Posts tagged ‘dos años’

Por estos días

Una nueva muela se asoma en la boca de nuestra pequeña (abajo, a la derecha), los pañales nocturnos amanecen completamente secos, las idas al baño en el día son casi siempre exitosas, el sueño nocturno es nuevamente parejo -ahora la ex-cuna es cama y parece ser que su colchón, más durito, le ayuda a Irene a dormir mejor- y de las oraciones cortas y las yo y tú trastocados hemos pasado a conversaciones gramaticalmente correctas (creces, creces, chiquita) y a una chiquita que -exceptuando el rojo y el verde- parece que empieza, por fin, a reconocer colores. ¡Ah! Y las haditas siguen siendo su obsesión. 😉

¿A alguien le advirtieron que crecían muy rápido? A mí como que no.

30 septiembre 2011 at 09:32 6 comentarios

De cómo Irene aprendió a ir al baño

Admito que con las entradas de estas últimas semanas este blog empieza a parecer más la página oficial de Elmo y Plaza Sésamo que La casita de Irene, pero creo que es apenas lógico, considerando el papel protagónico que el monstruito rojo ha tenido en las últimas semanas en nuestra casa. Irene ha dejado en el día sus pañales y ha aprendido a ir al baño gracias a Elmo´s Potty Time.

Y puedo asegurar que no exagero cuando lo cuento. Nuestra chiquita continuó avisándonos cuándo “el pipí y la popó” -como dice Elmo- venían en camino. Y aunque aparentemente no tenía del todo claro cuándo iba a orinar, sí parecía darse cuenta de haberlo hecho. Es más, en un par de ocasiones me había pedido que le quitara el pañal.

Pues bien, decidí lanzarme al agua y recordé que había visto un video y un libro del monstruo rojo sobre el tema. Busqué el segundo en Youtube y lo encontré (esta en inglés y en español, al menos), con la compañía de Irene, por supuesto, que no me abandona cuando me ve cerca de la pantalla (ya sabe que un “ayuda” y un “vamos a ver muñecos” le garantizan un poco de diversión colorida y musical). Vimos las dos primeras partes del video, suficientes para hacernos una idea de qué iba el programa, y nos paramos para ir a almorzar. Mi plan, aún, no está definido (de hecho, tenía la idea de que la pequeña nos diera un poco la pauta, sólo tanteaba la red para buscar herramientas para cuando llegara el momento), pero bastó con que Irene viera a Elmo sentarse en su bañito para ella querer hacer lo mismo.

Por supuesto, el resultado no fue inmediato: se sentaba algunos segundos y se paraba nuevamente para caminar. Volvía a pedir el baño, volvía a sentarse por poco tiempo y así toda la tarde. Le expliqué cómo debía ocurrir todo (esperar un ratito más largo, etc, etc, etc), pero concluí que quizás lo mejor era terminar de ver el video y dejar que ella misma marcara su pauta. Lo conseguí ya para ver en el televisor (ese “mueble” que sólo usamos para ver películas de vez en cuando) y me senté con ella a verlo un par de días despues. Y claro, voilà!, Irene pidió que le quitara el pañal y quiso sentarse en su baño (las opciones del pañal o de usar un adaptador para el baño “adulto” siguieron dentro del abanico de posibilidades). Nos ayudamos de un par de libros para hacer más divertida la espera en la tacita y fuimos millones de veces al baño ante sus avisos (“popó en el baño, popó en el baño” -con carrerita por toda la casa incluída) y ya.

Las primeras veces, hizo “una gotera” (como decía ella) casi sin darse cuenqta. También tuvo un par de accidentes, por supuesto, pero luego, tras pasar por un período de angustia que logramos superar con compañía, palabras y cuentos, celebramos sus primeros logros en el bañito. Y bastó eso: en cuanto vio que pudo hacerlo y que podía seguir todos los pasos sugeridos por Elmo (limpiarse la colita, vaciar sus cositas en el baño y bajar la palanca -“cuis, cuis, cuis, cuis, cuis”, según explica Aurora, la amiga de Elmo- y lavarse las manitos) no quiso parar. Y casi sobra decir que le cogió tanto gusto al tema que quería ir al baño todo el tiempo… nada que un poco de paciencia y libros leídos sentadas (ella en su bañito, mamá o papá en el piso) no pudieran remediar.

Una semana después el tema estaba superado… con uso de pañal cuando salimos de casa (no le gusta usar baños grandes) y en las noches (los primeros días esos pañales quedaban secos, ahora están otra vez mojados, pero estoy segura de que llegará el día en que estén tan sequitos que los podamos quitar). Y ya. Fue menos terrible de lo que pensaba y su carita de satisfacción y felicidad (que pide “bravos”, fiestas y baile) compensan cualquier esfuerzo.

Así que justifico nuestra nueva fanaticada de Elmo (y le agradezco infinitamente su ayuda en nuestro hogar).

PD: Y eso que no he terminado de hacer mis pesquisas cibernautas: parece que también hay versiones del peludito rojo para dormir, comer

23 septiembre 2011 at 07:24 4 comentarios

Nuestra fiesta de cumpleaños

Celebramos los dos años de nuestra chiquita el pasado sábado, con una fiesta alegre, concurrida y familiar. Irene se la gozó desde el principio y nosotros la disfrutamos casi tanto como ella: verla correr, jugar, sonreír, saltar, disfrutar de la compañía de sus amiguitos e, incluso, correr para recibirlos al llegar, fue un gusto sin límites. ¿Nuestras sorpresas? Que Irene disfrutara tanto su primera fiesta con pequeños y que se adaptara tan fácilmente a las actividades que hicimos con ellos: rondas, cantos, títeres y juegos parecían pan de cada día en nuestro hogar. 🙂

Esta tortita la hicimos decoramos en casa, para el 9 de agosto mismo: compramos la torta en una repostería cercana -se llama María Luisa y son algo así como dos tortas unidas por arequipe y dulce de mora en la mitad- y la decoramos con cobertura de chocolate (un tanto engorroso y más rendidor de lo que pensé al principio), chocolates recubiertos de dulce y gomitas. Era más pequeña de lo que parece y puedo garantizar que Irene no quería parar de arrancarle dulces antes de partirla. Jjajaj. (Valga decir que el crédito inspirador de este minino se lo debo a María José, la mamá de Leo. ;))

Ésta era la torta de la experta… con animalitos que tenían su réplica para cada pequeño… ¡de mazapán!

Irene preparada para apagar las velitas el mismísimo día de su cumpleaños.

Y aquí preparándose para apagarlas el sábado pasado durante su fiesta.

Por fortuna, a pesar de la lluvia, hubo espacio y amiguitos para jugar. 😉

Perdón por el exceso de fotos.

La torta de gatito es casera (y la partimos el día mismo del cumpleaños), la de la granja es obra de una mamá artista de nuestra ciudad. A favor de las dos debo decir que no quedó ni un pedacito. Intentamos que fuera una fiesta respetuosa con su entorno, pero no lo logramos al 100%: regalamos juguetes didácticos de madera, repartimos dulces típicos de nuestros país (pulpas de tamarindo, arroz soplado, gomitas y turrones), compartimos refrescos de flor de jamaica y té helado en lugar de gaseosas, tuvimos empanaditas con salsa picante, tortitas de carne con hummus, queso, aceitunas, galletas integrales con dip de queso y hierbas, y aceitunas como pasabocas; pero usamos vasos plásticos (de más de un uso si queremos) y pusimos algunos juguetes plásticos dentro de la piñata (u olla: esa estrellita de cartón que llenamos de sorpresas pequeñas para los niños y que se revienta a punta de palazos… un poco como el Tió catalán): los de madera nos parecieron peligrosos para que saltaran desde los aires. ¿Ideas para el año que viene? Tratar de coser mis propias bolsas de tela para las sorpresas y preparar muñecos de trapo para la piñata. ¿Alguna idea más?

25 agosto 2011 at 14:21 7 comentarios

¿Los terribles dos?

Contrario a lo que vaticina la mala fama de los dos años, Irene nos sorprende cada día con muestras de comprensión, madurez y autonomía. No sé si sean producto de su cartácter, de nuestros ritmos, de la atención que recibe, de la disciplina (sin golpes) que impartimos, o si sean llanamente un asunto de la edad. Lo cierto es que las rabietas o pataletas y los “yo quiero o no quiero” pronunciados con rebeldía van dando paso a oraciones quizás igualmente autónomas, pero cada vez más dulces y conciliadoras. ¿Será que los terribles dos no son tan temibles o que aún están por llegar?

Nuestra chiquita apenas cumplió sus dos años hace una semana, pero las típicas caracterizaciones de independencia, autonomía, frustracción y “pataletas” (con tirada al piso y todo, momentánea) aparecieron desde los dieciocho meses más o menos… para dar paso a una chiquita más tranquila, más madura, más comprensiva y más conciliadora a estas fechas. Y aclaro que eso no significa que Irene sea una niña dócil y calladita -lejos está: significa que ese temperamento autónomo y determinado que la caracteriza se explaya también en comprensión, dulzura y tranquilidad. Es más, quizás las palabras no sean precisas, pero lo que sí puedo asegurar es que nuestra hija parece adaptarse cada día, más feliz y más tranquila, a los ritmos de este hogar.

Los cambios

Las sentadas a comer, por ejemplo, ahora son menos dramáticas (pasábamos desde hace algunos meses por períodos de “corro alrededor de la mesa porque no me quiero sentar”. Ahora casi siempre Irene nos acompaña en su silla tranquila, después de un “no quiero” juguetón que se transforma en un “con el papá y con la mamá” amoroso que accede a comer con nosotros). Del mismo modo, hay menos protestas y gritos foribundos cuando oye un “no” como respuesta (igual, por supuesto, hay cosas que no le gustan, pero concilia más rápidamente… y, sobre todo, ahora atiende más razones, sin tirarse al piso “desmayada” como ocurría hasta hace apenas un par de semanas). También hay menos drama a la hora de salir del agua (que le encanta) cuando termina el baño y mucho menos al volver a casa después de jugar.

Es cierto que nuestra chiquita nunca ha sido dramática, pero también lo es que en los meses previos a que cumpliera los dos años, empezábamos a ver muestras de “no comprendo” o “entiendo pero prefiero esto”. Del mismo modo, tuvimos algunos baches de inapetencia, acompañados incluso de un amplio menú puesto sobre la mesa para ver qué quería  comer. Pasamos por dudas con respecto a la manera de aplicar la disciplina con amor y sin golpes (con intentos de “tiempos fuera”) y por sospechas -positivas- sobre la ayuda que podía brindarnos simplificar la vida (y especialmente la paternidad  -vuelvo a recomendar el libro de Simplicity Parenting… y si no, el club de lectura de Rachel sobre el libro (¡con resúmenes por capítulo), que pueden encontrar acá).

¿Qué puede ayudarnos a que no sean terribles los dos o los tres años?

No cantamos victoria -en cualquier caso entendemos que esa “rebeldía” de los dos y los tres años hacen parte de un proceso de maduración natural-, pero sí creemos que hay comportamientos y costumbres que pueden ayudar a que ese descubrimiento del yo y sus limitaciones sea menos complejo en los pequeños (y más amable para los papás).

En nuestro caso, creo que ha sido relevante el desarrollo del lenguaje de Irene. Sé que todos los niños lo llevan de manera diferente, pero siento que a estas alturas nuestra hija se expresa con bastante claridad, lo que facilita la expresión de sus emociones, de sus deseos y de sus “no estoy de acuerdo” (a veces se equivoca en las conjuugaciones, sigue hablando con mucha frecuencia en tercera persona cuando se refiere a ella y aún complementa muchas de sus oraciones con gestos -como muñeca, mano, para decir: “dame esa muñeca, papá”-, pero avanza y se expresa e insiste cuando ve que no le entendemos. Ahora, siento, es una niña que habla y quiere se le entienda. Y nosotros unos papás derretidos que queremos “charlar” con ella más y más).

También considero importante el eterno hablar y explicar. En casa le hemos hablado a Irene desde que estaba en la pancita (una razón, quizás, para que ella no pare de hablar y de verbalizar todo lo que hace -“me siento”, “casi me cae”, “la niña no quiere”, “vamos a la calle”, “quiero ir al parque”, “me voy a bañar”, “hace popo”, “se salió el chichí”, “los muñecos ya comieron”, “susto no” (ahora intenta, claramente, superar sus miedos solita, dándose tranquilidad) y un largo etcétera-) y eso se mantiene, con explicaciones que a más de uno le pueden parecer excesivas. Hubo un tiempo, no muy largo, en que parecía que le hablábamos a las paredes porque Irene en medio de sus llantos de protesta no lograba ni quería oír explicaciones. Hoy eso pasa algunas veces, pero cada vez menos. La explicación sumada a una clara (ahora más férrea) figura de autoridad en el papá y la mamá ayuda a que ella esté dispuesta a entender lo que tratamos de explicar.

Y ahí viene el otro punto que considero relevante: la disciplina de papá y mamá. No ha sido fácil encontrar el punto de equilibrio, pero siento que nos estamos acercando. Seguimos claros y firmes en que no se aprende con golpes, pero también nos inclinamos cada vez más a reconocer que tampoco se puede caer en la permisividad. Un tono de voz quizás más serio y definitivo (no gritos) y una reducción de alternativas nos han ayudado a ello. Y también los tiempos fuera: esos que aplicamos muy pocas veces (incluso con dudas), pero que han resultado definitivos para que Irene entienda ciertas limitaciones. Ahora, la claridad, las explicaciones y el amor nos ayudan un poco más en la “negociación” que implica educar y aprender por partida doble.

Recomiendo, en definitiva, la búsqueda de ritmos y de lenguajes conjuntos que extiendan puentes entre papás e hijos.  Las palabras nunca sobran, más si están llenas de amor y buena voluntad. También la búsqueda de lecturas diferentes sobre muchos de los dramas posibles entre chicos y adultos (sigo recordando con admiración y gusto esta historia de Armando y las piedritas atrapadas en las zapatillas de su pequeño). Ah, y los tiempos compartidos (esos en los que nos relajamos grandes y pequeños) son utilísimos. Finalmente, creo que ese cambio mágico que llega de la mano con la ma-paternidad es sólo el comienzo de un sin fin de años maravillosos… con todo y contrariedad. 😉

PD: Dejo como ilustración de este video la recreación de los “terribles dos” que hicieron, en su momento, los productores de una serie infantil de dinosaurios. Sé que puede recordarle más de un dolor de cabeza a algunos padres, pero también termina siendo relajante saber que hasta en los “muñecos” -como les dice Irene- se da esa transición (más terrible que en la realidad, sin duda. Jjajaj). La fuente, otra vez, es Bebés y más.

PD: Queda pendiente nuestro resumen de la celebración de los dos de la pequeña… que aún no se materializa: será este fin de semana en nuestro hogar. Por lo pronto, sí, hubo torta y canción y velita en casita con papá y mamá. 🙂

15 agosto 2011 at 08:38 6 comentarios

¡¡Felices dos años, mi corazón!!

Hoy, hace exactamente dos años, sentíamos que querías salir. Tus movimientos recurrentes en nuestra pancita, el corazón palpitante (que compartía ritmos con nosotros)… Has llenado nuestros días de amor, esperanza e ilusiones, haces brillar nuestro mundo con tus sonrisas. Eres nuestro sol. Así que será poca cualquier celebración. ¡Feliz cumpleaños, Irene! Eres el regalo más hermoso que nos ha dado la vida.

(Y éste, tu regalito. Ojalá lo disfrutes también cada día, chiquita. ;))

9 agosto 2011 at 08:47 10 comentarios

“Los pájaros volan”

Al parecer, nuestra chiquita ya empezó a hacer sus propias conjugaciones. Y aunque ya decía oraciones completas (de esas que oye con frecuencia) oírle decir ésta, con todo y su error, ha sido un goce infinito. 😉 Bienvenidos lenguaje e imaginación.

Imagen tomada de Educima.com

PD: En dos semanas Irene cumple DOS. 🙂

25 julio 2011 at 18:32 3 comentarios

“La cuna tiene huecos”

Esta entrada, sin duda, es una segunda parte de la anterior sobre los miedos: Desde hace una semana Irene no quiere dormir en su cuna. Dice que tiene huecos. Al comienzo, pensamos que se debía a una pesadilla, así que intentamos disuadirla de su idea, metiéndonos nosotros en la cuna y demostrándole que no había ningún roto por el que ella se cayera. Luego desistimos de la idea, asumimos como defiitivo su sueño en una cama normal y descubrimos que los huecos, quizás, no son más que una muestra de su percepción mucho más consciente del mundo. Sigue despertándose a las 3 de la mañana (como lo estaba haciendo desde hace un par de semanas, cuando los “huecos” empezaron a molestar), pero ahora su carita luce más relajada. ¿Se nos creció nuestro bebé ya?

(Foto tomada a tientas, con flash…  :S)

No sé si la causa de este mal rato con la cuna sea una consecuencia de nuestro intento de que entendiera que no debía subir escaleras (con la aplicación de un tiempo fuera dentro de ella), pues aunque la cuna de aquellos días era una de viaje, verificar que era un espacio que restringía sus movimientos no fue algo que le gustara a nuestra pequeña de casi dos años (aghhh). No le meteré más tiza al asunto porque me estruja un poco el corazón, en realidad. Lo cierto es que Irene ha demostrado ser muchísimo más consciente del mundo que la rodea con el paso de los días y quiere tener autonomía -toda la posible- a como dé lugar. “La cuna tiene huecos” (ahora lo entiendo) alude a los huecos que hay entre los barrotes: los mismos que ella ya no quiere mirar.

Bajo y voy directo adonde mis papás

La idea que tuvimos al principio de que todo fuera el resultado de una pesadilla ha empezado a darle paso a la posibilidad de que nuestra hija simplemente quiera despertarse y bajarse de la cama por sí misma. La cuna, por supuesto, no le da esa libertad. De hecho, habíamos incluído dentro de su mobiliario la cama sencilla porque en las últimas semanas a la hora de acostarla para que hiciera la siesta (después de quedar profundamente dormida en mis brazos con su tita) se habían convertido en una pequeña batalla campal: en cuanto sentía que la acostábamos en la cuna, abría los ojos como platos y lloraba para que la sacáramos. Con la cama, por el contrario, todo es murmullo de ángeles: la acostamos en ella y sigue durmiendo a pierna suelta. En las mañanas, al despertarse, va silenciosa a nuestra alcoba y nos despierta con una hola sonoro y sonriente. ¿Se puede pedir más?

Total, andamos en una semana de muchos cambios, antecedidos de una gripa fortísima que se adueñó por 7 días de las dos. Pasamos, además, de hacer unas tres o cuatro tomas de pecho al día a hacer sólo una -antes de dormir-, un poco por desición de esta madre-cambia-estrategias que está tantiando el terreno con su pequeña. Los resultados podrían dar quizás para otro post, pero creo que no voy a escribirlo porque sigo pensando que cada pequeño y cada mamá tienen sus ritmos.

Lo cierto es que desde que iniciamos esa especie de destete inducido (odio el término, grrr), Irene está más serena y ha mejorado su apetito. Hemos hablado muchísimo sobre el tema y sigo pensando que tomará el pecho para dormir hasta que quiera. Es más, las tomas que ya no hace en el día las hemos desplazado básicamente porque ella aceptó cambiar su tita (casi siempre por leche de vaca, entera, en un vasito de transición que había comprado hace más de un año y que nunca habíamos usado). Veremos qué sigue pasando.

Finalmente, para dar respuesta a mi pregunta de si se nos creció nuestra chiquita, debo decir que sí, que cada vez es más parlanchina, que va entrando con gusto a los dos años (con todos sus “no”, “mío” y todas sus “rebeldías”) y que duerme desde hace casi una semana en su camita. Al principio ponía cojines hasta en el piso, temiendo que se cayera. Ahora no, sólo pongo un par de ellos a su lado: creo que la amplitud que ha ganado en sus noches hace que se quede en un mismo lugar. La cuna sigue en su pieza… pero creo que servirá de adorno (o para que sus muñecos duerman). 😉

21 julio 2011 at 05:21 7 comentarios


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