Posts filed under ‘Al aire libre’

¡Volvimos! (justo para celebrar tu primer añito, corazón)

Y llegamos llenos de ilusiones, recuerdos y sonrisas; llenos de alegría y amor. Celebramos la vida, Irene, tu vida… y la nuestra, multiplicada ad infinitum por la tuya. Iniciamos un nuevo ciclo, pleno de historias y experiencias. 😉 ¡Feliz cumpleaños, chiquita!

Pacífica.

PD: Y volvemos también a las casitas amigas. Perdonen las ausencias…

9 agosto 2010 at 20:02 7 comentarios

“Guau”

A propósito de nuestra peque y los animalitos, dejo una evidencia de lo dicho. Y aclaro: no hace como perro. Lo busca y lo llama (a él, al gallo, al pájaro, al gato…).  Un regalo para el espíritu y para el corazón.

[Aviso: Recuerdo las políticas de nuestra casita, de no videos ni fotos de la chiquita. Hago un paréntesis temporal hoy, hasta el lunes próximo, para esta otra gran familia. A partir de entonces, habrá video con audio pero sin imágenes. ;)]

16 julio 2010 at 07:42 7 comentarios

El bebé y los animales: una combinación maravillosa, para rescatar

Contrario a lo que muchos pensarían, los animales son uno de los mejores estímulos para un bebé. No gratuitamente juguetes, libros, dibujos, música y un sinfín de artículos infantiles están inspirados en ellos. Sin embargo, algunas familias ven con malos ojos la convivencia entre mascotas y bebé y llegan, incluso, a prescindir de ellas cuando se aproxima la llegada del pequeño, a pesar de que en la mayoría de los casos son más beneficios que riesgos los que esta combinación genera.  Un poco de información al respecto, un cuidado y aseo responsable de los animales y la vigilancia y compañía consciente de unos y otros pueden garantizar no sólo una cotidianidad satisfactoria sino, también, estímulos y desarrollos beneficiosos para el pequeño.

Nuestra experiencia ha sido grata: tenemos en casa a una chiquita que se acostumbró a ver cuadrúpedos con pelos a su alrededor y que aprendió a simular el ladrido de los caniches mucho antes de decirnos mamá o papá. Una vez tomó conciencia de su entorno y pudo ver con claridad lo que la rodeaba, Irene celebró con miradas, atención y sonrisas la presencia de sus gatitos.

Hoy las sonrisas han pasado a ser carcajadas, las miradas se han convertido en caricias (a veces no tan suaves; hay que estar pendiente y ayudarle a que entienda que son seres vivos que deben protegerse y cuidar) y la atención ha devenido en un sinfín de estímulos para su desarrollo que pasan por sus habilidades psicomotoras (creo que nuestra chiquita aprendió a gatear -y a hacerlo más rápido- básicamente porque quería alcanzar a sus gatos), emocionales (tiene plena conciencia de su compañía, le agrada y la celebra con felicidad en su carita) y cognitivas (nuestra chiquita reconoce los animales, los analiza con cuidado, intenta simular los sonidos que hacen y responde acertadamente, con ruidos o gestos, a preguntas como “¿dónde está el gato?, ¿cómo hace el perro?, ¿dónde están los pájaros?” y un etcétera similar.

¿Por qué se habla entonces de riesgos en la convivencia entre mascotas y pequeños?

Creo que por desinformación y mala prensa. Los riesgos deben ser directamente proporcionales al tipo de animal que tengas en casa (obviamente no serán los mismos si vives con un gato, un perro grande o con una boa constrictor) y a los cuidados médicos (vacunas, por ejemplo) e higiénicos que se le suministren al animal.

Muchos de nuestros familiares y amigos preguntaron antes de nuestro embarazo, por ejemplo, si nuestros gatos no representarían un riesgo para el bebé. La respuesta y la fuente (mi ginecóloga) que la suministraron fueron claros. “No”: Si ellos de antemano eran portadores de enfermedades como la toxoplasmosis, nuestros cuerpos ya habrían creado las defensas para combatirlas, y convivir con ellos, llegado el embarazo, no supondría ningún riesgo. Si no lo tenían (y nosotros no salíamos positivos en las pruebas a la enfermedad), simplemente debíamos evitar entrar en contacto con animales extraños durante el embarazo y mantener en casa a nuestros mininos, garantizando el mismo círculo de inmunidad en el hogar. Aquí encontrarán una entrada completa y precisa (en otro blog) sobre las verdades y los mitos de lo que representa la convivencia con un gato, completa y divertida además (se las recomiendo muchísimo).

Agrego, a modo informativo, que la toxoplasmosis -que suele adjudicársele a los gatos- se adquiere en la mayoría de los casos por la ingesta de carne semicruda infectada (de bovino) y que sólo el 2% de los contagios se da por los felinos (y para ello habría que haber entrado en contacto con heces infectadas… ingiriéndolas. O_O). No hablo de otras enfermedades porque los otros casos que se asocian a contagios por animales domésticos suelen ser más vagos. Sí digo que los pelos no ahogarán a nadie, que las alergias se generan, usualmente, más por falta de costumbre y que, incluso, en caso de tenerlas (ellas o el asma), se pueden tratar sin sacar del hogar al animal. De hecho, suelen complicar más este tipo de afecciones el polen primaveral y los ácaros represados en tapetes y moquetas. Un gatito bien aseado y cepillado puede dar más sonrisas que estornudos. 😉

Así que… ganan las ventajas

Una mayor resistencia a enfermedades (incluyendo asma y alergia) y una sensibilidad natural y consciente sobre la importancia de la naturaleza y la vida son algunas de las ventajas que pueden venir aunadas a una mascota en el hogar. Hay muchas otras (como que, por ejemplo, el pequeño crezca sin miedos infundados a animales domésticos que pueden estar en cualquier sitio, facilitando de este modo su espíritu, su vida y la de sus papás… he sido testigo de muy malos ratos de niños aterrados que quieren subirse a mesas, bibliotecas, escaleras y cualquier estructura en altura con tal de no tener animales cerca), pero suelen estar asociadas al tipo de mascota que se tenga y a la interacción que se tenga con ella en la casa. Por supuesto, las ventajas y los riesgos dependen muchísimo de actitudes responsables por parte de los padres: no debe dejarse nunca solo a un niño con una mascota, por mansa que sea, tanto por la seguridad del pequeño como por la del animal; debe propiciarse un acercamiento paulatino entre los dos miembros de la casa para evitar resentimientos o celos; debe enseñársele al niño que una mascota no es un juguete, que puede enfermarse o morir si no se trata como un ser que respira y siente; deben tenerse al día las vacunas de la mascota; deben mantenerse fuera del alcance del pequeño los alimentos y las deposiciones del animalito, entre muchas más.

Finalmente, para justificar el título, recomiendo -tanto para padres con o sin mascotas en casa- la visita a parques, acuarios y zoológicos, las conversaciones constantes con el pequeño (de brazos o andante) -cuando haya oportunidades- sobre la naturaleza y sus habitantes, y la superación de mitos y temores sobre los animales. 😉 Si lo permitimos, pueden ser una compañía didáctica, amorosa y hasta protectora y puede complementar gratamente el desarrollo emocional, físico y cognitivo de los niños.

PD: ¿No les resulta curioso que todos los libros de Irene (unos 10) son de animales? Es más, 9 son de la granja… y sólo uno ha sido comprado por sus papás.

[Y aquí, los links relacionados: Animales de compañía y la llegada del primer hijo: ¿qué hacer?, Recomendacioens y cuidados antes y durante la llegada del bebé, Bebés y mascotas son compatibles, No hay que abandonar una mascota porque llega un bebé, La mascota y el bebé, “un animal de compañía educa el niño”, Gatos y bebés: un binomio posible, Proyecto mascota: la llegada de un bebé y Qué hacer para que tu perro acepte a tu bebé].

14 julio 2010 at 06:34 9 comentarios

La vida sin televisión (Update)

Hace casi cinco años erradicamos de nuestra vida la televisión. Y aunque nunca fuimos adictos a ella, sólo hasta ese momento nos dimos cuenta de la cantidad de vida que perdíamos en frente suyo y de la calidad de vida que ganábamos sin verla. Hoy, después de muchas caras asombradas, protestas y hasta miradas maliciosas de vecinos, mantenemos felices nuestra decisión, con la conciencia de que aquello de que “es necesario verla” (para estar informado, dicen, para relajarse, para no vivir en otro planeta y un largo etcétera) es falso. Con el nacimiento de Irene, los comentarios regresan (“para que sepa de qué va el mundo, para que no se sienta una extraña con otros niños”, bla, bla…), pero sabemos el espacio ganado y creemos que es mucho más lo que le aporta a su vida y a la nuestra vivir sin esa caja de pocas sorpresas. No quiero sonar drástica, pero creo que el mundo sería otro si más personas prescindieran de la televisión.

Foto: snostein/Flickr

Un poco de azar y un poco de decisión sacaron de nuestra vida la televisión. En una mudanza anterior, al llegar a la casa que ocuparíamos descubrimos que la única conexión de cable para el patoaparato estaba dentro del cuarto. Siempre me negué a tener una televisión dentro de la habitación (cualquiera) por considerarla un interruptor definitivo de la comunicación. La decisión, por tanto, fue simple: el fin de la televisión. Sin alternativas de un “pidamos conexión para otro lado” ni nada por el estilo, porque nuestro paso por ese espacio era transitorio y porque no sentíamos la necesidad apremiante de tener el aparato encendido. Cual mueble más de la casa, el televisor pasó a ser casi decorativo, excepto algunas ocasiones en las que lo usábamos para ver una que otra película (afición poco común entre mi niño y yo). Con el paso del tiempo y de la tecnología, hoy usamos más el computador para esto último y relagamos a un “ningún lugar” de la casa el televisor.

Lo sorprendente fue que al mismo tiempo que abandonamos la programación televisiva empezamos a descubrir espacios en nuestra vida que mejoraron sustancialmente nuestra cotidianidad y nuestra comunicación (y debo decir que no era para nada mala, de antemano): comenzamos a salir a pasear con más frecuencia (casi diariamente), a leer muchísimo más que antes (rotando libros que siempre habían estado esperando que los miráramos después de comprarlos), cocinamos juntos tomando un vino y charlando; pasamos más tiempo fuera de casa que dentro, hacemos deporte (yo a veces, mi amorcito siempre), tomamos fotos, viajamos… Y ahora con la peque, disfrutamos del clima tropical y del parque a diario, jugamos muchísimo en casa, leemos cuentos, caminamos, cantamos, hablamos… En resumen, saboreamos profundamente la vida y estrechamos inmensamente nuestros lazos.

Y aclaro que no creo que éste sea el único camino para hacerlo, pero sí que pienso que cuando se tiene un televisor encendido en casa este tipo de escenarios comunes comienzan a diluirse por el poder increíble de absorción que tiene el televisor. No sé si han hecho el ejercicio, pero nosotros sí: basta con tener encendido en frente de alguien la televisión para ver cómo (a nosotros mismos nos pasa) resulta inevitable clavar la mirada en ella y, por tanto, termina siendo imposible sostener ninguna conversación (fluída y atenta, al menos). Si a eso se le suma que la programación disponible es poco menos que mala y que fácilmente se pasan horas y horas y horas esperando a que empiece el programa que me gusta (que, claro, entretiene, pero difícilmente suele cambiarle a uno la vida), pues la conclusión es sencilla: es mejor prescindir de la televisión.

Añado, además, que no es gratuita la tendencia que hay de pasar un poco del televisor para clavarse en el ordenador (próxima meta: quiero dejar de usarlo al menos cuatro días a la semana. Es que creo que es mejor la vida real que la vida en pantalla), o la de una televisión “a la carta”, como sucede ahora en buena parte de EEUU, en la que la programación la establece el espectador. Ambas indican que los tiempos en los que otro decidía qué veíamos (en qué orden, a qué horas, etcétera) empiezan a verse relegados. Aún en esos casos, insisto, me gusta más vivir sin televisión.

¿Y eso afecta en algo a la chiquita?

Creo que sí, pero no sé si la afectación sea tangible ahora… lo que sí sé es que será muchísimo más palpable en el futuro, que es cuando los niños suelen engancharse más a la televisión. Hasta aquí, Irene es (no sé si sólo por falta de pantallas o por temperamento) una niña sociable, tranquila, amable. Y muy activa: he hecho el ejercicio un par de veces de sentarla frente al computador y ponerle un video o una película… y me he dado cuenta de que se anestesia igual que todos. Por ello, comparto feliz y firme nuestra experiencia. Prefiero ver las películas en cine (aunque ahora debamos verlas en casa porque no podemos salir dejando a la pequeña). Y me encantan (pero las buenas). Cuando hay un documental o un video que me interesa, casi siempre lo encuentro disponible en Google Video, Youtube, Dailymotion, Megavideo, Vimeo o cualquiera de ese tipo de servicios de video online), así que eso tampoco es una pérdida… es más, termina también siendo ganancia porque puedo verlo sin cortes de comerciales, deteniéndolo cuando quiera y compartiéndolo, incluso, si quiero, en espacios como éste). En fin. Prefiero la vida en tres y más dimensiones. Y lo recomiendo a ojo cerrado. Se puede y es maravilloso vivir sin televisión. 😉 El mundo sigue siendo el mejor ocio.

(Y no somos los únicos: Maxylola, RinzeWind, Guachapeli, Juan Antonio González Fuentes y muchos más que no sigo buscando porque ya es suficiente. Lo curioso (y común) es que casi todos terminaron viviendo sin ella un poco por azar, como nosotros. Creo que estamos tan acostumbrados y familiarizados -¡¡¡algunos incluso la tienen en el cuarto!!!- que se nos olvida que puede no estar. 😉 Ah, y creo, seriamente, que se está mejor informado cuando se lee prensa o se oye radio. La televisión suele dar las noticias tan superficialmente… En fin.)

UPDATE: Se me había olvidado pegar una tira cómica de Magola, publicada hace como 2 semanas en El Espectador, justo cuando andaba con este tema en la cabeza. La sacaron muy a propósito de las Elecciones Presidenciales en Colombia. Se vale por sí misma, ¿no?

Autor: Nani

11 junio 2010 at 20:54 16 comentarios

De nuevo en casa: ¡Qué rico viajar!

Pasó Semana Santa y con ella una pequeña escapada en familia para descansar. Esta vez el escenario fue totalmente distinto a nuestros destinos anteriores con Irene: verde, rupestre y MUY tropical. Ella confirmó -cuando menos hasta ahora- que  todos los escenarios, climas y tiempos son de su agrado: no hubo trasnochos ni desvelos por los cantos de los perros, los gallos, los grillos, las vacas, los sapos, los caballos… Tampoco hubo quejas por el calor o los mosquitos. Por el contrario, hubo, sí, muchas risas por la amplia y novedosa variedad de ruidos y una chiquita cada día más despierta. ¿Conclusiones? Las mismas de nuestras anteriores escapadas: los niños son totalmente adaptables y disfrutan, si lo hacen también sus padres, con los cambios y los retos de los viajes. 😉 Como la más pura campechana, Irene gozó con nuestro verde montañoso y tropical. Un destino para regresar.


5 abril 2010 at 14:57 8 comentarios

Ahora sí, ¡Irene a la piscina!

Hace una semana, el sábado para ser más exactos, Irene asistió por primera vez a natación. Aunque ya había estado regodeándose en una gran tina (que bien podría ser su piscinita personal), ésta fue formalmente su primera zamullida en una piscina. Pataleó, gozó, observó atentamente a otros niños y experimentó algo que sin duda vendrá para ella en el futuro: su primera clase de natación.

Y hay conclusiones: después de chapucear felizmente con su padre, confirmamos que los peques son esponjitas que sienten nuestra tranquilidad y nuestro miedo (y nuestra rabia y nuestro dolor, aunque eso no viene al cuento, así como nuestra felicidad y nuestro amor, que sí queremos que sean constantes… me voy yendo lejos, vuelvo). Y confirmamos también que, como suele ocurrir en estas nuevas tareas de ser padres, los aprendices somos nosotros: debemos ser menos sobreprotectores, sí cuidadosos, y confiar en las capacidades de nuestros pequeños y del entorno en el que nos movemos. Con una buena guía (un buen profesor), buena información y las medidas necesarias, la experiencia en el agua puede ser gratificante para todos. No sé si continuemos ahora mismo por asunto de horarios, pero es definitivo que queremos que nuestra chiquita aprenda a nadar pronto. Ama el agua y ese amor, seguro, es herencia de su padre. Así que ya les contaremos cómo avanzan estos periplos. Por lo pronto, deleítense como nosotros con nuestra s-irenita. 😉

28 febrero 2010 at 10:06 Deja un comentario


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