Posts tagged ‘Maternidad’

Aprender y enseñar

La maternidad (o ma-paternidad, como suelo decirle) es sin duda un camino lleno de experiencias y aprendizajes tan profundos y variables que lo que hoy pensabas que era un hecho consumado, mañana puede presentarse como el nuevo punto de partida de un gran cambio. Pues bien, después de escribir un buen número de entradas sobre las complicaciones de la ma-paternidad, hoy me aventuro a decir que “en este momento de la vida” siento que nuestros aprendizajes se intensifican (plácida y felizmente) cada vez más: Irene es en todo el sentido de la palabra (sobre todo porque pregunta, comenta, opina, propone, refuta, habla) un interlocutor fundamental en nuestra vida y sus razonamientos, conclusiones, preguntas y acciones nos enseñan más que cualquier libro o comentario que pudiéramos haber tenido a mano. No descubro el agua tibia, por supuesto, pero creo que después de tanta “quejadera” bien vale la pena actualizar y compartir nuestra refundada paz.

Comienzo por lo práctico. Iniciamos esta semana nuestra prueba de un mes del prekínder ALAS. Llevamos sólo tres días, no hemos hecho todas las actividades sugeridas, pero trabajar a nuestro ritmo y descubrir, de un modo más sistemático, cómo opera la cabecita de nuestra chiquita (con ejercicios cotidianos de matemáticas, lectoescritura, vida práctica, estimulación de los sentidos y no sé qué más) ha sido una sorpresa monumental.

Obviamente, no es que antes no me diera cuenta de cómo va desarrollándose paulatinamente nuestra hija, pero confieso que descubrir y confirmar que espontánemanete, siguiendo nuestro propio ritmo, ella ha aprendido en general lo que se espera para su edad (razonamiento abstracto que le permite, por ejemplo, clasificar; comprensión de lectura para contar y recontar historias, imaginación para crear e inventar, motricidad fina para pintar -ahora sectorizadamente-, motricidad también para aprender a cortar con tijeras, habilidades de lectoescritura para tomar un lápiz y trazar una línea entre A y B y un largo bla, bla, bla) me ha sacado más de una sonrisa y me ha dado tranquilidad. Su interés desbordado por aprender, conocer y hacer cosas dan cuenta también de lo propio de su edad, ese deseo de comerse el mundo que caracteriza a los chiquitos y que nosotros, como cultura, solemos juzgar como inquietud excesiva, insatisfacción y deseos desbordados (¿desbordantes?) que se deben aplacar.

No creo, en cualquier caso, que seguir un programa educativo concreto (llámese escuela en casa o guardería o kínder formal o lo que sea) sea necesario. Sí pienso, no obstante, que tener la oportunidad de compartir este espacio con ella, en casa, de manera personalizada y con mamá como maestra y compañera, me ha sensibilizado aún más frente a las capacidades de aprendizaje de mi chiquita y a la naturalidad de sus ritmos. Y, claro, siento un poco de paz con respecto a los cuestionamientos que a veces nos circundan y rezan (de manera automática) un “¿ya va a la guardería? Pero todo niño lo necesita”. Confirmo la validez de nuestras opciones y tomo fuerzas para continuar.

Las escuelas matan la creatividad y “La maternidad me está matando”

Cierro con un par de cosas más (es un post desordenado, pero es lo que hay cuando tu hijo está a punto de despertar ;)): La educación prohibida (adjunta justo antes de este párrafo) y Según Roxi (con abrebocas al comienzo del post). La primera es una película documental muy comentada en las redes sociales, con descarga gratuita y una serie de entrevistas muy interesante que no dejaría de recomendar a cualquier padre. No habla de la escuela en casa como opción (y habría sido bonito incluirlo en su plan… a lo mejor en una segunda parte lo hagan), pero creo que sí invita a pensar, justamente, en el valor que tiene nuestra participación en la educación de los chiquitos (algo que me parece que va en mejor línea que una serie de “escuela de padres” que está llegando con el períodico que recibimos a diario en casa y que sataniza a los niños como demonios a los que hay que adiestrar). Puede verse online, en el link que está activo en su título, o descargarse en distintas versiones para verlo en casa. Nosotros optamos por lo segundo.

Con respecto a lo segundo, Según Roxi es una serie de videos argentinos que se están publicando semanalmente en internet (vía youtube) con el propósito de retratar (o al menos intentarlo) la vida de las mamás. Es divertido, extremo en algunos casos, pero también real. Digamos que ha casado perfecto en la línea de ese sinfín de cuestionamientos y dudas irresolubles que acompañan este camino.

(Dejo pegado también el segundo capítulo de Roxi. Me emocionó especialmente porque habla de todos los cuestionamientos que ahora pululan por acá).

Y no me alargo. Sé que más de una y uno sabrá a qué me refiero con este desorden de ideas ahora escrito. Estar cerca de nuestra chiquita, expresarle mis inquietudes y dudas, abrir espacios para aprender juntitas y dejar fluir nuestros propios ritmos han sido formas válidas de hacer camino. Y más sonrisas que lágrimas o deseperos nos han endulzado el recorrido.
PD. Acabó de ver el capítulo 5 de Según Roxi. Descubrí, para mi sorpresa, que la inspiración de la serie es un antinguo blog de maternidad que escribía su protagonista y creadora Julieta Otero. Así que vámonos preparando: a lo mejor en unos años vemos una serie similar con alguna de nuestras mamás. 😉 Más detalles sobre la serie y su historia, acá.

Anuncios

6 septiembre 2012 at 07:15 3 comentarios

Katarsis

Nuestros tiempos no juegan ni a favor de la infancia ni a favor de la ma-paternidad. No hay tribu que apoye (en nuestro caso casi literalmente, como si viviéramos exiliados) y todas las formas de ayuda a las que apuntes son artificiales y terminan por revelarse como tales tarde o temprano.

No creo que las mamás o los papás podamos suspender nuestras vidas para dedicarnos plenamente a los pequeños; tal vez incluso no tenga ningún sentido que así sea, al menos con respecto a la vida básica y natural, pues los niños aprenden de nosotros y comer, salir al aire libre, ir al mercado, pagar cuentas en un banco y un largo etcétera (que puede incluir un tener responsabilidades en casa o en un trabajo) desarrollan también competencias necesarias en sí mismas: socializar, sobrevivir, buscar comida, aprender a tolerar y superar las dificultades, comunicarse adecuadamente con otros, ser capaz de entrar en contacto con todo tipo de personas y un largo etcétera son sólo algunas de ellas.

Hoy me he dado cuenta (bueno, o al menos lo he recordado) que vivir sin tribu es realmente difícil, casi tanto como no hacer parte de la mayoría, aunque sea en cosas pequeñas como no ser empleado y no llevar a tu hijo a una guardería.También margina un poco -al menos desde la perspectiva de algunos- comer vegetales orgánicos y no ver televisión. Podría seguir enumerando un largo listado. Cualquiera de las diferencias que enuncia hará que la tribu potencial (si existiera) se reduzca de un modo casi absurdo. Personalmente trato de pasar frente a ello un poco de largo, pero que digan (ningún experto, por cierto) que tu hijo se está atrasando en su desarrollo (justo después de que has ido a una cita donde el pediatra y éste ha celebrado lo bien que está tu pequeña, a parte de que tú mismo notas que se desenvuelve naturalmente como cualquier niño de su edad) o que estás obligado a renunciar a todo lo que hagas por no decidir llevarlo a una guardería (y que además lo enfaticen como castigo merecido por “distinta”) es doloroso. Yo soy responsable de mis actos, por supuesto, y lo acepto de buena gana, pero me duele, y mucho, no tener al lado una mamá o una tía o una prima o un hermano o una hermana o un tío que me den a veces una mano. Me duele también que se me juzgue por interpuesta persona o que se me señale (se nos señale) porque sí, sin ningún sustento distinto a “no haces lo mismo que todo el mundo”, sin ninguna lógica. Y, claro, me quejo miserablemente porque al menos tengo los medios para pagar un apoyo en casa invaluable, pero me faltan los bríos -y a lo mejor no tenerlos no sea tan malo- para que la gente me encare y me diga lo que piensa en la cara… quizás si discutiera más y cuestionara más a quienes actúan de otro modo, estaría quejándome por lo atrevidas que serían algunas personas. En fin. Esto se llama katarsis y espero que desde este instante quede en el pasado. Sigo en el mismo canal otro día. Un beso y un abrazo.

PD. Por cierto, nuestros episodios de crisis están casi superados. Una gripa malosa que nos ha pescado a las mujeres de la casa ha hecho que estemos un poco más mimosas que de costumbre, pero superado el impasse comunicativo y descubierta la raíz que incomodaba a Irene, el mundo es menos ruidoso, menos monstruoso, más bonito. 😉

17 agosto 2012 at 06:28 8 comentarios

“Truth About Mom”: verdades de mamá

Esta semana, encontré un artículo precioso y revelador sobre (¿crianza?, ¿educación?) las verdades de las madres, que me ha puesto a pensar en qué cosas me gustan o me interesan a MÍ realmente, como un camino para encontrar nuestra manera de ser papás. Sé que he hablado de muchas de ellas en esta casita, pero al leer otro texto -sobre Homeschooling, maravilloso, que me llevó al que mencionaba originalmente- me di cuenta de que, en general, muchas de las cosas que pensamos ideales para la crianza de nuestros hijos pueden no ser realistas con nuestra vida, nuestros gustos, nuestras circunstancias o nuestras metas. Decidí entonces “decirme” la verdad y tratar de encontrar esas particularidades que hacen que yo sea el tipo de mamá que puedo ser y no otra distinta, con la certeza de que -como lo dice Sarah, la autora de los dos textos reseñados- esta reflexión me ayudará a ser una mamá tranquila y feliz (y por lo tanto, nuestra chiquita será una niña tranquila y feliz, sin importar las cosas que hagamos o el lugar en donde estemos). ¿Cambiará la lista con el tiempo? Es apenas natural… así que será un tema en el que tenga que volver cada tanto. ¿Se animan?

La propuesta es relativamente simple: debo pensar primero en mis puntos fuertes, en segundo lugar en las necesidades de mi familia como un todo y en tercer lugar en las necesidades individuales de cada niño (en este caso, de Irene), teniendo en cuenta sus fortalezas. El reto original (es decir, el que dio lugar al que yo encontré) surge de un texto de una mamá que se puso en la tarea de pensar sobre los principios de mamás felices que educaban en el hogar. Parecería que me estoy volviendo monotemática con el asunto, pero lo cierto es que pienso que aunque el origen de todo esta historia es la reflexión sobre la educación en casa, el resultado bien puede funcionar para la crianza de los chiquitos y, por qué no, para lograr una vida más tranquila y feliz en cualquier hogar.

A veces pienso que cuando somos padres tendemos a desconectarnos de nuestro instinto para seguir consejos o modelos que quizás no se adapten a nuestras vidas. Caemos fácilmente, en consecuencia, en una trama de inseguridades, insatisfacciones, temores e infelicidad que podríamos evitarnos si nos permitiéramos escucharnos más a nosotros mismos y a nuestra realidad.

Así que sin afán de consejo, pero sí como ejercicio personal que quiero dejar por escrito (siempre pienso que Irene podrá encontrar en algún sitio esta historia de nuestra experiencia y que estas palabras le ayudarán, aunque yo no esté presente, si algún día ella misma llega a ser mamá) y que quizás pueda inspirar a alguien más, empiezo mi lista de verdades. Espero que nos sean de muchísima utilidad.

  • Adoro escribir y leer. Creo que no sería feliz si no tengo un libro para hojear en las noches: me encanta quedarme dormida con una historia entre los dedos y adoro hacer un cuento de todo, con palabras más que con imágenes (lo segundo no se me da, pero no me quita las ganas de narrar).
  • Soy metódica, aunque a veces me cuesta terminar todo lo que empiezo. Me gusta encontrar una manera de simplificar procesos y odio perder tiempo tratando de hacer cosas que se pueden sistematizar (y no hablo sólo de procesos tecnológicos…).
  • Me gusta hablar. Mucho. En mi intimidad. Con Irene me he dado cuenta que tiendo a verbalizar todo (bueno, no tanto: soy medio cohibida para expresar ante extraños lo que pienso). Y pregunto razones o detalles de todo. Soy inquieta y me gusta dialogar.
  • Soy muy racional. Este punto a veces juega en mi contra, pues tiendo a explicar todo, a veces desconociendo que hay cosas que no caben en las palabras (o a sabiendas de que es así, pero olvidando que puede ser bueno simplemente sentir y callar).
  • Con lo único que soy minuciosa y perfeccionista es con lo abstracto (lo que escribo, lo que leo, lo que pienso). Tiendo a hacer muchas cosas prácticas al cálculo (recetas, proyectos de costura), ignorando a veces instrucciones. La buena noticia: no me frustro fácilmente con los resultados; si no sale lo que planeé soy buena para buscar alternativas o para dar por cerrado el intento sin que me quedé un sinsabor fatal.
  • No soy buena para trasnochar, no al menos haciendo cosas que impliquen pensamiento: si debo pensar, la mañana es una mejor hora.
  • Soy paciente.
  • Soy prudente.
  • Soy tranquila. El problema: no me gusta que se me altere mi espacio de paz. Y soy mala para oir ruidos todo el tiempo (odio, por ejemplo, las emisoras con conversaciones todo el día. O estoy oyéndolas atenta o debo apagarlas. No me gusta el ruido de voces al fondo… y eso a veces hace que no me dé cuenta de que estoy rodeada de mucho silencio… yolvide que a mi amorcito y a Irene les gusta un poco de “música” y actividad).
  • Suelo hacer varios proyectos al mismo tiempo… pero si algo no “me atrapa”, lo dejo con facilidad.
  • Intento ser más manitas, pero se me da mejor lo de pensar.
  • Me gusta muchísimo estar al aire libre.
  • Me gusta viajar.
  • Me distraigo fácilmente con las pantallas (es una ventaja no tener televisión en nuestra casa).
  • Tiendo a poner los deseos de otros por encima de los míos. Puede ser generoso, pero a veces restringue claridad.
  • Me gusta que tengamos tiempo libre en familia, sin actividades fijas. En esos ratos, por ejemplo, me encanta salir a caminar.

Creo que tendré que hacer una lista con las fortalezas de Irene y otra con nuestras necesidades de familia… Viéndolo bien, no era tan sencillo. Queda en “continuará”. 😉

Imagen tomada de Short-Story-time.com

8 febrero 2012 at 09:42 5 comentarios

El silencio del amor

Mañana nuestra chiquita cumple 2 años (¡me parece increíble!)… los mismos que cumplimos nosotros de ser papás. Y aunque éramos papás también mientras te teníamos guardadita en mi vientre, Irene, esa paternidad no es igual a la que se experimenta cuando los hijos nacen… ni cuando crecen. Gracias por llegar a nuestra vida, chiquita. Hay amores silenciosos y otros ilustrados. Ojalá puedas sentir, vivir y entender este amor cada día de tu vida.

(Y debo decir que lo deja claro, aunque sea una pauta comercial.)

8 agosto 2011 at 14:12 2 comentarios

La diferencia entre ser tía y ser mamá

Soy tía desde hace casi la mitad de mi vida, pero hace apenas 22 meses soy mamá. Las diferencias de criterio, de sensaciones y de consciencia entre una y otra son abismales… tanto que ahora mismo me arrepiento y sorprendo de algunas de las cosas que “creía” antes: sobre la crianza, sobre la disciplina, sobre las comidas, sobre el colegio… La lista es tan larga que es de nunca acabar.

Pero me iré con una versión corta de la misma para dejar constancia de que las cosas se ven muy distintas desde el escenario (y tras bambalinas)… tanto que si lo hubiera sabido antes, me habría abstenido de hablar en las butacas. 😉 Aquí va:

1. La escolarización (y lo menciono porque hace un par de noches en los brazos de Morfeo me encontré con la escuela de mis sueños -que no sabía que tenía, por demás). Cuando Irene no había nacido pensaba que todos los colegios eran más o menos buenos: con que enseñaran las competencias básicas y tuvieran y promovieran un modelo de vida similar al de los papás (que garantizara amiguitos con valores semejantes), bastaba. A fin de cuentas -me decía- si todos enseñan lo mismo y eso a la vuelta de la esquina, en los años mozos, casi seguro se olvidará (a mí que no me pregunten nada ni de cálculo, ni de química, ni de física, ni de trigonometría… no sigo para evitarme más vergüenzas)…

Hoy estoy a años luz de ese criterio: me niego a tener a mi hija en un colegio religioso, para empezar (eso de “consejos doy que para mí no tengo”… ¡Buff!); no quiero modelos clásicos de enseñanza que la vean como un saco de conocimientos -no de pensamientos- para llenar, quiero un colegio que no parezca colegio (en el sentido clásico)… algo que estimule su pensamiento y su creatividad desde a cotidianidad, que fluya más al ritmo de su vida que al ritmo de los libros de textos, un espacio donde se formen seres humanos no genios (casi ninguno hace lo segundo, pero persisten en que sí y fallecen -y aniquilan una buena parte de la vida y la alegría de los peques- en el intento), un colegio que le permita desarrollar competencias básicas -sí- que despierten su curiosidad por todo y la motiven a indagar más, un colegio en el que leer no sea un deber sino un gusto y en el que jugar sea tan importante como discutir y charlar. No veía problema con que llevaran uniformes, hoy valoro que les permitan tener su identidad…

Y así con otro par de cosas. No sé si ese espacio existe, pero sí sé que ahora que veo a mis sobrinos salir con maletas llenas de libros -textos que se quedan a menos de medio camino (total bolsillo) al final del curso, además- para pasar un par de horas diarias montados en un bus que los lleve a su destino (casa-colegio-casa), sin respetar ritmos de comidas, espacios de familia, bla, bla, bla; ahora que los veo volver a casa llenos de deberes sin tiempo para hacer alguna cosa más… Me lo pienso. Y sé que dicen que su colegio es bueno, que tienen amigos que quieren, que salen bien en las pruebas de conocimiento y unas cuantas cosas más, pero cada vez me parece más que no los miran individualmente, que los tratan como masa y que no estimulan criterios o pensamientos.

Ni qué decir de las guarderías. Lo resumo citándome a mi misma: antes pensaba que era normal escolarizar a un pequeño de un año o un año y medio; hoy pienso que las guarderías no son obligatorias, que siempre será mejor si un pequeño puede estar en casa con mamá y/o papá y que si puede ir directamente de su casa al colegio (a sus cuatro o cinco años), sería maravilloso. Y ya. Ah, partiendo, sí, de que en casa tenga atención personalizada y amorosa todo el tiempo, para aprender a amar, respetar y estar con los demás.

En resumen, cada vez mi escuelita de los sueños se parece más a una no escuelita. Unschoolling-homeschooling, ¿quizás?

2. La crianza. Había oído de lejos hablar de la crianza con apego, pero no entendía de qué se trataba hasta que vi la carita de mi pequeña y sentí que no podía enseñarle con golpes, con amenazas, con miedo. Yo crecí en un mundo en el que los adultos eran los que hablaban y decidían. Los niños, por su parte, debían adaptarse a ellos. Ahora pienso que la disciplina es posible, pero desde el amor; creo que de nada sirve “enseñar” con golpes… y que aunque parezca más difícil (y que hay edades que complicarán el cuento) los niños son siempre interlocutores y maestros: si nos permitimos estar con empatía y con respeto con ellos es mucho lo que aprendemos. Los no y los “lo digo yo” ya no los entiendo (me dan miedo).

3. Las comidas y el sueño. Tantos años de vivir en una sociedad que ignora en buena parte las necesidades de sus chiquitos para imponerle lo que la ciencia dice que debe hacerse con ellos -tantos años de vivir de espaldas a la naturaleza, con necesidades creadas por el mercado y no por ella- me hicieron “apagar cerebro” y no pensar. Creía, así, que lo natural (y lo mejor, sin duda) era la leche artificial, que a los niños había que enseñarles a dormir (aunque fuera con lágrimas), que los niños debían comer en cualquier caso y bla, bla, bla. Y no es que pensara en todo ello a rajatabla, sino que me parecía normal.

Nació Irene y me di cuenta de que lo natural era la leche materna, a demanda y por todo el tiempo que ella quisiera (cuando me hablaron de lactancia exclusiva por seis meses llegué a pensar -despistada- que a los seis meses el bebé empezaba a comer de todo y se acaba lo demás), que dormir era un acto natural, un proceso (con sus propios ritmos en un pequeño) y que si un niño lloraba era porque quería ser atendido. También entendí que nadie come a la fuerza y que si un chiquito no quiere más, NO quiere más. Su estómago no es tan grande como el nuestro y su cerebro no tiene vicios que nosotros sí tenemos (que nos dicen, por ejemplo, que las harinas engordan o que las calorías bla, bla, bla).

Podría seguir con más cosas, pero esto ya se hizo largo. Concluí, en cualquier caso, que no es lo mismo ser tía que ser mamá y que lo segundo es muchísimo más divertido (al menos en términos del tiempo que pasas y aprendes con los chiquitos). Sé que ni todos los tíos ni todos los mamás y papás somos iguales, pero sé también que no es lo mismo vivir que oír contar. Le doy gracias nuestra chiquita por todo lo que nos ha enseñado y le pido a mis sobris que me perdonen tanta bestialidad mental. [Gracias también a todos nuestros tíos y tías. Con todo y su mirada periférica, es grato que alguien nos mire desde afuera. Y nos apapache y ]alcahuete. 😉

24 junio 2011 at 05:49 9 comentarios

Si yo estoy bien, tú estás bien

Parece título para un libro de superación personal, pero es una verdad sin discusión en casa: si nosotros estamos bien, nuestra pequeña hija también. Y eso vale no sólo para lo básico de los libros contables (comida, alimento, vestuario,…), sino -y sobre todo- para lo emocional. He dicho en otras ocasiones que un niño sólo necesita a sus papás. Ahora añado que sería bueno que tuviera unos papás amorosos, contentos, tranquilos, pacientes, relajados. La suma, sin duda, da un niño amoroso, contento, tranquilo, paciente -puede que no de inmediato, pero seguramente en un término más corto que el de un chiquitín con un papá estresado. No es que sea fácil, pero si lo tenemos en mente es muy probable que empecemos a experimentarlo.

Imagen tomada de El rincón favorito de mi escuela.

Y añado que es un tema comprobado en situaciones extremas, como 12 horas de viaje en coche (grgr), la espera en medio de un calor sofocante (o de un frío espacial y temporal poco amigable, como el de la sala de espera de unas urgencias pedriátricas), bla, bla, bla. Podría pensarse incluso que desde la perspectiva de los padres el binomio sería contrario (así como aquello de que “el orden de los factores no altera el resultado”: si tú estás bien, yo estoy bien), pero esa es una verdad a medias porque creo que el adulto de la fórmula es el que está en capacidad emocional de guiar sus emociones y lograr encontrar un equilibrio en ellas. ¿Si le dejamos esa tarea a los chiquitos, sin un modelo fiable, creen que “naturalmente” lo logrará? Lo dudo.

Así que sin alargar historias concluyo una verdad de perogrullo en casa: si nos permitimos disfrutar feliz y amorosamente de y con Irene (con paciencia, comprensión, felicidad, tranquilidad, amor –inserte aquí todas las emociones que considere que le ayuden a mantener su bienestar-), Irene disfrutará feliz y amorosamente de y con nosotros. “Si yo estoy bien, tú estás bien”.

Sé que suena más simple de lo que es en la realidad, pero los resultados valen el esfuerzo. (A fin de cuentas, no es gratuito eso de que digan que padres e hijos están conectados, ¿verdad?)

😉

[Por cierto, dejo una entrada de Armando, de Bebés y más, a la que llegué por azar buscando una imagen para esta entrada. Habla de la empatía que existe naturalmente entre un hijo y sus papás. ¿Casualidad?]

27 abril 2011 at 09:07 8 comentarios

Encamados: 40 días para ir más lento, vivir, pensar y disfrutar

Y ojalá fueran más de 40… toda la vida debería vivirse a un ritmo lento, natural. Algunos dirán que los días también tienen allegros y movimientos rápidos y no lo niego, pero sí creo que aceleramos nuestra vida más de la cuenta. Por eso me he sentido encantada (y encamada) con la propuesta de esta pareja madrileñaencamada por un mundo slow. Vivir la vida a otro ritmo es posible, ¿no?

Camy e Iván se han tirado 40 días en su cama para disfrutar y reivindicar el derecho a vivir una vida pausada. Cada día, con el auspicio de una marca de colchones -qué más da- que ya había hecho un video precioso sobre el parto en casa), tienen invitados en su casa (bueno, en su cama), con los que comparten experiencias y maneras que apunten a ese ritmo slow. Tienen un blog (interesantísimo) sobre sus viviencias, un portal precioso donde pueden encontrar los videos (también pueden verse en Youtube) sobre todos los encuentros que han tenido hasta el momento y una invitación abierta (y siempre válida) para andar más despacio y disfrutar un poco más de nuestras vidas. Queda una semana para echarnos a la cama para charlar con ellos. Por lo pronto, dejo una de esas conversadas, deliciosas, sobre el parto respetado y la maternidad.
(Ah, y el link sorpresa (porque ha sido todo un regalo) me lo encontré en Bebés y más.)

26 abril 2011 at 07:11 4 comentarios

Entradas antiguas


De sol a sol

octubre 2017
L M X J V S D
« Ago    
 1
2345678
9101112131415
16171819202122
23242526272829
3031  

Contenido protegido

NO SE PERMITE USAR NI LAS FOTOS NI LOS VIDEOS DEL BLOG La casita de Irene a no ser con consentimiento expreso y por escrito. Todo el contenido de esta web se encuentra protegido (a no ser que se especifique lo contrario) por una licencia Creative Commons tipo Reconocimiento-No Comercial-Sin Obras Derivadas.

Categorías