente para digerirla, por lo que su organismo debe adaptarse, forzosamente, a hacerlo. No son poco los casos que devienen en intolerancias, cólicos, diarreas con sangre, estreñimiento, entre otros, como consecuencia de estas leches. De aquí que se insista tanto en la alimentación con leche materna. El uso de la leche artificial supone, por lo general, un proceso de adaptación complejo que implica, en la mayoría de los casos, el cambio recurrente de marca en la búsqueda de una que el bebé tolere (o que, de plano, ya pueda procesar).

No quiero parecer dogmática con el tema, pero como beneficiaria directa de la lactancia materna, cerraré esta entrada con un video que habla sobre algunas de las posibles consecuencias que puede generar el suministro a los bebés de leche artificial. Irene tiene, como saben, ocho meses, y hasta ahora no ha sufrido ninguna gripa, ninguna diarrea, ningún episodio de estreñimiento, ninguna infección gastrointestinal. Nuestra chiquita es una niña sanísima. ¿A qué se lo atribuyo? A la leche materna. Y concluyo con una reflexión simple, que ya he publicado acá: Si la naturaleza nos brinda nuestra leche, ¿por qué no la recibimos como el alimento más propicio para nuestros pequeños?

(El video lo encontré en el artículo  “Lactancia materna vs. lactancia artificial“, publicado en el blog Mimos y Teta. Vale la pena leerlo, si quieren ahondar más en el tema. Hay una primera parte del mismo que habla sobre la violación del Código de comercialización de sustitutos de la leche materna, por parte de las empresas productoras de leche artificial. Si quieren verlo, ingresen acá)

Esta entrada, como siempre, se volvió larga. Mañana publicaremos una segunda parte sobre lo que pasa con la digestión y la caca del bebé cuando se da inicio a la alimentación complementaria, además de comentar qué es y qué no es normal en sus deposiciones. Bienvenidas son desde ya todas sus recomendaciones y experiencias. Nunca me imaginé escribir sobre este tema, pero reconociendo cuánto llama mi atención las “bombas” arrojadas en el pañal por mi pequeña, concluí que era importante  hacerlo… como muchas otras cosas que ni pensaba antes de tener a Irene en nuestro hogar. La vida cambia con ellos, ¿verdad?

😉

15 abril 2010 at 11:02 9 comentarios

¿Qué pasa con la lactancia una vez que se inicia la alimentación complementaria?

Irene come -además de leche materna- frutas, verduras, pollo y arroz desde hace un poco más de un mes. ¿Cómo ha sido la experiencia? Interesante, satisfactoria y menos distinta de lo que pensamos, porque (para ser honesta) creía que habría grandes cambios en nuestras rutinas y ritmos de lactancia una vez iniciáramos la alimentación complementaria. Nada más lejano a la realidad, al menos hasta ahora. ¿Por qué? No sé. Tal vez por mito, por exceso de expectativas en mi cabeza o por sólo conocer -por encimita- experiencias de biberones y leches de fórmula antes de tener a mi bebé. No sé si sea su caso, pero como sí fue el nuestro, decidí escribir al respecto… Una red de apoyo no nos sobra y ya sea para que alguien sepa cómo ha sido nuestra experiencia o para que nos cuenten cómo ha sido la suya, nos lanzamos con esta historia porque documentación nueva, la verdad, no encontré. ¿A ustedes cómo les fue?

Comienzo por los detalles generales de nuestra rutina: seguimos lactando a libre demanda, más o menos cada 3 horas, combinando algunas de las tomas de Irene (1 o 2 al día) con trozos de comida. Todo esto irá variando, sin duda, a medida que pase el tiempo yque la pequeña tenga más dientes, pueda ampliar su dieta y quiera comer otras cositas. Por lo pronto, aquí va un pequeño reporte sobre qué tanto cambia la lactancia una vez que los pequeños inician su alimentación complementaria.

Punto de partida: seis meses de edad

Como les contaba en un post anterior, hace ya un poco más de un mes incluimos en la dieta de Irene otros alimentos además de su leche. Para hacerlo, seguimos las recomendaciones de la OMS y la Liga de la Leche para la alimentación complementaria, introduciendo frutas, verduras, carnes y cereales de manera progresiva y siguiendo las pautas del Baby-Led Weaning: trozos de comida en lugar de papillas y manitos y dientes en lugar de cucharas para comer.

La experiencia ha sido interesante, no sólo porque representa realmente un cambio en la vida (desde que Irene come otras cositas mira ansiosa y curiosa cualquier alimento que comamos, con unas ganas infinitas de probar también), pero menos lineal de lo que pensé: La leche materna sigue siendo su principal alimento y todo lo demás, como su nombre lo indica, es su complemento y hace parte de su dieta -por ahora- más que para llenar una pancita para familiarizar a Irene con otros sabores, texturas y maneras de comer.

Seguimos, por lo tanto, en una fase experimental, permitiendo que ella pruebe, conozca sabores y texturas y se inserte en nuestros hábitos al comer. En resumen, se sienta a la mesa con nosotros en su sillita, come al mismo tiempo trozos de comida y sigue sus tomas habituales de leche, tomando el pecho antes y después de comer otras cosas. La idea es que nada de lo que come extra la llena (apenas está experimentando), por lo que no me preocupa si come mucho o poco: con el equivalente a un par de cucharadas estamos contentas las dos. Si quiere comer más, lo hace, pues en definitiva es ella la que decide qué tanto quiere comer.

Confieso, no obstante, que aún no tengo una pequeñita que coma tan modocita como Óliver, el niño de los Países Bajos que nos servía de ejemplo para el Baby-Led Weaning: creo que, en parte, porque nuestra chiquita es un tanto eléctrica (jiji, ahora no se queda quieta), porque apenas comienza a tener dientecitos para desgarrar y masticar bien los alimentos por su cuenta y porque las frutas y verduras que le damos suelen estar tan maduras que se le deshacen en la mano. ¿Consecuencias? Las que se ven en la foto: mamá y papá (sobreprotectores, seguro) le acercan los trozos de comida y ella va mordisqueando por su cuenta lo que quiere comer. Cuando los alimentos son un poco más duros, nosotros mismos le damos los trozos en la boca mientras ella juega con una cuchara o con un pedazo en su mano. Aclaro, eso sí, que Irene cada vez es más hábil cogiendo por sí misma los trozos y que los dientecitos que se asoman ya empiezan a ser útiles. Confío en que en poco tiempo ella misma manipule los alimentos. Ya les contaré.

¿Y qué tantas calorías y nutrientes pueden aportar otros alimentos distintos a la leche?

Vuelvo al tema de la leche. En una entrada anterior les contaba por qué la leche materna debía seguir siendo el alimento principal en la dieta del bebé menor de un año y cómo seguía aportando nutrientes y defensas después de este tiempo, hasta el punto de que se recomienda darla, al menos, hasta los dos años de edad. Pues bien, revisando la web la semana pasada encontré un cuadro muy interesante que habla sobre las calorías y los nutrientes que aportan otros alimentos.
Si ese cuadro se toma como complemento de otro que comentábamos en nuestra primera entrada sobre la alimentación complementaria, fruto de una investigación de la Sociedad Argentina de Pediatría, que muestra cuáles son los requerimientos diarios de calorías que tiene el bebé hasta los 23 meses de edad y cuáles de éstas las aporta la leche materna, se puede ver que la energía y los nutrientes que proporcionan los nuevos alimentos a la dieta del bebé son importantes, pero no suplen por sí mismos sus necesidades básicas: complementan y preparan al chiquito física y emocionalmente para un período futuro en el que eventualmente no tenga a mano leche materna.

Edad Requerimiento caloría/día
Leche materna caloría/día
Alimentación complementaria caloría/día
6-8 meses 682 413 269
9-11 meses 830 379 451
12-23 meses 1092 346 746

(Fuente: Sociedad Argentina de Pediatría, “Guía de alimentación para niños sanos de 0 a 2 años”, pág. 37)

En la práctica, creo que el hecho de que un chiquito de seis meses no esté aún capacitado para comer otras cosas por sí mismo o, dicho de otro modo, requiera de la ayuda y vigilancia de un adulto para alimentarse, debe tener mucho que ver. También considero relevante el desarrollo de su sistema digestivo (que va desde los dientes hasta su colita. Entre otras cosas, no creo que un bebé tenga la misma capacidad que un adulto para absorber nutrientes de alimentos distintos a su leche) y el riesgo potencial de infección que una dieta no esterilizada (al menos como la leche materna) pueda tener. Sea un caso u otro, la leche sigue siendo la reina de la dieta y los nuevos alimentos hasta el año de vida sólo la complementan. No gratuitamente somos mamíferos, por lo que es natural que -como ellos- de bebés la leche sea nuestro principal alimento y necesitemos de un período de transición para lograr nuestra autonomía al comer.

¡La leche! (Bendita eres)

Quizás por todo ello, tras la experiencia, no me sorprende que Irene siga mamando casi igual que antes (ahora, quizás, lo hace más eficientemente, tardando menos en sacar su leche). Creo que fui ingenua al pensar que en cuanto ella probará algo distinto a la leche, sus tomas disminuirían. Y, viéndolo bien, siquiera que ése no ha sido el caso, porque si su principal alimento fueran ahora frutas, cereales, carnes y verduras, andaría preocupadísima por lo poco que a su edad lograría comer.

No sé si el hecho de que ella tome leche materna marque una diferencia. Tampoco sé si nuestro propósito de darle la comida en trozos en lugar de papillas tenga igualmente que ver. Sea una cosa u otra, nuestra lactancia se mantiene, libre, cuando ella quiere, sin huelgas de lactancia (que espero que no lleguen), ni malestares fisicos. Su digestión cambia muy paulatinamente y su salud se mantiene como un roble. Conclusión: probamos alimentos poco a poco (sin lácteos, pescado, glúten o huevo hasta el primer año) y mantenemos abierto el pecho hasta que ella quiera comer.

Y ahora la pregunta: ¿a ustedes cómo les fue?

(Y las confesiones: sigo leyéndolas, pero mi muy querida Irene se ha vuelto un colibrí inquieto, que ya no me deja casi tiempo ni manitos libres sobre el teclado. Aunque sea tarde y poco, ya les contestaré ;))

17 marzo 2010 at 06:37 4 comentarios

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