Archive for junio, 2010

¿El primer resfriado?: Crup

La fiebre, la tos y los moquitos han visitado esta semana a Irene, haciéndole pasar unas noches menos tranquilas y unos días más guardaditos -en casa- de lo habitual. Y aunque, en principio, la descripción de los síntomas sugerían un resfriado, la secuencia de aparición de los mismos y la prevalencia de una tos perruna y seca en ella introdujo un nuevo término en nuestra vida: crup (croup).

Foto: El ojo inoportuno, Flickr

Y comienzo con una definición rápida: crup o croup (en inglés) es el término utilizado para indicar una inflamación o infección en las vías respiratorias altas (faringe, principalmente), que se presenta en niños entre cero a 5 años, usualmente por el contacto con algún virus. Se caracteriza porque la vía respiratoria se inflama justo debajo de las cuerdas vocales, generando -según el grado de infección o inflamación- una respiración ruidosa y difícil (además de la tos).

De acuerdo con un documento del Programa de Salud Infantil de California (California Childcare Health Program), “por lo general, el niño con crup tiene fiebre de baja intensidad. Debido a que las cuerdas vocales están en la laringe, el síntoma principal del crup es una tos áspera que tiene sonido de foca; a eso le siguen secreción de la nariz, tos y ronquera. Los síntomas de crup usualmente empeoran durante la noche con un sonido agudo al respirar. El crup puede durar de uno a siete días. Se puede controlar el crup humidificando el aire.”

Su visita a nuestro hogar

La evidencia del arribo del bicho en nuestra casita fue un alza en la temperatura de Irene en la madrugada del lunes, justo después de asistir con ella el sábado a una clase de natación (con muchos, muchos niños; muchos cambios de temperatura en el agua -no les recomiendo una ducha fría tras el agua climatizada de la piscina- y, después, desafortunadamente, mucha, mucha lluvia y sol).

El domingo la pequeña había estado un tanto aperezada, pero pensamos que se debía más al día gris que teníamos afuera que a una infección. Luego, en la noche, justo después de acostarla, sentimos una tos seca y espontánea (sin reincidencia en esa noche), que pasó a ser sospechosa cuando la fiebre llegó unas horas más tarde. De ahí en adelante uno y otro síntoma fueron incrementándose, dejando como resultado en la mañana del lunes a una pequeña baja de ánimo, adormilada y quejosa, que tosía cada vez con más frecuencia como un perro. Fuimos al médico y nos diagnosticó el crup.

El tratamiento

El crup de nuestra chiquita es leve, por lo que hemos optado por un tratamiento sencillo, sin medicamentos, con ingesta de muchos líquidos, humidificación del ambiente (en nuestro caso, con una olla de agua con hojas de eucalipto) y mucho amor. Y aunque generalmente las complicaciones de esta enfermedad se dan en pequeños con alergias o con faringes estrechas (algo congénito), la recomendación siempre, ante cualquier indicio de fiebre, resfriado o tos, es acudir a un doctor: la inflamación de las vías respiratorias en un chiquito pueden ocasionar un paro respiratorio (su cuerpecito tan pequeño se ve afectado con cualquier inflamación), y una fiebre, por leve que sea, indica que el cuerpo del niño está activando sus defensas para matar a algún visitante no deseado. (Sueno alarmista, pero la foto que ilustra esta entrada está dedicada a la madre de un bebé de dos meses que murió de tos ferina (pertussis), una enfermedad que suele parecer un simple resfriado, que en los adultos es leve, pero que en los bebés puede ser mortal. Snif.)

Recomendaciones

Las mamás, aunque tengamos un sexto sentido, solemos no tener ni la información ni la experiencia requeridas para diagnosticar a un bebé. Por ello, pienso, es mejor curarse en salud y visitar el doctor, sea un crup, un resfriado, una otitis, un dolor leve de cabeza, una extraña inapetencia o una fiebre sin razón aparente. Sé que los mismos centros asistenciales pueden ser foco de virus, pero la visita al doctor (primero) y la protección (siempre) y el aislamiento (en casa) del pequeño de posibles virus contagiosos no sobra. Nuestra chiquita se recupera satisfactoriamente, a veces con ganas de comer sopitas, frutas y verduras, a veces no. Eso sí, la lechita de mamá no sobra nunca y es el mejor remedio contra todo. No entiendo por qué no nos recomiendan más que se las demos hasta que ellos quieran, porque siempre es bienvenida -y bendecida- ante cualquier malestar.

Tenemos una chiquita fuerte que se ha enfermado poco (a sus diez meses sólo ha tenido gastroenteritis [una vez] y este crup). Sé que la leche materna no la hace inmune a todo, pero protege y mucho. Y, claro, no estar en contacto permanente con otros niños ni con adultos enfermosos ayuda también un montón. 😉

Dejo unos cuantos links sobre la saliente (y no bienvenida en el futuro) enfermedad. [Otra vez se me fue largo… grgrgrgrg]: Crup (características y cuidados), información general sobre el crup y un video interesante sobre la enfermedad (en inglés).

Y un comentario: Tal como señala el médico del video, los días fueron tranquilos, las noches, un poco menos. Recomiendan aire fresco de la noche (no me atrevo, pero dicen que funciona… creo que hay que estar seguros del diagnóstico antes de hacero), una sábana húmeda sobre la camita o entrar al baño con el pequeño y abrir la ducha, tibia, preferentemente, y dejar que el niño respire esa humedad. Yo, decía, usé una ollita de agua hirviendo con hojas de eucalipto, por momentos, y la molestia mejoró.

PD. Tras el episodio de crup en nuestro hogar decidimos suspender la estimulación de la pequeña en la piscina: son muchos niños (y posibles virus) alrededor y ella está aún muy pequeña. Continuaremos estimulándola en casa, en la ducha, en la tina… Creo que vale igual. Cuando esté más grande aprenderá a nadar.

26 junio 2010 at 11:57 8 comentarios

La flor más grande del mundo

… para su escritor, un hombre sensible, como pocos, que nos acariciaba con palabras llenas de humanidad, amor y poesía. Partió el viernes 18, pero nosotros lo tenemos cerca, siempre, buscando, encontrando. Hoy lo despedimos para ese nuevo viaje, con su cuento para niños, para Irene, con su flor. Hasta pronto, Saramago. Gracias por dejarnos tanto.

(HD, en portugués)

(Baja resolución, con subtítulos)

Resportaje sobre el corto realizado por Juan Pablo Etcheverri

[“A maior flor do mundo”, cuento de José Saramago (aquí, transcrito en español), Otros cuadernos de Saramago (su blog), y aquí, su página oficial.]

22 junio 2010 at 14:58 2 comentarios

¿Presidente o estrella de televisión?

Pasaron las elecciones y, aunque fuimos muchos, los verdes no alcanzamos a ser suficientes para gobernar. Y, eso, si pensamos de verdad en un gobierno del pueblo. No pudimos hacerlo como lo soñamos, Irene. No ahora, al menos. Confío en que tú sí lo consigas, en que el país que te corresponda construir se parezca al de nuestros sueños. Ojalá que los presidentes de Colombia, algún día, puedan ser gobernantes transparentes, honestos; no estrellas de televisión como los de ahora, no dioses que esperen reverencias de un público que masificado ovaciona.

Foto: El Comercio.

No vi ninguno de los debates a la presidencia, pero sí vi comentarios, intervenciones y, sobre todo, críticas. Lamenté (y aún lamento) que los electores sigan reclamando estrellas que sepan bien sus parlamentos, actores con actitudes convincentes y seguras; no hombres comunes y corrientes, responsables y respetuosos que dudan ante preguntas insidiosas y -sobre todo- que caen con facilidad en las garras de los periodistas y los medios. Vendrán otros días. Haremos lo posible para que al menos nuestras acciones se parezcan a esos principios que las inspiran, para sentirnos iguales más allá de nuestros sueños, para saber que no somos perfectos, pero que hay muchas cosas buenas para dar y esperar YA.

21 junio 2010 at 13:45 8 comentarios

Si lo soñamos, lo logramos: ¡Hoy 20, VAMOS A VOTAR VERDE!

Y aunque todo parezca negro, aunque la esperanza dude… hoy 20 de junio salimos a votar nuevamente por un mejor país, sin mentiras, sin engaños, sin corrupción, sin miedo. Hoy votamos por Mockus; hoy, Colombia, votamos por ti. Votemos verde para que la esperanza y la vida retornen. (Seguimos esperando por ti, mi Irene).


Y un regalo de Stella, para recordar que aún es posible. Ojalá que sí. 🙂

20 junio 2010 at 08:58 1 comentario

Los mejores besos

Sin duda, la mejor y mayor concreción del amor son los hijos. Sólo cuando se tienen se siente (no digo se entiende porque expresarlo con palabras -es decir, racionalmente- cuesta muchísimo) lo grande y pequeño que es al mismo tiempo el mundo y lo infinito que es el amor. Irene nos besa desde hace algunas semanas. Y no lo hace como solemos hacerlo los adultos, con un eco sonoro aprendido… No. Lo hace espontáneamente, acercando su carita a la nuestra, con su boquita abierta.

Nadie le enseñó nadie le dijo; aprendió solita de vernos a nosotros. Al principio, pensaba que estaba jugando con sus dientes, que quería ensayarlos con nosotros. Pero no. Su carita se acerca delicadamente, posa su boquita abierta en nosotros (de la cara pasa al cuello, al hombro, al pelo) y se detiene, como un rito. Son besos de amor. Y siento otra vez el infinito. Una y otra vez.

(Y es el principio)

Gracias, mi corazón.

😉

17 junio 2010 at 11:02 11 comentarios

“Me caigo y me levanto”

Desde el pasado domingo Irene se está parando solita (lo había hecho tres veces antes, un poco sin darse cuenta, así que -por no ser sistemático entonces- no vale). Lo curioso, es que al igual que sucedió con el gateo, su inspiración y estimulación final fue la cuna: el viernes en la noche la bajamos un punto -tiene alturas graduables- porque ella ya se estaba sentando y arrodillando en la cama y quedaba con su cabecita a la vista. Por supuesto, en cuanto se irguió dentro del lecho y vio que ya no podía ver todo a su alrededor, se apoyó en las barandas y se paró. ¡Y, oh, descubrimiento! No deja de hacerlo: en la cuna, en el piso, en la tina, sentada… ¿Será que tiene resortes en las rodillas?

Toda esta historia me ha hecho recordar a Cortázar -mi autor del alma-, que tiene un bello texto (que está en su voz, cronopio hermoso) titulado “me caigo y me levanto” (no habla de los peques, pero es obvio que desde temprano el hombre “recae”). La pequeña aún no se ha caído al pararse (y espero que no lo haga), pero sí ha buscado cómo sentarse una vez está arriba sin encontrar todavía el modo. 😉 Ah, hemos estado de paseo el domingo y el lunes, en el campo, y el mejor juguete que encontró esta pequeña fue el primer escalón de la casa. ¿Por qué? Porque tenía la altura ideal para pararse y pararse y pararse y pararse y pararse… Es una preciosidad.

Y ésta es la foto (no es bonita… pero es que la emoción no da tiempo para más) para la posteridad: el 29 demayo a las 4:20 p.m. Irene se paró solita por primera vez en su vida, apoyada en esa mesa, sin darse cuenta, básicamente por curiosidad: quería ver las revistas que estaban sobre la mesa. La foto no será una obra de arte, pero la chiquita sostenida solita mientras hojea [1. tr. Mover o pasar ligeramente las hojas de un libro o de un cuaderno] los impresos sí. 😉

(Para cumplir con lo prometido, dejo tres links: uno sobre los primeros pasos del bebé, otro sobre el desarrollo de la marcha y uno final con preguntas frecuentes que se hacen cuando el bebé empieza a caminar (o da muestras de hacerlo pronto). No es que Irene camine, pero se supone que poco a poco nos acercamos más a ese momento y que el sostenerse parada es un paso importante en su desarrollo motriz. Sigo pensando que cada chiquito hace las cosas en su momento, naturalmente. Así que si no lo hiciera ahora, pues tampoco me andaría dando de cabezas. Tendrá toda una vida para caminar, ¿cierto que sí?)

PD: A propósito de nuestra anterior entrada, un texto corto pero interesante sobre cómo afecta la televisión el desarrollo de los niños.

15 junio 2010 at 08:07 7 comentarios

La vida sin televisión (Update)

Hace casi cinco años erradicamos de nuestra vida la televisión. Y aunque nunca fuimos adictos a ella, sólo hasta ese momento nos dimos cuenta de la cantidad de vida que perdíamos en frente suyo y de la calidad de vida que ganábamos sin verla. Hoy, después de muchas caras asombradas, protestas y hasta miradas maliciosas de vecinos, mantenemos felices nuestra decisión, con la conciencia de que aquello de que “es necesario verla” (para estar informado, dicen, para relajarse, para no vivir en otro planeta y un largo etcétera) es falso. Con el nacimiento de Irene, los comentarios regresan (“para que sepa de qué va el mundo, para que no se sienta una extraña con otros niños”, bla, bla…), pero sabemos el espacio ganado y creemos que es mucho más lo que le aporta a su vida y a la nuestra vivir sin esa caja de pocas sorpresas. No quiero sonar drástica, pero creo que el mundo sería otro si más personas prescindieran de la televisión.

Foto: snostein/Flickr

Un poco de azar y un poco de decisión sacaron de nuestra vida la televisión. En una mudanza anterior, al llegar a la casa que ocuparíamos descubrimos que la única conexión de cable para el patoaparato estaba dentro del cuarto. Siempre me negué a tener una televisión dentro de la habitación (cualquiera) por considerarla un interruptor definitivo de la comunicación. La decisión, por tanto, fue simple: el fin de la televisión. Sin alternativas de un “pidamos conexión para otro lado” ni nada por el estilo, porque nuestro paso por ese espacio era transitorio y porque no sentíamos la necesidad apremiante de tener el aparato encendido. Cual mueble más de la casa, el televisor pasó a ser casi decorativo, excepto algunas ocasiones en las que lo usábamos para ver una que otra película (afición poco común entre mi niño y yo). Con el paso del tiempo y de la tecnología, hoy usamos más el computador para esto último y relagamos a un “ningún lugar” de la casa el televisor.

Lo sorprendente fue que al mismo tiempo que abandonamos la programación televisiva empezamos a descubrir espacios en nuestra vida que mejoraron sustancialmente nuestra cotidianidad y nuestra comunicación (y debo decir que no era para nada mala, de antemano): comenzamos a salir a pasear con más frecuencia (casi diariamente), a leer muchísimo más que antes (rotando libros que siempre habían estado esperando que los miráramos después de comprarlos), cocinamos juntos tomando un vino y charlando; pasamos más tiempo fuera de casa que dentro, hacemos deporte (yo a veces, mi amorcito siempre), tomamos fotos, viajamos… Y ahora con la peque, disfrutamos del clima tropical y del parque a diario, jugamos muchísimo en casa, leemos cuentos, caminamos, cantamos, hablamos… En resumen, saboreamos profundamente la vida y estrechamos inmensamente nuestros lazos.

Y aclaro que no creo que éste sea el único camino para hacerlo, pero sí que pienso que cuando se tiene un televisor encendido en casa este tipo de escenarios comunes comienzan a diluirse por el poder increíble de absorción que tiene el televisor. No sé si han hecho el ejercicio, pero nosotros sí: basta con tener encendido en frente de alguien la televisión para ver cómo (a nosotros mismos nos pasa) resulta inevitable clavar la mirada en ella y, por tanto, termina siendo imposible sostener ninguna conversación (fluída y atenta, al menos). Si a eso se le suma que la programación disponible es poco menos que mala y que fácilmente se pasan horas y horas y horas esperando a que empiece el programa que me gusta (que, claro, entretiene, pero difícilmente suele cambiarle a uno la vida), pues la conclusión es sencilla: es mejor prescindir de la televisión.

Añado, además, que no es gratuita la tendencia que hay de pasar un poco del televisor para clavarse en el ordenador (próxima meta: quiero dejar de usarlo al menos cuatro días a la semana. Es que creo que es mejor la vida real que la vida en pantalla), o la de una televisión “a la carta”, como sucede ahora en buena parte de EEUU, en la que la programación la establece el espectador. Ambas indican que los tiempos en los que otro decidía qué veíamos (en qué orden, a qué horas, etcétera) empiezan a verse relegados. Aún en esos casos, insisto, me gusta más vivir sin televisión.

¿Y eso afecta en algo a la chiquita?

Creo que sí, pero no sé si la afectación sea tangible ahora… lo que sí sé es que será muchísimo más palpable en el futuro, que es cuando los niños suelen engancharse más a la televisión. Hasta aquí, Irene es (no sé si sólo por falta de pantallas o por temperamento) una niña sociable, tranquila, amable. Y muy activa: he hecho el ejercicio un par de veces de sentarla frente al computador y ponerle un video o una película… y me he dado cuenta de que se anestesia igual que todos. Por ello, comparto feliz y firme nuestra experiencia. Prefiero ver las películas en cine (aunque ahora debamos verlas en casa porque no podemos salir dejando a la pequeña). Y me encantan (pero las buenas). Cuando hay un documental o un video que me interesa, casi siempre lo encuentro disponible en Google Video, Youtube, Dailymotion, Megavideo, Vimeo o cualquiera de ese tipo de servicios de video online), así que eso tampoco es una pérdida… es más, termina también siendo ganancia porque puedo verlo sin cortes de comerciales, deteniéndolo cuando quiera y compartiéndolo, incluso, si quiero, en espacios como éste). En fin. Prefiero la vida en tres y más dimensiones. Y lo recomiendo a ojo cerrado. Se puede y es maravilloso vivir sin televisión. 😉 El mundo sigue siendo el mejor ocio.

(Y no somos los únicos: Maxylola, RinzeWind, Guachapeli, Juan Antonio González Fuentes y muchos más que no sigo buscando porque ya es suficiente. Lo curioso (y común) es que casi todos terminaron viviendo sin ella un poco por azar, como nosotros. Creo que estamos tan acostumbrados y familiarizados -¡¡¡algunos incluso la tienen en el cuarto!!!- que se nos olvida que puede no estar. 😉 Ah, y creo, seriamente, que se está mejor informado cuando se lee prensa o se oye radio. La televisión suele dar las noticias tan superficialmente… En fin.)

UPDATE: Se me había olvidado pegar una tira cómica de Magola, publicada hace como 2 semanas en El Espectador, justo cuando andaba con este tema en la cabeza. La sacaron muy a propósito de las Elecciones Presidenciales en Colombia. Se vale por sí misma, ¿no?

Autor: Nani

11 junio 2010 at 20:54 16 comentarios

Recorte

Por Irene, por ustedes y por mí, de ahora en adelante nuestros posts serán más cortos. No será fácil (me alargo y me alargo, etcétera), pero lo tengo que intentar. El motivo, obvio, es que si sigo esperando a tener tiempo suficiente para “redondear” las entradas que tengo pensadas o para complementar con información pertinente las que se me ocurran, terminaré por no volver a escribir (o por gozarme menos a la pequeña y a mi muacho, cosas que están descartadas de antemano). Así que “comuníquese, publíquese y cúmplase” (y espero que se comprenda ;)). Veremos cómo nos va. Espero que el resultado sean más historias cortitas. La información adicional (que suelo incluir de una manera que intenta ser ilustrativa) la seguiré publicando en un listado de links y referencias complementarias. ¿Qué les parece?

(Diseño -y foto- precioso de JezzePrints)

Y empiezo con una historia corta: este martes Irene dijo (tal vez sin querer, tal vez sin pensar) “ma-ma” -así, sin tilde y sin pensarlo, sin oírlo. Diciéndolo de pronto mientras jugaba. Y acompañándome en la ducha repitió como loquita “aua-aua-aua”. ¿Será que ya empieza a hablar? 😉

10 junio 2010 at 09:55 8 comentarios

Gateo + diez meses de vida = autonomía y libertad

Irene gatea desde hace un mes. Pero cada día es más veloz, más autónoma, más independiente. No había pensado en escribir algo al respecto (a parte de contarlo, claro), pero ayer, viéndola moverse de un lado a otro, alzar las manitos y dar palmitas sonriendo (aprendió a darlas desde hace casi dos semanas), pensé que debía hacerlo. Hoy, justo cuando cumple diez meses, descubro que sus desplazamientos por el piso han hecho a nuestra hija más autónoma y libre. Muchos de los rasgos de su carácter parecen potenciados por esta nueva independencia que le permite abrirse al mundo… aunque hasta ahora éste sólo sea su hogar. ¡Es increíble cómo en apenas unos meses Irene dejó de ser mi bebé totalmente dependiente para convertirse en una chiquita que toma decisiones (al menos de direcciones de gateo y de escogencia de objetos favoritos para jugar)! 😉 Me temo que ya no es tan chiquita… (Ops!)

Desde que nuestra chiquita se mueve a sus anchas por el piso, se volvió pan de cada día en nuestra casa verla y oírla gritar, perseguir a los gatos, coger libros de la biblioteca, comentar todo lo que hace, buscarnos si no nos siente cerca, acercarse y asomarse a la ventana para ver los árboles, coger por sí misma sus juguetes (que tiene a su alcance en una canastita de tesoros), simular ladridos de perro cuando toma con sus manitos algunos muñecos, abrazar una pelota y lanzarla de un lado a otro para que rebote, sacarle tierra a las plantas, apoyarse en las mesas, y un largo etcétera propio de sus diez meses de edad.

Es más, ahora no queda ninguna duda cuándo quiere que la alcemos (o que la bajemos al piso para jugar): gatea corriendo (y no sé si sea adecuado decirlo así, pero seguramente me entienden) hasta nuestras piernas para abrazarlas con sus manitas y mirarnos desde abajo con una sonrisa. Si estamos en el piso jugando con ella, también sabe cómo acercarse para pedir abrazos, besos y caricias. ¡Hasta recuesta su cabecita en mi pecho buscando comida! El gateo, sin duda, fundó un antes y un después en nuestras vidas. Y es una maravilla.

¿Cuándo debe empezar?

Cada niño es un mundo, repito (como he escrito ene veces en este portal), pero dicen que alrededor de los 8 y los 9 meses se dan los primeros indicios del gateo: reptar, patalear, darse la vuelta, sentarse solito son algunos de ellos, además de otras prácticas que pueden servir de estímulo para gatear. Un estudio noruego afirma que el gateo sólo comienza cuando el cerebro está en capacidad de detectar obstáculos y rebasarlos. Personalmente creo que son fases que se dan espontáneamente y que, más que forzarlas, deben propiciarse las condiciones para que se puedan presentar. Para el gateo, nuestra fórmula mágica fue dejar a la chiquita en el piso, experimentando el mundo desde esa altura, soltando su cuerpecito y sintiéndose tranquila y en equilibrio. Por supuesto, sólo la dejamos allí una vez que se pudo sentar por sí misma (sin contar algunos episodios anteriores, en un gimnasio para bebés y en una alfombra que nos inventamos “antigolpes”… que, de todas formas, dejar a un chiquitito en el suelo, en la postura apropiada, está bien). Los gatos, por cierto, fueron el mejor estímulo que pudo encontrar: verlos desplazarse a sus anchas a esa altura hizo que quisiera salir detrás suyo. Creo que si un bebé no gatea, ponerlo junto a una mascota como ésta puede ayudar muchísimo a que se motive a hacerlo. Por algo se llamara gat-ear. 😉

¿Y si da pasitos antes de empezar a gatear?

Algunas veces los bebés comienzan a moverse por el piso sin gatear: dando pasitos, arrastrándose sentados, desplazándose en su barriguita, arrastrados; entre otros movimientos similares. La recomendación constante es buscar alternativas que incentiven el gateo, pues -dicen los estudios- éste es fundamental para el desarrollo motriz y cognitivo de los pequeños. Según el experto Carlos Gardeta (la fuente es Bebés y más),

  1. El gateo conecta los hemisferios cerebrales y crea rutas de información cruciales para la maduración de las diferentes funciones cognitivas.
  2. Desarrolla el patrón cruzado, que es la función neurológica que hace posible el desplazamiento corporal en equilibrio del cuerpo humano. Ese movimiento comprende el del eje de las caderas y el de los hombros. Al gatear se tonifican adecuadamente los músculos que más adelante permitirán que el niño mantenga la columna perfectamente recta cuando esté maduro para poder ponerse de pie.
  3. Desarrolla el sistema vestibular y el sistema propioceptivo. Ambos sistemas permiten saber dónde están las partes del cuerpo de uno.
  4. Permite el enfoque de los ojos. Al mirar al suelo para colocar la mano o la rodilla convenientemente, el niño enfoca los dos ojos en un mismo punto a corta distancia. Éste es un estupendo ejercicio muscular para los ojos y es tal su importancia que, según estudios de optómetras, el 98% de los niños con estrabismo no gatearon lo suficiente de pequeños.
  5. El niño siente la tactilidad de la palma que está viendo. Esto tiene una serie de ventajas de manualidad fina que luego influirán en la escritura. Además, al masajear la palma de la mano, ésta envía información al cerebro de dónde está y de las diferentes sensaciones y texturas que siente. También, al gatear el niño apoya su peso en las palmas de las manos y soporta esa tensión en las articulaciones de las muñecas, de los hombros, de la columna vertebral, de los fémures y de las caderas. Así percibe la oposición de la gravedad y aprende a manejarse con ella.
  6. Le ayuda a medir el mundo que le rodea y el niño se adapta al medio. La distancia que hay entre los ojos y la palma de la mano al gatear es una medida fundamental, LA BRAZA, en todas las civilizaciones. Con esa nueva medida corporal el niño mide el mundo circundante, y por eso cuando de mayor volvemos a un lugar de la infancia lo percibimos más pequeño de lo que era, porque entonces la propia medida de la braza era menor.
  7. Ayuda a establecer la futura lateralización del cerebro (cuando uno de los hemisferios se convierte en dominante y el otro en servidor para no tener que operar ambos a la vez).
  8. Ayuda a poder escribir en el futuro. Mediante el gateo se va desarrollando la coordinación cerebral ojo-mano. Cuando el niño gatea se establece entre ambos una distancia similar a la que más adelante habrá entre ojo y mano a la hora de leer y escribir.

Por ello es muy importante darle a un chiquitín todas las oportunidades de gatear. Mientras más lo haga, más estímulo recibirá… sin que deje de dar pasitos cuando así lo quiera, pero -al igual que ocurre con el gateo-, si se dan las condiciones, tanto una fase como la otra llegarán por sí mismas. Aquí, un documental interesante sobre ello:

¿Recomendaciones?

No enseñarle a caminar. Al menos no antes de tiempo. Entre otras cosas, porque hacerlo nos privaría del goce que ahora tengo con mi chiquita, al verla andar -en cuatro, sí, pero a toda marcha- de un lado a otro. Y no es que no se quede quieta… pero ya puede decir por sí misma cuando quiere cambiar de actividad. Gatear abre el mundo de los chiquitos y les da, como decía al principio, una gran autonomía (no tanta como para dejarlos solos, ojo) y libertad. 😉

Ah, y como gatear permite explorar (cualidad natural de los pequeños), hay que acondicionar el espacio para el pequeñito se desplace de una manera segura: sin puntas de mesas que puedan golpearlo, sin enchufes destapados (les fascinan) ni cables rondando por el piso y sin objetos pesados que puedan caer (porque el chiquito jale un cable o porque tropiece y algo pueda caerle encima) ni objetos livianos que no puedan servirle de apoyo seguro. Ya mi chiquita tuvo una silla desmayada que si le cae encima… mejor ni pensar ni ver. También deben retirarse del alcance de los pequeños objetos peligrosos como elementos de limpieza (sobre todo los jabones), venenos, plantas y demás. Y evitar las escaleras (que, en un descuido, un bebé se puede rodar por ellas). En resumen: es bueno ponerse a gatas antes que el chiquito y revisar concienzudamente la casa para detectar qué riesgos puede tener para el futuro explorador del hogar.

Me despido con un sapo verde feliz para mi chiquita por sus diez meses, además de algunos links interesantes sobre el gateo (que complementarían todos los que ya están incluidos en el texto). La entrada sobre la vida sin televisión espero tenerla lista para finales de esta semana… ¿les he contado que tengo una chiquita muy activa que casi no me deja tiempo para sentarme con calma a escribir en este hogar? 😉 Realmente a esta edad empieza una avalancha de sucesos hermosos en su desarrollo que casi ni se pueden contar. Vuelo, vuelo con ella. Besitos a todos los chiquitines y a sus papás.

Los links: Importancia del gateo en el desarrollo, Precauciones a tomar cuando empiezan a gatear, Juegos para el bebé que gatea, Gateo (superficies óptimas, ventajas, entre otros), ¿qué hacer si el bebé no trata de gatear?. Y dos videos sobre la importancia de gatear: uno, divertido, de un documental sobre el gateo -que dejo más arriba- y otro, un poco más serio y expositivo, de la Asociación Mundial de Educadores Infantiles. Ése sí lo dejo aquí:

9 junio 2010 at 12:01 9 comentarios

¡Dientona!

Tenía la firme intención de publicar hoy una entrada que tengo pendiente sobre nuestra vida (felicísima) sin el televisor, pero decidí posponerla nuevamente ante la inminencia de los hechos: mi pequeña me recordó que aún no hemos dado cuenta del nuevo miembro de su sonrisa, que mostró narices desde el pasado sábado 29 y que hoy, presuroso, se puso casi a la altura de su compañero de encia (a pesar de las casi 3 semanas de diferencia que hay entre uno y otro). 😉

Así lucía el sábado (nótese que a diferencia de su compinche, este pequeño salió rompiendo toda la encia a lo largo… creo que llevaba días y días rajando, pero sólo hasta el sábado consiguió abrirse un espacio).

Gracias al arribo de este dechado de calcio, mejoraron ostensiblemente los mordiscos de mi hija (mi cuello puede dar fiel testimonio de ello), sus comidas y, por supuesto, su sonrisa. ¿O no creen que se luce con sus 4 serruchitos cuando se carcajea tanto como hoy?:

(Y aseguro que la vista completa es aún más encantadora. Sonrisas para todos. Y esperanza, esperanza, esperanza. Si cada voto verde consigue un nuevo voto más, duplicaremos nuestras posibilidades de elección el próximo 20. Así que a las urnas, y a los amigos, a la familia, a los lectores… por un país que lo necesita de verdad.)

2 junio 2010 at 10:24 12 comentarios


De sol a sol

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