Posts tagged ‘entender’

Ni palabras necias, ni oídos sordos

Siempre he estado convencida de que los chiquitos entienden todo lo que oyen. Y desde antes de nacer. Puede que no interpreten perfectamente y que confundan un sonido con otro, pero en su corazón tienen claro si el ruido que perciben es motivo de alarma, de tranquilidad o de dolor (la lista de emociones probables es larga, pero cierro aquí a manera de ejemplo). Pues bien, debo añadir ahora que a esa inteligencia emocional que les permite sobrevivir en y al mundo, debe añadírsele una capacidad comprensiva de las palabras y toda su carga emotiva a partir del momento en que ese chiquito empieza a hablar.

Foto tomada de Comunicología.

Es posible que se dé antes (más que posible es seguro, sin duda), pero para nosotros el hecho sólo es tangible ahora que obtenemos respuestas moduladas y sonoras en español. Puede parecer un chiste, pero cuando descubres que puedes quedarte una hora más en cama en las mañanas después de “conversar” con tu pequeñita en la noche y pedirle que no te despierte tan temprano lo confirmas. 😉 Puede que ni siquiera durmamos esa hora de más (mamá, al menos, se despierta a la hora habitual con orejitas alerta), pero sentimos una especie de saltito en el corazón al experimentar -a lo largo de una semana y cada uno de sus días- que Irene no sólo oye nuestras palabras: escucha.

Y así, después de despertarse unos días y hablar con los muñequitos que hay pintados y bordados en su cama, ahora opta por echarse un sueñito más largo, silenciosa y tranquila. Los días de “me despierto a las 6 a.m., me paro en la cama y llamo inmediatamente a mi madre” parecen hacer parte del pasado. Ahora “da oídos, atiende a un aviso, consejo o sugerencia” -así define el verbo el DRAE– y, sin sobresaltos ni inquietudes, duerme.

La otra cara de hablar

Y aunque a algunos el hecho les pase de largo, a mí me ha puesto a pensar seriamente que esas conversaciones sin réplicas -pero atentas- que siempre he tenido con Irene (explicándole que íbamos donde el médico o de paseo o que debía darle una medicina, ponerle el saco, esperar a papá que salía al trabajo para volver más tarde, salir de viaje, preparar la cena, bla, bla, bla), nunca fueron palabras necias.

Jamás lo creí así, por cierto, pero ahora que hay réplicas en mi lengua (el irinense disminuye) y que veo claras consecuencias, esos diálogos se resaltan con marcadores iridiscentes en mi cabeza. Todo lo que le digamos a nuestros pequeños -o lo que hablemos cerca de ellos- no cae en oídos sordos. Los bebés entienden… (lo que no tengo claro es si los entendemos nosotros).

En casa, siempre nos ha emocionado hablar con nuestra hija todo el tiempo, explicarle -o intentarlo al menos- cómo es y qué pasa en el mundo que nos movemos. También enunciar lo que sentimos… Libera, acerca, encuentra.

[Y cierro añadiendo que ese “todo lo repito” -antecedido de un “todo lo oigo, todo lo entiendo” que nace con ellos- es el que también ayuda a darnos cuenta de ese chiquito que es personita que ama, que siente y que vibra desde su primer segundo de vida. Ya decía: si yo estoy, tú estás bien. Ahora añado, “si me lo dices, también te entiendo”.]

20 mayo 2011 at 07:24 3 comentarios

“Los niños no entienden”: ¿mito o realidad?

Hay una creencia -cuando menos de la época de mis abuelos- que señala que los niños y los bebés viven en su propia burbuja, al margen del mundo que late a su alrededor. Gracias a ella, muchos padres mantienen -consciente o inconscientemente- a sus hijos al margen de la cotidianidad: no les dan noticias sobre cambios, no hablan (aunque a una sola voz… se entiende que el niño o el bebé no siempre está en condiciones de responder) sobre el mundo circundante y mucho menos comparten con ellos información y emociones sobre sucesos familiares, a pesar incluso de que los ánimos de quienes rodean al chiquito se vean afectados por ellos. La pregunta es simple, entonces: ¿El niño puede o no entender?

Ignorado

Imagen de Pablo Flores (encontrada también en “ignorado” en su blog).

No sé si existan investigaciones que den una respuesta probada al respecto. Lo cierto es que a partir de nuestra experiencia pienso que los niños entienden lo que ocurre a su alrededor. En nuestra casita, al menos, hemos actuado sobre esa premisa, obteniendo a diario respuestas que lo confirman. Al principio, cuando Irene era mucho más pequeña, veía a mi alrededor caras de sorpresa (o de risa, incluso) cuando le hablaba y le explicaba cosas a nuestra hija. Más de uno pensaría que andar por la vida “conversando” con una bebé de una semana era una estupidez. Pero cada vez que hablaba con mi chiquita sentía que entre las dos fluía un ambiente de tranquilidad. Quizás ella no estaba aún en capacidad de entender el significado literal de las cosas (aunque a lo mejor sí, quién sabe), pero estoy convencida de que sí podía entender el tono de amor, paz y confianza de nuestras voces.

En un libro del que hablaba hace algún tiempo, se dice que el niño está en capacidad de entender lo que sucede, a pesar de que no pueda interpretarlo bien. Eso, en castellano simple, significa que un chiquito -por ejemplo- puede entender que papá o mamá salen de casa, pero que luego vuelven, aunque no tenga claro por qué se ausentan. Es decir, entiende el qué pero no el por qué. Y a medida que crecen más, dan señales claras de esa capacidad creciente que les permite ya no sólo entender, sino pensar, participar y hasta proponer.

Irene, a un día de cumplir sus veinte meses de nacida, demuestra con cada uno de sus gestos esta realidad: responde, claramente, a dónde quiere que vayamos, dirige -si la invitación no viene de ella si no de nosotros- sin ninguna vacilación sus pasos o sus actos (mamá o papá dicen “vamos a pintar” y ella se levanta inmediatamente por el cuaderno y las crayolas, decimos “te voy a cambiar el pañal” y ella dice “a la pama” al tiempo que corre hacia el cuarto -le ha cogido manía al cambiador, no sé por qué, así que señalar el dónde debo cambiarla es fundamental- yun largo etcétera similar) y pregunta o señala cualquier cambio en su entorno.

Esta semana, por ejemplo, tuvimos modificaciones importantes en nuestras rutinas (estábamos fuera de casa, por primera vez pasamos la noche en otro sitio sin la compañía de papá, …) y ella señaló cada uno de esos cambios, en los momentos en los que ocurrían, preguntando o explicando lo que ocurría a su alrededor. Creo que intentaba ponerle orden a las cosas en su cabeza y en su corazón… y pienso también que no ayudarle a hacerlo, hablando, comentando, compartiendo, es un error.

No he leído un libro titulado Mi niño lo entiende todo, de Aletha J. Soler, pero sospecho que va por la misma línea (lo dejo en mi lista de pendientes). Ése y su predecesor (Mi bebé lo entiende todo) ponen seguro de manifiesto esa capacidad incansable de adaptarse al mundo que tienen los pequeños. Pregunto entonces: ¿ignorar a un niño (consciente o inconscientemente) no será, además de triste, un grave error? No hice la tarea de buscar seriamente si otros hablan sobre el tema, pero dejo aquí un par de textos al respecto: “Habla, habla, que el niño no entiende” y “La educación consciente“. ¿Experiencias, opiniones?

😉

8 abril 2011 at 09:37 5 comentarios


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