Posts filed under ‘Sueño infantil’

Los gases del bebé

Una de las mayores preocupaciones que tenemos las madres son los gases del bebé. Eso y las mil y una posiciones para lograr que salgan parecen temas inherentes a la llegada del pequeño. Pues bien, a sabiendas de que cada chiquito es único y que nuestra experiencia puede no servirle a todos, hoy quiero escribir sobre los gases, básicamente para contar que nosotros nunca se los sacamos a Irene, que hoy creo firmemente que nuestra chiquita no sufrió ningún cólico y que las buenas noches de nuestra hija se debieron, quizás, a una costumbre que adquirimos casi espontáneamente: acostarla en cuanto se dormía, sin pasar por la rutina horrorosa de alzarla y sacudirla para ver si había aire en su pancita. Quizás el hecho de que tomara siempre pecho y que nuestra lactancia fuera tranquila tuvieron mucho que ver. De todos modos, surge la pregunta, ¿es siempre necesario sacar los gases al bebé?

Curiosamente, había olvidado este episodio de nuestras vidas, hasta que hace una semana hablé con una de mis mejores amigas sobre su lactancia y las noches con su bebé de menos de un mes de nacido. De ahí que después de 9 meses de nuestra chiquita hablé de los gases en sus primeras semanas de vida. 😉 Y empiezo: sea por la lactancia o por suerte, creo que bien vale la pena saber que no siempre es necesario sacarle los gases a un bebé. ¿Por qué? Porque no todos los niños tragan aire al mamar (de hecho, los que toman pecho tienen generalmente una succión hermética que evita, en buena medida, que esto ocurra) y porque los consabidos cólicos del lactante -tan anunciados y temidos por todos- ahora se atribuyen más a lo difícil que le resulta emocional y físicamente a un bebé adaptarse a un nuevo medio que al aire que tenga en su pancita por comer.

Y aclaro que yo también tuve mis dudas, que en algún momento pensé que mi chiquita estaba llena de gases por la manera como estaba comiendo y que concluí -después de algunos días- que los bebés tienen episodios de desasosiego en los que tragan aire al llorar. La solución, no obstante, no fue la recomendación “matemática” de sacarle gases cada vez que terminara de amamantar: fue buscar espacios tranquilos para ella que nos ayudaran, a ambas, a relajarnos y a disfrutar y conocernos plenamente. Creo que en la medida en que yo me sentí más confiada y segura, Irene se inundó de serenidad.

Nuestro “había una vez” de las noches sin sesiones anti-gas

Obviamente, decir que no le sacamos gases a Irene no significa que nunca haya eructado después de sus comidas: algunas veces tenía gases (pocos), pero estos salían solitos, por su boca o por su colita. ¿Intentamos sacárselos? Por supuesto, pero sólo los primeros tres días. Los intentos, sin embargo, fueron infructosos (léase: la alzarmos en el hombro y le masajeamos la espaldita después de cada comida) con respecto a los gases y muy efectivos en lo relativo a despertarla bien. Por ello y por la placidez con que se dormía, optamos por acostarla inmediatamente después de comer.

Pegada al pecho y sin hacer ningún ruido excesivo, Irene se quedaba profundamente dormida. A mí me daba una tristeza infinita despertarla para sacarle gases, por lo que terminé dándome bendiciones y asumiendo que algo de razón tendrían unas palabras que había leído y que decían que todos los gases que el bebé tiene salen, ya sea por la boca o por la colita: muchas veces el mismo desplazamiento (suave y sinuoso) que llevaba a Irene de mis piernas a la cama servía para que cualquier gas que tuviera en su pancita saliera espontáneamente. Cuando no fue así, los gasecitos salieron en forma de ventosidades -muy comunes en los peques.

Luego, cuando Irene estaba más grande (y se distraía un poco más al comer, soltando el pecho, cogiéndolo nuevamente, protestando mientras comía, sonriendo… en pocas palabras, abriendo su boquita y dejando colar algo de aire de vez en cuando), bastaba sentarla en mi regazo después de cada comida. Y hablarle y esperar un ratito. Por gravedad pura y dura la leche bajaba y cualquier resto de aire que quedaba salía espontáneamente por su boquita.

¿Y si el bebé sí tiene gases?

A pesar de lo escrito, tengo claro que no todos los bebés son iguales y que no existen fórmulas matemáticas para aplicar a todos por igual. Por ello, para aquellas mamás que sientan que sus bebés están molestos (porque tienen gases o porque la llegada al mundo los tomó por sorpresa y aún andan en un “que sí, que no” fatal) incluyo tres videos sobre shantala, una técnica india de masajes para el bebé que se utiliza para aliviar los gases. El primero muestra a una madre india haciendo el masaje original, mientras que los segundos presentan el ejercicio de la técnica en Occidente, con una terapeuta.

Personalmente creo que la incidencia de este masaje sobre los gases y sobre los posibles cólicos que llegaran a generarse (ya sea por aire en la pancita o por estrés del pequeño), está relacionada con el vínculo que puede crear un masaje entre el bebé y su mama, además -por supuesto- de la relajación e intimidad que estarían asociados a ellos. Si no se atreven a seguir esta técnica, pueden moverle las piernitas al chiquito en círculos, como si estuviera montando en bicicleta. El efecto sobre los gasecitos, creo, será similar.

Adicionalmente, dejo un link con remedios caseros para los gases. Verán que el tipo de alimentación que ingiere la madre y la ingesta por parte del bebé de leche de fórmula (más rica en lactosa que la materna y mucho más difícil de digerir que ésta) pueden estar relacionados con los cólicos. En cualquier caso, ante la duda, lo mejor es acudir a un especialista… Y escuchar el corazón de madre: no somos máquinas que funcionemos con fórmulas. A nosotros nos funcionó no sacar gases, a pesar de que en todos los cursos y textos que leímos nos decían que se le debían sacar. Ojalá que a ustedes les funcione una cosa u otra. En cualquier caso, dicen que pasados los tres primeros meses de vida los cólicos (cuando se sufren) se van solitos.

Ah, ¿y hay alguna sugerencia o experiencia que nos quieran aportar?

😉 Esta semana hemos estado lejos de la web, pero volvemos, lentamente. Es que una chiquita de nueve meses se mueve cada día más y más y más.

21 mayo 2010 at 15:14 6 comentarios

Si se despierta en la noche nos preocupamos y si no… ¡también!

No es fácil esto de ser padres… Hace menos de una semana contaba que la energía de Irene parecía no tener fin: las noches, desde hace algunos días, estaban llenas  de despertares constantes para las dos. Pues bien, como nada está escrito en los pequeños, Irene duerme plácidamente desde las 11 de la noche mientras yo veo pasar los minutos preguntándome qué pasa. Sé que pronto se despertará porque casi son las 6 de la mañana (y en eso sí que no cambian sus costumbres… hasta ahora), pero… ¿por qué rondo como loquita su cama y me preocupo, como si de algo malo se tratara, porque anoche mi chiquita casi ni se despertó?

Ni siquiera el flash de la cámara interrumpió su sueño (y sí, respira… ya, por supuesto, verifiqué que lo hiciera). Sé que mañana será otro día y que es posible que la pequeña nuevamente se despierte cada dos o tres horitas… pero yo no logro dormir tranquila. ¿Por qué? Estoy segura de que algunos me dirán que por tonta, otros que por sobreprotectora y unos más (seguramente madres) dirán que porque es nuestro orden natural.

Sea una opción u otra -personalmente me inclino por la última- es claro que uno de los grandes temas con los pequeños es su sueño. Para más señas, incluso, en esta casita lo hemos abordado en varias ocasiones, al  hablar de particularidades de Irene y pedir ayuda y consejos sobre cómo ayudarla a dormir, comentar cómo puede incidir -beneficiosamente incluso- el ruido en las siestas diurnas e indagar sobre las características del sueño infantil. Pero debo confesar que ninguna de nuestras pesquisas es lo suficientemente convincente durante las noches, cuando la chiquita o se despierta o no para de dormir. 😉

Lo cierto es que después de una tranquila noche en nuestra casa (tranquila especialmente para Irene) y de un par de horas de madre sentada (pensando fríamente, después de verificar que nuestra hija simplemente dormía), puedo decir que nada está escrito en la vida de los niños, que la maternidad se asienta en un instinto de proteger y estar alerta y que los días pasan inevitablemente y esos bebés que teníamos al principio se van convirtiendo con el paso del tiempo en seres cada vez más maduros e independientes (¡Irene tiene días -ahora- en que toma menos leche y yo me voy dando cuenta de que llegará el momento en el que no amamante… Y, confieso, una parte de mí se entristece).

Es el ciclo natural de la vida… ¿Qué pasará -no obstante- cuándo entre al colegio, cuando mude el primer diente,cuando salga a jugar con sus amigos y cuando parta, para hacer su vida, de este hogar? (se me salen las lágrimas).

:S

Sí, definitivamente, no es fácil ser papás.

P.D.: ¿Tendrá que ver el sueño de anoche de Irene con que le pedimos a nuestra vecina -hasta ayer desconocida- que no usara tacones en la noche cuando se levantaba una y otra vez seguidas? Aclaro que mi sorpresa fue descubrir que era una señora mayorcita que, sin duda, no quiere dejar en sus noches de insomio los zapatos con los que se siente más cómoda (unos negritos, altos, gruesos… de toooooda la vida). Sí, me sentí medio bruja… pero les juro que creo realmente que la señora anoche usó chanclitas.

UPDATE: Efectivamente, nuestra chiquita despertó a las 6.

Y después de verle esta cara y después de ver cómo se ilumina al volvernos a ver… No importan las preocupaciones, ni los corazones arrugados, ni nada. ¡Un hijo es un regalo infinito y constante! Inacabable. 🙂 Supongo que es el sentido de los cambios. No dejo de sonreír… ni de sorprenderme. 😉

12 abril 2010 at 06:25 8 comentarios

El sueño de los chiquitos: cero lágrimas y más mimos para dormir bien

Hace una semana prometí escribir un post sobre el sueño de los niños. Hoy cumplo mi cometido, a pesar de que en nuestro hogar aún nos falta mucho trecho por vivir. Irene duerme serena y, como todos los niños, se despierta en las noches: algunos días dos veces, otros días tres… y otros hasta cuatro. El tema no me preocupa porque aprendí que el sueño de los bebés es evolutivo y que no hay ninguna patología en los despertares. ¿Qué es lo mejor que podemos hacer nosotros como padres? Ayudarles a nuestros pequeños a relajarse, crear una rutina de sueño y tratar de sincronizarnos (ojo, nosotros) con ellos, entendendiendo que no hay nada de malo en los despertares y que podemos acompañarlos y atenderlos sin dejarlos llorar. Eso garantiza bebés sanos, felices, tranquilos e independientes en el futuro.

Y comienzo por nuestra experiencia. Antes de que naciera la chiquita alguien me habló de un método estupendo para el sueño de los chiquitos que garantizaba que a los tres meses de vida dormían de un solo tiro, sin ningún despertar. Ese alguien en cuestión, con las mejores intenciones, me regaló después un libro “reputadísimo” que me daría las pautas para que mi chiquita “organizara” su sueño (como si el hecho de que no estuviera sincronizado con el nuestro implicara ya un desorden o una patología del mismo). Sin prevenciones, hice la tarea y me leí el texto, echándole cabeza y pensando (aún sin que naciera la pequeña) cómo podría funcionar.

Posteriormente, en alguno de estos blogs mencioné el asunto, resaltando lo que me pareció interesante del cuento: que era bueno establecer rutinas que les permitieran a los niños diferenciar el día de la noche y que dormir era necesario para que los chiquitos tuvieran un desarrollo normal. Dudaba, como buena madre primeriza, de la propuesta de dejarlo llorar hasta que aprendiera a dormirse por sí mismo, pero no sabía de otras posturas ni tenía mamá cerquita para preguntarle cómo podían ser las noches con una bebecita.

En ese entonces no entendía si era cierto el consabido y repetido comentario de “si no la dejas llorar, después no vas a tener cómo bajártela” o “es que los niños te manipulan”. ¡Qué ingenuidad! Creo que quien piensa eso no tiene una relación cercana y real con un pequeño y que, mucho menos, ha hecho el ensayo de ver si es cierto. Justamente los niños criados con apego – a mis ojos- son luego los más independientes. Es apenas normal que cuando no pueden ser autónomonos quieran estar con sus papás… En todo caso, si quieren saber las consecuencias de cargarlos y atenderlos sin dejar que lloren, este testimonio se las explicará. Recordaba, sí, haber visto capítulos de niñeras “expertas” que lo primero que hacían al llegar a una casa era imponer horarios y obligar a los niños a descansar. No importaba, en esos casos, si para lograrlo había que armarse de reloj, nervios y abandonos que dieran como resultado un niño dormido por físico estrés y cansancio y secuelas e inseguridades futuras que no sería fácil erradicar:  la versión discotequera del programa era que el niño dormía porque “había organizado sus horarios”.

Por fortuna, mi comentario tuvo de inmediato una respuesta que decía, desde la experiencia, que había otras posturas más amorosas, realistas y efectivas para ayudarles a dormir a los chiquitos. Esas solas palabras (de Mamasita, por cierto. ¡Gracias, de nuevo por un consejo dado a tiempo!) me sirvieron para ahondar en el asunto y encontrar a Rosa Jové, a su libro y a los foros de apoyo a padres que quieran realmente acompañar y entender el sueño de sus hijos: Dormir sin llorar y Crianza natural. Leí  los artículos base y de apoyo que había disponibles, y entendí, a partir de estudios científicos, que el sueño de los bebés y los niños era evolutivo y que los despertares eran normales y hacían parte de un proceso de aprendizaje emocional y físico. Para quienes aún no conocen estas posturas, les recomiendo ver este video de Rosa Jové y leer esta entrevista, de ella también.

¿En definitiva, cómo es el sueño de los bebés?

Trataré de no extenderme en detalles porque el material disponible sobre el tema es conciso e interesante (pueden encontrar muchísimo aquí, incluídos algunos consejos para ayudar a mejorar el sueño de los pequeños). Los despertares, que suelen ser la mayor preocupación de los papás y los que han generado teorías erradas y poco recomendables que sugieren dejar llorar a los niños y esperar a que se duerman nuevamente solos, son normales. Es más, suelen responder a ciclos (horas fijas durante algunos días que pueden modificarse en poco tiempo, con nuevas rutinas) y son la evidencia de que el niño está introduciendo nuevas fases de sueño a sus noches (los adultos tenemos seis fases de sueño, que van desde un sueño ligero hasta el sueño profundo, mientras los niños al nacer sólo tienen dos… además de un ciclo distinto al nuestro, pues en el útero no diferencian el día a la noche… y eso, por supuesto, tiene que ver).

De ahí que despertarse en la noche varias veces sea necesario y lógico, pues le permite sobrevivir a ese bebé tanto en el presente como en el futuro: ¿imaginan lo peligroso que puede resultar en el desarrollo físico de un niño no despertarse repetidamente para comer? Su estómago es tan pequeño que si no lo hiciera, dejaría de contar con la energía requerida para su desarrollo. Y visto de otro modo: ¿qué sería de un bebé, incapaz de valerse por sí mismo, si no contara con un adulto a su lado que lo cuidase y protegiese? Nosotros sabemos que no vendrá un león a comérselo, pero él estando tan chiquito no tiene la seguridad ni física ni emocional para contar con ello. De ahí que se despierte: si no lo hiciera no garantizaría su supervivencia ni crecería con la seguridad necesaria para luego ser emocionalmente autónomo. Y de ahí que sea importante atenderlo: no hacerlo es romper ese proceso y dejar secuelas emocionales y físicas para el futuro de ese bebé.

¿Y cuándo se completará ese proceso (o dicho de otro modo, cuándo ese chiquito dormirá toda la noche, como los adultos)? Después de cumplir 5 o 6 años de edad, pero eso no significa que su sueño se mantendrá siempre igual: habrá épocas en que se despierte más o menos veces, así como habrá otras (y otros niños) que duerma(n) de corrido. En cualquier caso, su comportamiento será normal siempre que se vea descansado y tranquilo, y que su desarrollo físico y emocional sea el esperado para un chiquito de su edad. Hay patologías del sueño, por supuesto, pero se presentan en pocos casos e, incluso (esto es sorprendente), muchas se generan después de la utilización de métodos que prometen hacer dormir al niño de un tirón  (¡¡¡dormir no necesita de un método!!! Es una función natural) generalmente dejándolo llorar.

¿Cómo ayudar al niño a dormir y por qué no dejarlo llorar?

Como decía anteriormente, dejar llorar a un bebé cuando se despierta en las noches deja secuelas, que se exponen claramente en el video que compartía en mi anterior post: en él se precisa -desde la ciencia- qué pasa y qué se puede esperar del cerebro del bebé. Y como mi objetivo es hablar un poco desde nuestra experiencia, puedo decir con confianza que esperar paciente y amorosamente que las cosas sigan su ritmo es una estrategia que funciona bien: hasta ahora, no hemos dejado nunca llorar a nuestra chiquita y ella, con seis meses y medio cumplidos, duerme cada vez más tranquila, sin dejar de despertarse en las noches para comer. Últimamente come menos y se duerme más pronto que antes, no sé si es porque ahora tiene un estómago más maduro y más grande o porque se siente protegida y sólo necesita sentirse un poco acompañada para relajarse y dormir otra vez.

Eso sí, es un relojito a la hora de dormir; tiene claramente diferenciadas la noche del día (desde chiquita tratamos que lo notara, marcando las diferencias de luz y ruidos de uno y otro momento, y creando rutinas); come a libre demanda, duerme sus siestas fijas (cortitas y casi siempre pegada al pecho) y nos tiene a su lado cuando nos llama: de hecho, casi siempre se despierta balbuceando y nunca ha tenido que llorar o gritar para despertarnos.

¿Nuestras ayudas? Luz tenue (de hecho, en la noche nunca encendemos la lámpara para atenderla), pecho, mecedora y monitores de audio para bebés. Duerme en su pieza y su cuna (nunca colechamos, pero estuvo en nuestro cuarto hasta el segundo mes) y sus despertares varían regularmente (una semana a unos horarios, la siguiente a unos nuevos). Normalmente no se despierta antes de 3 o 4 horas continuas de sueño (a veces son 5, a veces son 6, a veces son 7…) y usa pañal con doble inserto (de tela), que no requiere cambio en toda la noche, con lo que nunca se despierta totalmente y puede dormirse rápidamente, al comer.

Seguramente me salto varios detalles, pero en términos generales ésa es una muestra de cómo puede ser el sueño de los niños. En los foros que adjuntamos antes (Dormir sin llorar y Crianza natural) hay muchas experiencias de padres, además de espacios para preguntas y consejos. También allí tienen artículos con tablas de tiempos aproximados de sueño en los bebés (que varían según las edades), que ofrecen referencias útiles. En todos los casos, es importante entender que ningún niño es igual a otro y que lo que en uno puede funcionar a las mil maravillas, en otro caso puede no estar bien. El sentido común y la sensibilidad de padres son siempre las mejores fórmulas para entender a nuestros hijos. Lo importante es no dudar, confiar en nuestro instinto y tratar a nuestros chiquitos como queremos que nos traten a nosotros, aunque seamos padres primerizos.

No sé a ustedes qué les parezca, pero hasta aquí esta táctica a nosotros nos ha funcionado bien. Hemos tenido, como todos, noches en las que deseamos que Irene duerma más tiempo… pero luego pensamos que ya tendrá toda una vida para dormir mucho y seguido y que ese sueño futuro depende en gran parte de estos saltitos. ¿Por qué dormir sin llorar? Porque eso garantizará un sueño tranquilo. Cada quién dirá. En cualquier caso, por si sirve de algo, les dejo un video comparativo (comprensible para todos, a pesar de estar en catalán). Y antes de despedirme: ¿cómo han sido sus historias? ¿Creen también que es posible dormir sin llorar?

El video y una reseña del mismo se pueden encontrar acá: Los métodos “Duérmete niño” vs. “Dormir sin lágrimas” en práctica (Bebés y más).

PD: ¡Les juro que intento escribir corto, pero, como siempre, termino con un chorizo de palabras difícil de leer! Discúlpenme… ¿Será porque lo hago en varias sentadas? 😉 Espero que les sirva y que al menos les dé noches más tranquilas a algunos papás y bebés.

PD 2: Las leo, las leo… pero no he sacado el tiempo para contestarles (Pronto lo haré).

25 febrero 2010 at 21:01 9 comentarios

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