Archive for julio, 2011

“Los pájaros volan”

Al parecer, nuestra chiquita ya empezó a hacer sus propias conjugaciones. Y aunque ya decía oraciones completas (de esas que oye con frecuencia) oírle decir ésta, con todo y su error, ha sido un goce infinito. 😉 Bienvenidos lenguaje e imaginación.

Imagen tomada de Educima.com

PD: En dos semanas Irene cumple DOS. 🙂

25 julio 2011 at 18:32 3 comentarios

“La cuna tiene huecos”

Esta entrada, sin duda, es una segunda parte de la anterior sobre los miedos: Desde hace una semana Irene no quiere dormir en su cuna. Dice que tiene huecos. Al comienzo, pensamos que se debía a una pesadilla, así que intentamos disuadirla de su idea, metiéndonos nosotros en la cuna y demostrándole que no había ningún roto por el que ella se cayera. Luego desistimos de la idea, asumimos como defiitivo su sueño en una cama normal y descubrimos que los huecos, quizás, no son más que una muestra de su percepción mucho más consciente del mundo. Sigue despertándose a las 3 de la mañana (como lo estaba haciendo desde hace un par de semanas, cuando los “huecos” empezaron a molestar), pero ahora su carita luce más relajada. ¿Se nos creció nuestro bebé ya?

(Foto tomada a tientas, con flash…  :S)

No sé si la causa de este mal rato con la cuna sea una consecuencia de nuestro intento de que entendiera que no debía subir escaleras (con la aplicación de un tiempo fuera dentro de ella), pues aunque la cuna de aquellos días era una de viaje, verificar que era un espacio que restringía sus movimientos no fue algo que le gustara a nuestra pequeña de casi dos años (aghhh). No le meteré más tiza al asunto porque me estruja un poco el corazón, en realidad. Lo cierto es que Irene ha demostrado ser muchísimo más consciente del mundo que la rodea con el paso de los días y quiere tener autonomía -toda la posible- a como dé lugar. “La cuna tiene huecos” (ahora lo entiendo) alude a los huecos que hay entre los barrotes: los mismos que ella ya no quiere mirar.

Bajo y voy directo adonde mis papás

La idea que tuvimos al principio de que todo fuera el resultado de una pesadilla ha empezado a darle paso a la posibilidad de que nuestra hija simplemente quiera despertarse y bajarse de la cama por sí misma. La cuna, por supuesto, no le da esa libertad. De hecho, habíamos incluído dentro de su mobiliario la cama sencilla porque en las últimas semanas a la hora de acostarla para que hiciera la siesta (después de quedar profundamente dormida en mis brazos con su tita) se habían convertido en una pequeña batalla campal: en cuanto sentía que la acostábamos en la cuna, abría los ojos como platos y lloraba para que la sacáramos. Con la cama, por el contrario, todo es murmullo de ángeles: la acostamos en ella y sigue durmiendo a pierna suelta. En las mañanas, al despertarse, va silenciosa a nuestra alcoba y nos despierta con una hola sonoro y sonriente. ¿Se puede pedir más?

Total, andamos en una semana de muchos cambios, antecedidos de una gripa fortísima que se adueñó por 7 días de las dos. Pasamos, además, de hacer unas tres o cuatro tomas de pecho al día a hacer sólo una -antes de dormir-, un poco por desición de esta madre-cambia-estrategias que está tantiando el terreno con su pequeña. Los resultados podrían dar quizás para otro post, pero creo que no voy a escribirlo porque sigo pensando que cada pequeño y cada mamá tienen sus ritmos.

Lo cierto es que desde que iniciamos esa especie de destete inducido (odio el término, grrr), Irene está más serena y ha mejorado su apetito. Hemos hablado muchísimo sobre el tema y sigo pensando que tomará el pecho para dormir hasta que quiera. Es más, las tomas que ya no hace en el día las hemos desplazado básicamente porque ella aceptó cambiar su tita (casi siempre por leche de vaca, entera, en un vasito de transición que había comprado hace más de un año y que nunca habíamos usado). Veremos qué sigue pasando.

Finalmente, para dar respuesta a mi pregunta de si se nos creció nuestra chiquita, debo decir que sí, que cada vez es más parlanchina, que va entrando con gusto a los dos años (con todos sus “no”, “mío” y todas sus “rebeldías”) y que duerme desde hace casi una semana en su camita. Al principio ponía cojines hasta en el piso, temiendo que se cayera. Ahora no, sólo pongo un par de ellos a su lado: creo que la amplitud que ha ganado en sus noches hace que se quede en un mismo lugar. La cuna sigue en su pieza… pero creo que servirá de adorno (o para que sus muñecos duerman). 😉

21 julio 2011 at 05:21 7 comentarios

¿Miedos?

No sé si hay una edad particular en la que aparecen los miedos infantiles, pero sí puedo asegurar que Irene se siente angustiada por algunas cosas que antes ni le importaban: los truenos, las motos (con sus motores ruidosos), el distanciamiento momentáneo de mamá o papá, entre otros. No llora desesperada, pero sí cambia la expresión de su cara y nos busca presurosa para abrazarnos. El “¡qué susto!” que antes decía en tono de charla, ahora suena a miedo real. ¿Qué hacemos para ayudarla?

Siempre he pensado que Irene es una niña segura y confiada, tanto que a veces peca de imprudente, subiendo escaleras en donde se ha caído antes o corriendo minutos después de tropezar. Todo ello, hasta ahora, me ha parecido positivo, especialmente porque quiero que nuestra chiquita pueda enfrentarse al mundo con precaución pero sin temor. No obstante, tengo la sensación de que hace algunos días la niña despreocupada ha dado paso a un ser mucho más atento y consciente del mundo (y sus ruidos).

El tema aún no me preocupa -supongo que no diré lo mismo cuando lleguen las pesadillas: aún recuerdo una con una piraña de dientes grandotes que me despertó en mi infancia sumida en el terror-, pero sí me causa muchísima curiosidad porque revela una nueva etapa de nuestra chiquita. Sé que es natural y trato de hacérselo ver así a ella, usando palabras tranquilizadoras (“estamos contigo”, “no te preocupes, es sólo una moto y donde estamos no corremos ningún peligro”) o introduciendo gestos tranquilizadores que recalquen el carácter cotidiano de los ruidos: bailamos con la licuadora, con la lavadora, con el molinilllo para el café, bla, bla, bla. Debo anotar, por cierto, que vivimos en una sociedad supremamente ruidosa y que nuestra ciudad no está ni medianamente lejos de la media: los ruidos de alarmas, sirenas y motores saltan a nuestros oídos cada dos por tres.

El hecho es que a partir de esa nueva consciencia de nuestra chiquita y de sus caras de angustia empezamos a investigar un poco sobre el asunto con el propósito de encontrar explicaciones y recomendaciones al respecto. El resumen, básico, es que es un proceso natural, que tiene su propia cronología (no igual en todos los pequeños, pero sí cercana a lo que puede suceder a medida que crecen con sus miedos) y que hay maneras de ayudarles a sobrellevarlos y superarlos. También descubrí que algunos temores pueden ser patológicos y que en algunos casos puede ser útil recurrir a la ayuda de un tercero, cuando menos para no heredarles a nuestros chiquitos nuestros propios miedos. Yo, cuando menos, reconozco que el miedo a las montañas rusas o a las alturas quizás no pueda fingir que no lo tengo. Ah, sigo pensando que la disminución de estímulos excesivos (como películas, entre otros) puede ayudar a que los pequeños se asusten menos.

Dejo los links relacionados (de Bebés y más), además de un video corto y con consejos prácticos que pueden resultar muy útiles frente a los miedos infantiles, así como un saludo [con disculpas por ausencias y falta de noticias] amoroso para padres y pequeños.

Y una idea extra: coser los monstruos. Hace algunos meses encontré el link de una mamá colombiana que los hace a partir de un dibujo de sus hijos (para desmitificarlos y volverlos los mejores amigos y compañeros de sus sueños)… sigo pensando que es una idea lindísima para ayudarles a sobreponerse a sus bichos.

(Por cierto, para Victoria: mis proyectos de costura están paraditos. Daré noticias cuando arranquen de nuevo. 😉 Un abracito.)

12 julio 2011 at 10:47 4 comentarios

“Hace popó”

Desde hace unos cuatro meses esa sentencia nos avisa, en labios de nuestra pequeña, cuando su cuerpecito pide pista para hacer el famaso “número dos”. Nosotros celebramos sus pujos y la interrupción de actividades (a veces con distancia incluída) con un “¡qué rico!” y un baile sencillo (que le sirve, por demás, en la dilatación de su culito). No es que hagamos fiesta a todo timbal en casa, pero sentimos que esas palabras y esa danza le ayudan a que se relaje y a que entienda que eso que siente en su pancita es natural y saludable.

Foto tomada de Te quiero verde.

Y aclaro que ésta no es un entrada sobre cómo dejar el pañal. Las caquitas de nuestra pequeña aún llegan felizmente a nuestros pañales de tela. Y no nos molesta. Creemos que ir al baño es un acto que exige una capacidad física que llegará cuando madure más su cuerpo, aparte de que el hecho supone una conciencia natural. En resumen: estamos convencidos de que Irene nos dará las pistas cuándo por sí misma pueda decirle adiós a su pañal.

A parte de ello, sé que existen señales que indican cuando un chiquito va a hacer pipí o caca (Elimination Communication), pero también sé que hay que estar con cuatro ojos atentos para actuar: los bebés no controlan esfínteres, sólo dan indicios de lo que hará su organismo. No fue nuestro caso y aunque me hubiera gustado tener esa sensibilidad, no lo lamento. Por lo tanto, espero.

¿Y si avisa?

Sé que esa oración sencilla conjugada en tercera persona (como si no fuera ella misma la que está “haciendo”) es un acercamiento de nuestra hija a la conciencia de su cuerpo. Cometí el error al principio de creer que enunciarla era un indicio de control de esfínteres, pero no: un día de calzoncitos mojados -y de no ir al baño con éxito- bastaron para entender que darse cuenta de lo que hacía no significa tener control sobre ello. Volvimos al pañal, no sin dejar de pasar por un pequeño episodio de “me aguanto, mejor”… Creo que le daba miedo.

Y ahí fue cuando empezamos con el ¡qué rico! y con el baile sencillo de balanceo. Tres días sin hacer popó (a pesar de necesitarlo… avisando cuando venía el retortijón, pero sin evacuar por miedo) dieron paso a una explicación sencilla pero precisa de todo el proceso: “princesa, no tengas miedo. Ese dolorcito que sientes en la barriguita es normal. A nosotros también nos da. Cuando lo sientas, ya sabes que es tu cuerpecito diciendo que está sano y feliz. Sólo ayúdale un poco para que el popó pueda salir. Son cositas que ya no necesitas para vivir. Haces así (fuercecita y ruidito de pujo) y ya. Si quieres, bailas moviendo de un lado a otro tu cuerpo. Verás que pasa más rápido y duele menos”. Santo remedio.

El proceso ha sido para nosotros también un aprendizaje, no para dejar el pañal (ya llegará el momento), sino para comprender que aunque hacer pipí y popó son procesos naturales entender cómo y por qué pasa es algo que aprendemos y toma tiempo… al menos cuando nuestras edades se cuentan con los dedos de una sola mano.

¿Cómo sabremos que sí es el momento y qué haremos?

Creo que ella misma nos pedirá que no usemos el pañal. Avisará, seguramente, cuando pueda controlar su cuerpo. Y cuando suceda escogerá dónde prefiere hacerlo: en el pañal (quizás para entonces ya no lo tendrá puesto), en el potty o directamente en el baño, con un adaptador para colitas pequeñas que nuestros sobris nos heredaron. Y veremos cómo nos va. Aquí siempre es verano, y vacaciones y atención siempre hay disponibles. ¿Para qué afanarnos? Confío en que la conciencia relajada del hecho sea un paso que facilite y simplifique el proceso. 😉

Dejo algunos links que pueden ser de utilidad. Ah, y como siempre, se reciben ideas y consejos.

5 julio 2011 at 10:11 3 comentarios


De sol a sol

julio 2011
L M X J V S D
« Jun   Ago »
 123
45678910
11121314151617
18192021222324
25262728293031

Contenido protegido

NO SE PERMITE USAR NI LAS FOTOS NI LOS VIDEOS DEL BLOG La casita de Irene a no ser con consentimiento expreso y por escrito. Todo el contenido de esta web se encuentra protegido (a no ser que se especifique lo contrario) por una licencia Creative Commons tipo Reconocimiento-No Comercial-Sin Obras Derivadas.

Categorías