Posts tagged ‘escuela en casa’

Aprender y enseñar

La maternidad (o ma-paternidad, como suelo decirle) es sin duda un camino lleno de experiencias y aprendizajes tan profundos y variables que lo que hoy pensabas que era un hecho consumado, mañana puede presentarse como el nuevo punto de partida de un gran cambio. Pues bien, después de escribir un buen número de entradas sobre las complicaciones de la ma-paternidad, hoy me aventuro a decir que “en este momento de la vida” siento que nuestros aprendizajes se intensifican (plácida y felizmente) cada vez más: Irene es en todo el sentido de la palabra (sobre todo porque pregunta, comenta, opina, propone, refuta, habla) un interlocutor fundamental en nuestra vida y sus razonamientos, conclusiones, preguntas y acciones nos enseñan más que cualquier libro o comentario que pudiéramos haber tenido a mano. No descubro el agua tibia, por supuesto, pero creo que después de tanta “quejadera” bien vale la pena actualizar y compartir nuestra refundada paz.

Comienzo por lo práctico. Iniciamos esta semana nuestra prueba de un mes del prekínder ALAS. Llevamos sólo tres días, no hemos hecho todas las actividades sugeridas, pero trabajar a nuestro ritmo y descubrir, de un modo más sistemático, cómo opera la cabecita de nuestra chiquita (con ejercicios cotidianos de matemáticas, lectoescritura, vida práctica, estimulación de los sentidos y no sé qué más) ha sido una sorpresa monumental.

Obviamente, no es que antes no me diera cuenta de cómo va desarrollándose paulatinamente nuestra hija, pero confieso que descubrir y confirmar que espontánemanete, siguiendo nuestro propio ritmo, ella ha aprendido en general lo que se espera para su edad (razonamiento abstracto que le permite, por ejemplo, clasificar; comprensión de lectura para contar y recontar historias, imaginación para crear e inventar, motricidad fina para pintar -ahora sectorizadamente-, motricidad también para aprender a cortar con tijeras, habilidades de lectoescritura para tomar un lápiz y trazar una línea entre A y B y un largo bla, bla, bla) me ha sacado más de una sonrisa y me ha dado tranquilidad. Su interés desbordado por aprender, conocer y hacer cosas dan cuenta también de lo propio de su edad, ese deseo de comerse el mundo que caracteriza a los chiquitos y que nosotros, como cultura, solemos juzgar como inquietud excesiva, insatisfacción y deseos desbordados (¿desbordantes?) que se deben aplacar.

No creo, en cualquier caso, que seguir un programa educativo concreto (llámese escuela en casa o guardería o kínder formal o lo que sea) sea necesario. Sí pienso, no obstante, que tener la oportunidad de compartir este espacio con ella, en casa, de manera personalizada y con mamá como maestra y compañera, me ha sensibilizado aún más frente a las capacidades de aprendizaje de mi chiquita y a la naturalidad de sus ritmos. Y, claro, siento un poco de paz con respecto a los cuestionamientos que a veces nos circundan y rezan (de manera automática) un “¿ya va a la guardería? Pero todo niño lo necesita”. Confirmo la validez de nuestras opciones y tomo fuerzas para continuar.

Las escuelas matan la creatividad y “La maternidad me está matando”

Cierro con un par de cosas más (es un post desordenado, pero es lo que hay cuando tu hijo está a punto de despertar ;)): La educación prohibida (adjunta justo antes de este párrafo) y Según Roxi (con abrebocas al comienzo del post). La primera es una película documental muy comentada en las redes sociales, con descarga gratuita y una serie de entrevistas muy interesante que no dejaría de recomendar a cualquier padre. No habla de la escuela en casa como opción (y habría sido bonito incluirlo en su plan… a lo mejor en una segunda parte lo hagan), pero creo que sí invita a pensar, justamente, en el valor que tiene nuestra participación en la educación de los chiquitos (algo que me parece que va en mejor línea que una serie de “escuela de padres” que está llegando con el períodico que recibimos a diario en casa y que sataniza a los niños como demonios a los que hay que adiestrar). Puede verse online, en el link que está activo en su título, o descargarse en distintas versiones para verlo en casa. Nosotros optamos por lo segundo.

Con respecto a lo segundo, Según Roxi es una serie de videos argentinos que se están publicando semanalmente en internet (vía youtube) con el propósito de retratar (o al menos intentarlo) la vida de las mamás. Es divertido, extremo en algunos casos, pero también real. Digamos que ha casado perfecto en la línea de ese sinfín de cuestionamientos y dudas irresolubles que acompañan este camino.

(Dejo pegado también el segundo capítulo de Roxi. Me emocionó especialmente porque habla de todos los cuestionamientos que ahora pululan por acá).

Y no me alargo. Sé que más de una y uno sabrá a qué me refiero con este desorden de ideas ahora escrito. Estar cerca de nuestra chiquita, expresarle mis inquietudes y dudas, abrir espacios para aprender juntitas y dejar fluir nuestros propios ritmos han sido formas válidas de hacer camino. Y más sonrisas que lágrimas o deseperos nos han endulzado el recorrido.
PD. Acabó de ver el capítulo 5 de Según Roxi. Descubrí, para mi sorpresa, que la inspiración de la serie es un antinguo blog de maternidad que escribía su protagonista y creadora Julieta Otero. Así que vámonos preparando: a lo mejor en unos años vemos una serie similar con alguna de nuestras mamás. 😉 Más detalles sobre la serie y su historia, acá.

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6 septiembre 2012 at 07:15 3 comentarios

Curso de kinder o prekinder gratis por un mes en casa: ¿se animan a ensayar?

He hablado muchísimas veces sobre escuela en casa o homeschooling y casi siempre, a pesar de no ser una “practicante” formal del modelo, he expuesto las razones por las que pienso que es el sistema ideal para la educación de un pequeño. Pues bien, gracias a una oferta maravillosa de la Fundación Aprende con Alas (con Laura Castellanos a la cabeza, una mamá argentina que le enseña a sus hijas en casa) a partir del próximo 3 de septiembre probaremos su programa de pre-kinder en nuestra casita por un mes. Creo que es una muy buena manera de empaparnos del asunto, además de que puede ayudarnos -incluso si finalmente no considerarámos hacer escuela en casa- a organizar un poco nuestro tiempo juntos, sistematizar métodos, crecer jugando, compartir y, por supuesto, aprender. Cualquier persona interesada puede inscribirse y participar en esta maravillosa oferta: dejo datos y detalle a continuación para que sepan en qué consiste y se animen. 😉

Ésta es la invitación de Laura:

En abril de este año ALAS inauguró su Plan de kinder, pensado para familias que buscaban contar con material educativo, actividades y recursos para utilizar de manera libre y desestructurada. Hoy queremos contarte que a partir del lunes 3 de septiembre abriremos los nuevos planes de Pre-Kinder y Kinder online, que a diferencia del primero, están estructurados en semanas de trabajo.

Sabemos que se trata de tus hijos, y por ese motivo necesitas evaluar a detalle cada propuesta educativa que llega a tus manos para tomar la mejor decisión e invertir tu dinero de la  mejor manera posible. Por este motivo, queremos hacerte una propuesta:

¿Te gustaría probar cualquiera de nuestros nuevos planes de Pre-kinder o Kinder GRATIS por un mes, sin ningún tipo de compromiso, para conocer cómo trabajamos, la calidad de nuestras actividades y la dinámica de nuestras semanas de trabajo, y para evaluar cómo se adapta tu peque a nuestra visión de lo que consideramos el método ideal para educar en edades preescolares?

Si tu respuesta es “si” continúa leyendo; te va a interesar mucho conocer un poco más de estos planes:

Cada mes podrás ingresar a un aula virtual en la que encontrarás:

  • Planilla de horario semanal, en la que están distribuidas en forma estratégica las diferentes áreas a desarrollar: matemáticas, lenguaje oral, preescritura, coordinación viso-manual, comprensión y observación del medio, música y expresión corporal, atención y memoria, sensorial y vida práctica.
  • Lista de material que debes comprar y/o preparar en casa para abordar las actividades del mes.
  • Las 4 planificaciones semanales con las áreas y los temas correspondientes que se abordan cada día, para descargar e imprimir.
  • 20 planificaciones diarias con las 4 (pre-kinder) o 5 (kinder) actividades a hacer en el día, con la explicación detallada de cómo abordar cada actividad, el material imprimible necesario para hacer dichas actividades, el detalle de los materiales concretos a utilizar (que ya tendrán preparados de acuerdo a la lista de material del mes) y los recursos multimedia si fuera el caso.
  • Un foro para padres mediante el cual podrás hacer las consultas que quieras y comunicarte con otros papás.(Si utilizas o planeas utilizar el sistema de educajas, nuestros planes y planificaciones se adaptan perfectamente al sistema).

Nuestros planes de Pre-Kinder y Kinder están compuestos por 40 semanas de trabajo y tienen un costo mensual de 10 dólares (o su equivalente en pesos mexicanos), sin cuotas de inscripción, y con los beneficios de no pagar una anualidad y de pagar únicamente el mes en que vas a utilizar la plataforma (por ejemplo puedes dejar un mes sin pagar por el motivoque fuere y continuar al siguiente mes sin ningún problema).

Pero bueno, eso lo verás después. Ahora lo único que tienes que hacer para matricularte en forma absolutamente gratuita al primer mes de Pre-kinder o Kinder es responder a aprendeconalas@hotmail.com avisándonos que deseas probar nuestro Pre-Kinder o Kinder por un mes. Inmediatamente te enviaremos un pequeño formulario de inscripción y listo! Quedarás matriculad@ para iniciar junto a nosotros el lunes 3 de septiembre.

A comienzos de este año hice un curso de lectoescritura muy interesante con ellos, así que puedo dar buenas recomendaciones sobre la forma como funciona la plataforma y la calidad de las personas que me acompañaron en el proceso. No dudo que me encontraré con cosas similares en esta ocasión. ¿Se animan y compartimos aula a partir del 3 de septiembre? Me pareció una alternativa tan buena y generosa que no resistí quedarme sola con un regalo tan bello. 😉 Y, a pesar de que ya me había planteado estructurar más nuestro tiempo con Irene, en la práctica no lo hemos hecho tanto. Esta alternativa de seguir un curso, a nuestro ritmo, me parece genial. ¡A estudiar!

1 agosto 2012 at 08:32 13 comentarios

¿Cómo estimular el aprendizaje de un niño entre 2 y 4 años de edad?

Quizás también podría incluir los 5 años, o simplemente decir “un niño en edad preescolar”… pero como lo que me inquieta es cómo estimular ese aprendizaje en casita, con una chiquita que no está escolarizada (además), me inclino por esbozarlo de este modo. En cualquier caso, quiero compartir algunos apuntes sobre juegos, rutinas y proyectos para potenciar el aprendizaje de los pequeños. No sé cómo funcionen en la práctica, entre otras cosas porque nuestras ideas sirven más de marco general, pero confío en que dejarlos esbozados sirva de invitación a nuevas ideas (propias o ajenas) y nos ponga en el mood propuesto para mis deseos de este año.

Decía en enero, en nuestra lista de proyectos:

Quiero adentrarme más en la educación en casa, potenciar los aprendizajes de nuestra chiquita (no con tareas o ideas impuestas sino aprovechando las inquietudes que ella misma nos plantea) y darle más ritmo a nuestra rutina. Básicamente porque siento que ella cada vez quiere aprender y entender más y porque los días se nos pasan tan rápido -y a veces con una sensación grande de vacío- que quiero disfrutarlo más (con menos pantalla, menos internet y más parque, más baile y más amigos).”

… por lo que me puse en la tarea ya no sólo de leer información sino de pensar. Todo lo que encontré sobre homeschooling, creatividad y desarrollo de niños en edad preescolar me ayudó, de un modo u otro, a concluir que el aprendizaje en estas edades llega a través del juego y de la experiencia sensorial. En consecuencia, la idea de buscar una rutina que potenciara ese aprendizaje terminó por asentarse en la configuración de unos módulos generales que nos sirvan de marco para acompañar el desarrollo de Irene.

Sé que el tema, así planteado, puede parecer complicado, pero la idea es que con estos puntos de partida en mente y con las mismas inquietudes que plantee nuestra hija, las maneras de ponerlos en práctica fluirán más ordenadamente, de una manera más o menos natural. Intento, en cualquier caso, mantener unas premisas que considero relevantes para nuestra chiquita: la primera, que el juego libre es fundamental; la segunda, que no debo incluir límites de tiempo para ningún proceso (Irene misma da la pauta para cambiar de actividad mostrando su interés en algo nuevo); la tercera, que pensar en rutina implica, sobre todo, fijar un espacio de disponibilidad total de mamá.

Planteadas estas bases (que seguramente se ajustarán en el tiempo), presento esos módulos generales que, creo, nos ayudarán a potenciar el aprendizaje de nuestra pequeña en esta edad. Aclaro, no obstante, que no soy pedagoga infantil ni nada por el estilo y que aunque nuestra chiquita no ha pasado nunca por una guardería, sospecho que no estamos descubriendo nada nuevo y que muchos de nuestros planteamientos se ajustarán de un modo u otro a lo que hacen los centros educativos de los pequeños. ¿Cuál puede ser la diferencia? Que nuestro aprendizaje estará completamente integrado a nuestra vida cotidiana y familiar y que la atención será personalizada, sin excluir actividades fuera de casa, con otros niños, orientada -al igual que las cosas que hagamos dentro- por las inquietudes de nuestra chiquita. La propuesta al publicarlos acá es retroalimentar otras experiencias y usar este espacio como libreta de apuntes para el futuro.

“Mueve los hombritos…”

El primer módulo lo he denominado plástico. Incluiría actividades motoras como moldear y pintar. Estaría estrechamente relacionado con el siguiente, denominado corporal, porque su ejercicio implica también una estimulación de los sentidos y el cuerpo… que se asocia, inevitablemente, con ejercicios como bailar, tocar, oler, mirar y degustar.

Decía hace algunos días que Irene ha empezado unas clases de danza creativa, básicamente porque nos decía con palabras y con todo su cuerpo que quería bailar. Esta actividad entraría dentro de un marco que he denominado corporal -que sería el segundo módulo (entiéndase, por cierto, este término como punto de partida y referencia, no como bloque de actividades o algo por el estilo que implique cero flexibilidad). En él se incluirían, además del baile, quehaceres cotidianos que comprometan experiencias con el cuerpo y que pueden ir desde ir al parque y jugar, hasta desgranar vainas de guisantes, fríjoles y otras verduras. Cocinar (oler, sentir, oír, mirar, probar) entraría también perfectamente en este grupo.

El tercer módulo sería el musical, que lo considero separadamente del anterior a pesar de que bien podría ser un derivado de éste. Dentro del él cabrían actividades relacionadas con tocar (y experimentar) instrumentos musicales (principalmente de percusión por la edad de nuestra pequeña), además de cantar. El baile se integraría también a esta conjunto de experiencias, aunque el objetivo al señalar el módulo aisladamente responde a la relevancia que considero que tienen la música y los sonidos en esta etapa de desarrollo.

Finalmente, consideraría un módulo que he denominado de abstracción y pensamiento, que se orienta al desarrollo de actividades más racionales, como la comprensión de textos y narraciones (inventadas, leídas, oídas), la comprensión espacial (con juegos como rompecabezas, rayuela y la danza misma) y un primer acercamiento a la lectoescritura (no con pretensión de aprendizaje de las letras, sino más bien -desde la perspectiva del método global– como aproximación a objetos representados, ya sea por íconos o símbolos que luego puedan servir de referencia para expresar ideas. Las caricaturas, las loterías y representaciones similares entrarían como actividades posibles dentro de este último propósito. Ah, y el juego simbólico (ahora el “soy doctor, te reviso, eres doctora, me revisas) es otra manera más de abordar la lógica de pensamiento propuesta en este módulo.

Siendo honestos, éste es apenas un primer acercamiento. No incluye actividades relacionadas con el lenguaje (en desarrollo en esta edad) porque lo considero un módulo transversal (bueno, casi todos terminan siéndolo) y creo que debe potenciarse, especialmente, desde la cotidianidad -todo se habla, todo se explica y el resultado final es una pequeña lorita. 😉 Espero tener buenas noticias en el futuro. Todas las recomendaciones y consejos son bienvenidos.

Por lo pronto, además de este texto, les dejo un par de blogs recomendados (B aprende en casa y Aprendiendo sin escuela), con niños en edades similares, que además de inspirarme, me han llenado de ideas. También dejo dos portales (Aprende con alas y Educarpetas) de comunidades de padres y niños que practican la escuela en casa: buena parte de los temas planteados y de las actividades abiertas a los participantes han sido un buen punto de partida para este propósito. Eso sí, las unidades de estudio, los workboxes y los lapbooking quedan para edades futuras. Si tienen niños de más de 6 años, no duden en buscar información sobre ellos para estimular su aprendizaje en casa o en el colegio.

PD. El subtítulo de “con los hombritos” está inspirado en la canción que repite constantemente nuestra chiquita tras sus primeras clases de baile: “con los hombritos, con la cadera, con la cintura…” ¿Alguien sabe cómo se llama la cancioncita? Me encantaría tenerla en nuestro hogar. 😉

Imágenes tomadas de la GuíaInfantil.com y El blog de Mar.

17 febrero 2012 at 16:38 5 comentarios

“Truth About Mom”: verdades de mamá

Esta semana, encontré un artículo precioso y revelador sobre (¿crianza?, ¿educación?) las verdades de las madres, que me ha puesto a pensar en qué cosas me gustan o me interesan a MÍ realmente, como un camino para encontrar nuestra manera de ser papás. Sé que he hablado de muchas de ellas en esta casita, pero al leer otro texto -sobre Homeschooling, maravilloso, que me llevó al que mencionaba originalmente- me di cuenta de que, en general, muchas de las cosas que pensamos ideales para la crianza de nuestros hijos pueden no ser realistas con nuestra vida, nuestros gustos, nuestras circunstancias o nuestras metas. Decidí entonces “decirme” la verdad y tratar de encontrar esas particularidades que hacen que yo sea el tipo de mamá que puedo ser y no otra distinta, con la certeza de que -como lo dice Sarah, la autora de los dos textos reseñados- esta reflexión me ayudará a ser una mamá tranquila y feliz (y por lo tanto, nuestra chiquita será una niña tranquila y feliz, sin importar las cosas que hagamos o el lugar en donde estemos). ¿Cambiará la lista con el tiempo? Es apenas natural… así que será un tema en el que tenga que volver cada tanto. ¿Se animan?

La propuesta es relativamente simple: debo pensar primero en mis puntos fuertes, en segundo lugar en las necesidades de mi familia como un todo y en tercer lugar en las necesidades individuales de cada niño (en este caso, de Irene), teniendo en cuenta sus fortalezas. El reto original (es decir, el que dio lugar al que yo encontré) surge de un texto de una mamá que se puso en la tarea de pensar sobre los principios de mamás felices que educaban en el hogar. Parecería que me estoy volviendo monotemática con el asunto, pero lo cierto es que pienso que aunque el origen de todo esta historia es la reflexión sobre la educación en casa, el resultado bien puede funcionar para la crianza de los chiquitos y, por qué no, para lograr una vida más tranquila y feliz en cualquier hogar.

A veces pienso que cuando somos padres tendemos a desconectarnos de nuestro instinto para seguir consejos o modelos que quizás no se adapten a nuestras vidas. Caemos fácilmente, en consecuencia, en una trama de inseguridades, insatisfacciones, temores e infelicidad que podríamos evitarnos si nos permitiéramos escucharnos más a nosotros mismos y a nuestra realidad.

Así que sin afán de consejo, pero sí como ejercicio personal que quiero dejar por escrito (siempre pienso que Irene podrá encontrar en algún sitio esta historia de nuestra experiencia y que estas palabras le ayudarán, aunque yo no esté presente, si algún día ella misma llega a ser mamá) y que quizás pueda inspirar a alguien más, empiezo mi lista de verdades. Espero que nos sean de muchísima utilidad.

  • Adoro escribir y leer. Creo que no sería feliz si no tengo un libro para hojear en las noches: me encanta quedarme dormida con una historia entre los dedos y adoro hacer un cuento de todo, con palabras más que con imágenes (lo segundo no se me da, pero no me quita las ganas de narrar).
  • Soy metódica, aunque a veces me cuesta terminar todo lo que empiezo. Me gusta encontrar una manera de simplificar procesos y odio perder tiempo tratando de hacer cosas que se pueden sistematizar (y no hablo sólo de procesos tecnológicos…).
  • Me gusta hablar. Mucho. En mi intimidad. Con Irene me he dado cuenta que tiendo a verbalizar todo (bueno, no tanto: soy medio cohibida para expresar ante extraños lo que pienso). Y pregunto razones o detalles de todo. Soy inquieta y me gusta dialogar.
  • Soy muy racional. Este punto a veces juega en mi contra, pues tiendo a explicar todo, a veces desconociendo que hay cosas que no caben en las palabras (o a sabiendas de que es así, pero olvidando que puede ser bueno simplemente sentir y callar).
  • Con lo único que soy minuciosa y perfeccionista es con lo abstracto (lo que escribo, lo que leo, lo que pienso). Tiendo a hacer muchas cosas prácticas al cálculo (recetas, proyectos de costura), ignorando a veces instrucciones. La buena noticia: no me frustro fácilmente con los resultados; si no sale lo que planeé soy buena para buscar alternativas o para dar por cerrado el intento sin que me quedé un sinsabor fatal.
  • No soy buena para trasnochar, no al menos haciendo cosas que impliquen pensamiento: si debo pensar, la mañana es una mejor hora.
  • Soy paciente.
  • Soy prudente.
  • Soy tranquila. El problema: no me gusta que se me altere mi espacio de paz. Y soy mala para oir ruidos todo el tiempo (odio, por ejemplo, las emisoras con conversaciones todo el día. O estoy oyéndolas atenta o debo apagarlas. No me gusta el ruido de voces al fondo… y eso a veces hace que no me dé cuenta de que estoy rodeada de mucho silencio… yolvide que a mi amorcito y a Irene les gusta un poco de “música” y actividad).
  • Suelo hacer varios proyectos al mismo tiempo… pero si algo no “me atrapa”, lo dejo con facilidad.
  • Intento ser más manitas, pero se me da mejor lo de pensar.
  • Me gusta muchísimo estar al aire libre.
  • Me gusta viajar.
  • Me distraigo fácilmente con las pantallas (es una ventaja no tener televisión en nuestra casa).
  • Tiendo a poner los deseos de otros por encima de los míos. Puede ser generoso, pero a veces restringue claridad.
  • Me gusta que tengamos tiempo libre en familia, sin actividades fijas. En esos ratos, por ejemplo, me encanta salir a caminar.

Creo que tendré que hacer una lista con las fortalezas de Irene y otra con nuestras necesidades de familia… Viéndolo bien, no era tan sencillo. Queda en “continuará”. 😉

Imagen tomada de Short-Story-time.com

8 febrero 2012 at 09:42 5 comentarios

Socializar: ¿qué pasa cuando los niños no van a la guardería o al colegio?

Irene crece a pasos agigantados. O eso me parece a mí: cada día amanece siendo más ella, más clara, más autónoma, más niña y menos bebé. Lo que dice, lo que hace, la manera como expresa lo que siente y piensa, sus deducciones (que las hay), sus anhelos, sus juegos… Todo en ella es para nosotros una sorpresa y un descubrimiento. Ene veces he escrito que es imposible dimensionar lo rápido que crece un chiquito, pero cada día compruebo que incluso esa aseveración se queda corta. Estos últimos días las sorpresas han ido de la mano de su capacidad (o limitación, si puede decírsele así) de socializar: si bien a veces muestra reservas, poco a poco se va soltando más en sus relaciones con los otros. Por eso intuyo que abrirnos a nuevos espacios con pequeños va a enriquecer su desarrollo muchísimo más.

Imagen tomada de Skamasle Imágenes.

Desde sus primeros meses de vida tuve la impresión de que Irene era una niña sociable: sonreía, se mostraba tranquila ante extraños, se sentía cómoda fuera de su casita… Por supuesto había épocas en que también contaban las excepciones, pero incluso con ellas sentía -y cada día más- que nuestra hija no era tímida.

Pues bien: de un tiempo para acá frente a ciertas personas (que la saludan en la calle, que se acercan a hablarnos, que le acarician el pelo con palabras melosas, que la invitan a jugar con otros niños en el parque…) Irene intenta aislarse poniendo sus manos en su carita. Los dedos quedan un poco entreabiertos por momentos (para ver a hurtadillas), pero en otros además de la manita ella aprieta sus ojos. El mensaje es claro y mamá, aunque a veces le dice “saluda, mi corazón, a la vecina”, se queda tranquila.

Momentos después, cuando el “peligro” intimidante se aleja, la chiquita hace comentarios del estilo de: “yo no quería saludar a esa señora” o “mamá, esa vecina no me gusta” o (también, con tristeza) “yo sí quería hablar con ella”. También me ha dicho: “me asusté” o “¿dónde está el señor?”, etcétera, etcétera.

Paralelamente, además de la historia del lobo (y ahora del “pollo”, haciendo referencia a un muñeco gigante, con personaje disfrazado adentro, que camina en los centros comerciales promocionando una cadena de comidas rápidas), nuestra pequeña desde hace algunos días anda diciendo “mamá, a mí no me gustan los payasos” (y tuvo unos en casa en su cumpleaños) y otras tantas cosas más que evidentemente la asustan o por su tamaño o por sus gestos. Dice cosas como “el pollo es malito” (luego, tras una explicación de mamá y papá concluye que no es malo, “es amigo, pero a mí no me gusta”). Es decir: los veo, pero de lejitos.

Y entonces, por supuesto, recuerdo todo aquello que he leído y visto sobre la socialización de los niños: que sólo a partir de los tres años pueden interrelacionarse -compartiendo, negociando, interactuando- con otros niños, que los temores y los miedos son etapas de su desarrollo (naturales, por demás), que de manera innata, desde que son bebés, los niños tienen periodos de apego a sus papás y un montón de cosas semejantes. Pero a veces me rondan preguntas…

¿Nuestra pequeña debe socializar más?

En general no me ha preocupado sobremanera el tema, quizás porque realmente el temperamento de Irene es el de una niña simpática y tranquila que es recelosa ante desconocidos (con unos menos, con otros más), como nosotros mismos, pero con todas las ideas de escuela en casa rondando mi cabeza no está de más indagar.

Nuestra experiencia este fin de semana en su primera clase de baile (en la que, por cierto, continuará) fue reveladora en ciertos aspectos: Irene estuvo un tanto reservada al comienzo y, aunque le encanta moverse y bailar, no siguió fácilmente el ritmo de sus compañeras (niñas un poco mayores que ellas, de 3 años en adelante), tal vez porque ha estado menos expuesta a actividades de grupo y porque -juzgo yo- no ha tenido una profesora enfrente antes, indicándole que haga esto o aquello.

¿Y qué concluyo?

Creo que, desde el punto de vista de la socialización es importante encontrar espacios de interacción para los pequeños alrededor de los 2 años y medio -ya cada quien decidirá si deben ser de escolarización. Yo pienso que si se puede estar con ellos en casa, mejor no– porque ellos mismos, si no lo han tenido, los irán pidiendo. Siento que si viviéramos más en tribu (como dice Laura Gutman) no sería necesario recurrir a espacios externos, porque la misma familia proporcionaría esa socialización básica, pero como no es nuestro caso ni hay hermanitos ni primitos alrededor… la clase de danza, la visita a la biblioteca y el juego en el parque con los vecinos puede funcionar genial.

Confieso que me preocupé un poco al principio de la clase de este sábado porque pensé que nuestra chiquita se estaba perdiendo de algo, pero la vida se impusó y me desmostró, cinco o diez minutos después, que los niños tienen una maravillosa capacidad de adaptación y que aunque Irene no siguiera  a rajatabla (y sobre todo de inmediato) todas las indicaciones (algo que celebro en cierta forma, además) sí logró integrarse a la dinámica de grupo, manteniendo su atención (sorprendentemente), disfrutando de la música y el baile, e interactuando en la medida que se lo pedía la situación. No se aisló ni un solo segundo del grupo, no lloró, no se molestó. Simplemente tardó un poco más en entender la dinámica de “yo te indico y tú me sigues”.

En resumen, empezamos una socialización “formal” en la vida de nuestra chiquita que nos irá dando la pauta para otras formas de hacerlo. Y no ir al colegio (o a la guardería, para el caso), no limita el aprender a estar con otros. Como colofón, dejo un par de artículos (además de los links de Homeschooling que aparecen en la columna derecha de este blog) al respecto:

7 febrero 2012 at 08:15 4 comentarios

Alinear y guardar (y un poco más sobre homeschooling… ¡con links de recursos online!)

De manera natural, siguiendo sin duda la línea del continuum, Irene ha empezado desde hace algunos días a alinear sus juguetes… y las cajas de discos, los zapatos, los muñecos, los libros… También ha adoptado la disciplina de guardar las cosas (quizás orientada por una lógica sana de hacer lo mismo que nos ve hacer a nosotros o inspirada por la misma dinámica de juguetes como el que aparece en la foto, donde parte del juego consiste en meter las fichas en su “cajita”). Mi intuición (mi continuum) me indica que el camino para estructurar un poco su aprendizaje empieza a abrirse ante nosotros. Aún no tengo completamente claro cómo hacerlo, pero confío en que ese mismo sentido común me dé indicios. Son bienvenidos todas las ideas y recursos.

(Recursos que voy buscando en internet. Comparto aquí algunos de mis últimso descubrimientos. Con ellos, queda aún más claro que se aprende jugando y que es lindo cuando nosotros como padres hacemos parte del proceso.

Acabamos de superar un bicho gástrico indeseable -que dejo la oración “me duele mucho, mucho, mucho” rondando alrededor nuestro. Poco a poco volveremos)

2 diciembre 2011 at 09:25 4 comentarios

¿Y si optáramos por hacer escuela en casa?

Llevo meses leyendo -cada vez más atentamente- blogs de mamás y papás que practican Escuela en casa (o Homeschooling, como se conoce en inglés). Irene aún está lejos de empezar su escolarización; sin embargo, mientras más leo -y husmeo- sobre estas experiencias, me siento más inclinada a hacerlo… al menos como un intento. Tengo cerca de dos años para pensarlo… y una chiquita que me inspira cada día más. Obviamente, la primera pregunta es por qué quiero hacerlo. (¡Uff, no es fácil sintetizar una respuesta! Aquí va mi intento.)

Estos dos años con Irene han sido un total aprendizaje para nosotros. Y no sólo como papás: descubrir la capacidad (y deseo) de conocer y explorar de nuestra chiquita nos ha abierto las puertas a un universo realmente desconocido, que desborda cualquier expectativa y hace tambalear cualquier idea anterior que tuviéramos sobre la educación. Tener a nuestra pequeña en casa, sin guardería, además, nos ha revelado el potencial casi siempre oculto de los niños y su florecimiento -la palabra suena extraña, pero se ajusta a la sensación que tengo- en espacios de respeto, amor y atención particular.

Hasta aquí, todo suena un poco filosófico, pero puedo asegurar que en la práctica esto es perfectamente tangible y satisfactorio. Sé que no se puede comparar la formación de un niño de 2 años con la de uno de 7 o uno de 15, pero sí siento que esa máxima que reza que cada niño es un universo se ajusta perfectamente a la idea de que una educación personalizada y amorosa propiciará el mejor desarrollo de un pequeño.

En nuestro barrio

Y aterrizo con ejemplos: nuestros vecinos educan en casa a sus niñas (de 4 y 7 años) con resultados que -por lo menos hasta donde veo- se ajustan a los esperados en un colegio para niños de su edad. Siguen un currículo particular y cuentan con un ritmo claro de horarios, que se ajustan a las necesidades de su hogar, y la escuela en casa no significa ningún limitante para el desarrollo. Sus niñas, además, son simpáticas, juguetonas y amorosas, y padecen muchas menos enfermedades que mis sobrinos (que son bastante saludables) y los hijos de mis amigos, escolarizados desde los dos años. Obviamente -y no sobra aclarar- estoy hablando de una familia extranjera que siempre ha seguido ese modelo y que lo ve como algo natural. En Colombia, al menos hasta donde yo conozco, el Homeschooling no es una práctica común, a pesar incluso de que no exista ninguna ley que lo prohíba (al igual que en España, lo que tenemos es un vacío legal).

Pues bien, ese caso y la experiencia -apenas en sus inicios- de Náhuatl, me han hecho cambiar los prejuicios naturales de mi entorno (no alguno que diga que la escuela en casa es mala, sino aquellos que apuntan a que el colegio externo es la única vía que existe para formar académicamente a un pequeño). Adicionalmente, he empezado a entender que no necesito ser una sabia para suplir todas las áreas de conocimiento de mi pequeña (para eso existen los currículos, las clases extracurriculares y los profesores especializados a domicilio) y que no asistir al colegio no limita en lo absoluto el desarrollo social de un chiquito.

No quiero decir con esto que ya he tomado una decisión al respecto, pero sí que siento menos lejano e inviable el asunto… y que estoy realmente inclinada a hacer un intento (así sea en pre-kindergarten, con o sin currículo. El razonamiento de Náhuatl para decidir hacerlo con su hijo me ayudó a terminar de cambiar el chip. Muchísimo).

Cómo lo haríamos si nos decidimos

Inicialmente, estoy considerando estructurar un poco más mis rutinas con Irene, no basada en un currículo (aún es muy pequeña), pero sí inspirada en proyectos que ella misma quiera desarrollar. Es decir, si ahora practicamos el juego libre casi todo el tiempo, y pintamos, leemos, bailamos y paseamos cómo y cuándo queremos, mi idea es que lo seguiremos haciendo, pero potenciando las inquietudes y preferencias que van apareciendo en ella.

Con esto no quiero decir que ahora no lo hagamos, si no que quiero asumir el reto de integrar esa “rutina” a actividades particulares (en mi cabeza, no como una obligación pero sí como un propósito valioso). Para concretar, pongo un ejemplo: ahora que nuestra chiquita anda enloquecida con las hadas, quiero hacer con su ayuda un tapiz para que juegue con ellas (con el fieltro sobrante de su disfraz): un gran campo con animales, árboles y flores, que recortemos y peguemos juntas y que después nos sirva para jugar (la idea me surgió de acá). 😉

También quiero buscar algunos cursos externos (de baile o música) para ella. Veremos qué decidimos al respecto. Y, finalmente, según marchen las cosas, decidiremos si llegando la hora de entrar a su primer curso nos aventuramos a hacerlo con un currículo (Epysteme es la opción que he visto hasta ahora para hacerlo en español -pero en inglés hay muchísimas opciones más-… y me parece válido hacerlo de este modo, por el vacío legal que existe en nuestro país. Creo que si optamos por hacer escuela en casa, lo mejor es hacerlo con una guía y una certificación que nos permita en el futuro ingresar -si es el caso- sin contratiempos en la educación formal). Si no optamos por la escuela en casa, seguramente como la mayoría de los chiquitos Irene irá a un colegio externo… Veremos (por ahora, cada vez me inclino más a o no hacerlo. Más sabiendo que existe la posibilidad de estudiar “con certificado” en nuestro hogar).

Así que si les inquieta el asunto, les dejo algunos links que me parecen interesantes al respecto. Todas las sugerencias o recursos adicionales que conozcan, son más que bienvenidos. Mi idea, como verán, es tratar de tener todas las herramientas posibles para reflexionar.

Y tres videos más:

(Las partes 2, 3 y 4 de este video las pueden ver siguiendo los links ocultos tras los números)

3 noviembre 2011 at 11:10 8 comentarios


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