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El bebé y los animales: una combinación maravillosa, para rescatar

Contrario a lo que muchos pensarían, los animales son uno de los mejores estímulos para un bebé. No gratuitamente juguetes, libros, dibujos, música y un sinfín de artículos infantiles están inspirados en ellos. Sin embargo, algunas familias ven con malos ojos la convivencia entre mascotas y bebé y llegan, incluso, a prescindir de ellas cuando se aproxima la llegada del pequeño, a pesar de que en la mayoría de los casos son más beneficios que riesgos los que esta combinación genera.  Un poco de información al respecto, un cuidado y aseo responsable de los animales y la vigilancia y compañía consciente de unos y otros pueden garantizar no sólo una cotidianidad satisfactoria sino, también, estímulos y desarrollos beneficiosos para el pequeño.

Nuestra experiencia ha sido grata: tenemos en casa a una chiquita que se acostumbró a ver cuadrúpedos con pelos a su alrededor y que aprendió a simular el ladrido de los caniches mucho antes de decirnos mamá o papá. Una vez tomó conciencia de su entorno y pudo ver con claridad lo que la rodeaba, Irene celebró con miradas, atención y sonrisas la presencia de sus gatitos.

Hoy las sonrisas han pasado a ser carcajadas, las miradas se han convertido en caricias (a veces no tan suaves; hay que estar pendiente y ayudarle a que entienda que son seres vivos que deben protegerse y cuidar) y la atención ha devenido en un sinfín de estímulos para su desarrollo que pasan por sus habilidades psicomotoras (creo que nuestra chiquita aprendió a gatear -y a hacerlo más rápido- básicamente porque quería alcanzar a sus gatos), emocionales (tiene plena conciencia de su compañía, le agrada y la celebra con felicidad en su carita) y cognitivas (nuestra chiquita reconoce los animales, los analiza con cuidado, intenta simular los sonidos que hacen y responde acertadamente, con ruidos o gestos, a preguntas como “¿dónde está el gato?, ¿cómo hace el perro?, ¿dónde están los pájaros?” y un etcétera similar.

¿Por qué se habla entonces de riesgos en la convivencia entre mascotas y pequeños?

Creo que por desinformación y mala prensa. Los riesgos deben ser directamente proporcionales al tipo de animal que tengas en casa (obviamente no serán los mismos si vives con un gato, un perro grande o con una boa constrictor) y a los cuidados médicos (vacunas, por ejemplo) e higiénicos que se le suministren al animal.

Muchos de nuestros familiares y amigos preguntaron antes de nuestro embarazo, por ejemplo, si nuestros gatos no representarían un riesgo para el bebé. La respuesta y la fuente (mi ginecóloga) que la suministraron fueron claros. “No”: Si ellos de antemano eran portadores de enfermedades como la toxoplasmosis, nuestros cuerpos ya habrían creado las defensas para combatirlas, y convivir con ellos, llegado el embarazo, no supondría ningún riesgo. Si no lo tenían (y nosotros no salíamos positivos en las pruebas a la enfermedad), simplemente debíamos evitar entrar en contacto con animales extraños durante el embarazo y mantener en casa a nuestros mininos, garantizando el mismo círculo de inmunidad en el hogar. Aquí encontrarán una entrada completa y precisa (en otro blog) sobre las verdades y los mitos de lo que representa la convivencia con un gato, completa y divertida además (se las recomiendo muchísimo).

Agrego, a modo informativo, que la toxoplasmosis -que suele adjudicársele a los gatos- se adquiere en la mayoría de los casos por la ingesta de carne semicruda infectada (de bovino) y que sólo el 2% de los contagios se da por los felinos (y para ello habría que haber entrado en contacto con heces infectadas… ingiriéndolas. O_O). No hablo de otras enfermedades porque los otros casos que se asocian a contagios por animales domésticos suelen ser más vagos. Sí digo que los pelos no ahogarán a nadie, que las alergias se generan, usualmente, más por falta de costumbre y que, incluso, en caso de tenerlas (ellas o el asma), se pueden tratar sin sacar del hogar al animal. De hecho, suelen complicar más este tipo de afecciones el polen primaveral y los ácaros represados en tapetes y moquetas. Un gatito bien aseado y cepillado puede dar más sonrisas que estornudos. 😉

Así que… ganan las ventajas

Una mayor resistencia a enfermedades (incluyendo asma y alergia) y una sensibilidad natural y consciente sobre la importancia de la naturaleza y la vida son algunas de las ventajas que pueden venir aunadas a una mascota en el hogar. Hay muchas otras (como que, por ejemplo, el pequeño crezca sin miedos infundados a animales domésticos que pueden estar en cualquier sitio, facilitando de este modo su espíritu, su vida y la de sus papás… he sido testigo de muy malos ratos de niños aterrados que quieren subirse a mesas, bibliotecas, escaleras y cualquier estructura en altura con tal de no tener animales cerca), pero suelen estar asociadas al tipo de mascota que se tenga y a la interacción que se tenga con ella en la casa. Por supuesto, las ventajas y los riesgos dependen muchísimo de actitudes responsables por parte de los padres: no debe dejarse nunca solo a un niño con una mascota, por mansa que sea, tanto por la seguridad del pequeño como por la del animal; debe propiciarse un acercamiento paulatino entre los dos miembros de la casa para evitar resentimientos o celos; debe enseñársele al niño que una mascota no es un juguete, que puede enfermarse o morir si no se trata como un ser que respira y siente; deben tenerse al día las vacunas de la mascota; deben mantenerse fuera del alcance del pequeño los alimentos y las deposiciones del animalito, entre muchas más.

Finalmente, para justificar el título, recomiendo -tanto para padres con o sin mascotas en casa- la visita a parques, acuarios y zoológicos, las conversaciones constantes con el pequeño (de brazos o andante) -cuando haya oportunidades- sobre la naturaleza y sus habitantes, y la superación de mitos y temores sobre los animales. 😉 Si lo permitimos, pueden ser una compañía didáctica, amorosa y hasta protectora y puede complementar gratamente el desarrollo emocional, físico y cognitivo de los niños.

PD: ¿No les resulta curioso que todos los libros de Irene (unos 10) son de animales? Es más, 9 son de la granja… y sólo uno ha sido comprado por sus papás.

[Y aquí, los links relacionados: Animales de compañía y la llegada del primer hijo: ¿qué hacer?, Recomendacioens y cuidados antes y durante la llegada del bebé, Bebés y mascotas son compatibles, No hay que abandonar una mascota porque llega un bebé, La mascota y el bebé, “un animal de compañía educa el niño”, Gatos y bebés: un binomio posible, Proyecto mascota: la llegada de un bebé y Qué hacer para que tu perro acepte a tu bebé].

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14 julio 2010 at 06:34 9 comentarios

Gateo + diez meses de vida = autonomía y libertad

Irene gatea desde hace un mes. Pero cada día es más veloz, más autónoma, más independiente. No había pensado en escribir algo al respecto (a parte de contarlo, claro), pero ayer, viéndola moverse de un lado a otro, alzar las manitos y dar palmitas sonriendo (aprendió a darlas desde hace casi dos semanas), pensé que debía hacerlo. Hoy, justo cuando cumple diez meses, descubro que sus desplazamientos por el piso han hecho a nuestra hija más autónoma y libre. Muchos de los rasgos de su carácter parecen potenciados por esta nueva independencia que le permite abrirse al mundo… aunque hasta ahora éste sólo sea su hogar. ¡Es increíble cómo en apenas unos meses Irene dejó de ser mi bebé totalmente dependiente para convertirse en una chiquita que toma decisiones (al menos de direcciones de gateo y de escogencia de objetos favoritos para jugar)! 😉 Me temo que ya no es tan chiquita… (Ops!)

Desde que nuestra chiquita se mueve a sus anchas por el piso, se volvió pan de cada día en nuestra casa verla y oírla gritar, perseguir a los gatos, coger libros de la biblioteca, comentar todo lo que hace, buscarnos si no nos siente cerca, acercarse y asomarse a la ventana para ver los árboles, coger por sí misma sus juguetes (que tiene a su alcance en una canastita de tesoros), simular ladridos de perro cuando toma con sus manitos algunos muñecos, abrazar una pelota y lanzarla de un lado a otro para que rebote, sacarle tierra a las plantas, apoyarse en las mesas, y un largo etcétera propio de sus diez meses de edad.

Es más, ahora no queda ninguna duda cuándo quiere que la alcemos (o que la bajemos al piso para jugar): gatea corriendo (y no sé si sea adecuado decirlo así, pero seguramente me entienden) hasta nuestras piernas para abrazarlas con sus manitas y mirarnos desde abajo con una sonrisa. Si estamos en el piso jugando con ella, también sabe cómo acercarse para pedir abrazos, besos y caricias. ¡Hasta recuesta su cabecita en mi pecho buscando comida! El gateo, sin duda, fundó un antes y un después en nuestras vidas. Y es una maravilla.

¿Cuándo debe empezar?

Cada niño es un mundo, repito (como he escrito ene veces en este portal), pero dicen que alrededor de los 8 y los 9 meses se dan los primeros indicios del gateo: reptar, patalear, darse la vuelta, sentarse solito son algunos de ellos, además de otras prácticas que pueden servir de estímulo para gatear. Un estudio noruego afirma que el gateo sólo comienza cuando el cerebro está en capacidad de detectar obstáculos y rebasarlos. Personalmente creo que son fases que se dan espontáneamente y que, más que forzarlas, deben propiciarse las condiciones para que se puedan presentar. Para el gateo, nuestra fórmula mágica fue dejar a la chiquita en el piso, experimentando el mundo desde esa altura, soltando su cuerpecito y sintiéndose tranquila y en equilibrio. Por supuesto, sólo la dejamos allí una vez que se pudo sentar por sí misma (sin contar algunos episodios anteriores, en un gimnasio para bebés y en una alfombra que nos inventamos “antigolpes”… que, de todas formas, dejar a un chiquitito en el suelo, en la postura apropiada, está bien). Los gatos, por cierto, fueron el mejor estímulo que pudo encontrar: verlos desplazarse a sus anchas a esa altura hizo que quisiera salir detrás suyo. Creo que si un bebé no gatea, ponerlo junto a una mascota como ésta puede ayudar muchísimo a que se motive a hacerlo. Por algo se llamara gat-ear. 😉

¿Y si da pasitos antes de empezar a gatear?

Algunas veces los bebés comienzan a moverse por el piso sin gatear: dando pasitos, arrastrándose sentados, desplazándose en su barriguita, arrastrados; entre otros movimientos similares. La recomendación constante es buscar alternativas que incentiven el gateo, pues -dicen los estudios- éste es fundamental para el desarrollo motriz y cognitivo de los pequeños. Según el experto Carlos Gardeta (la fuente es Bebés y más),

  1. El gateo conecta los hemisferios cerebrales y crea rutas de información cruciales para la maduración de las diferentes funciones cognitivas.
  2. Desarrolla el patrón cruzado, que es la función neurológica que hace posible el desplazamiento corporal en equilibrio del cuerpo humano. Ese movimiento comprende el del eje de las caderas y el de los hombros. Al gatear se tonifican adecuadamente los músculos que más adelante permitirán que el niño mantenga la columna perfectamente recta cuando esté maduro para poder ponerse de pie.
  3. Desarrolla el sistema vestibular y el sistema propioceptivo. Ambos sistemas permiten saber dónde están las partes del cuerpo de uno.
  4. Permite el enfoque de los ojos. Al mirar al suelo para colocar la mano o la rodilla convenientemente, el niño enfoca los dos ojos en un mismo punto a corta distancia. Éste es un estupendo ejercicio muscular para los ojos y es tal su importancia que, según estudios de optómetras, el 98% de los niños con estrabismo no gatearon lo suficiente de pequeños.
  5. El niño siente la tactilidad de la palma que está viendo. Esto tiene una serie de ventajas de manualidad fina que luego influirán en la escritura. Además, al masajear la palma de la mano, ésta envía información al cerebro de dónde está y de las diferentes sensaciones y texturas que siente. También, al gatear el niño apoya su peso en las palmas de las manos y soporta esa tensión en las articulaciones de las muñecas, de los hombros, de la columna vertebral, de los fémures y de las caderas. Así percibe la oposición de la gravedad y aprende a manejarse con ella.
  6. Le ayuda a medir el mundo que le rodea y el niño se adapta al medio. La distancia que hay entre los ojos y la palma de la mano al gatear es una medida fundamental, LA BRAZA, en todas las civilizaciones. Con esa nueva medida corporal el niño mide el mundo circundante, y por eso cuando de mayor volvemos a un lugar de la infancia lo percibimos más pequeño de lo que era, porque entonces la propia medida de la braza era menor.
  7. Ayuda a establecer la futura lateralización del cerebro (cuando uno de los hemisferios se convierte en dominante y el otro en servidor para no tener que operar ambos a la vez).
  8. Ayuda a poder escribir en el futuro. Mediante el gateo se va desarrollando la coordinación cerebral ojo-mano. Cuando el niño gatea se establece entre ambos una distancia similar a la que más adelante habrá entre ojo y mano a la hora de leer y escribir.

Por ello es muy importante darle a un chiquitín todas las oportunidades de gatear. Mientras más lo haga, más estímulo recibirá… sin que deje de dar pasitos cuando así lo quiera, pero -al igual que ocurre con el gateo-, si se dan las condiciones, tanto una fase como la otra llegarán por sí mismas. Aquí, un documental interesante sobre ello:

¿Recomendaciones?

No enseñarle a caminar. Al menos no antes de tiempo. Entre otras cosas, porque hacerlo nos privaría del goce que ahora tengo con mi chiquita, al verla andar -en cuatro, sí, pero a toda marcha- de un lado a otro. Y no es que no se quede quieta… pero ya puede decir por sí misma cuando quiere cambiar de actividad. Gatear abre el mundo de los chiquitos y les da, como decía al principio, una gran autonomía (no tanta como para dejarlos solos, ojo) y libertad. 😉

Ah, y como gatear permite explorar (cualidad natural de los pequeños), hay que acondicionar el espacio para el pequeñito se desplace de una manera segura: sin puntas de mesas que puedan golpearlo, sin enchufes destapados (les fascinan) ni cables rondando por el piso y sin objetos pesados que puedan caer (porque el chiquito jale un cable o porque tropiece y algo pueda caerle encima) ni objetos livianos que no puedan servirle de apoyo seguro. Ya mi chiquita tuvo una silla desmayada que si le cae encima… mejor ni pensar ni ver. También deben retirarse del alcance de los pequeños objetos peligrosos como elementos de limpieza (sobre todo los jabones), venenos, plantas y demás. Y evitar las escaleras (que, en un descuido, un bebé se puede rodar por ellas). En resumen: es bueno ponerse a gatas antes que el chiquito y revisar concienzudamente la casa para detectar qué riesgos puede tener para el futuro explorador del hogar.

Me despido con un sapo verde feliz para mi chiquita por sus diez meses, además de algunos links interesantes sobre el gateo (que complementarían todos los que ya están incluidos en el texto). La entrada sobre la vida sin televisión espero tenerla lista para finales de esta semana… ¿les he contado que tengo una chiquita muy activa que casi no me deja tiempo para sentarme con calma a escribir en este hogar? 😉 Realmente a esta edad empieza una avalancha de sucesos hermosos en su desarrollo que casi ni se pueden contar. Vuelo, vuelo con ella. Besitos a todos los chiquitines y a sus papás.

Los links: Importancia del gateo en el desarrollo, Precauciones a tomar cuando empiezan a gatear, Juegos para el bebé que gatea, Gateo (superficies óptimas, ventajas, entre otros), ¿qué hacer si el bebé no trata de gatear?. Y dos videos sobre la importancia de gatear: uno, divertido, de un documental sobre el gateo -que dejo más arriba- y otro, un poco más serio y expositivo, de la Asociación Mundial de Educadores Infantiles. Ése sí lo dejo aquí:

9 junio 2010 at 12:01 9 comentarios

Los gases del bebé

Una de las mayores preocupaciones que tenemos las madres son los gases del bebé. Eso y las mil y una posiciones para lograr que salgan parecen temas inherentes a la llegada del pequeño. Pues bien, a sabiendas de que cada chiquito es único y que nuestra experiencia puede no servirle a todos, hoy quiero escribir sobre los gases, básicamente para contar que nosotros nunca se los sacamos a Irene, que hoy creo firmemente que nuestra chiquita no sufrió ningún cólico y que las buenas noches de nuestra hija se debieron, quizás, a una costumbre que adquirimos casi espontáneamente: acostarla en cuanto se dormía, sin pasar por la rutina horrorosa de alzarla y sacudirla para ver si había aire en su pancita. Quizás el hecho de que tomara siempre pecho y que nuestra lactancia fuera tranquila tuvieron mucho que ver. De todos modos, surge la pregunta, ¿es siempre necesario sacar los gases al bebé?

Curiosamente, había olvidado este episodio de nuestras vidas, hasta que hace una semana hablé con una de mis mejores amigas sobre su lactancia y las noches con su bebé de menos de un mes de nacido. De ahí que después de 9 meses de nuestra chiquita hablé de los gases en sus primeras semanas de vida. 😉 Y empiezo: sea por la lactancia o por suerte, creo que bien vale la pena saber que no siempre es necesario sacarle los gases a un bebé. ¿Por qué? Porque no todos los niños tragan aire al mamar (de hecho, los que toman pecho tienen generalmente una succión hermética que evita, en buena medida, que esto ocurra) y porque los consabidos cólicos del lactante -tan anunciados y temidos por todos- ahora se atribuyen más a lo difícil que le resulta emocional y físicamente a un bebé adaptarse a un nuevo medio que al aire que tenga en su pancita por comer.

Y aclaro que yo también tuve mis dudas, que en algún momento pensé que mi chiquita estaba llena de gases por la manera como estaba comiendo y que concluí -después de algunos días- que los bebés tienen episodios de desasosiego en los que tragan aire al llorar. La solución, no obstante, no fue la recomendación “matemática” de sacarle gases cada vez que terminara de amamantar: fue buscar espacios tranquilos para ella que nos ayudaran, a ambas, a relajarnos y a disfrutar y conocernos plenamente. Creo que en la medida en que yo me sentí más confiada y segura, Irene se inundó de serenidad.

Nuestro “había una vez” de las noches sin sesiones anti-gas

Obviamente, decir que no le sacamos gases a Irene no significa que nunca haya eructado después de sus comidas: algunas veces tenía gases (pocos), pero estos salían solitos, por su boca o por su colita. ¿Intentamos sacárselos? Por supuesto, pero sólo los primeros tres días. Los intentos, sin embargo, fueron infructosos (léase: la alzarmos en el hombro y le masajeamos la espaldita después de cada comida) con respecto a los gases y muy efectivos en lo relativo a despertarla bien. Por ello y por la placidez con que se dormía, optamos por acostarla inmediatamente después de comer.

Pegada al pecho y sin hacer ningún ruido excesivo, Irene se quedaba profundamente dormida. A mí me daba una tristeza infinita despertarla para sacarle gases, por lo que terminé dándome bendiciones y asumiendo que algo de razón tendrían unas palabras que había leído y que decían que todos los gases que el bebé tiene salen, ya sea por la boca o por la colita: muchas veces el mismo desplazamiento (suave y sinuoso) que llevaba a Irene de mis piernas a la cama servía para que cualquier gas que tuviera en su pancita saliera espontáneamente. Cuando no fue así, los gasecitos salieron en forma de ventosidades -muy comunes en los peques.

Luego, cuando Irene estaba más grande (y se distraía un poco más al comer, soltando el pecho, cogiéndolo nuevamente, protestando mientras comía, sonriendo… en pocas palabras, abriendo su boquita y dejando colar algo de aire de vez en cuando), bastaba sentarla en mi regazo después de cada comida. Y hablarle y esperar un ratito. Por gravedad pura y dura la leche bajaba y cualquier resto de aire que quedaba salía espontáneamente por su boquita.

¿Y si el bebé sí tiene gases?

A pesar de lo escrito, tengo claro que no todos los bebés son iguales y que no existen fórmulas matemáticas para aplicar a todos por igual. Por ello, para aquellas mamás que sientan que sus bebés están molestos (porque tienen gases o porque la llegada al mundo los tomó por sorpresa y aún andan en un “que sí, que no” fatal) incluyo tres videos sobre shantala, una técnica india de masajes para el bebé que se utiliza para aliviar los gases. El primero muestra a una madre india haciendo el masaje original, mientras que los segundos presentan el ejercicio de la técnica en Occidente, con una terapeuta.

Personalmente creo que la incidencia de este masaje sobre los gases y sobre los posibles cólicos que llegaran a generarse (ya sea por aire en la pancita o por estrés del pequeño), está relacionada con el vínculo que puede crear un masaje entre el bebé y su mama, además -por supuesto- de la relajación e intimidad que estarían asociados a ellos. Si no se atreven a seguir esta técnica, pueden moverle las piernitas al chiquito en círculos, como si estuviera montando en bicicleta. El efecto sobre los gasecitos, creo, será similar.

Adicionalmente, dejo un link con remedios caseros para los gases. Verán que el tipo de alimentación que ingiere la madre y la ingesta por parte del bebé de leche de fórmula (más rica en lactosa que la materna y mucho más difícil de digerir que ésta) pueden estar relacionados con los cólicos. En cualquier caso, ante la duda, lo mejor es acudir a un especialista… Y escuchar el corazón de madre: no somos máquinas que funcionemos con fórmulas. A nosotros nos funcionó no sacar gases, a pesar de que en todos los cursos y textos que leímos nos decían que se le debían sacar. Ojalá que a ustedes les funcione una cosa u otra. En cualquier caso, dicen que pasados los tres primeros meses de vida los cólicos (cuando se sufren) se van solitos.

Ah, ¿y hay alguna sugerencia o experiencia que nos quieran aportar?

😉 Esta semana hemos estado lejos de la web, pero volvemos, lentamente. Es que una chiquita de nueve meses se mueve cada día más y más y más.

21 mayo 2010 at 15:14 6 comentarios

¡Seis meses, mi Irene!

¿Y cómo más describirlos si no es diciendo que han sido la expresión plena, total y constante del amor? Gracias, gracias, gracias, gracias, gracias, gracias, gracias, mi vida, mi pajarita, mi lucecita, mi pedacito, mi otro amorcito, gracias, mi princesita. Como diría Cortázar en otro sentido, “el regalado soy yo”. Inundas nuestras vidas y haces que todo se detenga. Llenas el universo y nos llevas de la mano a conocerlo. Millones de besos y nuestros deseos de que estos seis meses trasciendan el infinito y te dejen siempre a nuestro lado. Chiuck. Te amamos.

9 febrero 2010 at 03:24 6 comentarios

Los nuevos descubrimientos de Irene

Desde que llegó Irene a nuestra casita, hay despertares nuevos cada día, que van más allá de la salida del sol: pasar, por ejemplo, de ver todo un poco difuso a quedarse perpleja mirando y cogiendo los pelitos de las piernas de su padre, de descubrir y jugar incansablemente con sus manos a encontrar, de pronto, otros dedos más gorditos, pero suyos también, en sus pies, de sonreir a todo (que aún lo hace) a reconocernos claramente y gritar y celebrar cada uno de nuestros gestos. Nuestra hija ya casi cumple seis meses… Y cada uno de los 174 días que ha pasado a nuestro lado ha sido un regalo para grabar en la memoria. ¿Podré? 😉

Hoy Irene:

  • Responde a su nombre: la llamamos y busca inmediatamente a quien quiera que diga “Irene”. Reconoce, también, creo, las palabras papá, mamá, abuelo. También está familiarizada con los nombres de sus gatos y con los de las personas que llegan a casa constantemente. ¡¡Unas ocho palabras que ya significan algo (o, mejor dicho, alguien) en su universo!!
  • A la cuenta de tres, cogida de nuestros deditos, hace fuerza para sentarse o pararse. ¡Le fascina jugar con nosotros y cambiar de posición para ver el mundo!
  • Ha comido banano, pera y zanahoria. ¡Y lo ha hecho con sus propias manitos! Nada de papillas ni de cubiertos: nuestra chiquita nos recibe los trozos (grandes) en sus manos y los chupa y se unta hasta que logra sacar algo de ellos. Eso sí, las consecuencias apenas se notan en su popis (ahora apenas los prueba y se degusta con sus sabores), pero los avances en su capacidad de coger las cosas solitas, llevárselas a la boca, sentarse con nosotros a la mesa (en su propia silla) y comer al mismo tiempo que nosotros se notan. 😉
  • Coge sus juguetes, los cambia de mano, los chupa ¡y los tira fuera de su coche! Nos mira con picardia esperando que los cojamos del suelo y una vez los tiene de nuevo en sus manos, saca su manita fuera de su espacio y los suelta. Es maliciosa y chistosa. Y no se cansa de tirar sus muñecos afuera.
  • Le sonríe a sus gatos y habla con ellos.
  • Se voltea bocarriba y, casi, casi, se devuelve bocabajo solita.
  • Sabe perfectamente cuándo nos preparamos para salir y celebra con emoción.
  • Jala -con ayuda- su muñeco risueño y se carcajea al mismo tiempo que él… y todos gozamos parejo.
  • Encontró su dedo gordo del pie y lo chupa agachándose sobre su cuerpo.
  • Sigue pateando y pateando y pateando como loca: en la cama, en el coche, en la bañera… Y las caritas que hace mientras patea y la manera como coordina todo su cuerpo para regalarnos esa explosión de energía y vida nos llena de felicidad y sonrisas los días.
  • Se sienta apoyada en sus manitos y se sostiene. Ah, pero en la bañera y en el coche se sienta sola. Y se ve de lo más independiente. 🙂 Hermosa.
  • Juega con bloquecitos: los coge, los chupa, los tira, los mueve con sus manitos como loca (¿para ver si suenan?), los suelta, se ofusca, los busca, velve y juega.
  • Mira con atención a los niños en la calle, les sonríe, los busca, manotea…
  • Le encantan los animales, los árboles, el aire fresco: Se ríe a carcajadas cuando la brisa la despeina.

Y faltan 4 días para cumplir 6 meses de edad. 😉 Insisto: nuestra Irene es y será, sin duda, nuestro mejor y más feliz despertar.

Te amamos, princesa hermosa.

Chiuckk

5 febrero 2010 at 09:41 Deja un comentario

Irene-Led Weaning ;)

No me aguanté las ganas de poner en marcha la técnica de Baby-Led Weaning (de la que hablaba en nuestra anterior entrada), así que Irene ya probó algo más que leche de su mamá: ¡cogió, tocó, se untó, probó y comió banano por primera y segunda vez! Nos ha ido maravillosamente…Claro que confieso que el primer día su padre estaba un poco ansioso porque ella no lograba coger la fruta fácilmente y le ayudó un poco. Tuvimos, en consecuencia, una peque desesperada por seguir comiendo. El segundo día, en cambio, todo marchó bien. Aquí queda el testimonio. Todavía lo veo y no me lo creo. ¡Los bebés sí pueden comer solos! Pero acompañaditos y cuidados.

Eso sí, antes de empezar, verificamos si nuestra chiquita cumplía con todos los requisitos necesarios para introducir nuevos alimentos: se sostiene sentada (cada vez más firmemente), nos acompaña en las comidas con atención, se lleva las cositas a la boca por sí misma y toma la lechita de su madre con juicio (bueno, a veces se distrae, pero vuelve a su toma y come bien). Después de un primer intento fallido, en el que comió, se untó y se desesperó, concluimos: “ensayemos nuevamente, si no puede coger su comida es porque todavía no es el momento de introducir otros alimentos”. Estábamos más relajados… ¡Y la peque apenas tuvo el banano en frente, lo cogió bien! Se le cayó, se ensució, lo botó… pero el sabor le encantó. Confiesi, sí, que resulta un alimento un poco liso para sus deditos. Pero come. Entre mordisco y mordisco la cáscara se cae, pero es chistoso y lindo verla comer por primera vez.

En cualquier caso, como la idea es que coma el equivalente a un par de cucharaditas, resulta perfecto. Probaremos el banano por varios días, lentamente. Si se le sigue cayendo con frecuencia, pospondremos la comida otra vez. Igual, faltan 10 días para que Irene cumpla seis meses y como la introducción de alimentos complementarios no es una carrera contra el tiempo, pues si no es ahora igual está bien. Se ha empegotado hasta el pelo, pero verle la cara de felicidad y el goce es una delicia. Ya veremos cómo nos va con los otros alimentos. Eso sí, leche materna antes y después.

¡¡Qué viva el Baby-Led Weaning!! Los niños, hasta con un poco menos de seis meses, sí pueden comer solitos.

¿Cierto que es algo que vale la pena ver? 😉

31 enero 2010 at 08:31 7 comentarios

Baby-led Weaning: una propuesta interesantísima para la alimentación complementaria

En nuestra entrada reciente sobre alimentación complementaria, Flor, la mamá de las nenitas, me habló de Baby-led Weaning, una propuesta de introducción de alimentos guiada por el bebé mismo y desarrollada por Gill Rapley, nutricionista y directora adjunta de la Iniciativa de Hospitales Amigos de los Niños (IHAN) de UNICEF en el Reino Unido. No sé si me equivoque, pero tengo la impresión de que ésta es una forma natural de introducir alimentos y que es muy probable que los mismos chiquitos desarrollen, a partir del tacto, el gusto, la vista y el olfato, un acercamiento amable y sensato a lo que van a comer. En cualquier caso, la selección y preparación de alimentos la hacen los padres; luego, será el bebé quien toque, pruebe, mida y coma. Algo que seguro vale la pena ver. 😉

Confieso que al principio la idea me asustó (pensé que era imposible dar semisólidos a bebés de apenas 6 meses), pero a medida que fui leyendo información al respecto y, sobre todo, viendo videos con experiencias de padres, madres y bebés de todo el mundo, la propuesta me encantó. De hecho, creo que probaremos esta modalidad de alimentación con Irene, siguiendo recomendaciones básicas -disponibles, entre otros, en la web (Bebés y más tiene varios artículos en español al respecto)-, acompañando y vigilando (no sobreprotegiendo) la experiencia de mi chiquita y siguiendo las pautas generales de introducción de alimentos que comentaba anteriormente: dar los nuevos alimentos solos (sin mezclas) por 4 días o una semana, al comienzo; no adicionar sal o azúcar hasta que cumpla un año de edad, no introducir lácteos hasta los doce meses, mantener la leche materna como el alimento principal de la dieta, suministrándole los alimentos complementarios después de la toma de leche (y dándole leche después de los mismos); evitar el huevo, el gluten, el pescado y los cítricos hasta los 12 meses de edad, entre otros.

En resumen, y considerando que la leche materna seguirá siendo la principal fuente de nutrientes de Irene hasta que cumpla 12 meses (luego será importante, al menos hasta los 2 años, pero no será lo principal), pienso que ofrecer frutas, verduras y cereales solitos, en porciones que el bebé pueda agarrar por sí mismo para llevarse a la boca y experimentar, es lógico.

En este momento, nuestra chiquita se lleva todo a la boca y lo muerde. Si, además de eso, descubre que tiene un sabor particular y que, al igual que nos ve hacerlo a nosotros en la mesa, puede comerlo, seguramente tendrá un acercamiento más fluido y tranquilo con los alimentos. Se supone que a los seis meses sólo deben comer dos o tres cucharadas (con el Baby-led Weaning pasaremos de usarlas por un tiempo), unos cuantos mordiscos a un banano, un calabacín hervido, un trozo de brócoli, un pedazo de pera bien podrían representar lo mismo, ¿no?

Al traste tendrán que irse, sin duda, la angustia porque el bebé se ensucie (a lo mejor, incluso, termine más empegotado con una papilla que chorrea y unta todo), coja bien lo que le damos o se atratagante (no quita, por supuesto, el estar vigilando). Y en primer orden tendrán que estar el espacio y el tiempo de disfrutar de la mesa en familia, naturalmente, con tranquilidad y goce.

Por ello, como dice Armando, de Bebés y más (hay artículos interesantísimos al respecto, que vale la pena revisar), “La cantidad no es importante (…) la alimentación complementaria tiene como objetivo que los bebés vayan aprendiendo a comer, conociendo texturas y colores. Esto es precisamente lo que está haciendo cuando le ponemos comida delante y le dejamos que la toque, la manipule, la chupe, la espachurre y se la coma, si quiere”.

Nos iremos entonces por esta ruta, sobre la base de investigaciones que señalan que los bebés sí pueden comer solos y de que las papillas pueden ser innecesarias. Eso, sumado a las experiencias de otros padres que ya practican el Baby-led Weaning con buenos resultados es una base interesante para comenzar. Tenemos tiempo para probar…  si no funciona, siempre podemos cruzar al otro lado. Ya les contaremos cómo nos va. Les dejo, eso sí, algunos videos de niños comiendo solitos (nuestro protagonista principal será Oliver, un pequeño de los Países Bajos que tiene toda su historia de Baby-led Weaning acá, que incia a sus 5 meses y 24 días y culmina a sus casi dos años de edad). ¿No les parece exitoso y natural?

En el video que sigue, Oliver se come un helado solito, sin ningún papá que corra a limpiarlo o a sacarle la crema para que él pueda disfrutarlo. Es lindo ver cómo él mismo encuentra la manera de comérselo. Se nota que le gusta y que quiere más:

Y en éste, finalmente, Oliver ya usa cubiertos y come, seguramente, casi (si no) lo mismo que sus papás:

27 enero 2010 at 10:40 18 comentarios

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