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Querida Eloísa

Te escribo mientras casi duermes tomando la tita de mamá. No he logrado detenerme en esta casita como he querido durante meses. Mi dedicación absoluta a tus cuidados no me han dejado hacerlo. Pero no me arrepiento, chiquita. Al contrario. Es lo que más deseo: estar contigo, cuidarte, alimentarte, mimarte, y volver a hacer (¡y disfrutar!) todas las anteriores cuando Irene regresa a casa del colegio y estudia a nuestro lado contándonos historias, leyendo y preguntando. También es lo que más quiero hacer cuando papá regresa del trabajo y nos ayuda a prepararnos para dormir. O cuando nos despertamos en la mañana y él e Irene nos acompañan al desayuno o durante el baño, cuando nos despedimos porque van juntos al colegio, o cuando papá regresa a casa al mediodía para comer a nuestro lado. Estar contigo y contemplarte es lo que más quiero en esos y en otros momentos. Por eso, aunque tus historias para el blog se multiplican en mi cabeza, no logro sacar el rato para pasarme por acá.

Ahora, sin embargo, con el computador sobre mis rodillas recostado casi en tu espalda, me he propuesto explicarte (así sea someramente) que no me faltan temas, ni ganas. Que eres y serás siempre tan importante como lo fue Irene. Que tu embarazo y tus primeros meses (¡hace dos días cumpliste dos!) han sido un sueño del que no quiero nunca despertar. Y que todo ha sido a un mismo tiempo parecido y diferente al embarazo y esos primeros meses de tu adorada hermana: semejante en la emoción y la ilusión que nos acompañan, en las imágenes que en estos días con cierta ansia he vuelto a ver en la pantalla (que me revelan el increíble parecido que hay entre ustedes dos), y diferentes en que marcas tus tiempos, tus ritmos, tus necesidades y hasta tus temores de un modo único que siempre se conjugará en tiempo presente y que ameritaría tantas palabras como las que logré consignar hace ocho años con tu hermanita en las entradas que abren mundos en esta casa. Me perdonarás si no logro consignarlas. ¡Me tienes ensimismada! (Y me encanta.)

Pero resumo, así sea a vuelo de pájaro, hoy: cada día estás más despierta, más grande, más activa y más fuerte. Sonríes intencionadamente, nos miras y duermes en paz. Esos primeros días de largas noches en vela intentando sacarte gases, buscando maneras para evitar que devolvieras leche o que sufrieras de agruras y malestar parecen estar atrás. A veces regresan por ratos, pero tu sueño y mi sueño mejoran (otro motivo, sin duda, para que hoy escriba acá).

Cada día invento nuevas hipótesis y métodos para mejorar nuestros días y, sobre todo, nuestras noches. ¿El más efectivo? Observarte. Estar conectada contigo y conmigo, intentar atender todas tus necesidades, disfrutar (incluso en medio del cansancio) cada uno de estos momentos, y leer en tus emociones y en tu semblante qué necesitas, y qué te ayuda a estar mejor. ¿El resultado? Más paz, más felicidad (si es posible).

Aún me angustio un poco -confieso- cuando siento que salivas en la noche, cuando toses o te quejas entre sueños. Aún me despierto cuando te mueves en la cuna y también, claro, cuando algún gasecito de tu pancita hace que te retuerzas para ayudarlo a salir. Pero te observo y ajusto nuestra vida a lo que nos vayas pidiendo. No pudimos, por ejemplo, mantener el colecho. El reflujo nos obligó en menos de una semana a inclinarte un poco el colchón y, por ende, ponerte en tu propia cama. Ahora estás a menos de 50 centímetros, al lado de una mesilla con una lámpara tenue que enciendo no sé cuántas veces en la noche para asegurarme de que duermes bien. Esta última semana, para el caso, he concluido que pasas mejores noches si te alimento hasta que llevas unos 25-35 minutos pegada al pecho y no hasta que te sueltes espontáneamente (que no lo haces sino pasada una hora o así). A diferencia de Irene, que se dormía al pecho pasado este tiempo y dejaba de succionar aunque tuviera su boquita pegada a mí, tú sigues comiendo, no sé si despierta o entre sueños. Y te llenas y el exceso de leche te molesta, te produce gases y no te deja dormir. Ahora que te suelto, cuando te llevo a la cuna tus ojitos se mantienen cerrados, casi siempre guardando tu sueño, no debo sacar gasecitos (muchos salen mientras tomas el pecho) y duermes (y duermo) mejor. Puede que medio protestes un poco o que te muevas, pero estás dormida y pasados cinco minutos (que era la norma de máximo sueño cuando quedabas muy llena) no te despiertas.

Algo similar ocurrió con el baño, que también terminamos ajustando: intentamos hacerlo en las noches en tu bañera, pero descubrimos que era más placentero y tranquilo en la mañana en la ducha, juntas, cantando y mirándonos a la cara. ¿Y lo demás? Ajustándose igual: hemos estado muy resguardadas en casa, pero hemos salido al parque, al médico y a comer fuera los fines de semana; te hemos cubierto con mamelucos más gruesos que te protejan del ambiente frío y húmedo de estos meses; te hemos visto cambiar de colores en tu cuerpo y tu cara después de la bilirrubina que se te subió más de la cuenta cuando apenas tenías 4 días de nacida: empezando en el rosado, luego en el amarillo, el naranja, el moreno (hasta el punto que pensé que ibas a ser la morenaza de la casa), haz llegado a un color de piel luminoso parecido al de Irene. Tus ojos, como los suyos y los de buena parte de los recién nacidos que llegan al mundo, son de un azul grisáceo que empieza a pintarse con nubecitas de un gris un poco más oscuro (hazel dirían los anglófonos) alrededor de la pupila. Tus cejas, que eran casi transparentes, empiezan a verse un poco más castaño-rojizas. Tus uñas crecen a una velocidad que enloquece (cada semana debo cortarlas para evitar que me arañes o te arañes la cara). Tu cabecita, con algunos huesitos aún encaramados sobre otros después de tu paso por mi canal de parto, poco a poco va adquiriendo una forma más redondeada. Tu torso, antes delgado y frágil, empieza a verse más gordito y fuerte. En definitiva, tú, toda tú, vas empezando a encontrar tu forma de ser y estar fuera de mamá: esas primeras respiraciones irregulares al oído y hasta medio saltadas que te acompañaron un par de días tras nacer (que me asustaron como a una madre primeriza) ahora son acompasadas; tu cuellito un poco débil que hacía que parecieras una tortuguita en mis brazos empieza a hacerse fuerte y a permitirte mirar atentamente lo que tienes a tu lado; tus ojos cerrados la mayor parte del tiempo después del parto ahora miran intensamente mi rostro, el rostro de papá y el de Irene, y los árboles y cuadros coloridos que tenemos a nuestro lado. Y tu llanto ahora menos recurrente da paso a sonrisas y gorgoritos que responden nuestros comentarios (con un “erre” casi francés que hace que Irene ría a carcajadas)… Tú, toda tú, llenas nuestros días porque, como dijo Irene, “te esperamos toda la vida”.

Este texto quizás resuelte aburrido y hasta incoherente, pero es una recopilación de estos primeros 61 días contigo en nuestra casa. Te siento calientita sobre mi pecho y añoro que cuando llegues al final de estas líneas puedas leer este amor condensado que nos entregas y que recibimos, en silencio la mayor parte de las veces, regocijados. Te amamos, tortuguita, vida entera, milagrito y regalo de la vida. Te amamos y te amaremos infinitamente, querida Eloísa. Este fin de semana haremos ese rito precioso con el que celebramos tu nombre y te damos la bienvenida a la familia con otros miembros de ella a nuestro lado. No sé si podamos escribir algo al respecto en esta casa, pero si no lo hacemos recuerda que no lo hicimos porque estábamos disfrutándote y compartiendo la vida contigo, chiquita adorada.

oxoxoxox

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12 abril 2018 at 10:56 1 comentario

¡¡Cuatro!!

Hoy hace cuatro años mamá se levantó con una pancita estirándose. Te estabas abriendo camino desde adentro y yo decidí ayudarte haciendo lo mismo afuera: caminar, caminar, caminar. ¡Si hasta el almuerzo me lo comí andando! 😊
Tengo tantos recuerdos maravillosos de ese día y de los siguientes que si quisiera enumerarlos no podría acabar. Necesito otros cuatro multiplicados por miles para acercarme apenas un poquito a la felicidad que nos has traído, chiquita.
Crezco contigo, crecemos… Y aunque ya casi no pasemos por esta casita (se ha impuesto la vida), aquí también celebramos tu amor infinito. Y damos gracias.
¡Feliz cumpleaños, corazón de nuestra vida!
Te amamos.

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9 agosto 2013 at 12:31 2 comentarios

“Calm Down”

Parece un chiste pero es verdad. Hace meses que no escribo ni en serio ni en charla. Hace tiempo que dejé a Irene congelada en los tres años o incluso en un poco menos. Hace rato que llegamos a los 3 y medio y, con ellos, a un espíritu más rebelde o determinado o reclamante de libertad o inmaduro pero ansioso de madurez… Hace días que nuestra hija dice que quiere tener cinco años (de una manera insistente), creo que como una forma de concretar en palabras que ella misma quiere estar más allá de esas limitaciones que parecieran colmar hoy nuestros días. En fin, que hace mucho que quiero venir a esta casita, servir un té y juntarme con mis amigas para hablar, pero no para responder a nada -aunque esté llena de preguntas-: sólo para hablar como solemos hacerlo nosotras, para desahogarme y ponerme al día. Así que aviso: puede ser largo y puede ser inútil, pero aquí va un intento de ponernos al día y de calmar nuestras propias aguas. 🙂

Empiezo diciendo que nuevamente estamos en una etapa de tire y afloje: Irene sabe qué quiere, pero sus deseos no siempre coinciden con los nuestros y eso da como resultado un crash, pum, traca, plash semejante al de los cómics. Aquí, sin embargo no hay happy endings ni endings en lo absoluto porque la vida no tiene finales sino nuevos comienzos. En fin. Que “vamos tirando”, como dicen los españoles. Aunque a veces pareciera que tiraran de nosotros, pero no voy a filosofar. El hecho es que con nuestra chiquita, como le pasará a la mayoría de los padres, las fórmulas ni existen ni pueden ser escritas. Ahora mismo está tranquila secándose tras su baño, pero es posible que en cinco minutos algo la altere (traducción: que algo fluya en un sentido contrario a sus deseos y no salga como quiere) y como resultado tengamos gritos, protestas, llantos. Es la reina del drama (nunca pensé que diría esto, pero puedo jurar que sabe interpretar el grito herido a voluntad, desde afuera, y, claro, también desde adentro). Y si, aunque me desespere y sienta que soy la única a la que le pasa, sé que es normal. Intento dejar que pase la tormenta. Ahora lo único que a veces me funciona es decirle calmadamente que merezco respeto y que me hablen con amor, que no entiendo gritos ni malos tratos y que cuando me grite simplemente no la oigo (como si pasará la brisa). Y ya. Lo aplico y ella entiende y se calma. Algunas veces. En fin. Esto empieza a ser una diatriba. Punto y aparte y cambio de tema. Ommmmmm.

Con sus clases de ballet sigue tan entusiasmada como siempre (¿cuántas veces es normal tener que pedirle a tu pequeña algo? Es que repito y repito y de verdad que lo que yo o mi amado le pidamos parece que sólo lo oye cuando está relacionado con sus propios intereses. Las instrucciones son claras: “ponte la ropa que está sobre la cama. No te quedes sin vestirte mucho rato que estás agripada”… Y como brisa. Ommmmmm. Paciencia. Ha empezado a vestirse como después de la cuarta vez de recordárselo. Al menos lo superamos sin gritos. Vuelvo a la danza). Hemos cambiado los ritmos cotidianos. Ahora mamá va a más clases, trabaja un poco más desde casa y ella hace más cosas sola. No siempre salimos todo lo que me gusta al parque, pero hemos incrementado también sus propias actividades por fuera: una clase más de ballet y una de idiomas. Ambas las ama. Le gusta estar con otros niños y tiene muchísima ilusión por empezar el colegio. Ya hemos hecho casi todos los trámites para ingresarla en el que queríamos, a tres cuadras de casa, y ella está encantada. Sólo empieza hasta el año entrante, pero sabe que encontrará allí a varios de sus amigos y vecinos. La ilusiona. En una semana tiene una pequeña jornada de adaptación. Ya fue aceptada Veremos qué tal marcha.

(Y empieza la crisis porque le dije que no podría ir a ballet hoy -se supone que como consecuencia de una actitud egoísta de su parte. No sé cómo más lograr establecer un punto. He intentado varias cosas. Al final, seguro hablaremos y terminaré llevándola. Pero el proceso nos cansa. La clase es en la tarde. ¿Alguna sugerencia para lograrlo que me ahorre el malestar y la protesta? Nuevamente punto y aparte. Y Ommmmmmm.)

Papá ha cumplido uno de sus sueños (uno de los grandes), pero cumplirlo ha sido sólo el comienzo. Tenemos proyectos conjuntos y a futuro veremos qué tanto logramos avanzar con ellos. Crucen deditos porque son bellos.

Mamá, por su parte, también anda con nuevas propuestas. Activas, pero lentas. No sé qué tal resulten, pero prometo dar noticias cuando se concreten un poco. Adelanto, sí, que he aprendido montones de cosas en el camino y que al igual que este blog y otros trabajos-pasiones del pasado, mis nuevos proyectos se centran en el desarrollo de contenidos (escribir, escribir, escribir. Qué bueno).

¿Qué más? Que he caído en nuevos usos móviles y eso ha cambiado sustancialmente mi acercamiento a estos medios. Ahora leo más, escribo menos, pero bueno. En este instante intento escribir con un teclado mini. Creo que el relato fluye distinto. Es increíble cómo una cosa aparentemente vacua puede cambiar todo.

En fin. Intento encontrar nuevamente raíces, superarme a mí misma y a todas las taras de mujer dócil y “respetuosa” que traigo por herencia. Intento rescatar mi instinto, pero a veces siento que mis deberes y compromisos como mamá (especialmente) me obligan a pensar en las necesidades de otros. Pienso en lo importante que es ahora un par-hermano-amigo para nuestra pequeña. Y comparto preguntas e inquietudes con mi otra mitad, con mi amado y admirado. Y ahí vamos.

Si llegaron a este punto son admirables. Cierro mi retahíla. Tengo historias prácticas para contar sobre cómo evitar la tos nocturna de grandes y pequeños durmiendo con una bufanda o con un cuellito cerrado (para los peques sobretodo). Quisiera contar que el “pedo, caca y pis” que inunda el vocabulario de los niños a estas edades (recuerdo a la mamá de Leo y Luca hablando de ello) también llegó a esta casa de manera espontánea, y que los progresos en los garabatos infantiles siguen relevando un desarrollo natural que no se diferencia en casi nada del que evidencian los niños escolarizados desde pequeños. Nuestra chiquita sigue siendo un reto. Y de su mano vienen pegadas preguntas (ya saben), cansancios y sueños. Ah, a lo mejor en un mes saltamos el charco de trabajo y de paseo. Pero esa es otra historia que quedo debiendo.
Un abrazo a todas. Sigo visitándolas en sus casitas aunque guarde silencio.
Besos.

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7 mayo 2013 at 10:23 Deja un comentario

De vuelta

O al menos en la ruta de regreso. Aunque si lo pienso bien, nunca hemos estado ausentes, sólo silenciosos. En cualquier caso, vuelvo: con historias rápidas y con pretendidos resúmenes de nuestros últimos meses que se quedarán -aviso de antemano- cortos. Vuelvo con el corazón lleno y aún un poco disperso. Creo también que regreso con otro tono porque ahora andamos a otro ritmo. La vida cambia, qué le hacemos. Pero no hay de qué preocuparse: espero que los cambios puedan enriquecernos.

la foto

Y empiezo por la protagonista y musa de esta casita: nuestra chiquita, que ya cumplió tres años y medio. Habla todo el tiempo, pregunta todo (por qué, por qué, por qué. Descubrí de su mano que cuando los papás dicen que los por qués son incansables, no es cuento), juega solita, argumenta, discute, reclama y exige; es amorosa, mandona, inquieta. Irene es un torbellino de vida entre nosotros. Y ahora no sólo lo siente, lo sabe y nos absorbe e inunda con su energía a conciencia.

The Determined Child

Una de las entradas que tenía entre mis borradores, que ya no sé si escriba por aquello del nuevo tono que siento que empezará a sentirse en estos textos, hablaba sobre las características y la personalidad de nuestra pequeña. Estuve leyendo un poco más sobre algo que ya había hablado antes en esta casita y llegué a la conclusión (bueno, le puse nombre a lo que sabía) de que nuestra chiquita encajaba bastante en el tipo que Carol Tutle, en The Child Whisperer, llama el niño determinado o “type 3, the determined child” (y pego parte del documento para no alargar):

    • Adventurous
    • Assertive
    • Busy
    • Busy body
    • Competitive
    • Determined
    • Down to Earth
    • Energetic
    • Enterprising
    • Entrepreneurial
    • Feisty
    • Independent
    • Industrious
    • Into everything
    • Little tiger
    • Loud

Un tipo que también se describe con frecuencia como (vuelvo a citar a Tutle):

  • Aggressive
  • Demanding
  • Hot-tempered
  • Mind of their own
  • Mischievous
  • No nonsense
  • Outgoing
  • Passionate
  • Persistent
  • Practical
  • Quick
  • Rambunctious
  • Resourceful
  • Restless
  • Risk taker
  • Rowdy
  • Strong-willed
  • Swift
  • Take charge
  • Over-reactive
  • Pushy
  • Wild

En fin. No pretendo recomendar a la señora Tutle, que por lo visto en algunas cosas deja mucho que desear (baste mirar los comentarios que hay en Amazon de su libro). Sólo quiero comentar que de alguna manera he tenido una especie de revelación extra con respecto a nuestra chiquita y que gracias a ella he concluido que eso que antes me parecía rebeldía (en el sentido clásico: ¿recuerdan nuestras entradas sobre la velocidad de los niños, y sobre el demonio de Tasmania que podía llegar a ser una (NUESTRA) niña de tres años y el reto diario que implicaba estar convivir con el monstruito en cuestión?) no es más que una manera de ser y por tanto un modo particular de relacionarse con el mundo y empatizar que nosotros como padres debemos aprender a reconocer y desarrollar. Suena a cosas que he dicho antes, pero hubo un clic después de que leí esas  pocas líneas que parecían describir a Irene. Dejo un video (hay uno para cada tipo: son 4 y están resumidos en la ilustración de la entrada original que escribí sobre el asunto) que quizás ilustre las cosas un poco más (y con esto, casi que escribí la entrada que tenía en borrador. Aghhh):

Quizás ahora va a quedar un poco traído de los cabellos contar otras tantas cosas. Por lo visto, dejar el tono típico ilustrativo que me caracteriza no es fácil. 😉 Dejaré las historias resumen de esta casa para otra entrada. Acorto diciendo que nuestra chiquita está que pide colegio, que he concluido que los niños ilustran solitos su realidad (Irene ahora ha perfeccionado, sin instrucción, por imitación si acaso o por simple desarrollo, sus dibujos. Prometo foto en la entrada correspondiente, dejo una básica acá) y que por mucho que pretendamos educar “a nuestro modo” -entiéndase el mejor modo que creemos posible- hacemos parte de una cultura y eso que a veces pretendemos evitar porque nos parece “amañado”, termina por llegar a nuestros chiquitos casi por ósmosis del ambiente. Conclusión veloz: más que imprimir un modo de vida, los niños necesitan herramientas para evaluar y, si es el caso, cuestionar y argumentar en torno a lo que los rodea. Una perogrullada más.

Me despido: las y los extraño. Pero los leo. Hemos caído víctimas de los dispositivos móviles de lectura (y conexión a la red) y escribir ahí es más difícil de lo que parece. Intentaré volver a este patoaparato (léase ordenador de mesa) con más frecuencia. Un abrazo para todos desde acá.

30 marzo 2013 at 10:59 4 comentarios

¿Carácter, temperamento o personalidad? “Cómo educar a un niño feliz, exitoso y cooperativo” O-O

Dejo a los psicólogos las diferencias, aunque parece haber consenso en cuanto a que el primero es aprendido, el segundo es fisiológico y el tercero es la suma total de lo que somos (cultural y físicamente). Pero… ¿han pensado cómo pueden influir las particularidades de un chiquito en su comportamiento y -por supuesto- en el acercamiento que debemos tener a ellos como papás?

No daré respuestas porque no las tengo, pero sí quiero compartir una sarta caótica de pensamientos que parecieran apaciguarse un poco en la imagen que acompaña este texto. Tanto mi amorcito como yo hemos concluido que en casa tenemos a una chiquita con temple y decisión para todo, que no se amedranta fácilmente, que sienta posiciones, que opina y revela con cada uno de sus comentarios un carácter y un temperamento firmes que van más allá de la edad (no sé si más lo primero que lo segundo… o lo segundo que lo primero, ¡¡??). También debo agregar que es “una cajita de música”, amorosa, sociable, dulce. A veces pareciera que razonara como un adulto y otras saca a relucir esa inocencia soberana que derrite argumentos sin chistar. Sin duda, muchas cosas cambiarán con los años, pero creo que Irene nos obligará a ampliarnos el panorama, a cambiar el orden de muchas cosas y a discutir sobre nuestras propias concepciones del mundo y sus limitaciones (¿serán las mismas entonces?). En cualquier caso, digo, ¿si ya hace todas las anteriores a los tres años, a los quince qué nos esperará? 😉

Sea cual sea la respuesta, tengo claro que justamente esa manera tan particular de ser y estar de los pequeños es el punto de partida obligado de acercamiento a ellos que tenemos sus papás. No habrá “manual de instucciones”, pero sí una sensibilidad potencial para intentar entender que cada niño requiere un tratamiento distinto y que cada adulto, niño también en algún momento, tendrá cuando menos un tris de ventaja (léase al menos autocontrol y razón desarrolladas) para “encauzar” ese carácter y temperamento particular… No serán susurros (la imagen es The Child Whisperer) lo que oigamos siempre, pero sí un corazón palpitante -bueno, dos: uno en el pecho, otro un poquito más lejos- que puede enseñarnos a amar. Así que si todavía andan buscando pistas para entender a un chiquito, miren la imagen que acompaña este texto y si aún así se sienten perdidos, les recomiendo que vuelvan al punto de partida, cierren los ojos, cierren razones y cierren egos: escuchen simplemente su corazón y el de sus pequeños (suena abstracto, pero es cierto). 😉

Abrazos,

A.

23 noviembre 2012 at 08:13 2 comentarios

Aprender y enseñar

La maternidad (o ma-paternidad, como suelo decirle) es sin duda un camino lleno de experiencias y aprendizajes tan profundos y variables que lo que hoy pensabas que era un hecho consumado, mañana puede presentarse como el nuevo punto de partida de un gran cambio. Pues bien, después de escribir un buen número de entradas sobre las complicaciones de la ma-paternidad, hoy me aventuro a decir que “en este momento de la vida” siento que nuestros aprendizajes se intensifican (plácida y felizmente) cada vez más: Irene es en todo el sentido de la palabra (sobre todo porque pregunta, comenta, opina, propone, refuta, habla) un interlocutor fundamental en nuestra vida y sus razonamientos, conclusiones, preguntas y acciones nos enseñan más que cualquier libro o comentario que pudiéramos haber tenido a mano. No descubro el agua tibia, por supuesto, pero creo que después de tanta “quejadera” bien vale la pena actualizar y compartir nuestra refundada paz.

Comienzo por lo práctico. Iniciamos esta semana nuestra prueba de un mes del prekínder ALAS. Llevamos sólo tres días, no hemos hecho todas las actividades sugeridas, pero trabajar a nuestro ritmo y descubrir, de un modo más sistemático, cómo opera la cabecita de nuestra chiquita (con ejercicios cotidianos de matemáticas, lectoescritura, vida práctica, estimulación de los sentidos y no sé qué más) ha sido una sorpresa monumental.

Obviamente, no es que antes no me diera cuenta de cómo va desarrollándose paulatinamente nuestra hija, pero confieso que descubrir y confirmar que espontánemanete, siguiendo nuestro propio ritmo, ella ha aprendido en general lo que se espera para su edad (razonamiento abstracto que le permite, por ejemplo, clasificar; comprensión de lectura para contar y recontar historias, imaginación para crear e inventar, motricidad fina para pintar -ahora sectorizadamente-, motricidad también para aprender a cortar con tijeras, habilidades de lectoescritura para tomar un lápiz y trazar una línea entre A y B y un largo bla, bla, bla) me ha sacado más de una sonrisa y me ha dado tranquilidad. Su interés desbordado por aprender, conocer y hacer cosas dan cuenta también de lo propio de su edad, ese deseo de comerse el mundo que caracteriza a los chiquitos y que nosotros, como cultura, solemos juzgar como inquietud excesiva, insatisfacción y deseos desbordados (¿desbordantes?) que se deben aplacar.

No creo, en cualquier caso, que seguir un programa educativo concreto (llámese escuela en casa o guardería o kínder formal o lo que sea) sea necesario. Sí pienso, no obstante, que tener la oportunidad de compartir este espacio con ella, en casa, de manera personalizada y con mamá como maestra y compañera, me ha sensibilizado aún más frente a las capacidades de aprendizaje de mi chiquita y a la naturalidad de sus ritmos. Y, claro, siento un poco de paz con respecto a los cuestionamientos que a veces nos circundan y rezan (de manera automática) un “¿ya va a la guardería? Pero todo niño lo necesita”. Confirmo la validez de nuestras opciones y tomo fuerzas para continuar.

Las escuelas matan la creatividad y “La maternidad me está matando”

Cierro con un par de cosas más (es un post desordenado, pero es lo que hay cuando tu hijo está a punto de despertar ;)): La educación prohibida (adjunta justo antes de este párrafo) y Según Roxi (con abrebocas al comienzo del post). La primera es una película documental muy comentada en las redes sociales, con descarga gratuita y una serie de entrevistas muy interesante que no dejaría de recomendar a cualquier padre. No habla de la escuela en casa como opción (y habría sido bonito incluirlo en su plan… a lo mejor en una segunda parte lo hagan), pero creo que sí invita a pensar, justamente, en el valor que tiene nuestra participación en la educación de los chiquitos (algo que me parece que va en mejor línea que una serie de “escuela de padres” que está llegando con el períodico que recibimos a diario en casa y que sataniza a los niños como demonios a los que hay que adiestrar). Puede verse online, en el link que está activo en su título, o descargarse en distintas versiones para verlo en casa. Nosotros optamos por lo segundo.

Con respecto a lo segundo, Según Roxi es una serie de videos argentinos que se están publicando semanalmente en internet (vía youtube) con el propósito de retratar (o al menos intentarlo) la vida de las mamás. Es divertido, extremo en algunos casos, pero también real. Digamos que ha casado perfecto en la línea de ese sinfín de cuestionamientos y dudas irresolubles que acompañan este camino.

(Dejo pegado también el segundo capítulo de Roxi. Me emocionó especialmente porque habla de todos los cuestionamientos que ahora pululan por acá).

Y no me alargo. Sé que más de una y uno sabrá a qué me refiero con este desorden de ideas ahora escrito. Estar cerca de nuestra chiquita, expresarle mis inquietudes y dudas, abrir espacios para aprender juntitas y dejar fluir nuestros propios ritmos han sido formas válidas de hacer camino. Y más sonrisas que lágrimas o deseperos nos han endulzado el recorrido.
PD. Acabó de ver el capítulo 5 de Según Roxi. Descubrí, para mi sorpresa, que la inspiración de la serie es un antinguo blog de maternidad que escribía su protagonista y creadora Julieta Otero. Así que vámonos preparando: a lo mejor en unos años vemos una serie similar con alguna de nuestras mamás. 😉 Más detalles sobre la serie y su historia, acá.

6 septiembre 2012 at 07:15 3 comentarios

“Yo no quiero que trabajes, mami”

¿Así o más claro? Con esa oración simple (expresada por Irene otras veces, en medio de llantos y discusiones, pero ante oídos ocupados y medio sordos de mamá) mi chiquita y la vida han resuelto el enigma de las crisis de mis anteriores entradas. El origen del demonio de Tazmania, en resumen, soy yo misma… bueno, yo o la atención perdida de mi hija -ahora que me parecía más independiente y más autónoma, menos demandante y más tranquila…

Ni los terribles dos ni los terribles tres ni la edad ni caprichos ni incomprensiones ni irracionalidad son adjudicables realmente a mi niña. Son inventos, quizás. O mejor: nuestra forma torpe y desconectada de entender una necesidad elemental y básica. Lo único que un niño necesita (yo misma lo he escrito en esta casita) es a sus papás. Y yo, que siempre he defendido esa crianza cercana, sin escuela ni nada que marque distancias, he caído en la falacia de ver en mi chiquita -que ahora camina sola, come sola, juega sola, habla como cotorra- a una personita independiente. Me necesita, apesar de todos esos logros. Porque es una niña y los niños necesitan a sus papás. Pretendo que entienda “mis necesidades” de tener otra vez una vida paralela (que es normal, que es humana, que a veces, no sé si psicológicamente, materialmente, profesionalmente, económicamente parece necesaria -insertar bendiciones a Simple Living como una forma d vida válida y necesaria aquí) a la de ser mamá. Pero no, estar disponible no basta. Al menos no solamente. Libros, trabajos, escrituras, pantallas y todo aquello que disperse la atención de mamá por periodos prolongados desata una crisis ya descrita que simplemente dice: “estoy aquí, te necesito, acompáñame” (es decir, “atiéndeme, juega conmigo, abrázame”).

Escribo esto y el corazón se me hace una uva pasa. No pretendo solidaridad ni látigo, simplemente quiero compartir esa respuesta directa y sencillísima -dicha ahora en nuestra cama, hace como una semana, al despertar y jugar con papá y mamá saludando, sonriendo, en medio de una felicidad y una tranquilidad total- que aclara definitivamente el panorama.

Y doy detalles de nuestra vida: Irene nunca está sola, siempre tiene un adulto disponible para ella. Si mamá trabaja en casa (ayudando a papá, casi siempre, o escribiendo -por ejemplo este blog, ahora a las 2 y 30 de la mañana-) no lo hace porque sea asalariada. Puedo dejarlo y ya está. Pero, claro, ese “trabajar” -que es lo que le he dicho a mi hija que hago, lo mismo que ella ha repetido que va a hacer, trayendo su computador de juguete para sentarse a mi lado, pidiéndome que ponga su mesita y su sillita al lado de la mía con un “mamá, yo también quiero trabajar” o cualquier variable similar- afecta mi disponibilidad: menos parque, menos juegos, menos conversaciones, menos estar juntas con los cinco sentidos puestos. Y la vida da razones que no vemos, así sea expresadas en gritos, reclamos o cambios de opinión repentinos, contradictorios e incomprensibles.

Hemos tenido días mejores, definitivamente. ¡Mejorsísimos! La solución, más allá de la disciplina positiva (que existe y creo que siempre ha primado en esta casa y que puede ayudar, sin duda, a enfrentar momentos de crisis demoníacas), ha sido dedicarle más tiempo y más atención a nuestra chiquita.

Así que no hay terribles dos, ni terribles tres (¡faltan un día para el cumpleaños de nuestra chiquita!), ni terribles nada. No es capricho, no es irracionalidad. Es necesidad de mamá (con todas sus letras, irremplazable por otro adulto disponible). Y eso, sin duda, es vital. No será fácil mantener la disponibilidad al tope, pero al menos ya tengo claridad sobre el enigma. ¿Vale la pena? Seguro. No sólo por estos mejores días, tranquilos, sosegados, felices, sino porque creo que las faltas o no de afecto (que estar disponible también es darlo sin condiciones) marcan el resto de la vida de un pequeño. Ya habrá tiempo para otras cosas, otros libros, otros oficios alternos (así sea en la madrugada, cuando un poquito de insominio nos hace levantar).

Estoy tranquila y feliz. Y, sí, no es un reto fácil, pero me gustan los “premios” (y esta solución final). Seguiré “transmitiendo”. 😉

Un abrazo y un gracias a todas por sus palabras.

PD: Ilustro esta nota con una imagen emblemática, del 22 de septiembre de 2010: la de la eurodiputada conservadora italiana Licia Ronzulli, quien llevó a su bebé a trabajar “para que pensemos en todas las mujeres que no pueden conciliar su vida profesional con su vida familiar”. No estoy en contra del trabajo, lo admiro y lo respeto, pero no puedo dejar de desconocer una cosa natural. Nos falta tribu y nos jode (perdón) el sistema en el que vivimos. Los niños, que no entienden ni de capitalismos ni de facturas por pagar, lo tienen claro: ellos sólo necesitan a sus papás. Cierro, para ¿dar esperanza? ¿acabarla? con una foto actual de esta misma diputada (y su hija) en la Eurocámara (si meten su nombre en Google y seleccionan imágenes, verán un montón de sesiones con chiquita a bordo más… ¿conciliación laboral?).

8 agosto 2012 at 03:04 6 comentarios

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