Archive for noviembre, 2010

Dientes, dientes, dientes…

De una salida progresiva y gradual de incisivos, pasamos a un ataque frontal de salidas de muelas. La buena nueva (aunque esa noticia también es grata para los avances de la chiquita) es que a diferencia del malestar y la irritabilidad que acompañó la asomada de narices de la primera de ellas, la llegada de dos nuevas muelitas simultáneas no han afectado en lo absoluto el ánimo de nuestra pequeña. Ni su apetito ni su sueño…

[Youtube=http://www.youtube.com/watch?v=WY8jr_qdQLs]
La mala nueva es que esos dientes traseros no se dejan “retratar”. No sé si sea un asunto de fotógrafa, de cámara -me falla la nuestra. Snif- o de modelo. Lo cierto es que puedo dar fe de que hay dos señoras blancas y grandes saliendo de las encias de nuestra hija, que se suman a su segundo incisivo inferior izquierdo. Ah, las señoritas nuevas, por cierto, vienen acompasadas a ese mismo lado, arriba y abajo. 😉 Y amenazan en convertir a nuestra chiquita en una nueva versión de Cookie Monster. Jajjaja

PD: Dos detalles más. Sobre aprender a dormir tengo una nueva hipótesis (que voy confirmando lentamente): Irene duerme más horas seguidas cuando se duerme por sí misma. Si se queda dormida en su última toma de pecho y yo la pongo en la cama, suele despertarse a medianoche (después de 4 o cinco horas de sueño). La madre regresa, la acompaña pero no la saca y la chiquita vuelve a caer en brazos de Morfeo. Pero si su sueño llega después de comer e ir consciente a la cama y caer profunda después de revisar ene veces que la mamá sí la acompaña, puede dormir hasta 10 y 11 horas de un tirón. ¡Y sin lágrimas! [Ha de tener que ver algo con que ya tiene casi dieciséis meses, ¿verdad?. Recuerdo las palabras de Karina así que borro la anterior afirmación para evitar que se rompa el hechizo. Por cierto, dejo otro video (entrevista preciosa) del Cookie Monster original. Me hace recordar mis épocas de infancia. [♥ Suspirito, suspirito, suspirito ♥].

Y uno de los clásicos: 😉

Por cierto, a la fecha completamos once dientecitos en la boca de Irene. ¿Un montón, no? Espero que eso la convierta en Food Master. Jjejej.

26 noviembre 2010 at 06:38 3 comentarios

Aprender a dormir

He hablado muchas veces del sueño de la chiquita: que se despierta en las noches, que no, que sigue derecho, que hace siesta en el día, que se queda sin cerrar los ojos en toda la tarde como si tuviera pilas, que se duerme tomando el pecho, que se duerme mecidita… Pues bien, hoy debo agregar que los niños sí aprenden a dormir… o, mejor, que necesitan hacerlo y que -ya lo he dicho- aprender a dormir como lo hacemos nosotros implica un proceso. Los caminos en cada chiquito son distintos. Así que expongo el último paso dado con Irene de la mano de Morfeo, pero no garantizo que se mantenga así per secula seculorum… De hecho, creo que faltan años para lograrlo. 😉

Puedo confirmar, sí, que nada está escrito en los bebés, que el sueño es un aprendizaje y que cada niño tendrá su forma de llegar a uno regulado y tranquilo. No me quejo de las noches que he pasado al lado de Irene, no me arrepiento de la cantidad de veces que me he despertado para estar con ella, no lamento haber cambiado mis noches desde hace casi dieciséis meses, pero sí lamento haberme sentido agotada una noche y haber creído (no fue el fin del mundo, pero tampoco tuvo sentido) que saliendo de su cuarto a las 5 a.m. por unos 20 minutos, después de hablarle (siempre lo hago y de eso no me arrepiento) y explicarle n veces que debía acostarse para volverse a dormir iba a dar resultado.

Sin embargo, después de tantas montañas rusas (y puede que ésta sea otra, pero que ahora estemos en un llanito), pareciera que nuestra chiquita ahora sí está aprendiendo a dormir por sí misma. ¿La fórmula? No creo que exista, aunque sí hay una serie de experiencias nuevas que parecieran haber surtido efecto en ella. Seguramente no serán la panacea para ningún otro pequeño, pero en esta casita -al menos- nos está ayudando a cambiar de nivel. ¿Y si volvemos a tener noches con muchos despertares? Intentaremos algo nuevo, acompañándola siempre… porque a dormir y a vivir también se debe aprender.

Te acompaño pero no te saco

Suena horrible, pero es literal. Ahora, cuando nuestra chiquita se despierta en las noches mamá acude a su lado y se sienta en la mecedora enfrente de ella. No más. Al principio le hablaba, le decía cosas, me acercaba a la cama y le ponía la mano en el pecho, etc., etc., etc. Y sí, ella se dormía (algunas veces después de protestar insistentemente, otras, sin más), pero casi siempre volvía a despertarse una hora más tarde o dos. Y nos pasábamos así toda la noche, cansada ella y cansada yo. En otras ocasiones, por supuesto, sí había períodos de 4 y 5 horas de sueño contínuo. Pocas veces también, había noche sin despertares… pero nada era ni predecible ni constante. Ahora, con el “te acompaño pero no te saco” (y, de hecho, ya tampoco hablamos) Irene se acuesta solita (curioso, ahora boca-abajo… o más o menos, porque la boca queda a un lado del colchón mientras el cuerpo descansa sobre el pecho) y se duerme por sí misma, rápidamente y sin protestar.

Por supuesto, llegar a este punto implicó cambios. Y protestas (sin lágrimas, pero sí con gritos que lo parecían) que terminaron cuando entendió lo que decía mamá. No fue un período largo: dos noches con uno o dos despertares cada una y protestas -que iban disminuyendo en cada despertar- por menos de cinco minutos. Aclaro, por cierto, que estas últimas no eran continuas porque la señorita gritaba y se quedaba callada para ver si la mamá reaccionaba (yo, por mi parte, ni me movía; me quedaba en una mecedora que hay enfrente de su cuna, en un vaivén adormecedor para las dos). El resultado, como  dije, fue que Irene terminó por “ensayar” lo que le había dicho taaaantas veces: acostarse y cerrar los ojitos para dormir. Cada tanto, nuestra niña se levantaba otra vez, silenciosa, para ver si mamá seguía allí. Una vez lo verificaba, volvía a acostarse calladita hasta que finalmente, convencida, se quedaba dormidita. Ahora, después de una semana, se despierta muy pocas veces (cuando lo hace, ya no ocurre siempre), se para en su cuna, me llama, entro a su cuarto, me siento en la mecedora y, casi automáticamente, ella se acuesta en su camita en la nueva posición favorita, cierra los ojos y pasados unos 15 minutos respira profundamente dormida.

No sé si dure esta nueva etapa. Es más, estoy segura de que puede variar en el camino, pero tengo la sensación de que nuestra pequeña ha entendido -por fin- que sí puede dormirse solita y que mamá y papá la acompañan y la aman y pueden estar de muchas maneras a su lado. Ahora no hay muelas asomando narices, ni niña irritable en el día (no digo que una cosa tenga que ver con la otra. [Inserte aquí cara de “no tengo ni idea” con elevación de hombros rapidísima])… circunstancias que seguramente ayudan para nuestras nuevas prácticas de buen dormir. Seguramente tendremos nuevos despertares y molestias y tomada en brazos y mecidas y conversadas y un largo etcétera cuando haya gripitas o muelas cansonas o pesadillas (ojalá no lleguen), pero esas malas noches las tenemos todos… así que no cuentan. 😛

Dejo constancia de esta nueva etapa para ustedes y para ella en el mañana. A lo mejor Irene tiene alguien “nietecito para mamá y papá” que la despierte en las noches para que le vele el sueño. Y si no lo tiene, pues habrá amiguitos y vecinitos duermiendo.

PD: Aclaro que cada uno de nuestros pasos responden a nuestros hábitos al dormir. Celebro también los dulces sueños de aquellos padres que comparten cuarto o lecho con los pequeños. Si les funciona, me parece perfecto. Esta chiquita, por su parte, parece que no prefiere el colecho. O no aprendió a dormir así. Ahora cuando siente algo cerca, manda patadas a todos lados, no sé si porque no le gusta sentir estrecho su espacio o si porque no le gustan para nada las cobijas (duerme sólo con pijamita). Sea una cosa o la otra confirmo lo dicho: cada niño y cada familia tienen sus hábitos y sus rutinas para dormir.

24 noviembre 2010 at 07:58 7 comentarios

El dominio de la cuchara

A los quince meses (y antes), con compañía, con algo de ayuda y con mucho amor los niños pueden coger la cuchara por sí mismos y comer. No sé si pueden hacerlo desde los 3 meses, los 9 o los 10. Sé sí que Irene ya no quiere que nadie le ayude y que, para lograrlo, toma en sus manitos su cuchara (que le damos desde pequeña cuando nos sentamos a comer) y la de los papás (con la que furtivamente íbamos tomando bocaditos para darle mientras ella hacía sus ensayos). A veces la suelta, a veces no y a veces coge las dos. 😉 Se ensucia hasta el pelo, pero efectivamente come algo por sí misma. Así que ¿si experimentar sirve para aprender, por qué no dejar que se ensucien y aprendan a comer?

PD: y a propósito de las herramientas para comer, ya salió del todo la muela (la primera)… y empezó a abrirse camino -desde hace una semana- el segundo incisivo inferior izquierdo. ¡Esta sonrisa cada vez se ve más completa! Y los dientes salen a granel. 😉

PD. 2: No se pierdan la primera parte que publicó Victoria sobre la Guía de la buena esposa. ¡¡¡Tiene foto que comprueba la existencia del manual!!! Y muuucha tela para cortar (además de que está en su costurero). Un abrazo a todos.

19 noviembre 2010 at 08:33 7 comentarios

¿Otra sensibilidad?

Antes de que naciera Irene (y antes de que un hijo cruzara mi mente) había oído decir que los niños tienen otra sensibilidad. Algunos dicen que ven ángeles. Otros, que sus ojitos ven más allá y les permiten hablar con hadas, duendes y un sinfín de seres fantásticos y amorosos que los acompañan y protegen. No sé si sea cierto, pero después de quince meses la cadena de casualidades que acompañan algunos gestos de nuestra chiquita me han sembrado la duda. ¿Azar? ¿Imaginación? ¿Realidad? ¿O pensadera a deshoras de los papás? 😉

Me encantará saber si a todos los papás del mundo les pasa. O si me estoy inventando bobadas. Lo cierto es que, por ejemplo, la semana que pasó, Irene -que adora los libros y los tiene siempre al alcance de la mano- persistió en traerme diarios y libros de poemas del español Carlos Edmundo de Ory. Hacía años que no los veía ni los tenía en mente. El viernes pasado el periódico me sorprendió con la noticia de su muerte.

Dos o tres semanas antes, mi muacho y yo (otra vez con los libros. Creo que es defecto de pasiones y oficios) pensábamos en cómo hacer la notación de un libro: Irene lo resolvió entregándonos la traducción de un libro antiguo que nos sirvió de indicación.

Podría seguir con ejemplos literarios (los textos de Miguel Delibes y de Saramago visitando nuestras manos y nuestras noches de lectura los días antes de sus muertes) o de otro tipo (los gestos premonitorios a una visita), pero quince meses de vida y unos cinco o seis de movimientos autónomos no dan para tanto. O mi memoria ya no los recuerda… o la vida ha continuado a un ritmo tan vertiginoso que lo nuevo o lo sorprendente lo hemos aceptado sin discusiones ni pensadera.

Honestamente creo, como Cortázar (“Las babas del diablo“, por ejemplo, son un ejemplo precioso de ello… al igual que cualquiera de sus cuentos, Julito bello), que hay un otro lado del cosmos que palpita y vive a diario, que sentirlo o vivirlo exige un orden distinto del espíritu… quizás más amoroso y menos racional, a lo mejor más natural que explicativo. No sé si acceder a él sea un privilegio de los niños. Sé, sí, que notarlo demanda antenitas de vilín y prevalencia de una sensibilidad más ingenua y espontánea. La capacidad de asombro, tal vez, que se les adjudica a los pequeños. Y ese sexto sentido que, por lo visto, se nos despierta cuando somos padres. Vivir a un ritmo menos laboral y más desprevenido ayuda muchísimo. Creo en definitiva que gracias a Irene vemos con otros ojos y vivimos a otro ritmo. 😉

17 noviembre 2010 at 09:08 3 comentarios

“Guía de la buena esposa” (Updated)

Anda circulando por la red una guía, supuestamente de 1953, que da pautas de cómo ser una buena esposa y que es utilizada (no sé si creada) para el video de promoción de una teleserie mexicana llamada Las Aparicio (que no he visto, pero que por lo que muestran sus trailers, tiene para dar y convidar). Una y otro no tienen pérdida, sobre todo como crítica o revelación, incluso en algunos casos, de las relaciones de pareja. Sea un caso u otro, les dejo un video con la tal guía, para reírse un rato y saber de qué va.

Fuente: La huella digital

[Y para completar y contextualizarla más, dejo también otro trailer de la telenovela -no apto para menores-, un tanto más realista. Dice, entre otras cosas, que no hay hombres que sepan amar a estas mujeres, que vivimos en un mundo donde ellos quedaron atrás y que una mujer entera no necesita una media naranja. Repito que no he visto la serie, pero que por lo visto tiene mucha tela para cortar. Espero, por cierto, que mi chiquita linda no quede ni a un lado ni a otro de la mitificación príncipe azul-princesa. Y dejo constancia escrita para que lo lea cuando crezca. :S]

PD.: No se pierdan la primera parte que publicó Victoria sobre la Guía de la buena esposa. ¡¡¡Tiene foto que comprueba la existencia del manual!!! Y muuucha tela para cortar (además de que está en su costurero). 😉 Un abrazo a todos. Y más: en Wikipedia hay una página interior de la guía (que me tomo prestada para pegar acá). Si le dan clic, puede verse mejor y hasta leerse. O-O

13 noviembre 2010 at 07:56 10 comentarios

Apareció el agujero negro de nuestro hogar

Hace algunos meses, en el blog Me crecen los enanos, leí un artículo sobre los agujeros negros que hay en las casas de los pequeños: esos espacios invisibles para los adultos donde van a parar la media que no aparece, el compañero del zapato solitario, la ficha inconclusa del rompecabezas y un sinfín de objetos y juguetes que tienen la mala fortuna de entrar en una dimensión desconocida del hogar. Pues bien, ayer apareció el famaso hoyo negro en nuestra casita y se ha tragado, no se cómo, mi teléfono móvil. ¿Alguna pista de dónde está?

No pretendo encender alarmas (aunque recuerdo que cuando leí el artículo sobre los “agujeros negros infantiles” me volví un poco frenética contando las fichas de los apilables de la chiquita y poniendo cuatro ojos encima de los zapatos y las medias). Sólo quiero contar la anécdota y recibir consejo, por si a alguien le ha pasado y ha revelado -al menos en su casa- el misterio.

Yo ya me paré en cuatro, caminé por cada rincón de la casa, revisé los zapatos en nuestros clósets, la basura, la lavadora, los cajones de la cocina, los rincones de los cuartos, la cuna, la canasta de la ropa sucia,… Supongo que aunque la lista sea larga hay un lugar oculto -¡justamente ése!- en el que yace silencioso (lo tengo en modo vibrador, por aquello de que cuando suene no despierte a la niña) el teléfono. Y, a diferencia de lo que ocurre con Wheezy, el pingüino chillón de Toy Story 2 que permanece oculto en un rincón de la biblioteca y que reaparece polvoriento justo antes de que la mamá de Andy organice una venta de garage en su jardín, aquí no habrá Woody que salte a salvar a mi teléfono trayéndolo discretamente “a la luz”. Así que me resigno amorosamente, asumo que mi chiquita tiene artes ilusorias, pues si no ha sido ella la que le entregó el patoaparato al hoyo negro ése, hay seres fantásticos en nuestra casa que hicieron la gestión. Me queda de consuelo que en mi política de no gastar más de lo que requiero tenía un teléfono sencillo muy lejano en aplicaciones y costo a un iPhone. 😉

… Aunque -no dejen de ver este video-, quizás, terminamos con un final feliz (y hasta famoso) como el de Wheezy, el pingüino… ¿será?

11 noviembre 2010 at 06:43 8 comentarios

Quince meses, pajarita

… Que parecen una vida entera. E infinita. 😉

Ya casi ni recordamos la vida sin ti: llenas cada segundo, con sonrisas, con gritos, con llantos, con mama y papa (como un mantra todo el día. A veces, incluso, los dices con acento en la última sílaba y a veces los fusionas en una sola palabra, mamapa), con toto, ñaña. Ahora señalas todo con tu dedito, haces -como cuando estabas recién nacida y dormías en el mismo cuarto con nosotros- un sinfín de ruiditos; gritas y pones cara de sorpresa -maliciosa- cuando oyes a los niños en el parque, te sientes dueña de ti y de tu mundo, tomas decisiones (¡!) y nos dices lo que quieres con gestos simples pero precisos. Mueves la cabeza hacia arriba y abajo o hacia los lados para decir “sí” o “no” y te encanta comprobar que te entendemos y que puedes, aunque sea un poco, determinar tu universo. Marcas tus puntos y ahora, con esa muelita más en ciernes, con noches más tranquilas y con siestas más precisas (y con parque a diario, con salidas juntos, con tardes de niños que te rodean, aunque sólo sean vecinos y lo hagan por un ratito) confirmo que eres un ángel venido de nuestras propias entrañas, que nos llenas la vida de sonrisas y esperanza y que a veces te molestas, sí, pero en un universo amoroso en el que las bendiciones sí existen y tú eres la más grande que ha recibido nuestra casa. No pasas de largo porla vida de nadie. Lo transformas todo a tu paso, nos enseñas, nos superas, nos retas, nos inventas.

Felices quince meses, chiquita! ¿O debo decir felices nosotros por tu vida? 😉 Un besito eterno de mamapa. Te amamos, hija.

9 noviembre 2010 at 22:24 9 comentarios

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