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Menos cosas, más felicidad (7): lo que nos falta

Pensaba que éste sería el último post de esta serie (al menos en una primera entrega -quizás en el futuro vengan más-), pero no. He decidido dividir el contenido de esta entrada en dos: un post sobre los hábitos y las acciones que considero que nos falta poner en práctica (y que espero adelantar dentro de poco) para simplificar más nuestra vida y un texto final sobre alternativas de Simple Living que me gustaría experimentar, pero que no estoy segura de hacer, ya sea por limitaciones reales de nuestra vida o por falta de voluntad.

Foto tomada de Oposiciones.

Simplificar implica tomar ciertas decisiones que permitan hacer más fácil nuestra vida, no sólo por la comodidad que brinden, si no por la naturalidad y correspondencia que nos puedan dar. Así, lo que puede ser alternativa para unos, puede no serlo para otros, o -incluso- decisiones que hoy no nos parecen correctas o sencillas, pueden ser las que en definitiva nos permitan vivir más plenamente en el futuro.

Quizás por ello, por ejemplo, no opte nunca por educar en casa exclusivamente a Irene (aunque racional y emocionalmente me parezca un reto y una experiencia maravillosos); puede que no termine viviendo en una ecoaldea (aunque al leer sobre ellas piense que son admirables y que sería realmente enriquecedor hacerlo); creo que no llegará el día en que compre todos los productos que consumimos en tiendas orgánicas (que sí, que cuando menos hasta hoy son muchísimo más caras)…

Pero ninguno de esos “no” supone una limitación definitiva, porque puedo darles la vuelta y en su lugar, por ejemplo, llevar a mi chiquita a un colegio y seguir de cerca su proceso de aprendizaje, enseñándole en casa muchas de las cosas que no verá en el aula o complementando su educación con experiencias cotidianas (ir a una granja, leer, cocinar…) de pedagogías de escuela en casa que, sin duda, ampliarán su espectro y la acercarán al tipo de enseñanzas que también quiero. Puede que no termine en una ecoaldea, pero sí puedo intentar hacer un huerto en casa, en maceta, aunque sólo sea para ciertas yerbas aromáticas. Y, también, puedo no ir de compras a tiendas orgánicas, pero sí intentar comer una dieta más sana, con frutas y verduras frescas y con productos naturales adquiridos, todo lo que pueda, directamente con su productor (también puedo utilizar –como decía en la entrada anterior– productos corrientes, como el vinagre o el bicarbonato de soda, para nuestro aseo y el del hogar, en lugar de adquirir alternativas naturales un poco más costosas fabricadas por otros). O puedo considerar hacer mi propia huerta (urbana, por ejemplo, de esas que se hacen en macetas -no importa si es sólo una- al lado de una ventana o en una terraza o balcón). Como ven, pienso que siempre hay una opción (y creo que la creatividad se potencia más en escenarios como estos en los que nos preguntamos cómo podemos hacer algo… sin darnos por servidos con la primera respuesta que tengamos a manos).

Por eso, aparte de presentar en las entradas anteriores mis intentos actuales por vivir con menos y mejor (dejando por fuera, por despiste, opciones que considero también válidas, como cocinar con gas en lugar de energía eléctrica y separar los desechos orgánicos -aún debo depurar más el bote del material no biodegradable para separar realmente lo reciclable), hoy incluyo el listado de algunas acciones concretas que espero poner en marcha pronto. Nuevamente, espero ideas extras:

  • Cambiar todos los bombillos tradicionales de luz (incandescentes) por bombillos ahorradores (de luz fluorescente). Ejecutado en un 80%. Lo que me falta no lo he hecho por despiste o porque debo cambiar lámparas (no todas son compatibles con este tipo de bombillos, que requieren circulación de aire) o interruptores (los que tienen una luz piloto para ver el interruptor en la oscuridad no funcionan bien con la luz fluorescente: hacen que el bombillo quede titilando al apagar).
  • Ahorrar el consumo de agua (y ojalá reutilizar aguas residuales “limpias”). Lo aplico pero sólo parcialmente. Alternativas: usar vaso para lavarnos los dientes (en lugar de dejar el grifo abierto), reutilizar el agua del baño de Irene en el riego de las plantas, cerrar la llave mientras se lavan los platos y ser valiente y bañarme en cuanto abro la ducha en lugar de esperar a que se caliente el agua. :S
  • No comprar agua embotellada. Sale más cara que el combustible (que aqui, aunque seamos productores, tiene precio internacional). Vivimos en una ciudad con agua potable por lo que podemos tomar agua del grifo, sin más. Comprar agua embotellada implica enriquecer a grandes multinacionales, pagar más por el agua que yo misma puedo tener en casa (casi toda el agua embotellada proviene del grifo), contaminar con la botella que queda después de usarla (que nunca es retornable) y correr el riesgo de consumir tóxicos provenientes del plástico de la botella. No sé cómo sabiendo todo esto sigo comprándola algunas veces. ¿Alternativa? Usar una botellita (no sé de qué material) que pueda llevar conmigo a todas partes… después de llenarla en casa. Si voy a sitios que no tienen agua potable, llevar agua de mi hogar. (Dejo por cierto el video que hizo Annie Leonard al respecto. Vale la pena mirarlo. Son sólo 8 minutos más)
  • Desconectar aparatos eléctricos que no están en uso. Dicen que consumen energía de este modo… ¡Y son muchos! El cargador del móvil cuando no está cargando, el radio, el computador…
  • Reducir mi tiempo frente al ordenador. Dije que quería hacerlo sólo tres veces por semana, pero no lo cumplo. Es absurdo el número de veces que reviso mi correo (¡y no trabajo!). Creo que internet es una herramienta útil, sin duda, pero que puede engolosinar más de la cuenta y robar tanto tiempo como el televisor… Me propongo optimizar el tiempo que le invierto y no pasar tantas horas frente (o de lado, mientras Irene camina cerca o juega) en el computador. Este blog se alimenta casi siempre dos veces por semana: anuncio que seguirá haciéndolo sólo entre lunes y viernes (a lo mejor así me relajo un poco otros días y comienzo a poner en marcha esta decisión).
  • Deshacerme de toda las cosas que no uso (reducir, reciclar, regalar). Me da pena decirlo, pero es una tarea que tengo pendiente desde hace mucho: papeles, ropa, zapatos… creo que no crecen porque no compro casi cosas nuevas, pero acumulan espacio innecesario (y congestionan mi vida y mi energía). Ahora, digo, espero a que crezca un poco Irene para poder hacerlo calmadamente (esta chiquita no pierde apertura del armario para iniciar la tarea ella sola, cogiendo todo lo que tiene a mano y tirándolo fuera). Públicamente afirmo que espero hacerlo a más tardar en las vacaciones de fin de año… Y con ese compromiso aviso reporte de cuando lo haga. Aghhh…
  • Limpiar mis cuentas de correo electrónico (que deberían ser una sola… ¡qué vergüenza!). Tengo cientos de correos acumulados, que ya no leí (y aún aparecen como nuevos) o que ya miré y no debería guardar más. En teoría no me afecta directamente porque están en un servidor gratuito, pero deben estar molestando a alguien, pues ocupan un espacio innecesario. Al igual que sucede con cientos de papeles que sigo guardando de manera absurda (a pesar de muchos no los miro desde hace más de diez años), debería seleccionar todo y decir delete. Estoy segura de que cuando lo haga, circulará un aire fresco dentro de mi cuerpo.
  • Reducir libros de nuestra biblioteca. Hay muchos (muchísimos) que sobran, que deberían circular. No los usamos, los tenemos repetidos o no nos interesan. ¿Para qué seguir acumulándolos entonces? La tarea aquí es convencer al esposito… que no sé por qué se niega. Estoy segura de que si lo hiciera no se daría ni cuenta. 😦
  • Organizar fotos viejas. No las boto porque son recuerdos agradables… pero reconozco que no les he dado el trato que se merecen y que por tenerlas simplemente amontonadas se empiezan a deteriorar.

Creo que hay muchas más tareas pendientes, pero no las recuerdo ahora mismo. En resumen, creo que con los principios básicos de Simple Living (bueno, en nuestro caso, al menos, las premisas sugeridas por Tammy Strobler -de Rowdy Kittens-, de reducir, donar, compartir, darse un lapso de 30 días antes de las compras (evitar las compras impulsivas), organizar los objetos que nos rodean, asumir el reto de 100 Thing Challenge y tener paciencia) y una mirada, juiciosa y honesta, de nuestros hábitos y rutinas habría muchas cosas que podríamos hacer por nuestro bien y el de quienes nos rodean. Seguiré pensando en alternativas extras para nosotros… y les contaré cómo nos va con estas (y no escribo más en este post porque la idea no es que se cansen sino que nos lean… y que comenten y pongan algo similar en práctica. ¿Se arriesgan? ;))

[Y añado links de apoyo: una página simple y concreta sobre las características básicas -y prácticas- de una ecoaldea, una serie interesantísima de artículos de permacultura (que es el diseño de hábitats humanos sostenibles y sistemas agriculturales que imitan las relaciones de la naturaleza), un artículo con los principios básicos de una huerta urbana, información sobre los recipientes que deben usarse para este tipo de huertas (entre otras cosas… puede buscarse más en ese mismo sitio y encontrar información práctica para continuar), un manual de huerto en casa (de Hortubà), un blog (conlinks de otros similares) sobre la experiencia de hacer un huerto en un balcón en Barcelona, otro blog similar, un blog-diario sobre la construcción de un jardín-huerta en Colombia, a 2700 metros sobre el nivel del mar (éste me encanta particularmente porque está lleno de información práctica y sencilla sobre alternativas interesantes como la lombricultura y el compost), un abc de las hortalizas familiares que puede servir de guía rápida para hacer una huerta en un solar pequeño (un sueño)… Hay montones de información disponible. No sigo porque no acabo. Con una sola de estas alternativas que se pongan en práctica, la vida tiene que fluir. ;)]

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8 octubre 2010 at 08:01 2 comentarios

Irene-Led Weaning ;)

No me aguanté las ganas de poner en marcha la técnica de Baby-Led Weaning (de la que hablaba en nuestra anterior entrada), así que Irene ya probó algo más que leche de su mamá: ¡cogió, tocó, se untó, probó y comió banano por primera y segunda vez! Nos ha ido maravillosamente…Claro que confieso que el primer día su padre estaba un poco ansioso porque ella no lograba coger la fruta fácilmente y le ayudó un poco. Tuvimos, en consecuencia, una peque desesperada por seguir comiendo. El segundo día, en cambio, todo marchó bien. Aquí queda el testimonio. Todavía lo veo y no me lo creo. ¡Los bebés sí pueden comer solos! Pero acompañaditos y cuidados.

Eso sí, antes de empezar, verificamos si nuestra chiquita cumplía con todos los requisitos necesarios para introducir nuevos alimentos: se sostiene sentada (cada vez más firmemente), nos acompaña en las comidas con atención, se lleva las cositas a la boca por sí misma y toma la lechita de su madre con juicio (bueno, a veces se distrae, pero vuelve a su toma y come bien). Después de un primer intento fallido, en el que comió, se untó y se desesperó, concluimos: “ensayemos nuevamente, si no puede coger su comida es porque todavía no es el momento de introducir otros alimentos”. Estábamos más relajados… ¡Y la peque apenas tuvo el banano en frente, lo cogió bien! Se le cayó, se ensució, lo botó… pero el sabor le encantó. Confiesi, sí, que resulta un alimento un poco liso para sus deditos. Pero come. Entre mordisco y mordisco la cáscara se cae, pero es chistoso y lindo verla comer por primera vez.

En cualquier caso, como la idea es que coma el equivalente a un par de cucharaditas, resulta perfecto. Probaremos el banano por varios días, lentamente. Si se le sigue cayendo con frecuencia, pospondremos la comida otra vez. Igual, faltan 10 días para que Irene cumpla seis meses y como la introducción de alimentos complementarios no es una carrera contra el tiempo, pues si no es ahora igual está bien. Se ha empegotado hasta el pelo, pero verle la cara de felicidad y el goce es una delicia. Ya veremos cómo nos va con los otros alimentos. Eso sí, leche materna antes y después.

¡¡Qué viva el Baby-Led Weaning!! Los niños, hasta con un poco menos de seis meses, sí pueden comer solitos.

¿Cierto que es algo que vale la pena ver? 😉

31 enero 2010 at 08:31 7 comentarios

Baby-led Weaning: una propuesta interesantísima para la alimentación complementaria

En nuestra entrada reciente sobre alimentación complementaria, Flor, la mamá de las nenitas, me habló de Baby-led Weaning, una propuesta de introducción de alimentos guiada por el bebé mismo y desarrollada por Gill Rapley, nutricionista y directora adjunta de la Iniciativa de Hospitales Amigos de los Niños (IHAN) de UNICEF en el Reino Unido. No sé si me equivoque, pero tengo la impresión de que ésta es una forma natural de introducir alimentos y que es muy probable que los mismos chiquitos desarrollen, a partir del tacto, el gusto, la vista y el olfato, un acercamiento amable y sensato a lo que van a comer. En cualquier caso, la selección y preparación de alimentos la hacen los padres; luego, será el bebé quien toque, pruebe, mida y coma. Algo que seguro vale la pena ver. 😉

Confieso que al principio la idea me asustó (pensé que era imposible dar semisólidos a bebés de apenas 6 meses), pero a medida que fui leyendo información al respecto y, sobre todo, viendo videos con experiencias de padres, madres y bebés de todo el mundo, la propuesta me encantó. De hecho, creo que probaremos esta modalidad de alimentación con Irene, siguiendo recomendaciones básicas -disponibles, entre otros, en la web (Bebés y más tiene varios artículos en español al respecto)-, acompañando y vigilando (no sobreprotegiendo) la experiencia de mi chiquita y siguiendo las pautas generales de introducción de alimentos que comentaba anteriormente: dar los nuevos alimentos solos (sin mezclas) por 4 días o una semana, al comienzo; no adicionar sal o azúcar hasta que cumpla un año de edad, no introducir lácteos hasta los doce meses, mantener la leche materna como el alimento principal de la dieta, suministrándole los alimentos complementarios después de la toma de leche (y dándole leche después de los mismos); evitar el huevo, el gluten, el pescado y los cítricos hasta los 12 meses de edad, entre otros.

En resumen, y considerando que la leche materna seguirá siendo la principal fuente de nutrientes de Irene hasta que cumpla 12 meses (luego será importante, al menos hasta los 2 años, pero no será lo principal), pienso que ofrecer frutas, verduras y cereales solitos, en porciones que el bebé pueda agarrar por sí mismo para llevarse a la boca y experimentar, es lógico.

En este momento, nuestra chiquita se lleva todo a la boca y lo muerde. Si, además de eso, descubre que tiene un sabor particular y que, al igual que nos ve hacerlo a nosotros en la mesa, puede comerlo, seguramente tendrá un acercamiento más fluido y tranquilo con los alimentos. Se supone que a los seis meses sólo deben comer dos o tres cucharadas (con el Baby-led Weaning pasaremos de usarlas por un tiempo), unos cuantos mordiscos a un banano, un calabacín hervido, un trozo de brócoli, un pedazo de pera bien podrían representar lo mismo, ¿no?

Al traste tendrán que irse, sin duda, la angustia porque el bebé se ensucie (a lo mejor, incluso, termine más empegotado con una papilla que chorrea y unta todo), coja bien lo que le damos o se atratagante (no quita, por supuesto, el estar vigilando). Y en primer orden tendrán que estar el espacio y el tiempo de disfrutar de la mesa en familia, naturalmente, con tranquilidad y goce.

Por ello, como dice Armando, de Bebés y más (hay artículos interesantísimos al respecto, que vale la pena revisar), “La cantidad no es importante (…) la alimentación complementaria tiene como objetivo que los bebés vayan aprendiendo a comer, conociendo texturas y colores. Esto es precisamente lo que está haciendo cuando le ponemos comida delante y le dejamos que la toque, la manipule, la chupe, la espachurre y se la coma, si quiere”.

Nos iremos entonces por esta ruta, sobre la base de investigaciones que señalan que los bebés sí pueden comer solos y de que las papillas pueden ser innecesarias. Eso, sumado a las experiencias de otros padres que ya practican el Baby-led Weaning con buenos resultados es una base interesante para comenzar. Tenemos tiempo para probar…  si no funciona, siempre podemos cruzar al otro lado. Ya les contaremos cómo nos va. Les dejo, eso sí, algunos videos de niños comiendo solitos (nuestro protagonista principal será Oliver, un pequeño de los Países Bajos que tiene toda su historia de Baby-led Weaning acá, que incia a sus 5 meses y 24 días y culmina a sus casi dos años de edad). ¿No les parece exitoso y natural?

En el video que sigue, Oliver se come un helado solito, sin ningún papá que corra a limpiarlo o a sacarle la crema para que él pueda disfrutarlo. Es lindo ver cómo él mismo encuentra la manera de comérselo. Se nota que le gusta y que quiere más:

Y en éste, finalmente, Oliver ya usa cubiertos y come, seguramente, casi (si no) lo mismo que sus papás:

27 enero 2010 at 10:40 18 comentarios

Preparen cucharas: ¡ya casi es hora de iniciar nuestra alimentación complementaria!

Irene ya casi está preparada para ampliar su menú gastronómico e ingresar al mundo de la alimentación complementaria: al cumplir seis meses de edad, su sistema digestivo estará lo suficientemente maduro para tolerar alimentos distintos a la leche materna. Y aunque aún no serán muchos y la introducción de los mismos será lenta y progresiva (la leche materna seguirá siendo hasta sus 24 meses el alimento que pueda proporcionarles más nutrientes y energía), a modo de preámbulo y preparación para nosotras mismas, quiero reorganizar la información que me dieron hace algunos meses en nuestras conferencias de la Liga de la Leche, así como las recomendaciones y tablas -que incluyo en este texto- de la Organización Mundial de la Salud. Como quien dice: a preparar cucharas y papillas, porque se amplía la dieta de nuestra chiquita.

Para empezar, la alimentación complementaria sólo debe iniciarse después de los seis meses de edad. Hay algunos signos (sostenerse sentado, controlar mejor la salida de su lengua y mostrar interés por la comida de los adultos) que pueden indicar mejor cuándo (puede ser antes o después), pero ese parámetro suele ser válido para la mayoría de los casos. Hacerlo antes puede generar alergias y/o trastornos digestivos por la inmadurez que tiene hasta entonces el aparato digestivo de los bebés. No es gratuito, por ello, que los niños alimentados con leche de tarro -también llamada leche de fórmula- presenten malestares digestivos y tengan que pasar, incluso, de una marca a otra mientras su estómago logra tolerar las enzimas y proteínas que tiene la leche de vaca (diseñada para los bebés de los terneros, no de nuestras mamás), en detrimento de su desarrollo y flora intestinal.

No se recomienda, incluso, iniciar el uso de leches procesadas (llamadas, en su segunda etapa, leches de continuación) una vez se han cumplido los seis meses, pues estas “son inventos de las empresas de alimentos preparados infantiles para tener un negocio rentable… las leches de vaca hay que procesarlas para que un bebé humano las pueda tolerar y digerir sin reventarle por dentro , puesto que tiene mucha más proteína que la humana”. Y agrega Mimos y Teta, un blog informativo sobre crianza y lactancia materna (en otro artículo, interesantísimo, sobre la guerra de la leche): “la alimentación natural no sólo es mejor, sino también más barata. Por cada madre que decide dar de mamar a su hijo, los fabricantes de leche artificial dejan de ingresar dinero contante y sonante, entre 50 y 100 euros mensuales de media”. Así que la idea, siempre, es tratar de suministrar leche materna. De este modo garantizamos que el crecimiento y desarrollo de nuestros chiquitos sea óptimo y que su organismo esté mejor preparado para recibir nuevos alimentos, una vez sea el momento de “complementar”.

¿Cómo se inicia la alimentación complementaria?

De acuerdo con la Liga de la Leche, se puede iniciar con cualquier alimento (excepto cítricos, huevo, pescado y trigo), pero siempre introduciendo uno solo cada vez. Recomiendan introducir primero frutas, por su sabor dulce y su fácil preparación. No se aconseja suministrar compotas y papillas de supermercado, por los químicos que incluyen, por su exposición a agentes patógenos y por las mezclas que traen de antemano. Preparar las papillas en casa es, por salud, cantidad y costos, una mejor inversión.

Así, durante varios días (4 o 5) se le da al bebé un mismo alimento, para percibir claramente cómo lo recibe y descartar intolerancias o alergias a los mismos. La idea es procesar mínimamente la fruta o lo que se le vaya a dar, para garantizar que el chiquitín reciba la mayor cantidad de nutrientes: es mejor la compota o papilla que los jugos, más si se tiene en cuenta que un bebé de seis meses aún debe tomar principalmente leche.

¿Y cómo se preparan? Casi con nada: si es una fruta, se puede escoger una muy madura (el mango, la manzana, la pera, entre otros); se toma una cuchara y con ésta se raspa la pulpa. Se le dan pequeñas porciones al pequeño, pisando la lengua con la cuchara, sin alterarnos porque se ensucie, las escupa o haga pucheros. Es normal que tienda a babiar y a sacarlas de su boca (puede llevarse incluso las manos a ella, para experimentar y verificar qué estamos haciendo), pues hasta entonces ha estado acostumbrado sólo a chupar y tragar. Después de algunos intentos, comprenderá el mecanismo, degustará y comerá con menos aspavientos. ¡Toda una experiencia, qué bello!

¿Qué cantidad se le debe dar?

Siempre se le debe dar la alimentación complementario después de la leche. El primer día se le da sólo una cucharadita (para que pruebe), el segundo, dos de la misma fruta, y el tercero, si ya se muestra interesado, se le pueden dar tres. Eso sin descartar, por supuesto, que cada niño tiene su ritmo. Se mantiene el menú por cuatro o cinco días y una vez se vea la tolerancia al alimento, se introduce uno nuevo con el mismo proceso.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) precisa las cantidades de alimentos que deben ofrecerse a un bebé. Estas, como verán a continuación, varían de acuerdo con la edad y en ningún caso reeemplazan la leche materna: como su nombre lo indica, la introducción de nuevas comidas en los pequeños complementa su dieta y sólo debe hacerse luego de cumplidos los seis meses de edad. De acuerdo con su sitio oficial, la OMS recomienda mantener la lactancia hasta los dos años, combinándola paulatinamente con otros alimentos como se indica acá:

Edad Textura Frecuencia Cantidad en cada comida
Desde los seis meses Papillas blandas, verduras, carne, fruta bien trituradas Dos veces al día, además de tomas de pecho frecuentes 2-3 cucharadas
7-8 meses Alimentos triturados Tres veces al día, además de tomas de pecho frecuentes Aumento gradual hasta 2/3 de una taza de 250 ml en cada comida
9-11 meses Alimentos triturados o cortados en trozos pequeños, y alimentos que el bebé pueda agarrar Tres comidas más un refrigerio entre comidas, además de tomas de pecho ¾ de una taza de 250 ml
12-24 meses Alimentos de la familia, cortados o triturados en caso necesario Tres comidas más dos refrigerios entre comidas, además de tomas de pecho Una taza de 250 ml llena

(Fuente: OMS, “¿Hasta qué edad es adecuado alimentar al bebé sólo con leche materna?“)

Un buen recurso, para familiarizar al pequeño con el nuevo mundo de los alimentos, es ponerle enfrente un plato de comida con un poquito de lo que le estamos dando para que juegue: tocar, oler y untarse algo es una bonita manera de conocer y entrar en contacto con algo nuevo.

Tipos de alimentos

¿Y si son verduras? Se le brindan del mismo modo (por 4 o 5 días, de dos a tres cucharadas por comida), pero se preparan al vapor y en papilla (aplastaditas). Algunas verduras -por su consistencia las reconocerán- se diluyen en un poco de agua para su preparación. Cuando ya se hayan probado varias, se pueden mezclar, trituradas, con papa (criolla, en nuestra tierra, es decir, pequeñas y blandas) y carne de pollo o res (licuada). Se debe tener en cuenta que mientras el bebé no tiene dientes, no podrá triturar por sí mismo los alimentos.

Cuando el pequeño ya esté familiarizado con frutas, verduras y carnes, se pueden introducir los cereales (aquí, uno y dos artículos muy interesantes al respecto): avena, arroz, entre otros. Estos se preparan en coladas, preferiblemente en agua o (si se llevan leche) en leche materna extraída previamente. Después de tres semanas de estarle suministrando al chiquitín alimentación complementaria, puede dársele fruta en la mañana, verdura (en sopita, con carne, si es el caso) en la tarde y cereal en la noche. Todo progresivamente, de acuerdo con su propio ritmo. Una recomendación importante es que no mezcle alimentos que no haya probado solos. Hágalo únicamente con otros que ya sepa que el niño tolera bien.

Finalmente, no debe agregarse sal hasta que cumpla 9 meses, los condimentos que use deben ser naturales (cebolla, ajo, cilantro y zanahoria) y los cítricos, el pescado y el trigo y gluten (pan, incluído) sólo deben darse hasta que cumpla un año de edad. El huevo se recomienda darlo también después de que el bebé cumpla 12 meses, empezando por la yema (un cuarto solamente) y aumentando la cantidad con el paso de los días, si el niño lo recibe bien. Sobre otros alimentos (miel, frutos secos, entre otros) pueden encontrar comentarios y recomendaciones acá.

Según me dijeron en la Liga de la Leche, antes de que el bebé cumpla un año se le debe dar siempre primero leche materna y después la alimentación complementaria (según nuestro pediatra, debe vigilarse que el niño coma al menos seis veces al día: leche, siempre; otros alimentos, al desayuno, al almuerzo y a la comida). Después de cumplir doce meses, se suministra primero la alimentación complementaria y luego la leche. A esta edad, así mismo, se le pueden empezar a suministrar lácteos (tratados pero no deslactosados: yogurt, quesos, entre otros).

Es ideal que todos los alimentos que reciba el pequeño sean frescos, naturales y preparados en casa. Y que si tienen alguna duda, recurran al médico o las recomendaciones de organizaciones reconocidas como la OMS y la Liga de la Leche. En la web hay muy buena información sobre éste y otros temas relacionados con la alimentación de los pequeños (en Bebés y más, por ejemplo, hay muy buenos textos). Si buscan más, incluso, pueden encontrar recetas, consejos y relatos de experiencias. El menú está servido. Ah, y recuerden que la OMS recomienda continuar suministrando leche materna hasta los dos años de edad. Aquí va un cuadro que muestra el aporte calórico de la leche materna junto a la alimentación complementaria. Como verás (y como habíamos dicho antes) la lechita de mamá sí alimenta.

Edad Requerimiento caloría/día
Leche materna caloría/día
Alimentación complementaria caloría/día
6-8 meses 682 413 269
9-11 meses 830 379 451
12-23 meses 1092 346 746

(Fuente: Sociedad Argentina de Pediatría, “Guía de alimentación para niños sanos de 0 a 2 años”, pág. 37)

¡Buen apetito! Y perdón por estos posts tan largos… ¿Los leerán? 😉

22 enero 2010 at 07:47 9 comentarios

Nuestra experiencia con los pañales de tela

Mi historia con los pañales de tela tiene más de cuatro meses. Y es realmente una historia de amor: gracias a los comentarios de Mamasita, decidí comprar este tipo de pañales para Irene y celebré su llegada a nuestra casa con un post que relataba las razones por las que habíamos optado por ellos. A manera de resumen, puedo decir hoy que a pesar de que he tenido que aprender a usarlos adecuadamente me siento satisfecha, pues han cumplido con todas mis expectativas: son cómodos, saludables, económicos y facilísimos de lavar. Creo que deberían estar disponibles para todas las madres y que los mitos que existen sobre lo engorroso que resultan no tienen piso. Si aún no se han decidido a usarlos, háganlo. No se arrepentirán.

Lo más curioso es que casi siempre el punto en contra que se menciona sobre los pañales de tela es que tienen que lavarse y que eso, en una casa con bebé a bordo, incremento de tareas y un largo etcétera de novedades, resulta impensable. Pues bien, tienen que lavarse, sí, pero con las comodidades de nuestro tiempo (es decir, la  lavadora y la calidad de las telas con las que están hechos) ése no es un tema. Por mi experiencia puedo decir que tardo menos de un minuto en enjuagarlos un poco y dejarlos en remojo. Luego, cuando tengo unos cuatro o cinco pañales juntos, los pongo en la lavadora y ya está. Salen tan secos que en muy poco tiempo se pueden volver a usar.

¿Y si no hay lavadora? Tardarán más en secarse, pero ese no es realmente un impedimento para usarlos: durante esta temporada de vacaciones los utilicé en espacios fríos donde no había lavadora y -al menos los que uso, de bolsillo y con inserciones– pude disponer de ellos rápidamente. Sólo necesité inserciones extra (porque son lo que más se demoran en secarse). No más.

Estoy tan convencida de las ventajas del uso de estos pañales que me atrevo incluso a afirmar que contra todos los pronósticos, lo menos engorroso -a mi juicio- ha sido lavarlos. ¿Y lo más satisfactorio? La comodidad que Irene y yo sentimos con ellos y no tener siempre lleno mi cubo de basura con desechos que sé que tardan cientos de años en degradarse. Así que aquí va nuestra historia, por si se quieren animar.

La felicidad del hogar 😉

Los pañales que usamos son, como decía, de bolsillo y con inserciones, de los modelos que se conocen como “perfect size“. La otra alternativa en este tipo de pañales son los unitalla, que parecen ser los más populares y que se ajustan a medida que el bebé crece. Dejo aquí el link de un video sobre estos pañales realizado por Nahuatl Vargas, que explica características, marcas y modelos. Los de nuestro tipo vienen en tallas que van de la XS a la XL -normalmente los S y M bastan para toda la vida de pañales de un pequeño (mayores detalles de nuestra adquisición pueden verse en esta entrada)- y cuentan, en cualquier caso, con broches de presión que se van ajustando a medida que el bebé crece. Hay otros estilos disponibles (tradicionales, todo en uno, etc.), que pueden conocer, entre otros sitios, acá y acá.

Cuando opté por los perfect size, lo hice sobre la base de que las primeras semanas usaríamos desechables, pues no quería arriesgarme a comprar pañales en tallas muy pequeñas (XS) porque sabía que durarían poco. Además, mientras el ombliguito de Irene se caía, debía usar pañales que lo dejaran al descubierto para facilitar que se secara. Concluí, con la experiencia, que quizás sí pude haber comprado algunos pañales pequeños (estuve cerca de 3 semanas con desechables y comencé a usar los de tela por físico cansancio de estar sacando bolsas y bolsas de basura todo el tiempo), pero no garantizo que la curva de crecimiento de todos los bebés permita hacer lo mismo. Como casi todo en la vida, cada quien dirá.

Así, a pesar de que Irene aún tenía las piernas delgadas para la talla de pañales que tenía, al usar los pañales de tela experimenté  de inmediato una gran felicidad. Tuvimos accidentes, es cierto, pero estos se relacionaron más con nuestra inexperiencia al ponerlos y con las delgadas piernas de mi pequeñita. Una vez sus muslos se engrosaron un poco, los pañales funcionaron a la perfección. Empecé a estirar bien, hacia adentro, el resorte de las piernas antes de cerrar el pañal y la fuga se solucionó. Creo que mi problema, quizás, era la manera como le ponía el pañal en los muslitos a Irene. Nunca pensé que pudiera ser una cosa tan simple (juraba que con sólo cerrar el pañal el ajuste sería naturalmente el debido), pero por lo visto estaba equivocada. Obviamente, de vez en cuando hay algún escape, pero éste se debe más a mi confianza excesiva en los pañales (es que ni se siente cuando están mojados) que a un problema de diseño o absorción. En cualquier caso, creo, ocurriría igual con los desechables, ¿no?

Las ventajas de los pañales de tela son, sin duda, múltiples. Para empezar, se elimina esa cantidad absurda de basura que producen cada día los desechables, y, para seguir, la piel de los bebés no se quema practicamente nunca (confieso que por precaución -y esto es problema de madre sobreprotectora, no del pañal en cuestión- he usado cremas de vez en cuando, sobre todo en las noches… no lo recomiendan y eso exige que cada tanto hierva en agua mis pañales, pero asumo las consecuencias. Debo probar un consejo reciente para evitar las rozaduras: agüita de yerbabuena). Y sigo: son súper fáciles de lavar, Irene está comodísima con ellos, uso un único pañal toda la noche, con doble inserto, sin accidentes ni quemaduras; rinde muchísimo el bolsillo, y etcétera, etcétera, etcétera. ¿No es suficiente? También me parecen hermosos y, aunque quedan más popochitos y debo contar con esa “tela” extra para la ropa que le pongo a m pequeña, es un placer andar con ellos. Desde que los usamos,  no he vuelto a usar desechables (ni siquiera para salir de casa) y la satisfacción, repito, es total.

¿Algunas recomendaciones?

Lavar las inserciones con vinagre -una vez cada tanto; los calzoncitos no porque se deteriora el plástico de la cubierta-, ponerlos a hervir cada cierto tiempo para eliminar residuos de jabón, usar una cucharadita de bicarbonato cada tanto, reducir la cantidad de detergente y remojarlos antes de meterlos a la lavadora para facilitar su lavado. En lugar de crema, decía, pero no lo he ensayado, puede usarse Maicena o agua de yerbabuena. O ser más recurrentes en el cambio del pañal. Si, como yo, no se atreven del todo a no usar protección, hiérvanlos cada tanto y reduzcan al máximo la cantidad de crema que le ponen a la colita del chiquito, para evitar bloquear el tejido del pañal. Y ya. Pueden encontrarse más recomendaciones en la web, en foros como el de Ecobebé o en los blogs de Nahuátl Vargas (Centro de Desarrollo La Milpa y Corta de Estatura), otra mamá bloggera, promotora de su uso hasta el punto de tener tienda. Ah, se recomienda también exponerlos al menos una vez a la semana al sol para su desinfección.

Lo que nos queda por hacer… y no sé si hagamos

Los pañitos húmedos de tela son unos de mis pendientes que aspiro poner en marcha pronto, tras algunos ensayos previos. No he sabido muy bien con qué tipo de tela hacerlos, pero intenté usar unos de gasa (lo que antes se usaba para los pañales). La tela no fue tan problemática como la solución que usaba para humedecerlos. Ahí sí Irene se quemó… a ver si me animo a ensayar nuevas soluciones (también hay recetas en la web: de ejemplo, aquí van 1 y 2). Si lo hago, les contaré qué tal resultó.

En cuanto a dónde conseguir los pañales, lamentablemente en Colombia aún no tenemos una oferta tan amplia en los de tela (y si la hay, no ha sido fácil -al menos para mí- ubicarla, sólo he encontrado los que usaban nuestras mamás y abuelas hace muchos años). Por fortuna el borrón de fronteras que nos ofrece ahora este universo digital sirve para superar esas dificultades y permitirnos acceder a alternativas como tiendas de venta por internet, efectivas a la hora de comprar productos como estos. Esa fue nuestra opción, así que no hay excusa. Por comodidad, ecología, economía y salud vale la pena usar pañales de tela. Incluso, si son hábiles con las manos o tienen a alguien cerca que pueda confeccionarlos, hay patrones disponibles en la web para hacer pañales de tela. ¿Por qué esperar?

Finalmente, como hice en nuestra entrada anterior sobre este tema (que ya he puesto 3 veces hoy :s), para aquellos que quieran más información sobre los pañales de tela, pueden revisar un ABC muy interesante, disponible en crianzanatural.com.

UPDATE (23 de enero de 2010): Acabo de encontrar un sitio en Colombia donde venden pañales de tela. Se encuentra en Bogotá y se llama GaiaBebé. Aunque no lo he ensayado, estoy feliz de que exista al menos una alternativa en nuestro país para adquirirlos. Entiendo que tienen, además de los pañales, de varias marcas, otros productos complementarios, como el papel de arroz. Por lo visto, tienen también la cada vez más famosas MoonCup y DivaCup, una alternativa ecológica, práctica y utilísima para no continuar usando y notando toallas higénicas desechables (detalles de su precio y demás, acá y acá). A algunos les parecerá odioso su uso (yo misma me aterré un poco al leer al respecto), pero estoy decidida a conseguirla porque me parece una inversión seria y, sobretodo, consecuente. Ya Adriana, nuestra mamá amiga, habló de su uso en su blog.

Asimismo, en Chile encontré los pañales Agú (por lo visto, producción nacional). Sé que allá pueden conseguirse pañales de otras marcas más fácilmente, pero vale la pena contar que también existen ellos. No conozco referencias directas (excepto algunos comentarios de Anita, una mamá de allí que también tiene blog).

7 enero 2010 at 11:32 11 comentarios

¿Cómo alimentar al bebé con vasito?: una forma de mantener la lactancia materna cuando no siempre está presente la mamá

Irene tiene ahora un poco más de tres meses. Felizmente, hasta ahora, hemos logrado nuestra meta de darle exclusivamente leche materna: he estado todo este tiempo con ella y siempre ha tenido a mano su “teta”. Muchas madres, sin embargo, deben modificar sus rutinas y retornar a sus trabajos o no pueden darle el pecho a sus hijos porque estos son muy pequeños y no han establecido bien la succión o por asuntos médicos. Surge entonces una pregunta: ¿Cómo pueden mantener la lactancia a pesar de no estar con sus chiquitos cada vez que se alimentan? Hay varias formas, pero la más recomendable es darle leche extraída de la madre con un vasito, pues con ella se evita la confusión de succión y se garantiza, al menos en la práctica, la permanencia a futuro de la lactancia materna directa. Comporto por ello aquí, un “tutorial” en video para aprender a hacerlo. Verán cómo después de recibir la leche con vasito, los chiquitines vuelven tranquilos al pecho. Puede que cueste un poco al principio, pero sin prisas y con constancia es posible hacerlo. 😉

¿Las ventajas? Muchísimas: con el vasito se evita, como decía al comienzo, la confusión de succión, pues la forma como el bebé recibe la leche se diferencia claramente de cómo lo recibe del pezón. Adicionalmente, el vasito permite que la madre se desplace (al trabajo, a una cita médica, etcétera) sin que ello altere la rutina alimenticia del pequeño, y también sirve como alternativa temporal o permanente de la lactancia -con leche extraída de la madre- para aquellos casos en los que los pequeños no pueden pegarse directamente de sus mamás (bebés prematuros, labio leporino, grietas en los pezones, etcétera). Podría seguir enumerando otras ventajas, pero no quiero alargarme. ¿Quizás las mismas por las que es mejor la leche materna sobre la leche de tarro valgan? Como esas ya las hemos mencionado antes (una, dos, tres, y hasta cuatro veces), no vuelvo a enunciarlas. Como ven, la lechita de las madres da mucho para hablar.

😉

24 noviembre 2009 at 07:44 2 comentarios

Nutrired: una casita para la lactancia materna y, en general, para una mejor nutrición infantil

Encontré en estos días Nutrired, una página muy interesante sobre la nutrición infantil que habla, especialmente, sobre la importancia de la lactancia materna. Aunque tiene información puntual para Argentina (su lugar de origen), cuenta con documentos muy valiosos para cualquier pequeño, además de links relacionados con su alimentación. ¡Se las recomiendo! Ojalá tuviéramos un nodo informativo así también en nuestro país.


Entre los materiales de la página que más me gustaron, destaco:
Los primeros 5: un programa educativo de la provincia de Tucumán que señala la importancia de la alimentación y el afecto durante los primeros 5 años de vida. Sus contenidos se presentan en bloques televisivos (disponibles en Nutrired en la sección “Información Nutricional”), que se encuentran en Youtube. Aquí, el segundo bloque del primer programa. Simple e interesantísimo:

La sección de bibliografía: Cuenta con más de 50 libros, artículos y revistas sobre nutrición, además de links de blogs y sitios recomendados, como Nutrinfo (con monografías y e-books sobre la alimentación de los niños), entre otros. Algunos no funcionan, pero la mayoría sí, con lo que vale y mucho su selección.

La sección de preguntas frecuentes, con 20 respuestas a las cuestiones más frecuentes sobre nutrición: responde, entre otras, a inquietudes sobre el embarazo, la lactancia, la niñez, cómo tener una vida sana y, en general, sobre alimentación. Algunas tienen enlaces a páginas comerciales (como Nestlé), que a primera vista pueden parecer irrelevantes, pero que revisadas en detalle ofrecen herramientas útiles (como recetas, dietas especiales, entre otros). Y un tip: cuando en las respuestas les aparezca la página de Lacmat, Lactancia materna y seguridad alimentaria, no se asusten si aparentemente no hay información disponible: por un error de diseño, todos los contenidos aparecen al final de la página… así que desplacen el cursor hasta abajo para encontrar su valiosa información.

Y, finalmente, Nutrired hace una campaña para promover la lactancia materna, que tiene, además de información precisa, avisos como estos, divertidos, estimulantes y concretos:

Ah, y un detalle más: en la campaña de la lactancia de Nutrired hay una encuesta sobre cuáles pueden ser las causas por las que se interrumpe -o no se da- la lactancia materna durante los primeros 6 meses y, aunque resulte increíble (y doloroso), el 34% (de 298 votos) afirma que esto sucede por recomendación del pediatra. De aquí que todas las madres debemos encargarnos de promoverla, no sólo con otras mamás, si no con los mismos médicos. Información que demuestre las ventajas invaluables de la leche materna hay de sobra… sólo es cuestión de compartirla. ¡Hágamoslo mamás, en blogs, en reuniones y en cualquier sitio! Si cada una logra movilizar al menos a otra madre, habrá al menos un chiquitín que lo agradezca.

😉

21 noviembre 2009 at 08:42 1 comentario


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