Posts tagged ‘sueño’

Aprender a dormir

He hablado muchas veces del sueño de la chiquita: que se despierta en las noches, que no, que sigue derecho, que hace siesta en el día, que se queda sin cerrar los ojos en toda la tarde como si tuviera pilas, que se duerme tomando el pecho, que se duerme mecidita… Pues bien, hoy debo agregar que los niños sí aprenden a dormir… o, mejor, que necesitan hacerlo y que -ya lo he dicho- aprender a dormir como lo hacemos nosotros implica un proceso. Los caminos en cada chiquito son distintos. Así que expongo el último paso dado con Irene de la mano de Morfeo, pero no garantizo que se mantenga así per secula seculorum… De hecho, creo que faltan años para lograrlo. 😉

Puedo confirmar, sí, que nada está escrito en los bebés, que el sueño es un aprendizaje y que cada niño tendrá su forma de llegar a uno regulado y tranquilo. No me quejo de las noches que he pasado al lado de Irene, no me arrepiento de la cantidad de veces que me he despertado para estar con ella, no lamento haber cambiado mis noches desde hace casi dieciséis meses, pero sí lamento haberme sentido agotada una noche y haber creído (no fue el fin del mundo, pero tampoco tuvo sentido) que saliendo de su cuarto a las 5 a.m. por unos 20 minutos, después de hablarle (siempre lo hago y de eso no me arrepiento) y explicarle n veces que debía acostarse para volverse a dormir iba a dar resultado.

Sin embargo, después de tantas montañas rusas (y puede que ésta sea otra, pero que ahora estemos en un llanito), pareciera que nuestra chiquita ahora sí está aprendiendo a dormir por sí misma. ¿La fórmula? No creo que exista, aunque sí hay una serie de experiencias nuevas que parecieran haber surtido efecto en ella. Seguramente no serán la panacea para ningún otro pequeño, pero en esta casita -al menos- nos está ayudando a cambiar de nivel. ¿Y si volvemos a tener noches con muchos despertares? Intentaremos algo nuevo, acompañándola siempre… porque a dormir y a vivir también se debe aprender.

Te acompaño pero no te saco

Suena horrible, pero es literal. Ahora, cuando nuestra chiquita se despierta en las noches mamá acude a su lado y se sienta en la mecedora enfrente de ella. No más. Al principio le hablaba, le decía cosas, me acercaba a la cama y le ponía la mano en el pecho, etc., etc., etc. Y sí, ella se dormía (algunas veces después de protestar insistentemente, otras, sin más), pero casi siempre volvía a despertarse una hora más tarde o dos. Y nos pasábamos así toda la noche, cansada ella y cansada yo. En otras ocasiones, por supuesto, sí había períodos de 4 y 5 horas de sueño contínuo. Pocas veces también, había noche sin despertares… pero nada era ni predecible ni constante. Ahora, con el “te acompaño pero no te saco” (y, de hecho, ya tampoco hablamos) Irene se acuesta solita (curioso, ahora boca-abajo… o más o menos, porque la boca queda a un lado del colchón mientras el cuerpo descansa sobre el pecho) y se duerme por sí misma, rápidamente y sin protestar.

Por supuesto, llegar a este punto implicó cambios. Y protestas (sin lágrimas, pero sí con gritos que lo parecían) que terminaron cuando entendió lo que decía mamá. No fue un período largo: dos noches con uno o dos despertares cada una y protestas -que iban disminuyendo en cada despertar- por menos de cinco minutos. Aclaro, por cierto, que estas últimas no eran continuas porque la señorita gritaba y se quedaba callada para ver si la mamá reaccionaba (yo, por mi parte, ni me movía; me quedaba en una mecedora que hay enfrente de su cuna, en un vaivén adormecedor para las dos). El resultado, como  dije, fue que Irene terminó por “ensayar” lo que le había dicho taaaantas veces: acostarse y cerrar los ojitos para dormir. Cada tanto, nuestra niña se levantaba otra vez, silenciosa, para ver si mamá seguía allí. Una vez lo verificaba, volvía a acostarse calladita hasta que finalmente, convencida, se quedaba dormidita. Ahora, después de una semana, se despierta muy pocas veces (cuando lo hace, ya no ocurre siempre), se para en su cuna, me llama, entro a su cuarto, me siento en la mecedora y, casi automáticamente, ella se acuesta en su camita en la nueva posición favorita, cierra los ojos y pasados unos 15 minutos respira profundamente dormida.

No sé si dure esta nueva etapa. Es más, estoy segura de que puede variar en el camino, pero tengo la sensación de que nuestra pequeña ha entendido -por fin- que sí puede dormirse solita y que mamá y papá la acompañan y la aman y pueden estar de muchas maneras a su lado. Ahora no hay muelas asomando narices, ni niña irritable en el día (no digo que una cosa tenga que ver con la otra. [Inserte aquí cara de “no tengo ni idea” con elevación de hombros rapidísima])… circunstancias que seguramente ayudan para nuestras nuevas prácticas de buen dormir. Seguramente tendremos nuevos despertares y molestias y tomada en brazos y mecidas y conversadas y un largo etcétera cuando haya gripitas o muelas cansonas o pesadillas (ojalá no lleguen), pero esas malas noches las tenemos todos… así que no cuentan. 😛

Dejo constancia de esta nueva etapa para ustedes y para ella en el mañana. A lo mejor Irene tiene alguien “nietecito para mamá y papá” que la despierte en las noches para que le vele el sueño. Y si no lo tiene, pues habrá amiguitos y vecinitos duermiendo.

PD: Aclaro que cada uno de nuestros pasos responden a nuestros hábitos al dormir. Celebro también los dulces sueños de aquellos padres que comparten cuarto o lecho con los pequeños. Si les funciona, me parece perfecto. Esta chiquita, por su parte, parece que no prefiere el colecho. O no aprendió a dormir así. Ahora cuando siente algo cerca, manda patadas a todos lados, no sé si porque no le gusta sentir estrecho su espacio o si porque no le gustan para nada las cobijas (duerme sólo con pijamita). Sea una cosa o la otra confirmo lo dicho: cada niño y cada familia tienen sus hábitos y sus rutinas para dormir.

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24 noviembre 2010 at 07:58 7 comentarios

Tres noches sin despertares…

¿Será definitivo? Mi chiquita está dormiendo, sin despertar, desde las 7-8 de la tarde hasta las 5:30 a.m. Hace siestas de una hora en la mañana y en la tarde. Al levantarse y acostarse toma leche de mi pecho… y en el día (además de nuestra leche, que toma unas 5 veces más) come y come y come todo lo que le demos, con gusto y con deseo. Nuestra Irene está creciendo… Y lo seguirá haciendo incluso, si en la noche, se despertara de nuevo.

Foto tomada de: El diván digital

Asusta, pero es bello. Más cuando al abrir los ojos, sonríe y empieza a brincar.

😉

8 septiembre 2010 at 13:09 6 comentarios

Sueño y lactancia: ¿menos despertares a los casi 10 meses de edad?

Todas las noches con los pequeños son distintas… pero hay unas, que ya había comentado antes, en las que el sueño cambia tanto que nosotras, madres a fin de cuentas, damos vueltas en la cama ya no por tener que levantarnos cada cierto tiempo, si no, justamente, porque el chiquito no se ha vuelto a despertar. Desde hace cuatro días, los despertares de Irene no han estado acompañados invariablemente por su tetita y, para mi sorpresa, esto ha devenido en una reducción abrumadora de sus despertares. ¿Será que mi chiquita está aprendiendo a relajarse sola, será que ya es una niña más grande, será que está aguantando hambre, será que yo soy una mala madre por no darle pecho todo el tiempo, será que el sueño y la lactancia tienen una relación incomprensible, será que mañana es distinto, será… normal?

Y arranco con lo que he dicho una y mil veces: Cada niño es único. Y cada madre y cada familia tienen su propia historia y lo que pasa en unos no tiene que ser igual en los demás. Me lo digo especialmente a mí misma, pero también lo escribo porque temo que en el futuro alguien lea esto y termine, por una interpretación descontextualizada de nuestra experiencia, iniciando un destete forzoso del chiquito, cuando yo misma afirmo a los cuatro vientos que quiero que Irene tome pecho hasta que -literalmente- ella quiera (ojalá, al menos, hasta sus dos años). Dicho esto, arranco con nuestras nuevas variantes de sueño nocturno y con una serie de preguntas que -habrán visto- no sé aún cómo responder.

Despertar

Hace algunos días, Irene inició un período de muchos despertares nocturnos (5 o 6 en la noche), que duraban poco, pero que se repetían, pasadas las primeras tres o cuatro horas de sueño, cada hora y media más o menos. En estos despertares, como suelo hacer siempre, yo le daba pecho para ayudarla a relajarse y, una vez dormida, volverla a acostar.

Pues bien, empecé a notar que nuestra chiquita muchas veces no alcanzaba a succionar más de cinco minutos antes de quedarse de nuevo profundamente dormida. Como no tenemos colecho y cuando le doy tomas nocturnas (al menos al principio) me despierto totalmente, concluí que el tema era más un “necesito relajarme para conciliar el sueño” que un “tengo hambre y necesito tomar la leche de mamá”. Me propuse buscar alternativas para que Irene pudiera relajarse de otro modo, no tanto para no levantarme en la noche -que lo hago con gusto y hasta me hace falta-, sino para que mi chiquita tuviera un sueño apacible y descansara más.

Tertulias con mamá

Iniciamos así unas nuevas tertulias nocturnas: durante su última toma empecé a hablar con ella diciéndole que podía estar tranquila porque sabía que siempre estábamos a su lado, amándola, cuidándola y protegiéndola para que nada malo le llegara a pasar. Paralelamente, acariciaba su espalda, sus hombros, sus brazos, sus piernas y le decía que si se despertaba en la noche, podía darse la vuelta, cerrar nuevamente sus ojitos, respirar profundo y sentir cómo su cuerpecito se llenaba de amor, paz y serenidad.

Cabe decir que estos (darse la vuelta tranquila y volverse a dormir) son comportamientos que ya he visto en ella, pues a diferencia de sus primeros meses de vida, nuestra chiquita ahora se acuesta casi siempre entredormida, consciente de que está yéndose a la camita y dándose la vuelta ella misma para dormir de lado, en su posición preferida. Agrego, así mismo, que en más de una ocasión en que me despertaba presurosa para atenderla porque creía que se había despertado, me encontraba con que su despertar había sido superficial, que ella apenas necesitaba sentirse acompañada para dar una vuelta en la cama y continuar su sueño.

Esto, sumado a unas palabras recientes de Adri en su blog, donde contaba que no siempre ayudaba a Gabi, en sus despertares, a dormir dándole pecho porque de este modo dormía un poco más, y a la consciencia de que Irene toma leche materna durante todo el día, a demanda (cómo, dónde y cuando quiera), que siempre estoy con ella y que no tiene ningún problema con su alimentación complementaria (además de que ya tiene casi 10 meses de edad), me convenció de intentar otros métodos para acompañarla en sus noches. ¿Resultado? Pues que de un día para otro, sin más, mi chiquita ha pasado de despertarse 5 o 6 veces en la noche, a uno o dos despertares. ¿Coincidencia? Ustedes dirán.

Nuestras hipótesis

(Foto de Bebés y más)

Y digo hipótesis porque es posible que mañana, con la misma secuencia de acciones, Irene se despierte cada dos horas. Además de lo dicho anteriormente (que Irene toma leche materna a demanda, que va bien con su alimentación complementaria, que es una bebé con un aparato digestivo mucho más maduro por su edad y no requiere tomar leche en la noche para completar sus requerimientos de nutrientes, que siempre ha estado acompañada), pienso que hay un par de cosas más que propician este tipo de cambios en nuestra chiquita. La primera es que nunca ha llorado en las noches, pues siempre nos ha tenido a su lado al despertar. Creo que eso le da confianza y seguridad y ayuda, por supuesto, a que no se sienta amenazada y se sienta tranquila -o, lo que es casi igual, a que se relaje fácilmente- incluso sin succionar el pecho de mamá. La otra es que el sueño nocturno de Irene (desde sus primeras semanas de vida) ha sido regular: siempre, desde que tuvo conciencia del día y la noche, ha dormido desde las 6 p.m. hasta las 6 a.m., horas en las que el sol también descansa en esta tierra tropical. Se despierta, por supuesto (unas veces más, otras menos), pero eso nunca ha variado su hora de irse y salir de la cama. Algo con lo que se puede contar.

¿Y qué es exactamente lo que hemos hecho estas últimas noches?

Atenderla cada vez que sentimos que está totalmente despierta. ¿Cómo? Yendo a su cuarto, hablándole para tranquilizarla, diciéndole que estamos con ella, que puede dormir tranquilita, que estamos cuidándola y amándola como siempre (algunas veces, incluso, le cantamos su nana, mi “corazón de melón”, reiterativa desde el embarazo, inventada y que sigo debiendo por acá). Si vemos que no se duerme y que definitivamente lo que quiere es leche, la sacamos de la cunita y la dejamos mamar. La sorpresa es que normalmente esto sólo ocurre al inicio de la noche, en su primer despertar. De ahí en adelante, al menos en los últimos dos días (de cuatro es una referencia significativa) se ha dormido casi inmediatamente… Y sólo se ha despertado una vez más.

¿Se habrá reducido su ingesta de leche?

La verdad es que creo que no. Pero aclaro que en este momento y en este caso. No sé si se mantenga así y no creo que sea igual ni en otro niño ni en otra mamá. El pañal que le cambio en las mañanas, al despertarse, sigue estando tan mojado como siempre -sólo usa uno en la noche 😉 … una de las ventajas de usar pañales de tela: le pones un inserto extra y ya está- y sus tomas de leche durante el día siguen siendo tan frecuentes como antes. Lo único que ha variado, desde que salimos de la clínica, es que ahora, alrededor de las 4:00 o 5:00 p.m., toma una sopita (completando dos en el día). A las 6 p.m., como siempre, toma su lechita.

Veremos cómo siguen dándose las cosas. Lo cierto, es que definitivamente nada está escrito en este oficio (¿oficio?) de ser madre y que mi chiquita está en una edad en la que todo puede pasar. Confieso que antes de escribir esto temí que alguna madre entendiera que la solución para los despertares era el destete, pero espero que haya quedado claro que no lo pienso ni loca y que sigo siendo una defensora total de la lactancia. Creo, simplemente, que nuestra chiquita ha llegado a un momento en su desarrollo en el que no necesita comer durante la noche y en el que sus ciclos de sueño se regulan más. ¿Les había contado, por cierto, que durante el día también ahora duerme mucho más?

😉

(Y para no dejar el tema puramente en lo anecdótico, les recomiendo este artículo sobre las fases del sueño, de Bebés y más, esta entrada de nuestra casita sobre el libro Dormir sin lágrimas, de Rosa Jové, y el libro mismo de esta autora. Creo que los tres textos pueden ayudar a entender mejor el sueño de los peques y a buscar alternativas que se amolden a cada hogar.)

25 mayo 2010 at 07:48 3 comentarios

El sueño de los chiquitos: cero lágrimas y más mimos para dormir bien

Hace una semana prometí escribir un post sobre el sueño de los niños. Hoy cumplo mi cometido, a pesar de que en nuestro hogar aún nos falta mucho trecho por vivir. Irene duerme serena y, como todos los niños, se despierta en las noches: algunos días dos veces, otros días tres… y otros hasta cuatro. El tema no me preocupa porque aprendí que el sueño de los bebés es evolutivo y que no hay ninguna patología en los despertares. ¿Qué es lo mejor que podemos hacer nosotros como padres? Ayudarles a nuestros pequeños a relajarse, crear una rutina de sueño y tratar de sincronizarnos (ojo, nosotros) con ellos, entendendiendo que no hay nada de malo en los despertares y que podemos acompañarlos y atenderlos sin dejarlos llorar. Eso garantiza bebés sanos, felices, tranquilos e independientes en el futuro.

Y comienzo por nuestra experiencia. Antes de que naciera la chiquita alguien me habló de un método estupendo para el sueño de los chiquitos que garantizaba que a los tres meses de vida dormían de un solo tiro, sin ningún despertar. Ese alguien en cuestión, con las mejores intenciones, me regaló después un libro “reputadísimo” que me daría las pautas para que mi chiquita “organizara” su sueño (como si el hecho de que no estuviera sincronizado con el nuestro implicara ya un desorden o una patología del mismo). Sin prevenciones, hice la tarea y me leí el texto, echándole cabeza y pensando (aún sin que naciera la pequeña) cómo podría funcionar.

Posteriormente, en alguno de estos blogs mencioné el asunto, resaltando lo que me pareció interesante del cuento: que era bueno establecer rutinas que les permitieran a los niños diferenciar el día de la noche y que dormir era necesario para que los chiquitos tuvieran un desarrollo normal. Dudaba, como buena madre primeriza, de la propuesta de dejarlo llorar hasta que aprendiera a dormirse por sí mismo, pero no sabía de otras posturas ni tenía mamá cerquita para preguntarle cómo podían ser las noches con una bebecita.

En ese entonces no entendía si era cierto el consabido y repetido comentario de “si no la dejas llorar, después no vas a tener cómo bajártela” o “es que los niños te manipulan”. ¡Qué ingenuidad! Creo que quien piensa eso no tiene una relación cercana y real con un pequeño y que, mucho menos, ha hecho el ensayo de ver si es cierto. Justamente los niños criados con apego – a mis ojos- son luego los más independientes. Es apenas normal que cuando no pueden ser autónomonos quieran estar con sus papás… En todo caso, si quieren saber las consecuencias de cargarlos y atenderlos sin dejar que lloren, este testimonio se las explicará. Recordaba, sí, haber visto capítulos de niñeras “expertas” que lo primero que hacían al llegar a una casa era imponer horarios y obligar a los niños a descansar. No importaba, en esos casos, si para lograrlo había que armarse de reloj, nervios y abandonos que dieran como resultado un niño dormido por físico estrés y cansancio y secuelas e inseguridades futuras que no sería fácil erradicar:  la versión discotequera del programa era que el niño dormía porque “había organizado sus horarios”.

Por fortuna, mi comentario tuvo de inmediato una respuesta que decía, desde la experiencia, que había otras posturas más amorosas, realistas y efectivas para ayudarles a dormir a los chiquitos. Esas solas palabras (de Mamasita, por cierto. ¡Gracias, de nuevo por un consejo dado a tiempo!) me sirvieron para ahondar en el asunto y encontrar a Rosa Jové, a su libro y a los foros de apoyo a padres que quieran realmente acompañar y entender el sueño de sus hijos: Dormir sin llorar y Crianza natural. Leí  los artículos base y de apoyo que había disponibles, y entendí, a partir de estudios científicos, que el sueño de los bebés y los niños era evolutivo y que los despertares eran normales y hacían parte de un proceso de aprendizaje emocional y físico. Para quienes aún no conocen estas posturas, les recomiendo ver este video de Rosa Jové y leer esta entrevista, de ella también.

¿En definitiva, cómo es el sueño de los bebés?

Trataré de no extenderme en detalles porque el material disponible sobre el tema es conciso e interesante (pueden encontrar muchísimo aquí, incluídos algunos consejos para ayudar a mejorar el sueño de los pequeños). Los despertares, que suelen ser la mayor preocupación de los papás y los que han generado teorías erradas y poco recomendables que sugieren dejar llorar a los niños y esperar a que se duerman nuevamente solos, son normales. Es más, suelen responder a ciclos (horas fijas durante algunos días que pueden modificarse en poco tiempo, con nuevas rutinas) y son la evidencia de que el niño está introduciendo nuevas fases de sueño a sus noches (los adultos tenemos seis fases de sueño, que van desde un sueño ligero hasta el sueño profundo, mientras los niños al nacer sólo tienen dos… además de un ciclo distinto al nuestro, pues en el útero no diferencian el día a la noche… y eso, por supuesto, tiene que ver).

De ahí que despertarse en la noche varias veces sea necesario y lógico, pues le permite sobrevivir a ese bebé tanto en el presente como en el futuro: ¿imaginan lo peligroso que puede resultar en el desarrollo físico de un niño no despertarse repetidamente para comer? Su estómago es tan pequeño que si no lo hiciera, dejaría de contar con la energía requerida para su desarrollo. Y visto de otro modo: ¿qué sería de un bebé, incapaz de valerse por sí mismo, si no contara con un adulto a su lado que lo cuidase y protegiese? Nosotros sabemos que no vendrá un león a comérselo, pero él estando tan chiquito no tiene la seguridad ni física ni emocional para contar con ello. De ahí que se despierte: si no lo hiciera no garantizaría su supervivencia ni crecería con la seguridad necesaria para luego ser emocionalmente autónomo. Y de ahí que sea importante atenderlo: no hacerlo es romper ese proceso y dejar secuelas emocionales y físicas para el futuro de ese bebé.

¿Y cuándo se completará ese proceso (o dicho de otro modo, cuándo ese chiquito dormirá toda la noche, como los adultos)? Después de cumplir 5 o 6 años de edad, pero eso no significa que su sueño se mantendrá siempre igual: habrá épocas en que se despierte más o menos veces, así como habrá otras (y otros niños) que duerma(n) de corrido. En cualquier caso, su comportamiento será normal siempre que se vea descansado y tranquilo, y que su desarrollo físico y emocional sea el esperado para un chiquito de su edad. Hay patologías del sueño, por supuesto, pero se presentan en pocos casos e, incluso (esto es sorprendente), muchas se generan después de la utilización de métodos que prometen hacer dormir al niño de un tirón  (¡¡¡dormir no necesita de un método!!! Es una función natural) generalmente dejándolo llorar.

¿Cómo ayudar al niño a dormir y por qué no dejarlo llorar?

Como decía anteriormente, dejar llorar a un bebé cuando se despierta en las noches deja secuelas, que se exponen claramente en el video que compartía en mi anterior post: en él se precisa -desde la ciencia- qué pasa y qué se puede esperar del cerebro del bebé. Y como mi objetivo es hablar un poco desde nuestra experiencia, puedo decir con confianza que esperar paciente y amorosamente que las cosas sigan su ritmo es una estrategia que funciona bien: hasta ahora, no hemos dejado nunca llorar a nuestra chiquita y ella, con seis meses y medio cumplidos, duerme cada vez más tranquila, sin dejar de despertarse en las noches para comer. Últimamente come menos y se duerme más pronto que antes, no sé si es porque ahora tiene un estómago más maduro y más grande o porque se siente protegida y sólo necesita sentirse un poco acompañada para relajarse y dormir otra vez.

Eso sí, es un relojito a la hora de dormir; tiene claramente diferenciadas la noche del día (desde chiquita tratamos que lo notara, marcando las diferencias de luz y ruidos de uno y otro momento, y creando rutinas); come a libre demanda, duerme sus siestas fijas (cortitas y casi siempre pegada al pecho) y nos tiene a su lado cuando nos llama: de hecho, casi siempre se despierta balbuceando y nunca ha tenido que llorar o gritar para despertarnos.

¿Nuestras ayudas? Luz tenue (de hecho, en la noche nunca encendemos la lámpara para atenderla), pecho, mecedora y monitores de audio para bebés. Duerme en su pieza y su cuna (nunca colechamos, pero estuvo en nuestro cuarto hasta el segundo mes) y sus despertares varían regularmente (una semana a unos horarios, la siguiente a unos nuevos). Normalmente no se despierta antes de 3 o 4 horas continuas de sueño (a veces son 5, a veces son 6, a veces son 7…) y usa pañal con doble inserto (de tela), que no requiere cambio en toda la noche, con lo que nunca se despierta totalmente y puede dormirse rápidamente, al comer.

Seguramente me salto varios detalles, pero en términos generales ésa es una muestra de cómo puede ser el sueño de los niños. En los foros que adjuntamos antes (Dormir sin llorar y Crianza natural) hay muchas experiencias de padres, además de espacios para preguntas y consejos. También allí tienen artículos con tablas de tiempos aproximados de sueño en los bebés (que varían según las edades), que ofrecen referencias útiles. En todos los casos, es importante entender que ningún niño es igual a otro y que lo que en uno puede funcionar a las mil maravillas, en otro caso puede no estar bien. El sentido común y la sensibilidad de padres son siempre las mejores fórmulas para entender a nuestros hijos. Lo importante es no dudar, confiar en nuestro instinto y tratar a nuestros chiquitos como queremos que nos traten a nosotros, aunque seamos padres primerizos.

No sé a ustedes qué les parezca, pero hasta aquí esta táctica a nosotros nos ha funcionado bien. Hemos tenido, como todos, noches en las que deseamos que Irene duerma más tiempo… pero luego pensamos que ya tendrá toda una vida para dormir mucho y seguido y que ese sueño futuro depende en gran parte de estos saltitos. ¿Por qué dormir sin llorar? Porque eso garantizará un sueño tranquilo. Cada quién dirá. En cualquier caso, por si sirve de algo, les dejo un video comparativo (comprensible para todos, a pesar de estar en catalán). Y antes de despedirme: ¿cómo han sido sus historias? ¿Creen también que es posible dormir sin llorar?

El video y una reseña del mismo se pueden encontrar acá: Los métodos “Duérmete niño” vs. “Dormir sin lágrimas” en práctica (Bebés y más).

PD: ¡Les juro que intento escribir corto, pero, como siempre, termino con un chorizo de palabras difícil de leer! Discúlpenme… ¿Será porque lo hago en varias sentadas? 😉 Espero que les sirva y que al menos les dé noches más tranquilas a algunos papás y bebés.

PD 2: Las leo, las leo… pero no he sacado el tiempo para contestarles (Pronto lo haré).

25 febrero 2010 at 21:01 9 comentarios

Las bondades del ruido para dormir ;)

La última vez que hablé del sueño de los pequeños fue para contarles sobre las dificultades que mi Irene tiene en el día para dormir. Hoy lo hago para señalar mi sorpresa al descubrir que mientras más ruido tenga alrededor mi chiquita, en el día, más fácilmente puede dormir. ¿Casualidad o norma?

Todo empezó a confirmarse la semana pasada, cuando Irene asistió a su primera piñata. Era miércoles y la pequeña llevaba, como es usual, una larga suma de siestas no hechas, acentuadas, además, por dos días de incomodidad y cambios que le adjudico a la falta que le hacía su papá, que estaba desde el lunes en un viaje de trabajo.

Llegamos al sitio en la tarde, a las 3 pasadas, cuando ya buena parte de los pequeños estaba corretiando de un lado para otro. Mi chiquita llegó dormida, pues justo cuando tomé el ascensor de mi edificio para salir, cayó en un sueño profundo… que seguramente duraría otros cinco minutos. La llevé a la mesa de las mamás y la dejé allí al cuidado de una de ellas mientras ayudaba a mi amiguita del alma con los pasabocas de la fiesta.

El número de niños fue creciendo y con ellos los gritos, las risas, la música, el número de mamás y sus puestas al día y el ruido en general. Pasada una media hora, Irene abrió los ojos, miró todo con atención, pasó a mis brazos y comió. Se quedó despierta, sentadita en mis piernas, mirando a los niños reunidos en un círculo, respondiendo con gritos felices cada pregunta de los recreacionistas. Mi chiquita se río, gritó, manotió (debo decir, por cierto, que es una leo típica, que adora las fiestas, el ruido y la música… nada heredado o aprendido en mi casita, donde disfrutamos de los sonidos de la naturaleza por pura costumbre ya asentadísima). Cuando vi su felicidad y emoción, decidí sentarme en la mesa de los chiquitos, más cerca de donde estaban ellos, con el propósito de gozar al ritmo de ella y propiciar que, al tenerlos más cerca, interactuara más. Vimos títeres, comimos helado, nos reímos, bailamos… Y fueron pasando los minutos hasta que dieron las 5:00 p.m. y, como era de esperarse, salió a relucir su cansancio.

Salimos al parque que circundaba el salón, caminamos, hablamos, pero mi niña no se durmió. Volvimos al recinto y caminamos otro ratito (ella, todo el tiempo en mis brazos), hasta que la peque cayó… ¡Irene se durmió nuevamente a pesar de (¿o quizás por?) la música, los gritos, las risas y el barullo de las conversaciones! La pasé a su sillita y siguió profunda por otra hora, hasta que salimos de la fiesta y se montó en el carro para ir a su casita. Ahí sí, acompasada por el ruido del motor, abrió los ojos. Y al llegar, lloró un poco (estábamos un tris pasados de su hora habitual de la rutina nocturna), comió y durmió. Pensé que iba a despertarse pronto por la gran estimulación que había tenido en la fiesta, pero no, pasó la noche como siempre, con sus despertares habituales y sus tomitas de leche.

Yo, por supuesto, me siento agradecidísima de que mi hija no sea hipersensible y que pueda dormirse en cualquier circunstancia. De hecho, creo que hemos tratado que duerma en el día con los ruidos habituales de la casa (pero ya he dicho que la nuestra no es especialmente ruidosa), pero me sorprende descubrir, casi como si la norma fuese justo la contraria, que mi chiquita se relaja y se duerme más fácilmente en medio del barullo. En más de una ocasión, tras pasearla por toda la casa y mecerla y arrullarla con un “shhhh”, he terminado por ponerle música fuerte (pop, bossa nova, flamenco,…), mucho más efectiva a la hora de dormir

Pregunto entonces: ¿será casualidad o empezará a ser norma? Y aclaro que ninguno de los ruidos con los que últimamente mi niña se duerme son ruidos blancos, repetitivos (de secador, agua corriendo o lavadora)… No, no, no.  Son ruidos variopintos, más cercanos a una fiesta que a un motor. Obviamente, no es que sean infalibles: Irene sigue siendo una chiquita más diurna que nocturna, con dificultades para dormir en el día y con unos sueños profundos en la noche -de hecho, anoche, por primera vez, pasó la noche de largo, durmiendo desde las 7:30 p.m. hasta las 5:15 a.m. 😉 … Pero, insisto, es sorprendente.

Y no sigo porque ya se fue largo y la peque, tras su pequeña siesta matutino, acaba despertarse. ¿Alguien saca alguna conclusión?

26 octubre 2009 at 08:46 1 comentario

¿Niñera experta?: mi Irene tiene sueño

Mi chiquita es diurna desde el comienzo: Pasa unas noches de maravilla (¡afortunadamente!), pero durante el día le cuesta muchísimo dormir. Casi siempre, después de comer, da muestras de cansancio y aunque logra dormirse en mis brazos su sueño suele durar, por mucho, cinco minutos. Llora, la alzo, paseamos, cantamos y mi Irene cae nuevamente… para despertar al momento siguiente, aún con sueño y queriendo dormir. He recordado mucho algunos capítulos del programa televisivo Nanny 911 (que hoy me parecen nefastos por el método conductista que utilizan para obligar a los niños a dormir) y he concluído que estos baches de duermo y no duermo, que cambian, sin duda, con el tiempo, tienen que ser parte natural de la vida. Cada niño es un universo y mi Irene está en una etapa donde no es fácil dormir.

Pero debo ser justa y detallar que las noches de Irene son realmente tranquilas: come alrededor de las 7 p.m. y se queda profundamente dormida entre las 8:00 y 8:30. Luego, a eso de las 2:00 a.m. vuelve a despertase, come, duerme de nuevo y se despierta finalmente a eso de las 5:00 o 5:30 a.m. para volver a comer. A veces hace una pequeña siesta diurna entre las 7 y las 9:00 a.m. y, cuando tenemos suerte, logra dormir -como lo hacía cuando era más chiquita- entre el mediodía y las 4:oo p.m. Ninguno de sus despertares nocturnos está acompañado de llantos o gritos: apenas unos gorgojeos me indican que ella está esperando su comida. Durante el día, sin embargo, sí es claro su desespero por dormir, ya sea porque tiene los ojitos rojos y cansados, porque recuesta su cabecita en mi hombro o porque llora y llora a intervalos, a pesar de estar recién comida y cambiada.

¿Alguien sabe cómo puedo ayudarla a dormir? El asunto no es que me desespere, porque cada vez siento más que es algo natural que muy probablemente en un tiempo se transforme, pero a veces la veo tan cansada que quisiera tener unas palabritas mágicas para ayudarla a descansar. A su favor, cuenta con que cada vez detalla más las cosas, que si no duerme, se va entreteniendo un poco más con todo, sonríe y goza con su móvil y sus muñecos, y a pesar de llevar tres días durmiendo solita en su habitación (antes lo hacía con nosotros, en su cunita), no da muestras de ninguna alteración asociada a ello. No quiero una Nanny 911, pero sí me encantaría saber qué han hecho para ayudarles a dormir sin llorar… ¿será que estoy haciendo algo mal?

😉

16 octubre 2009 at 08:48 9 comentarios


De sol a sol

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