Posts tagged ‘Democracia’

¿Presidente o estrella de televisión?

Pasaron las elecciones y, aunque fuimos muchos, los verdes no alcanzamos a ser suficientes para gobernar. Y, eso, si pensamos de verdad en un gobierno del pueblo. No pudimos hacerlo como lo soñamos, Irene. No ahora, al menos. Confío en que tú sí lo consigas, en que el país que te corresponda construir se parezca al de nuestros sueños. Ojalá que los presidentes de Colombia, algún día, puedan ser gobernantes transparentes, honestos; no estrellas de televisión como los de ahora, no dioses que esperen reverencias de un público que masificado ovaciona.

Foto: El Comercio.

No vi ninguno de los debates a la presidencia, pero sí vi comentarios, intervenciones y, sobre todo, críticas. Lamenté (y aún lamento) que los electores sigan reclamando estrellas que sepan bien sus parlamentos, actores con actitudes convincentes y seguras; no hombres comunes y corrientes, responsables y respetuosos que dudan ante preguntas insidiosas y -sobre todo- que caen con facilidad en las garras de los periodistas y los medios. Vendrán otros días. Haremos lo posible para que al menos nuestras acciones se parezcan a esos principios que las inspiran, para sentirnos iguales más allá de nuestros sueños, para saber que no somos perfectos, pero que hay muchas cosas buenas para dar y esperar YA.

21 junio 2010 at 13:45 8 comentarios

Si lo soñamos, lo logramos: ¡Hoy 20, VAMOS A VOTAR VERDE!

Y aunque todo parezca negro, aunque la esperanza dude… hoy 20 de junio salimos a votar nuevamente por un mejor país, sin mentiras, sin engaños, sin corrupción, sin miedo. Hoy votamos por Mockus; hoy, Colombia, votamos por ti. Votemos verde para que la esperanza y la vida retornen. (Seguimos esperando por ti, mi Irene).


Y un regalo de Stella, para recordar que aún es posible. Ojalá que sí. 🙂

20 junio 2010 at 08:58 1 comentario

Si todos aprendiéramos a sentirnos iguales…

Pues bien, aunque no todo está decidido, las votaciones de ayer me llenaron de tristeza -sí, como a Stella-, de dolor y de estupefacción. Y aún falta la segunda vuelta. Y debería ser posible dar el giro, pero me siento tan decepcionada por los resultados de estos comicios, que no sé cómo (y tengo que hacerlo) sacaré otra vez ánimos y esperanza. Estoy obligada a hacerlo, por Irene y por esos millones de colombianos que aún no están en capacidad de entender por qué Colombia necesita una vuelta de página, porque es importante ser (en todo el sentido de la palabra) ciudadano. Pero que lo necesitan tanto o incluso más que nosotros.

Recordé mucho la máxima que dice que los pueblos tienen los gobernantes que se merecen. Yo quisiera que mi pueblo fuera inteligente, pensante, crítico. Quisiera un pueblo ciudadano e instruído… pero, al parecer, mis deseos no son suficientes. Y aclaro que cuando pido instrucción y pensamiento no estoy pensando ni siquiera en que todos seamos genios o filósofos. No. Creo que las sociedades necesitan la existencia de discursos, oficios y técnicas variadas para soportar sus pesos. Pido colombianos que entiendan mínimamente cuáles son sus derechos, cómo funciona un Estado, qué es la democracia y cuál es su lugar en ellos. Ciudadanos que puedan llegar a las urnas sabiendo qué es lo que hacen y -sí, aunque parezca sorprendente- cómo deben hacerlo (cómo deben marcar el tarjetón, insertarlo, cómo deben encontrar la mesa que les corresponde y un montón de básicos que ni siquiera estamos en capacidad de hacer… porque no conviene, porque a los que siempre gobiernan en este país les sirve más un pueblo ignorante e incapaz, que no cuestione, que no exija y que se deje robar. Un pueblo que no se siente Estado y dueño, un pueblo que se sienta agradecido porque lo miran, un pueblo que piensa que lo que reciba -lo poco que le den- no se lo entregan porque tenga derecho a eso sino porque el gobernante de turno lo hace de buena gente, como si de un favor particular se tratara y no de un sistema democrático y equitativo que, a él, como su gobernante, SE LO EXIGE y SE LO MANDA).

Las décadas de una educación mediocre (por no decir MALA, y eso para los pocos que puedan tenerla), de minorías mandando y decidiendo para ellos (sobre todos, que es lo más doloroso), la costumbre de que el país funciona no por las vías legales sino por las vías cortas, corruptas, amañadas, clientelistas y de atajo (como dice justamente Mockus); las consecuencias de unos medios de comunicación oficialistas y serviles (que sirven más de escalón para que directores de noticias se conviertan de la noche a la mañana en embajadores, que para crear opinión y crítica pensante), la inoperancia total del sistema judicial y la anomia reinante en todo el territorio nacional, el reino de las vías de hecho sobre las vías de derecho, el mundo aparte de la fuerza pública y su funcionamiento de espaldas a la comunidad, la inequidad en la distrubución de la riqueza, la aniquilación casi total de un sistema laboral -y la puesta en marcha de un sistema que favorece relaciones laborales encubiertas bajo formas de contrataciones de servicios, sin derechos ni prestaciones básicas -de salud y pensión- para los contratistas -otrora trabajadores-), eso y más nos dejan los resultados de anoche. Y sé que debo dar el salto y confiar. Que la esperanza es lo último que se pierde. ¿Pero es creíble que un país que vive de espaldas al mundo, que no entiende de derechos (humanos, incluso), que se deja gobernar al amaño del loco de turno, que piensa que la peor peste que lo ataca es un grupo de subversivos (que, si la fuerza quisiera, hacía mucho que habría podido enfrentar), que desconoce sus cifras de desaparecidos, de muertos, de presos; un país -en definitiva- que no entiende qué es la democracia (ni el comunismo), un país que vive para lo que repiten los medios es un país con futuro?

Necesito recuperar mi esperanza. Pero no dejo de pensar que lo mismo que arroja este estudio pasa en mi país: la pobreza ha sido el mejor caldo de cultivo para ciudadanos que se sienten sin derechos, que creen que ellos no pueden aspirar a nada porque ése es el orden natural, seres que no saben cómo conseguir lo que quieren, que se caracterizan por  “una sensación emergente de distancia, desconfianza y constreñimiento” y que están rodeados de otros, pocos, privilegiados, hijos de las únicas cinco familias que gobiernan este país, que se sienten dueños -únicos- de todo lo que les rodea, “chicos [que] actúan como si tuvieran derecho a perseguir sus propias preferencias individuales y a relacionarse activamente en entornos institucionales”. Ojalá todos aprendiéramos a sentirnos iguales… aunque queda un comicio más para soñar con ello. Ojalá pueda recuperar mi sueño.

Gracias a todos por su apoyo. A lo mejor, algún día lo logremos.

😉

PD: Y escribo esto sin leer una sola línea noticiosa, sin saber opiniones, sola con mis sensaciones y las de mi muacho. No sé cómo haremos los tres millones que votamos distinto para recuperar los ánimos y lograr convencer a los otros 4 millones que nos harán falta para dar el salto… Para cambiar. Hay que intentarlo… y ojalá, como a Mafalda, me dieran ganas de reírme y no de apretar los dientes, salir corriendo o llorar.

PD: Y ahora la cita es el 20 de junio. ¡¡¡Y no se puede faltar!!! También ese día, renacida (como el ave fénix), salgo a votar. El sol gira, la tierra gira, la luna gira. Tenemos que poder cambiar.

31 mayo 2010 at 09:31 13 comentarios

Por ti, Irene, esperamos

Esta semana, mi chiquita, las palabras de otros inundaron este hogar. Hoy quiero explicarte -en mi nombre pero también en el de tu padre- por qué esas palabras también son nuestras y por qué esa esperanza que tú concretas en nuestra vida queremos verla reflejada en todo el mundo. Merecemos y necesitamos cambiar. Y después de hacer un cambio en nuestro entorno íntimo, debemos intentar hacerlo en un espacio colectivo: el próximo 30 de mayo votaremos por Antanas Mockus a la presidencia de Colombia, con la esperanza de que esta vez, por fin, tengamos la oportunidad de forjar un futuro respetuoso, educado, amoroso, justo, sensible y equitativo para ti y para todos los colombianos. Más allá de las promesas -que sin falta hacen todos los gobiernos y candidatos-  esta vez creemos sinceramente que podemos lograrlo y que es posible al menos comenzar a construir, juntos, el país que soñamos.


Y como las razones por las que optamos por Mockus son las mismas por las que respiramos, queremos expresarlo en palabras. El tiempo nos dirá si es posible o no hacerlo, si nuestros sueños son viables en el espacio micro y en el macro… Quizás no logremos forjar el futuro que soñamos, pero, al menos, sabrás (al leer esto) cuáles son los valores que consideramos indispensables para vivir, cuáles son las prerrogativas mínimas que a nuestros ojos necesitas para crecer como ser humano y cuáles son los regalos que queremos darte siempre, con el convencimiento de que cada hecho y cada palabra que sembremos en ti serán semillas para la sociedad entera: queremos verte feliz, pero para lograrlo tenemos que pensar más allá de ti.

Explicarte esto, sin embargo, no es fácil. Nos has oído hablar de nuestros sueños y de nuestros ideales. También nos has oído lamentarnos por la injusticia e inequidad que nos rodea. Nos has visto marginarnos por la polaridad informativa y, sobre todo, mental que sentimos a nuestro alrededor. Nos has visto equivocarnos. Nos has oído hablar a veces con molestia… nos has visto temerosos, incrédulos, escépticos, ambiguos. En tu corazón, seguramente, sabrás que no queremos quedarnos quietos, que nos sentimos obligados a ser críticos. A pesar de ti, incluso, nos ha faltado el optimismo. Hemos dudado… pero también hemos soñado y, por ti, especialmente, esperamos: nos sumimos en un “estado de ánimo en el cual se nos presenta como posible lo que deseamos”. Pero sigo dando vueltas: ¿Cómo hago para hacerlo tangible y explicártelo?

Tu papá y yo no creemos en la guerra, creemos en la palabra. Sinuosa, imprecisa, limitada, consideramos que es nuestra primera y única herramienta (otros dirían arma, pero -y aquí empiezan las evidencias de las limitaciones de las letras- me parece un término inoportuno y confuso). Creemos que todas las opiniones deben ser válidas en tanto se entiendan como miradas posibles de una misma realidad. Creemos en el debate y en la diferencia, no en el silenciamiento forzado y dogmático. Creemos y necesitamos, por tanto, interlocutores libres pero también capacitados: personas que puedan expresar sus necesidades y que sean capaces de construir desde sí mismos reconociendo al otro, a ese que tengan o no enfrente suyo.

Personalmente, temo el individualismo, el ostracismo, el egoísmo… porque creo que son el origen de las peores violaciones a los derechos humanos. Una persona que se queda en el yo, sin pasar al , al él, al ella, al nosotros, al vosotros y al ellos, es alguien que nunca será capaz de entender que socialmente deben primar los intereses colectivos sobre los particulares. No podemos construir comunidad si desconocemos la existencia, el pensamiento y la palabra de otros. Y no es fácil, mi niña. Es MUY difícil hacerlo. Sin duda es más fácil con-centrarnos. Pero al hacerlo, al cerrarnos en nosotros mismos, perdemos, no ganamos.

El origen de muchos de los problemas de nuestro país reside, a nuestro juicio, en la mala educación que recibimos: académica, moral y socialmente. No sabemos, por ejemplo, cómo funciona el Estado y nos parece normal (¡qué escándalo!) que se violenten los contrapesos necesarios para garantizar un equilibrio democrático. Los poderes ejecutivo, legislativo y judicial (que deberían ser independientes y CIUDADANOS) en Colombia son hoy poderes negociados, entregados, doblegados. La Constitución sigue siendo una carta para ángeles (como dijo hace muuuuchos años Rafael Uribe Uribe, un político de siempre -inteligente, pero qué lástima que los poderes de este país hasta para eso hayan y sigan estando en las mismas manos-), que se ve perfecta en la letra pero que no se compagina con la realidad. En nuestro país lamentablemente, la legislación se hace, por lo general, para beneficiar a los que ya cuentan con beneficios sobrados (en detrimento de esos que de verdad necesitan ser incluídos para recibir al menos las garantías mínimas de todo ciudadano). Y no sé si me entiendas, Irene. Eres muy chiquita y todas estas palabras se vuelven teorías abstractas… ¿Cómo logro concretarlas?

Lo intento nuevamente: queremos un país en donde tú, tu vecino y el niño que vive en medio de la selva tengan (no en el derecho, porque ya está consignado en la Constitución, EN LA REALIDAD) servicios médicos SIEMPRE, al alcance de su mano. Queremos un país en el que todos los niños puedan asistir a colegios (ojalá públicos, como corresponde) donde aprendan a pensar, a cuestionar, a buscar información. Queremos una educación de calidad, sensible, respetuosa, crítica. Niños que respeten porque se sienten tenidos en cuenta y respetados. Y, claro, queremos un país donde los adultos tengan de verdad trabajo: no una chaza en la esquina de la calle (violando el espacio público y corriendo cada vez que un policía viene a decomisarle lo que medio le permite llevarle un pan con leche a sus hijos en la noche). Queremos un Estado en el que todos COMAMOS. Un país donde se protejan de verdad los derechos colectivos, no los derechos del banquero, del político, del militar, del policía, del rico. Queremos inversión social de ESTADO, no una inversión malversada que se entrega como si fuera un regalo de un particular y no un deber y una obligación democrática. Queremos políticos que se entiendan realmente como seres sociales, representantes de colectividades, no de particulares. Queremos leyes que respeten los dineros públicos como dineros sagrados. Queremos premiar las vidas y no las muertes, queremos igualdad y diálogo. Tal vez soñamos mucho, hijita, pero por ti ESPERAMOS.

Votaremos verde el 30 de mayo. Ojalá que esta vez las ilusiones puedan más que los negociados.

😉

Te amamos.

30 abril 2010 at 09:58 11 comentarios


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