Archive for abril, 2010

Por ti, Irene, esperamos

Esta semana, mi chiquita, las palabras de otros inundaron este hogar. Hoy quiero explicarte -en mi nombre pero también en el de tu padre- por qué esas palabras también son nuestras y por qué esa esperanza que tú concretas en nuestra vida queremos verla reflejada en todo el mundo. Merecemos y necesitamos cambiar. Y después de hacer un cambio en nuestro entorno íntimo, debemos intentar hacerlo en un espacio colectivo: el próximo 30 de mayo votaremos por Antanas Mockus a la presidencia de Colombia, con la esperanza de que esta vez, por fin, tengamos la oportunidad de forjar un futuro respetuoso, educado, amoroso, justo, sensible y equitativo para ti y para todos los colombianos. Más allá de las promesas -que sin falta hacen todos los gobiernos y candidatos-  esta vez creemos sinceramente que podemos lograrlo y que es posible al menos comenzar a construir, juntos, el país que soñamos.


Y como las razones por las que optamos por Mockus son las mismas por las que respiramos, queremos expresarlo en palabras. El tiempo nos dirá si es posible o no hacerlo, si nuestros sueños son viables en el espacio micro y en el macro… Quizás no logremos forjar el futuro que soñamos, pero, al menos, sabrás (al leer esto) cuáles son los valores que consideramos indispensables para vivir, cuáles son las prerrogativas mínimas que a nuestros ojos necesitas para crecer como ser humano y cuáles son los regalos que queremos darte siempre, con el convencimiento de que cada hecho y cada palabra que sembremos en ti serán semillas para la sociedad entera: queremos verte feliz, pero para lograrlo tenemos que pensar más allá de ti.

Explicarte esto, sin embargo, no es fácil. Nos has oído hablar de nuestros sueños y de nuestros ideales. También nos has oído lamentarnos por la injusticia e inequidad que nos rodea. Nos has visto marginarnos por la polaridad informativa y, sobre todo, mental que sentimos a nuestro alrededor. Nos has visto equivocarnos. Nos has oído hablar a veces con molestia… nos has visto temerosos, incrédulos, escépticos, ambiguos. En tu corazón, seguramente, sabrás que no queremos quedarnos quietos, que nos sentimos obligados a ser críticos. A pesar de ti, incluso, nos ha faltado el optimismo. Hemos dudado… pero también hemos soñado y, por ti, especialmente, esperamos: nos sumimos en un “estado de ánimo en el cual se nos presenta como posible lo que deseamos”. Pero sigo dando vueltas: ¿Cómo hago para hacerlo tangible y explicártelo?

Tu papá y yo no creemos en la guerra, creemos en la palabra. Sinuosa, imprecisa, limitada, consideramos que es nuestra primera y única herramienta (otros dirían arma, pero -y aquí empiezan las evidencias de las limitaciones de las letras- me parece un término inoportuno y confuso). Creemos que todas las opiniones deben ser válidas en tanto se entiendan como miradas posibles de una misma realidad. Creemos en el debate y en la diferencia, no en el silenciamiento forzado y dogmático. Creemos y necesitamos, por tanto, interlocutores libres pero también capacitados: personas que puedan expresar sus necesidades y que sean capaces de construir desde sí mismos reconociendo al otro, a ese que tengan o no enfrente suyo.

Personalmente, temo el individualismo, el ostracismo, el egoísmo… porque creo que son el origen de las peores violaciones a los derechos humanos. Una persona que se queda en el yo, sin pasar al , al él, al ella, al nosotros, al vosotros y al ellos, es alguien que nunca será capaz de entender que socialmente deben primar los intereses colectivos sobre los particulares. No podemos construir comunidad si desconocemos la existencia, el pensamiento y la palabra de otros. Y no es fácil, mi niña. Es MUY difícil hacerlo. Sin duda es más fácil con-centrarnos. Pero al hacerlo, al cerrarnos en nosotros mismos, perdemos, no ganamos.

El origen de muchos de los problemas de nuestro país reside, a nuestro juicio, en la mala educación que recibimos: académica, moral y socialmente. No sabemos, por ejemplo, cómo funciona el Estado y nos parece normal (¡qué escándalo!) que se violenten los contrapesos necesarios para garantizar un equilibrio democrático. Los poderes ejecutivo, legislativo y judicial (que deberían ser independientes y CIUDADANOS) en Colombia son hoy poderes negociados, entregados, doblegados. La Constitución sigue siendo una carta para ángeles (como dijo hace muuuuchos años Rafael Uribe Uribe, un político de siempre -inteligente, pero qué lástima que los poderes de este país hasta para eso hayan y sigan estando en las mismas manos-), que se ve perfecta en la letra pero que no se compagina con la realidad. En nuestro país lamentablemente, la legislación se hace, por lo general, para beneficiar a los que ya cuentan con beneficios sobrados (en detrimento de esos que de verdad necesitan ser incluídos para recibir al menos las garantías mínimas de todo ciudadano). Y no sé si me entiendas, Irene. Eres muy chiquita y todas estas palabras se vuelven teorías abstractas… ¿Cómo logro concretarlas?

Lo intento nuevamente: queremos un país en donde tú, tu vecino y el niño que vive en medio de la selva tengan (no en el derecho, porque ya está consignado en la Constitución, EN LA REALIDAD) servicios médicos SIEMPRE, al alcance de su mano. Queremos un país en el que todos los niños puedan asistir a colegios (ojalá públicos, como corresponde) donde aprendan a pensar, a cuestionar, a buscar información. Queremos una educación de calidad, sensible, respetuosa, crítica. Niños que respeten porque se sienten tenidos en cuenta y respetados. Y, claro, queremos un país donde los adultos tengan de verdad trabajo: no una chaza en la esquina de la calle (violando el espacio público y corriendo cada vez que un policía viene a decomisarle lo que medio le permite llevarle un pan con leche a sus hijos en la noche). Queremos un Estado en el que todos COMAMOS. Un país donde se protejan de verdad los derechos colectivos, no los derechos del banquero, del político, del militar, del policía, del rico. Queremos inversión social de ESTADO, no una inversión malversada que se entrega como si fuera un regalo de un particular y no un deber y una obligación democrática. Queremos políticos que se entiendan realmente como seres sociales, representantes de colectividades, no de particulares. Queremos leyes que respeten los dineros públicos como dineros sagrados. Queremos premiar las vidas y no las muertes, queremos igualdad y diálogo. Tal vez soñamos mucho, hijita, pero por ti ESPERAMOS.

Votaremos verde el 30 de mayo. Ojalá que esta vez las ilusiones puedan más que los negociados.

😉

Te amamos.

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30 abril 2010 at 09:58 11 comentarios

¡Podemos cambiar!

Con los hijos nace la esperanza… y la necesidad de un país mejor. 😉

Ojalá este 30 de mayo podamos dar el paso: Irene y todos los colombianos lo merecemos y lo necesitamos. Mi princesa: por ti y por la esperanza que nos regalas, votamos.

27 abril 2010 at 15:26 9 comentarios

Cambios

Esta semana, además de pasar mucho tiempo con nuestra pequeña, hemos tomado una decisión importante para esta casita: no habrá más fotos de Irene en el blog. Ni nuevas ni antiguas. Dejaremos que nuestra hija se mueva y viva en palabras y, por supuesto, en la vida física. Habrá un espacio privado donde la encontrarán quienes siempre han estado cerca de ella y uno público, éste, donde seguirán discurriendo sus historias y nuestra experiencia de papás. Espero que nos entiendan y que no dejen de visitar esta casita.


Vivimos en un país donde a veces es bueno marcar líneas divisorias entre lo público y lo privado y, aunque sea sólo por precaución y por sugestión -ser padres nos hace sentir vulnerables siempre, ¡qué horror!- nos arriesgamos con este cambio. Les dejo una manito que parece borrosa pero que en realidad está activa. Es la recién aprendida despedida de Irene. El abrazo, aunque no sea audiovisual, también va y se mantiene. Y no se preocupen. La casita sigue y nuestras historias, como les decía, también. Seguramente se verán extrañas y aburridas, pero poco a poco iremos trabajando en ellas, intentando darles una mejor cara. Perdonen si por unos días esta casita parece un poco vacía. 😉

23 abril 2010 at 07:09 15 comentarios

Los nuevos aprendizajes de Irene

Es increíble la velocidad con que llegan los nuevos aprendizajes a los 8 meses de edad… bueno, desde antes, pero no siempre los consigno en el blog. Hoy quiero contarles cuáles son las últimas novedades de Irene y colmarme (y colmarlos a ustedes) también en esta casita de orgullo y felicidad.

Desde hace 3 días Irene aprendió, por fin, a decir hasta luego con la manito. Para hacerlo, sonríe con la boca, con los ojos, con la nariz… Con todo. No tengo foto, pero les aseguro que se ve lindísima. También se esconde cada tanto: en su cochecito (con el que anda de un lado para otro, feliz, en la casita) o en el hombro de mamá y papá. Es una picarona.

Ya se para en cuatro… es decir, se sienta y empieza a agachar las manitas para gatear. Se sostiene, coge objetos, se balancea, se mueve… de hecho, se arrastra un poco, pero para atrás.

No ha dejado de meterse todo a la boca, de brincar, de moverse, de agitar… Creo que pronto le saldrán los primeros dientes de arriba. Ya veremos.

Tambiém balbucea más, cosas aún ininteligibles, pero llenas de ruiditos y gestos. Se hace entender la chiquita. Y sabe cuándo quiere algo. Es tranquila, pero con temperamento. Jajja 😉

En resumen, Irene va camino (literalmente) a sus nueve meses. No para un segundo y nosotros, a su lado, no dejamos de gozar. Los hijos son un regalo infinito… que llenan los días de novedades. ¿Qué cosas nuevas nos traerás?

Chiuck

20 abril 2010 at 07:52 6 comentarios

¿Cómo cambian la digestión y la caca del bebé durante su primer año de vida? (3)

Después de haber escrito dos entradas sobre el tema (una sobre la digestión durante los primeros 6 meses de vida y otra sobre los cambios que se presentan una vez se inicia la alimentación complementaria), pensé que ya había hablado todo lo que podía esperarse en el primer año de vida las cacas del bebé. Pues bien: me equivoqué. Retomo el hilo con una nueva entrada que demostrará con nuestra propia experiencia cómo (el por qué, si lo descubro, lo explicaré luego) la alimentación y la digestión están relacionados con la salud, el sueño y hasta el estado de ánimo del bebé.

Desde hace un par de semanas el sueño nocturno de Irene había incrementado considerablemente sus despertares, sin que tuviéramos muy clara la razón. Inicialmente pensamos que se debía al cúmulo de novedades y a esa energía incansable que llena al bebé a sus 8 meses de vida. Luego creímos que se debía a la introducción de nuevos alimentos en su dieta, que parecía -a un mismo tiempo- restarle interés a sus tomas de leche materna.

Pero no. Justo cuando empecé a escribir las dos entradas anteriores sobre la digestión y la cacá del bebé durante el primer año de vida, comencé a pensar en una nueva opción, que si bien no excluye totalmente las alternativas anteriores, sí precisa mucho más los recientes cambios en el sueño de nuestra hija. ¿La razón? La chiquita estaba viviendo un cambio fundamental en su digestión.

Los antecedentes

Hace casi dos semanas, Irene comió una papilla de verduras con pollo y sin leche materna por primera vez. Yo había estado un tanto reacia a brindarle alimentos triturados (había decidido usar la técnica de Baby-Led Weaning), pero entre un malestar médico de su padre que nos retuvo fuera un poco más de lo esperado en una visita médica y las inquietudes recurrentes que tenía sobre las cantidades de alimentación complementaria que ingería nuestra hija, terminamos brindándole a la chiquita una sopa casera que para nuestra sorpresa le encantó.

En los días siguientes seguimos dándole sopas a Irene, junto con trozos de frutas y verduras suministrados a lo largo del día. Sus deposiciones empezaron a ser más consistentes y su interés por la leche varió: hacía muchísimas menos tomas diurnas y siempre que se prendía perdía rápidamente el interés, protestando para que la sentáramos e hiciéramos cosas distintas. En las noches se incrementaron sus demandas de leche: se despertaba cada dos o tres horas en promedio, lactaba y pasados unos 15 minutos se dormía.

Honestamente, creí que los cambios se debían a su creciente actividad y a la quietud que se asociaba con la toma de leche, pero casualmente pasaron dos días sin que le diéramos su sopita (sí las frutas y verduras) y sus tomas y su sueño se regularizaron nuevamente: de un día a otro pasamos de tener despertares cada dos o tres horas, a dormir otra vez por lapsos de 5 horas seguidas. En el día, Irene volvió a hacer sus tomas regulares de leche, sin distracciones ni protestas mientras comía.

¿Qué cambió?

La digestión de nuestra niña: al amanecer mismo del pasado viernes (después de que la chiquita volviera a dormir por lapsos más extensos en la noche), encontramos al cambiar el pañal de Irene unas heces más consistentes. Empezamos a atar cabos y a manera de ensayo decidimos no darle sopitas por un par de días, confirmando con el paso del tiempo su regularización con el sueño y la leche. Creí que también cambiarían de nuevo sus caquitas (por unas un poco más líquidas), pero no: cada vez son más sequitas (pastosas, no estreñidas), más olorosas y más continuas. Esta noche, por ejemplo, he tenido que cambiarla dos veces, cuando antes -después de cumplir tres meses- nunca hacía deposiciones nocturnas.

Nuestras hipótesis

No sé si nuestras conclusiones son acertadas o no, pero la hipótesis hasta el momento es que las papillas dieron el punto final en la digestión de nuestra hija. Al ser trituradas (algo que aún no podría hacer ella por sí misma en esa medida por su incipiente dentición), recortaron el proceso de digestivo, generando heces más espesas. La reducción en sus tomas de leche quizás se debían a una sensación de llenura y al esfuerzo extra que seguramente hacían sus intestinos para desplazar los desechos hasta su salida.

El incremento en sus despertares debieron, en definitiva, ser una consecuencia natural a sus necesidades de leche y a las molestias que probablemente sentía por su novedosa y creciente actividad digestiva. La tranquilidad habitual de Irene no se vio alterada por ataques de llanto ni nada por el estilo ( sigue siendo una niña que llora pocas veces), pero sí por incrementos de actividad y de irritabilidad.

Me sentí culpable, creí que pasados un par de días volvería a ver deposiciones más ligeras y “sencillas”, pero las cacas -después de tres días de no sopitas y tomas de leche continuas- son cada vez más consistentes. Concluí que quizás no hicimos nada malo (los ingredientes de las sopitas de la niña fueron siempre verduras y carnes que ella ya comía) y que sólo estamos presenciando un ciclo natural de la vida (seguramente acelerado por suministrarle a su organismo un alimento ya triturado). Veremos qué nos dicen sus nuevas caquitas.

Pienso, además, que la leche materna cumplió su papel laxante (¡¡¡de ahí la importancia de manterla más allá de los seis meses!!!) y que los intestinos de mi hija aprendieron, seguro, a moverse más fuertemente para evacuar este nuevo tipo de heces. Por nuestra parte, seguimos revisando atentamente los pañales de Irene y cuidamos la piel de su colita, pues al entrar en contacto más directo con las cacas -al ser más consistentes se quedan pegadas en su rayita- pueden irritarla con mayor facilidad. Seguiremos con la misma rutina de estos días (mucha leche, no sopitas, sí trozos de verduras, frutas, cereales y carne) y veremos qué novedades surgen. Nada está escrito definitivamente… así que quizás antes de que cumpla el año de edad, veremos -tipo Rambo– versiones posteriores de “¿Cómo cambian la digestión y la caca del bebé durante su primer año de vida?”

¿Sugerencias, recomendaciones o historias? Todas, por supuesto, siguen siendo bienvenidas. 😉

18 abril 2010 at 05:27 1 comentario

¿Cómo cambian la digestión y la caca del bebé durante su primer año de vida? (2)

Tras hablar ayer de los cambios que sufrían la digestión y la caca del bebé a lo largo de sus primeros meses, hoy comentaremos qué pasa con ambos cuando se da inicio a la alimentación complementaria y qué debe vigilarse en las deposiciones del bebé. En ellas se encuentran las claves de posibles intolerancias, alergias o enfermedades que afectan al niño que, tratadas a tiempo, evitarán dolores de cabeza en el futuro. Las recomendaciones generales de cómo deben introducirse los nuevos alimentos y la prerrogativa de que esta nueva dieta complementa -sin quitarle su papel protagónico- la leche son aspectos que deben tenerse en cuenta para ayudar a la maduración del sistema digestivo y al adecuado desarrollo de los chicos.

Cada niño es un universo. Sin embargo, la maduración del sistema digestivo es más o menos igual en todos los bebés. Al cumplir los seis meses de edad, los niños están capacitados para iniciar, paulatinamente, la alimentación complementaria, pero aún deben completar el desarrollo de sus órganos, que sólo será posible con el paso del tiempo y con la adaptación de estos a los nuevos alimentos.

Las pequeñas cantidades de frutas, verduras, cereales y carnes que ingiere un bebé después de su leche pretenden, entre los 6 y los 12 meses, familiarizar al pequeño con texturas, colores y sabores diferentes, proporcionar nuevas fuentes de energía al organismo y completar el proceso de maduración del aparato digestivo. El proceso de adaptación a esta nueva dieta toma su tiempo y las pistas de este proceso las tenemos siempre a mano en las cacas del bebé.

La maduración del sistema digestivo

La salida de los dientes (que permiten la trituración y, por lo tanto, la deglución), el desarrollo de las mucosas estomacales e intestinales, así como la maduración del riñón, el páncreas y el hígado, están directamente relacionados con la capacidad que tiene el organismo de procesar los nutrientes e impedir el paso de antígenos que pueden estar presentes en la flora intestinal.

Hasta que el bebé no cumple el primer año de vida, su organismo se encuentra limitado y en proceso de desarrollo: los riñones son inmaduros, el estómago es muy pequeño, el vaciamiento de los intestinos es relativamente lento, el páncreas no secreta (o secreta muy poco) enzimas necesarias para culminar el proceso digestivo, la absorción de proteínas se da pero no en los mismos niveles de un hombre adulto, la absorción de grasas es deficiente y los dientes -si han salido- son aún pocos para triturar los alimentos completamente.

Si a esto le añadimos que el bebé no ha desarrollado la motricidad fina y que aún está aprendiendo a controlar movimientos elementales como mantenerse erguido, llevarse objetos a la boca o caminar, se entiende como natural el lento proceso de adaptación a los alimentos y la relevancia que tiene la leche (materna, ojalá) en su dieta hasta los dos años de edad.

¿Cómo cambian la digestión y las cacas del pequeño con la introducción de nuevos alimentos ?

Todo depende de lo que ingiera el bebé y de la manera como lo haga: si se le brinda en papillas, lo más probable es que las heces se tornen más pastosas y marrones; si los alimentos se le brindan por separado (lo más recomendable) y en pequeños trozos (siguiendo la técnica del Baby-Led Weaning, por ejemplo), las deposiciones cambiarán de apariencia gradualmente, manteniendo la consistencia que tenían antes (amarillosas y líquidas en el caso de los bebés amamantados, y más grumosas y marrones en los bebés que toman biberón), pero con fragmentos del alimento ingerido.

Con el paso de las semanas, y a medida que el bebé incrementa la variedad de alimentos que ingiere, sus deposiciones van tornándose más pastosas, marrones y olorosas, hasta que la absorción de líquidos es más sensible. Es importante cuidar en ese momento su colita, pues la consistencia de sus caquitas puede quemarla o producir (por estreñimiento) pequeñas fisuras.

Lo que NO es normal

Babycenter tiene un artículo muy interesante y completo que señala anomalías en la caca del bebé. El texto tiene además un enlace a una presentación de fotos de caquitas, que puede ser de gran ayuda para todas aquellos padres que tengan dudas cuando abren el pañal.

En resumen, puede decirse que la diarrea, el estreñimiento, los cambios de coloración en las heces y la presencia de sangre son señales de alarma que deben consultarse con un médico. De aquí que se enfaticen insistentemente las recomendaciones sobre qué y cómo suministrar la alimentación complementaria a un bebé. Con ello se busca proteger la salud de los pequeños y ayudar a completar adecuadamente su crecimiento. No comer cítricos, pescado o glúten, por ejemplo, son indicaciones que se dan con el objeto de evitar alergias o el desencadenamiento de intolerancias (la enfermedad celíaca, entre otras) que podrían afectar seriamente la adecuada absorción de los nutrientes.

Estar, por tanto, atentos a las cacas y cualquier alteración en el estado de ánimo y en el sueño del pequeño son otras de las tareas que tenemos al cuidarlo. Es importante estar informado y vigilar cuidadosamente lo que ingiere el bebé. Ah, y mantener la ingesta de leche materna como mínimo hasta el primer año de vida (los primeros seis meses de manera exclusiva). Si se hace los dos años que recomienda la Organización Mundial de la Salud el balance será incluso mejor, pues se reflejará en la salud de nuestro hijo.

[Más información: Qué revela la caca del bebé]

PD: Espero que el texto sea útil. Traté de que fuera menos largo… pero es tanta la información, que no se da. :s

16 abril 2010 at 09:35 7 comentarios

¿Cómo cambian la digestión y la caca del bebé durante su primer año de vida? (1)

Uno de los cambios más importantes que ocurren en el bebé al iniciar la alimentación complementaria se revela en sus caquitas. En Irene, de ser amarillosas, casi inodoras y líquidas, se han vuelto -a sus ocho meses- más olorosas, consistentes y marrones, e, incluso, han cambiado de horario y se han vuelto menos frecuentes. Estas transformaciones son apenas una evidencia de otros cambios mucho más grandes que se operan en la boca, el estómago, el hígado, el páncreas, los riñones y los intestinos de la chiquita. ¿Qué factores inciden en ellos, qué es normal y qué es preocupante y cómo podemos ayudar a los bebés para que la maduración de su aparato digestivo vaya al ritmo que su cuerpo requiere?

No son pocas las inquietudes que surgen al abrir un pañal. Esta semana (justo el día que me preguntaba por qué Irene había dormido de nuevo más de 5 horas seguidas) al cambiar a nuestra hija me encontré por primera vez con una masa consistente que se había quedado casi pegada por completo a su colita. ¿Sería la comida? ¿Era por esto que dormía más? ¿Habrá tomado poca leche? Las preguntas bombardearon mi cabeza, a pesar de que sabía que la introducción de nuevos alimentos en su dieta cambiaría sus caquitas.

Para entonces ya había presenciado cambios importantes en el color y consistencia de sus heces, surgidos desde el momento mismo en que Irene había probado frutas y verduras. Había notado también en los últimos días un olor distinto, menos agradable, tanto en sus deposiciones como en sus gases. De ahí, que me saltara el bichito final de la duda que le da título a este post y que decidí compartir en este espacio.

Como mi objetivo es comprender un poco más cómo madura la digestión del bebé, me remontaré a sus primeros meses de vida y a los principales cambios que se ven en sus heces. Luego, en una segunda entrada que publicaré mañana, hablaré con más detalle sobre lo que es normal y lo que no lo es en las deposiciones del bebé y sobre por qué son importantes los alimentos que ingiere un chiquito, pues la maduración de su aparato digestivo se reflejará en la manera como son digeridos.

Asimilar conceptos

Uno de los sistemas más importantes del cuerpo humano es el digestivo, pues convierte alimentos en energía y nos ayuda a eliminar el material sobrante: lo queda después de asimilar los nutrientes requeridos por nuestro organismo, que es degradado y expulsado en los orines y las heces. Las transformaciones de este aparato a lo largo de la vida son, sin embargo, progresivas y están directamente relacionadas con la dieta que ingerimos y con la maduración de cada uno de los órganos relacionados en este proceso.

Para el bebé estos cambios son sensibles, pues es justamente en esa etapa de la vida cuando más se transforma todo lo que entra a nuestro organismo. Y no por magia, si no por lo rápido que cambian nuestro cuerpo: desde la salida de los dientes hasta la capacidad de coger y llevarnos cosas a la boca están relacionados con la alimentación y su procesamiento. Empezamos con la leche y terminamos con frutas, verduras, cereales y carnes. ¿Cuál es el resultado?

La cacas y la colita

Aunque parezca desordenado, empezaré por hablar de las cacas del bebé. En el recién nacido se denominan meconio (bueno, las primeras), y se caracterizan porque tienen una consistencia espesa y un color oscuro, que oscila entre negro y verde. Están compuestas por los residuos de lo que ingería el bebé en el vientre materno (líquido amniotico principalmente) y por células muertas y secreciones del estómago e hígado que revisten el intestino del recién nacido. Se expulsan gracias a la acción laxante del calostro (la leche -amarillosa, casi transparente- que produce nuestros pechos durante la primera semana de vida del pequeño, que no baja a chorros sino en cantidades muy pequeñas, acordes con el tamaño del estómago del bebé) y suelen tener altas concentraciones de bilirrubina que si no salen totalmente en el meconio tornan amarillosa la piel de algunos bebecitos, produciendo la denominada ictericia neonatal.

¿El tipo de leche que tome un niño incide en su digestión?

Durante las primeras semanas de vida se dan cambios importantes en la digestión del recién nacido, marcados principalmente por el tipo de alimentación que reciba. En el caso de Irene (y en el caso de los bebés alimentados con leche materna), sus primeras cacas fueron muy frecuentes y líquidas, pero a medida que crecía, sus deposiciones adquirían un color acaramelado, una textura grumosa y un olor dulzón. Las primeras semanas, teníamos deposiciones casi después de cada toma, que fueron espaciándose en el tiempo a medida que ella crecía. Pasados las primeras semanas, cumplidos los dos o tres meses, Irene ya tenía una digestión muy regular, en la que orinaba con frecuencia a lo largo del día y hacía caca en la mañana al despertar.

La recomendación general (confirmada en nuestro caso) es brindarle al bebé leche materna de manera exclusiva hasta los seis meses. ¿Las razones? Es la única que está diseñada realmente (¡por la naturaleza, además!) para el bebé: su ingesta ayuda, además, a madurar el aparato digestivo del pequeño, preparándolo para el cambio que supondrá la ingesta de alimentación complementaria (frutas, cereales, verduras y carnes que se le suministrará también de manera gradual).

Aún así, como evidentemente hay casos en los que se suministra leche de fórmula, no está de más saber cómo puede ser su digestión. En principio, la asimilación de estas leches en el cuerpo del bebé es mucho más lenta que la de la leche materna y las deposiciones suelen ser más amarillentas y gruesas. ¿Por qué? Por que la leche artificial contiene proteínas más complejas y gruesas que la leche materna, pues es leche de vaca procesada. El sistema digestivo del bebé no está preparado naturalmente para digerirla, por lo que su organismo debe adaptarse, forzosamente, a hacerlo. No son poco los casos que devienen en intolerancias, cólicos, diarreas con sangre, estreñimiento, entre otros, como consecuencia de estas leches. De aquí que se insista tanto en la alimentación con leche materna. El uso de la leche artificial supone, por lo general, un proceso de adaptación complejo que implica, en la mayoría de los casos, el cambio recurrente de marca en la búsqueda de una que el bebé tolere (o que, de plano, ya pueda procesar).

No quiero parecer dogmática con el tema, pero como beneficiaria directa de la lactancia materna, cerraré esta entrada con un video que habla sobre algunas de las posibles consecuencias que puede generar el suministro a los bebés de leche artificial. Irene tiene, como saben, ocho meses, y hasta ahora no ha sufrido ninguna gripa, ninguna diarrea, ningún episodio de estreñimiento, ninguna infección gastrointestinal. Nuestra chiquita es una niña sanísima. ¿A qué se lo atribuyo? A la leche materna. Y concluyo con una reflexión simple, que ya he publicado acá: Si la naturaleza nos brinda nuestra leche, ¿por qué no la recibimos como el alimento más propicio para nuestros pequeños?

(El video lo encontré en el artículo  “Lactancia materna vs. lactancia artificial“, publicado en el blog Mimos y Teta. Vale la pena leerlo, si quieren ahondar más en el tema. Hay una primera parte del mismo que habla sobre la violación del Código de comercialización de sustitutos de la leche materna, por parte de las empresas productoras de leche artificial. Si quieren verlo, ingresen acá)

Esta entrada, como siempre, se volvió larga. Mañana publicaremos una segunda parte sobre lo que pasa con la digestión y la caca del bebé cuando se da inicio a la alimentación complementaria, además de comentar qué es y qué no es normal en sus deposiciones. Bienvenidas son desde ya todas sus recomendaciones y experiencias. Nunca me imaginé escribir sobre este tema, pero reconociendo cuánto llama mi atención las “bombas” arrojadas en el pañal por mi pequeña, concluí que era importante  hacerlo… como muchas otras cosas que ni pensaba antes de tener a Irene en nuestro hogar. La vida cambia con ellos, ¿verdad?

😉

15 abril 2010 at 11:02 9 comentarios

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