Posts tagged ‘huerta orgánica’

Menos cosas, más felicidad: la huerta orgánica un mes después

Estas fotos son de hace una semana, pero valen como muestra de los progresos de la huerta orgánica un mes después de la siembra.

Aparte de las recomendaciones mencionadas entonces, podemos agregar que los cuidados no son tan complejos como se piensa… al menos con una huerta familiar -es decir, pequeña- como la nuestra: riegos de agua períodicos (que en nuestro caso se dan casi todos naturalmente, por el nivel de lluvias del lugar-), control de plagas (que se dan, en buena parte, de manera natural: retirando las malezas con las manos, aprovechando fenómenos espontáneos como la alelopatía -que recomienda sembrar algunas plantas al lado de otras para que puedan protegerse mutuamente-) y riegos semanales con preparados orgánicos (que se indican en el capítulo 5 de este documento -que ya antes habíamos compartido). Ah, y un repaso con abono orgánico (que puede obtenerse de la composta) unos 15 días después de la siembra, acompañado de un ejercicio simple que ayude a que no se compacte la tierra: desmenuzar los gránulos que se encuentren en la superficie sin dañar los germinados que haya en el lugar. También es bueno aporcar (con la misma tierra) algunas partes de las camas -dependiendo de las hortalizas sembradas: las lechugas, en nuestro caso-: ayuda a que las hojas estén más tiernas.

Preparando el próximo terreno -en familia- ;).

Y ya. El progreso varía de acuerdo con las hortalizas sembradas: las acelgas, el cilantro, la yerbabuena y la menta ya dieron algunas hojas para el consumo, y las lechugas comienzan a tomar forma mientras los tubérculos se toman su tiempo para “cuajar”. ¿Los que me parecen más lentos? Hasta aquí las zanahorias, pero hay que abonarles que no sembramos plántulas sino semillas que apenas comienzan a germinar.

La experiencia ha sido linda… entre otras cosas porque tenemos una aprendiz de agricultura muy inquieta.

😉 Y unos papás orgullosos y entusiastas.

Así que, en resumen, estamos felices con nuestra huerta (a pesar incluso de unos pequeños hoyos de granizo que aparecieron en las hojas de las acelgas). Ya les contaremos cómo sigue… y cuándo volvemos a recolectar.

PD: Gracias a todos por sus consejos “dientológicos” que llegaron como respuesta a nuestro S.O.S. anterior ;). Hemos tenido mejores resultados últimamente, con  el método más simple de todos: dejando que la chiquita experimente con nosotros. Ahora, además de lavar sus dientes, nos los lava -al mismo tiempo- a uno de los dos. Reconozco que hay momentos en que intenta cepillarme hasta las amígdalas, pero ya estamos entrenados en mantener ánimo y sonrisas. Resultado: dientes más limpios, cero protestas y muchas sonrisas. 😉

PD2: No comentaré otros blogs esta semana porque andamos de viaje y con internet reducido. En cuanto volvamos a casa actualizamos noticias (y visitas). Besitos y abrazos para todos desde acá.

4 abril 2011 at 03:26 8 comentarios

Menos cosas, más felicidad: lo que comemos (y los cambios que hemos hecho al respecto)

Pensé en titular esta entrada “Somos lo que comemos”, pero me di cuenta de que si lo hacía, debía centrarme un poco en las razones de por qué comemos de un modo y no de otro, más que en los cambios que hemos hecho en los últimos meses en nuestra lista de mercado (algunos de los primeros están aquí). Y aunque haré un poco las dos cosas, quiero darle continuidad a las primeras entradas de Simple Living que escribimos en esta casita y que fueron el inicio del giro consciente y voluntario de muchos hábitos de nuestra familia que buscan más salud y bienestar individual y colectivo, opciones respetuosas con el medio ambiente, con nuestro cuerpo y con la vida que debemos proteger dentro y fuera de ellos. Así que el listado de lo que comemos y sus razones están aquí.


Imagen tomada del maravilloso blog Unearthing this Life, de Jennifer Pack.

Sé que mucha de la información que voy a compartir puede parecer extrema, pero creo que cuando te permites pensar un poco más lo que vas a meter en tu boca lo que parece exagerado se convierte en racional y práctico. Ya hablé en otra ocasión del documental francés Nuestros hijos nos acusarán y algunas de las razones por las que queríamos optar por una alimentación orgánica. Hoy voy contarles cómo lo estamos logrando. Nuestra huerta -que será proveedora en el futuro de nuestra mesa- aún no nos permite consumir nuestros productos (está creciendo), pero una tienda vecina orgánica (a la que voy andando, feliz) y nuestro vecino de huerta (también orgánico) sí que nos ayudan en el proceso.

No noto cambios en el sabor de los alimentos (al menos sustanciales), pero sí un gusto especial (que no sé si deba a sus sabores o a la tranquilidad de comer menos químicos). Sé que no puedo estar segura al cien por ciento de lo que como, pero hacer estos pequeños cambios y escogencias debe dar un porcentaje mayor de salud y bienestar. Aquí van nuestros nuevos cambios (y algunas de las razones para hacerlos). ¡Ah! Y contrario a lo que se piensa, el presupuesto no sufre una cantidad.

Cambios en nuestros alimentos

  • Panela y miel, en lugar de azúcar o dulce. Estoy comprando azúcar orgánico (aunque no endulzamos la mayor parte de lo que comemos), pero cada vez me inclino más a decantarme definitivamente por panela (dulce de caña de azúcar) y miel orgánicas (de hecho ya las consumimos, pero estoy pensando en eliminar el azúcar de plano). Si quieren conocer algunas razones para hacerlo, les recomiendo leer esto.
  • Mantequilla. Me había inclinado por margarina (de canola o soya) por recomendación de mi nutricionista, pero después de leer (y pensar) sobre la forma como se producen las margarinas (y, sobre todo, con qué granos -no orgánicos, modificados genéticamente, de desecho- se hacen), decidí definitivamente volver a la grasa de la leche de vaca. Es más, recuerdo la receta casera para preparar la mantequilla que alguna vez compartió Nahúatl en su blog y me dan ganas de intentarlo. Por lo pronto, prefiero las grasas animales y no los químicos de la soya y la canola. Quizás haya un mayor riesgo a infartos (dicen), pero prefiero morir de golpe que de cáncer, envenenado.
  • Verduras, hortalizas y frutas orgánicas. Ya no hay medias tintas (bueno, casi): estoy haciendo toda nuestra compra verde en una tienda de productos orgánicos. Sé que en Colombia no existe una regulación seria con respecto a qué es y qué no es orgánico, pero estoy segura de que son productos más confiables y cuidados que otros que ni siquiera tienen el título. Mi tienda se surte de las zonas rurales de la ciudad, con lo que además apoyamos con nuestra compra a pequeños campesinos. Le devolvemos un poco de verde a la tierra y de la damos más salud a nuestro organismo. Me han encantado, por cierto, los textos de Jennifer Pack, de Unearthing this Life sobre por qué escojo orgánico (1, 2 y 3. Están en inglés, pero ahora es muy fácil leerlo aunque no lo sepas: Google Translate hace magia en internet 😉
  • No más alimentos procesados. Me falta reemplazar la granola y los calditos de sustancia de pollo o carne (que usamos en lugar de sal para las sopas y carnes), pero creo que voy a eliminarlos definitivamente y a condimentar naturalmente todo lo que preparamos (también puede hacer cubitos congelados de caldo en casa… con pollo orgánico). En cualquier caso, la lógica es simple: si cambiamos nuestros ingredientes básicos (verduras, frutas,…) por productos orgánicos, pero continuamos consumiendo alimentos procesados que no lo hacen (salsas, mermeladas, chucherías, pastas,…), dejamos pendiente un área que bien podríamos cubrir. Lo hicimos ya con la pasta de tomate, con la mermelada (ahora es orgánica), con los chuches (que casi no consumimos, sólo comprábamos soplados de maíz y arroz artesanales que terminaba comiendo más mamá), con algunos condimentos (que antes comprábamos deshidratados, ahora son orgánicos),… No recuerdo más.
  • Carne de granja. Hemos incrementado el consumo de conejo y pollo (ambos de nuestra tienda de orgánicos) con unos resultados maravilloso. También incrementamos el consumo de pescados (aunque debo investigar mejor su procedencia para no incrementar los niveles de mercurio que comemos) y disminuimos el de carnes rojas. No pienso hacerlo definitivamente porque sé que en nuestro país la producción de ganado vacuno no es estabulizado (de establo), sino extensivo (en grandes potreros de pastos en los que se mueven a su antojo). No es muy positivo en términos de conservación de bosques y en relación con las semillas que se utilizan para los pastos (probablemente modificadas genéticamente), pero es menos dañino que lo otro. Aspiro a inclinar la balanza en el futuro más hacia las primeras opciones (por cierto, el mito de que el conejo -que me daba una tristeza infinita comer- era una carne dura es falso. ¡Hemos encontrado unas recetas estupendas! -al chilindrón, a la valdiviana,…-, que sólo nos piden marinar un poco la carne en yerbas con agua y vinagre. Y desde entonces me pregunto: ¿cómo no lo habíamos hecho antes?).
  • Huevos y quesos orgánicos. De nuestra tienda vecina. Quizás sean más pequeños, pero son más amarillosos, sabrosos, cremosos y saludables.
  • Arepas en lugar del pan. He hecho mi intento de pan casero con casi ningún éxito. Quizás buena parte del fracaso se le deba al horno que tengo… o mi no capacidad con las harinas. Haré un intento luego. Por lo pronto, nuestra opción será mayoritariamente la típica de nuestra región: arepas caseras de maíz apilado -blanco, amarillo, de mote, de chócolo. Son económicas y naturales. No sé si termine por pensar en prepararlas en casa -tendría que encontrar un maíz confiable-, pero por ahora ésa es nuestra opción.

Ahora, supongo que muchos se preguntan si estos cambios no alteran de manera considerable nuestro presupuesto. La verdad es que no: como casi todos los productos no son procesados, se eliminan costos; además de que sé que el pequeño incremento que tengamos irá a los bolsillos de los campesinos (más que al dueño de la tienda). Además, si se siguen pautas para ahorrar dinero, seguramente notarán que no es un sobrecosto invertir acá (mejor salud, menos médico, para empezar). Y es comercio justo… y saludable, además. ¿Quieren ensayar? Estoy segura de que no se arrepentirán.

[Quedo debiendo noticias otros cambios en nuestros hábitos de consumo.]

😉

19 marzo 2011 at 09:27 4 comentarios

Menos cosas, más felicidad: huerta en casa

Hace algunas semanas escribía sobre la huerta orgánica y, muy especialmente, sobre su montaje, requerimientos y cuidados básicos. Hoy quiero compartir una alternativa de siembra en casa, un poco más sencilla y menos exigente, más viable -por lo visto- para el cultivo de hierbas aromáticas.

Y en este caso, dejaré que las imágenes hablen más. Éste fue el resultado tras la siembra:

La propuesta incluye el reciclaje de recipientes (en este caso usamos un envase no retornable de gaseosa, transparente), a los que se les adecúan algunos orificios donde se siembra la planta que queramos cultivar. En este primer intento, sembramos plántulas (si quieren producirlas ustedes mismos, en almacigos, recomiendo que vean al video incluído aquí). Creo que es mejor hacerlo con plantas ya germinadas para facilitar la producción. Usamos, en esta ocasión, apio -medicinal- y lechugas, con un éxito total en el primero y sólo un resultado a futuro con el segundo (de ahí mi recomendación de que se use para hieras aromáticas más que para hortalizas. Si quieren intentarlo con ellas, quizás otro tipo de recipiente se preste más).

¿Qué cuidados requiere? El uso de tierra abonada o humus (que se puede producir en casa, con la recuperación de desechos orgánicos y la implementación de una pequeña compostera -con lombrices californianas, en un piso o apartamento, se daría estupendamente. Añado al final un video nuevo al respecto. Ya en otra ocasión habíamos puesto otros que también pueden ser útiles para hacerlo-), agua, aire y sol. Nada más. No hemos lidiado ni con animalitos ni con plagas ni con nada (si fuera necesario luchar con ellos, usaríamos las mismas alternativas orgánicas planteadas en nuestra entrada sobre la huerta orgánica).

¿El resultado después de tres semanas?

Los orificios los hicimos con un bisturí… y con los resultados obtenidos, vamos a buscar nuevos recipientes para sembrar algunas hierbas más (romero, albahaca, menta, yerbabuena, orégano, cebolla larga…).

Dejo el video sobre la lombricomposta. Espero que se animen. Sé que más de uno de ustedes ya anda en el proceso. ¿Sugerencias, consejos?

😉

Saluditos,

A.

16 marzo 2011 at 09:00 9 comentarios

Menos cosas, más felicidad: La huerta orgánica

Nuestra lista de cosas por hacer empieza a reducirse: este fin de semana hemos sembrado por primera vez una huerta orgánica. El proceso ha sido menos largo de lo que pensábamos, pero creo la reducción de tiempos se debió, en buena parte, a que teníamos a la vuelta de la esquina un experto con todos las herramientas básicas, además de conocimientos y consejos oportunos para ayudarnos. Y aunque nos anticipamos algunos días a la luna menguante, confío en que habrá mucho verde para comer. Aquí va un pequeño resumen de la historia con datos importantes para tener en cuenta. Sigo convencida de que éste es un proyecto hermoso que todos podemos ajustar a nuestras condiciones: si lo hacemos, le daremos una manito invaluable al planeta y a nuestros cuerpos.

Intentaré no alargarme en detalles para no hacer una entrada kilométrica. Estoy segura de que en el futuro, a medida que crezca la huerta y nuestra experiencia, publicaremos información complementaria que sea de utilidad. Del mismo modo, creo que los comentarios que puedan generarse en esta entrada ahondarán en temas que parezcan superficiales. Ah, y no duden revisar los textos publicados anteriormente (en la categoría de Simple Living) relacionados con las huertas (urbanas y rurales): para nosotros ha sido una información relevante. Les recomiendo especialmente el texto sobre la fertilidad de los suelos (precioso) y la composta y el de huertas familiares (sembradas directamente en la tierra -en camas con siembra separada o en cultivos biointensivos– o en terrazas  o balcones -usando macetas u otro tipo de recipientes-). Hechas las aclaraciones, comienzo con nuestra puesta en marcha.

La preparación del terreno

Nuestra huerta está sembrada en una zona rural de la ciudad en la que vivimos, a unos 30 minutos de casa, en un terreno con condiciones climáticas y de suelos propias de una zona tropical. Su temperatura promedio oscila entre los 15 y los 21 grados durante el día y un poco menos durante la noche. Cuenta con buenas precipitaciones de agua (que varían su periodicidad, con épocas más secas o más lluviosas dependiendo de los meses del año) y con muy buena luz natural.

Ahora, si bien era un terreno que no había sido cultivado -al menos en los últimos 15 años-, requirió de una preparación que garantizará la existencia de materia orgánica y, con ello, la calidad y viabilidad de la tierra para la siembra. Éste es un detalle fundamental en la agricultura, pues hace la diferencia entre un suelo vivo (granuloso, negro, rico en bichitos macros y micros y, con ello, en potasio, fósforo y nitrógeno) y un suelo seco (con la tierra apelmazada en capas, sin animales y, usualmente, enriquecido con químicos de manera artificial). Al respecto les recomiendo un par de videos: el documental francés de 2008 Nuestros hijos nos acusarán (Nos enfants nous acusseront) y un video (que vale sobre todo por su audio) sobre la diferencia entre productos químicos y orgánicos (y su incidencia en el suelo). Éste último es de un foro de agricultura orgánica de Univisión. Anexo los dos:

[Youtube=http://www.youtube.com/watch?v=5mWEcVnThcQ]

Ahora, ¿cómo preparamos el terreno? Disponiendo sobre él a lo largo de varios meses el desecho del corte del pasto del área circundante. Para la composta (también llamada compost) se recomienda agregar además desechos de alimentos y estiércol de animales herbívoros (no de perros, gatos o humanos), pues estos aportan otro tipo de nutrientes a la tierra. Si bien éste no fue nuestro caso, la persistencia en la adición del pasto, el movimiento constante de la tierra (que se volteaba cada cierto tiempo para una mejor distribución de la materia orgánica) y la ayuda del agua y el sol completaron la operación. Adicionalmente, se agregaron microorganismos antes de la siembra (en el momento en el que se trabajó la tierra para distribuir los caminos y las camas), siguiendo las indicaciones de nuestro vecino bioagricultor.

Dejo dos videos que ejemplifican cómo puede ser la operación de limpieza y preparación del terreno:

Para detalles complementarios sobre nuestra experiencia, procedo con preguntas y respuestas rápidas:

¿Qué herramientas se utilizaron? Básicamente, pala y azadón. También pueden ser útiles un tenedor gigante (perdón, agricultores, por no saber cómo se llama, creo que es horca), un machete, un rastrillo y una carretilla.

¿Cuál fue el área sembrada? 4.5 por 6.8 metros (para un total de 30.2 metros cuadrados de área). Esto incluye las camas (5 en total, de aproximadamente 3 metros de largo por 80 centímetros o 1 metro de ancho), los caminos entre ellas (necesarios para limpiar, sembrar, regar y recoger la siembra) y una U circundante que sirve para las plantas medicinales y aromáticas (orégano, anís, cidrón, ruda, yerbabuena y perejil), además de otras que hacen las veces de barrera (penca sábila, hinojo -que se deja en maceta, pues sus raíces son muy invasoras- rosa amarilla -medicinal, no la rosa típica de San Valentín- y caléndula). El romero -protector fundamental de la huerta orgánica según nuestro vecino, pues ahuyenta con su olor muchas plagas de la huerta- se sembró en una esquina de cada cama.

¿Qué otros elementos complementarios se utilizaron o tuvieron en cuenta para el terreno? Compramos orillos de árbol en un aserradero cercano, anchos y gruesos, para proteger las camas y evitar el desmoronamiento de la tierra abonada. No fue necesario agregar arena a las camas, pues el terreno lo tenía de antemano (un arroyo de una cuneta cercana la había traído hasta allí), pero se recomienda hacerlo porque evita el exceso de humedad y facilita la filtración del suelo. También usamos troncos para proteger la huerta en el costado de la cuneta cercana, malla para cerrarla (se cerró el lote entero donde se encuentra la huerta) y evitar la visita de animales curiosos, y algunos tubos que nos ayudaran a llevar el agua a la cuneta y evitar arroyos producidos por excesos de aguas lluvias. En el futuro, conseguiremos una caneca que pondremos en el desague de los tejados de la casa para aprovechar el agua lluvia (no clorada) tanto en el riego (no muy necesario por la pluviosidad de la zona) y en la fabricación de riegos preparados y fermentados para combatir de manera orgánica las plagas (les recomiendo, y mucho, este documento. En el capítulo 5 hay varias fórmulas para preparar -sin químicos- este tipo de riegos).

La siembra

Confieso mucho desconocimiento al respecto. Contamos con la ayuda de nuestro vecino y de un campesino amigo, los dos muy curtidos en el tema y buenos consejeros. Utilizamos, en general, plántulas (sembradas y germinadas previamente en almácigas -una instrucción en video de cómo se preparan estas, puede verse aquí-), pues con ello hay más probabilidades de supervivencia de la planta. Estas se ubicaron calculando el área de crecimiento que tendrían (una distancia menor en hortalizas como puerros, cebolla de rama, zanahoria, remolacha y apio, y mayor en otras como brócoli, coliflor, repollo y lechuga), agrupadas según sus especies, conveniencia de vecindad (algunas plantas requieren más nitrógeno que otras, por ejemplo) y tiempo de producción. Para futuras cosechas, sabemos que debemos hacer rotación de cultivos para evitar el empobrecimiento de la tierra (abonaremos también, por supuesto con el producto de nuestra compostera vecina a la huerta). También se puede hacer cultivo intensivo (hay documentos referenciados al principio de esta entrada), pero no fue nuestro caso… está claro que estos son apenas nuestros inicios.

Aspectos que se deben tener en cuenta

La luna (se recomienda sembrar en luna creciente o menguante, no en luna llena ni en luna nueva. Adjunto al final un video -más audio que cualquier cosa- con una explicación al respecto), la combinación de hortalizas (el documento recomendado para los riegos precisa un poco más al respecto), los caminos para trabajar, la recolección del agua (necesaria para humedecer el terreno y hacer los riegos), la composta, los riegos naturales contra las plagas (no químicos, por favor), el desyerbe manual constante. Un consejo interesante, que aún no hemos puesto en práctica, es proteger las áreas no sembradas con restos de corte de plantas (pasta, hojas, etcétera), pues éstas no permitirían que brote maleza al tiempo que abonarían las camas un poco más.

Dejo el video (en dos partes) sobre los cambios de la luna y me despido porque tengo una chiquita que me espera. Finalizo diciendo que ésta es una experiencia maravillosa, pues enseña, da esperanza y nos permite ver en vivo y en directo la generosidad de la tierra. Los frutos, grandes o pequeños, sólo serán un goce más. 😉

23 febrero 2011 at 09:51 12 comentarios


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