Archive for septiembre, 2011

Por estos días

Una nueva muela se asoma en la boca de nuestra pequeña (abajo, a la derecha), los pañales nocturnos amanecen completamente secos, las idas al baño en el día son casi siempre exitosas, el sueño nocturno es nuevamente parejo -ahora la ex-cuna es cama y parece ser que su colchón, más durito, le ayuda a Irene a dormir mejor- y de las oraciones cortas y las yo y tú trastocados hemos pasado a conversaciones gramaticalmente correctas (creces, creces, chiquita) y a una chiquita que -exceptuando el rojo y el verde- parece que empieza, por fin, a reconocer colores. ¡Ah! Y las haditas siguen siendo su obsesión. 😉

¿A alguien le advirtieron que crecían muy rápido? A mí como que no.

30 septiembre 2011 at 09:32 6 comentarios

Empezamos a volar ;)

En un sentido figurado. Tal como me lo había prometido en mayo, hace un poco menos de una semana inicié el proyecto de las alitas de Irene para su disfraz. Las alas están casi listas… el paso siguiente será hacer una gorrita con carita y pico de pájaro, además de un par de patitas pegadas con velcro (no sé cómo se llame en otros lados) para sus piecitos. No sé a ustedes, pero a mí me ha parecido un proyecto lindísimo y fácil de realizar. ¿Se animan?

Son unas alitas fácil de coser y fácil de cortar… quizás un poco dispendiosas en esto último (¡son muchas plumas!), pero no requieren más de un par de horas o tres para cada parte del proceso.

No terminaré de agradecerle a Eri por compartir su proyecto, ni a Victoria y a Náhuatl por sus oportunos consejos de hacer las alitas con fieltro (en Colombia, paño lenci -no sé si se escribe así-) para que no se deshilachen los cortes. Ah, y sigue siendo un proyecto que no requiere costuras si se prefiere: viendo el resultado y experimentando con las telas, estoy segura de que la silicona también funcionaría genial para pegar las plumas a la base de las alas.

Finalmente, confieso que mis costuras no son perfectas, pero también que esas pequeñas imperfecciones significan nuevos retos y una satisfacción infinita. Espero que cuando pasen los años e Irene vea los trazos no siempre uniformes y rectos de las puntadas de mamá, entenderá que aprendí de su mano y que el sueño de hacerle en casita sus disfraces pudo más que cualquier resquicio de vanidad.

😉

El próximo 31 de octubre,habrá en casa un pajarito que correteará y cantará (tengo previsto pegar algunos cascabeles a las alitas para oírlo cantar cuando corra y agite sus alas). 😉 Prometo compartir fotos del disfraz terminado por si alguien se anima a hacerlo. La verdad es que la satisfacción ya es indescriptible… ¡No quiero ni imaginarme la alegría que sentiré cuando vea a Irene-pajarita!

27 septiembre 2011 at 17:34 23 comentarios

Para Victoria

Lo prometido: ¿Será que sí se parece al vestido de Keira?

Quizás no tanto como pensé al principio, entre otras cosas porque no cierra con cinturón cruzado, como parece, si no con un cierre invisible en la cintura, ubicado a un costado. Las mangas tal vez tampoco son como las del satinado azul que compartías: estas son más grandes… pero tienen unos detalles que me parecen preciosos (con doble tela, incluso).

(Y aquí, un detalle del cuello visto desde atrás)

En fin. A mí la verdad, su tela de algodón al 100% me parece que lo hace, además de todo, cómodo.

¿Será difícil coserlo? Creo que necesito clase de corte y confección ahora sí. 😉

[PD. Pido disculpas por la calidad de las fotos… no hay nada qué hacer con mi camarita digital.]

26 septiembre 2011 at 11:53 3 comentarios

De cómo Irene aprendió a ir al baño

Admito que con las entradas de estas últimas semanas este blog empieza a parecer más la página oficial de Elmo y Plaza Sésamo que La casita de Irene, pero creo que es apenas lógico, considerando el papel protagónico que el monstruito rojo ha tenido en las últimas semanas en nuestra casa. Irene ha dejado en el día sus pañales y ha aprendido a ir al baño gracias a Elmo´s Potty Time.

Y puedo asegurar que no exagero cuando lo cuento. Nuestra chiquita continuó avisándonos cuándo “el pipí y la popó” -como dice Elmo- venían en camino. Y aunque aparentemente no tenía del todo claro cuándo iba a orinar, sí parecía darse cuenta de haberlo hecho. Es más, en un par de ocasiones me había pedido que le quitara el pañal.

Pues bien, decidí lanzarme al agua y recordé que había visto un video y un libro del monstruo rojo sobre el tema. Busqué el segundo en Youtube y lo encontré (esta en inglés y en español, al menos), con la compañía de Irene, por supuesto, que no me abandona cuando me ve cerca de la pantalla (ya sabe que un “ayuda” y un “vamos a ver muñecos” le garantizan un poco de diversión colorida y musical). Vimos las dos primeras partes del video, suficientes para hacernos una idea de qué iba el programa, y nos paramos para ir a almorzar. Mi plan, aún, no está definido (de hecho, tenía la idea de que la pequeña nos diera un poco la pauta, sólo tanteaba la red para buscar herramientas para cuando llegara el momento), pero bastó con que Irene viera a Elmo sentarse en su bañito para ella querer hacer lo mismo.

Por supuesto, el resultado no fue inmediato: se sentaba algunos segundos y se paraba nuevamente para caminar. Volvía a pedir el baño, volvía a sentarse por poco tiempo y así toda la tarde. Le expliqué cómo debía ocurrir todo (esperar un ratito más largo, etc, etc, etc), pero concluí que quizás lo mejor era terminar de ver el video y dejar que ella misma marcara su pauta. Lo conseguí ya para ver en el televisor (ese “mueble” que sólo usamos para ver películas de vez en cuando) y me senté con ella a verlo un par de días despues. Y claro, voilà!, Irene pidió que le quitara el pañal y quiso sentarse en su baño (las opciones del pañal o de usar un adaptador para el baño “adulto” siguieron dentro del abanico de posibilidades). Nos ayudamos de un par de libros para hacer más divertida la espera en la tacita y fuimos millones de veces al baño ante sus avisos (“popó en el baño, popó en el baño” -con carrerita por toda la casa incluída) y ya.

Las primeras veces, hizo “una gotera” (como decía ella) casi sin darse cuenqta. También tuvo un par de accidentes, por supuesto, pero luego, tras pasar por un período de angustia que logramos superar con compañía, palabras y cuentos, celebramos sus primeros logros en el bañito. Y bastó eso: en cuanto vio que pudo hacerlo y que podía seguir todos los pasos sugeridos por Elmo (limpiarse la colita, vaciar sus cositas en el baño y bajar la palanca -“cuis, cuis, cuis, cuis, cuis”, según explica Aurora, la amiga de Elmo- y lavarse las manitos) no quiso parar. Y casi sobra decir que le cogió tanto gusto al tema que quería ir al baño todo el tiempo… nada que un poco de paciencia y libros leídos sentadas (ella en su bañito, mamá o papá en el piso) no pudieran remediar.

Una semana después el tema estaba superado… con uso de pañal cuando salimos de casa (no le gusta usar baños grandes) y en las noches (los primeros días esos pañales quedaban secos, ahora están otra vez mojados, pero estoy segura de que llegará el día en que estén tan sequitos que los podamos quitar). Y ya. Fue menos terrible de lo que pensaba y su carita de satisfacción y felicidad (que pide “bravos”, fiestas y baile) compensan cualquier esfuerzo.

Así que justifico nuestra nueva fanaticada de Elmo (y le agradezco infinitamente su ayuda en nuestro hogar).

PD: Y eso que no he terminado de hacer mis pesquisas cibernautas: parece que también hay versiones del peludito rojo para dormir, comer

23 septiembre 2011 at 07:24 4 comentarios

Casi dos semanas de silencio

Pero no de Irene, que no para de hablar: silencio de nuestros deditos pintando palabras en esta casita. Volvemos. Con retraso, con historias, con amores, con sueños… volvemos como siempre cargados de esperanzas. Y nos disculpamos por la desaparición callada. No nos fuimos de parranda, pero sí pasamos por un período de trabajo intenso y, luego, por uno de goce y descanso. Recién nos desempacamos.

Adelanto un resumen rápido: la heridita de nuestra chiquita va viento en popa en su recuperación ;); los pañales empiezan a contar su tiempo regresivo en su uso (no en casita, que seguimos adorándolos) gracias a los buenos oficios de Elmo y su Potty´s Time, y confirmamos en nuestra pequeña escapada al campo que Irene ama los caballo (bueno, los animales, en general): no paró de montar en ellos (o de reclamarlos, si no estaban cerca). Tuvimos lluvia, mucha, pero también una gran felicidad. Lo único malo: los extrañamos.

Ya mismo los leemos (y nos ponemos, poco a poco, en la tarea de actualizarlos). Un abrazo.

21 septiembre 2011 at 07:12 4 comentarios

Con el corazón arrugado como una uvita pasa

Ayer Irene se cayó. De manera absurda, dolorosa y notoria: su carita se llenó de sangre por cuenta de una herida odiosa en su frente. Mamá, su compañía entonces, la tomó en brazos y caminó presurosa a casa. Nada pasó a mayores: llegamos pronto (estábamos justo al lado, en el parque), limpiamos la herida, tomamos tita bendita (que alivia los males del cuerpo y del alma) y nos pusimos en la frente (ella y todos los habitantes de la casa, incluídos los muñecos) una mariposita de microporo en la frente, para cerrar la herida y curar el corazón. Luego, tranquilas viendo una película de haditas, vimos claramente que la caída incluía raspado en su naricita.

Ahora nuestra pequeña duerme tranquila, mientras yo ansío que se levante para abrazarla y cuidarla. No entiendo por qué si se ha caído antes, este aterrizaje me dolió más en el alma. ¿Será la sangre?

(Aparte de ello, tengo conclusiones varias. 1. No volvemos a ese parque de piedras puntiagudas en el suelo. Queremos que le pongan algo que recubra el piso. Nos cambiamos a pasto y arbolitos queridos… que no impedirán tropiezos, pero que seguramente harán que sea menos cortante el descenso. 2. Se pueden mantener los estribos en los malos momentos, pero el corazón se arruga igual y el espíritu se marea cuando llega la calma. No es bueno ver sangre corriendo y menos cuando proviene del ser que más amas. Y 3. No hay curita que valga. Incluso en los males menores, el dolor vendrá.)

Hay un montón de temas más que tengo en el tintero, pero definitivamente estos no han sido días para sentarnos por aquí. Voy a ver a nuestra chiquita -que ahora con el cuento de las haditas dice, firmemente, “quiero volar”, mientras mamá y papá le explican que no lo intente, que con su cuerpecito no se puede, que lo haga con la imaginación, cerrando los ojitos y sintiendo un vientecito feliz en su corazón. Y aprieta sus ojos cerrándolos, para caminar a tientas ¿imaginando? 😉

(Ah, y la caída no fue soñando volar: fue caminando al encuentro de mamá.).

7 septiembre 2011 at 06:28 7 comentarios


De sol a sol

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