Archive for junio, 2010

¿El primer resfriado?: Crup

La fiebre, la tos y los moquitos han visitado esta semana a Irene, haciéndole pasar unas noches menos tranquilas y unos días más guardaditos -en casa- de lo habitual. Y aunque, en principio, la descripción de los síntomas sugerían un resfriado, la secuencia de aparición de los mismos y la prevalencia de una tos perruna y seca en ella introdujo un nuevo término en nuestra vida: crup (croup).

Foto: El ojo inoportuno, Flickr

Y comienzo con una definición rápida: crup o croup (en inglés) es el término utilizado para indicar una inflamación o infección en las vías respiratorias altas (faringe, principalmente), que se presenta en niños entre cero a 5 años, usualmente por el contacto con algún virus. Se caracteriza porque la vía respiratoria se inflama justo debajo de las cuerdas vocales, generando -según el grado de infección o inflamación- una respiración ruidosa y difícil (además de la tos).

De acuerdo con un documento del Programa de Salud Infantil de California (California Childcare Health Program), “por lo general, el niño con crup tiene fiebre de baja intensidad. Debido a que las cuerdas vocales están en la laringe, el síntoma principal del crup es una tos áspera que tiene sonido de foca; a eso le siguen secreción de la nariz, tos y ronquera. Los síntomas de crup usualmente empeoran durante la noche con un sonido agudo al respirar. El crup puede durar de uno a siete días. Se puede controlar el crup humidificando el aire.”

Su visita a nuestro hogar

La evidencia del arribo del bicho en nuestra casita fue un alza en la temperatura de Irene en la madrugada del lunes, justo después de asistir con ella el sábado a una clase de natación (con muchos, muchos niños; muchos cambios de temperatura en el agua -no les recomiendo una ducha fría tras el agua climatizada de la piscina- y, después, desafortunadamente, mucha, mucha lluvia y sol).

El domingo la pequeña había estado un tanto aperezada, pero pensamos que se debía más al día gris que teníamos afuera que a una infección. Luego, en la noche, justo después de acostarla, sentimos una tos seca y espontánea (sin reincidencia en esa noche), que pasó a ser sospechosa cuando la fiebre llegó unas horas más tarde. De ahí en adelante uno y otro síntoma fueron incrementándose, dejando como resultado en la mañana del lunes a una pequeña baja de ánimo, adormilada y quejosa, que tosía cada vez con más frecuencia como un perro. Fuimos al médico y nos diagnosticó el crup.

El tratamiento

El crup de nuestra chiquita es leve, por lo que hemos optado por un tratamiento sencillo, sin medicamentos, con ingesta de muchos líquidos, humidificación del ambiente (en nuestro caso, con una olla de agua con hojas de eucalipto) y mucho amor. Y aunque generalmente las complicaciones de esta enfermedad se dan en pequeños con alergias o con faringes estrechas (algo congénito), la recomendación siempre, ante cualquier indicio de fiebre, resfriado o tos, es acudir a un doctor: la inflamación de las vías respiratorias en un chiquito pueden ocasionar un paro respiratorio (su cuerpecito tan pequeño se ve afectado con cualquier inflamación), y una fiebre, por leve que sea, indica que el cuerpo del niño está activando sus defensas para matar a algún visitante no deseado. (Sueno alarmista, pero la foto que ilustra esta entrada está dedicada a la madre de un bebé de dos meses que murió de tos ferina (pertussis), una enfermedad que suele parecer un simple resfriado, que en los adultos es leve, pero que en los bebés puede ser mortal. Snif.)

Recomendaciones

Las mamás, aunque tengamos un sexto sentido, solemos no tener ni la información ni la experiencia requeridas para diagnosticar a un bebé. Por ello, pienso, es mejor curarse en salud y visitar el doctor, sea un crup, un resfriado, una otitis, un dolor leve de cabeza, una extraña inapetencia o una fiebre sin razón aparente. Sé que los mismos centros asistenciales pueden ser foco de virus, pero la visita al doctor (primero) y la protección (siempre) y el aislamiento (en casa) del pequeño de posibles virus contagiosos no sobra. Nuestra chiquita se recupera satisfactoriamente, a veces con ganas de comer sopitas, frutas y verduras, a veces no. Eso sí, la lechita de mamá no sobra nunca y es el mejor remedio contra todo. No entiendo por qué no nos recomiendan más que se las demos hasta que ellos quieran, porque siempre es bienvenida -y bendecida- ante cualquier malestar.

Tenemos una chiquita fuerte que se ha enfermado poco (a sus diez meses sólo ha tenido gastroenteritis [una vez] y este crup). Sé que la leche materna no la hace inmune a todo, pero protege y mucho. Y, claro, no estar en contacto permanente con otros niños ni con adultos enfermosos ayuda también un montón. 😉

Dejo unos cuantos links sobre la saliente (y no bienvenida en el futuro) enfermedad. [Otra vez se me fue largo… grgrgrgrg]: Crup (características y cuidados), información general sobre el crup y un video interesante sobre la enfermedad (en inglés).

Y un comentario: Tal como señala el médico del video, los días fueron tranquilos, las noches, un poco menos. Recomiendan aire fresco de la noche (no me atrevo, pero dicen que funciona… creo que hay que estar seguros del diagnóstico antes de hacero), una sábana húmeda sobre la camita o entrar al baño con el pequeño y abrir la ducha, tibia, preferentemente, y dejar que el niño respire esa humedad. Yo, decía, usé una ollita de agua hirviendo con hojas de eucalipto, por momentos, y la molestia mejoró.

PD. Tras el episodio de crup en nuestro hogar decidimos suspender la estimulación de la pequeña en la piscina: son muchos niños (y posibles virus) alrededor y ella está aún muy pequeña. Continuaremos estimulándola en casa, en la ducha, en la tina… Creo que vale igual. Cuando esté más grande aprenderá a nadar.

26 junio 2010 at 11:57 8 comentarios

La flor más grande del mundo

… para su escritor, un hombre sensible, como pocos, que nos acariciaba con palabras llenas de humanidad, amor y poesía. Partió el viernes 18, pero nosotros lo tenemos cerca, siempre, buscando, encontrando. Hoy lo despedimos para ese nuevo viaje, con su cuento para niños, para Irene, con su flor. Hasta pronto, Saramago. Gracias por dejarnos tanto.

(HD, en portugués)

(Baja resolución, con subtítulos)

Resportaje sobre el corto realizado por Juan Pablo Etcheverri

[“A maior flor do mundo”, cuento de José Saramago (aquí, transcrito en español), Otros cuadernos de Saramago (su blog), y aquí, su página oficial.]

22 junio 2010 at 14:58 2 comentarios

¿Presidente o estrella de televisión?

Pasaron las elecciones y, aunque fuimos muchos, los verdes no alcanzamos a ser suficientes para gobernar. Y, eso, si pensamos de verdad en un gobierno del pueblo. No pudimos hacerlo como lo soñamos, Irene. No ahora, al menos. Confío en que tú sí lo consigas, en que el país que te corresponda construir se parezca al de nuestros sueños. Ojalá que los presidentes de Colombia, algún día, puedan ser gobernantes transparentes, honestos; no estrellas de televisión como los de ahora, no dioses que esperen reverencias de un público que masificado ovaciona.

Foto: El Comercio.

No vi ninguno de los debates a la presidencia, pero sí vi comentarios, intervenciones y, sobre todo, críticas. Lamenté (y aún lamento) que los electores sigan reclamando estrellas que sepan bien sus parlamentos, actores con actitudes convincentes y seguras; no hombres comunes y corrientes, responsables y respetuosos que dudan ante preguntas insidiosas y -sobre todo- que caen con facilidad en las garras de los periodistas y los medios. Vendrán otros días. Haremos lo posible para que al menos nuestras acciones se parezcan a esos principios que las inspiran, para sentirnos iguales más allá de nuestros sueños, para saber que no somos perfectos, pero que hay muchas cosas buenas para dar y esperar YA.

21 junio 2010 at 13:45 8 comentarios

Si lo soñamos, lo logramos: ¡Hoy 20, VAMOS A VOTAR VERDE!

Y aunque todo parezca negro, aunque la esperanza dude… hoy 20 de junio salimos a votar nuevamente por un mejor país, sin mentiras, sin engaños, sin corrupción, sin miedo. Hoy votamos por Mockus; hoy, Colombia, votamos por ti. Votemos verde para que la esperanza y la vida retornen. (Seguimos esperando por ti, mi Irene).


Y un regalo de Stella, para recordar que aún es posible. Ojalá que sí. 🙂

20 junio 2010 at 08:58 1 comentario

Los mejores besos

Sin duda, la mejor y mayor concreción del amor son los hijos. Sólo cuando se tienen se siente (no digo se entiende porque expresarlo con palabras -es decir, racionalmente- cuesta muchísimo) lo grande y pequeño que es al mismo tiempo el mundo y lo infinito que es el amor. Irene nos besa desde hace algunas semanas. Y no lo hace como solemos hacerlo los adultos, con un eco sonoro aprendido… No. Lo hace espontáneamente, acercando su carita a la nuestra, con su boquita abierta.

Nadie le enseñó nadie le dijo; aprendió solita de vernos a nosotros. Al principio, pensaba que estaba jugando con sus dientes, que quería ensayarlos con nosotros. Pero no. Su carita se acerca delicadamente, posa su boquita abierta en nosotros (de la cara pasa al cuello, al hombro, al pelo) y se detiene, como un rito. Son besos de amor. Y siento otra vez el infinito. Una y otra vez.

(Y es el principio)

Gracias, mi corazón.

😉

17 junio 2010 at 11:02 11 comentarios

“Me caigo y me levanto”

Desde el pasado domingo Irene se está parando solita (lo había hecho tres veces antes, un poco sin darse cuenta, así que -por no ser sistemático entonces- no vale). Lo curioso, es que al igual que sucedió con el gateo, su inspiración y estimulación final fue la cuna: el viernes en la noche la bajamos un punto -tiene alturas graduables- porque ella ya se estaba sentando y arrodillando en la cama y quedaba con su cabecita a la vista. Por supuesto, en cuanto se irguió dentro del lecho y vio que ya no podía ver todo a su alrededor, se apoyó en las barandas y se paró. ¡Y, oh, descubrimiento! No deja de hacerlo: en la cuna, en el piso, en la tina, sentada… ¿Será que tiene resortes en las rodillas?

Toda esta historia me ha hecho recordar a Cortázar -mi autor del alma-, que tiene un bello texto (que está en su voz, cronopio hermoso) titulado “me caigo y me levanto” (no habla de los peques, pero es obvio que desde temprano el hombre “recae”). La pequeña aún no se ha caído al pararse (y espero que no lo haga), pero sí ha buscado cómo sentarse una vez está arriba sin encontrar todavía el modo. 😉 Ah, hemos estado de paseo el domingo y el lunes, en el campo, y el mejor juguete que encontró esta pequeña fue el primer escalón de la casa. ¿Por qué? Porque tenía la altura ideal para pararse y pararse y pararse y pararse y pararse… Es una preciosidad.

Y ésta es la foto (no es bonita… pero es que la emoción no da tiempo para más) para la posteridad: el 29 demayo a las 4:20 p.m. Irene se paró solita por primera vez en su vida, apoyada en esa mesa, sin darse cuenta, básicamente por curiosidad: quería ver las revistas que estaban sobre la mesa. La foto no será una obra de arte, pero la chiquita sostenida solita mientras hojea [1. tr. Mover o pasar ligeramente las hojas de un libro o de un cuaderno] los impresos sí. 😉

(Para cumplir con lo prometido, dejo tres links: uno sobre los primeros pasos del bebé, otro sobre el desarrollo de la marcha y uno final con preguntas frecuentes que se hacen cuando el bebé empieza a caminar (o da muestras de hacerlo pronto). No es que Irene camine, pero se supone que poco a poco nos acercamos más a ese momento y que el sostenerse parada es un paso importante en su desarrollo motriz. Sigo pensando que cada chiquito hace las cosas en su momento, naturalmente. Así que si no lo hiciera ahora, pues tampoco me andaría dando de cabezas. Tendrá toda una vida para caminar, ¿cierto que sí?)

PD: A propósito de nuestra anterior entrada, un texto corto pero interesante sobre cómo afecta la televisión el desarrollo de los niños.

15 junio 2010 at 08:07 7 comentarios

La vida sin televisión (Update)

Hace casi cinco años erradicamos de nuestra vida la televisión. Y aunque nunca fuimos adictos a ella, sólo hasta ese momento nos dimos cuenta de la cantidad de vida que perdíamos en frente suyo y de la calidad de vida que ganábamos sin verla. Hoy, después de muchas caras asombradas, protestas y hasta miradas maliciosas de vecinos, mantenemos felices nuestra decisión, con la conciencia de que aquello de que “es necesario verla” (para estar informado, dicen, para relajarse, para no vivir en otro planeta y un largo etcétera) es falso. Con el nacimiento de Irene, los comentarios regresan (“para que sepa de qué va el mundo, para que no se sienta una extraña con otros niños”, bla, bla…), pero sabemos el espacio ganado y creemos que es mucho más lo que le aporta a su vida y a la nuestra vivir sin esa caja de pocas sorpresas. No quiero sonar drástica, pero creo que el mundo sería otro si más personas prescindieran de la televisión.

Foto: snostein/Flickr

Un poco de azar y un poco de decisión sacaron de nuestra vida la televisión. En una mudanza anterior, al llegar a la casa que ocuparíamos descubrimos que la única conexión de cable para el patoaparato estaba dentro del cuarto. Siempre me negué a tener una televisión dentro de la habitación (cualquiera) por considerarla un interruptor definitivo de la comunicación. La decisión, por tanto, fue simple: el fin de la televisión. Sin alternativas de un “pidamos conexión para otro lado” ni nada por el estilo, porque nuestro paso por ese espacio era transitorio y porque no sentíamos la necesidad apremiante de tener el aparato encendido. Cual mueble más de la casa, el televisor pasó a ser casi decorativo, excepto algunas ocasiones en las que lo usábamos para ver una que otra película (afición poco común entre mi niño y yo). Con el paso del tiempo y de la tecnología, hoy usamos más el computador para esto último y relagamos a un “ningún lugar” de la casa el televisor.

Lo sorprendente fue que al mismo tiempo que abandonamos la programación televisiva empezamos a descubrir espacios en nuestra vida que mejoraron sustancialmente nuestra cotidianidad y nuestra comunicación (y debo decir que no era para nada mala, de antemano): comenzamos a salir a pasear con más frecuencia (casi diariamente), a leer muchísimo más que antes (rotando libros que siempre habían estado esperando que los miráramos después de comprarlos), cocinamos juntos tomando un vino y charlando; pasamos más tiempo fuera de casa que dentro, hacemos deporte (yo a veces, mi amorcito siempre), tomamos fotos, viajamos… Y ahora con la peque, disfrutamos del clima tropical y del parque a diario, jugamos muchísimo en casa, leemos cuentos, caminamos, cantamos, hablamos… En resumen, saboreamos profundamente la vida y estrechamos inmensamente nuestros lazos.

Y aclaro que no creo que éste sea el único camino para hacerlo, pero sí que pienso que cuando se tiene un televisor encendido en casa este tipo de escenarios comunes comienzan a diluirse por el poder increíble de absorción que tiene el televisor. No sé si han hecho el ejercicio, pero nosotros sí: basta con tener encendido en frente de alguien la televisión para ver cómo (a nosotros mismos nos pasa) resulta inevitable clavar la mirada en ella y, por tanto, termina siendo imposible sostener ninguna conversación (fluída y atenta, al menos). Si a eso se le suma que la programación disponible es poco menos que mala y que fácilmente se pasan horas y horas y horas esperando a que empiece el programa que me gusta (que, claro, entretiene, pero difícilmente suele cambiarle a uno la vida), pues la conclusión es sencilla: es mejor prescindir de la televisión.

Añado, además, que no es gratuita la tendencia que hay de pasar un poco del televisor para clavarse en el ordenador (próxima meta: quiero dejar de usarlo al menos cuatro días a la semana. Es que creo que es mejor la vida real que la vida en pantalla), o la de una televisión “a la carta”, como sucede ahora en buena parte de EEUU, en la que la programación la establece el espectador. Ambas indican que los tiempos en los que otro decidía qué veíamos (en qué orden, a qué horas, etcétera) empiezan a verse relegados. Aún en esos casos, insisto, me gusta más vivir sin televisión.

¿Y eso afecta en algo a la chiquita?

Creo que sí, pero no sé si la afectación sea tangible ahora… lo que sí sé es que será muchísimo más palpable en el futuro, que es cuando los niños suelen engancharse más a la televisión. Hasta aquí, Irene es (no sé si sólo por falta de pantallas o por temperamento) una niña sociable, tranquila, amable. Y muy activa: he hecho el ejercicio un par de veces de sentarla frente al computador y ponerle un video o una película… y me he dado cuenta de que se anestesia igual que todos. Por ello, comparto feliz y firme nuestra experiencia. Prefiero ver las películas en cine (aunque ahora debamos verlas en casa porque no podemos salir dejando a la pequeña). Y me encantan (pero las buenas). Cuando hay un documental o un video que me interesa, casi siempre lo encuentro disponible en Google Video, Youtube, Dailymotion, Megavideo, Vimeo o cualquiera de ese tipo de servicios de video online), así que eso tampoco es una pérdida… es más, termina también siendo ganancia porque puedo verlo sin cortes de comerciales, deteniéndolo cuando quiera y compartiéndolo, incluso, si quiero, en espacios como éste). En fin. Prefiero la vida en tres y más dimensiones. Y lo recomiendo a ojo cerrado. Se puede y es maravilloso vivir sin televisión. 😉 El mundo sigue siendo el mejor ocio.

(Y no somos los únicos: Maxylola, RinzeWind, Guachapeli, Juan Antonio González Fuentes y muchos más que no sigo buscando porque ya es suficiente. Lo curioso (y común) es que casi todos terminaron viviendo sin ella un poco por azar, como nosotros. Creo que estamos tan acostumbrados y familiarizados -¡¡¡algunos incluso la tienen en el cuarto!!!- que se nos olvida que puede no estar. 😉 Ah, y creo, seriamente, que se está mejor informado cuando se lee prensa o se oye radio. La televisión suele dar las noticias tan superficialmente… En fin.)

UPDATE: Se me había olvidado pegar una tira cómica de Magola, publicada hace como 2 semanas en El Espectador, justo cuando andaba con este tema en la cabeza. La sacaron muy a propósito de las Elecciones Presidenciales en Colombia. Se vale por sí misma, ¿no?

Autor: Nani

11 junio 2010 at 20:54 16 comentarios

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