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Más confesiones sobre la lactancia: ¿qué es y cómo funciona la libre demanda?

A pesar de que creía estar suficientemente informada sobre cómo debía ser la lactancia, esta semana me di cuenta de que sigo siendo una inexperta y que muchas de la demandas de mi hija no son sólo alimenticias. ¿Cómo lo descubrí? Con  Irene: contrario a su carácter, estuvo molesta, llorona e incómoda recurrentemente. Después de mucho hurgar (¿sueño, hambre, cambio de pañal, calor, incomodidad?) encontré el motivo real de sus quejas: gases en su pancita ocasionados, probablemente, por mi afán de alimentarla en unos términos que ahora creo mal entendidos de libre demanda.

Total, me siento como si fuera otra vez el principio, experimentando desde otra perspectiva la lactancia: estoy aprendiendo a entender las demandas de mi hija y “regulando”, en consecuencia, sus comidas. ¿Ojos abiertos? No tanto, pues esa regularización pasa más por el aprender a entender a mi hija, que ya no es tan chiquita y tiene otras necesidades más aparte de sueño y comida, que por el seguir a rajatabla un horario que haga que ella se acomode a mi ritmo de vida.

No sé si estoy equivocada, pero me da esperanzas la placidez que otra vez percibo en mi hija. Antes, ante cualquier reclamo, dejaba que Irene amamantara, incluso cuando no había leche y acababa de comer. Estaba convencida de que si ella pedía algo debía darle el pecho: con él se dormía y conseguía su alimento. Pero estaba equivocada porque su barriguita se llenaba de aire. ¿Cómo saber entonces qué quiere y qué necesita mi chiquita?

El temido cólico

Antier, cuando descubrí el motivo del llanto de Irene, me sentí culpable, ignorante, ingenua… ¿Cómo es posible que mi niña estuviera llena de gases y yo no me hubiese dado cuenta? ¿Por qué no entendí que su llanto me pedía que se los sacara, la meciera? Un recién nacido necesita, básicamente, dormir y comer. Un bebé de un mes y medio (¡y todavía es bien chiquita!) empieza a interactuar más conscientemente con lo que lo rodea y necesita, en consecuencia, estímulos que van más allá de su “teta”.

Es lo que he entendido y es lo que empiezo a ver: Irene detiene ahora sus ojitos en todas las cosas; ya no tiene una mirada perdida sino fija; sonríe a plena consciencia; responde a los sonidos que tiene a su alrededor, se carcajea. Reclama atención y mimos, pero no requiere sólo del pecho para recibirlos. Su cuerpo se transforma y con él su acercamiento a las cosas. Su aparato digestivo se hace más sensible y recibe de un modo distinto todo lo que llega. Encontré, así, que en algunos niños aparece el cólico del lactante y con él largas tardes de dolor, tensión abdominal y llanto.

No sé si lo que tiene mi chiquita sea el temido cólico ése, pero esta semana -que ha sido dura- ha estado acompañada de llantos inconsolables, de caritas enrojecidas, de malestares. Yo, convencida de la libre demanda,  le daba pecho. Ahora me doy cuenta que su estado no mejora (aunque se tranquiliza un poco mientras succiona): le hablo, le canto, la paseo, tratando de no empeorar la cosas. Debo decir, por cierto, que estas cosas la tranquilizan y funcionan. Sigo además una pauta para darle sus comidas (recomendada por mi hermana del alma, médico), basada en comportamientos y tiempos. Estoy atenta a sus tomas (cuándo fue la última, tomó leche por cuánto tiempo) y trato de mantener un ritmo lógico. De este modo, alcanzo a tener leche y ella no se llena de aire. Le doy pecho cuando veo que realmente tiene hambre. Sorprendentemente esto ocurre con regularidad, más o menos cada dos horas y media o cada tres horas.

Llevamos un día de ensayo y aunque también tuvimos un episodio largo de llanto, siento que vamos acoplándonos. No la he dejado sola ni un minuto; paseamos, cantamos. Veo que esto último la relaja mucho… eso y unos masajitos abdominales, en el sentido de las manecillas del reloj, seguidos de juegos con sus piernas y suaves movimientos de bicicleta, acostada.

La buena noticia es que ayer, tras “regular” un poco las comidas de mi hija, los gases se redujeron en un 90% y mis pechos se llenaron adecuadamente de leche para alimentarla (esto último estaba en crisis, pues como antes permitía que amamantara todo el tiempo, pensando que con ello se calmaba, no alcanzaba a tener todo lo que ella, creía, “necesitaba”). Retiraré la leche de mi dieta (de vaca) por unos días y veremos qué sigue pasando. La pregunta del millón es la misma: ¿sí será cólico o me estaré equivocando? Está noche, cuando menos, ella ha dormido incluso más de lo acostumbrado. Seguiré en la práctica con mi regularización y les estaré contando cómo vamos.

27 septiembre 2009 at 05:44 12 comentarios

Confesiones sobre la lactancia

Después de informarnos, experimentar, defender, dudar y preguntar, me arriesgo a hacer públicas mis confesiones sobre la lactancia exclusiva que, felizmente, hemos experimentado hasta este punto en nuestro hogar. Hago la salvedad, sin embargo, de que ésta no ha sido una tarea fácil, no tanto por lo que es la lactancia en sí misma, sino por la terrible desinformación que existe alrededor nuestro: pareciera que se hubieran montado grupos de apoyo para no amamantar. ¿Por qué nos cuesta tanto experimentar y vivir algo que es natural?

Y confieso, en primera instancia, que éste no será el único post que escriba al respecto. Y que espero recibir comentarios que nos ayuden a ir más allá de nuestra experiencia misma. Ahora sí, los mea culpa y demás.

1. Amamantar no es una tarea fácil: exige decisión, información y serenidad. Y un grupo de apoyo que nos permita todos los días confirmar que vamos por buen camino, brindándonos herramientas asociadas a la experiencia, además de unas cuantas claridades que se enfrenten al mar de mitos y mentiras que rodean la lactancia materna. A lo largo de estos días, una de las mayores sorpresas que he tenido es lo poco natural que parece en mi medio, al menos (y lamentablemente) el amamantamiento. He visto caras de extrañeza en más de una visita y comentarios que sugieren que “no estoy obligada” a lactar. Las primeras creo que se deben a lo poco común que resulta ahora el hecho (sobre todo cuando se trata de una lactancia exclusiva, sin teteros, sin horarios y asumida por voluntad); los segundos, sospecho que responden a informaciones tergiversadas que ven en el amamantamiento una especie de sometimiento. Yo misma, confieso, sabía muy poco sobre la lactancia antes de mi embarazo, tan poquito que -como la mayoría de los mortales que me rodean- llegué a regalar incluso, como lo más natural, teteros. Resultado: dudas, temores y malos consejos. Penitencias (salvadoras):  información, grupos de apoyo y lecturas responsables sobre la lactancia  (las charlas de la Liga de la Leche y los artículos de su revista Nuevo Comienzo han sido una ayuda fundamental).

Y doy ejemplos: cuando estaba en el hospital, antes de cumplir 18 horas de mi alumbramiento, una enfermera muy simpática me dijo (en tono amenazante) que si Irene no comía le iba a dar hipoglicemia y que la iban a tener que chuzar. Este comentario, seguido de un “le traigo un teterito” desconocía el hecho de que el estomaguito de mi recién nacida era tan pequeño que se llena con unas cuantas gotas de calostro (en un artículo incluso decía que su estómago era del tamaño de una canica) y que, si bien necesitaba comer con cierta frecuencia, mis pechos producirían exactamente la cantidad que ella requería. Mi labor, por tanto, consistía en aprender a prenderla del pecho y a no estresarme porque no sentía la leche “bajar”.

¿Cuántas madres no han renunciado a la lactancia (exclusiva o no) y han cedido ante la sugerencia del tetero porque creen que no tienen suficiente leche (eso sin mencionar que el calostro, para nada, es blanquito: es un líquido trasparentoso y amarillo al que bien llaman oro líquido)? Y las consecuencias de esa información son nefastas, pues van desde el temor de la madrecita y su pérdida de confianza hasta la afectación que generan en el organismo del chiquito la leche de fórmula (que es leche de vaca, diseñada por la naturaleza para terneros) y el tetero (que tiene un mecanismo de succión totalmente distinto al que necesita el bebé para obtener la leche del pechito de su mamá).

En resumen: al no haber succión en el pecho, la producción de leche se ralentiza y escasea; la flora intestinal del niño recibe mensajes contradictorios, pues el alimento que se le suministra no está diseñado para humanos; después de un tetero el niño que recibe el pecho tiene dificultad al succionar, lastimando con frecuencia a su madre y rechazando el alimento que debería serle natural, y un largo etcétera deprimente y contrario a la lactancia materna. Una madre recién parida NO tiene ríos de leche como la gente se imagina y un bebé recién nacido no requiere onzas y onzas de líquido (leche, ni mencionar lo contraproducente que resultan consejos como “jeringuita con agua azucarada” y demás).

El cuerpo de la madre y de su hijo están diseñados para dar comienzo a la lactancia de una manera gradual y natural, sin pezoneras que limiten la intensidad de succión y con ello la producción de leche, sin agüitas que llenen el poco espacio del estómago del bebé haciendo que en lugar de alimentarse se llene, y sin consejos despistadores y desanimantes que generen rupturas en el vínculo que naturalmente puede establecerse entre un bebé y su mamá.

2. Hay más voces unidas para el desaliento que para la promoción de la lactancia: ¿Por qué será? Amamantar a libre demanda, las veces que el bebé lo pida, sin horarios, ni restricciones ni nada por el estilo parece ser un pecado mortal. Sufrir lesiones (grietas en los pezones) por el arduo trabajo que tienen de un momento a otro el pecho se entiende, así mismo, como un mensaje de “renuncia” y no como un: “estás en período de acople. De ésta y ésta forma lo puedes mejorar”.

Lo primero (la libre demanda) garantiza el bienestar del bebé y la no mastitis de la mamá (si el chiquito está succionando con frecuencia, la producción de leche se consume y difícilmente se congestinarían los pechos de la mamá); lo segundo sólo requiere de la misma leche de la madre, distribuída por todo el pezón y secada al aire, y una buena colocación del pequeño que arranque desde el momento mismo del prendimiento. Otras alternativa: la lanolina ultrapurificada (hidratante que puede dejarse en el pecho cuando el bebé va a lactar). Con respecto al prendimiento, hago un comentario que considero fundamental: antes de iniciar la lactancia me sentía bien informada sobre cómo debía colocarse al bebé para evitar las consabidas grietas: barriga con barriga y con la boca muy abierta, de modo que sus labios quedaran pegados al pecho hacia afuera y que su boquita abarcara toda o casi toda la aureola de la mamá (pego un video que lo indica mejor. Sólo con las imágenes debe bastar). Las indicaciones, sin embargo, se saltaron un dato importantísimo: el chiquito necesita que se forme el pezón (el teterito) en la mamá y si al pegarse no lo encuentra formado, concentrará sus primeros esfuerzos en morderlo y acondicionarlo a su boquita, con las consecuentes grietas y heridas de la madre. ¿Cómo evitarlo? Estimulando antes el pecho (con masajes e hidratación con la misma leche por parte de la mamá. Esto no siempre es fàcil porque generalmente tenemos un bebé hambriento, lo segundo lo puede obviar) y estimulando al bebé para que abra MUY bien la boca antes de prenderse y, una vez lo haga, metiéndole, en un solo movimiento sostenido, todo la aureola de su madre en la boca. Esto lo obligará a succionar donde está la leche, sin lastimar el pezón de su mamá. Sé que toda esta historia es medio confusa, pero trato de aclararla con el video. Si hubiera sabido claramente lo segundo me habría evitado unas grietas dolorosas que, en cualquier caso, se pueden superar.

Y entonces, por una cosa u otra, pululan los comentarios del tipo: “no es normal que ese bebé se la pase chupando, lo tienes que regular” (¿regulan a sus crías los mamiferos? ¿Usan reloj y miden la cantidad de leche que le dan a sus retoñitos?) o “es que tu leche no está alimentando a ese niño, creo que le debes complementar. Si estuviera bien alimentado no pediría tanto” y bla bla bla.

No quiero posar de sabionda, ni mucho menos, si no señalar que una pobre madre segura o insegura que se enfrenta a un cambio en su vida tan grande como la llegada de un hijo empieza a ver menguadas sus certezas ante las dificultades propias del amamatamiento, potenciadas, lastimosamente, por comentarios como esos que -quizás con la mejor intención- terminan por desestimular. La salvación, en mi caso al menos, ha sido la información constante y la búsqueda de apoyos y (tengo que decirlo) la dedicación y el apoyo minuto a minuto de mi muacho hermoso: en las charlas, en foros de internet (dormirsinllorar.com es fabuloso; la misma Liga de la Leche tiene uno en su portal) y en artículos serios con experiencias de mamás (ya mencionaba, por ejemplo, la revista Nuevo Comienzo. Hay, además, libros con experiencias de madres que también pueden ayudar. Recomiendo Las Hijas de Hirkani, publicado por la Liga y disponible online ).

Podría seguir confesando pecados, dudas, molestias y temores, pero tengo una chiquita próxima a despertarse para comer lechita y amor de su mamá. Espero dejar abierta una discusión (en el sentido real del término: un intercambio de experiencias y opiniones) que podamos ampliar en el futuro. Agradezco, sí, a todos aquellos que me han visto con sorpresa o con amor, pues en cualquier caso estoy convencida que la lactancia requiere de eso: de preguntas, comentarios y confrontaciones que le devuelvan su actualidad. Ah, y que conste que me he dado cuenta que además de las madres, muchos médicos necesitan reinformarse. Amamantar es posible: requiere, sobretodo, amor, información y volundad.

😉

18 septiembre 2009 at 03:47 8 comentarios

Cómo almacenar la leche materna: extracción, almacenamiento y conservación

Para darle continuidad al artículo anterior, relacionado con los extractores o sacaleches, hoy hablaré sobre el almacenamiento y la conservación de la leche materna. Aún no tengo experiencia en este proceso, pero estoy convencida de la utilidad de esta información: con ella se confirma que hay alternativas de apoyo a la lactancia que permiten brindarle a los niños el mejor alimento que existe en la naturaleza, incluso en casos extremos como pueden ser el trabajo, una enfermedad o convalecencia o problemas en la succión directa del pezón.


La extracción de la leche

Y empiezo a hablar de los extractores, sin desconocer por ello la posibilidad que existe de realizar manualmente la extracción (al final adjunto un video que explica en detalle cómo hacerlo). Tanto los extractores mecánicos como los eléctricos imitan la succión del bebé cuando toma el pecho. Esto no significa que no se deba hacer una estimulación previa del seno y del pezón: por el contrario, existen recomendaciones puntuales para hacer más efectiva la extracción, que pasan -entre otros- por masajes circulares alrededor de la aureola, paños de agua tibia y duchas calientes, espacios relajados y la lactancia misma del bebé por el pecho contrario al que se usará para la extracción.

La extracción puede hacerse a cualquier hora del día, aunque algunos recomiendan más la mañana o la noche (se supone que a lo largo de esta última es cuando hay más produción de leche). Al igual que ocurre con el amamantamiento, se recomienda seguir una rutina para la extracción, pues ésta es la que garantiza la producción adecuada de leche. En el caso de las madres que regresan al trabajo, se sugiere hacer la extracción a las mismas horas que el bebé lactaba y mantener -en los horarios no laborales- el amamantamiento.

Formas de conservación

En cuanto a la conservación de la leche extraída, hay varias opciones: pueden usarse bolsas plásticas, resellables (venden unas especiales para la lactancia) o un recipiente de plástico duro o cristal. En cualquier caso, es fundamental que el recipiente esté esterilizado y que no contenga químicos. La asesora de la Liga de la Leche que frecuente recomienda más la primera opción y hace especial enfásis en que cada recipiente tenga un máximo de 3 onzas almacenadas (o el equivalente a una toma del bebé), pues la leche no puede volver a llevarse a la nevera tras su descongelación.

Una vez se tenga la leche extraída dentro del recipiente, éste debe marcarse con la fecha de la recolección y llevarse al congelador. Si va a usarse el mismo día, puede dejarse fuera (por un máximo de horas que varía según la temperatura ambiente) o guardarse en el refrigerador. Para mayores detalles sobre el almacenamiento de la leche, pueden consultarse estos artículos: Beneficios de almacenar correctamente la leche materna, Cómo extraer y almacenar leche materna y Almacenamiento de la leche materna y tiempos de refrigeración.

En cualquier caso, es importante evaluar cuáles son las necesidades de leche. En el caso de las madres que regresan al trabajo, por ejemplo, puede ser útil iniciar el almacenamiento de la leche con prelación. También en su caso se recomienda que deleguen en otra persona (padre, abuela, etc.) el suministro de la leche del pequeño en algunas tomas, de modo que se vaya habituando a ello. La leche extraída no debe suministrarla en ningún caso la madre, pues el bebé no entenderá por qué, si tiene el pecho a mano, debe lactar de otro modo. Es importante, asímismo, que se evite a toda costa el uso del biberón (por la confusión que puede crear en la succión del bebé): en su lugar se recomienda el uso de vasos o jeringas.

Cómo descongelar la leche

La leche que ha sido almacenada en el congelador debe llevarse a temperatura ambiente. Ello puede hacerse de varias maneras: bajándola primero al refrigerador (por algunas horas) y poniéndola luego -aún dentro del recipiente- bajo el grifo de agua. Algunas personas recomiendan calentarla al baño María (en una olla con agua hirviendo, sin sacarla del recipiente en el que se recolectó), mientras que otras no. No se recomienda en ningún caso descongelar la leche en el microondas y mucho menos hervirla, pues pierde nutrientes. Es importante agitar el envase una vez que se ha descongelado, pues la leche pierde homogeneidad. Los expertos señalan igualmente que la separación de la leche congelada en capas es normal y no indica -al menos mientras se respeten las recomendaciones y tiempos de conservación- un daño de la leche.

Por último, la leche conservada debe utilizarse en el mismo orden en que fue almacenada (lo primero que entra es lo primero que sale, por eso es importante marcar la fecha de extracción) y puede usarse tanto para darla directamente o para la preparación de papillas, esto último en el caso de bebés de más de 6 meses de edad. Para información adicional, puede consultarse: La Extracción y el Almacenamiento de la Leche: Guía para Madres Lactantes, Extracción y conservación de la leche materna.

Y termino con lo prometido: un video sobre la extracción manual de la leche y su almacenamiento que puede aclarar mucho de lo escrito hoy.

Foto de Sammis Co (Flickr Creative Commons).

9 agosto 2009 at 11:21 1 comentario

Más sobre lactancia materna: documentos útiles para mamás

Aprovechando que estamos en la Semana Internacional de la Lactancia Materna, quiero compartir con todos una serie de documentos recomendados sobre el tema, que pueden ser realmente de gran utilidad. Entre otros aspectos, hay información sobre los beneficios de la leche, sobre la lactancia y la amenorrea, sobre el nacimiento y la iniciación en la lactancia, y muchos temas más. Todos estos artículos (ampliamente documentados y disponibles en versiones pdf en varios idiomas, los que anexamos aquí están en español) están disponibles en linkagesproject.org, un programa financiado por USAID que provee a las organizaciones que lo requieren, información técnica, asistencia y capacitación sobre lactancia materna, alimentación complementaria, prácticas nutricionales de las madres y el Método de Lactancia y Amenorrea (MELA), ­ un método moderno de contracepción posparto para madres que amamantan.


Aquí están los documentos.  No los dejen de revisar:

Manual de Lactancia Materna: material de referencia para la promoción, protección y el mantenimiento de la lactancia materna.

FFF (Facts for Feeding): Pautas para la alimentación complementaria adecuada
de lactantes de 6 a 24 meses de edad.

La promoción de suplementos de multivitaminas y minerales para mujeres en edad fértil de los países en desarrollo.

Cuantificación de los beneficios de la lactancia materna: reseña de la evidencia: Proporciona evidencia científica y epidemiológica en apoyo a la Estrategia Mundial para la Alimentación del Lactante y el Niño Pequeno elaborada por la Organización Mundial de la Salud y UNICEF. (Versiones impresos en español no están disponibles ahora).

Preguntas más frecuentes sobre lactancia materna exclusiva: la única fuente de agua que necesita un bebé: Hoja de Preguntas: Los recién nacidos sanos entran al mundo bien hidratados y permanecen así si se amamantan exclusivamente durante el día y la noche, aún en los climas más cálidos y secos. No obstante, la práctica de darles agua a los bebés durante sus primeros seis meses de vida – el período de tiempo recomendado para dar lactancia materna exclusiva – persiste en muchas partes del mundo con consecuencias peligrosas para la nutrición y salud de estos/as niños/as. Esta hoja de preguntas más frecuentes discute estas consecuencias y el papel que desempeña la lactancia materna en llenar los requerimientos de agua que tienen los bebés.

Preguntas más frecuentes sobre lactancia materna y VIH/SIDA: Hoja de preguntas más frecuentes es una serie de publicaciones de preguntas más frecuentes sobre asuntos enfocados por el proyecto LINKAGES. Esta edición brinda recomendaciones sobre la lactancia materna y el VIH. Revisa la información más reciente sobre la transmisión del VIH a través de la lactancia materna y proporciona orientación programática para actividades de campo.

Preguntas más frecuentes sobre el método de lactancia y amenorrea (MELA): Este número se trata el Método de Lactancia y Amenorrea (MELA) y está especialmente dirigido a los proveedores de salud en Supervivencia Infantil y Planificación Familiar.

Preguntas más frecuentes sobre lactancia materna y nutrición materna: Este ejemplar se concentra en el efecto que la nutrición de la madre tiene en la cantidad y calidad de la leche producida, así como en las necesidades nutricionales de las mujeres que amamantan, el efecto de la lactancia en la salud materna y las implicaciones de esta información para los programas.

Preguntas más frecuentes sobre el sistema de apoyo de madre a madre para la lactancia materna: Esta edición se enfoca en el Apoyo de Madre a Madre para la Lactancia Materna, un método para mejorar la salud y el bienestar de las mujeres y sus niños.

Nacimiento, iniciación de la lactancia materna y los primeros siete días después del nacimiento- Datos importantes sobre alimentación: Aproximadamente entre una cuarta parte y la mitad de las muertes durante el primer año de vida ocurren en la primera semana. Muchas de las intervenciones que mejorarán la salud y la supervivencia de los recién nacidos tienen un costo relativamente bajo y es factible implementarlas. Una de ellas es la lactancia materna inmediata y exclusiva. Esta intervención también puede ayudar a las mujeres al minimizar la hemorragia que tiene lugar inmediatamente después del parto, una de las causas más comunes de mortalidad materna.

La leche materna – Una fuente esencial de vitamina A para lactantes y niños pequeños- Datos importantes sobre alimentación: La leche materna es una fuente higiénica de energía, nutrientes esenciales, agua, factores de inmunidad y muchos otros componentes que proveen beneficios para lactantes y niños pequeños. La leche materna proporciona protección contra la deficiencia de vitamina A. Antes de la rápida expansión del programa de distribución de cápsulas de vitamina A de los ultimos años, el Organismo Mundial de la Salud (OMS) estimó que mas de 250 millones de niños en edad pre escolar estaban en riesgo de tener deficiencia de Vitamina A.

Prácticas recomendadas para mejorar la nutrición de los lactantes durante los primeros seis meses de vida- Datos importantes sobre alimentación: forma parte de una serie de publicaciones sobre métodos dietéticos y de alimentación para mejorar el estado nutricional en diversos puntos del ciclo de vida. Este número está dedicado a los primeros seis meses de vida del lactante.

Prácticas alimentarías y dietéticas recomendadas para mejorar la nutrición de lactantes y madres: Es posible que la malnutrición comience antes del nacimiento y dure toda la vida. Muchos bebés nacen con bajo peso y con carencias de micronutrientes. Las prácticas de alimentación inadecuadas durante los primeros dos años de vida tienen consecuencias negativas inmediatas, y a menudo de larga duración, sobre el crecimiento y el desarrollo. El estrés nutricional durante la adolescencia y la vida reproductiva repercuten sobre la salud de las mujeres y, en consecuencia, sobre la próxima generación. Este documento identifica una serie de prácticas alimentarias y dietéticas que se recomiendan para interrumpir este ciclo de mala salud y nutrición que pasa de una generación a otra. También presenta la evidencia científica para apoyar las recomendaciones.

Nutricion Materna: Problemas e Intervenciones: Una presentación computarizada de diapositivas sobre Avances en la Nutrición Materna.

MELA (Método de Lactancia y Amenorrea): Un método moderno anticonceptivo para mujeres que amamantan.

Nacimiento, iniciación de la lactancia materna y los primeros siete días después del nacimiento- Datos importantes sobre alimentación: Aproximadamente entre una cuarta parte y la mitad de las muertes durante el primer año de vida ocurren en la primera semana. Muchas de las intervenciones que mejorarán la salud y la supervivencia de los recién nacidos tienen un costo relativamente bajo y es factible implementarlas. Una de ellas es la lactancia materna inmediata y exclusiva. Esta intervención también puede ayudar a las mujeres al minimizar la hemorragia que tiene lugar inmediatamente después del parto, una de las causas más comunes de mortalidad materna.

2 agosto 2009 at 12:24 Deja un comentario

¡Estamos en la Semana Internacional de la Lactancia Materna!

Uno de los temas más discutidos en nuestra casita ha sido la lactancia materna. Y aunque esta discusión no se ha dado por experiencia (circunstancia que cambiará dentro de poco, espero), sí se ha dado por la convicción de los beneficios que ofrece tanto al bebé como a la madre la “teta”. Esta semana, entre el 1 y el 7 de agosto, la OMS celebra alrededor de todo el mundo la Semana Internacional de la Lactancia, una serie de acciones y eventos que buscan promover e incentivar su práctica, además de difundir información sustentada sobre la misma que eche por tierra tantos mitos y mentiras erradamente asociadas a ella.

Y empiezo por el final: la desinformación que nos mata. Hace una semana, en casa de uno de mis primos, conocí a una madre joven que alimentaba felizmente con leche artificial a su bebé de tres meses. Dado el escenario y mi circunstancia de embarazada, hubo varias conversaciones relacionadas con la crianza de los pequeños, el parto y, por supuesto, la lactancia. Mi intención en general no es sentar cátedra sobre ningún asunto, sobre todo porque creo que puede no entenderse como válido que hable sobre cosas que apenas voy a experimentar. Me gusta, sí, en cambio, mencionar algunas de mis lecturas y recomendar instituciones o sitios donde considero que hay información útil para las mamás.

Pues bien, en la consabida reunión quedó claro que esta madre había terminado optando por la leche de tarro porque el bebé recibió desde pequeño biberón, terminando por rechazar a su mamá (sin duda, confusión en el reflejo de succión). Las palabras de la joven fueron más o menos estas: “es que el tetero saca la leche más fácil y a él le gusta más”. Debo mencionar que para nada se veía incómoda con ello, como lo comprobé un poco más adelante al hablar de la alimentación complementaria. Por el contrario, creo que darle leche a su hijo con tetero le parecía la vía natural. Sus palabras entonces fueron más o menos las siguientes: “permíteme darte un consejo: es mejor que acostumbres a tu bebé desde chiquito a que no dependa de la mamá. Si no lo haces, vas a sufrir mucho y vas a tener a un niño totalmente inseguro y dependiente”. No discutí mucho al respecto, sólo mencioné que en los textos que yo había leído las opiniones y estudios abogaban justamente por lo contrario y que confiaba plenamente en la leche materna y en los beneficios de la alimentación exclusiva (sin agua ni complementos) hasta los seis meses de edad. Ninguno de los textos que he leído hablaba de niños dependientes: de hecho mencionan que se ha comprobado que los niños amamantados se sienten más seguros y respaldados para enfrentar el mundo y suelen ser más independientes que los niños alimentados con leche de tarro.

Y cito:  “El amamantar durante y después de la infancia ayuda a los bebés y a los niños pequeños a hacer una transición gradual hacia la niñez plena. La lactancia materna es una manera cálida y amorosa de cubrir las necesidades de los niños pequeños. Les ayuda a calmar las frustraciones, golpes y heridas, y el estrés diario de la niñez temprana. El cubrir las necesidades de dependencia de un niño, de acuerdo con su horario personal y único, es la clave para ayudar a ese niño a alcanzar su independencia. Los niños que logran independencia a su propio ritmo, son más seguros en dicha independencia que los niños que fueron forzados a independizarse prematuramente.” (Sally Kneidel en “Nursing Beyond One Year” (New Beginnings, Vol. 6 No. 4, July-August 1990, pp. 99-103).

Debo decir que la joven madre no fue la única en defender su postura (sobre la alimentación complementario antes de los seis meses, la independencia de los niños no amamantados y otros temas): de hecho alguien más aseguró -citando a médicos, incluso- que los niños necesitaban calmar la sed con agua, que la leche no suplía esa necesidad, etcétera, etcétera, etcétera. En los links que puse arriba puede verse claramente la falsedad de esos criterios. Yo, por mi parte, los resumo señalando que los estudios han demostrado que la leche (que va cambiando a lo largo de cada toma, siendo primero más líquida -para calmar la sed- y luego más densa -más rica en proteínas- para alimentar) suple esta necesidad y que, por el contrario, suministrar agua u otro alimento al bebé equivale a atentar contra su desarrollo, pues por la inmadurez de su aparato digestivo y el tamañito de su estómago lo que se logra es “empacharlo” con algo que no lo puede alimentar y que, en su lugar, incrementa el riesgo de enfermedad en el pequeño, pues facilita la entrada de patógenos a su cuerpo. La leche materna ya viene esterilizada y tiene en sí misma un promedio de 88% de agua. Nutrientes, líquido, defensas, calor humano, acompañamiento de la madre, sensación de seguridad… ¿habrá algo que la leche no pueda suministrar?

Podría pasarme otro rato laaaargo escribiendo al respecto, pero no lo hago porque no quiero cansarlos y sé que hay información clara al respecto que se puede conseguir sin dificultad (vuelvo y cita para ello, organizaciones maravillosas como la Liga de la Leche, y foros de apoyo a la lactancia como el de e-lactancia.org, de España. Con la ayuda de un buscador web y el ingreso de palabras claves como lactancia, leche materna y otros se puede encontrar mucho más) . Termino más bien diciendo lo que ya he repetido en otras ocasiones: la naturaleza es sabia, algo en lo que sin duda podemos confiar. Mi decisión: amamantar a Irene. Espero poder hacerlo. El tiempo y mi voluntad lo dirán.

Estoy convencida, en cualquier caso, de que la lactancia materna es un regalo de vida para padres y pequeños y que es hora de informarnos al respecto y darle nuevamente un espacio en nuestra sociedad. Además, si es algo que nos proporciona la naturaleza misma, ¿por qué nos empeñamos tanto en rechazarlo? Ni el trabajo, ni las comodidades de nuestro mundo occidental tienen que reñir con ella, claramente se pueden conjugar.

😉

PD: comparto también el link de un artículo sobre lactancia prolongada -editado a propósito de la Semana Internacional de la Lactancia Materna-, publicado hoy en el periódico El Mundo de España. Una experiencia de admirar.

PD2: La imagen usada en este post acompaña un interesante texto de apoyo para no suspender la lactancia después de una interrupción de la misma, publicado en bebesmundo.com

1 agosto 2009 at 10:24 3 comentarios

¿Cuál será la mejor manera de alimentar el bebé?

Creo que aunque todavía hay personas que defienden la alimentación artificial y el uso de biberón en los pequeños, tanto la naturaleza como la ciencia han demostrado que la leche materna es el mejor alimento que puede recibir un bebé. Lamentablemente, hay una serie de mitos y temores relacionados con la lactancia, que -sumados al negocio de las leches artificiales- han propiciado altos niveles de desinformación sobre la “teta”. A pesar de que aún estoy lejos de hacer por mí misma la prueba, comparto algunas de las inquietudes más frecuentes, al tiempo que señalo mi deseo -racional y emocional- de alimentar con mi leche a Irene. Veremos cómo lo podemos hacer.

Ganador del Mothering Breastfeeding Symbol Contest

Hay varios comentarios comunes en contra de la lactancia materna: que es insuficiente, que es dolorosa, que puede generar alergias, entre otras. Algunas surgen de la comodidad (el biberón puede dárselo cualquier persona al pequeño, la amamantada sólo puede hacerla la mamá), otras, de la ignorancia (pensar, por ejemplo, que la leche es insuficiente es desconocer que su producción depende directamente de la demanda: mientras más se amamante al bebé más leche producirá la mamá); otras, de la mala información (los pezones “invertidos”, por ejemplo, no son un limitante definitivo para la alimentación con leche materna: es posible, en estos casos, extraer la leche y dársela al bebé con cucharita o con biberón). No discuto, por supuesto, criterios médicos, pues ni es mi área ni creo que deba hacerse por un medio como éste, pero sí lo hago con mitos que han privado a muchos chiquitos de los nutrientes y defensas que pueden darles la leche materna, y a las madres y a ellos mismos del vínculo especial que se genera al amamantar.

Sé que en otra época (y espero que esa no sea la tendencia actual), muchos personas -médicos incluso- recomendaban a las madres usar leches sustitutas, en casos en los que se dificultará la lactancia materna. Mi madre, por ejemplo, supuestamente no pudo amamantarnos porque no tuvo leche (argumento que, según algunos defensores del breastfeeding, no es válido, pues la leche siempre termina por bajar, gracias incluso a la misma estimulación que genera la succión del bebé). También he oído historias de su época, de madres-tías-abuelas amigas, que dicen que recibieron como dictamen anti-amamantamiento el diagnóstico de que su leche no servía: ¿no será suficientemente sabio el cuerpo para saber qué nutrientes necesita un niño en formación (según su edad, incluso)? La verdad, creo que sí y lo confirman varios artículos que he encontrado al respecto.

Como mi idea no es pontificar sino poner sobre el tapete una discusión que me parece válida y necesaria, dejo el enlace de la Liga de la Leche (LLLI), una organización internacional que trabaja por la promoción y defensa de la lactancia materna. En este sitio (disponible en varios idiomas) encontrarán todo tipo de artículos relacionados con el tema, además de un foro de discusión sobre la lactancia e, incluso, una tienda que puede ilustrar sobre productos relacionados con ella (como los extractores o sacaleches, tan útiles para continuar con la lactancia después del retorno de la madre al mundo laboral).

Finalizo con un video informativo, conciso y concreto sobre la leche materna, realizado por la Liga de la Leche argentina. Creo que vale la pena como introducción. Ah, y después anexo los datos de contacto de la LLLI en Colombia y los horarios de reuniones informativas sobre la lactancia materna en Bogotá y Medellín. Planeo asistir a fin de mes a una. Ya les contaré qué más encuentro allí.

Reuniones de Información sobre la lactancia materna de la Liga de la Leche en Colombia:
En Bogotá (Tel. celular: 320 847 3355):
CICLO BÁSICO
* Fecha: Primer Martes de Cada Mes
Lugar: Calle 106 # 19 A – 26
Hora: 10:00 AM
* Fecha: Segundo Lunes de cada mes
Lugar: Gymboree Calle 125 # 20 – 73
Hora: 10:30 AM

En Medellín (Beeper 3116262 cod. 25353):
* Fecha: Tercer jueves de cada mes
Lugar: Parroquia de San Pedro y San Pablo, calle 49 No. 77C-95 Barrio Estadio
Hora: 10:00 am.
Tel: 3170572
* Fecha: Último jueves de cada mes
Lugar: Salón Social Urbanización Linda Villa, calle 20 Sur No. 39A-72, Envigado.
Hora: 10 am.
Tel: 3170572
* Fecha: Último viernes de cada mes
Hospital San Vicente de Paul, sala de Lactancia, piso 2.
Tel: 2303676.

11 mayo 2009 at 15:39 2 comentarios

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