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La velocidad de los niños 2

Me siento escribiendo una saga, pero para tranquilidad de todos (incluida yo misma) espero que no llegue a ser nunca el caso. Lo cierto es que debo hacer justicia y hoy, un poco más de un mes después de la primera entrada relacionada con la velocidad de los niños (inspirada en buena parte por las dificultades que teníamos con Irene al comer), quiero compartir lo que parece haber sido una especie de fórmula mágica en nuestra casita, no infalible, por supuesto, pero sí acertada. Creo que gracias a ella Irene parece empezar a entender un poco más el tiempo… y los ritmos. 😉

La persistencia de la memoria” (o los relojes blandos), de Salvador Dalí (1931).

Y aunque suene a chiste, empiezo veloz (no sea que la pequeña se levante antes y yo tenga que dejar esto en puntos suspensivos).

Recapitulo rápidamente -jejjeje, me siento la antítesis de Despacio, la Fundación amiga de la que hablé en la entrada anterior-: Irene anda a otro ritmo, más libre de horarios y de limitaciones semejantes a las que relataba Cortázar en las instrucciones (y su preámbulo) para dar cuerda al reloj -que se encuentra, por cierto, en su Historias de cronopios y de famas.

Y aunque eso suene ideal racionalmente emocionalmente y yo misma extrañe, anhele y hasta intente vivir así, nuestro mundo occidental no se inventó el reloj de la nada y los horarios existen cuando menos para ir a una cita médica o una clase de ballet o bla, bla, bla. En mi corazón sigo abogando por intentar inscribirnos en los ritmos de los chiquitos, pero sentarse a diario 2 horas (tres veces al día) con tu pequeña en la mesa mientras esperas a que termine su comida puede resultar frustrante. Así que como lo habrán hecho en otros momentos algunos padres, busqué posibles armonías (no gratuitamente, un término musical) y, voilà, encontré una que parece funcionar en nuestro hogar.

Una amiga me dijo que una psicóloga le había recomendado explicarle a su hija (de ahora casi 5 años) con toda la naturalidad del mundo que cada cosa tiene su tiempo. En la práctica esto se concreta al decirle al chiquito al llegar a la mesa: “corazón, tienes 20 -cada uno calculará lo propio- minutos para comer. Si no terminas en ese tiempo, levantaré el plato de la mesa”. El tono, por supuesto, no es ni de amenaza ni de estrés ni de regaño, ni de nada. Es simplemente la afirmación de que hay un espacio y un tiempo para comer y que una vez pase habrá un espacio y un tiempo para algo más. La primera vez, por supuesto, Irene padeció no poder terminar su media-mañana (onces para los bogotanos, merienda para los demás) y me pidió que se la dejara (llantos) y etcétera. Era casi la hora del almuerzo así que le dije con besos y abrazos que ya había pasado el tiempo y que justamente por eso no se lo podía volver a dar; que pronto nos sentaríamos a almorzar, que sabía que ella me entendía y que yo me había equivocado antes al no saberle explicar a qué me refería cuando le decía que debía comer más pronto su comida. No dramaticé el asunto y lo reduje (o intenté hacerlo) a la instancia de un hecho: intenté explicarle en la práctica qué son los horarios y por qué tantas mañanas antes de salir a su clase de ballet terminábamos diciendo que íbamos a llegar tarde. Que no quería que eso volviera a ocurrirnos y que para ello había decidido avisarle cuánto tiempo teníamos para cada una de nuestras comidas, que de algún modo me había equivocado al no haberlo hecho antes. Quería que disfrutara su comida pero también todo lo demás.

No suena ideal, pero funcionó a rajatabla. Bueno, lo de rajatabla es relativo, por supuesto, porque nunca estoy mirando el reloj en realidad ni estoy pretendiendo que ella coma al mismo ritmo de nosotros, pero sí es un hecho que ese anuncio de tiempo hace que ella tome conciencia de que hay un ritmo particular que debemos seguir y que el anuncio, seguido de oraciones como “voy a comer como Angelina” (su bailarina ideal, que come cucharadas grandes y continuas para mantenerse fuerte), ha armonizado en todos los sentidos nuestras comidas: Irene come de un modo más consciente y nosotros podemos disfrutar de nuestros platos sin los consabidos “apúrate” de antes. Todos estamos más tranquilos y ella nunca más ha visto que su plato se aleje con comida de la mesa (excepto porque ella pida que así sea. Ya decía Carlos González que no hay que pelear con los niños por la comida -ni por nada ;)). Parece competitivo (inevitablemente más de una vez alguien le ha dicho “te voy a ganar”), pero creo que a la larga ha sido una manera amorosa -radical, en principio- de intentar enseñarle que el tiempo existe. Luego veremos cómo logramos que no se esclavice a su idea y que mantenga, junto a sus ritmos, libertad.

Yo siempre he pensado -y cierro con este inciso- que la inteligencia emocional ideal debe incluir un apartado que nos permita vivir en el mundo en relativa paz aunque a veces pensemos de un modo que parece estar en contravía de los demás (bueno, de la mayoría). Ser consciente del tiempo no implica ser su esclavo, sino saber que está allá y que será necesario recordarlo para algunas cosas de modo que sea posible, justamente, pararse enfrente suyo y vivir sin la idea de que se va a acabar. Pausarlo… aunque sea “imaginariamente” (Otra de las ventajas de no tener a Irene aún en escolarizada y de no tener de salir corriendo a trabajar).

Sé que ese mundo ideal no lo puede vivir casi nadie, pero ya es mucho cuento que pensemos o intemos acercanos a él, ¿verdad?

Y aunque parezca contradictorio, dejo aquí a mi gurú primero:

PD. No estaba perdida ni me había ido de parranda, anque sí debo historias de la bailarina de la casa. A ver si esta modorra cibernética se acaba. 😉

12 diciembre 2012 at 08:13 1 comentario

¿Afectan los estereotipos de género la educación de los pequeños?

Hace algunos meses escribí un texto sobre las inquietudes que rondan ese modelo ideal de educación (léase formación del individuo y del ciudadano, no escolarización a secas) que queremos o buscamos o soñamos para nuestra hija. Hoy doy puntadas en la misma línea compartiendo una serie de reflexiones que nos han acompañado estos últimos días entorno al género y los estereotipos que lo suelen acompañar: ¿afectan a nuestros chiquitos? ¿Deben mantenerse al margen? ¿Cómo se pueden “conscientizar” y evitar? Sin duda, no habrá respuesta para todas las preguntas, pero sí una sarta de experiencias que espero que se enriquezcan con las de otras mamás y papás (ojalá).

Empiezo diciendo que vivimos en una ciudad bastante sembrada en una idea fija  de las mujeres, que salta a la vista, primero (y dolorosamente para nosotras), en sus formas y, luego, en una doble moral que a un mismo tiempo vende la imagen de femme fatale y la de madre de familia, consagrada, dócil y sumisa a la masculinidad (y negada al sexo, producto del demonio, según algunos).

Esto aparentemente no es muy distinto a lo que se vive en otros países o ciudades de América Latina, pero sí un poco más complicado por esa estética artificial de “Yayita” que aquí le heredamos especialmente a los gringos y al narcotráfico y que pasa no por una idea de una mujer de naturaleza curvilínea, si no por la de una mujer artificialmente construida (por cuenta del bisturí y de prótesis aquí y allá).

No sigo, no obstante, por ese lado: quiero ahondar sobre cómo sobrevivir a los estereotipos circundantes y a la doble moral en nuestro papel de padres que buscan tener hijos librepensadores, capaces de vivir en paz con su cuerpo y con su espíritu, sin comerse el coco ni sentirse culpables frente a un dios, el que sea, o la sociedad.

¿Gallina o intelectual?

Hace algunos días (justo cuando intenté darle forma a este texto, sumido por la modorra cibernética que me acompaña últimamente y que espero vencer hoy) se celebraba el “Día Internacional de la Niña“. No tenía ni idea de que existía, pero al verlo pensé -como habrán hecho muchos- que esos énfasis suelen ahondar brechas en lugar de suprimirlas. Luego vi las aterradoras cifras sobre discriminación femenina, matrimonio infanti y una cantidad de absurdos más y consideré que algo de bueno tendrá poner el dedo en la llaga.

Dejo los datos para interesados y especialistas, pero tomo ese punto de partida para señalar que los estereotipos culturales sobre el género, la educación y el sexo sí tienen una influencia determinante en la vida de los niños y que nosotros como padres necesitamos ser conscientes de ello para no repetir esquemas y fundar un modelo que verdaderamente se parezca más a la vida que queremos en el futuro para nuestros pequeños.

E intento retomar: el origen de todos estos pensamientos es justamente una serie de actitudes que veo en nuestra chiquita: su forma de caminar, de mover el pelo, sus deseos de “ser grande” y la curiosidad que suscitan en su cabecita “pintarse las uñas, los ojos y ponerse tacones”. Nada malo, en último término, pero sí un poco alarmante cuando se supone que estás rodeado por un mundo bastante distorsionado con respecto al papel de las mujeres y tú pretendes lograr salvar a tu chiquita de esa presión social.

Así que le doy vueltas a un montón de ideas en mi cabeza y recuerdo decisiones supuestamente férreas de no permitir Barbies en casa, de evitar juguetes de “maquillaje” para niñas y cualquier asunto que apuntara al estereotipo (adelantado en edad, por cierto) de “yayita”. En la práctica, sigo firme en todas menos en la primera (aunque el menos es también parcial). Y me pregunto: ¿hago mal? ¿dónde quedó mi decisión supuestamente inmutable del principio?

Educar en libertad

Las muñecas rubias llegaron en las manos de una amiga adoradísima. Ni me planteé entonces recharzarlas o guardarlas en el cajón más oculto del armario ni lo hice después cuando vi a Irene jugar reiteradamente con ellas, cambiándoles vestidos y poniéndolas a bailar. Los pies en punta para ella no son sinónimo de tacones si no de bailarinas de ballet.

Concluí, un poco sin darme cuenta, que los estereotipos pesan tanto positiva como negativamente. Es decir, mi hija no necesita aislarse del mundo para vivir en un universo donde no existen “yayitas”, como tampoco puede pretender vivir en uno donde no existan intelectualoides. El mundo es amplio y ajeno y tiene, por fortuna, ejemplares de todas las especies. Mi hija juega con Barbies, pero para ella estas son unas muñecas rubias sin antecedentes, con lo que no hay estereotipos reforzados con ideas de mansiones en las playas californianas, ni limusinas, ni Kents. Camina “como chica” porque ha visto desfiles de modas o porque ve mujeres entaconadas andando por la calle. ¿Me pide tacones? Lo ha hecho un par de veces, pero mamá, sin mayor alarma, le ha dicho que eso no es apropiado para las niñas porque pueden hacerle daño a sus pies. Algo similar pasa con el maquillaje (que no tiene ni quiero), o con los libros: ella los coge y puede pasarse ratos larguísimos pasando sus páginas porque es lo que nos ve hacer.

Mi mejor resumen de esta sarta de pensamientos son las palabras de Bertrand Russell (estupendo) sobre la educación de los niños, especialmente un texto (que no pude encontrar en la red, pero que comentaré después) titulado “Educación sin tabúes sexuales” que si bien apunta a la sexualidad en particular, da bases igualmente válidas para la formación de seres libres o al menos lo suficientemente creativos e inquietos para cuestionar. Dejo los diez mandamientos de Russell como preámbulo de lo que dicho antes y de lo que ojalá (cuando termine mi modorra cibernética) después vendrá. Creo que valen para nuestra propia vida y también para nuestra forma de ser papás.

  1. No estés absolutamente seguro de nada.
  2. No creas conveniente actuar ocultando pruebas, pues las pruebas terminan por salir a la luz.
  3. Nunca intentes oponerte al raciocino, pues seguramente lo conseguirás.
  4. Cuando encuentres oposición, aunque provenga de tu esposo o de tus hijos, trata de superarla por medio de la razón y no de la autoridad, pues una victoria que dependa de la autoridad es irreal e ilusoria.
  5. No respetes la autoridad de los demás, pues siempre se encuentran autoridades enfrentadas.
  6. No utilices la fuerza para suprimir las ideas que crees perniciosas, pues si lo haces, ellas te suprimirán a ti.
  7. No temas ser extravagante en tus ideas, pues todas la ideas ahora aceptadas fueron en su día extravagantes.
  8. Disfruta más con la discrepancia inteligente que con la conformidad pasiva, pues si valoras la inteligencia como debieras, aquélla significa un acuerdo más profundo que ésta.
  9. Muéstrate escrupuloso en la verdad, aunque la verdad sea incómoda, pues más incómoda es cuando tratas de ocultarla.
  10. No sientas envidia de la felicidad de los que viven en el paraíso de los necios, pues sólo un necio pensará que eso es la felicidad.

19 octubre 2012 at 08:48 4 comentarios

Aprender y enseñar

La maternidad (o ma-paternidad, como suelo decirle) es sin duda un camino lleno de experiencias y aprendizajes tan profundos y variables que lo que hoy pensabas que era un hecho consumado, mañana puede presentarse como el nuevo punto de partida de un gran cambio. Pues bien, después de escribir un buen número de entradas sobre las complicaciones de la ma-paternidad, hoy me aventuro a decir que “en este momento de la vida” siento que nuestros aprendizajes se intensifican (plácida y felizmente) cada vez más: Irene es en todo el sentido de la palabra (sobre todo porque pregunta, comenta, opina, propone, refuta, habla) un interlocutor fundamental en nuestra vida y sus razonamientos, conclusiones, preguntas y acciones nos enseñan más que cualquier libro o comentario que pudiéramos haber tenido a mano. No descubro el agua tibia, por supuesto, pero creo que después de tanta “quejadera” bien vale la pena actualizar y compartir nuestra refundada paz.

Comienzo por lo práctico. Iniciamos esta semana nuestra prueba de un mes del prekínder ALAS. Llevamos sólo tres días, no hemos hecho todas las actividades sugeridas, pero trabajar a nuestro ritmo y descubrir, de un modo más sistemático, cómo opera la cabecita de nuestra chiquita (con ejercicios cotidianos de matemáticas, lectoescritura, vida práctica, estimulación de los sentidos y no sé qué más) ha sido una sorpresa monumental.

Obviamente, no es que antes no me diera cuenta de cómo va desarrollándose paulatinamente nuestra hija, pero confieso que descubrir y confirmar que espontánemanete, siguiendo nuestro propio ritmo, ella ha aprendido en general lo que se espera para su edad (razonamiento abstracto que le permite, por ejemplo, clasificar; comprensión de lectura para contar y recontar historias, imaginación para crear e inventar, motricidad fina para pintar -ahora sectorizadamente-, motricidad también para aprender a cortar con tijeras, habilidades de lectoescritura para tomar un lápiz y trazar una línea entre A y B y un largo bla, bla, bla) me ha sacado más de una sonrisa y me ha dado tranquilidad. Su interés desbordado por aprender, conocer y hacer cosas dan cuenta también de lo propio de su edad, ese deseo de comerse el mundo que caracteriza a los chiquitos y que nosotros, como cultura, solemos juzgar como inquietud excesiva, insatisfacción y deseos desbordados (¿desbordantes?) que se deben aplacar.

No creo, en cualquier caso, que seguir un programa educativo concreto (llámese escuela en casa o guardería o kínder formal o lo que sea) sea necesario. Sí pienso, no obstante, que tener la oportunidad de compartir este espacio con ella, en casa, de manera personalizada y con mamá como maestra y compañera, me ha sensibilizado aún más frente a las capacidades de aprendizaje de mi chiquita y a la naturalidad de sus ritmos. Y, claro, siento un poco de paz con respecto a los cuestionamientos que a veces nos circundan y rezan (de manera automática) un “¿ya va a la guardería? Pero todo niño lo necesita”. Confirmo la validez de nuestras opciones y tomo fuerzas para continuar.

Las escuelas matan la creatividad y “La maternidad me está matando”

Cierro con un par de cosas más (es un post desordenado, pero es lo que hay cuando tu hijo está a punto de despertar ;)): La educación prohibida (adjunta justo antes de este párrafo) y Según Roxi (con abrebocas al comienzo del post). La primera es una película documental muy comentada en las redes sociales, con descarga gratuita y una serie de entrevistas muy interesante que no dejaría de recomendar a cualquier padre. No habla de la escuela en casa como opción (y habría sido bonito incluirlo en su plan… a lo mejor en una segunda parte lo hagan), pero creo que sí invita a pensar, justamente, en el valor que tiene nuestra participación en la educación de los chiquitos (algo que me parece que va en mejor línea que una serie de “escuela de padres” que está llegando con el períodico que recibimos a diario en casa y que sataniza a los niños como demonios a los que hay que adiestrar). Puede verse online, en el link que está activo en su título, o descargarse en distintas versiones para verlo en casa. Nosotros optamos por lo segundo.

Con respecto a lo segundo, Según Roxi es una serie de videos argentinos que se están publicando semanalmente en internet (vía youtube) con el propósito de retratar (o al menos intentarlo) la vida de las mamás. Es divertido, extremo en algunos casos, pero también real. Digamos que ha casado perfecto en la línea de ese sinfín de cuestionamientos y dudas irresolubles que acompañan este camino.

(Dejo pegado también el segundo capítulo de Roxi. Me emocionó especialmente porque habla de todos los cuestionamientos que ahora pululan por acá).

Y no me alargo. Sé que más de una y uno sabrá a qué me refiero con este desorden de ideas ahora escrito. Estar cerca de nuestra chiquita, expresarle mis inquietudes y dudas, abrir espacios para aprender juntitas y dejar fluir nuestros propios ritmos han sido formas válidas de hacer camino. Y más sonrisas que lágrimas o deseperos nos han endulzado el recorrido.
PD. Acabó de ver el capítulo 5 de Según Roxi. Descubrí, para mi sorpresa, que la inspiración de la serie es un antinguo blog de maternidad que escribía su protagonista y creadora Julieta Otero. Así que vámonos preparando: a lo mejor en unos años vemos una serie similar con alguna de nuestras mamás. 😉 Más detalles sobre la serie y su historia, acá.

6 septiembre 2012 at 07:15 3 comentarios

Curso de kinder o prekinder gratis por un mes en casa: ¿se animan a ensayar?

He hablado muchísimas veces sobre escuela en casa o homeschooling y casi siempre, a pesar de no ser una “practicante” formal del modelo, he expuesto las razones por las que pienso que es el sistema ideal para la educación de un pequeño. Pues bien, gracias a una oferta maravillosa de la Fundación Aprende con Alas (con Laura Castellanos a la cabeza, una mamá argentina que le enseña a sus hijas en casa) a partir del próximo 3 de septiembre probaremos su programa de pre-kinder en nuestra casita por un mes. Creo que es una muy buena manera de empaparnos del asunto, además de que puede ayudarnos -incluso si finalmente no considerarámos hacer escuela en casa- a organizar un poco nuestro tiempo juntos, sistematizar métodos, crecer jugando, compartir y, por supuesto, aprender. Cualquier persona interesada puede inscribirse y participar en esta maravillosa oferta: dejo datos y detalle a continuación para que sepan en qué consiste y se animen. 😉

Ésta es la invitación de Laura:

En abril de este año ALAS inauguró su Plan de kinder, pensado para familias que buscaban contar con material educativo, actividades y recursos para utilizar de manera libre y desestructurada. Hoy queremos contarte que a partir del lunes 3 de septiembre abriremos los nuevos planes de Pre-Kinder y Kinder online, que a diferencia del primero, están estructurados en semanas de trabajo.

Sabemos que se trata de tus hijos, y por ese motivo necesitas evaluar a detalle cada propuesta educativa que llega a tus manos para tomar la mejor decisión e invertir tu dinero de la  mejor manera posible. Por este motivo, queremos hacerte una propuesta:

¿Te gustaría probar cualquiera de nuestros nuevos planes de Pre-kinder o Kinder GRATIS por un mes, sin ningún tipo de compromiso, para conocer cómo trabajamos, la calidad de nuestras actividades y la dinámica de nuestras semanas de trabajo, y para evaluar cómo se adapta tu peque a nuestra visión de lo que consideramos el método ideal para educar en edades preescolares?

Si tu respuesta es “si” continúa leyendo; te va a interesar mucho conocer un poco más de estos planes:

Cada mes podrás ingresar a un aula virtual en la que encontrarás:

  • Planilla de horario semanal, en la que están distribuidas en forma estratégica las diferentes áreas a desarrollar: matemáticas, lenguaje oral, preescritura, coordinación viso-manual, comprensión y observación del medio, música y expresión corporal, atención y memoria, sensorial y vida práctica.
  • Lista de material que debes comprar y/o preparar en casa para abordar las actividades del mes.
  • Las 4 planificaciones semanales con las áreas y los temas correspondientes que se abordan cada día, para descargar e imprimir.
  • 20 planificaciones diarias con las 4 (pre-kinder) o 5 (kinder) actividades a hacer en el día, con la explicación detallada de cómo abordar cada actividad, el material imprimible necesario para hacer dichas actividades, el detalle de los materiales concretos a utilizar (que ya tendrán preparados de acuerdo a la lista de material del mes) y los recursos multimedia si fuera el caso.
  • Un foro para padres mediante el cual podrás hacer las consultas que quieras y comunicarte con otros papás.(Si utilizas o planeas utilizar el sistema de educajas, nuestros planes y planificaciones se adaptan perfectamente al sistema).

Nuestros planes de Pre-Kinder y Kinder están compuestos por 40 semanas de trabajo y tienen un costo mensual de 10 dólares (o su equivalente en pesos mexicanos), sin cuotas de inscripción, y con los beneficios de no pagar una anualidad y de pagar únicamente el mes en que vas a utilizar la plataforma (por ejemplo puedes dejar un mes sin pagar por el motivoque fuere y continuar al siguiente mes sin ningún problema).

Pero bueno, eso lo verás después. Ahora lo único que tienes que hacer para matricularte en forma absolutamente gratuita al primer mes de Pre-kinder o Kinder es responder a aprendeconalas@hotmail.com avisándonos que deseas probar nuestro Pre-Kinder o Kinder por un mes. Inmediatamente te enviaremos un pequeño formulario de inscripción y listo! Quedarás matriculad@ para iniciar junto a nosotros el lunes 3 de septiembre.

A comienzos de este año hice un curso de lectoescritura muy interesante con ellos, así que puedo dar buenas recomendaciones sobre la forma como funciona la plataforma y la calidad de las personas que me acompañaron en el proceso. No dudo que me encontraré con cosas similares en esta ocasión. ¿Se animan y compartimos aula a partir del 3 de septiembre? Me pareció una alternativa tan buena y generosa que no resistí quedarme sola con un regalo tan bello. 😉 Y, a pesar de que ya me había planteado estructurar más nuestro tiempo con Irene, en la práctica no lo hemos hecho tanto. Esta alternativa de seguir un curso, a nuestro ritmo, me parece genial. ¡A estudiar!

1 agosto 2012 at 08:32 13 comentarios

Los sueños se hacen realidad…

Y no sólo cuando hay una mamá creativa que es capaz de coser (ahora no encuentro el dato de una que lo hacía en Bogotá, si alguien lo tiene me lo pasa, please) los dibujos de tus hijos. Este año deseé (proyecté) algunas cosas, un poco con la idea de ponerle orden a los sueños y decretar. Pues bien, no he mirado la lista hace mucho, pero me he dado cuenta de que los sueños se cumplen. Al menos esos que enuncié entonces. Hoy hago popurrí, aunque sea superficialmente, de historias de familia (y explico un poco de nuevo el mutismo aparente de este hogar). Luego, cuando varios de esos pajaritos-sueños que ahora caminan vuelen, me concentro en ahondar relatos en esta casita. La puerta, en cualquier caso, sigue abierta, y todos ustedes pueden entrar cuando quieran a ella. 😉

(Quizás voy a tener que cambiar el tono de mis textos y hacerlos menos informativos y académicos. Quizás debo abrir una sucursal donde pueda contar cuentos. O quizás simplemente debo seguir haciendo lo de ahora: volver cada cierto tiempo, escribir largo cuando puedo y quiero, y cuando se cumple lo segundo pero no lo primero, hacer una mezcolanza de cosas… veremos. Lo cierto es que uno de los sueños más importantes en mi vida desde chiquita se está cumpliendo (y no es el de esta felicidad que siento, que ése se cumple todos los días), pero de un modo distinto al que pensé entonces. Y el cambio no es malo, ni mucho menos. Creo que es un tomar el ritmo, afinar instrumentos. En fin, que no paro, que escribo (un sueño raro, qué le hacemos) todo el día, que estoy sacando adelante un montón de sueños y proyectos conjuntos, que a pesar de todo disfruto y palpito a cada segundo con mi amorcito y con mi hija, que vivimos uno de nuestros mejores momentos en nuestra vida, que nos amamos, que palpitamos, que nos derretimos en emociones nunca antes presentidas; pero que contrario a lo que parecería natural no me paso casi nunca por acá (ya lo habrán visto). Tengo un montón de cosas para contar y seguramente no ahondaré mucho en ellas. Pero voy a enunciarlas al menos porque sé que también hacen parte de otros sueños concebidos y nacidos de manera natural, como un regalo que a veces deseamos, pero que nos llega por sorpresa, sin que sepamos qué tanto lo disfrutaremos. Aquí va.)

Ayer, mientras cenábamos fuera, Irene nos sorprendió con un dibujo espontáneo, rápido. Y con sus palabras certeras (como todo lo que dice esta pequeña): “Ésta es Irene”. Hizo su primer autorretrato (su primera figura humana, además… bueno, claro que lo de figura podría discutirse porque apenas pintó su carita con el pelo “larguísimo”, como dice ella, con los ojos y la boca -con cara feliz- trazados en unidad). Nadie le sugirió, ni le dijo, ni le enseñó. Sin duda tomó nota durante todo este tiempo de los dibujos que a veces nosotros mismos le hacemos (como esos que están a la derecha, arriba, pintados posteriormente por papá), pero solita se hizo, literalmente, esa imagen de sí misma. Nosotros hablábamos tan desprevenidamente… casi nos caemos de espalda al oírla y ver lo que nos mostraba. No va a guardería, no va a colegio, aprende espontáneamente, de la vida, sin instrucciones concretas de nada. Apenas va a baile y le encanta. Y rige sus juegos a su ritmo, libremente. ¿Mi conclusión? Los niños nos sorprenden (y eso que aún no cuento un montón de cosas más. Que estos dos años han sido una montaña de sorpresas. Y el acercamiento a los tres… sin palabras. Varios PLOP!).

Pero hay más. Pasan los días y nuestra chiquita crece y se va haciendo cada vez más independiente. Ya no sólo juega sola (bueno, sin nosotros porque a sus muñecos-compañeros de juego y de conversaciones no los abandona), sino que además quiere hacer un montón de cosas por sí misma: Se pone los zapatos, se los quita, los guarda juiciosa en su gaveta, camina a nuestro lado solita incluso cuando estamos fuera (“la manito sólo te la doy cuando vayamos a cruzar la calle”), encienda, activa, sube el volumen, baja el volumen de su música, baila y monta coreografías, sigue instrucciones, pregunta, pregunta, pregunta (y yo que creía que los por qués desenfrenados aparecían por allá como a los cinco años), y ordena (manda que da gusto, en realidad) y opina y deduce y habla y habla y habla (¿he dicho que habla como una cotorra, que todo lo verbaliza, lo informa, lo comenta? ;)). Es una niña grande que “quiere ser grande” (para hacer todo lo que aún no puede por su edad). Y no para y crece y habla y canta y baila (todo el dia, solita) y pone a sus muñecas en las mismas posiciones que ella para bailar. Es una historia infinita que a mí no me avisaron que iba a presenciar. Y doy gracias porque cualquier cosa que me dijeran se habria quedado cortita. No creo que haga nada distinto a lo que podría hacer un chiquito de su edad, creo, si, que yo tengo el privilegio de verlo con mis propios ojos en mi propia hija, que tenerla en casa es una bendición incomparable y que la tranquilidad y felicidad que ella transmite y siente es reflejo (y causa y consecuencia) de ésta que nosotros sentimos juntos y con ella. El popurrí se me volvió un párrafo “larguísimo” (como adjetiva su pelo Irene), pero no importa, ya habrá momentos para hablar y para escribir sosegadamente. Ya mi chiquita se despertó en esta mañana soleada y fue al baño con mamá. Ya se puso sus zapatillas y encendió su música. Y ya mamá se escapa de acá. Cierro, para que no se me quede entre el tintero, que ahora tiene tres lunares nuevos: uno en su frente, otro en su colita y uno más en su manita. En su espalda hay algo nuevo que parece una verruguita, que bien podría ser un lunar con volumen como algunos de papá y mamá. Ya le preguntaremos al médico. La última noticia: nos vamos de paseo y ansíamos hacerlo. Estaremos en casa de una hermana del alma, con seres del alma. Y el chisme central: esperamos encontrarnos con dos mamás de esas que pasan por acá. Soñamos charlar con ellas y ver jugar a nuestos pequeños. Eso no estaba en la lista, pero puede hacerse realidad. ¿Será?
Un abrazo y un beso.

22 junio 2012 at 07:49 4 comentarios

Sin castigos

Imagen de la campaña contra el castigo físico del Consejo de Europa, de 2008.

“Sabemos que los primeros tres años de vida, la persona absorbe la información que llega a su cerebro y mente, sin filtros, puesto que aún no los ha creado. Por eso, filtra tú la información que llega a tu bebé, proporciónale experiencias de equilibrio, armonía, amor y respeto. Pero recuerda que únicamente puedes proporcionar y regalar aquello que posees. Por lo tanto ocúpate en llenar tu vida con las cualidades que deseas impregnar en tu bebé…”

http://www.sincastigos.com/

Hoy encontré esta idea maravillosa que me recordó cada uno de los pensamientos que compartí en esta casita la última vez. Tengo un post pendiente sobre la disciplina en casa, el continuum y unas cuantas cosas más. Vamos retomando poco a poco. ¡Feliz semana para todos!

4 junio 2012 at 07:12 1 comentario

De lo que hemos pensado cuando nos preguntamos cómo queremos educar a nuestra hija… y unas cuantas ideas más

No sé si sean los años o la vida o todo este proceso de aprendizaje que nos ha llegado de la mano de ser papás, pero una de las cosas que más pensamos desde la llegada de nuestra chiquita es cómo queremos educarla. Eso va más allá -por cierto- de todo lo que hemos dicho sobre escuela en casa. De hecho, creo que se antepone a ello y hace que esa opción o cualquier otra (que implica mucho más que colegio) sea en realidad una consecuencia de una gran maraña de pensamientos relacionados con la vida que queremos para Irene, el tipo de persona que soñamos que sea y las herramientas (perdón por la palabra, no se me ha ocurrido otra más precisa) que creemos que pueden ayudarla a ser feliz, amarse y respetarse y hacer lo mismo con los demás. Aquí van parte de nuestros pensamientos y algunas de nuestras conclusiones al respecto.

Más que tener un hijo -en el sentido práctico: es decir, médico, económico y hasta social-, el compromiso más grande que se adquiere al ser papás es lograr que ese chiquito sea una mejor versión de nosotros mismos e, incluso, que llegue a ser ese hombre ideal (feliz, seguro, capaz de vivir tranquilo y estar en armonía con otras personas y con la naturaleza, y sensato y sensible y respetuoso, como base de su propio reconocimiento, de su derecho y el derecho de los demás).

En ese intento, todos apostamos por una vida y una educación distintas, algunos conscientemente y otros sin darse cuenta, siguiendo quizás el modelo aprendido de sus familia o de su sociedad. Y sea uno u otro el caso, está visto que los niños son esponjas y que en el futuro serán, en buena parte, producto de su experiencia vital: en primera instancia como hijos y en segunda como miembros de un grupo más grande que pasa por la familia extendida, para asentarse en el colegio, la iglesia -si la tiene-, su grupo de vecinos y, finalmente, su ciudad.

Lo que queremos para Irene

Nosotros hacemos parte del primer grupo, aunque nuestras decisiones las tomemos justamente en respuesta (afirmativa o negativa) al modelo circundante occidental. Y aclaro que no pretendemos prefijar la vida de nuestra hija (con ideas del tipo “tiene que ser esto o lo otro o lo del más allá” -en la época de nuestros bisabuelos, para no ir más lejos, se daba por sentado, por ejemplo, que cada familia debía darle al menos un hijo a la Iglesia… postura que empieza a revelar con lo que nos podemos topar). Simplemente queremos superar nuestras propias ausencias y limitaciones para que, si es posible, ella tenga una vida más plena (¿se podrá?).

Desde esa perspectiva, por ejemplo, queremos ser unos padres presentes, sin afanes de dinero o status como pareciera que grita a todo pulmón el modelo capitalista en el que vivimos. Queremos también una vida sencilla, no carente de comodidades (no vivo en un árbol, para sorpresa de algunos ;)) pero sí respetuosa con el medio ambiente y lo más cerca a la naturaleza que nuestro entorno nos permita. Aspiramos, además, a brindarle una educación humanista, laica, que le enseñe a vivir libremente sin necesidad de etiquetas (del tipo que quieran). Sabemos que no estamos exentos nosotros mismos de prejuicios, pero intentamos que ella crezca con la libertad de opinar distinto y pensar (sobre todo esto) y cuestionar. Intentamos, finalmente, educar a una niña que no se sienta de espaldas al mundo, pero que sea capaz de moverse por sí misma, en una dirección que ella misma elija con base en su sensibilidad: sin agredirse ni agredir a nadie. Sabemos que no es fácil, pero contamos con la ventaja de que sentimos que la vida que tenga (especialmente durante estos primeros años) será definitiva y decidimos, en consecuencia, actuar conscientemente en pro de ese gran ideal.

Hasta aquí esbozo una idea general que puede ser suficiente. Me adentro con las decisiones particulares que hemos tomado, a sabiendas de que serían otras si nosotros mismos fuéramos otros y otro fuera nuestro contexto. Preciso con ello que no pretendo sentar las bases de ninguna educación ideal y que pienso que cada familia debe tomar sus propias decisiones. Eso sí, hoy me siento tranquila con lo que vislumbramos, quizás en parte porque pienso en cualquier caso que una de las cosas más lindas que tenemos como seres humanos es nuestra mutabilidad: cambiamos con los años, con las experiencias, con el tiempo, con el clima, con la luna… Eso hace que el mundo y nuestras vidas sean universos complejos y diversos. Así que aunque pueda leerse, nada está escrito de modo definitivo. Será decisión de cada uno saltar a los párrafos siguientes y opinar. 🙂

Nuestras decisiones prácticas para lograrlo

Ya he hablado de la escuela en casa, pero confieso que cuando hablo de ella me refiero, en primer lugar, a un ideal deseable que cada familia verá si puede o no concretar. No sé si nos decantemos en el futuro por ella, pero sí hemos decidido -en parte como consecuencia de todo lo que creemos que la valida- no escolarizar ahora a Irene y hacerlo, si es el caso, sólo a los 5 o 6 años de edad. ¿Las razones? Los links adjuntos exponen buena parte de ellas (verificadas con creces en la experiencia), pero pueden resumirse justamente en intentar educar a nuestra chiquita en un ambiente que le permita desarrollarse una idea de sí misma en libertad (acompañada de quienes serán sus referentes toda la vida: mamá y papá).

Ahora: queremos que Irene crezca al máximo en casa, libre, tranquila, sensata, pero si pensamos en colegios tenemos clarísimo que buscaríamos uno de formación laica y humanista para nuestra hija. Y preferentemente mixta (es decir, no sólo de niñas). Yo, que crecí en un colegio de monjas, no he sido infeliz por culpa de ello, pero reconozco en la educación religiosa cierta represión y negación de la vida que me ha costado sacudirme de encima. Hablo de la religión católica, pero creo que la afirmación es en buena parte válida para cualquier filiación similar. Admiro y respeto a los que piensan distinto, pero culturalmente creo que las religiones más que sustento moral han sido baluartes políticos y sociales (que se mantienen para garantizar una cierta hegemonía económica, por ejemplo). En su lugar, prefiero una fundamentación de valores que partan del respeto, de la intuición (el buen sentido común) y el derecho (no amañado por esa misma hegemonía de la que hablaba arriba, pero si un niño crece con la libertad de pensar creo que debe ser capaz de cuestionar hasta eso).

Y de ahí se desprenden un montón de cosas más: la idea de género, por ejemplo, y la de belleza (de ahí la ilustración con la que arranca este texto) y la sexualidad. Seguramente me quedarán cosas entre el tintero, pero intento plantearlas porque están relacionadas, porque nuestra niña es mujer y porque como tal tiene (tenemos) una carga terrible que nos impone soterradamente nuestra sociedad.

Mi educación de monjas me dejó, por ejemplo, un distanciamiento del cuerpo que sólo logré sacudirme cuando conocí otras culturas, cuando estudié (profesionalmente), cuando me emancipé de mi hogar materno y paterno y cuando me convertí en mamá. Mi madre, por ejemplo, también educada por monjas, sufrió con la idea de “hay que cuidarse el fundamento” (adivinen qué telita del cuerpo era eso) y seguramente siguió a pie juntillas la instrucción del médico de no amamantar porque aprendió y heredó un temor al cuerpo y un respeto a la autoridad (médica en este caso) fundamentales. Irene, en cambio, es una niña que tomó hasta los dos años y medio leche de mi pecho y que tiene, creo que por ello, un acercamiento distinto a su feminidad. Cada vez que me baño con ella (que es todos los días) toma con sus manos mis “titas” y se refiere a ellas con una felicidad y espontaneidad tal que deseo lo mismo para cualquier hijo y cualquier papá.

En términos de género el tema es un poco más complejo, pues por cuenta del modelo de mujer y de belleza que se nos plantea, más la información que heredamos culturalmente (en Occidente), las mujeres decidimos seguir el juego y volvernos mujeres de mentira (una práctica MUY asentada en nuestra ciudad) o le damos la espalda negando nuestra belleza y nuestra feminidad. Esto tiene por cualquier lado terribles consecuencias. Para ilustrar el primero recomiendo este artículo y para el segundo uno más que encontré por acá.

Otra decisión importante: no ver televisión y vivir más la vida en tres dimensiones (no de pantalla táctil, sino de carne y hueso… y vida al aire libre, palpitante, real). Esto tiene consecuencias inmediatas en el desarrollo actual de Irene (es una niña sensible, atenta, concentrada, muy social) y creo que también en el futuro (no está mediada por una idea de consumo desmedido o de prototipos admitidos socialmente -blanco, alto, rubio, extranjero, delgado, joven, bla, bla-, tan propia de la publicidad).

Le bajo el tono al asunto porque no quiero irme por las ramas ni creo tampoco en discursos absolutistas, pero quiero enfatizar que ese tipo de decisiones -conscientes o inconscientes- determinan en buena parte el futuro de nuestros chiquitos. Para el efecto, todas estas perspectivas se relacionan y apuntan a lo difícil que es educar en libertad. Temas como la religión, la sexualidad, la raza, la nacionalidad, la política y hasta la estética pasan por decisiones simples como estas (y por el ejemplo, claro: como papás somos un modelo y los niños son nuestros espejos). Así que bienvenidas estas preguntas y todas las reflexiones que podamos sacar (sospecho que este tema, con todo y lo largo que fue este texto, da para mucho más).

2 junio 2012 at 12:50 8 comentarios

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