Archive for febrero, 2011

Me hago mayor

Esta expresión, tan española, describe claramente los comportamientos que tiene desde hace algunas semanas nuestra Irene: aparte de imitarnos -como es natural- cuando hablamos, comemos, nos movemos, nos reímos y un largo etcétera, esta pequeña quiere sentarse en nuestras sillas, usar nuestros zapatos, contestar el teléfono de casa por sí misma, escribir en el computador… Y no porque tenga el mismo tamaño que nosotros. No. Porque ella se está “haciendo mayor”. 😉

Y que conste que pensando las cosas fríamente, quizás es más adecuada la expresión “hacerse mayor” a “crecer” o al típico “cómo está de grande” latinoamericano (válido cuando se habla de un niño en etapa de crecimiento, pero insuficiente para los adultos -a los que no nos queda de otra que “estar viejos”. ¡Plop!). Eso, sumado a los resultados de un estudio hecho en la Universidad de Viriginia, en EEUU, del que hablaba en otra entrada hace algunas semanas y que demostraba que incluso a los 27 meses los niños no tienen aún una concepción clara de su tamaño -hoy incluyo algunos videos que parecen originales del estudio-, revela cómo desde pequeños nos cuesta ser mayores. 🙂

Dejo los chistes. Lo cierto es que descubrir el acelerado crecimiento emocional e intelectual de nuestra hija (que sigue también creciendo físicamente, por supuesto, pero ahora a una escala distinta a la de sus primeros meses, cuando la ropa le servía por unas semanas no más), me sorprende hasta lo indecible. ¡Ya hasta tenemos recepcionista! Y contraparte parlante que no deja de comentar y hablar. Sólo espero que cuando “sea mayor-mayor” de verdad, recuerde cómo vivíamos ahora, cómo intentábamos disfrutar a su lado cada día y cómo buscábamos disfrutar más que acumular. No sea que caiga en la trampa de cargar caras largas o de buscar títulos-objetos-y-aplausos que se quedan flotando, lejos, en el espacio. Hazte mayor, mi niña, con la misma sonrisa con la que caminas arrastrando nuestras pantuflas por toda la casa y con la misma curiosidad que tomas el teléfono con tu mano para oír el tono del aparato cantar.

Un besito.

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25 febrero 2011 at 06:30 7 comentarios

Menos cosas, más felicidad: La huerta orgánica

Nuestra lista de cosas por hacer empieza a reducirse: este fin de semana hemos sembrado por primera vez una huerta orgánica. El proceso ha sido menos largo de lo que pensábamos, pero creo la reducción de tiempos se debió, en buena parte, a que teníamos a la vuelta de la esquina un experto con todos las herramientas básicas, además de conocimientos y consejos oportunos para ayudarnos. Y aunque nos anticipamos algunos días a la luna menguante, confío en que habrá mucho verde para comer. Aquí va un pequeño resumen de la historia con datos importantes para tener en cuenta. Sigo convencida de que éste es un proyecto hermoso que todos podemos ajustar a nuestras condiciones: si lo hacemos, le daremos una manito invaluable al planeta y a nuestros cuerpos.

Intentaré no alargarme en detalles para no hacer una entrada kilométrica. Estoy segura de que en el futuro, a medida que crezca la huerta y nuestra experiencia, publicaremos información complementaria que sea de utilidad. Del mismo modo, creo que los comentarios que puedan generarse en esta entrada ahondarán en temas que parezcan superficiales. Ah, y no duden revisar los textos publicados anteriormente (en la categoría de Simple Living) relacionados con las huertas (urbanas y rurales): para nosotros ha sido una información relevante. Les recomiendo especialmente el texto sobre la fertilidad de los suelos (precioso) y la composta y el de huertas familiares (sembradas directamente en la tierra -en camas con siembra separada o en cultivos biointensivos– o en terrazas  o balcones -usando macetas u otro tipo de recipientes-). Hechas las aclaraciones, comienzo con nuestra puesta en marcha.

La preparación del terreno

Nuestra huerta está sembrada en una zona rural de la ciudad en la que vivimos, a unos 30 minutos de casa, en un terreno con condiciones climáticas y de suelos propias de una zona tropical. Su temperatura promedio oscila entre los 15 y los 21 grados durante el día y un poco menos durante la noche. Cuenta con buenas precipitaciones de agua (que varían su periodicidad, con épocas más secas o más lluviosas dependiendo de los meses del año) y con muy buena luz natural.

Ahora, si bien era un terreno que no había sido cultivado -al menos en los últimos 15 años-, requirió de una preparación que garantizará la existencia de materia orgánica y, con ello, la calidad y viabilidad de la tierra para la siembra. Éste es un detalle fundamental en la agricultura, pues hace la diferencia entre un suelo vivo (granuloso, negro, rico en bichitos macros y micros y, con ello, en potasio, fósforo y nitrógeno) y un suelo seco (con la tierra apelmazada en capas, sin animales y, usualmente, enriquecido con químicos de manera artificial). Al respecto les recomiendo un par de videos: el documental francés de 2008 Nuestros hijos nos acusarán (Nos enfants nous acusseront) y un video (que vale sobre todo por su audio) sobre la diferencia entre productos químicos y orgánicos (y su incidencia en el suelo). Éste último es de un foro de agricultura orgánica de Univisión. Anexo los dos:

[Youtube=http://www.youtube.com/watch?v=5mWEcVnThcQ]

Ahora, ¿cómo preparamos el terreno? Disponiendo sobre él a lo largo de varios meses el desecho del corte del pasto del área circundante. Para la composta (también llamada compost) se recomienda agregar además desechos de alimentos y estiércol de animales herbívoros (no de perros, gatos o humanos), pues estos aportan otro tipo de nutrientes a la tierra. Si bien éste no fue nuestro caso, la persistencia en la adición del pasto, el movimiento constante de la tierra (que se volteaba cada cierto tiempo para una mejor distribución de la materia orgánica) y la ayuda del agua y el sol completaron la operación. Adicionalmente, se agregaron microorganismos antes de la siembra (en el momento en el que se trabajó la tierra para distribuir los caminos y las camas), siguiendo las indicaciones de nuestro vecino bioagricultor.

Dejo dos videos que ejemplifican cómo puede ser la operación de limpieza y preparación del terreno:

Para detalles complementarios sobre nuestra experiencia, procedo con preguntas y respuestas rápidas:

¿Qué herramientas se utilizaron? Básicamente, pala y azadón. También pueden ser útiles un tenedor gigante (perdón, agricultores, por no saber cómo se llama, creo que es horca), un machete, un rastrillo y una carretilla.

¿Cuál fue el área sembrada? 4.5 por 6.8 metros (para un total de 30.2 metros cuadrados de área). Esto incluye las camas (5 en total, de aproximadamente 3 metros de largo por 80 centímetros o 1 metro de ancho), los caminos entre ellas (necesarios para limpiar, sembrar, regar y recoger la siembra) y una U circundante que sirve para las plantas medicinales y aromáticas (orégano, anís, cidrón, ruda, yerbabuena y perejil), además de otras que hacen las veces de barrera (penca sábila, hinojo -que se deja en maceta, pues sus raíces son muy invasoras- rosa amarilla -medicinal, no la rosa típica de San Valentín- y caléndula). El romero -protector fundamental de la huerta orgánica según nuestro vecino, pues ahuyenta con su olor muchas plagas de la huerta- se sembró en una esquina de cada cama.

¿Qué otros elementos complementarios se utilizaron o tuvieron en cuenta para el terreno? Compramos orillos de árbol en un aserradero cercano, anchos y gruesos, para proteger las camas y evitar el desmoronamiento de la tierra abonada. No fue necesario agregar arena a las camas, pues el terreno lo tenía de antemano (un arroyo de una cuneta cercana la había traído hasta allí), pero se recomienda hacerlo porque evita el exceso de humedad y facilita la filtración del suelo. También usamos troncos para proteger la huerta en el costado de la cuneta cercana, malla para cerrarla (se cerró el lote entero donde se encuentra la huerta) y evitar la visita de animales curiosos, y algunos tubos que nos ayudaran a llevar el agua a la cuneta y evitar arroyos producidos por excesos de aguas lluvias. En el futuro, conseguiremos una caneca que pondremos en el desague de los tejados de la casa para aprovechar el agua lluvia (no clorada) tanto en el riego (no muy necesario por la pluviosidad de la zona) y en la fabricación de riegos preparados y fermentados para combatir de manera orgánica las plagas (les recomiendo, y mucho, este documento. En el capítulo 5 hay varias fórmulas para preparar -sin químicos- este tipo de riegos).

La siembra

Confieso mucho desconocimiento al respecto. Contamos con la ayuda de nuestro vecino y de un campesino amigo, los dos muy curtidos en el tema y buenos consejeros. Utilizamos, en general, plántulas (sembradas y germinadas previamente en almácigas -una instrucción en video de cómo se preparan estas, puede verse aquí-), pues con ello hay más probabilidades de supervivencia de la planta. Estas se ubicaron calculando el área de crecimiento que tendrían (una distancia menor en hortalizas como puerros, cebolla de rama, zanahoria, remolacha y apio, y mayor en otras como brócoli, coliflor, repollo y lechuga), agrupadas según sus especies, conveniencia de vecindad (algunas plantas requieren más nitrógeno que otras, por ejemplo) y tiempo de producción. Para futuras cosechas, sabemos que debemos hacer rotación de cultivos para evitar el empobrecimiento de la tierra (abonaremos también, por supuesto con el producto de nuestra compostera vecina a la huerta). También se puede hacer cultivo intensivo (hay documentos referenciados al principio de esta entrada), pero no fue nuestro caso… está claro que estos son apenas nuestros inicios.

Aspectos que se deben tener en cuenta

La luna (se recomienda sembrar en luna creciente o menguante, no en luna llena ni en luna nueva. Adjunto al final un video -más audio que cualquier cosa- con una explicación al respecto), la combinación de hortalizas (el documento recomendado para los riegos precisa un poco más al respecto), los caminos para trabajar, la recolección del agua (necesaria para humedecer el terreno y hacer los riegos), la composta, los riegos naturales contra las plagas (no químicos, por favor), el desyerbe manual constante. Un consejo interesante, que aún no hemos puesto en práctica, es proteger las áreas no sembradas con restos de corte de plantas (pasta, hojas, etcétera), pues éstas no permitirían que brote maleza al tiempo que abonarían las camas un poco más.

Dejo el video (en dos partes) sobre los cambios de la luna y me despido porque tengo una chiquita que me espera. Finalizo diciendo que ésta es una experiencia maravillosa, pues enseña, da esperanza y nos permite ver en vivo y en directo la generosidad de la tierra. Los frutos, grandes o pequeños, sólo serán un goce más. 😉

23 febrero 2011 at 09:51 12 comentarios

¿Hasta dónde debemos llegar?

Ayer, un poco por azar, vi con Irene Le renard et l’enfant, una película francesa de 2007 dirigida -y en parte escrita- por Luc Jacquet. La historia, impactante en sus imágenes y conmovedora desde la perspectiva de la protagonista, tiene una moraleja que -aunque puede parecer sosa a algunos- deja mucho en qué pensar: ¿qué tanto debemos intervenir como hombres en la naturaleza y qué entendemos por amar?

La anécdota es sencilla: una niña que camina por el bosque se encuentra accidentalmente con un zorro que la cautiva con sus saltos. El encuentro, fortuito, da pie a una persistente búsqueda de la chiquita y, lentamente, a la domesticación, por su parte, del animal. Lo interesante de la historia, sin embargo, surge cuando los deseos irrefrenables de la pequeña por estar y tener consigo al zorro revelan lo lejos que estamos como seres humanos de una sensibilidad respetuosa y amorosa por la naturaleza. La conclusión, elemental en las palabras pero distante en la práctica, es que debemos dejar que la vida siga su curso y que amar no es poseer si no dejar en libertad. (Por cierto: Luc Jacquet, director de la película, ganó un Óscar a mejor documental por El viaje del emperador. Lo menciono por si quieren darse una idea de por dónde va esta película con imágenes también de documental.)

¿Debo decir que el final me impactó mucho y que al tiempo que corría la historia yo también deseaba encontrar al zorro y acariciar su lomo? Tal vez no; pero sí debo confesar que me cuesta -y mucho- entender que no podemos controlarlo todo y que amar implica la mayor de las veces soltar.

Al respecto, recuerdo dos anéctodas: la primera, la muerte de uno de mis gatos, amado y aún hoy extrañado, tras una caída absurda por la ventana, un encuentro con los dientes de un perro y, finalmente, una leptospirosis que hizo colapsar sus riñones. Cada una de las acciones que precedieron y acompañaron el mes de enfermedad y sufrimiento de él y de nosotros hicieron parte de una lección amarga y dolorosa: que no somos dioses y que quizás muchas de las cosas que hacemos “por el bien” de otros son en realidad acciones que hacemos más por nuestro “bien”(estar) y que en ocasiones juegan en contra de los demás. La segunda anécdota, también felina, ocurrió tras el rescate de una gatita de unos dos meses, con una de sus patas delanteras partida, temerosa y amorosísima, que tras sentirse sola y encerrada en la noche saltó por la única ventana que encontró su alcance… para morir seis pisos abajo. No fue en mis manos, pero es como si hubiera sido porque fui yo quien la rescató de un parqueadero y le encontró un nuevo hogar.

En ambos casos, los felinos estuvieron rodeados de amor y felicidad. Y también en los dos sucesos, los cuidados extremos que recibieron devinieron en tragedia, pues de un modo u otro propiciaron su partida. En el primero, porque  la ventana por la que cayó (que no tenía gran altura) estaba apenas abierta (temía justamente que los mininos se cayerán, pero no quería que les faltara el aire). Consecuencia: el gatito pudo salir pero no volver a entrar. En el segundo, porque el gatito parecía haber pasado ya por una experiencia traumática (su patita lo decía) y quizás lo último que quería era sentirse preso. Consecuencia: amado pero no libre no significa felicidad.

Las conclusiones o no sobre estos hechos ya no rondan el “debí o no debí hacer”, van más por el lado del título de esta entrada y mucho más cercanas a nuestra hija (ya no sólo a la naturaleza silvestre y de cuatro patas, que, ¡claro!, también hay que tener en cuenta). No tengo respuestas definitivas y dudo que llegue a tenerlas, pero me gustó sentirme nuevamente cuestionada con la película porque creo que aunque ser padres implica un aprendizaje continuo, a veces sentimos que ya tenemos todas las herramientas necesarias para ello… Y no: los caminos se bifurcan y no se acaban y nuestra única misión es andar y desandar. Quizás debemos dejar que la naturaleza siga su rumbo, disfrutar el camino y tratar de recorrerlo felices. Las caídas, al igual que los parajes que encontremos, serán sólo una parte del paseo. No es fácil, pero haremos el intento.

(Si quieren ver la película, titulada en castellano como Una amistad inolvidable, -ya dejo dos videos: uno con el trailer y otro con un compendio de su música e imágenes- pueden encontrarla acá. Se las recomiendo profundamente.)

16 febrero 2011 at 10:38 6 comentarios

Aprender a tejer: cubierta de lana para el pañal

Hace algunos días, Nahuátl Vargas, de Corta de estatura, inició un proyecto abierto en su blog para tejer juntos -aunque sea de manera virtual. Dentro de las propuestas hechas, ganó para ser el primer proyecto una preciosa cubierta de pañal. La idea es que siguiendo un patrón disponible en la web y las indicaciones de la Chili, todos los participantes pueden realizar su propia cubierta, enriqueciendo la experiencia -sin duda- con sus propias inquietudes y logros.

Imagen Nahuátl Vargas, de Corta de estatura.

Había dicho que no me aventuraba aún a coger agujas e hilo (sobre todo sin haber iniciado unos cuantos proyectos que tengo en ciernes –aprender a usar mi máquina de coser con unos banderines (gracias a Victoria y su Atelier eCouture), hacer pan casero (como Virginia, de Mamasita… ya tengo el libro recomendado y lo estoy leyendo. Yummy, yummy) y sembrar, por fin, una huerta orgánica [Adri, sin duda te interesarán los enlaces que da también Chili en su entrada anterior sobre cultivo biointensivo… me emociona porque el próximo fin de semana mi amorcito hará en representación de todos un curso sobre huerta orgánica. Mamá, mientras tanto, se quedará con la peque]-), pero me están entrando muchas ganas… sobre todo porque la idea es maravillosa y porque Nahuátl (la Chili) tiene unas manos prodigiosas. ¿Se quieren apuntar? Ya están los datos de los implementos necesarios acá.

😉

14 febrero 2011 at 07:40 9 comentarios

Las primeras frases (y bla, bla, bla)

En un mes Irene ha pasado de repetir palabras sueltas a repetir frases completas (no oraciones… o, sí, algunas, pero no como un ejercicio constante). Nuestra sorpresa ha sido mayúscula, pues vemos en cuestión de minutos nuestra pequeña crece. Así, sin importar si el pequeño habla con balbuceos, palabras sueltas, oraciones o un idioma privado que incluye manoteos y caras, cuando se bordean los 18 meses ese deseo irrefrenable de comunicarse evidencia la toma de conciencia de sí mismo y sus ganas de conocer, participar e incidir en el mundo en el que está. Se hace grande nuestra chiquita, ¡aghh!


Guille -el hermanito de Mafalda- de Quino (tomado de El arte en todas sus versiones)

Y no me iré con teorías. Para quienes quieran conocer estudios científicos que hablen sobre el desarrollo del cerebro de los niños (un tema fascinante, por demás) dejo enlaces anteriores (en esta casita, 1, 2, y 3). Hoy quiero consignar momentos mágicos de Irene, para reírme a su lado cuando ella misma los lea y/0 pregunte: “¿y cómo y cuándo aprendí a hablar?” (si ya lees esto chiquita, debo decirte que éste es sólo el comienzo y que muy probablemente tendrás que leer más ;)).

Su primera frase

Estábamos sentadas a la mesa con papá. Comíamos y charlábamos como siempre. Irene miraba atenta y se reía con cada cosa, repitiendo palabras cada tanto (“opa” (sopa), “avo” (“¡bravo!” -cantado en señal de fiesta-), “má” (o “ma-má”, “más”). Los padres comentaban el encuentro con la hermana de una vecina, en el parque. Yo, intentando precisar de quién hablaba, le dije a mi amorcito: “¿recuerdas? la que tiene una niña adoptada”. Irene repitió inmediatamente: “niña adoptada”, con todas sus palabras. Tanto el padre como yo repitimos al tiempo, asombrados: “¿dijo “niña adoptada”?”. Irene siguió comiendo tranquilamente, como si esperara nuestros comentarios siguientes para continuar con la conversación.

Desde entonces ya no sólo repite una, sino dos y hasta tres palabras. Ha llegado a decir incluso oraciones completas (como “mamá está aquí”) y a usar gerundios reiteradamente, como si ampliar su vocabulario de sustantivos con adjetivos, verbos y adverbios no fuera ya suficiente. Así, además de nombrar las cosas y calificarlas (con un “mojado”, “sentada”, entre otros) y precisar cómo y cuándo están (“ya”, “ahí”, “aquí”, “allá”), Irene construye frases (ya empieza a hacerlo sola) y oraciones (“vamof, mamá” -“vamos, mamá”) e introduce (me faltaba) una acomodaticia pero significativa “a” antes de todos los sustantivos (ya no soy “mamá” a secas sino ” a mamá”, del mismo modo que los dientes no son “los dientes” si no “a iente”). También va perfeccionando su nombre: de “ene” pasamos a “nene”. Y así con un sinfín de cosas más (tiene enloquecidos a sus tíos con el “tío” y “tía” constantes. “Abuelo” va en “abubu”, aunque parece que aún no es la identificación definitiva, pues sigue poniendo carita de “lo voy a perfeccionar”).

En resumen, creo que aquellos que la vieron en Navidad van a encontrarse en muy poco tiempo con una niña parlanchina y conversadora que ya no camina sino que corre, opina y decide. ¿Si esto es al año y medio, en seis meses qué nos esperará?

😉

(Un beso, chiquita hermosa, de papá y mamá)

PD: El irinense sigue enriqueciéndose. Hay montones de oraciones y frases completas en ese idioma que aún no logro descifrar. 🙂

PD2: Sigo pensando que a los niños les basta para aprender estar acompañados (con papá y mamá, viviendo su vida y su cotidianidad CON ellos -no al lado de ellos, a secas… aunque admito que también aprenden algo, pero mejor si es con sentido), como decía Victoria en su comentario a la entrada anterior. Encontré un video extra sobre la no necesidad del jardín infantil (según él, no hay que ir a ninguna parte antes de empezar el colegio… bueno, no lo necesita el niño, quizás sí los papás para ir a trabajar) del pediatra español Carlos González, que no incluí en esta casita para no volverme pesada con el tema. En cualquier caso, si a alguien le interesa puede verlo aquí.

12 febrero 2011 at 08:26 6 comentarios

Menos cosas, más felicidad: Simplificar la paternidad

Hace algunas semanas, Adriana, una mamá también bloggera, me recomendó la lectura de Simplicity Parenting, un libro que propone criar niños más tranquilos, felices y seguros usando la lógica de menos es más. Me atrevo a escribir al respecto a partir de nuestra corta pero extraordinaria experiencia, pues los cambios que he visto hasta ahora (sólo con su prólogo) en Irene y nosotros mismos son significativos. Tengo pendiente la tarea de leer el libro, pero creo que es válido plantear algunas reflexiones sobre cómo concentrarnos más en ser que en hacer, y lograr, a partir de ello, menos tensiones y estrés alrededor de los niños y sus papás.

La lógica es simple: todo lo que necesita un niño es la atención y el amor de sus papás. Las posesiones (juguetes, ropa, gadgets,…) y la variedad de actividades que lo rodeen son apenas parte de la escenografía. La historia -es decir, los personajes- son lo único realmente importante. Así, ser se antepone a hacer y experimentar gobierna sobre acumular. Mientras más simplifiquemos las rutinas de nuestros pequeños y disminuyamos los objetos disponibles para ellos, más paz y menos ansiedad traeremos a nuestra casa y, con ello, disfrutaremos más de nuestra mater-paternidad.

Kim John Payne and Lisa M. Ross, autores de Simplicity Parenting, dicen que tener momentos de calma (creativa y relajada) es una forma de profundizar en nuestra sustancia como seres humanos. Esto es válido para todas las edades, pues permite la construcción de emociones y relaciones con nosotros mismos y con los demás. Las pausas de “ser” por encima de los bloques de “hacer” nutren el espíritu, brindando confianza y tranquilidad.

¿Y cómo se logra eso con los chiquitos? Del mismo modo que logramos relajarnos cuando nos sentamos a “hacer nada” con un buen amigo: una taza de café (el contenido es lo de menos) acompañada de una buena charla que no siente pasar el tiempo equivale a estar una tarde con el pequeño, ambos tirados en la cama o en el suelo, haciéndose cosquillas, jugando con una pierna al caballito, o a sentarse en una hamaca a mirar el paisaje y dejar que el chiquitín juegue con la tapa de una botella quitándola y poniéndola sin importar cuánto tiempo pase y qué haga o qué aprenda mientras tanto. Ser por encima de hacer e incluso, en muchos casos, de estar (sin confundir ese ser con un convertirse en un “papá helicóptero“, permisivo y desconfiado de sí mismo y de sus hijos):

This book should give you many ideas on how to reclaim such intervals, how to establish for your children islands of “being” in the torrent of constant doing. […] that simplification is often about “doing” less, and trusting more. Trusting that—if they have the time and security— children will explore their worlds in the way, and at the pace, that works best for them.

Quizás si tratamos de recordar nuestras vivencias más gratas, notaremos que tienen en común la evocación de una emoción más que de un objeto y, muy probablemente, la compañía de -y el sentimiento inherente a- alguien más. Confiar y dejar hacer son parte de las fórmulas propuestas. Tal vez, incluso, no hace falta leer un texto o un blog para entenderlo: basta con dejar fluir el tiempo, pensar menos en un “deber ser” (tan occidental) y más en un “querer estar”.

Cierro, para no hacer largo el cuento, con la referencia a un texto simple y grato de Claire K. Niala, una osteópata africana, mamá educada en Inglaterra con una valiosa experiencia multicultural. En él intenta explicar por qué los niños africanos no lloran, mientras los occidentales parecen llegar al mundo con un sino lacrimoso y fatal. Dice que el secreto es “una simbiosis constituida para satisfacer las necesidades” del pequeño, que en castellano simple plantea la predisposición natural de los padres a adaptarse a las necesidades del niño y a “una total suspensión de la idea de lo que debería haber sido”. En su lugar, se acepta, “sin condiciones”, lo que está sucediendo: se es y se está. No más.

Podría escribir mucho más a este respecto, pero creo que cada experiencia es válida. Por mi parte, confirmo que desde que intento relajarme y permitirme estar más a la altura de Irene (disponible para ella sin leer, pensar o hacer “mis cosas” al tiempo. Ahora reservo un espacio solito para mí para ello), mi chiquita ha estado tranquilísima y feliz de que estar con mamá y papá. Y no soy la única a la que le pasa: les recomiendo, si quieren ver más, una visita a otras experiencias, en las casitas de Nature Moms, Maxylola y Noble Mother.

(Ah, y son bienvenidas otras ideas y experiencias.)

😉

PD: Repito foto. Ya no sé de cuándo. Hoy Irene cumple 18 meses. El tiempo vuela y mi chiquita cada día está más sonriente y conversadora. ¿Se puede amar más? Sí, siempre. ¡Feliz año y medio de vida, princesa!

9 febrero 2011 at 09:41 15 comentarios

Socializar: cómo y cuándo aprenden los niños a interactuar con los demás

En nuestra entrada anterior hablábamos sobre cuándo llevar a un niño a la guardería y, especialmente, sobre las razones por las que no queríamos hacerlo antes de que Irene cumpla 3 años. Hoy queremos compartir tres videos muy interesantes sobre el desarrollo de la socialización en los pequeños, que plantean -entre otras cosas- que ésta depende de la capacidad de interacción del niño y de la autoconciencia que él debe alcanzar antes para poder reconocer sus propias emociones y, a partir de ello, registrar y aceptar los deseos e impulsos de los demás. Un resumen audiovisual de aproximadamente 20 minutos que expone los inicios de ese proceso y confirma que la interacción con otros niños sólo se alcanza entre los 3 y 4 años de edad.

Si bien últimamente se ha planteado que los niños necesitan aprender a socializar (y este argumento es uno de los que más pesa en el ingreso al jardín infantil antes de los 3 años), algunos estudios han demostrado que la socialización sólo es posible después de que el niño ha tomado conciencia de sí mismo, pues sin ella no comprende su lugar entre los demás. Una vez se reconoce como individuo, el niño es capaz de recrear emociones e interactuar.

La autoconciencia aparece alrededor de los 18 meses y es la que da paso al posterior reconocimiento y recreación de las emociones.

Con ello -entre los 3 y 4 años-, el niño desarrolla progresivamente la capacidad de compartir e interactuar con otros, reconociendo sus propios deseos e impulsos y controlándolos para permitir su convivencia armónica y respetuosa con los demas.

Hasta ahora, puedo dar fe del desarrollo de la autoconciencia, pues me ayuda a entender por qué recientemente -a sus casi 18 meses- Irene ha empezado a responder después de su toc-toc en la puerta y nuestro “¿quién es?” con un “a niña” (la niña) o “ene” (Irene)… 😉 Un paso más en su diario crecer.

PD: El primer y el segundo video están incluidos en uno de los artículos recomendados en nuestra entrada de ayer. Vuelvo a enlazarlo el texto porque creo que vale muchísimo la pena leerlo.

PD2: Antes de que alguien lo comente: cuando hablo de socialización me refiero a la que tienen los niños fuera de casa, en un espacio público, sin desconocer ese primer contacto social que tienen, desde que nacen, con sus papás.

3 febrero 2011 at 06:40 8 comentarios

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