Archive for diciembre, 2010

Para cerrar el año

… Salimos por unos días de este hogar. Pero volveremos.

Hombre mirando pájaros. Obra de Rufino Tamayo.

Mientras tanto, nos abrimos un poco más al mundo y a la familia de carne y hueso, sonreímos con 12 dientes (¡una nueva muela se suma a las tres reinantes!), caminamos bailando, saltamos aunque no despeguemos nunca los pies del suelo, dormimos en parajes ajenos, reconocemos animalitos que vimos hace algunos meses, jugamos “chucho” (escondiéndonos), repetimos -felices- palabras silibantes (que empiezan por ffffff, ssssss, chhhhh, yyyyyyy)… En resumen, crecemos jugando y viviendo, y aprendemos (también nosotros, tus papás obnubilados y enamorados) y volamos. No necesitamos alas, sólo sueños. Y buenos amigos y lectores que merecen un fuerte abrazo y un gran beso de Navidad. Prontito nos vemos. 😉

22 diciembre 2010 at 11:37 8 comentarios

“Este niño está muy consentido”

No sé si esta frase lapidaria sea igual en todos lados. Debe tener variantes del tipo “ese niño es muy mimado”,  “es un niño caprichoso” o cosas por el estilo. Es más, si somos puristas y nos vamos al Diccionario de la Academia, sería más correcto (en el sentido lingüístico solamente -del vivencial discutimos en un rato-) decir lo segundo porque consentido, según el DRAE, es el marido que “sufre la infidelidad de su mujer”.  Pero se diga una cosa u otra, el sentido con el que se suele pensar o decir la sentencia ésta apunta casi siempre a un reproche o duda sobre el exceso de cuidados, contemplaciones o mimos que se le dan a un niño. Y suele asociarse con malcrianza. ¿Qué hay de cierto y cómo saber cuándo hay exceso? Aventuro una opinión.


Obra de Javier Soto.

Comienzo por decir que hasta aquí nadie distinto a mi amorcito me lo ha dicho. Y aclaro que cuando el padre de la criatura lo ha enunciado ha sido más en tono de inquietud, justo después de un episodio de llanto o de “rabieta” (léase frustración porque considero que Irene es una niña paciente en general) de la pequeña.

Las dudas, por supuesto, han llegado porque somos hijos de una generación a la que se le negó en parte el afecto y a la que se le sugirió (por no sé qué circunstancias absurdas de la vida) que era mejor pecar por omisión que por exceso. Eso, desde una perspectiva económica deprimida que nació después de dos guerras mundiales podría hasta tener sentido, pero no desde una mirada emocional. Lo triste (y horroroso) es que sí se inventaron teorías de este tipo que sugirieron que los afectos debían medirse para evitar en casa a un “tirano” chiquito. Ejemplos lamentables son la famosísima Supernanny (o Nanny 911), don Estivill y el método de un supuesto médico de principios del siglo XX llamado Truby King, una especie de tortura emocional para recién nacidos comentada en Bebés y más (con réplicas posteriores que la tildan de máquina de la infelicidad, aquí y acá).

El caso es que creo que todos los padres nos hemos preguntado más de una vez si estamos malcriando a nuestro chiquito, sin tener clara la diferencia entre mimo y disciplina y pensando (muchas veces por comentarios precedidos de la frase lapidaria del título o sus similares) que quizás deberíamos ser menos afectuosos, condescendientes y más estrictos. La respuesta definitiva no la tengo, para lamento de quien quiera encontrar fórmulas mágicas en este texto, pero sí cuento con una corta experiencia que ha sido feliz tanto para Irene como para nosotros. La adobo con una recomendación inconclusa de un texto que encontré por casualidad en la última Feria del Libro de mi ciudad, titulado Disciplina con amor (no es éste -que está digitalizado en parte, por eso lo incluyo- pero va en la misma línea. Para quienes quieran saber un poco más del tema, recomiendo también el artículo incluido acá). Y preciso dos cosas: que digo inconclusa porque no he terminado de leerlo, pero hasta donde voy me parece que tiene puntos valiosos que pueden ayudar a aclarar esta discusión; y que no doy toda la referencia porque no lo tengo a mano, pues se lo presté a una madre amiga con una chiquita un poco mayor. [Update: dedicándole unos minutos más a la búsqueda, dejo ahora sí la referencia del libro que tengo en parte leído: Disciplina con amor. Cómo pueden los niños adquirir control, autoestima y habilidades para solucionar problemas, de Jane Nelsen, publicado por Planeta. También ha sido publicado como Disciplina positiva (un poco más acorde con su título original) y puede encontrarse digitalizado en buena parte acá.]

Empatía y respeto

Las fórmulas centrales del asunto son esas dos: la “Identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro” -DRAE- (para el caso, el niño) y el respeto elemental que merece cualquier ser humano, tenga un mes de vida, tres años, treinta o setenta y cinco. Su aplicación supone, por supuesto, la conciencia de que existen límites y de que entenderlos y asumirlos no tiene porque traducirse en golpes, gritos, comparaciones, subestimaciones o desconocimiento de un posible error.

En casa esto ha supuesto un aprendizaje y un ejercicio continuo de paciencia y conciencia: comprender que a una chiquita que apenas se estrena en el mundo le cuesta más entender -la autora del libro dice también que interpretar- que hay ciertas cosas que no se pueden hacer (como balancearse de pie en una silla o tirarse de cabeza por una escalera) y asumir que se pueden explicar razones y consecuencias con amor. Los “no porque lo digo yo” o cosas por el estilo deben remplazarse por oraciones un poco más extensas y cargadas de sentido, que a lo mejor no tienen porque estar plenas de lógica y argumentos (que cuando puedan darse no vienen mal), pero que sí pueden, al menos, dejar un sabor más grato en la boca de quien los dice y quien los recibe. Un “puede ser peligroso para ti aunque ahora no lo entiendas” o un “confía en mí” dichos con amor pueden ser más relajantes que un grito (que puede ser producto de la angustia… no creo que ningún papá quiera ni malatratar ni hacer daño a su hijo).

No puede ser malo amar

Con esto, resumo, pretendo decir que nunca nos sentimos seguros de estar haciendo o no lo correcto con nuestros hijos, que son posibles muchas críticas, que en más de una ocasión podemos pensar (por mitos absurdos heredados del pasado) que apapachamos, acariciamos y llevamos en brazos más de lo debido. Y, también, que personalmente creo que mimar a un pequeño no tiene porque significar ni malcriarlo ni amarlo en exceso. De hecho, creo que es imposible lo segundo. En su lugar, apunto que el “no dejarle llorar” me parecía mucho más fácil de ejecutar al principio, cuando Irene era una chiquita que necesitaba fundamentalmente suplir necesidades básicas (alimento, temperatura, seguridad, sueño, tranquilidad, entre otros), pero que ahora entiendo que hay ocasiones en las que esto significa más bien no provocar llantos innecesarios y entender que todos necesitamos en ocasiones expresar nuestra inconformidad o incomprensión ante ciertas cosas, con lo que llorar puede ser una manera de desahogarnos antes de reestablecer nuestro mundo.

Irene grita y llora a veces, pero siento que ya sé cuándo su llanto es por calor, hambre o sueño y cuándo es por un “quiero que me dejes hacer esto”. En los primeros casos, vale un abrazo y una atención de inmediato; en los segundos vale la disciplina con amor, es decir, la empatía y el respeto: un mirar con detenimiento las cosas y actuar en consecuencia. ¿Quiere jugar con un libro? Y, digo, si no es un incunable, ¿por qué no? Muchas de las cosas que pensamos que no pueden hacer los niños, sólo requieren de dirección (buenas enseñanzas he tenido de parte de ella con el comer solita, caminar, pasar páginas delicadamente, encender el radio y un largo etcétera. Claro que se corre el riesgo de que algo se dañe o se ensucie, pero si va a experimentar con nosotros a nuestro lado, explicándole cómo hacerlo, el riesgo, sin duda, es menor -y el aprendizaje y la autonomía y la seguridad y confianza que ganen, quizás, sea mucho mayor). Otras, como querer lanzarse de cabeza por la escalera, sólo requieren de cuidados y explicación. Creo que en eso se fundamenta la disciplina con amor (y que ningún niño criado de este modo será el mimado o consentido o caprichoso que sugiere la introducción).

😉

Por cierto, en los casos en los que el llanto se debe a aburrimiento o frustación me funciona, y mucho, dejar que mi chiquita exprese su enojo y sentarme en frente suyo para tomar un poco de aire cuando siento que yo misma necesito un poquito de paz interior. La efervescencia de los llantos o las pérdidas de paciencia (como le decía a otra madre hace poco) casi desaparecieron desde entonces. Karina decía que les cantaba mientras tanto… ¿alguna otra recomendación?

(Dejo, además, un video casi cómico e ilustrativo de lo que a veces ocurre con los chiquitos. En ocasiones, el tema es sólo de atención:

Lo encontré en esta página sobre Disciplina con amor)

[Y a propósito: sobre la imagen que ilustra esta entrada, tomada de Contraindicaciones, una web sobre “Política, arte contemporáneo, amarillismo, proselitismo, demagogia”, se dice lo siguiente:

“Niño Mimado”

El radical crítico cultural Anton LaVey, en su escrito ” La Guerra Invisible ” hablaba de una guerra en marcha, no solo de fusiles y bombas “ahí afuera” (o “aquí al lado” podríamos añadir), sino también, y no menos importante, en la mentes: “Las refriegas tiene lugar en nuestra propia mente. Cuanto menos consciente es uno de la guerra invisible, más receptivo es al continuo proceso de desmoralización, pues el humano insensible es vulnerable, débil y está maduro para el control (…) Las vías de infección están en todas partes. Las “bombas” están cayendo a nuestra puerta todos los días. Los periódicos, la radio, la televisión… todos son catecismos de la desmoralización””. Lucy Lippard propondría a LaVey una fórmula de resistencia volviendo a clamar, cincuenta años después de que lo hiciera Rivera, por la rehabilitación de la propaganda: “la buena propaganda” es lo que debería ser el arte; una provocación, un nuevo modo de ver y pensar sobre lo que pasa a nuestro alrededor.

¿Interesante, no?]

Cómo Pueden Los Niños Adquirir Control, Autoestima Y Habilidades Para Solucionar Problemas

15 diciembre 2010 at 08:16 15 comentarios

Ahora sí, Navidad

Y con ella, casi una nueva historia en nuestro hogar. Ahora Irene participa (aunque sea quitando y poniendo cositas todos los días)… y la Navidad se ilumina.

[Y aunque sea un día después, felices dieciséis meses, chiquita. Llenas de amor y esperanza nuestras vidas.]

10 diciembre 2010 at 08:48 5 comentarios

Vulnerabilidad

Sé que se acerca la navidad y que quizás debería hablar de ilusión y esperanza, pero hoy no tengo el espíritu para hacerlo. En su lugar siento y debo confesar un sentimiento de impotencia y de vulnerabilidad… del que creo, por cierto, que ya he hablado antes. Y es que a pesar de la época, el nudo en la boca del estómago se mantiene y a veces, incluso, se acrecienta. Ser padre nos llena de miedos, de sensaciones de amenazas y de una conciencia exacerbada de nuestra vulnerabilidad.

Foto tomada de x_mangel.

Hace cuatro días hubo una tragedia terrible en un municipio aledaño a nuestra ciudad. La causa fue el invierno y el número de víctimas (porque, sí, la vida es finita) parece que asciende al centenar. Hasta ahora sólo han podido recuperar cincuenta y tantos muertos, pero las condiciones del invierno y la gran cantidad de tierra y escombros que los sepultaron no ayudan con la búsqueda. La mayoría, por lo visto, son niños.

Siento miedo. No pretendo vivir inmersa en una burbuja, pero es inevitable darme cuenta de que estoy metida en ella  cuando sensaciones como ésta me sorprenden y me golpean. Ahora sé que no nos bastamos solos… y que hay alguien más que no se basta sin nosotros.

Y sí, el tiempo calma todo, después de las tormentas siempre llega la calma y la marea sube y baja, pero quisiera ser infalible, indestructible… para hacer infalible e indestructible a mi chiquita. Quisiera poder protegerla -en todo el sentido del término- de cualquier mal, pero ya sé que no es posible y que si lo fuera seguramente el mundo sería plano y aburrido. Pero soy ilusa y me da miedo que me dé miedo. Me da angustia pensar que el mundo es ancho y ajeno y que hay peligros, incertidumbres y dolor más allá. Racionalmente entiendo las circunstancias de la vida y acepto, porque me toca, sus condiciones… sin posibilidad de réplica. Todo porque al mismo tiempo que me siento tan frágil, me doy cuenta de que si no fuera por esta lógica no sentiría, con toda su intensidad, la felicidad que me regala ese personajito que ahora nos acompaña.

La lógica de la vida es compleja. Por ello, me/nos declaro vulnerable/s, temerosa/os y frágil/es. Y me alzo en pie de lucha para vivir al lado de Irene en las buenas, en las malas y en todas las que lleguen (que espero que sean gratas en su-casi totalidad).

[Elevo mis silencios y mis temores a los chiquitos y a sus padres. Y a mi mamá.]

9 diciembre 2010 at 09:30 4 comentarios

Menos cosas, más felicidad (9): Cómo ahorrar dinero

Retomo nuestra serie de Simple Living para hablar sobre el dinero y sobre algunas claves para ahorrarlo… algo muy difícil de hacer  si no se planea y se ejecuta con rigor y voluntad. La propuesta surge de nuestra propia preocupación, pues aunque tenemos unas finanzas domésticas sanas (con ingresos fijos, sin deudas y sin tarjetas de crédito), la pespectiva a futuro resulta siempre incierta y exige -a mi juicio- aprender a vivir con menos de lo que se gana para poder ahorrar.

Foto de alancleaver_2000

No sé cuál sea la situación en otros países (aunque sospecho que debe ser similar), pero en Colombia, por ejemplo, cualquier plan pensional supone una mesada inferior al sueldo que se percibía antes… eso sin mencionar que las perspectivas que tenemos actualmente dejan muy en entredicho las posibilidades de retiro para las generaciones trabajadoras de hoy. Si a eso le agregamos que a pesar de nuestras “buenas prácticas”, la sensación creciente es que el dinero que percibimos siempre nos queda justo, creo que es tiempo de empezar a buscar alternativas para ahorrar. Otra opción sería intentar crecer nuestros ingresos, pero sospecho que si eso no se hace de la mano de un plan de ahorro, la tendencia puede ser a que también crezcan los gastos… y no nos interesa. Además, preferimos pasar más tiempo en familia que cargarnos de más trabajo o responsabilidades que nos limiten esa posibilidad. Así que al grano…

Cómo ahorrar

Obviaré todas las estrategias de ahorro en consumo de bienes y servicios, pues aunque creo que son importantes, las expuse en los artículos precedentes de esta serie sobre Simple Living y creo que ya están en marcha en nuestra casa. Es posible que podamos mejorar algunos aspectos, pero eso lo haríamos sobre la base de lo ya expuesto y sobre las premisas básicas y muy efectivas de reducir, reciclar y reutilizar (y reparar). Si a ustedes les interesa conocer esas opciones, les recomiendo que después de leer este texto, se den una pasadita por acá.

Superada esa etapa, me concentro en las estrategias que hemos utilizado en otras épocas y que ahora debemos retomar para que los imprevistos (que llegan TODOS los meses: reparación del coche, mantenimiento de bienes, pago de impuestos -crecientes, grgrr-, entre otros) no nos sigan dejando en ceros. Y lo hago a manera de lista:

1. Tomar nota de TODOS los gastos del mes. Y eso incluye las compras más nimias. No les recomiendo que lo dejen para el último día, pues normalmente hay gastos que no se tienen presentes y que, al sumarlos, descuadran cuentas. Poner los gastos sobre el papel a medida que ocurren, permite tomar conciencia de en qué se va el dinero y qué se puede recortar para tener al final del período saldos a favor.

2. Una vez se tengan claros cuáles son los gastos fijos y necesarios, se dede programar un presupuesto. Esto es un cálculo del dinero que ingresa y del dinero que sale (especificando cuáles son las fuentes y las destinaciones que se harán). Para que esta herramienta funcione, es fundamental hacerlo claramente y con honestidad, incluyendo TODOS los gastos que se hagan. Y cumpliendo los ajustes necesarios para que al final los números que aparecen en la columna de los ingresos sean iguales o mayores a los de la columna de las salidas o egresos. Puede que no case al principio, pero la idea es que a medida que se concientice el plan y se ejecute con juicio, la tendencia sea que sí ocurra.

3. Es fundamental incluir dentro de ese presupuesto un monto para imprevistos (sugieren que sea un 10% de los ingresos) y otro para ahorro (ése sí depende de cada cual. Lo ideal es pensarlo como un gasto fijo y fundamental, para que no se convierta en el desvare mensual -como nos ocurre ahora a nosotros-). Éste es quizás el punto más difícil de todos porque supone suprimir consumos -no básicos sino “suntuosos”- y un cambio de mentalidad sobre el ahorro. Muchas veces pensamos que ahorrar es tener un dinero libre para ciertos lujos… y puede ser cierto, desde algunas perspectivas, pero no lo es cuando decidimos ahorrar con una proyección a mediano o largo plazo y terminamos gastándonos esa reserva antes de tiempo y en algo distinto a lo proyectado. Adicionalmente ocurre con frecuencia que muchas personas no sean capaces de no disponer de esos montos, pues ven ciertos gastos como básicos aunque -en un plan de ahorro- pueden no serlo: zapatos (que son básicos cuando no se tienen, pero pueden ser una compra innecesaria o aplazable cuando responden más a una moda, un impulso o un antojo), un servicio de internet en casa cuando nos pasamos todo el día en el trabajo y tenemos conexión allá o cuando tenemos conexión en nuestra cuenta de teléfono móvil y otros por el estilo. Por eso, quizás al llegar a este punto, resulte necesario revisar nuevamente los puntos 1 y 2… Y la recomendación: si a pesar de proponérselo y programarlo le cuesta mucho ahorrar, hágalo de un modo impuesto: por deducción automática a otra cuenta o a un depósito fijo, por conversión a moneda extranjera o por lo que sea que no le permita gastar el dinero tan fácilmente como cuando lo tiene en su cuenta. Cuando gastar supone un esfuerzo extra, casi siempre el impulso del gasto se aminora e incluso, sorpresa, no se llega a concretar.

4. No te endeudes. Esto puede sonar drástico, pero es algo que vale la pena considerar. No es lo mismo, sin duda, endeudarse para comprar una casa que hacerlo para comprar ropa, ni es igual endeudarse cuando se tiene un trabajo e ingresos fijos o se vive en un país con créditos blandos, que hacerlo cuando se tiene un empleo independiente o temporal y se vive en economías emergentes con intereses de créditos altísimos. Por eso es bueno pensarse dos veces (con cabeza fría y con plazos de tiempo superiores a treinta días) cualquier deuda antes de asumirla. Si tiene tarjeta de crédito, una buena táctica puede ser no andar con ella… así el impulso, al menos, no se podrá concretar. Vale el consejo también para las tarjetas de débito. Es mejor andar con cierta cantidad de efectivo encima: supone limitar a un monto concreto cualquier gasto que vayas a realizar (pero este vale como una herramienta en sí misma, así que la paso al 5).

5. No lleve tarjetas en su cartera y ande con montos concretos de dinero en ella. Por supuesto, esto exige presuponer qué cantidad se va a necesitar. No se puede salir de casa sin el dinero necesario para el transporte, por ejemplo… sobre todo si vamos al trabajo y no podemos llegar andando. Tampoco se puede ir a hacer la compra sin una lista y un cálculo de lo que necesitamos y mucho menos sin el dinero calculado para hacerla. Pero sí sirve llevar lo justo -bueno, con un tris más por si sucede algún imprevisto… un 10% para ser exactos-. A mí al menos me funciona. Cuesta acostumbrarse, pero una vez lo pones en práctica notas que sí te ayuda a ahorrar.

6. Prioriza gastos. No importa si son a mediano o corto plazo. Lo más probable es que ahorres para poder adquirir ciertas cosas (una casa, un coche, un viaje de vacaciones, un regalo, etc.), aunque también puede ser útil hacerlo simplemente para el futuro… es decir, para cuando no se tenga un trabajo, para una enfermedad o para invertir en algo rentable más adelante, cuando el monto ahorrado lo permita.

Y así llega el último consejo de ahorro:

7. Invierta el dinero ahorrado (después de un buen tiempo) en bienes que puedan reportarle alguna utilidad. Éste es el sueño dorado… porque permite resolver la inquietud inicial del artículo: cómo ahorrar o cómo incrementar los montos que percibimos. Vuelvo a repetir la recomendación incial: es mejor reducir los gastos. Y agrego que esto es bueno hacerlo incluso cuando se puede incrementar un poco más el ingreso. Y aclaro que no sugiero limitaciones de goce ni de bienestar (¡no hay que vivir con goteras en el techo por ahorrar dinero!), si no vivir con la premisa de Simple Living: vivir con menos cosas y más felicidad. Seguramente cuando hayamos ahorrado un poco y tengamos un dinerito extra para viajar o comprar una casa o adquirir algo para rentar, habrá sonrisas en nuestras caras.

Pero falta resolver la pregunta del millón: ¿Y en qué se invierte para recibir utilidades? Eso da para otro post y varía, sin duda, dependiendo del lugar en el que se viva. En nuestro caso, las opciones son las mismas de los viejitos: en propiedades porque los bancos cobran tarifas de intermediación altísimas y porque el dinero tiene devaluaciones intempestivas. La propiedad difícilmente se desvaloriza y es un bien que perdura en el tiempo. Quizás no sea fácil juntar el dinero para lograrlo, pero, como decía antes, las opciones de inversión dependen de cada familia… y proponerse un objetivo o priorizar los gastos no significa no poder hacer ajustes en el camino. Quizás lo que deseamos a los 20 no sea lo que queramos a los 40… Lo importante, en cualquier caso es ahorrar y descubrir que, incluso en los peores casos, se puede ser feliz con menos cosas y siempre se vivirá más tranquilo sin deudas y con algún dinero extra para el futuro.

[A ver si retomando estas pautas, mejora la economía de nuestro hogar. Son bienvenidas, por supuesto, sus propias sugerencias. Así que, ¡a comentar! ;)]

PD: Acabo de leer un post en el blog de Nuria, pidiéndonos que oremos por Gammal, el pequeñito de Johana Beato que nació el último día de noviembre. Su corazoncito tiene problemas. Desde aquí oramos con todo el amor para que ese chiquito y Johana, Ivana y su papá se llenen de amor, salud y bienestar… Ayúdennos a orar.

3 diciembre 2010 at 08:42 5 comentarios

La vida empieza hoy

Ayer, luego de dejar a nuestra chiquita profundamente dormida en la noche, sentí que era increíble que apenas hubieran pasado un poco más de quince meses desde su nacimiento. Se lo dije a mi amorcito, su padre, y asintió. Cada día a su lado ha sido un nuevo descubrimiento (en todo el rigor del término) y son tantas las cosas que pasan en tan pocos meses, son tantos los cambios y los progresos que el asombro no se compagina con el razón.

Ahora siento más que nunca cuán válida es la apreciación de que los primeros años en la vida de una persona son fundamentales para el resto de su existencia: ¿o qué más puede pensarse cuando descubrimos que en un poco más de un año una personita que apenas abría los ojos y se movía enrolladita, ahora camine, corra, decida (diciendo sí y no con la cabeza), señale con un dedito lo que quiere, reconozca a las personas que tiene a su lado, coja una cuchara y se la pueda llevar a la boca con comida, se ría con nosotros, nos dé besos y nos abrace o pida -como algo natural- que la llevemos al parque, reconociendo e imitando animales o diciendo “awua” cuando encuentra sobre el pasto restos de lluvia?

Luego de que Irene durmiera plácidamente (ahora cayendo en los brazos de Morfeo solita, después de su última toma de pecho, mirando a mamá acompañarla mientras sus párpados se cierran), decidimos ver una película… y la elección fue un gran descubrimiento que aún recuerdo hoy. Al verla pasamos un rato maravilloso porque nos dimos cuenta de que también desde el otro lado, a esa edad en la que -dicen- se aproxima el final de todos, también empieza la vida, con intensidad, con amor y con un cúmulo infinito de sensaciones.

La cinta se llama igual que este post (y tiene su página web aquí) y es una recomendación que hago sin falta porque aparte de la limpieza de sus imágenes, del estupendo trabajo actoral y de la maravillosa caracterización de los personajes, tiene un gran guión (que promocionan como comedia aunque, a mi juicio, no es tal). Es una historia llena de vida y sensibilidad. Dura hora y media, pero regala más que eso. La vimos en esta página por casualidad. Veánla en cine o en ese link. Creo que no se arrepentirán.

(Y sí, tengamos la edad que tengamos, la vida -siempre intensísima- empieza hoy.)

😉

1 diciembre 2010 at 09:29 7 comentarios


De sol a sol

diciembre 2010
L M X J V S D
« Nov   Ene »
 12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
2728293031  

Contenido protegido

NO SE PERMITE USAR NI LAS FOTOS NI LOS VIDEOS DEL BLOG La casita de Irene a no ser con consentimiento expreso y por escrito. Todo el contenido de esta web se encuentra protegido (a no ser que se especifique lo contrario) por una licencia Creative Commons tipo Reconocimiento-No Comercial-Sin Obras Derivadas.

Categorías