Posts tagged ‘ser padres’

La maternidad nos hace más sensibles

Y no lo digo por ningún estudio (que seguro lo hay): lo digo por experiencia. Desde que nació Irene siento un cambio en mi espíritu, fundamental: ser madre ha potenciado de una manera indescriptible mi sensibilidad. Y, ojo, no hablo de sensiblería (aunque muchas de las imágenes que me conmueven pueden parecer estereotipos), sino de una capacidad de conmoverme (según el DRAE, de “Perturbar[me], inquietar[me], alterar[me], mover[me] fuertemente o con eficacia”) que me era ajena antes. Ya había oído hablar de ello, pero sólo lo entiendo ahora. ¿Nos pasa a todos? ¿Les pasa a ellos? ¿Se mantendrá en el tiempo?

La conmoción puede llegar de diversas maneras: ante un pequeño que vive en la calle, una madre embarazada (si está en evidentes malas condiciones, la impresión es dolorosa), una noticia violenta, un comentario -cualquiera- sobre una familia, un recuerdo, un pensamiento, una mirada de mi hija, una sonrisa… Y esa transformación ocurre gradualmente, acentuándose.

No sé si le pasa a todo el mundo, pero me ha pasado a mí, tan racional y práctica. ¿Cómo, cuándo, dónde? En módicas cuotas diarias que empezaron a invadirme desde el inicio mismo del embarazo y que se incrementan en cualquier lugar con las sonrisas y quejos de Irene, con sus cambios, con sus progresos, con cada uno de sus gestos. Y, aclaro: no creo que sea simplemente un asunto de hormonas; pienso que es la evidencia de un hilo invisible que nos une a ese pequeño ser que llega, nos cambia y nos hace darnos cuenta de lo que es ser hijo, ser padre y ser mamá.

Por dentro y por fuera

En definitiva, los cambios que sufre el cuerpo al albergar un hijo y ayudarle a “aterrizar” en este mundo son apenas un leve reflejo de lo que se transforma en nuestro espíritu. Creo, incluso, que esos cambios ni siquiera son necesarios: conozco madres de hijos adoptivos que establecen también ese vínculo del que hablo, ese que acalla la razón y potencia el corazoncito. No sé si a unos los toca más o menos, pero sé que está y que “perturba, inquieta, altera y mueve fuertemente o con eficacia” la vida.

No tengo cifras, no tengo estudios (bueno, sí leí uno que hablaba de la mayor sensibilidad de las madres que tienen partos vaginales hacia el llanto de sus bebés), pero tengo evidencias irrefutables. Y me sorprenden. Creo que por eso las mamás nos volvemos a un mismo tiempo (como decía Adriana) fuertes y débiles, un asunto probablemente necesario para garantizar la supervivencia y preservar la especie. O, quizás, una oportunidad de crecer como seres humanos y superar miedos, karmas o malos tragos del pasado. Fijo, desde la alopatía hasta la religión o la nueva era se puede explicar.

Pero, a decir verdad, no me importan las razones (otro síntoma claro del asunto), si no las consecuencias, lo que ocasiona en mí esa sensibilidad: el corazón se me arruga fácilmente, saco fuerzas de dónde ni sabía que las tenía para cuidar y proteger a mi famlia y, esto es increíble, veo el mundo desde otra perspectiva que modifica, incluso, mis recuerdos y mi forma de ser -como hija, como hermana y hasta como vecina (también como mujer y esposa, pero eso da para otro post que quizás algún día escriba).

A lo mejor por ello, el punto más impactante (son muchos y todos de una intensidad antes desconocida) sea justamente el que tiene que ver con la familia. No soy una niña ni llegue a ser madre a los veinte. Es más, he tenido tiempo de sobra para ser independiente y dependiente. He tomado mis decisiones a conciencia (la mayoría de las veces) y he soportado pérdidas y golpes. Pero sólo hasta ahora entiendo en una dimensión real (sensible) lo que significa (emocionalmente) ser hija.

Mientras tengo en mis brazos a Irene, cuando la alimento en la noche, cada vez que la siento despertarse y reclamar una compañía, al sentir sus manitos caminando por mi pecho, al abrazarla, sentir dolor en mis mejillas por sonreirme tanto con ella y tantas veces, a cada segundo siento (¿pienso?) que mi mamá y mi papá también debieron vivir eso y que yo, desde mi pequeño mundo, no era consciente de ese mar de emociones que se producían.

Seguramente soy quien soy gracias a ello -seguramente también habrá secuelas imborrables en los niños y en las madres que se privan de esa entrega y de ese apego-, pero apenas ahora me completo. Y sé que no es una cosa finita. Ahora sólo de pensar que pueda pasarle algo a Irene los vellitos se me crispan. ¿Le pasa también a los padres? Creo que sí, no sé si a todos ni si en la misma medida. Mi muacho, al menos, ve con otros ojos la vida. Ah, y de ellos sí sé de algunos estudios: los papás con los hijos bajan sus niveles de testosterona y despiertan dentro de sí una “mamita” (en un sentido amoroso, sensible; menos pragmático y más emotivo). Así que eso aclara algunas dudas.

Quizás vivir en un país con tantas diferencias sociales, con la plata tan mal repartida, con corrupción y dinero insuficiente para suplir (no invertir) en las necesidades sociales (básicas y siguientes) haga que las imágenes que me rodean fuera de casa sean más dolorosas que felices. Pero, insisto, la maternidad nos hace más sensibles. Sería bonito que eso se irradiaría a cada una de las personas que nos rodean. Así, tal vez, la vida sería más bonita. Extraño a la tribu y la solidaridad que los pequeños imponían. Ojalá sus efectos se mantengan en el tiempo porque aunque a veces duele, me siento más viva.

P.D.: No soy la única que habla de esto, en un blog que se llama Me crecen los enanos me encontre esta entrada amiga: ¿Las madres son más sensibles a la violencia?.

P.D.: Esta casita, a parte de la historia de nuestra vida con Irene, normalmente habla más de información que creo útil que emociones vividas. Hoy hay una excepción a la regla. ¿Me pasará sólo a mí? Me da esperanza pensar que también en esto hay coincidencias, familia.

26 marzo 2010 at 11:30 8 comentarios

El sueño de los chiquitos: cero lágrimas y más mimos para dormir bien

Hace una semana prometí escribir un post sobre el sueño de los niños. Hoy cumplo mi cometido, a pesar de que en nuestro hogar aún nos falta mucho trecho por vivir. Irene duerme serena y, como todos los niños, se despierta en las noches: algunos días dos veces, otros días tres… y otros hasta cuatro. El tema no me preocupa porque aprendí que el sueño de los bebés es evolutivo y que no hay ninguna patología en los despertares. ¿Qué es lo mejor que podemos hacer nosotros como padres? Ayudarles a nuestros pequeños a relajarse, crear una rutina de sueño y tratar de sincronizarnos (ojo, nosotros) con ellos, entendendiendo que no hay nada de malo en los despertares y que podemos acompañarlos y atenderlos sin dejarlos llorar. Eso garantiza bebés sanos, felices, tranquilos e independientes en el futuro.

Y comienzo por nuestra experiencia. Antes de que naciera la chiquita alguien me habló de un método estupendo para el sueño de los chiquitos que garantizaba que a los tres meses de vida dormían de un solo tiro, sin ningún despertar. Ese alguien en cuestión, con las mejores intenciones, me regaló después un libro “reputadísimo” que me daría las pautas para que mi chiquita “organizara” su sueño (como si el hecho de que no estuviera sincronizado con el nuestro implicara ya un desorden o una patología del mismo). Sin prevenciones, hice la tarea y me leí el texto, echándole cabeza y pensando (aún sin que naciera la pequeña) cómo podría funcionar.

Posteriormente, en alguno de estos blogs mencioné el asunto, resaltando lo que me pareció interesante del cuento: que era bueno establecer rutinas que les permitieran a los niños diferenciar el día de la noche y que dormir era necesario para que los chiquitos tuvieran un desarrollo normal. Dudaba, como buena madre primeriza, de la propuesta de dejarlo llorar hasta que aprendiera a dormirse por sí mismo, pero no sabía de otras posturas ni tenía mamá cerquita para preguntarle cómo podían ser las noches con una bebecita.

En ese entonces no entendía si era cierto el consabido y repetido comentario de “si no la dejas llorar, después no vas a tener cómo bajártela” o “es que los niños te manipulan”. ¡Qué ingenuidad! Creo que quien piensa eso no tiene una relación cercana y real con un pequeño y que, mucho menos, ha hecho el ensayo de ver si es cierto. Justamente los niños criados con apego – a mis ojos- son luego los más independientes. Es apenas normal que cuando no pueden ser autónomonos quieran estar con sus papás… En todo caso, si quieren saber las consecuencias de cargarlos y atenderlos sin dejar que lloren, este testimonio se las explicará. Recordaba, sí, haber visto capítulos de niñeras “expertas” que lo primero que hacían al llegar a una casa era imponer horarios y obligar a los niños a descansar. No importaba, en esos casos, si para lograrlo había que armarse de reloj, nervios y abandonos que dieran como resultado un niño dormido por físico estrés y cansancio y secuelas e inseguridades futuras que no sería fácil erradicar:  la versión discotequera del programa era que el niño dormía porque “había organizado sus horarios”.

Por fortuna, mi comentario tuvo de inmediato una respuesta que decía, desde la experiencia, que había otras posturas más amorosas, realistas y efectivas para ayudarles a dormir a los chiquitos. Esas solas palabras (de Mamasita, por cierto. ¡Gracias, de nuevo por un consejo dado a tiempo!) me sirvieron para ahondar en el asunto y encontrar a Rosa Jové, a su libro y a los foros de apoyo a padres que quieran realmente acompañar y entender el sueño de sus hijos: Dormir sin llorar y Crianza natural. Leí  los artículos base y de apoyo que había disponibles, y entendí, a partir de estudios científicos, que el sueño de los bebés y los niños era evolutivo y que los despertares eran normales y hacían parte de un proceso de aprendizaje emocional y físico. Para quienes aún no conocen estas posturas, les recomiendo ver este video de Rosa Jové y leer esta entrevista, de ella también.

¿En definitiva, cómo es el sueño de los bebés?

Trataré de no extenderme en detalles porque el material disponible sobre el tema es conciso e interesante (pueden encontrar muchísimo aquí, incluídos algunos consejos para ayudar a mejorar el sueño de los pequeños). Los despertares, que suelen ser la mayor preocupación de los papás y los que han generado teorías erradas y poco recomendables que sugieren dejar llorar a los niños y esperar a que se duerman nuevamente solos, son normales. Es más, suelen responder a ciclos (horas fijas durante algunos días que pueden modificarse en poco tiempo, con nuevas rutinas) y son la evidencia de que el niño está introduciendo nuevas fases de sueño a sus noches (los adultos tenemos seis fases de sueño, que van desde un sueño ligero hasta el sueño profundo, mientras los niños al nacer sólo tienen dos… además de un ciclo distinto al nuestro, pues en el útero no diferencian el día a la noche… y eso, por supuesto, tiene que ver).

De ahí que despertarse en la noche varias veces sea necesario y lógico, pues le permite sobrevivir a ese bebé tanto en el presente como en el futuro: ¿imaginan lo peligroso que puede resultar en el desarrollo físico de un niño no despertarse repetidamente para comer? Su estómago es tan pequeño que si no lo hiciera, dejaría de contar con la energía requerida para su desarrollo. Y visto de otro modo: ¿qué sería de un bebé, incapaz de valerse por sí mismo, si no contara con un adulto a su lado que lo cuidase y protegiese? Nosotros sabemos que no vendrá un león a comérselo, pero él estando tan chiquito no tiene la seguridad ni física ni emocional para contar con ello. De ahí que se despierte: si no lo hiciera no garantizaría su supervivencia ni crecería con la seguridad necesaria para luego ser emocionalmente autónomo. Y de ahí que sea importante atenderlo: no hacerlo es romper ese proceso y dejar secuelas emocionales y físicas para el futuro de ese bebé.

¿Y cuándo se completará ese proceso (o dicho de otro modo, cuándo ese chiquito dormirá toda la noche, como los adultos)? Después de cumplir 5 o 6 años de edad, pero eso no significa que su sueño se mantendrá siempre igual: habrá épocas en que se despierte más o menos veces, así como habrá otras (y otros niños) que duerma(n) de corrido. En cualquier caso, su comportamiento será normal siempre que se vea descansado y tranquilo, y que su desarrollo físico y emocional sea el esperado para un chiquito de su edad. Hay patologías del sueño, por supuesto, pero se presentan en pocos casos e, incluso (esto es sorprendente), muchas se generan después de la utilización de métodos que prometen hacer dormir al niño de un tirón  (¡¡¡dormir no necesita de un método!!! Es una función natural) generalmente dejándolo llorar.

¿Cómo ayudar al niño a dormir y por qué no dejarlo llorar?

Como decía anteriormente, dejar llorar a un bebé cuando se despierta en las noches deja secuelas, que se exponen claramente en el video que compartía en mi anterior post: en él se precisa -desde la ciencia- qué pasa y qué se puede esperar del cerebro del bebé. Y como mi objetivo es hablar un poco desde nuestra experiencia, puedo decir con confianza que esperar paciente y amorosamente que las cosas sigan su ritmo es una estrategia que funciona bien: hasta ahora, no hemos dejado nunca llorar a nuestra chiquita y ella, con seis meses y medio cumplidos, duerme cada vez más tranquila, sin dejar de despertarse en las noches para comer. Últimamente come menos y se duerme más pronto que antes, no sé si es porque ahora tiene un estómago más maduro y más grande o porque se siente protegida y sólo necesita sentirse un poco acompañada para relajarse y dormir otra vez.

Eso sí, es un relojito a la hora de dormir; tiene claramente diferenciadas la noche del día (desde chiquita tratamos que lo notara, marcando las diferencias de luz y ruidos de uno y otro momento, y creando rutinas); come a libre demanda, duerme sus siestas fijas (cortitas y casi siempre pegada al pecho) y nos tiene a su lado cuando nos llama: de hecho, casi siempre se despierta balbuceando y nunca ha tenido que llorar o gritar para despertarnos.

¿Nuestras ayudas? Luz tenue (de hecho, en la noche nunca encendemos la lámpara para atenderla), pecho, mecedora y monitores de audio para bebés. Duerme en su pieza y su cuna (nunca colechamos, pero estuvo en nuestro cuarto hasta el segundo mes) y sus despertares varían regularmente (una semana a unos horarios, la siguiente a unos nuevos). Normalmente no se despierta antes de 3 o 4 horas continuas de sueño (a veces son 5, a veces son 6, a veces son 7…) y usa pañal con doble inserto (de tela), que no requiere cambio en toda la noche, con lo que nunca se despierta totalmente y puede dormirse rápidamente, al comer.

Seguramente me salto varios detalles, pero en términos generales ésa es una muestra de cómo puede ser el sueño de los niños. En los foros que adjuntamos antes (Dormir sin llorar y Crianza natural) hay muchas experiencias de padres, además de espacios para preguntas y consejos. También allí tienen artículos con tablas de tiempos aproximados de sueño en los bebés (que varían según las edades), que ofrecen referencias útiles. En todos los casos, es importante entender que ningún niño es igual a otro y que lo que en uno puede funcionar a las mil maravillas, en otro caso puede no estar bien. El sentido común y la sensibilidad de padres son siempre las mejores fórmulas para entender a nuestros hijos. Lo importante es no dudar, confiar en nuestro instinto y tratar a nuestros chiquitos como queremos que nos traten a nosotros, aunque seamos padres primerizos.

No sé a ustedes qué les parezca, pero hasta aquí esta táctica a nosotros nos ha funcionado bien. Hemos tenido, como todos, noches en las que deseamos que Irene duerma más tiempo… pero luego pensamos que ya tendrá toda una vida para dormir mucho y seguido y que ese sueño futuro depende en gran parte de estos saltitos. ¿Por qué dormir sin llorar? Porque eso garantizará un sueño tranquilo. Cada quién dirá. En cualquier caso, por si sirve de algo, les dejo un video comparativo (comprensible para todos, a pesar de estar en catalán). Y antes de despedirme: ¿cómo han sido sus historias? ¿Creen también que es posible dormir sin llorar?

El video y una reseña del mismo se pueden encontrar acá: Los métodos “Duérmete niño” vs. “Dormir sin lágrimas” en práctica (Bebés y más).

PD: ¡Les juro que intento escribir corto, pero, como siempre, termino con un chorizo de palabras difícil de leer! Discúlpenme… ¿Será porque lo hago en varias sentadas? 😉 Espero que les sirva y que al menos les dé noches más tranquilas a algunos papás y bebés.

PD 2: Las leo, las leo… pero no he sacado el tiempo para contestarles (Pronto lo haré).

25 febrero 2010 at 21:01 9 comentarios

¡Seis meses, mi Irene!

¿Y cómo más describirlos si no es diciendo que han sido la expresión plena, total y constante del amor? Gracias, gracias, gracias, gracias, gracias, gracias, gracias, mi vida, mi pajarita, mi lucecita, mi pedacito, mi otro amorcito, gracias, mi princesita. Como diría Cortázar en otro sentido, “el regalado soy yo”. Inundas nuestras vidas y haces que todo se detenga. Llenas el universo y nos llevas de la mano a conocerlo. Millones de besos y nuestros deseos de que estos seis meses trasciendan el infinito y te dejen siempre a nuestro lado. Chiuck. Te amamos.

9 febrero 2010 at 03:24 6 comentarios

Los nuevos descubrimientos de Irene

Desde que llegó Irene a nuestra casita, hay despertares nuevos cada día, que van más allá de la salida del sol: pasar, por ejemplo, de ver todo un poco difuso a quedarse perpleja mirando y cogiendo los pelitos de las piernas de su padre, de descubrir y jugar incansablemente con sus manos a encontrar, de pronto, otros dedos más gorditos, pero suyos también, en sus pies, de sonreir a todo (que aún lo hace) a reconocernos claramente y gritar y celebrar cada uno de nuestros gestos. Nuestra hija ya casi cumple seis meses… Y cada uno de los 174 días que ha pasado a nuestro lado ha sido un regalo para grabar en la memoria. ¿Podré? 😉

Hoy Irene:

  • Responde a su nombre: la llamamos y busca inmediatamente a quien quiera que diga “Irene”. Reconoce, también, creo, las palabras papá, mamá, abuelo. También está familiarizada con los nombres de sus gatos y con los de las personas que llegan a casa constantemente. ¡¡Unas ocho palabras que ya significan algo (o, mejor dicho, alguien) en su universo!!
  • A la cuenta de tres, cogida de nuestros deditos, hace fuerza para sentarse o pararse. ¡Le fascina jugar con nosotros y cambiar de posición para ver el mundo!
  • Ha comido banano, pera y zanahoria. ¡Y lo ha hecho con sus propias manitos! Nada de papillas ni de cubiertos: nuestra chiquita nos recibe los trozos (grandes) en sus manos y los chupa y se unta hasta que logra sacar algo de ellos. Eso sí, las consecuencias apenas se notan en su popis (ahora apenas los prueba y se degusta con sus sabores), pero los avances en su capacidad de coger las cosas solitas, llevárselas a la boca, sentarse con nosotros a la mesa (en su propia silla) y comer al mismo tiempo que nosotros se notan. 😉
  • Coge sus juguetes, los cambia de mano, los chupa ¡y los tira fuera de su coche! Nos mira con picardia esperando que los cojamos del suelo y una vez los tiene de nuevo en sus manos, saca su manita fuera de su espacio y los suelta. Es maliciosa y chistosa. Y no se cansa de tirar sus muñecos afuera.
  • Le sonríe a sus gatos y habla con ellos.
  • Se voltea bocarriba y, casi, casi, se devuelve bocabajo solita.
  • Sabe perfectamente cuándo nos preparamos para salir y celebra con emoción.
  • Jala -con ayuda- su muñeco risueño y se carcajea al mismo tiempo que él… y todos gozamos parejo.
  • Encontró su dedo gordo del pie y lo chupa agachándose sobre su cuerpo.
  • Sigue pateando y pateando y pateando como loca: en la cama, en el coche, en la bañera… Y las caritas que hace mientras patea y la manera como coordina todo su cuerpo para regalarnos esa explosión de energía y vida nos llena de felicidad y sonrisas los días.
  • Se sienta apoyada en sus manitos y se sostiene. Ah, pero en la bañera y en el coche se sienta sola. Y se ve de lo más independiente. 🙂 Hermosa.
  • Juega con bloquecitos: los coge, los chupa, los tira, los mueve con sus manitos como loca (¿para ver si suenan?), los suelta, se ofusca, los busca, velve y juega.
  • Mira con atención a los niños en la calle, les sonríe, los busca, manotea…
  • Le encantan los animales, los árboles, el aire fresco: Se ríe a carcajadas cuando la brisa la despeina.

Y faltan 4 días para cumplir 6 meses de edad. 😉 Insisto: nuestra Irene es y será, sin duda, nuestro mejor y más feliz despertar.

Te amamos, princesa hermosa.

Chiuckk

5 febrero 2010 at 09:41 Deja un comentario

Preparen cucharas: ¡ya casi es hora de iniciar nuestra alimentación complementaria!

Irene ya casi está preparada para ampliar su menú gastronómico e ingresar al mundo de la alimentación complementaria: al cumplir seis meses de edad, su sistema digestivo estará lo suficientemente maduro para tolerar alimentos distintos a la leche materna. Y aunque aún no serán muchos y la introducción de los mismos será lenta y progresiva (la leche materna seguirá siendo hasta sus 24 meses el alimento que pueda proporcionarles más nutrientes y energía), a modo de preámbulo y preparación para nosotras mismas, quiero reorganizar la información que me dieron hace algunos meses en nuestras conferencias de la Liga de la Leche, así como las recomendaciones y tablas -que incluyo en este texto- de la Organización Mundial de la Salud. Como quien dice: a preparar cucharas y papillas, porque se amplía la dieta de nuestra chiquita.

Para empezar, la alimentación complementaria sólo debe iniciarse después de los seis meses de edad. Hay algunos signos (sostenerse sentado, controlar mejor la salida de su lengua y mostrar interés por la comida de los adultos) que pueden indicar mejor cuándo (puede ser antes o después), pero ese parámetro suele ser válido para la mayoría de los casos. Hacerlo antes puede generar alergias y/o trastornos digestivos por la inmadurez que tiene hasta entonces el aparato digestivo de los bebés. No es gratuito, por ello, que los niños alimentados con leche de tarro -también llamada leche de fórmula- presenten malestares digestivos y tengan que pasar, incluso, de una marca a otra mientras su estómago logra tolerar las enzimas y proteínas que tiene la leche de vaca (diseñada para los bebés de los terneros, no de nuestras mamás), en detrimento de su desarrollo y flora intestinal.

No se recomienda, incluso, iniciar el uso de leches procesadas (llamadas, en su segunda etapa, leches de continuación) una vez se han cumplido los seis meses, pues estas “son inventos de las empresas de alimentos preparados infantiles para tener un negocio rentable… las leches de vaca hay que procesarlas para que un bebé humano las pueda tolerar y digerir sin reventarle por dentro , puesto que tiene mucha más proteína que la humana”. Y agrega Mimos y Teta, un blog informativo sobre crianza y lactancia materna (en otro artículo, interesantísimo, sobre la guerra de la leche): “la alimentación natural no sólo es mejor, sino también más barata. Por cada madre que decide dar de mamar a su hijo, los fabricantes de leche artificial dejan de ingresar dinero contante y sonante, entre 50 y 100 euros mensuales de media”. Así que la idea, siempre, es tratar de suministrar leche materna. De este modo garantizamos que el crecimiento y desarrollo de nuestros chiquitos sea óptimo y que su organismo esté mejor preparado para recibir nuevos alimentos, una vez sea el momento de “complementar”.

¿Cómo se inicia la alimentación complementaria?

De acuerdo con la Liga de la Leche, se puede iniciar con cualquier alimento (excepto cítricos, huevo, pescado y trigo), pero siempre introduciendo uno solo cada vez. Recomiendan introducir primero frutas, por su sabor dulce y su fácil preparación. No se aconseja suministrar compotas y papillas de supermercado, por los químicos que incluyen, por su exposición a agentes patógenos y por las mezclas que traen de antemano. Preparar las papillas en casa es, por salud, cantidad y costos, una mejor inversión.

Así, durante varios días (4 o 5) se le da al bebé un mismo alimento, para percibir claramente cómo lo recibe y descartar intolerancias o alergias a los mismos. La idea es procesar mínimamente la fruta o lo que se le vaya a dar, para garantizar que el chiquitín reciba la mayor cantidad de nutrientes: es mejor la compota o papilla que los jugos, más si se tiene en cuenta que un bebé de seis meses aún debe tomar principalmente leche.

¿Y cómo se preparan? Casi con nada: si es una fruta, se puede escoger una muy madura (el mango, la manzana, la pera, entre otros); se toma una cuchara y con ésta se raspa la pulpa. Se le dan pequeñas porciones al pequeño, pisando la lengua con la cuchara, sin alterarnos porque se ensucie, las escupa o haga pucheros. Es normal que tienda a babiar y a sacarlas de su boca (puede llevarse incluso las manos a ella, para experimentar y verificar qué estamos haciendo), pues hasta entonces ha estado acostumbrado sólo a chupar y tragar. Después de algunos intentos, comprenderá el mecanismo, degustará y comerá con menos aspavientos. ¡Toda una experiencia, qué bello!

¿Qué cantidad se le debe dar?

Siempre se le debe dar la alimentación complementario después de la leche. El primer día se le da sólo una cucharadita (para que pruebe), el segundo, dos de la misma fruta, y el tercero, si ya se muestra interesado, se le pueden dar tres. Eso sin descartar, por supuesto, que cada niño tiene su ritmo. Se mantiene el menú por cuatro o cinco días y una vez se vea la tolerancia al alimento, se introduce uno nuevo con el mismo proceso.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) precisa las cantidades de alimentos que deben ofrecerse a un bebé. Estas, como verán a continuación, varían de acuerdo con la edad y en ningún caso reeemplazan la leche materna: como su nombre lo indica, la introducción de nuevas comidas en los pequeños complementa su dieta y sólo debe hacerse luego de cumplidos los seis meses de edad. De acuerdo con su sitio oficial, la OMS recomienda mantener la lactancia hasta los dos años, combinándola paulatinamente con otros alimentos como se indica acá:

Edad Textura Frecuencia Cantidad en cada comida
Desde los seis meses Papillas blandas, verduras, carne, fruta bien trituradas Dos veces al día, además de tomas de pecho frecuentes 2-3 cucharadas
7-8 meses Alimentos triturados Tres veces al día, además de tomas de pecho frecuentes Aumento gradual hasta 2/3 de una taza de 250 ml en cada comida
9-11 meses Alimentos triturados o cortados en trozos pequeños, y alimentos que el bebé pueda agarrar Tres comidas más un refrigerio entre comidas, además de tomas de pecho ¾ de una taza de 250 ml
12-24 meses Alimentos de la familia, cortados o triturados en caso necesario Tres comidas más dos refrigerios entre comidas, además de tomas de pecho Una taza de 250 ml llena

(Fuente: OMS, “¿Hasta qué edad es adecuado alimentar al bebé sólo con leche materna?“)

Un buen recurso, para familiarizar al pequeño con el nuevo mundo de los alimentos, es ponerle enfrente un plato de comida con un poquito de lo que le estamos dando para que juegue: tocar, oler y untarse algo es una bonita manera de conocer y entrar en contacto con algo nuevo.

Tipos de alimentos

¿Y si son verduras? Se le brindan del mismo modo (por 4 o 5 días, de dos a tres cucharadas por comida), pero se preparan al vapor y en papilla (aplastaditas). Algunas verduras -por su consistencia las reconocerán- se diluyen en un poco de agua para su preparación. Cuando ya se hayan probado varias, se pueden mezclar, trituradas, con papa (criolla, en nuestra tierra, es decir, pequeñas y blandas) y carne de pollo o res (licuada). Se debe tener en cuenta que mientras el bebé no tiene dientes, no podrá triturar por sí mismo los alimentos.

Cuando el pequeño ya esté familiarizado con frutas, verduras y carnes, se pueden introducir los cereales (aquí, uno y dos artículos muy interesantes al respecto): avena, arroz, entre otros. Estos se preparan en coladas, preferiblemente en agua o (si se llevan leche) en leche materna extraída previamente. Después de tres semanas de estarle suministrando al chiquitín alimentación complementaria, puede dársele fruta en la mañana, verdura (en sopita, con carne, si es el caso) en la tarde y cereal en la noche. Todo progresivamente, de acuerdo con su propio ritmo. Una recomendación importante es que no mezcle alimentos que no haya probado solos. Hágalo únicamente con otros que ya sepa que el niño tolera bien.

Finalmente, no debe agregarse sal hasta que cumpla 9 meses, los condimentos que use deben ser naturales (cebolla, ajo, cilantro y zanahoria) y los cítricos, el pescado y el trigo y gluten (pan, incluído) sólo deben darse hasta que cumpla un año de edad. El huevo se recomienda darlo también después de que el bebé cumpla 12 meses, empezando por la yema (un cuarto solamente) y aumentando la cantidad con el paso de los días, si el niño lo recibe bien. Sobre otros alimentos (miel, frutos secos, entre otros) pueden encontrar comentarios y recomendaciones acá.

Según me dijeron en la Liga de la Leche, antes de que el bebé cumpla un año se le debe dar siempre primero leche materna y después la alimentación complementaria (según nuestro pediatra, debe vigilarse que el niño coma al menos seis veces al día: leche, siempre; otros alimentos, al desayuno, al almuerzo y a la comida). Después de cumplir doce meses, se suministra primero la alimentación complementaria y luego la leche. A esta edad, así mismo, se le pueden empezar a suministrar lácteos (tratados pero no deslactosados: yogurt, quesos, entre otros).

Es ideal que todos los alimentos que reciba el pequeño sean frescos, naturales y preparados en casa. Y que si tienen alguna duda, recurran al médico o las recomendaciones de organizaciones reconocidas como la OMS y la Liga de la Leche. En la web hay muy buena información sobre éste y otros temas relacionados con la alimentación de los pequeños (en Bebés y más, por ejemplo, hay muy buenos textos). Si buscan más, incluso, pueden encontrar recetas, consejos y relatos de experiencias. El menú está servido. Ah, y recuerden que la OMS recomienda continuar suministrando leche materna hasta los dos años de edad. Aquí va un cuadro que muestra el aporte calórico de la leche materna junto a la alimentación complementaria. Como verás (y como habíamos dicho antes) la lechita de mamá sí alimenta.

Edad Requerimiento caloría/día
Leche materna caloría/día
Alimentación complementaria caloría/día
6-8 meses 682 413 269
9-11 meses 830 379 451
12-23 meses 1092 346 746

(Fuente: Sociedad Argentina de Pediatría, “Guía de alimentación para niños sanos de 0 a 2 años”, pág. 37)

¡Buen apetito! Y perdón por estos posts tan largos… ¿Los leerán? 😉

22 enero 2010 at 07:47 9 comentarios

“Beneficios de la lactancia prolongada”

Ad portas de cumplir nuestros seis meses de lactancia exclusiva y, por ende, de introducir nuevos alimentos en la dieta de Irene, quiero compartir con ustedes un texto muy interesante que me encontré sobre la lactancia prolongada. El término, como lo verán en el texto, se utiliza para referirse a niños que continúan tomando leche materna después de cumplir doce meses. Mi meta es dejar que Irene tome nuestra leche todo el tiempo que ella quiera (y, aquí entre nos, confieso, quisiera que fuera al menos hasta los dos años de edad, como lo recomienda la Organización Mundial de la Salud). La experiencia ha sido maravillosa, creo que tanto para ella como para mí, así que por lo pronto nuestra voluntad es introducir nuevos alimentos complementarios y seguir con la leche materna. Los beneficios, seguramente, no dejarán de venir.

Alguna vez leí (y me da pena no recordar exactamente en dónde) que una madre que había optado por la lactancia prolongada ya sabía qué debía contestarle a alguien que la cuestionara por seguir dándole leche materna a un bebé “mayorcito”. La respuesta: por la misma razón que continúo dándole manzanas. Es decir: porque sí alimenta y porque me gusta y le gusta. Por eso digo: que Irene nos dé la pauta.

Sigo sin entender por qué en nuestro contexto se ve con malos ojos (y no exagero, ya hablé aquí y aquí sobre ello) la lactancia. Pero cuando pienso en lo bien que está Irene, en lo saludables que han sido estos meses, en su desarrollo maravilloso (físico, mental, emocional y etcétera), creo que no deberían rebatirse las bondades de la leche materna.

Ayer tuvimos revisión con el pediatra y esta chiquitolina está perfecta: ya mide 66 cms y medio y pesa 6.800 gramos. Vi en la sala de espera una bebé de un mes de nacida y sentí nostalgia y todo por cuándo ella estaba así de pequeña, pero luego la veo mirándose las manitos, sonriendo, alegando, sacándonos la lengua con malicia y a propósito, y pienso que cada instante ha sido bueno y que mientras perdure en nuestra memoria, será eterno. Así que sigo haciendo nuestros votos amorosos por la lactancia y antes de empezar la alimentación complementaria, en tres semanas, digo: ¡qué viva la leche materna! Dar pecho a un chiquito es maravilloso.

Y arranco con el texto: se titula igual que esta entrada y se encuentra disponible en la web paraelbebe.net. Ydice así:
El término “lactancia prolongada” se utiliza cuando el niño amamantado es mayor de 12 meses de edad. En este artículo, a dichos niños les llamamos “pequeños lactantes”.

Los pequeños lactantes se benefician NUTRICIONALMENTE:

“Aún mucho después del primer año de vida, la leche materna continúa proporcionando cantidades sustanciales de nutrientes clave, especialmente proteínas, grasas, y la mayor parte de las vitaminas”.
–Dewey, 2001

En el segundo año de vida (12 a 23 meses), 448 ml de leche materna proporcionan:
29% de requerimientos de energía
43% de requerimientos de proteína
36% de requerimientos de calcio
75% de requerimientos de vitamina A
76% de requerimientos de ácido fólico
94% de requerimientos de vitamina B12
60% de requerimientos de vitamina C
–Dewey, 2001

“El promedio estimado de tomas de leche en un periodo de 24 horas fue de 548g para el 97% de niños que fueron amamantados de 12 a 23 meses de edad, y 312 g para el 73% de niños amamantados de 24 a 36 meses de edad. Esto representa un promedio diario de ingestión de 41% y 23% de la ingesta diaria recomendada de vitamina A, respectivamente”.
–Persson 1998

A pesar de que se ha investigado poco sobre niños que son amamantados después de los dos años de edad, la información disponible indica que la leche materna continúa siendo una fuente valiosa de nutrición y protección contra enfermedades durante todo el periodo de lactancia.
Es común que se recomiende el destete para niños pequeños que ya comen algunos sólidos. Sin embargo, esta recomendación no está sustentada en investigación alguna. De acuerdo con Sally Kneidel en “Nursing Beyond One Year” (New Beginnings, Vol. 6 No. 4, July-August 1990, pp. 99-103.):
Algunos médicos pueden sentir que la lactancia interferirá con el apetito del niño hacia otras comidas. No obstante, no hay documentación que indique que los alimentos suplementarios son rechazados más frecuentemente por los niños amamantados que por los ya destetados. De hecho, la gran parte de los investigadores en países del Tercer Mundo, donde el apetito de un niño pequeño desnutrido puede ser de importancia crítica, recomiendan la lactancia prolongada aún para los casos más severos de desnutrición. (Briend et al, 1988; Rhode, 1988; Shattock and Stephens, 1975; Whitehead, 1985). La mayoría sugieren ayudar al niño amamantado no con el destete, sino suplementando la dieta de la madre para mejorar la calidad nutricional de su leche (Ahn and MacLean, 1980; Jelliffe and Jelliffe, 1978), y ofreciendo al niño comidas más variadas y agradables al paladar para mejorar su apetito (Rohde, 1988; Tangermann, 1988; Underwood, 1985).

Los pequeños lactantes se ENFERMAN MENOS:

“Anticuerpos son abundantes en la leche humana durante toda la lactancia” (Nutrition During Lactation 1991; p. 134). De hecho, algunos de los factores inmunológicos en la leche materna aumentan en concentración durante el segundo año y también durante el proceso de destete. (Goldman 1983, Goldman & Goldblum 1983, Institute of Medicine 1991).
Según la Organización Mundial de la Salud (www.who.int/inf-fs/en/fact178.html) “un aumento moderado en las tasas de lactancia materna podría prevenir hasta un 10% de las muertes de niños menores de 5 años: El amamantar tiene un papel esencial, y a veces subestimado, en el tratamiento y prevención de enfermedades infantiles”.
Se ha encontrado que los niños que aún son amamantados entre las edades de 16 y 30 meses, tienen menos enfermedades, y de más corta duración, que los que no son amamantados (Gulick 1986).
La Academia Americana de Médicos de la Familia indica que los niños destetados antes de los dos años de edad tienen mayor riesgo de enfermarse (AAFP 2001).

Los pequeños lactantes tienen MENOS ALERGIAS:

Muchos estudios han mostrado que una de las mejores maneras de prevenir alergias y asma es el amamantar de forma exclusiva durante al menos seis meses y continuar amamantando a largo plazo. La leche materna puede ayudar a prevenir alergias al reducir exposición a posibles alergenos (entre más tarde sea expuesto el bebé a ellos, es menos probable que se presente una reacción alérgica), acelerar la maduración de la barrera intestinal protectora del bebé, recubrir el intestino y proporcionar una barrera contra potenciales moléculas alergénicas, proporcionar propiedades anti-inflamatorias que reducen el riesgo de infecciones (las cuales pueden actuar como disparadores de alergias).

Los pequeños lactantes son INTELIGENTES:

Extensas investigaciones sobre la relación entre la lactancia materna y los logros cognoscitivos (nivel de coeficiente intelectual, calificaciones escolares), han mostrado las mayores ganancias en los niños que durante más tiempo fueron amamantados.

Los pequeños lactantes son SOCIALMENTE BIEN ADAPTADOS:

De acuerdo con Sally Kneidel en “Nursing Beyond One Year” (New Beginnings, Vol. 6 No. 4, July-August 1990, pp. 99-103):
Reportes de investigaciones sobre los aspectos psicológicos de la lactancia son muy escasos. Un estudio que lidiaba específicamente con bebés amamantados durante más de un año mostró un vínculo significativo entre la duración de la lactancia y las “calificaciones” dadas por las madres y los maestros de niños de seis a ocho años de edad (Ferguson et al, 1987). En las palabras de los investigadores, “Hay tendencias estadísticamente significativas que demuestran la disminución en las puntuaciones de desórdenes de conducta cuando la duración de la lactancia se prolonga.”
El amamantar durante y después de la infancia ayuda a los bebés y a los niños pequeños a hacer una transición gradual hacia la niñez plena. La lactancia materna es una manera cálida y amorosa de cubrir las necesidades de los niños pequeños. Les ayuda a calmar las frustraciones, golpes y heridas, y el estrés diario de la niñez temprana.
El cubrir las necesidades de dependencia de un niño, de acuerdo con su horario personal y único, es la clave para ayudar a ese niño a alcanzar su independencia. Los niños que logran independencia a su propio ritmo, son más seguros en dicha independencia que los niños que fueron forzados a independizarse prematuramente.

Los pequeños lactantes son NORMALES:

La Academia Americana de Pediatría recomienda que los niños sean amamantados al menos durante 12 meses, y después de eso, durante todo el tiempo que tanto la madre como el hijo deseen hacerlo (AAP 1997).
La Academia Americana de Médicos de la Familia recomienda que la lactancia materna continúe durante todo el primer año de vida y que “El amamantar después del año de vida ofrece beneficios considerables tanto a la madre como al niño, y debe continuar mientras así lo deseen ambos”. También hacen notar que “Si el niño es menor de dos años de edad, está expuesto a un mayor riesgo de contraer enfermedades si es destetado” (AAFP 2001).
Un Secretario de Salud de Estados Unidos ha declarado que es un bebé afortunado el que continúa amamantando hasta los dos años de edad. (Novello 1990)
La Organización Mundial de la Salud pone énfasis en la importancia de amamantar hasta los dos años de vida y más (WHO 1992, WHO 2002).
Investigaciones científicas hechas por un profesor de Texas A&M, muestran que nuestros hijos están diseñados para esperar ser amamantados entre 2.5 y 7 años (Dettwyler 1995).

Las MAMÁS que amamantan a sus hijos de manera prolongada también obtienen beneficios:

En muchas mujeres, la lactancia prolongada retrasa el regreso de la fertilidad al suprimir la ovulación.
El amamantar reduce el riesgo de cáncer de ovarios.
El amamantar reduce el riesgo de cáncer uterino.
El amamantar reduce el riesgo de cáncer del endometrio.
El amamantar protege contra la osteoporeosis .Durante la lactancia, la madre puede experimentar reducciones de mineral óseo. La densidad de mineral óseo de una madre que amamanta puede ser reducida en todo el cuerpo en un 1 ó 2 por ciento mientras dure la lactancia. Esta pérdida regresa a sus niveles originales, y aún puede aumentar, cuando el bebé es destetado. Esto no depende de suplementos adicionales de calcio en la dieta de la madre.
El amamantar reduce el riesgo de cáncer del seno . Varios estudios han encontrado una asociación inversa significativa entre la duración de la lactancia y el riesgo de cáncer.
Se ha comprobado que el amamantar disminuye los requerimientos de insulina en mujeres diabéticas.
Las mujeres que amamantan tienden a perder peso más fácilmente.

Fuente: http://www.paraelbebe.net/beneficios-de-la-lactancia-prolongada/

Y añado un video, lindo, de promoción de la lactancia prolongada en Puerto Rico.

15 enero 2010 at 08:03 7 comentarios

Los cinco primeros meses de nuestra Irene ;)

Y sí, aunque parecen muchos más por cómo nos inundas e iluminas la vida, hoy cumples tus primeros cinco meses, chiquita. Como hasta ahora, queremos celebrarlos con tus sonrisas, con la luz de tus ojitos lindos, con la felicidad que nos das día tras días. ¡¡¡Gracias y feliz cumple-meses, Irene!!! Eres toda nuestra vida.

9 enero 2010 at 06:18 2 comentarios

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