Posts tagged ‘viaje’

Hogar, dulce hogar

Hemos vuelto después de una semana en familia, fuera de casa, y tras un recorrido -desastroso- por las “carreteras” de nuestro país. Confirmo que prefiero los viajes en avión para grandes distancias… mucho más después de pasar casi el triple de tiempo esperado en la vía, con una chiquita a bordo, paciente y amorosa, pero cansada -AGOTADA-, sudorosa y con ganas de comida de verdad. Es cierto que la ola invernal que golpea por estos días a Colombia ayuda con derrumbes e inundaciones, pero también es un hecho que somos un país terriblemente administrado, rico en recursos naturales y humanos (bueno, algunos -dejen por fuera los politiqueros, los ladrones y los corruptos-), pero pobrísimo en desarrollo y conciencia social.

Nos cansamos de ver escenas desoladas de grandes extensiones de tierra llenas de agua, de casas tapadas hasta los techos y -sobre todo- de gente sentada en el piso mirando a la nada, sabiendo, sí, que lloverá y les robarán más. Quisiera estar de ánimo para hablar sobre cómo sobrellevar los contratiempos en la carretera dignamente, pero confieso que no los tengo por físico cansancio y por pereza. Habrá sitios a los que no podamos llegar con alas, pero aquellos a los que sí, lo haremos gustosos (al menos mientras estemos en Colombia… porque, siento decirlo, nuestras vías terrestres sólo sirven para la inmovilidad). Por lo pronto, mi única recomendación es llenarse de paciencia, de agradecimiento por las seguridades con las que contamos (hogar, DULCE hogar), de amor y de solidaridad.

¡Uff!

(Anoto que las imágenes adjuntas son las pocas que pudimos tomar. El río que se ve en ellas está cansado de que le roben tierras, de que se asienten en sus riberas, de que le talen los árboles que deberían proteger su cauce y de que le habrán compuertas a las represas sólo cuando estas ya no dan más -en plena época de lluvias, por supuesto-. La naturaleza siempre reclama sus caminos, ¿es algo tan difícil de entender y respetar?).

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25 abril 2011 at 14:42 3 comentarios

Para cerrar el año

… Salimos por unos días de este hogar. Pero volveremos.

Hombre mirando pájaros. Obra de Rufino Tamayo.

Mientras tanto, nos abrimos un poco más al mundo y a la familia de carne y hueso, sonreímos con 12 dientes (¡una nueva muela se suma a las tres reinantes!), caminamos bailando, saltamos aunque no despeguemos nunca los pies del suelo, dormimos en parajes ajenos, reconocemos animalitos que vimos hace algunos meses, jugamos “chucho” (escondiéndonos), repetimos -felices- palabras silibantes (que empiezan por ffffff, ssssss, chhhhh, yyyyyyy)… En resumen, crecemos jugando y viviendo, y aprendemos (también nosotros, tus papás obnubilados y enamorados) y volamos. No necesitamos alas, sólo sueños. Y buenos amigos y lectores que merecen un fuerte abrazo y un gran beso de Navidad. Prontito nos vemos. 😉

22 diciembre 2010 at 11:37 8 comentarios

De nuevo en casa: ¡Qué rico viajar!

Pasó Semana Santa y con ella una pequeña escapada en familia para descansar. Esta vez el escenario fue totalmente distinto a nuestros destinos anteriores con Irene: verde, rupestre y MUY tropical. Ella confirmó -cuando menos hasta ahora- que  todos los escenarios, climas y tiempos son de su agrado: no hubo trasnochos ni desvelos por los cantos de los perros, los gallos, los grillos, las vacas, los sapos, los caballos… Tampoco hubo quejas por el calor o los mosquitos. Por el contrario, hubo, sí, muchas risas por la amplia y novedosa variedad de ruidos y una chiquita cada día más despierta. ¿Conclusiones? Las mismas de nuestras anteriores escapadas: los niños son totalmente adaptables y disfrutan, si lo hacen también sus padres, con los cambios y los retos de los viajes. 😉 Como la más pura campechana, Irene gozó con nuestro verde montañoso y tropical. Un destino para regresar.


5 abril 2010 at 14:57 8 comentarios

Los primeros viajes de Irene

El cambio de año trajo también novedades a la vida de Irene: sus primeros viajes como bebé. Tanto para ella como para nosotros ésta fue una experiencia maravillosa, a pesar de los temores que teníamos. Concluí, al menos por ahora, que los bebés  son adaptables si se sienten tranquilos y que los cambios nos cuestan más a nosotros, sus padres, que a ellos. Pienso que si soy capaz de recordarlo, puedo ayudarle a Irene a que avance más felizmente en esta ruta de aprendizaje. Y que nosotros podremos hacer con más frecuencia algo que nos encanta: viajar, conocer culturas y sitios y aprender.

El periplo (corto, en cualquier caso) inició hace exactamente un mes: partimos en avión, en un vuelo de 45 minutos, para pasar navidad con la familia y tener una estadía de diez días en el frío de la que hace poco tiempo fue también nuestra ciudad. El plan no suponía mayores inconvenientes: Irene había cumplido sin ninguna complicación o enfermedad sus primeros 4 meses y nos instalaríamos en la casa de su tía-madrina, lo que facilitaba considerablemente la estadía.

Mis únicas preocupaciones entonces fueron una gripa que me había atrapado dos semanas antes, pero que remedié eficientemente con droga homeopática, y las variaciones en las rutinas de sueño de la chiquita. Lo de la gripa no pasó a mayores y claramente mis defensas pasaron al organismo de Irene por la leche materna. En cuanto a los cambios en la rutina de sueño, sí se dieron, pero de modo parcial: Irene entendió que estábamos en paseo y asumió los cambios como parte del mismo. Una vez llegó a su casita y volvió a su cuna, retomó su horario habitual.

Primero: el vuelo

Y antes del mismo el equipaje, nuestro mayor reto. Siempre he deseado viajar con las manos vacías, casi que apenas con dinero y documentos, pero la realidad es que nunca he podido hacerlo (curioso, porque justo anoche vimos la película Up in the Air, que tiene imágenes muy reveladoras sobre el equipaje, los aeropuertos y los viajes. Dejo el trailer, relacionado con ello).

Y sigo.  Si bien no llevamos todo lo que recomiendan algunas páginas en la web para el viaje de un bebé -de hecho no revisé páginas si no hasta ahora que escribo sobre ello… y siquiera no lo hice porque creo que exageran un poco en cachivaches y atuendos-, terminamos con más peso del que hubiera querido. Quisimos viajar ligeros de equipaje, pero con un pequeño eso no es fácil, no sé si por pura sobreprotección de padres o por verdaderas necesidades de bebé.

Lo cierto es que sí pequé en algunos excesos (pude haber llevado menos ropa, por ejemplo, pues empaqué en total unas 15 mudas para Irene, descontando que teníamos lavadora disponible y que Irene no suele necesitar más de una muda al día, más su pijamita, claro está). En otras cosas no: empacamos sus pañales de tela con unos insertos extra, que fueron utilísimos.

En el equipaje incluí también el corral (que hizo las veces de cunita) y un coche liviano (maravilloso, pues es más compacto y fácil de llevar). El primero no sería necesario si tuviéramos colecho, pero como no es nuestro caso, fue un buen recurso. Descubrí, además, que al ser menos pesado que su cuna, la misma Irene se mecía entre sueños, despertándose mucho menos. En cuanto al cochecito, fue una alternativa maravillosa para nuestras caminatas habituales, así como para desplazarnos en el aeropuerto y para tenerla cómodamente en visita, pues a ella le encanta estar en su espacio, mirar todo y chismociar. Llevé así mismo el sling de bolsillo (portabebés), aunque no lo usamos, pero no me arrepiento de haberlo incluído porque es tan ligero que ni se siente.

Aparte de eso, empacamos muy poco: sus utensilios de aseo (toalla, pañitos húmedos, shampoo y jabón) , acetaminofén para niños en gotas, trapitos, cobijas y baberos (2 de cada uno), un cascabel y un muñeco. No más. Cero teteros y leche de tarro (felizmente no los ha probado nunca) y cero chupa (ídem). Ah, y sí muchos regalos navideños para la familia, estratégicamente escogidos para no ocupar mucho espacio en la maleta (ultraliviana y mediana).

Ahora sí, el vuelo: lo escogimos en la tarde para tener tiempo de sobra para arreglarnos. Como el trayecto era corto, no había problema en ello. Tuvimos en cuenta, sí, el desplazamiento al aeropuerto, que para el caso de nuestra ciudad implica unos 45 minutos de tránsito por carretera, que, sumados a la hora de antelación requerida para registrarse en el aeropuerto, supuso un total de un poco más de dos horas pre-vuelo. El trayecto al aeropuerto lo hicimos en un bus dispuesto para ello, sin ningún inconveniente particular. La mayor parte del tiempo, Irene lo pasó durmiendo y en el vuelo, intencionalmente, le di pecho para evitar dolor en sus oídos por los cambios de presión propios del vuelo. En total, gastamos cerca de 4 horas entre casa y casa (es decir, en el tiempo pre – durante y post-vuelo) y contamos con transporte cómodo para el equipaje (que es un punto a tener en cuenta, por el tamaño de la maleta y el corral, que sumaban dos piezas). Antes de viajar y previendo la amamantada de la pequeña, tomé buen líquido. Y ya. Todo lo relacionado con la documentación, el dinero, los portaequipajes y otros estuvieron a cargo del papá. Irene recibía pasabordo como “infante” y debía presentar un documento de identificación (que para el efecto fue su registro civil y su carné médico).

Segundo: adaptación al “nuevo” hogar

Haber llegado a una casa de familia facilitó mucho las cosas para todos. Quizás por ello algunos sitios recomiendan como lugares de hospedaje más convenientes para padres con bebés hostales y apartamentos. Del mismo modo, con respecto al sitio recomiendan destinos con playa y casas de montaña para pasar las vacaciones. ¿Nuestras ventajas? Que estuvimos más relajados, que no tuvimos que desplazar el equipaje durante la estadía y que contábamos con recursos extra para movernos en la ciudad.

Lo otro, que representa una diferencia significativa con un viaje de ocio, es que nuestras vacaciones eran de visita a la familia, por lo que no íbamos realmente a turistiar: estuvimos todo el tiempo en espacios conocidos y en actividad familiar. Para Irene fue interesante, no sólo porque estuvo con la tribu (como dice Laura Gutman) y amplió su vida social, si no también porque amplió su espectro espacial y temporal, con alteraciones temporales de horario y espacios que seguramente le ayudarán a ser flexible y tolerante en el futuro. No exageramos en las variaciones, pero las que tuvo fueron un buen primer paso para comenzar.

Tercero: el sueño

Dentro de esos cambios, el más temido era el de su patrón de sueño, pues hasta entonces nuestra chiquita se había portado como un relojito, reclamando su camita a las seis de la tarde, puntual. Desde el primer día, sin embargo, las cosas se modificaron, pues la novena navideña en familia y su presentación “en sociedad” lo exigieron.

¿Cómo lo hicimos? Manteniendo su horario de comidas, vistiéndola con su pijamita y partiendo de la base de que podía protestar, se podía dormir y se podía cansar. Para nuestra sorpresa sí pasaron todas las anteriores, pero sin sobresaltos ni molestias. Irene misma fue poniendo su ritmo y fue amoldándose a la novedad. La primera noche fue un poco más intensa que las otras (y ella estuvo un tris más alterada), pues tuvo presentaciones, saludos, cariños, flashes (cuál estrella de cine), voces y un largo etcétera multitudinario, pero ella después de unas cuantas protestas y extrañamientos se adaptó sin dificultad. Eso sí, respetamos sus necesidades y cuándo veíamos signos claros de cansancio, hambre o estrés, buscábamos un lugar más silencioso o confortable para que pudiera descansar. Así, aunque la hora de dormir varió levemente, no ocurrió lo mismo -por fortuna- ni con sus tomas nocturnas ni con su despertar (la foto, valga decirlo, es de esta semana, ya en casa, en otra de las “trasnochadas” de la chiquita: visitar los alumbrados de nuestra ciudad).

Finalmente, recomendaciones

La experiencia y los logros conseguidos en este primer viaje nos sirvieron de punto de partida para un paseo de cuatro días a la montaña, en una casita campestre muy cerca de nuestra ciudad donde ya hemos estado, pero no habíamos pasado la noche con Irene. El clima, nuevamente, era frío, pero las comodidades se repetían, con la única variante de que estábamos solo nosotros tres y que el transporte era terrestre. Al ser un trayecto de media hora (que ya habíamos hecho antes con ella), esa no fue niguna dificultad. En cuanto al equipaje y el sueño, repetimos y mejoramos lo aprendido en Navidad: llevamos menos cosas y seguimos las señales de la pequeña a la hora de descansar.

¿Aprendizajes de este nuevo viaje? No ser tan sobreprotectora con la chiquita: temí más por la temperatura en las madrugadas  -sobre todo en sus manitas- y eso no me dejó dormir plenamente. Olvidé, por lo visto, que la primera en notar cualquier incomodidad sería Irene y que, por supuesto, no se la iba a aguantar así no más. Espero que no me vuelva a pasar y que cubierto lo básico (para el caso, cobijas suficientes, pijamita térmica, gorro y guantecitos), me pueda relajar.

En cualquier caso, seguimos aprendiendo y ahora debemos comenzar a prepararnos para otras aventuras (que vendrán, seguramente, antes de fin de año), con desplazamientos más largos y con estadías en lugares no tan familiares como estos. Irene ya estará comiendo otros alimentos y probablemente gateará o caminará. Por ello, no descarto algunas recomendaciones extras, que quizás también a ustedes les puedan ayudar: elegir bien el destino, de acuerdo con las necesidades y capacidades de los niños, tener en cuenta asuntos relacionados con el transporte (si el viaje es en avión o en carro, el tiempo de duración de los desplazamientos, la estadía en las terminales de transporte o aeropuerto), el equipaje, tener al día las vacunas, viajar con un seguro médico y visitar al médico para mayor seguridad. Esas y otras recomendaciones muy útiles para viajar pueden encontrarse acá, acá (si es en carro, especialmente) y acá. Ah, y son muy bienvenidos todos sus consejos.

😉

19 enero 2010 at 20:45 6 comentarios


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