Archive for agosto, 2011

“Si Elmo tuviera dientes”

Aprender a lavarse los dientes no ha sido del todo fácil para Irene… y por lo visto es un paso complejo para más de un bebé, pues la entrada que escribimos al respecto hace algún tiempo es una de las más visitadas del blog. Pues bien, ya estamos en una segunda etapa: Irene protesta menos, coge por sí misma el cepillo (ahora con muñecos y más chiquito), usa pasta de dientes para bebés (sin flour) y tiene un ratón amigo en el que queda guardado su cepillo después de usarlo (un estuchito en el que venía cuando lo compramos). Mamá sigue lavándose los dientes con ella (a su lado), saludando y despidiéndose cada vez que llega al baño del ratón (acto que Irene repite con las palabras  “Señor Ratón”). Cada cierto tiempo, traemos a colación el ejemplo de otros pequeños lavándose los dientes (sus primos, sus amigos)… y últimamente encontramos esta inspiración. Ya lo hemos citado y ha dado resultados. ¿Conclusión? Todo ejercicio es válido y se obtienen mejores resultados con paciencia, claridad y amor. 😉

PD. Ya tengo unos videos semejantes de cuando Elmo aprende a ir al baño. Por casualidad vimos un par de ellos y el impacto en Irene dio para que quisiera sentarse en su tacita un buen rato y para que hablara algo así como día y medio de la cuestión. Luego los comparto y les cuento si los hemos retomado.

31 agosto 2011 at 12:24 3 comentarios

¡Gracias!

Hoy recibí una sorpresa preciosa… de manos de Victoria. Las imágenes, como verán, hablan por sí solas. Gracias, otra vez, Victoria. Teniendo el delantal en mis manos no me cabe la menor duda de que tienes el arte de tu mamá. (Ah, y esta vez sí van muchas fotos)

(Y sí, antes de ponérnoslo, nos encontramos con delicadezas como ésta)

😉

29 agosto 2011 at 12:43 4 comentarios

Nuestra fiesta de cumpleaños

Celebramos los dos años de nuestra chiquita el pasado sábado, con una fiesta alegre, concurrida y familiar. Irene se la gozó desde el principio y nosotros la disfrutamos casi tanto como ella: verla correr, jugar, sonreír, saltar, disfrutar de la compañía de sus amiguitos e, incluso, correr para recibirlos al llegar, fue un gusto sin límites. ¿Nuestras sorpresas? Que Irene disfrutara tanto su primera fiesta con pequeños y que se adaptara tan fácilmente a las actividades que hicimos con ellos: rondas, cantos, títeres y juegos parecían pan de cada día en nuestro hogar. 🙂

Esta tortita la hicimos decoramos en casa, para el 9 de agosto mismo: compramos la torta en una repostería cercana -se llama María Luisa y son algo así como dos tortas unidas por arequipe y dulce de mora en la mitad- y la decoramos con cobertura de chocolate (un tanto engorroso y más rendidor de lo que pensé al principio), chocolates recubiertos de dulce y gomitas. Era más pequeña de lo que parece y puedo garantizar que Irene no quería parar de arrancarle dulces antes de partirla. Jjajaj. (Valga decir que el crédito inspirador de este minino se lo debo a María José, la mamá de Leo. ;))

Ésta era la torta de la experta… con animalitos que tenían su réplica para cada pequeño… ¡de mazapán!

Irene preparada para apagar las velitas el mismísimo día de su cumpleaños.

Y aquí preparándose para apagarlas el sábado pasado durante su fiesta.

Por fortuna, a pesar de la lluvia, hubo espacio y amiguitos para jugar. 😉

Perdón por el exceso de fotos.

La torta de gatito es casera (y la partimos el día mismo del cumpleaños), la de la granja es obra de una mamá artista de nuestra ciudad. A favor de las dos debo decir que no quedó ni un pedacito. Intentamos que fuera una fiesta respetuosa con su entorno, pero no lo logramos al 100%: regalamos juguetes didácticos de madera, repartimos dulces típicos de nuestros país (pulpas de tamarindo, arroz soplado, gomitas y turrones), compartimos refrescos de flor de jamaica y té helado en lugar de gaseosas, tuvimos empanaditas con salsa picante, tortitas de carne con hummus, queso, aceitunas, galletas integrales con dip de queso y hierbas, y aceitunas como pasabocas; pero usamos vasos plásticos (de más de un uso si queremos) y pusimos algunos juguetes plásticos dentro de la piñata (u olla: esa estrellita de cartón que llenamos de sorpresas pequeñas para los niños y que se revienta a punta de palazos… un poco como el Tió catalán): los de madera nos parecieron peligrosos para que saltaran desde los aires. ¿Ideas para el año que viene? Tratar de coser mis propias bolsas de tela para las sorpresas y preparar muñecos de trapo para la piñata. ¿Alguna idea más?

25 agosto 2011 at 14:21 7 comentarios

¿Los terribles dos?

Contrario a lo que vaticina la mala fama de los dos años, Irene nos sorprende cada día con muestras de comprensión, madurez y autonomía. No sé si sean producto de su cartácter, de nuestros ritmos, de la atención que recibe, de la disciplina (sin golpes) que impartimos, o si sean llanamente un asunto de la edad. Lo cierto es que las rabietas o pataletas y los “yo quiero o no quiero” pronunciados con rebeldía van dando paso a oraciones quizás igualmente autónomas, pero cada vez más dulces y conciliadoras. ¿Será que los terribles dos no son tan temibles o que aún están por llegar?

Nuestra chiquita apenas cumplió sus dos años hace una semana, pero las típicas caracterizaciones de independencia, autonomía, frustracción y “pataletas” (con tirada al piso y todo, momentánea) aparecieron desde los dieciocho meses más o menos… para dar paso a una chiquita más tranquila, más madura, más comprensiva y más conciliadora a estas fechas. Y aclaro que eso no significa que Irene sea una niña dócil y calladita -lejos está: significa que ese temperamento autónomo y determinado que la caracteriza se explaya también en comprensión, dulzura y tranquilidad. Es más, quizás las palabras no sean precisas, pero lo que sí puedo asegurar es que nuestra hija parece adaptarse cada día, más feliz y más tranquila, a los ritmos de este hogar.

Los cambios

Las sentadas a comer, por ejemplo, ahora son menos dramáticas (pasábamos desde hace algunos meses por períodos de “corro alrededor de la mesa porque no me quiero sentar”. Ahora casi siempre Irene nos acompaña en su silla tranquila, después de un “no quiero” juguetón que se transforma en un “con el papá y con la mamá” amoroso que accede a comer con nosotros). Del mismo modo, hay menos protestas y gritos foribundos cuando oye un “no” como respuesta (igual, por supuesto, hay cosas que no le gustan, pero concilia más rápidamente… y, sobre todo, ahora atiende más razones, sin tirarse al piso “desmayada” como ocurría hasta hace apenas un par de semanas). También hay menos drama a la hora de salir del agua (que le encanta) cuando termina el baño y mucho menos al volver a casa después de jugar.

Es cierto que nuestra chiquita nunca ha sido dramática, pero también lo es que en los meses previos a que cumpliera los dos años, empezábamos a ver muestras de “no comprendo” o “entiendo pero prefiero esto”. Del mismo modo, tuvimos algunos baches de inapetencia, acompañados incluso de un amplio menú puesto sobre la mesa para ver qué quería  comer. Pasamos por dudas con respecto a la manera de aplicar la disciplina con amor y sin golpes (con intentos de “tiempos fuera”) y por sospechas -positivas- sobre la ayuda que podía brindarnos simplificar la vida (y especialmente la paternidad  -vuelvo a recomendar el libro de Simplicity Parenting… y si no, el club de lectura de Rachel sobre el libro (¡con resúmenes por capítulo), que pueden encontrar acá).

¿Qué puede ayudarnos a que no sean terribles los dos o los tres años?

No cantamos victoria -en cualquier caso entendemos que esa “rebeldía” de los dos y los tres años hacen parte de un proceso de maduración natural-, pero sí creemos que hay comportamientos y costumbres que pueden ayudar a que ese descubrimiento del yo y sus limitaciones sea menos complejo en los pequeños (y más amable para los papás).

En nuestro caso, creo que ha sido relevante el desarrollo del lenguaje de Irene. Sé que todos los niños lo llevan de manera diferente, pero siento que a estas alturas nuestra hija se expresa con bastante claridad, lo que facilita la expresión de sus emociones, de sus deseos y de sus “no estoy de acuerdo” (a veces se equivoca en las conjuugaciones, sigue hablando con mucha frecuencia en tercera persona cuando se refiere a ella y aún complementa muchas de sus oraciones con gestos -como muñeca, mano, para decir: “dame esa muñeca, papá”-, pero avanza y se expresa e insiste cuando ve que no le entendemos. Ahora, siento, es una niña que habla y quiere se le entienda. Y nosotros unos papás derretidos que queremos “charlar” con ella más y más).

También considero importante el eterno hablar y explicar. En casa le hemos hablado a Irene desde que estaba en la pancita (una razón, quizás, para que ella no pare de hablar y de verbalizar todo lo que hace -“me siento”, “casi me cae”, “la niña no quiere”, “vamos a la calle”, “quiero ir al parque”, “me voy a bañar”, “hace popo”, “se salió el chichí”, “los muñecos ya comieron”, “susto no” (ahora intenta, claramente, superar sus miedos solita, dándose tranquilidad) y un largo etcétera-) y eso se mantiene, con explicaciones que a más de uno le pueden parecer excesivas. Hubo un tiempo, no muy largo, en que parecía que le hablábamos a las paredes porque Irene en medio de sus llantos de protesta no lograba ni quería oír explicaciones. Hoy eso pasa algunas veces, pero cada vez menos. La explicación sumada a una clara (ahora más férrea) figura de autoridad en el papá y la mamá ayuda a que ella esté dispuesta a entender lo que tratamos de explicar.

Y ahí viene el otro punto que considero relevante: la disciplina de papá y mamá. No ha sido fácil encontrar el punto de equilibrio, pero siento que nos estamos acercando. Seguimos claros y firmes en que no se aprende con golpes, pero también nos inclinamos cada vez más a reconocer que tampoco se puede caer en la permisividad. Un tono de voz quizás más serio y definitivo (no gritos) y una reducción de alternativas nos han ayudado a ello. Y también los tiempos fuera: esos que aplicamos muy pocas veces (incluso con dudas), pero que han resultado definitivos para que Irene entienda ciertas limitaciones. Ahora, la claridad, las explicaciones y el amor nos ayudan un poco más en la “negociación” que implica educar y aprender por partida doble.

Recomiendo, en definitiva, la búsqueda de ritmos y de lenguajes conjuntos que extiendan puentes entre papás e hijos.  Las palabras nunca sobran, más si están llenas de amor y buena voluntad. También la búsqueda de lecturas diferentes sobre muchos de los dramas posibles entre chicos y adultos (sigo recordando con admiración y gusto esta historia de Armando y las piedritas atrapadas en las zapatillas de su pequeño). Ah, y los tiempos compartidos (esos en los que nos relajamos grandes y pequeños) son utilísimos. Finalmente, creo que ese cambio mágico que llega de la mano con la ma-paternidad es sólo el comienzo de un sin fin de años maravillosos… con todo y contrariedad. 😉

PD: Dejo como ilustración de este video la recreación de los “terribles dos” que hicieron, en su momento, los productores de una serie infantil de dinosaurios. Sé que puede recordarle más de un dolor de cabeza a algunos padres, pero también termina siendo relajante saber que hasta en los “muñecos” -como les dice Irene- se da esa transición (más terrible que en la realidad, sin duda. Jjajaj). La fuente, otra vez, es Bebés y más.

PD: Queda pendiente nuestro resumen de la celebración de los dos de la pequeña… que aún no se materializa: será este fin de semana en nuestro hogar. Por lo pronto, sí, hubo torta y canción y velita en casita con papá y mamá. 🙂

15 agosto 2011 at 08:38 6 comentarios

¡¡Felices dos años, mi corazón!!

Hoy, hace exactamente dos años, sentíamos que querías salir. Tus movimientos recurrentes en nuestra pancita, el corazón palpitante (que compartía ritmos con nosotros)… Has llenado nuestros días de amor, esperanza e ilusiones, haces brillar nuestro mundo con tus sonrisas. Eres nuestro sol. Así que será poca cualquier celebración. ¡Feliz cumpleaños, Irene! Eres el regalo más hermoso que nos ha dado la vida.

(Y éste, tu regalito. Ojalá lo disfrutes también cada día, chiquita. ;))

9 agosto 2011 at 08:47 10 comentarios

El silencio del amor

Mañana nuestra chiquita cumple 2 años (¡me parece increíble!)… los mismos que cumplimos nosotros de ser papás. Y aunque éramos papás también mientras te teníamos guardadita en mi vientre, Irene, esa paternidad no es igual a la que se experimenta cuando los hijos nacen… ni cuando crecen. Gracias por llegar a nuestra vida, chiquita. Hay amores silenciosos y otros ilustrados. Ojalá puedas sentir, vivir y entender este amor cada día de tu vida.

(Y debo decir que lo deja claro, aunque sea una pauta comercial.)

8 agosto 2011 at 14:12 2 comentarios

Tejiendo juntos: Gorrito para grandes y pequeños

Esta entrada será veloz. Estoy llena de tareas y con poco tiempo para pasarme por aquí. Pero los tengo a todos en mente… y trato de estar al día con noticias. Aparte de eso (que ya va siendo largo como introducción), quiero invitarlos a que se apunten al nuevo proyecto de tejido de Náhuatl: un gorrito de totoro (no sé qué es eso, pero sé que es un gorrito precioso). Las indicaciones sobre materiales y los primeros videos con instrucciones para empezar ya están disponibles en su web. Y puedo garantizar por mi propia experiencia que pueden no saber tejer, pero que siguiendo el paso a paso que tiene esta grandiosa mamá bloggera terminarán por tener el gorrito hecho por ustedes en sus manos casi sin darse cuenta. Así que sin más largas, dejo fotos y link para antojarlas (luego, cuando tenga tiempo, yo misma me pondré en la tarea de hacerlo). 😉

Las indicaciones sobre materiales, cantidades y demás, pueden encontrarse aquí (verán, incluso, que están especificados para todas las tallas. Es más, si se animan, quizás hasta hagan una para los peques y otro para los papás).

Y los primeros videos para empezar, acá (dejo algunas fotos en esta entrada. Los videos sí no supe cómo ponerlos… así que les recomiendo que los vean donde Náhuatl).

Ah, y para quienes no sepan muy bien dónde conseguir los materiales, Náhuatl también puede ayudarles: ella misma tiene kits para empezar. 🙂

Un abrazo (y gracias, Náhuatl). Es un proyecto lindísimo. Creo que en casa nos apuntaremos a hacer el de los grandes y el de nuestra pequeña de casi dos años (¡¡¡en menos de una semana!!!).

3 agosto 2011 at 06:06 4 comentarios


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