Posts filed under ‘Sana que sana’

En el hospital

Y no de los muñecos, como dice la canción de Pinocho: desde el lunes pasado hasta ayer, nuestra chiquita estuvo en el hospital. ¿La causa? Una gastroenteritis atacada a tiempo, que debió pescarse en alguna de sus aventuras de los 8 meses. La vía de infección, dicen los médicos, suele ser oral. ¿Comida, bichito atrapado del piso, contagio por algún vecino? Ni idea. Aún estamos exhaustos, así que los detalles y el balance de la experiencia se las pasaremos luego. Las buenas nuevas, aparte de la franca y rápida recuperación de la pequeña, es que durante su hospitalización, pasando de lado a lado de la cuna, nuestra Irene aprendió a mover hacia adelante sus rodillas y, ahora sí, ha empezado a gatear. También está diciendo pa-pa-pa-pa-pa… Y demostró ser una niña simpatiquísima y fuerte: cero quejos, muchas sonrisas y una paciencia infinita. Definitivamente los niños son maestros de admirar. 😉

7 mayo 2010 at 07:41 12 comentarios

Nuestro casi primer chuzón

El viernes pasado fue día de vacunas en mi hogar: penta (DPT, Polio, Hepatitis B e Influenza) y Neumococo fueron las requeridas… Quedó pendiente el rotavirus (que creo que no se lo pondremos, de acuerdo con el consejo de un médico que dice que no es necesario por estar la pequeña en casa la mayor parte del tiempo y tomar leche materna. Sé que es riesgoso, pero confío en su criterio). Confieso que estuve muy angustiada, pero para mi fortuna no hubo ningún efecto secundario. Optamos por vacunas acelulares (o de virus atenuados), que aunque tuvimos que pagar de nuestro bolsillo, suelen tener menos efectos colaterales. Ahora, las preguntas: ¿será excesivo ponerles tantas vacunas a los pequeños? y ¿por qué en nuestros países no todas son gratuitas?

Y empiezo por aclarar el título: el casi se debe a que a mi chiquita le pusieron cuando tenía menos de 24 horas de nacida dos chuzones más: la vacuna contra la tuberculosis, que le dejará la cicatriz típica, ahora en su espaldita, y la de hepatitis B, que se la pusieron en el muslito. También la chuzaron para ponerle sus aretitas y para hacerle dos veces la prueba de la tiroides que, por fortuna, finalmente salió bien, y le dieron una vacuna en gotitas, contra la poliomelitis. Ahora cumplió con su rutina de vacuna de los dos meses y la siguiente será al cumplir los 4. ¿Conclusiones? Vamos a ver. (más…)

30 octubre 2009 at 10:54 3 comentarios

Cuestión de peso: ¿durante el embarazo cuánto se debe aumentar?

Ayer tuve cita de control prenatal y, aunque todo anda al pelo (la altura del útero se corresponde perfectamente con las semanas de gestación que llevamos, el corazón de Irene indica plena vitalidad, mis exámenes clínicos descartan diabetes gestacional y dan índices de buenos de nutrientes, cero infecciones y demás), la médica abrió los ojos porque he subido, según su pesa, 6 kilos en dos meses. Según ella, no debo subir más de kilo y medio mensual, pero según le entendí a mi nutricionista (que veo mensualmente), esa referencia es relativa, pues cambia inevitablemente de mamá a mamá. ¿Será que me debo preocupar?

La verdad es que creo que no, al menos mientras tenga una nueva cita con mi nutricionista. Pero debo confesar que salí medio jarta de la cita, pues quedé con una duda grande. Resultado: pensar, pensar, pensar. Y aquí están mis conclusiones. Ya les contaré posteriormente qué pasa cuando me evalúe de nuevo la especialista en el tema, para ver si lo que voy a escribir aquí tiene más de ilusión que de verdad.

En principio, puse en duda la postura de la médica que me vio ayer porque, aunque ella hace seguimiento general de las embarazadas en el programa prenatal en el que me encuentro, su trabajo no se concentra exclusivamente en la nutrición y el peso de las gestantes. Ella se ocupa más del estado clínico (exámenes, etc.) de los pacientes que llegan.

No quiero decir con ello que echo en saco roto su comentario, pero considerando que sigo un control regular con una nutricionista, que me ve cada mes una hora, me pesa en una báscula especializada, me mide pliegues de grasa y hace tablas comparativas de los avances de diferentes partes de mi cuerpo con el objeto de evaluar el desarrollo que tengo y mis índices de masa corporal, debo confiar en primera instancia en su criterio. Adicionalmente, ella hace un seguimiento puntual del plan de alimentos, que revisa cada mes minuciosamente porque es ella misma quien lo diseña y ajusta, de acuerdo con las necesidades nutricionales que prevea o pueda detectar. Los controles prenatales, en cambio, son genéricos en esos aspectos: no usan básculas electrónicas, no hacen plan de alimentación ni miden pliegues de grasa ni nada.

Es cierto que me siento pesada, pero nada indica que esté con sobrepeso: el tamizaje (o curva de glicemia) que me hicieron hace 2 semanas salió normal y físicamente mi cuerpo mantiene, dentro de lo que cabe, su figura habitual. Tengo una panza que siento enorme (¡¡nunca había estado embarazada!!), pero mi cara, mis brazos y mis piernas mantienen su proporción usual. Aclaro, en cualquier caso, que no pretendo que todo se mantenga así, pues sé que los depósitos de grasa deben ir aumentando (deben haberlo hecho un poco hasta el momento) para tener reservas a la hora de lactar.

¿Cuánto debo pesar?
La pregunta, entonces, es ¿cuántos kilos deben subirse durante el embarazo? Creo que la respuesta debe darla un experto que tenga en cuenta hábitos (antes y durante la gestación) y datos del proceso de transformación del cuerpo de la futura mamá. Mientras más precisos y detallados sean estos, más confiable será su criterio. Sospecho que si no estuviera siguiendo controles de nutrición desde el comienzo estaría ahora tomándome los pelos y pensando que de verdad la médica ayer tenía razón al alarmarse… pero como no es el caso, voy a esperar. Yo misma, un poco perdida con los datos que se encuentran en la web y que hablan de 1 a 2 kilos de aumento por mes, le pregunté en mi última cita a mi nutricionista si me debía preocupar y su respuesta fue clara: no se puede generalizar el promedio de peso. Los datos varían de mamá a mamá. Un kilo, dijo, está bien para una madre pequeña, pero no para una alta que comienza el embarazo con bajos índices de masa corporal.

Hay madres, incluso, que al comienzo de la gestación pierden peso (por molestias comunes como el vómito, rechazo a los alimentos -hay olores que de verdad son incómodos-, o porque no están ingiriendo los nutrientes que requiere el bebé y éste debe tomarlos “prestados” de las reservas de su mamá). Del mismo modo, hay meses en los que se aumenta más de peso, pues una vez termina la formación de los órganos del chiquito, su cuerpo se va haciendo más grueso y crece en proporción a su edad. Así, mientras un embrión a los tres meses puede medir 4 centímetros o un poco más (como fue el caso de Irene), a los seis meses, medirá, sin duda, casi 30 (de la cabeza a la colita; el dato es muy distinto si se incluyen las piernas), y obviamente el incremento se debe notar en el peso final de la gestante.

En resumen: me relajo y espero el “veredicto” final. Me siento bien alimentada y bien asesorada. Si han de jalarme las orejas o hacer algún ajuste en mi dieta, que lo haga la nutricionista. Por lo pronto, sigo gozando con la Irene en la pancita, que no deja de brincar: queda claro que ésta chiquita es vital. 😉
Ah, y si alguien quiere investigar un poco más sobre el asunto (sin dejar, por favor, de considerar que su mundo es uno solo y que para emitir juicios sobre el mismo lo mejor es recurrir a alguien que lo mire y estudie con criterio, de verdad), dejo un artículo sobre el peso durante el embarazo. Encontrarán montones si se ponen a buscar.

14 mayo 2009 at 13:06 15 comentarios

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