Posts filed under ‘Simple Living’

“…vale más que mil palabras”

Hace unos días compartía el trailer de un documental (que aún no he visto completo, pero que espero encontrar pronto) titulado Bag it. Anexaba unas imágenes que mostraban la gran contaminación que generamos con el plástico, además de explicar por qué estaba de acuerdo con la idea de eliminar el plástico de nuestra vida. No hablé del cáncer, ni de las posibles incidencias que genere en la salud, sino de lo mucho que tarda en degradarse. Y aunque esto último no hace menos importante lo primero (ya hay bastantes estudios que lo demuestran), hoy vuelvo a insistir en el tema porque después de ver la secuencia de imágenes de donde proviene la que dejo hoy no me cabe la menor duda de que debemos hacerlo.

Fotografía de Chris Jordan.

Quiero eliminar por todos los medios el plástico de nuestra vida: de las bolsas de los supermercados -ya usamos de tela, homemade, para las compras y para almacenar alimentos en nuestra nevera, de los empaques de alimentos, de productos de aseo, de juguetes, envases,… Sé que no es fácil, pero también creo que si al menos lo tengo en mente puedo empezar a hacerlo. Ello,  aunque sea mínimamente, en algo ayudará a disminuir su producción mundial. Eso y la posibilidad de tener una vida más saludable en casa valen -y mucho- el esfuerzo.

Con respecto a la imagen, hace parte de una serie titulada Midway: Message from de Gyre, disponible acá. La encontré en la web Life Without Plastic (con artículos muy interesantes al respecto), acompañada de una nota aclaratoria -que no está de más- que señala que no hubo ninguna intervención en las fotos, ni antes ni después de tomarlas. El plástico que se ve dentro de los animales (albatroces bebés) llegó allí porque ellos se lo comieron (cuando sus mamás confundidas por sus colores y aspectos llamativos se los trajeron desde el mar). Los pájaros, por supuesto, murieron por intoxicación, por pérdida de espacio en sus estómagos para la comida de verdad o por ahogamiento. No sé si también puede darles cáncer. Igual, seguramente no será necesario hacer una prueba forense para saber que los mató el plástico (inserte cara de rabia y dolor profundo acá).

La secuencia fue tomada en septiembre de 2009 en una pequeña isla del Pacífico. Tiene un video que pueden ver, si se animan, al final de esta entrada. Casi me saltan las lágrimas. Dejo, además, un apartado del texto publicado junto con la foto:

“These photographs of albatross chicks were made just a few weeks ago on Midway Atoll, a tiny stretch of sand and coral near the middle of the North Pacific. The nesting babies are fed bellies-full of plastic by their parents, who soar out over the vast polluted ocean collecting what looks to them like food to bring back to their young. On this diet of human trash, every year tens of thousands of albatross chicks die on Midway from starvation, toxicity, and choking.

To document this phenomenon as faithfully as possible, not a single piece of plastic in any of these photographs was moved, placed, manipulated, arranged, or altered in any way. These images depict the actual stomach contents of baby birds in one of the world’s most remote marine sanctuaries, more than 2000 miles from the nearest continent.”

Y un diario en video (hay más de uno, todos los pueden encontrar aquí) del momento en el que encontraron el primer albatros y otro en el que muestran cuánta basura plástica puede encontrarse, rápidamente, en una playa (que no es Santa Mónica, California, por cierto. Una mucho menos poblada). 😦

Y para rematar, dejo un video de dos minutos que muestra cuántas veces puede llevarse un bebé de 9 meses las cosas a la boca… ¿y si son plásticas? La música es simpática y la imagen también. El contenido, sin embargo, sopesado racionalmente, pone a pensar. Mi fuente, otra vez Life Without Plastic. ¡Aghhhh!

13 abril 2011 at 03:14 9 comentarios

Menos cosas, más felicidad: las bondades del vinagre (para cocinar, para limpiar y para el aseo personal)

A manera de reporte, hoy quiero hablar sobre nuestra experiencia con el vinagre, uno de los aliados de la limpieza sin químicos en el hogar. Agregaré además, algunos usos particulares que le hemos dado en la cocina porque -aunque son más comunes- pienso que también son interesantes en la búsqueda de preparaciones más caseras y menos procesadas por fuera. Es probable que algunos ya puedan dar cuenta de sus propias experiencias, así que sin más preámbulos doy la bienvenida a comentarios complementarios. 😉

Y me voy con listado de 1, 2 y 3 para agilizar.
1. El vinagre en la cocina. He mencionado en entradas anteriores que hemos comenzado a consumir carne de conejo (una novedad en nuestra dieta, la verdad). Pues bien, antes no lo hacíamos porque me daba una tristeza infinita hacerlo, además de que no notaba en ella ningún sabor especial. Mi recuerdo de la única vez que me había atrevido a probarla era el de una carne dura y seca… un tanto parecida al pollo, pero menos gustosa quizás. Con la idea de comer animales de granja, menos expuestos a procesos asociados con esteroides y químicos, llegamos al conejo (alimentado con hortalizas orgánicas, además). Busqué recetas sobre su preparación y me encontré con el secreto culinario más interesante y con mejores resultados hasta ahora en nuestra cocina: que el conejo se debe marinar con agua, vinagre y hierbas aromáticas (usamos perejil, laurel, tomillo, romero, entre otras) durante un día o más antes de prepararlo. Además de ablandar la carne, le da un gusto delicioso. Tanto que ahora el conejo es una carne cotidiana en nuestra mesa. Pienso que podemos darle muchos más usos en la cocina al vinagre (más allá del clásico aderezo para las ensaladas): creo que sus propiedades como conservante de verduras es una buena opción para hortalizas en cosecha. ¿Alguna sugerencia más?

2. El vinagre para limpiar la casa. Es un aliado maravilloso en nuestras labores de limpieza, pues es casi inoloro (al menos comparado con todos los jabones y desengrasantes que hay en el mercado) y limpio, pues no deja residuos jabonosos (que además de poco estéticos pueden representar un riesgo en las superficies de los baños o los pisos, por ejemplo). Antes había mencionado que usábamos un jabón biodegradable además del vinagre. Ahora, no obstante, hemos dejado definitivamente el primero y nos hemos quedado sólo con el segundo: para los pisos, para los vidrios, para las paredes de los baños… Sólo me hace falta encontrar un producto que me ayude a reemplazar el jabón lavalozas. ¿Será que el vinagre también sirve? Ah, para este uso lo envasamos en un atomizador pequeño que hace que sea facilísimo de usar.

3. El vinagre en el aseo personal. Algunos deben pensar que exageramos en los usos del vinagre y que podemos estar medio chiflados en este último ítem, pero puedo dar cuenta -y muy positiva- de sus beneficios para el cabello: después de pensarlo muchos meses, me atreví a usarlo como shampoo junto al bicarbonato de soda (en el caso de Irene y de su padre -que tienen el cabello menos grasoso- la miel ha funcionado perfectamente), con lo que el shampoo procesado ha salido prácticamente de nuestro hogar. A algunas personas les funciona, al parecer, el bicarbonato de soda solo, pero en mi caso sólo hasta que utilicé (después de lavarme con la soda) el vinagre logré que mi cabello quedará más sedoso y manejable… menos apelmazado, quizás. Creo que el secreto está en que el vinagre logra balancear nuevamente el pH del cabello, pues tras el uso de la soda (alcalina) puede producirse mucha resequedad. La recomendación extra es hacer el cambio del shampoo convencional a esta alternativa paulatinamente. Y ya.

Hay usos medicinales del vinagre (que lo recomiendan para aliviar las picaduras de insecos, la tos, las llagas en la boca, la irritación de garganta, el dolor de cabeza, los mareos y dolores estomacales), pero como no he hecho ninguna prueba al respecto ni tengo claro cómo sería su uso en esos casos, no lo menciono. En cualquier caso supongo que si alguien va a aventurarse en ésta alternativa, lo más recomendable es que lo haga con un vinagre orgánico (hay muchos que se hacen de manzana) por seguridad.

¿Algún otro uso que se nos escape? En casa compramos potes de 3 litros de vinagre, que disminuyen considerablemente su costo y el gasto de envases plásticos (ojalá fueran de vidrio). 😉 Ah, y no hay ni punto de comparación con el ahorro que se logra no comprando jabones… por si alguien quiere usarlo con esa finalidad.

11 abril 2011 at 10:05 12 comentarios

Menos cosas, más felicidad: la huerta orgánica un mes después

Estas fotos son de hace una semana, pero valen como muestra de los progresos de la huerta orgánica un mes después de la siembra.

Aparte de las recomendaciones mencionadas entonces, podemos agregar que los cuidados no son tan complejos como se piensa… al menos con una huerta familiar -es decir, pequeña- como la nuestra: riegos de agua períodicos (que en nuestro caso se dan casi todos naturalmente, por el nivel de lluvias del lugar-), control de plagas (que se dan, en buena parte, de manera natural: retirando las malezas con las manos, aprovechando fenómenos espontáneos como la alelopatía -que recomienda sembrar algunas plantas al lado de otras para que puedan protegerse mutuamente-) y riegos semanales con preparados orgánicos (que se indican en el capítulo 5 de este documento -que ya antes habíamos compartido). Ah, y un repaso con abono orgánico (que puede obtenerse de la composta) unos 15 días después de la siembra, acompañado de un ejercicio simple que ayude a que no se compacte la tierra: desmenuzar los gránulos que se encuentren en la superficie sin dañar los germinados que haya en el lugar. También es bueno aporcar (con la misma tierra) algunas partes de las camas -dependiendo de las hortalizas sembradas: las lechugas, en nuestro caso-: ayuda a que las hojas estén más tiernas.

Preparando el próximo terreno -en familia- ;).

Y ya. El progreso varía de acuerdo con las hortalizas sembradas: las acelgas, el cilantro, la yerbabuena y la menta ya dieron algunas hojas para el consumo, y las lechugas comienzan a tomar forma mientras los tubérculos se toman su tiempo para “cuajar”. ¿Los que me parecen más lentos? Hasta aquí las zanahorias, pero hay que abonarles que no sembramos plántulas sino semillas que apenas comienzan a germinar.

La experiencia ha sido linda… entre otras cosas porque tenemos una aprendiz de agricultura muy inquieta.

😉 Y unos papás orgullosos y entusiastas.

Así que, en resumen, estamos felices con nuestra huerta (a pesar incluso de unos pequeños hoyos de granizo que aparecieron en las hojas de las acelgas). Ya les contaremos cómo sigue… y cuándo volvemos a recolectar.

PD: Gracias a todos por sus consejos “dientológicos” que llegaron como respuesta a nuestro S.O.S. anterior ;). Hemos tenido mejores resultados últimamente, con  el método más simple de todos: dejando que la chiquita experimente con nosotros. Ahora, además de lavar sus dientes, nos los lava -al mismo tiempo- a uno de los dos. Reconozco que hay momentos en que intenta cepillarme hasta las amígdalas, pero ya estamos entrenados en mantener ánimo y sonrisas. Resultado: dientes más limpios, cero protestas y muchas sonrisas. 😉

PD2: No comentaré otros blogs esta semana porque andamos de viaje y con internet reducido. En cuanto volvamos a casa actualizamos noticias (y visitas). Besitos y abrazos para todos desde acá.

4 abril 2011 at 03:26 8 comentarios

No más plástico (por favor)

Hablaba hace poco menos de una semana de nuestro primer proyecto de costura: bolsas de tela para las frutas y las verduras que guardamos en la nevera. Hoy quiero compartir el trailer de Bag it, un documental que ilustra las razones por las que tomamos esa decisión, las mismas por las que valdría la pena que otros lo hicieran (¿se apuntan?). Si además de usar bolsas de tela en casa para la nevera, las llevamos al lugar donde hacemos la compra y las usamos en lugar de las mil y una bolsitas plásticas que nos ofrecen para empacar todo lo que compremos, reduciremos sustancialmente su uso (y el cajón que deben tener lleno de ellas en su hogar). 😉

No basta con que paguemos algún dinero por ellas: es fundamental dejar de usar bolsas de plástico para protegernos y proteger el planeta. En casa, además de las bolsas de tela para la nevera y la compra (hay montones de marca, conozco y recomiendo la ChicoBag -que vende Nahuátl, en La Milpa– y la Ecobag Checa -que se produce en Colombia y se consigue fácilmente en el país), tenemos el proyecto de confeccionar algunas para nuestras basureras que se puedan reutilizar. Si además de ello, aprovechamos los residuos orgánicos para hacer composta (en una cajita en casa es posible), le devolveremos a la tierra el alimento que ella nos da, reanundando el ciclo necesario para nuestra supervivencia. Coser no es tan difícil… y si no lo hacen, hay montones de alternativas en el mercado para encontrar las bolsitas hechas. Una recomendación extra: para la nevera, es importante que sean de fibras naturales para que lo que guarden en ella pueda respirar.

¿Se apuntan al reto? No es difícil hacerlo. Sólo se necesitan unos pocos metros de tela, algo de hilo, una aguja y mucha voluntad.

Por cierto, todas las imágenes son tomadas del blog Bag it, de los productores de la película… y todas las recomendaciones valen para los envases plásticos (¡de agua, por ejemplo! Bien podemos comprar uno reutilizable que llenemos todos los días en casa, de la llave -si tenemos agua potable-, antes de salir. Ahorraríamos montones de dinero… ¡y contaminaríamos menos!).

30 marzo 2011 at 03:00 11 comentarios

Menos cosas, más felicidad: huerta en casa

Hace algunas semanas escribía sobre la huerta orgánica y, muy especialmente, sobre su montaje, requerimientos y cuidados básicos. Hoy quiero compartir una alternativa de siembra en casa, un poco más sencilla y menos exigente, más viable -por lo visto- para el cultivo de hierbas aromáticas.

Y en este caso, dejaré que las imágenes hablen más. Éste fue el resultado tras la siembra:

La propuesta incluye el reciclaje de recipientes (en este caso usamos un envase no retornable de gaseosa, transparente), a los que se les adecúan algunos orificios donde se siembra la planta que queramos cultivar. En este primer intento, sembramos plántulas (si quieren producirlas ustedes mismos, en almacigos, recomiendo que vean al video incluído aquí). Creo que es mejor hacerlo con plantas ya germinadas para facilitar la producción. Usamos, en esta ocasión, apio -medicinal- y lechugas, con un éxito total en el primero y sólo un resultado a futuro con el segundo (de ahí mi recomendación de que se use para hieras aromáticas más que para hortalizas. Si quieren intentarlo con ellas, quizás otro tipo de recipiente se preste más).

¿Qué cuidados requiere? El uso de tierra abonada o humus (que se puede producir en casa, con la recuperación de desechos orgánicos y la implementación de una pequeña compostera -con lombrices californianas, en un piso o apartamento, se daría estupendamente. Añado al final un video nuevo al respecto. Ya en otra ocasión habíamos puesto otros que también pueden ser útiles para hacerlo-), agua, aire y sol. Nada más. No hemos lidiado ni con animalitos ni con plagas ni con nada (si fuera necesario luchar con ellos, usaríamos las mismas alternativas orgánicas planteadas en nuestra entrada sobre la huerta orgánica).

¿El resultado después de tres semanas?

Los orificios los hicimos con un bisturí… y con los resultados obtenidos, vamos a buscar nuevos recipientes para sembrar algunas hierbas más (romero, albahaca, menta, yerbabuena, orégano, cebolla larga…).

Dejo el video sobre la lombricomposta. Espero que se animen. Sé que más de uno de ustedes ya anda en el proceso. ¿Sugerencias, consejos?

😉

Saluditos,

A.

16 marzo 2011 at 09:00 9 comentarios

Menos cosas, más felicidad: La huerta orgánica

Nuestra lista de cosas por hacer empieza a reducirse: este fin de semana hemos sembrado por primera vez una huerta orgánica. El proceso ha sido menos largo de lo que pensábamos, pero creo la reducción de tiempos se debió, en buena parte, a que teníamos a la vuelta de la esquina un experto con todos las herramientas básicas, además de conocimientos y consejos oportunos para ayudarnos. Y aunque nos anticipamos algunos días a la luna menguante, confío en que habrá mucho verde para comer. Aquí va un pequeño resumen de la historia con datos importantes para tener en cuenta. Sigo convencida de que éste es un proyecto hermoso que todos podemos ajustar a nuestras condiciones: si lo hacemos, le daremos una manito invaluable al planeta y a nuestros cuerpos.

Intentaré no alargarme en detalles para no hacer una entrada kilométrica. Estoy segura de que en el futuro, a medida que crezca la huerta y nuestra experiencia, publicaremos información complementaria que sea de utilidad. Del mismo modo, creo que los comentarios que puedan generarse en esta entrada ahondarán en temas que parezcan superficiales. Ah, y no duden revisar los textos publicados anteriormente (en la categoría de Simple Living) relacionados con las huertas (urbanas y rurales): para nosotros ha sido una información relevante. Les recomiendo especialmente el texto sobre la fertilidad de los suelos (precioso) y la composta y el de huertas familiares (sembradas directamente en la tierra -en camas con siembra separada o en cultivos biointensivos– o en terrazas  o balcones -usando macetas u otro tipo de recipientes-). Hechas las aclaraciones, comienzo con nuestra puesta en marcha.

La preparación del terreno

Nuestra huerta está sembrada en una zona rural de la ciudad en la que vivimos, a unos 30 minutos de casa, en un terreno con condiciones climáticas y de suelos propias de una zona tropical. Su temperatura promedio oscila entre los 15 y los 21 grados durante el día y un poco menos durante la noche. Cuenta con buenas precipitaciones de agua (que varían su periodicidad, con épocas más secas o más lluviosas dependiendo de los meses del año) y con muy buena luz natural.

Ahora, si bien era un terreno que no había sido cultivado -al menos en los últimos 15 años-, requirió de una preparación que garantizará la existencia de materia orgánica y, con ello, la calidad y viabilidad de la tierra para la siembra. Éste es un detalle fundamental en la agricultura, pues hace la diferencia entre un suelo vivo (granuloso, negro, rico en bichitos macros y micros y, con ello, en potasio, fósforo y nitrógeno) y un suelo seco (con la tierra apelmazada en capas, sin animales y, usualmente, enriquecido con químicos de manera artificial). Al respecto les recomiendo un par de videos: el documental francés de 2008 Nuestros hijos nos acusarán (Nos enfants nous acusseront) y un video (que vale sobre todo por su audio) sobre la diferencia entre productos químicos y orgánicos (y su incidencia en el suelo). Éste último es de un foro de agricultura orgánica de Univisión. Anexo los dos:

[Youtube=http://www.youtube.com/watch?v=5mWEcVnThcQ]

Ahora, ¿cómo preparamos el terreno? Disponiendo sobre él a lo largo de varios meses el desecho del corte del pasto del área circundante. Para la composta (también llamada compost) se recomienda agregar además desechos de alimentos y estiércol de animales herbívoros (no de perros, gatos o humanos), pues estos aportan otro tipo de nutrientes a la tierra. Si bien éste no fue nuestro caso, la persistencia en la adición del pasto, el movimiento constante de la tierra (que se volteaba cada cierto tiempo para una mejor distribución de la materia orgánica) y la ayuda del agua y el sol completaron la operación. Adicionalmente, se agregaron microorganismos antes de la siembra (en el momento en el que se trabajó la tierra para distribuir los caminos y las camas), siguiendo las indicaciones de nuestro vecino bioagricultor.

Dejo dos videos que ejemplifican cómo puede ser la operación de limpieza y preparación del terreno:

Para detalles complementarios sobre nuestra experiencia, procedo con preguntas y respuestas rápidas:

¿Qué herramientas se utilizaron? Básicamente, pala y azadón. También pueden ser útiles un tenedor gigante (perdón, agricultores, por no saber cómo se llama, creo que es horca), un machete, un rastrillo y una carretilla.

¿Cuál fue el área sembrada? 4.5 por 6.8 metros (para un total de 30.2 metros cuadrados de área). Esto incluye las camas (5 en total, de aproximadamente 3 metros de largo por 80 centímetros o 1 metro de ancho), los caminos entre ellas (necesarios para limpiar, sembrar, regar y recoger la siembra) y una U circundante que sirve para las plantas medicinales y aromáticas (orégano, anís, cidrón, ruda, yerbabuena y perejil), además de otras que hacen las veces de barrera (penca sábila, hinojo -que se deja en maceta, pues sus raíces son muy invasoras- rosa amarilla -medicinal, no la rosa típica de San Valentín- y caléndula). El romero -protector fundamental de la huerta orgánica según nuestro vecino, pues ahuyenta con su olor muchas plagas de la huerta- se sembró en una esquina de cada cama.

¿Qué otros elementos complementarios se utilizaron o tuvieron en cuenta para el terreno? Compramos orillos de árbol en un aserradero cercano, anchos y gruesos, para proteger las camas y evitar el desmoronamiento de la tierra abonada. No fue necesario agregar arena a las camas, pues el terreno lo tenía de antemano (un arroyo de una cuneta cercana la había traído hasta allí), pero se recomienda hacerlo porque evita el exceso de humedad y facilita la filtración del suelo. También usamos troncos para proteger la huerta en el costado de la cuneta cercana, malla para cerrarla (se cerró el lote entero donde se encuentra la huerta) y evitar la visita de animales curiosos, y algunos tubos que nos ayudaran a llevar el agua a la cuneta y evitar arroyos producidos por excesos de aguas lluvias. En el futuro, conseguiremos una caneca que pondremos en el desague de los tejados de la casa para aprovechar el agua lluvia (no clorada) tanto en el riego (no muy necesario por la pluviosidad de la zona) y en la fabricación de riegos preparados y fermentados para combatir de manera orgánica las plagas (les recomiendo, y mucho, este documento. En el capítulo 5 hay varias fórmulas para preparar -sin químicos- este tipo de riegos).

La siembra

Confieso mucho desconocimiento al respecto. Contamos con la ayuda de nuestro vecino y de un campesino amigo, los dos muy curtidos en el tema y buenos consejeros. Utilizamos, en general, plántulas (sembradas y germinadas previamente en almácigas -una instrucción en video de cómo se preparan estas, puede verse aquí-), pues con ello hay más probabilidades de supervivencia de la planta. Estas se ubicaron calculando el área de crecimiento que tendrían (una distancia menor en hortalizas como puerros, cebolla de rama, zanahoria, remolacha y apio, y mayor en otras como brócoli, coliflor, repollo y lechuga), agrupadas según sus especies, conveniencia de vecindad (algunas plantas requieren más nitrógeno que otras, por ejemplo) y tiempo de producción. Para futuras cosechas, sabemos que debemos hacer rotación de cultivos para evitar el empobrecimiento de la tierra (abonaremos también, por supuesto con el producto de nuestra compostera vecina a la huerta). También se puede hacer cultivo intensivo (hay documentos referenciados al principio de esta entrada), pero no fue nuestro caso… está claro que estos son apenas nuestros inicios.

Aspectos que se deben tener en cuenta

La luna (se recomienda sembrar en luna creciente o menguante, no en luna llena ni en luna nueva. Adjunto al final un video -más audio que cualquier cosa- con una explicación al respecto), la combinación de hortalizas (el documento recomendado para los riegos precisa un poco más al respecto), los caminos para trabajar, la recolección del agua (necesaria para humedecer el terreno y hacer los riegos), la composta, los riegos naturales contra las plagas (no químicos, por favor), el desyerbe manual constante. Un consejo interesante, que aún no hemos puesto en práctica, es proteger las áreas no sembradas con restos de corte de plantas (pasta, hojas, etcétera), pues éstas no permitirían que brote maleza al tiempo que abonarían las camas un poco más.

Dejo el video (en dos partes) sobre los cambios de la luna y me despido porque tengo una chiquita que me espera. Finalizo diciendo que ésta es una experiencia maravillosa, pues enseña, da esperanza y nos permite ver en vivo y en directo la generosidad de la tierra. Los frutos, grandes o pequeños, sólo serán un goce más. 😉

23 febrero 2011 at 09:51 12 comentarios

Menos cosas, más felicidad: Simplificar la paternidad

Hace algunas semanas, Adriana, una mamá también bloggera, me recomendó la lectura de Simplicity Parenting, un libro que propone criar niños más tranquilos, felices y seguros usando la lógica de menos es más. Me atrevo a escribir al respecto a partir de nuestra corta pero extraordinaria experiencia, pues los cambios que he visto hasta ahora (sólo con su prólogo) en Irene y nosotros mismos son significativos. Tengo pendiente la tarea de leer el libro, pero creo que es válido plantear algunas reflexiones sobre cómo concentrarnos más en ser que en hacer, y lograr, a partir de ello, menos tensiones y estrés alrededor de los niños y sus papás.

La lógica es simple: todo lo que necesita un niño es la atención y el amor de sus papás. Las posesiones (juguetes, ropa, gadgets,…) y la variedad de actividades que lo rodeen son apenas parte de la escenografía. La historia -es decir, los personajes- son lo único realmente importante. Así, ser se antepone a hacer y experimentar gobierna sobre acumular. Mientras más simplifiquemos las rutinas de nuestros pequeños y disminuyamos los objetos disponibles para ellos, más paz y menos ansiedad traeremos a nuestra casa y, con ello, disfrutaremos más de nuestra mater-paternidad.

Kim John Payne and Lisa M. Ross, autores de Simplicity Parenting, dicen que tener momentos de calma (creativa y relajada) es una forma de profundizar en nuestra sustancia como seres humanos. Esto es válido para todas las edades, pues permite la construcción de emociones y relaciones con nosotros mismos y con los demás. Las pausas de “ser” por encima de los bloques de “hacer” nutren el espíritu, brindando confianza y tranquilidad.

¿Y cómo se logra eso con los chiquitos? Del mismo modo que logramos relajarnos cuando nos sentamos a “hacer nada” con un buen amigo: una taza de café (el contenido es lo de menos) acompañada de una buena charla que no siente pasar el tiempo equivale a estar una tarde con el pequeño, ambos tirados en la cama o en el suelo, haciéndose cosquillas, jugando con una pierna al caballito, o a sentarse en una hamaca a mirar el paisaje y dejar que el chiquitín juegue con la tapa de una botella quitándola y poniéndola sin importar cuánto tiempo pase y qué haga o qué aprenda mientras tanto. Ser por encima de hacer e incluso, en muchos casos, de estar (sin confundir ese ser con un convertirse en un “papá helicóptero“, permisivo y desconfiado de sí mismo y de sus hijos):

This book should give you many ideas on how to reclaim such intervals, how to establish for your children islands of “being” in the torrent of constant doing. […] that simplification is often about “doing” less, and trusting more. Trusting that—if they have the time and security— children will explore their worlds in the way, and at the pace, that works best for them.

Quizás si tratamos de recordar nuestras vivencias más gratas, notaremos que tienen en común la evocación de una emoción más que de un objeto y, muy probablemente, la compañía de -y el sentimiento inherente a- alguien más. Confiar y dejar hacer son parte de las fórmulas propuestas. Tal vez, incluso, no hace falta leer un texto o un blog para entenderlo: basta con dejar fluir el tiempo, pensar menos en un “deber ser” (tan occidental) y más en un “querer estar”.

Cierro, para no hacer largo el cuento, con la referencia a un texto simple y grato de Claire K. Niala, una osteópata africana, mamá educada en Inglaterra con una valiosa experiencia multicultural. En él intenta explicar por qué los niños africanos no lloran, mientras los occidentales parecen llegar al mundo con un sino lacrimoso y fatal. Dice que el secreto es “una simbiosis constituida para satisfacer las necesidades” del pequeño, que en castellano simple plantea la predisposición natural de los padres a adaptarse a las necesidades del niño y a “una total suspensión de la idea de lo que debería haber sido”. En su lugar, se acepta, “sin condiciones”, lo que está sucediendo: se es y se está. No más.

Podría escribir mucho más a este respecto, pero creo que cada experiencia es válida. Por mi parte, confirmo que desde que intento relajarme y permitirme estar más a la altura de Irene (disponible para ella sin leer, pensar o hacer “mis cosas” al tiempo. Ahora reservo un espacio solito para mí para ello), mi chiquita ha estado tranquilísima y feliz de que estar con mamá y papá. Y no soy la única a la que le pasa: les recomiendo, si quieren ver más, una visita a otras experiencias, en las casitas de Nature Moms, Maxylola y Noble Mother.

(Ah, y son bienvenidas otras ideas y experiencias.)

😉

PD: Repito foto. Ya no sé de cuándo. Hoy Irene cumple 18 meses. El tiempo vuela y mi chiquita cada día está más sonriente y conversadora. ¿Se puede amar más? Sí, siempre. ¡Feliz año y medio de vida, princesa!

9 febrero 2011 at 09:41 15 comentarios

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