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Ritmo

Volver a bailar después de tantos, tantísimos años, redescubrir la sinuosidad de los movimientos y ver a nuestra chiquita gozar y fluir con ellos me ha hecho recordar lo importantes y necesarios que son los ritmos en nuestra vida: para respirar, para comer, para caminar, para pensar, para palpitar, para sentir, para amar. La lista podría ser infinita. Pues bien, así como en otro momento escribí una entrada sobre la rutina (otra manera de llamar al ritmo, quizás), hoy quiero hablar sobre los cambios recientes en nuestros ritmos y sobre la “música” de vida que ahora nos gusta danzar e interpretar. Tengo esperanzas de que con ellos muchas más cosas buenas vendrán. 😉

Imagen de Damien Frost, vía El blog alternativo.

Creo que lo he dicho otras veces: este año en nuestras vidas ha sido fundamental. Y pienso que en buena parte su importancia se centra en los ritmos. Ha sido un año de siembra y, sobre todo, de cosecha, un año de redescubrir, fundar, fluir e inventar. Ha sido un año para crear y, no sé si las palabras alcancen a ser precisas, ha sido un año para amar.

Estar juntos, palpitar juntos, crecer juntos, concebir y engendrar (no encontré un sinónimo más preciso para CREAR) nos ha reconectado como individuos, como pareja y como familia. Y la experiencia ha sido maravillosa, incluso a pesar de los cambios necesarios -que hacen parte justamente de ese “fluir” que implica el ritmo- en los movimientos, las cadencias  y la tonalidad de nuestro flujo vital.

No voy a extenderme en prólogos, pero la definición misma de ritmo ilustra en buena medida lo que sentimos. Y así como intenté fijar proyectos a comienzo de año para nuestra vida, la premisa central de FLUIR (que es justamente la raíz griega de la palabra: rheos) ha sido el eje central que ha permitido que este año sea tan especial.

Los flujos de la naturaleza (que a veces parecen esquivos a los sentidos en esta tierra tropical), los flujos emocionales y los flujos racionales se han ido asentando en nuestra vida casi en la misma medida en que hemos potencializado nuestros ritmos (debería decir nuestros poderes, pero la palabra suena esotérica a pesar de que la sensación de fuerza interna que genera me clava inevitablemente en ella). ¿El cómo? No sé. Intento fijarlo un poco en palabras y hechos concretos: con nuestro cuerpo más allá de nuestra mente, con nuestro sentir más que nuestro pensar.

Yo, como lo he dicho antes, con el baile (una de mis profesoras dice que la conciencia del cuerpo y la conexión de la música activa cada uno de los chacras de nuestro cuerpo); Irene siendo una niña (creo que su reconexión es mucho más espontánea que la nuestra y que actividades como jugar, estar al aire libre, bailar, cantar, etc., ayudan a ello. Cualquier desconexión o alteración de sus ritmos, ahora pienso, se deben a nuestro propio influjo en ellos); y papá por sí mismo, la conexión con sus ritmos y, quién lo diría, el encuentro con una médica maravillosa (además de nuestra hermana del alma) que le  ha hecho terapias de rolfing. No creo que estas sean las únicas vías de encuentro con nuestros propios flujos, pero sí considero que en nuestro proceso estos tres hechos han sido una ayuda fundamental. Agrego también que todos se pueden resumir como una reconexión con el cuerpo, que es un cambio sustancial en nosotros mismos y en nuestra perspectiva de la vida, tan occidental, tan precisa, tan racional [suspiro].

Y creo que podría seguir haciendo un listado de aspectos que nutren nuestra música y con ello nuestras cadencias: sembrar una huerta y ver, palpar, comer y sentir la generosidad de la naturaleza ha sido otra vía más. También estar cada vez más cerca de la tierra, de la luna, de mis propios ciclos femeninos. Nos falta un trecho inmensísimo, pero los resultados han sido invaluables. Esos sueños de comienzos de año (que incluían escribir como la ilusión central) se materializan más cada día. ¡Vale la pena fluir, danzar, amar! Quiero seguir encontrando nuestros ritmos, ahora especialmente con Irene. Les contaré cómo nos va (espero que menos etéreamente ;)).

[Gracias por sus palabras y su compañía de siempre. Un abrazo.]

Imagen de Eadweard Muybridge (sXIX).

23 agosto 2012 at 07:32 5 comentarios

La piscina

Cada día al lado de Irene es sorprendente… mucho más desde que podemos hablar con ella y entender todo (bueno, casi todo) lo que quiere.

Gracias a sus palabras y a sus gestos descubrimos la infinitud de su mente: ésa misma que hace que quiera meterse en la “pichina” de un libro que leía con papá (quitándose -por iniciativa propia, sin que nadie le insinuara que nos metiéramos, zapatos y medias para hacerlo) y que quiera, además, que nosotros la acompañemos. Anoche humedecimos nuestros pies en el agua azulada y entintada de Maniática de la explicación. Aún tenemos el corazón mojado y goteando amor. Vivir a su lado es caminar todos los días por el cielo. 😉

PD. La imagen es de hoy… la de ayer quedó grabada en el recuerdo. La imaginación de los niños es un mundo (¿innato? No sé, pero -cuando menos- inmenso).

2 mayo 2011 at 08:55 5 comentarios

¿Hasta dónde debemos llegar?

Ayer, un poco por azar, vi con Irene Le renard et l’enfant, una película francesa de 2007 dirigida -y en parte escrita- por Luc Jacquet. La historia, impactante en sus imágenes y conmovedora desde la perspectiva de la protagonista, tiene una moraleja que -aunque puede parecer sosa a algunos- deja mucho en qué pensar: ¿qué tanto debemos intervenir como hombres en la naturaleza y qué entendemos por amar?

La anécdota es sencilla: una niña que camina por el bosque se encuentra accidentalmente con un zorro que la cautiva con sus saltos. El encuentro, fortuito, da pie a una persistente búsqueda de la chiquita y, lentamente, a la domesticación, por su parte, del animal. Lo interesante de la historia, sin embargo, surge cuando los deseos irrefrenables de la pequeña por estar y tener consigo al zorro revelan lo lejos que estamos como seres humanos de una sensibilidad respetuosa y amorosa por la naturaleza. La conclusión, elemental en las palabras pero distante en la práctica, es que debemos dejar que la vida siga su curso y que amar no es poseer si no dejar en libertad. (Por cierto: Luc Jacquet, director de la película, ganó un Óscar a mejor documental por El viaje del emperador. Lo menciono por si quieren darse una idea de por dónde va esta película con imágenes también de documental.)

¿Debo decir que el final me impactó mucho y que al tiempo que corría la historia yo también deseaba encontrar al zorro y acariciar su lomo? Tal vez no; pero sí debo confesar que me cuesta -y mucho- entender que no podemos controlarlo todo y que amar implica la mayor de las veces soltar.

Al respecto, recuerdo dos anéctodas: la primera, la muerte de uno de mis gatos, amado y aún hoy extrañado, tras una caída absurda por la ventana, un encuentro con los dientes de un perro y, finalmente, una leptospirosis que hizo colapsar sus riñones. Cada una de las acciones que precedieron y acompañaron el mes de enfermedad y sufrimiento de él y de nosotros hicieron parte de una lección amarga y dolorosa: que no somos dioses y que quizás muchas de las cosas que hacemos “por el bien” de otros son en realidad acciones que hacemos más por nuestro “bien”(estar) y que en ocasiones juegan en contra de los demás. La segunda anécdota, también felina, ocurrió tras el rescate de una gatita de unos dos meses, con una de sus patas delanteras partida, temerosa y amorosísima, que tras sentirse sola y encerrada en la noche saltó por la única ventana que encontró su alcance… para morir seis pisos abajo. No fue en mis manos, pero es como si hubiera sido porque fui yo quien la rescató de un parqueadero y le encontró un nuevo hogar.

En ambos casos, los felinos estuvieron rodeados de amor y felicidad. Y también en los dos sucesos, los cuidados extremos que recibieron devinieron en tragedia, pues de un modo u otro propiciaron su partida. En el primero, porque  la ventana por la que cayó (que no tenía gran altura) estaba apenas abierta (temía justamente que los mininos se cayerán, pero no quería que les faltara el aire). Consecuencia: el gatito pudo salir pero no volver a entrar. En el segundo, porque el gatito parecía haber pasado ya por una experiencia traumática (su patita lo decía) y quizás lo último que quería era sentirse preso. Consecuencia: amado pero no libre no significa felicidad.

Las conclusiones o no sobre estos hechos ya no rondan el “debí o no debí hacer”, van más por el lado del título de esta entrada y mucho más cercanas a nuestra hija (ya no sólo a la naturaleza silvestre y de cuatro patas, que, ¡claro!, también hay que tener en cuenta). No tengo respuestas definitivas y dudo que llegue a tenerlas, pero me gustó sentirme nuevamente cuestionada con la película porque creo que aunque ser padres implica un aprendizaje continuo, a veces sentimos que ya tenemos todas las herramientas necesarias para ello… Y no: los caminos se bifurcan y no se acaban y nuestra única misión es andar y desandar. Quizás debemos dejar que la naturaleza siga su rumbo, disfrutar el camino y tratar de recorrerlo felices. Las caídas, al igual que los parajes que encontremos, serán sólo una parte del paseo. No es fácil, pero haremos el intento.

(Si quieren ver la película, titulada en castellano como Una amistad inolvidable, -ya dejo dos videos: uno con el trailer y otro con un compendio de su música e imágenes- pueden encontrarla acá. Se las recomiendo profundamente.)

16 febrero 2011 at 10:38 6 comentarios

♥ Amar ♥

[Nuestra interpretación de los amores y gustos de Irene… a sus trece meses y catorce días de edad. ;)]

♥ Amo a pa-pa. ♥ Amo a ma-ma. ♥

♥ Amo al abuelo, a mi tíos y a mis tías. Amo los niños, la familia. ♥

♥ Amo los perros, los gatos, los pájaros, las vacas, los peces, los caballos. ♥

♥ Amo mi independencia, los abrazos, los besos, la lechita. ♥

♥ Me gustan el chocolate, las escaleras, las rampas, pasear en el coche o con ma-ma y pa-pa de la manita.♥

♥ Me gustan los árboles, los paseos buscando pájaros y perros, bañarme en agua caliente, imitar los animales, jugar, lavarme los dientes, llenarme la cara de sonrisas. ♥

♥ Me gusta darles besos a pa-pa y ma-ma, pasar las hojas de los libros, meterme cosas a la boca, esconderme como un chucho, perseguir a los gatos, soplar silbar como los pájaros,pasear por mi ciudad y por mi casita. ♥

♥ Me gusta ver fotos de papá, meter juguetes en las cestas, jugar con el teléfono, hundir luces, comer frutas, coger flores, caminar sobre el pasto, bailar, bailar, bailar. ♥

♥ Digo sí y digo no con mi cabeza. Y me gusta tomar decisiones. Me gusta que me entiendan. ♥

♥ Me gusta que me expliquen todo porque entiendo. Y me río y hasta opino con algunos monosílabos. Me gusta hablar. ♥

♥ Amo vivir, amo reír… Y amo tener alguien que viva conmigo mis historias… Amo sentir el amor de mis papás. ♥

[Y nosotros te amamos. Infinitamente. Chiuck]

22 septiembre 2010 at 10:43 6 comentarios


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