Archive for octubre, 2010

Pintar

Nuestra chiquita ha descubierto una nueva pasión (que nos encanta). Creo que le seguirán muchas más.

28 octubre 2010 at 12:40 6 comentarios

El primer dibujo de Irene

Sin comerse las crayolas, solita, sentada frente a una mesa. Una mezcla de color brillante, espontánea y colorida. La foto, aseguro, no le hace justicia. 😉 ¿Alguien pensó que a los catorce meses, sin instrucción particular, podía pintar un bebé? Para mí es la más hermosa obra de arte… Está llena de amor, inocencia y vida.


26 octubre 2010 at 08:13 8 comentarios

¿La leche materna puede ser un vicio?

La inquietud en sí misma me parece absurda, pero la planteo porque para mí sorpresa -los mitos siguen vivísimos- ayer la ginecóloga me lo sugirió. En sus labios, el tema no fue una pregunta si no una afirmación… no sustentada por ningún argumento. Sólo dijo “no tenemos que creer en todo lo que dice la Organización Mundial de la Salud” (o algo parecido). Soy una madre lactante de una chiquita de 14 meses. He recibido, de mi mano y de la de mi hija, los beneficios de la lactancia, exclusiva durante sus primeros seis meses de vida y prolongada desde entonces hasta aquí. Quiero seguir amamantándola hasta que ella quiera y, cuando menos, aspiro poder hacerlo -como lo recomienda la OMS y un montón de organizaciones especializadas más- hasta que Irene cumpla dos años. Este texto, por lo tanto, expone las razones por las que pienso que la lactancia no es ningún vicio. Puede sonar a apología (y claro que es una defensa en sí misma), pero pretende ser más bien una fuente de información para mamás y papás. Cada quién tomará sus decisiones. Yo, por mi parte, estoy convencida de que la leche materna es y será siempre un alimento… como lo es la leche de vaca, de cuyos nutrientes -qué curioso- nadie duda. ¿Por qué será?


No me alargaré exponiendo las ventajas de la leche materna, pues ya lo he hecho en otras entradas. Dejaré para quien le interese la recopilación general de textos sobre lactancia materna publicados en el blog, además del link de un artículo específico sobre los beneficios de la lactancia prolongada, que es la que se critica más abiertamente (la lactancia durante los primeros meses no se critica, pero en muchos casos se desestimula). En ellos podrán encontrar las pruebas científicas de los beneficios de la leche de mamá, además de un buen recaudo de experiencias que confirman tanto sus ventajas nutritivas como emocionales. Me centro en si la leche materna se puede considerar un vicio (o un juguete, también me lo han dicho) después del primer año de edad.

Creo que el problema (que no debería serlo) de si la leche materna sirve o no y de si el biberón es bueno o malo se debe mayoritariamente a un asunto cultural. En Occidente, la revolución industrial y el desarrollo de la ciencia nos han alejado de la naturaleza con discursos de comodidad y bienestar. Y no estoy en contra de ellos, aclaro, pero sí difiero de las consideraciones absolutistas que echan por tierra cualquier forma anterior de vida. Suena a prehistoria y sin duda nuestra condición de mamíferos viene de tiempos remotos, pero para sorpresa de muchos es una condición vigente y vital… por la que a pesar de la ciencia y de la industria seguimos necesitando mamar.

¿Por qué se sataniza la lactancia?

Sospecho que si la leche materna viniera en un empaque diferente y no supusiera la necesidad de que las madres estuvieran “con el niño pegado a la teta” cada cierto tiempo (a medida que crece, por cierto, ese “cada” disminuye considerablemente) no sería mal vista. Es más, creo que nadie diría que puede ser un vicio o un juguete en ningún momento de la vida (a mis treinta y tantos años nunca me han dicho algo semejante de la leche de vaca o de cabra, que siempre es tan alimenticia, que se incluye en las pirámides nutricionales y que se considera un infaltable en la dieta familiar).

Lo cuestionable a los ojos de muchos es la supuesta pérdida de libertad que supone amamantar. Pero nadie lo plantea en esos términos… o casi nadie: normalmente se dice que es importante la interacción de otras personas en la crianza, que la madre también necesita recuperar sus espacios, que no puede dejarse a un lado la vida profesional de las mujeres, que el niño se vuelve dependiente, que la leche materna envicia (¡¡¡???), que la teta se vuelve un juguete, que bla, bla, bla…

¿Qué respondo? Que la lactancia materna no compite con nada de ello. También que la naturaleza hizo las mamas para alimentar (no para lucir escotes), que el hombre es un mamífero y, por lo tanto, para subsistir necesita tomar leche, que la naturaleza es sabia e indica, por todos los medios, que los bebés no pueden desarrollarse solos y que por ello necesitan tener a su madre cerca para que los alimente, para que les dé calor, para que les brinde seguridad, para que los proteja. Lo del mundo laboral y lo de interacción con otras personas (incluída la participación del papá) puede darse de otras formas… Criar no es sólo alimentar.

¿Hasta cuándo es recomendable?

Vuelve y juegan los discursos (que no enuncio porque son en general una reiteración de los anteriores). Pienso que la respuesta correcta la tiene cada familia. En nuestro caso, creo que el momento final será hasta que Irene deje de pedirla. Confío en la naturaleza. ¿Si ha funcionado tan bien durante siglos, por qué dejaría de hacerlo ahora?

¿Que ya come otras cosas, que la leche ya no es indispensable para su desarrollo, que ya es más lo que juega que lo que come, que pierde independencia, que pueden creársele traumas o fijaciones con el pecho (también -parece increíble- me lo han dicho), etcétera, etcétera? Igual. Come otras cosas pero aún no tiene todos sus dientes ni cuenta con una motricidad lo suficientemente desarrollada para alimentarse solita. Es cierto que la leche ya no es su principal alimento, pero no por eso deja de ser una fuente importante de nutrientes. ¿O alguien ha dicho, por ejemplo, que no se pueden comer naranjas si no hasta los 2 años o que la carne es dañina a partir de 30? Bla.

Mi niña, por cierto, no juega con su pecho… ahora lo mira, claro, del mismo modo que inspecciona todo lo que tiene frente a los ojos: un juguete, una cuchara, un alimento. Pero de ahí a que juegue en lugar de comer hay un trecho largo y si veo que no tiene hambre, cierro la tienda y ya está. Con respecto a la independencia, debo afirmar por nuestra experiencia que Irene es una niña tranquila, bastante independiente y segura para su edad. Creo que amamantarla puede tener que ver en algo de esto, aunque supongo que es una más de las cosas en las que se refleja un estilo de crianza que ella proyecta. Puede haber madres tranquilas y atentas a sus hijos que den leche de fórmula y puedan decir lo mismo. Ahora, si una tendencia se presenta más en unos que en otros, no tengo ni idea. Sólo puedo decir que la teta no crea niños dependientes en lo absoluto y que, por el contrario, les da seguridad.

Y cierro con mi respuesta a lo último: ¿traumas, fijaciones? Irene está chiquita pero lo dudo totalmente. ¿Por qué ha de ser dañino algo que es natural? Creo que afirmarlo equivale a decir que los niños se obsesionarán con sus genitales cuando aprendan a ir al baño o que peinar a las niñas les creará fijaciones con su apariencia y cuidado. Repito: el tema, me parece, es más cultural.Y agrego: también es un asunto de mercado.

Amamantar a mi hija me ha dado satisfacciones y libertad. No tengo que correr cada tanto a la farmacia para conseguir una leche de tarro (que, como decía Adriana, pueden resultar además muy caras), no tengo que trabajar como loca para tener el dinero con qué comprarla, no tengo que invertir tiempo adicional al de la toma misma para preparar teteros, no tengo que angustiarme si mi chiquita no muestra apetito por lo que está servido en la mesa… Hasta ahora, nunca ha rechazado mi pecho. Es más, se tranquiliza al tomarlo, lo disfruta, se alimenta. Es la mejor cura que tenemos ante una caída o una enfermedad (que, por cierto, han sido muy pocas).

¿Entonces: si tiene tantas ventajas por qué se habla en contra de la leche materna? No me voy contra otras formas de lactancia, sólo pienso que es absurdo satanizar lo que es natural. Pienso que cada familia debe tomar sus decisiones con información adecuada y objetiva. Es más, creo que si fuéramos realmente honestos, a las mamás se les debería informar que pueden optar por la lactancia materna o por la leche artificial, señalándole los posibles efectos adeversos de esta última, que no deja de ser un intento de adaptación de la primera y, se quiera o no, no se recibe ni es igual.

¿Y después del año? Lo mismo: cada quien dirá. Irene ahora también toma leche de vaca, entera o semidescremada. Y no por ello deja de tomar mi pecho, simplemente me pide cuando ve que tomo en un vaso (como me pide cualquier cosa que ve que estoy comiendo). Le doy y no le ha caído mal, pero aclaro que hasta ahora le han sentado bien todos los alimentos. Puede ser, tal vez, porque se alimentó con leche materna de manera exclusiva hasta los seis meses. Y porque, en consecuencia, su sistema digestivo maduró de una manera sana y natural. Sé que si mañana no quiere tomar más mi pecho habrá otras fuentes para alimentarla, pero si quiere hacerlo, ¿por qué se lo voy a quitar? No creo que haya ningún vicio en la leche materna… creo que hay vicios en las miradas que la intentan satanizar.

[Otra vez se me fue largo. Oops. Recomendaba a vuelo de pájaro en mi última entrada un texto-respuesta a un mal artículo -mal informado, mal planteado, mal sopesado- del Magazín de El País, de España, sobre la lactancia. Hoy recomiendo además dos textos resúmenes sobre la polémica que se ha desatado en distintos países como consecuencia de ese mismo artículo (titulado “Madre o vaca“, páginas 36-40), porque creo que exponen desde distintos puntos de vista el valor de la lactancia materna y la común desinformación que lleva a afirmaciones o preguntas como la que da título a este post.

El primer texto se titula “Las madres lactantes contra `El Mundo´” y el segundo se denomina “Blogs de papás y mamás (XXXVII)”. Aunque el título de este último no adelanta mucho sobre el tema, es una recopilación de al menos once artículos de mamás bloggeras sobre la lactancia. Ambos pueden complementar desde la experiencia lo que por fuentes distintas, pero con las mismas causas y consecuencias planteo hoy.Una última recomendación: el texto “Aprendiendo a ser mamíferos” publicado en El País, de España. Creo que brinda un buen contraste al de “Madre o vaca”. Cada vez que escribo de los beneficios de la lactancia materna pienso que no debería haber discusión sobre sus ventajas… pero vuelvo y me topo con sorpresas como la de esta médica. O_O]

21 octubre 2010 at 10:37 13 comentarios

Otra vez como en botica…

De todo. Un resumen sobre nuestras últimas semanas con Irene. Anticipo noticias de sueño, temperamento, dientes y verde.


[A ver si esta vez si logro cubrir la mayor parte de las novedades… sin escribir un kilómetro de post. ;)]

  • Karina me anticipó que no hablara mucho de esto, así que lo hago en susurro: Irene duerme otra vez plácidamente en la noche, diez horas de un tirón más o menos, después de un retorno de despestares (que no será el único, seguro, porque es bebé y porque ellos se despiertan en la noche como nosotros). Creo que encontré la causa eficiente de que estuviera despertándose: tenía calor. :S Y yo, poniéndole cobijas, pijamas gruesas y etcétera porque creía que si estaba calientita se despertaba menos. ¿Quién podrá ayudarnos con el efecto sobreprotector? Recomendaciones: eviten pijamas con poliéster (mejor fibras naturales que respiren, como el algodón) y celebren, después del año, que no vengan con piecitos cubridores, sobre todo si viven en el trópico. Y si el niño se quita la cobija… pues seguramente lo hace porque tiene calor. 😉
  • El último diente en salir se ha tomado su tiempo y ha molestado un poco, rascando, inflamando… El apetito ha mermado. Ya, por fin, se ve una hilerita blanca en su espacio. Y creo que se tejen arribos futuros porque las encias están cada vez más gruesas por todos lados. Ya nuestra chiquita luce sonrisa de niña que crece. A veces extraño su desdentado.
  • Todos los días hay gritos de independencia en nuestro hogar. El temperamento de Irene sigue afianzándose, revelando una chiquita decidida e independiente. Quiere comer sola (¡con cuchara! Y lo mejor -dato importante para otros padres- es que como ocurre con casi todo: si la dejas experimentar, aunque se ensucie, lo logra), caminar sola, correr sola… Manda y dispone. Y sonríe con una carita tan dulce y amorosa… Mi muacho dice a veces que está consentida, yo creo firmemente que está descubriendo que puede hacer cosas por sí misma y que, cuando no puede, se frustra un poco y le duele. ¿Y qué funciona para calmar los ánimos y evitar lloros y malestares? Explicarle lo que pasa, con detalles, y cambiar su foco de atención. Si el grito se torna grave y continúa después de aclarar lo que sucede (los niños a veces no son buenos interpretadores por eso es bueno hablarles), le decimos que entendemos que se siente mal, que estamos para acompañarla, pero que sólo ella puede encontrar la manera de calmarse. La dejamos un poco sola (manteniéndonos a su lado pero sin prestarle toda la atención)… y comprende y se calma. Si no funciona, un buen abrazo conversado no falla.
  • Y cierro confirmando lo que ya he dicho otras veces: la naturaleza es sabia… y nosotros sólo debemos dejarla hablar. Y dejar de pelear con ella y seguir su curso con confianza. Este fin de semana tuve dos muestras claras de ello: la primera, una huerta orgánica preciosa, que apareció de la nada, al lado de mi cotidianidad. La montaron en tres semanas y ya tiene sus retoños (una preciosidad). Muchas veces creo que cuando hablas de algo empiezas a verlo de repente porque te has sensibilizado para ello… pero en este caso, juro, siento que la vida me está trayendo las cosas para que aprenda de ello y pueda empezar proyectos. Veremos, veremos. Ahora, lo segundo: después de una temporada de lluvias fuertes, hay derrumbes grandes y pequeños por todos lados en las montañas que abrazan mi ciudad. Fuimos a una casita de campo y vimos, dolorosamente, que el cauce que había sido basurero de materia orgánica de un vecino empezó a erosionarse (y no poco). Si en lugar de tirar allí los residuos del corte de su jardín, el hombre hubiera destinado una pequeña área -segura- de su lote para acumularlos y los hubiera dejardo degradarse (también ha podido preparar una caja compostera, airear los residuos cada tanto, taparlos con un plástico para incrementar la temperatura de la pila,…), habría tenido abono para sus plantas, un cauce limpio y un derrumbe menos de qué preocuparse.

Y cierro con la recomendación de dos lecturas cortas de otras mamás bloggeras que sin querer coinciden un poco con lo que acabo de mencionar: Boicot a Nestlé (al que me uno totalmente) y De “madres vaca” y periodistas fatuas. Cada vez me convenzo más de que nuestras pequeñas acciones o palabras sí pueden cambiar algo… cuando menos nuestro mundo. Quedo debiendo noticias de nuestros avances en Simple Living… pero ya habrá espacio para ellas. [Añado un cartoon de Nani (que salió en la prensa hace como veinte días y se ve mejor aquí) que habla por sí mismo.]

19 octubre 2010 at 04:52 8 comentarios

Vernos

Dicen que todos somos espejos… Les recomiendo este video. Ojalá todos pudiéramos -realmente- vernos.

16 octubre 2010 at 08:52 2 comentarios

“Da”

Foto tomada de El cuchitril de una bruja.

Con esta palabra, Irene da, recibe, pide, juega, canta, conoce el mundo, explora cosas, señala. Un monosílabo que la acerca al universo, a las personas, a la risa, al llanto… a sí misma. Nuestra chiquita conjuga el verbo y expresa con esa única palabra la infinitud de su existencia. Por ello, además de papá (ahora con tilde), mamá (ídem) y unos cuantos gestos, balbuceos y “aias” (gracias) nuestra chiquita parlante habla.

😉

15 octubre 2010 at 08:37 5 comentarios

Menos cosas, más felicidad (8): lo que me gustaría lograr

Terminamos nuestra serie de Simple Living con este texto dedicado a alternativas que me gustaría experimentar, pero que no estoy segura de poder poner en práctica por limitaciones reales de nuestra vida o por falta de voluntad. Aclaro que esto último no significa que no esté convencida de sus beneficios; en su lugar, hace referencia a opciones que me parecen válidas, pero que no resultan del todo viables en nuestra vida cotidiana. Las expongo porque creo que pueden complementar las propuestas que incluímos en las entradas anteriores… y porque creo que al enunciarlas se difunde un estilo de vida maravilloso que ojalá todos, a nuestro modo, podamos apreciar.

Foto de Huertas, jardín y patios.

Para empezar, confieso que mientras escribo y reviso material sobre este tema me motivo más a hacer cambios en nuestra vida. Suena contradictorio con la introducción que acabo de escribir y con el espíritu original de esta entrada, pero es verdad. A medida que avanzo en mis pesquisas sobre permacultura -el diseño de hábitats humanos sostenibles (aquí encontrarán información práctica sobre ello)- y Simple Living, me entusiasma más la idea de implementar prácticas que antes me parecían casi imposibles.

¿Vivir en una casa ecológica? Sí… puede que no sea bioclimática -ni ecológica, como las de bahareque o tapia– al 100%, pero la que tengo, de construcción tradicional, puede adaptarse a alternativas autosostenibles en el futuro. ¿Hacer una huerta en piso a pesar de que vivo en altura? Sí… al menos puedo intentar convencer a mis vecinos de destinar para ello una parte de nuestro jardín ya cercada -que hace años se usaba para una antena parabólica ahora inexistente-, además de proponer hacer una composta comunitaria con todos los desechos orgánicos que producimos en la cocina -se supone que ya los separamos, pero el camión se los lleva todos al vertedero municipal. Seguramente de allí, además de tener el gusto de ver crecer una huerta en el suelo, encontraría conocimientos y motivación para hacer una huerta pequeña en nuestro hogar.

Así que no doy más largas con las opciones pendientes que -aunque cuesten un poco más de esfuerzo- me gustaría lograr:

  • Vivir en una casa autosuficiente. Siempre la he soñado en el campo, además. No sé si logre esto último, pero me encantaría vivir en una casa que aprovechara mejor sus recursos. No necesito estar a kilómetros de la ciudad (hay cosas de la vida urbana que me gustan) para tener paneles solares o para recuperar aguas residuales (aunque sea para el riego de jardines… ¡o de una huerta!). Si no lo logro, al menos puedo implementar opciones que me ayuden a mejorar la sostenibilidad actual de nuestra casa, en la cocina, en el baño, en la ducha, en la lavadora…
  • Tener mi propia huerta. Supongo que no alcanzará para suplir todos los alimentos de mi hogar, pero no importa. La idea de hacerla me entusiasma porque me permitiría estar en contacto directo y diario con la naturaleza, al tiempo que le daría una vía útil, saludable y sostenible a los residuos orgánicos de nuestro hogar (Añado un link sobre cómo hacer tu propia huerta en casa, otro con un manual -muy interesante y claro- sobre los pasos que se deben seguir para hacer una huerta orgánica de cultivo intensivo y el link de un documento sobre composta -que puede ser de dos tipos: caliente o lombricomposta-, el abono orgánico para los alimentos que se produce con desechos). Como ven, lo que antes eran sueños casi irrealizables se ha convertido en alternativas posibles… (todo esto debí incluirlo en la entrada anterior. :s). ¡Ah!, y orgánicas sin un costo inalcanzable… miren los links y sabrán a qué me refiero.
  • Reciclar yo misma mis residuos orgánicos haciendo composta (¡¡¡abono orgánico para la huerta que quiero tener!!!) en mi hogar. La forma de hacerlo ya está inventada (con variantes incluso). Hoy separo basuras, pero pongo todos los desechos en bolsas de plástico (¡qué mal!)… Una opción para evitarlo es empezar a reciclar yo misma los productos orgánicos, con una pequeña caja de compost (no sé si con lombrices) en mi hogar [adjunto dos videos de cómo puede hacerse -creo que hasta en el patio de ropa de la casa se puede: el primero, más técnico, sugiere licuar los desechos antes de ponerlos en la composta; el segundo, más casero, da cuenta de una composta sencilla en casa. Si les interesa el tema, miren el documento del ítem anterior sobre composta y vayan al enlace directo de Youtube del primer video (dando dos veces clic sobre el recuadro del video). Los comentarios publicados seguramente les ayudarán a precisar más el procedimiento]:
  • Vivir en comunidad. ¿En una ecoaldea? Quizás no, pero sí más en contacto con mis vecinos (la huerta comunitaria sería una muy buena manera de hacerlo realidad). Creo que entre sus ventajas estaría el interés conjunto de vivir de un modo respetuoso con la naturaleza y la búsqueda de opciones autosostenibles… Además de esto las ecoaldeas suelen poner en práctica alternativas ecológicas como el paisajismo comestible (aquí, el proyecto de un jardín comestible), el tratamiento y recuperación de aguas residuales (dejo al final un video muy interesante sobre esto, que ojalá en el futuro sea una realidad general y popular) y el desarrollo de granjas orgánicas. Ahora, la vuelta de tuerca: si no se puede vivir en una ecoaldea diseñada para ello, se puede adaptar nuestro entorno a opciones sostenibles (links recomendados: Fundación de Vida Sostenible y Ecovilla, criterios básicos para hacer un asentamiento ecológico).
  • Usar bolsas de tela para la compra, en lugar de bolsas plásticas. No me alargo en explicaciones porque otros lo han hecho mejor que yo. El plástico contamina. Incluso si es biodegradable (que ya es un avance), pues usualmente tiene un uso limitado y consume, además, productos que nos hubieran podido alimentar. Les recomiendo que se pasen por el Centro de Desarrollo La Milpa (que tiene, por cierto, una rifa esta semana de una bolsa Chicobag, para usar en lugar de las bolsas plásticas): encontrarán buenas razones para llevar nuestras propias bolsas (ojalá de tela) a la hora de comprar.

La lista podría ser más larga (me encantaría tener mi propia granja, producir mis huevos, mi leche, mis gallinas -aunque se me pararían los pelos con la idea de matarlas-), pero no sigo porque creo que las opciones incluídas ya son válidas. Como decía, lo que antes sonaba imposible deja de serlo una vez que empiezas a darte el chance de ensayar (me pasó con los pañales de tela, con la copa menstrual, con la leche de magnesia en lugar del desodorante, con el agua de yerbabuena en lugar del jabón para niños, con el bicarbonato de sodio en lugar del shampoo -también puede reemplazar la crema dental- y ahora con la ecobola en lugar del detergente -gracias Ana por el consejo, la conseguí más fácil de lo que pensaba y ya la empecé a usar).

Así me pasa ahora más o menos con todo. Antes pensaba que era difícil llevar a la práctica las ideas que consigna esta entrada, pero hoy me doy cuenta de que en muchos casos basta darle un poco la vuelta a la propuesta original para encontrar la manera de hacer las cosas (incluyendo a otras personas que nos rodean). Creo que en eso consiste el estilo de vida que propone Simple Living: en simplificar nuestra vida para simplificar y hacer sostenible también la de nuestra comunidad.

He repetido muchas veces que vale la pena hacerlo, que no es difícil en lo absoluto y  que -contrario a lo que casi siempre se piensa- implementar este tipo de alternativas casi nunca resta (al contrario, casi siempre suma) comodidad. Si bien las opciones de esta serie están planteadas en términos individuales, la mayoría de ellas pueden desarrollarse en comunidad. Que pasen del sueño a la realidad depende de nosotros.

Foto tomada del blog Natura-medio ambiental: beneficios de tener una huerta en casa.

Finalmente, estoy segura de que si hiciéramos el ejercicio de buscar otras fuentes informativas -en nuestro país, en una biblioteca, entre nuestros amigos, en la red, etcétera- encontraríamos otras opciones útiles. Con esto, dejo la puerta abierta para que cada quien haga su propia búsqueda y encuentre su manera de vivir en armonía con su entorno… ojalá con menos cosas y más felicidad. Gracias a todos por sus comentarios, por sus ideas y por el interés que han mostrado en esta serie. Creo que ha sido una buena muestra de que se puede construir en conjunto… No se imaginan cuánto nos han ayudado sus experiencias y consejos. Ojalá suceda lo mismo con ustedes. 😉

Un abrazo.

PD: Adjunto el video prometido sobre tratamiento y recuperación de aguas residuales. Hay opciones caseras. Ésta es industrial pero 100% natural.

12 octubre 2010 at 16:05 3 comentarios

Menos cosas, más felicidad (7): lo que nos falta

Pensaba que éste sería el último post de esta serie (al menos en una primera entrega -quizás en el futuro vengan más-), pero no. He decidido dividir el contenido de esta entrada en dos: un post sobre los hábitos y las acciones que considero que nos falta poner en práctica (y que espero adelantar dentro de poco) para simplificar más nuestra vida y un texto final sobre alternativas de Simple Living que me gustaría experimentar, pero que no estoy segura de hacer, ya sea por limitaciones reales de nuestra vida o por falta de voluntad.

Foto tomada de Oposiciones.

Simplificar implica tomar ciertas decisiones que permitan hacer más fácil nuestra vida, no sólo por la comodidad que brinden, si no por la naturalidad y correspondencia que nos puedan dar. Así, lo que puede ser alternativa para unos, puede no serlo para otros, o -incluso- decisiones que hoy no nos parecen correctas o sencillas, pueden ser las que en definitiva nos permitan vivir más plenamente en el futuro.

Quizás por ello, por ejemplo, no opte nunca por educar en casa exclusivamente a Irene (aunque racional y emocionalmente me parezca un reto y una experiencia maravillosos); puede que no termine viviendo en una ecoaldea (aunque al leer sobre ellas piense que son admirables y que sería realmente enriquecedor hacerlo); creo que no llegará el día en que compre todos los productos que consumimos en tiendas orgánicas (que sí, que cuando menos hasta hoy son muchísimo más caras)…

Pero ninguno de esos “no” supone una limitación definitiva, porque puedo darles la vuelta y en su lugar, por ejemplo, llevar a mi chiquita a un colegio y seguir de cerca su proceso de aprendizaje, enseñándole en casa muchas de las cosas que no verá en el aula o complementando su educación con experiencias cotidianas (ir a una granja, leer, cocinar…) de pedagogías de escuela en casa que, sin duda, ampliarán su espectro y la acercarán al tipo de enseñanzas que también quiero. Puede que no termine en una ecoaldea, pero sí puedo intentar hacer un huerto en casa, en maceta, aunque sólo sea para ciertas yerbas aromáticas. Y, también, puedo no ir de compras a tiendas orgánicas, pero sí intentar comer una dieta más sana, con frutas y verduras frescas y con productos naturales adquiridos, todo lo que pueda, directamente con su productor (también puedo utilizar –como decía en la entrada anterior– productos corrientes, como el vinagre o el bicarbonato de soda, para nuestro aseo y el del hogar, en lugar de adquirir alternativas naturales un poco más costosas fabricadas por otros). O puedo considerar hacer mi propia huerta (urbana, por ejemplo, de esas que se hacen en macetas -no importa si es sólo una- al lado de una ventana o en una terraza o balcón). Como ven, pienso que siempre hay una opción (y creo que la creatividad se potencia más en escenarios como estos en los que nos preguntamos cómo podemos hacer algo… sin darnos por servidos con la primera respuesta que tengamos a manos).

Por eso, aparte de presentar en las entradas anteriores mis intentos actuales por vivir con menos y mejor (dejando por fuera, por despiste, opciones que considero también válidas, como cocinar con gas en lugar de energía eléctrica y separar los desechos orgánicos -aún debo depurar más el bote del material no biodegradable para separar realmente lo reciclable), hoy incluyo el listado de algunas acciones concretas que espero poner en marcha pronto. Nuevamente, espero ideas extras:

  • Cambiar todos los bombillos tradicionales de luz (incandescentes) por bombillos ahorradores (de luz fluorescente). Ejecutado en un 80%. Lo que me falta no lo he hecho por despiste o porque debo cambiar lámparas (no todas son compatibles con este tipo de bombillos, que requieren circulación de aire) o interruptores (los que tienen una luz piloto para ver el interruptor en la oscuridad no funcionan bien con la luz fluorescente: hacen que el bombillo quede titilando al apagar).
  • Ahorrar el consumo de agua (y ojalá reutilizar aguas residuales “limpias”). Lo aplico pero sólo parcialmente. Alternativas: usar vaso para lavarnos los dientes (en lugar de dejar el grifo abierto), reutilizar el agua del baño de Irene en el riego de las plantas, cerrar la llave mientras se lavan los platos y ser valiente y bañarme en cuanto abro la ducha en lugar de esperar a que se caliente el agua. :S
  • No comprar agua embotellada. Sale más cara que el combustible (que aqui, aunque seamos productores, tiene precio internacional). Vivimos en una ciudad con agua potable por lo que podemos tomar agua del grifo, sin más. Comprar agua embotellada implica enriquecer a grandes multinacionales, pagar más por el agua que yo misma puedo tener en casa (casi toda el agua embotellada proviene del grifo), contaminar con la botella que queda después de usarla (que nunca es retornable) y correr el riesgo de consumir tóxicos provenientes del plástico de la botella. No sé cómo sabiendo todo esto sigo comprándola algunas veces. ¿Alternativa? Usar una botellita (no sé de qué material) que pueda llevar conmigo a todas partes… después de llenarla en casa. Si voy a sitios que no tienen agua potable, llevar agua de mi hogar. (Dejo por cierto el video que hizo Annie Leonard al respecto. Vale la pena mirarlo. Son sólo 8 minutos más)
  • Desconectar aparatos eléctricos que no están en uso. Dicen que consumen energía de este modo… ¡Y son muchos! El cargador del móvil cuando no está cargando, el radio, el computador…
  • Reducir mi tiempo frente al ordenador. Dije que quería hacerlo sólo tres veces por semana, pero no lo cumplo. Es absurdo el número de veces que reviso mi correo (¡y no trabajo!). Creo que internet es una herramienta útil, sin duda, pero que puede engolosinar más de la cuenta y robar tanto tiempo como el televisor… Me propongo optimizar el tiempo que le invierto y no pasar tantas horas frente (o de lado, mientras Irene camina cerca o juega) en el computador. Este blog se alimenta casi siempre dos veces por semana: anuncio que seguirá haciéndolo sólo entre lunes y viernes (a lo mejor así me relajo un poco otros días y comienzo a poner en marcha esta decisión).
  • Deshacerme de toda las cosas que no uso (reducir, reciclar, regalar). Me da pena decirlo, pero es una tarea que tengo pendiente desde hace mucho: papeles, ropa, zapatos… creo que no crecen porque no compro casi cosas nuevas, pero acumulan espacio innecesario (y congestionan mi vida y mi energía). Ahora, digo, espero a que crezca un poco Irene para poder hacerlo calmadamente (esta chiquita no pierde apertura del armario para iniciar la tarea ella sola, cogiendo todo lo que tiene a mano y tirándolo fuera). Públicamente afirmo que espero hacerlo a más tardar en las vacaciones de fin de año… Y con ese compromiso aviso reporte de cuando lo haga. Aghhh…
  • Limpiar mis cuentas de correo electrónico (que deberían ser una sola… ¡qué vergüenza!). Tengo cientos de correos acumulados, que ya no leí (y aún aparecen como nuevos) o que ya miré y no debería guardar más. En teoría no me afecta directamente porque están en un servidor gratuito, pero deben estar molestando a alguien, pues ocupan un espacio innecesario. Al igual que sucede con cientos de papeles que sigo guardando de manera absurda (a pesar de muchos no los miro desde hace más de diez años), debería seleccionar todo y decir delete. Estoy segura de que cuando lo haga, circulará un aire fresco dentro de mi cuerpo.
  • Reducir libros de nuestra biblioteca. Hay muchos (muchísimos) que sobran, que deberían circular. No los usamos, los tenemos repetidos o no nos interesan. ¿Para qué seguir acumulándolos entonces? La tarea aquí es convencer al esposito… que no sé por qué se niega. Estoy segura de que si lo hiciera no se daría ni cuenta. 😦
  • Organizar fotos viejas. No las boto porque son recuerdos agradables… pero reconozco que no les he dado el trato que se merecen y que por tenerlas simplemente amontonadas se empiezan a deteriorar.

Creo que hay muchas más tareas pendientes, pero no las recuerdo ahora mismo. En resumen, creo que con los principios básicos de Simple Living (bueno, en nuestro caso, al menos, las premisas sugeridas por Tammy Strobler -de Rowdy Kittens-, de reducir, donar, compartir, darse un lapso de 30 días antes de las compras (evitar las compras impulsivas), organizar los objetos que nos rodean, asumir el reto de 100 Thing Challenge y tener paciencia) y una mirada, juiciosa y honesta, de nuestros hábitos y rutinas habría muchas cosas que podríamos hacer por nuestro bien y el de quienes nos rodean. Seguiré pensando en alternativas extras para nosotros… y les contaré cómo nos va con estas (y no escribo más en este post porque la idea no es que se cansen sino que nos lean… y que comenten y pongan algo similar en práctica. ¿Se arriesgan? ;))

[Y añado links de apoyo: una página simple y concreta sobre las características básicas -y prácticas- de una ecoaldea, una serie interesantísima de artículos de permacultura (que es el diseño de hábitats humanos sostenibles y sistemas agriculturales que imitan las relaciones de la naturaleza), un artículo con los principios básicos de una huerta urbana, información sobre los recipientes que deben usarse para este tipo de huertas (entre otras cosas… puede buscarse más en ese mismo sitio y encontrar información práctica para continuar), un manual de huerto en casa (de Hortubà), un blog (conlinks de otros similares) sobre la experiencia de hacer un huerto en un balcón en Barcelona, otro blog similar, un blog-diario sobre la construcción de un jardín-huerta en Colombia, a 2700 metros sobre el nivel del mar (éste me encanta particularmente porque está lleno de información práctica y sencilla sobre alternativas interesantes como la lombricultura y el compost), un abc de las hortalizas familiares que puede servir de guía rápida para hacer una huerta en un solar pequeño (un sueño)… Hay montones de información disponible. No sigo porque no acabo. Con una sola de estas alternativas que se pongan en práctica, la vida tiene que fluir. ;)]

8 octubre 2010 at 08:01 2 comentarios

Menos cosas, más felicidad (6): alternativas en transporte, comunicación, seguridad y salud

Aquí van nuestras opciones en estos ítems. En algunos casos pareceremos imprudentes y en otros extremos, pero nos funcionan bien. Nuestra meta sigue siendo vivir con menos y mejor (claro, y más felices), por lo que seguramente muchas de estas opciones pueden enriquecerse. Hasta aquí lo logramos, pero siguen siendo bienvenidas otras fórmulas para perfeccionar hábitos. 😉

Y comienzo haciendo alusión a uno de los primeros comentarios que recibimos en esta serie, de Adriana, cuando decía que unos de los cambios que habían hecho en su hogar era prescindir de una serie de servicios extras (con costos extras, también, por supuesto) de las cuentas de banco, servicios públicos, mercado y demás. Creo que el espíritu de esta entrada se alimenta un poco de ello, pues nuestras opciones en transporte, comunicación, seguridad y salud buscan responder, principalmente, a necesidades reales y no a los supuestos que nos impone el comercio. Aún tendremos que mejorar en muchas cosas, pero estos son algunos de nuestros hábitos actuales (además de las razones que tenemos para optar por ellos. Cada familia dirá qué es lo que mejor le va):

  • Transporte. Lo he mencionado antes: caminamos mucho y vivimos cerca a vías rápidas (y a sus consecuentes alternativas de transporte público). Aunque en nuestra ciudad aún no hay un sistema integrado de transporte público, sí existe la idea de implementarlo, por lo que una de nuestras principales prerrogativas a la hora de encontrar casita fue justamente estar cerca al metro, el aglutinador de las opciones integradas que vendrán. Usamos coche, también, pero casi siempre para desplazamientos “completos” (papá, mamá e hija). Mi esposo lo usa solo con más frecuencia que yo, pero sus desplazamientos son cortos (unos 4 kms. diarios para ir al trabajo, que no se pueden hacer andando por ser vías de alto tráfico). ¿El punto negativo? Un motor grande… que quizás no deberíamos usar en la ciudad, pero que nos viene muy bien en nuestras escapadas al campo (la topografía andina a veces es empinada y cenagosa). 😉
  • Comunicación. Para la comunicación móvil no tenemos teléfonos inteligentes ni nada por el estilo, pues realmente sólo los usamos para voz (además, escribo posts tan largos que no me imagino escribiéndolos ni loca en un iPhone… jjajaja). En casa tenemos, aún, teléfono fijo, con llamada en espera y otros extras, pero usamos la tarifa de menor consumo (aquí venden paquetes de minutos)… Hemos pensado en eliminarlo (cada vez lo usamos menos), pero aún no tomamos la decisión. Con respecto a internet, usamos banda ancha, a un precio que creo razonable porque se justifica con su uso. No usamos ni pagamos televisión por cable (ni satelital) ni empaquetamientos extra. Ah, para nuestra comunicación móvil tenemos unos de los planes más económicos del mercado, que nos permiten hablar con ciertos números (escogidos previamente) sin costo. No es el plan de mis sueños, pero es lo que más se ajusta a nuestros usos. Nos viene muy bien para hablar entre nosotros y con personas que no están en nuestra ciudad. Ahorramos, por tanto, en llamadas nacionales y al exterior (para lo que usamos llamadas de pc a pc de Skype). UPDATE: Nuestros planes de telefonía móvil son cerrados, es decir, tienen un límite de saldo… que si se acaba te exige comprar una tarjeta de dinero para hablar más. Casi nunca nos pasa, pero lo preferimos así porque nos permite controlar los gastos e ir a la fija, pues cada mes sabemos cuánto hay que pagar. Antes tuvimos un plan abierto y SIEMPRE hablábamos más de lo que debíamos… y pagábamos una barbaridad.
  • Seguridad. Creo que es un ítem en el que es muy difícil estar de acuerdo porque depende de una percepción subjetiva y real. Me podría pasar horas hablando de las consecuencias nefastas que el concepto de “seguridad democrática” trajo a mi país durante los últimos ocho años (como unos 2000 falsos -léase jóvenes civiles asesinados para presentarlos como guerrilleros muertos en combate- positivos del Ejército, por ejemplo), pero no viene al caso. Pienso, como Adriana, que no vale la pena gastar dinero en un sinfín de seguros (de vida, casa, carro, educación y un largo etcétera), llenos de letra menuda y de excepciones que casi siempre son, si se aplican, la regla general. Me parece increíble, además, que ahora ofrezcan seguros en todos lados (cuando pagas el mercado, cuando abres una cuenta bancaria, cuando pagas los servicios públicos…), de los que nadie se entera y que, aunque parezcan irrisorios, terminan en los bolsillos de las aseguradoras porque no me imagino a nadie llegando de hacer la compra y diciéndole al marido: “guarda la tirilla y si me muero, vas a cobrar”.  En conclusión, creo que tenemos lo justo: el seguro contra accidentes (obligatorio) de los coches, la vigilancia privada (que debería cumplir el Estado, pero ya sabemos que no funciona como debe, a pesar de que se lleven casi todo el presupuesto nacional) del barrio, un seguro exequial (todos nos moriremos algún día) y creo que ya. El resto de posibles siniestros (que espero que no ocurran) los cubriríamos con las inversiones que hacemos de ahorro… que sí se hacen, “por seguridad” futura. 😉
  • Salud. Debí incluir algo de esto en el ítem anterior, pero no quise mezclarlo. Creo que es una opción que depende mucho del país en el que se viva. En el nuestro hay un sistema de salud obligatoria (pagado en parte por el empleado y el empleador -si existe en la letra porque buena parte de los contratos laborales son encubiertos, lo que obliga a asumir todo el costo al trabajador), acompañado de una oferta de salud prepagada y de seguros de salud. Actualmente (y esto ha de ser escandaloso para muchos) nos quedamos con la primera solamente, pues la segunda y la tercera nos parecen innecesarias y abusivas (estoy cansada de oír historias tipo: “nos tocó pagarlo porque no nos lo cubría el seguro” o “puedo ver el médico que quiera, pero pago un vale de tanto aparte de la mensualidad fija que nos cobran”). Buena parte de esa decisión se debe, y hay que decirlo, a que por el trabajo de mi esposo podemos acceder a un régimen especial, sin pagos extras ni para exámenes ni citas y con un programa complementario, muy económico, que se comporta como una prepagada (en el servicio, no en el cobro): tiene una amplia lista de médicos especialistas que nos atienden con sólo reservar la cita. No pagamos ningún vale extra ni nada más. Y sí, Irene nació con un médico que no conocía, pero en una clínica que contaba con todas las garantías (UCI para neonatos, pediatría 24 horas y un largo etcétera) y sin pagar un solo peso. A lo mejor me habría gustado optar por alternativas más naturales como un parto en cuchillas  o en el agua, pero atenernos a las alternativas (seguras, repito) que teníamos nos daba también sostenibilidad. Y fue un buen parto, aclaro. La ventaja extra es que al no pagar una mensualidad de una prepagada o de un seguro horroroso permanentemente, cada tanto visitamos médicos de confianza (de medicinas alternativas) o especialistas (de osteopatía, nutrición y dietética, por ejemplo) por nuestra cuenta. Si nos recomiendan exámenes o demás, visitamos con su diagnóstico a los de nuestro plan.

También podría hablar de otros consumos, como los de vestuario y educación, pero no los menciono porque se rigen por los principios generales de los que ya he hablado (de calidad y sostenibilidad).

Cada vez me inclino más por opciones hechas en casa (y eso incluye, además de la ropa -que no hago yo pero que intento conseguir directamente con proveedores, sean estos un sastre o un punto de venta de fábrica-, la admiración que siento cada vez más por la escuela en casa), pero es posible que no me decante siempre por ellas.  Confío, sí, en el valor de las cosas sencillas y en el peso que cobran en la educación de los niños, con el paso del tiempo, los hábitos que se fomenten en el hogar. Obviamente, nosotros apenas estamos empezando, pero creo que no es descabezado afirmarlo porque yo misma fui pequeña y porque tengo chiquitos alrededor para mirar.

Nuestra meta en educación, por ejemplo, depende en buena parte del tiempo que queremos que Irene pase con nosotros. No queremos una chiquita que dedique dos horas al día en desplazarse del colegio a la casa cuando sabemos que hay opciones (buenas aunque no sean las “mejores” -otra apreciación subjetiva-) a tres cuadras. Queremos, además, poder mantener vigentes espacios importantes para todos, como el compartir juntos nuestras comidas… así sea una hora más tarde de lo habitual.

Dudo mucho de opciones educativas que se ofrecen como las mejores pero que por sus precios resultan excluyentes (entiendo, sí, que no todas las familias tienen que ir a los mismos sitios) y aspiro ver crecer a una chiquita que se sienta más orgullosa por lo que es que por lo que tiene. Envidio, de hecho, las opciones que tienen en otros países (en estos días leía, por ejemplo, que en Bélgica las escuelas tienen textos escolares propios, que rotan cada año entre los alumnos -manteniéndolos en el colegio-, evitando así la larga lista de compra que tienen a principio de curso otros papás), pero -también como dice Adri- en el peor de los casos, siempre existirá la posibilidad de irse para otro lado.

No vivimos una vida perfecta (no creo que exista), pero tratamos de ajustarnos a las alternativas que nos rodean… Hasta ahora nos funciona y nos da felicidad. Si en el futuro debemos (y podemos) hacer cambios, serán bienvenidos. Lo importante, como dice Kafavis en Ítaca, no es el destino sino el recorrido. 😉 Dejo pendiente la última entrada de esta serie (hasta ahora, al menos), para hablar sobre lo que nos falta (que es muchísimo) y lo que nos gustaría lograr para vivir con menos cosas y más felicidad.

PD: No se pierdan el video de Baloo, del Libro de la selva. ¡Les encantará! (Y dejo un aparte de lo que dice…)

“Busca lo más vital no más, lo que es necesidad no más y olvídate de la preocupación. Tan sólo lo muy esencial para vivir sin batallar y la naturaleza te lo da. Doquiera que vaya, doquiera que estoy soy oso dichoso, oso feliz… Lo más vital para existir nos llegará. … Si buscas lo más esencial sin nada más ambicionar, mamá naturaleza te lo da.”

6 octubre 2010 at 07:58 11 comentarios

Menos cosas, más felicidad (5): los productos con los que limpiamos

Esta serie se está haciendo larga. Hoy hablaré de productos que usamos en nuestra higiene y en el aseo del hogar, además de otros que esperamos usar pronto para lo mismo. Confieso que algunas de estas opciones pueden parecer excesivas, pero les garantizo -al menos por las que he puesto en la práctica- que los resultados son tan gratificantes que casi siempre termino por preguntarme cómo no había conocido y usado estas alternativas antes. Ah, y puedo decir con gusto que casi todas las opciones que incluye esta entrada son más económicas -si no al comienzo, sí a la larga- que los productos equivalentes más difundidos, más tóxicos en la mayoría de los casos, por demás.

Imagen tomada de Psicólogos Perú

No sé si les pase a ustedes, pero cuando hago compras y debo incluir productos de aseo (personal o del hogar) quedo casi siempre con la sensación de que son el rubro más caro del mercado… bueno, eran. Con las alternativas que enuncio en esta entrada eso ha cambiado un poco (y aspiro a que cambie más). 🙂

Creo que una vez que se inicia la búsqueda de alternativas menos contaminantes para el planeta y, por ende, nocivas para la familia, se encuentran opciones que en principio parecen extremas, pero que una vez se ponen en marcha brindan menos complicaciones y más comodidad. Es posible que ésa sea la sensación que tengan con algunas de las alternativas que presento en este post, pero la experiencia me indica que casi siempre los resultados son satisfactorios. Así que sin más vueltas, inicio nuestro listado de productos naturales, ecológicos y económicos para nuestra higiene y para la limpieza del hogar:

Jabón biodegradable para la limpieza de pisos y baños (que aspiro cambiar por vinagre y bicarbonato de soda próximamente). Huele rico, es repelente y no contamina el medio ambiente. Contiene aceites naturales (de pino y eucalipto) y anuncia que es biodegradable. A primera vista, es un poco  más caro que los productos corrientes, pero una vez lo usas te das cuenta de que cuando dice “concentrado” lo dice en serio, pues sólo necesita usarse una tapa en cinco litros de agua (yo uso menos, pues limpio el piso sólo con agua y para los baños no gasto un valde entero). Mi nariz sensible -la misma que me alejó corriendo de los productos corrientes-, sin embargo, comienza a pensar que puedo disminuir la dosis mucho más o que puedo pasarme, definitivamente, al vinagre. Creo que haré lo último, pues sospecho que es una opción que no me defraudará.

Shampoo naturista (estoy en la tarea de aprender a hacer y ensayar un shampoo casero). Hay opciones para niños y para adultos. La nuestra, hasta ahora, no es definitiva, pues alguna vez me recomendaron no usar por mucho tiempo el mismo shampoo. Así que no me alargaré en describir este producto… añadiré, sólo, que lo consigo en tiendas naturistas o especializadas en productos de peluquería (ambas, mucho más económicas que el supermercado aquí). Ah, y preciso que sólo lo usamos los adultos, pues con Irene empezamos a usar un shampoo de manzanilla para niños cuando estaba recién nacida, pero luego atendimos la recomendación de un familiar de no usar ningún producto. En su lugar la bañamos con agua tibia de yerbabuena (conseguimos las yerbas naturales). El resultado ha sido estupendo: siempre huele rico y no tiene ningún químico en su cuerpo. Seguramente en el futuro optemos por una alternativa distinta, cuando sude más, por ejemplo, pero para entonces espero haber probado bien la miel de abejas, el bicarbonato de soda -mezclado con agua- o el vinagre en nosotros… y entrar de lleno, tras un período de transición necesario, en la alternativa conocida como “no poo” (miren el link, se sorprenderán). ¿Alguna recomendación más?

Aserrín. Para la caja de mis gatos (en lugar de la “arena” que venden fabricada para ello). Es más económica y biodegradable. La cambio diariamente, por un costo mensual de $1000 pesos colombianos (50 céntimos de dólar). A ellos, les gusta. Y a mí más. 😉

Leche de magnesia en lugar de desodorantes. Lo he ensayado por tiempos y me parece que funciona muy bien. En varias ocasiones he leído informes sobre estudios horrorosos que dicen que los desodorantes antitranspirantes (que son todos) bloquean un proceso natural del cuerpo, propiciando la formación de nódulos cancerígenos en la axila y las mamas. No sé si es cierto, pero sí creo que debe haber alternativas naturales al respecto. Aún no encuentro la manera de envasar la leche de magnesia para que la aplicación en la axila sea más cómoda, pero estoy en el intento. Si quieren tener más información sobre su uso, les recomiendo que lean esta entrada de Mónica Salázar, en Familia Libre… Es una receta que siempre le oí a las abuelas (por algo sería).

Yerbabuena para el baño de Irene. Ya les conté nuestra experiencia. Recurrimos a ella después de un pequeño sarpullido de nuestra chiquita al usar bloqueador solar. Es económica, saludable y deliciosa. No irrita los ojos y la deja perfectamente limpia. Garantizo, además, que no tengo ningún problema con la limpieza de su cabello sin usar shampoo… creo que eso demuestra que es verdad que el cuerpo regula su propia grasa para hidratarse.

Copa menstrual. La adoro. Implica un gasto inicial más grande que el de una toalla higiénica, pero una vez que la usas no te explicas cómo no se difunde más. Sé que cuando se lee la manera de utilizarla suena un poco “sangriento”, pero es un proceso perfectamente natural que requiere muchos menos cambios que una toalla higiénica o compresa, además de que no se siente en lo absoluto (bueno, si la sientes es porque está mal puesta) y no acumula ningún mal olor. Para más detalles, recomiendo nuevamente -como hice en nuestra segunda entrada sobre Menos cosas, más felicidadesta entrada reciente de Nebetawy en su blog.

Pañales desechables. He hablado muchísimo de ellos: son ecológicos, económicos (a la larga, es cierto que la primera compra cuesta un poco más) y saludables. Es una compra de la que nunca me arrepiento y que todos los días me gusta más. Ah, y son muy fáciles de lavar. Mi pendiente (no sé si ya definitivo) son las toallitas húmedas que utilizo para limpiar la cola de mi chiquita entre cambio y cambio… me consuela, al menos, que con los pañales de tela estos son muy poco frecuentes, por lo que no uso muchas. Sé que para ellas también hay alternativas caseras de tela, pero no llegue a ellas. Ah, tampoco uso crema antipañalitis (si acaso, para emergencias, que casi nunca se presentan)… Otro producto más que no entra en nuestra canasta familiar.

Jabón de avena. Líquido. Lo compro en tarros grandes que utilizo para recargar los potes de toda la casa. Es un jabón muy suave que resulta también más económico comprado en grandes cantidades. La marca que uso me permite, además, sobrevivir a la dermatitis alérgica que visitaba esta casita… o sea que algún químico menos debe tener. Cualquier otra sugerencia, es bienvenida.

Depilador eléctrico. Comencé a usarlo hace unos diez años y tengo el mismo desde entonces. Me permite tener una depilación más duradera y me libra de usar cualquier producto extra (cremas, lociones para depilar, etcétera). Es cómodo y fácil de limpiar y guardar. Ah, y no ocupa mucho espacio por lo que puede llevarse en viajes (aunque casi nunca lo hago porque la depilada dura cerca de 10 días). Creo que es una compra que a la larga he recuperado muchas veces con su uso.

Henna (en polvo). Me salen canas… snif. Pero uso henna para cubrirlas, logrando destellos luminosos en mi cabecita. Es económica y fácil de usar. Y no contiene químicos adicionales, pues la henna está hecha con yerbitas de la naturaleza y uno que otro aceite natural. Para prepararla uso té o jugo de remolacha, tibios. Quedo destiniéndome en el baño una semana más, pero el color me dura todo el tiempo que tarde en crecer otra vez mi cabello. También la recomiendo.

Y hasta aquí llego. Sé que faltan muchísimas alternativas, pero éste es más o menos el listado de los productos que consumimos en nuestra casa. No menciono los cosméticos, pues no uso mucho maquillaje. Sí tengo, de una marca convencional que me produce cierta irritación y alergia en mis párpados. He probado otros supuestamente antialérgicos sin muchos resultados. ¿Consecuencias? He optado por maquillarme poco, en ocasiones especiales o en momentos de femme fatale ;). Por las mismas razones, utilizo el menor número de cremas posible. Por supuesto, a veces me siento paliducha, ojerosa y vieja, pero me consuela sentirme menos tóxica. Les recomiendo, entre otras cosas, que consulten vean el video que adjunto sobre  cosméticos. Hay también un link con una base de datos que evalúa el riesgo de ciertos productos que usamos, de acuerdo con los químicos que hay en ellos. Consúltenlo. Se sorprenderán.

[Aunque ya dejé un link muy interesante sobre el vinagre y el bicarbonato de sodio (baking soda) como alternativas económicas, ecológicas, no tóxicas y naturales para la limpieza natural, añado algunos links del blog Familia Libre sobre usos posibles del mismo, ya sea como alternativa al shampoo, como desinfectante, como limpiavidrios, como suavizante para la ropa y como acondicionador.  Puede parecer extremo en muchos casos (los del cabello, por ejemplo), pero estoy[ segura de que es una buena opción para ensayar. Otro links interesantes: casa limpia pero no tóxica.]

4 octubre 2010 at 08:09 10 comentarios

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