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Socializar: cómo y cuándo aprenden los niños a interactuar con los demás

En nuestra entrada anterior hablábamos sobre cuándo llevar a un niño a la guardería y, especialmente, sobre las razones por las que no queríamos hacerlo antes de que Irene cumpla 3 años. Hoy queremos compartir tres videos muy interesantes sobre el desarrollo de la socialización en los pequeños, que plantean -entre otras cosas- que ésta depende de la capacidad de interacción del niño y de la autoconciencia que él debe alcanzar antes para poder reconocer sus propias emociones y, a partir de ello, registrar y aceptar los deseos e impulsos de los demás. Un resumen audiovisual de aproximadamente 20 minutos que expone los inicios de ese proceso y confirma que la interacción con otros niños sólo se alcanza entre los 3 y 4 años de edad.

Si bien últimamente se ha planteado que los niños necesitan aprender a socializar (y este argumento es uno de los que más pesa en el ingreso al jardín infantil antes de los 3 años), algunos estudios han demostrado que la socialización sólo es posible después de que el niño ha tomado conciencia de sí mismo, pues sin ella no comprende su lugar entre los demás. Una vez se reconoce como individuo, el niño es capaz de recrear emociones e interactuar.

La autoconciencia aparece alrededor de los 18 meses y es la que da paso al posterior reconocimiento y recreación de las emociones.

Con ello -entre los 3 y 4 años-, el niño desarrolla progresivamente la capacidad de compartir e interactuar con otros, reconociendo sus propios deseos e impulsos y controlándolos para permitir su convivencia armónica y respetuosa con los demas.

Hasta ahora, puedo dar fe del desarrollo de la autoconciencia, pues me ayuda a entender por qué recientemente -a sus casi 18 meses- Irene ha empezado a responder después de su toc-toc en la puerta y nuestro “¿quién es?” con un “a niña” (la niña) o “ene” (Irene)… 😉 Un paso más en su diario crecer.

PD: El primer y el segundo video están incluidos en uno de los artículos recomendados en nuestra entrada de ayer. Vuelvo a enlazarlo el texto porque creo que vale muchísimo la pena leerlo.

PD2: Antes de que alguien lo comente: cuando hablo de socialización me refiero a la que tienen los niños fuera de casa, en un espacio público, sin desconocer ese primer contacto social que tienen, desde que nacen, con sus papás.

3 febrero 2011 at 06:40 8 comentarios

¿Cuándo ir a la guardería o al jardín?

En una semana Irene cumple un año y medio de vida y una de las preguntas que escuchamos recurrentemente (desde que nació, casi) es cuándo la llevaremos a la guardería o a un jardín infantil. Nuestra decisión, particular y respetuosa con las que sean diferentes, es que muy probablemente lo haremos sólo después de que la pequeña cumpla 3 años de edad. ¿Las razones? Puedo estar en casa con ella (y me encanta), consideramos que nuestras actividades diarias pueden estimularla tan bien (y quizás mejor, es atención “personalizada”) que un jardín, sentimos que a su edad aún no socializa (aunque le encante estar con otros niños… pero hay otros espacios donde pueden estar juntitos), queremos retrasar su contacto concentrado con virus y no queremos dejarla con extraños antes de que hable. En cualquier caso, el tema y la preguntadera han dado espacio a reflexiones que me parece interesante comentar. Así que aquí va nuestra idea de la “guarde”. 😉

Imagen tomada de Bien simple.

Y comienzo por decir que mi objetivo no es criticar a aquellos que deciden (por opción, por necesidad, por comodidad o etcétera) ingresar a un pequeño menor de 3 años a un jardín infantil. Yo no quiero hacerlo (además de que me siento emocional y racionalmente incapaz) y ya está. Van sí mis razones, que de tanto oír la pregunta relativa he terminado por decantar una a una, minuciosamente. No son sólo mías, por cierto, pues ésta es una decisión familiar. Así que, hechas las aclaraciones, comienzo.

Por qué esperar hasta los tres años

Sé que una guardería puede -en teoría- ofrecer muchas ventajas: instrucción, juego, otros niños para compartir, normas, cambio de espacio, interacción con otras personas (también adultas), experimentación con distintos materiales… También están los servicios que le prestan a los padres (que suelen ser muy importantes para algunos): cuidados al pequeño en horas de trabajo y cierta libertad (también hay padres que deciden llevarlos a una guardería para hacer sus propias cosas). Pero ninguna se ajusta a nuestras expectativas y necesidades, a pesar de que en varias ocasiones notemos caras largas y casi enfadadas por decidir no llevar a Irene al jardín (se da por sentado, por cierto, que algún día tendremos que hacerlo… consideración curiosa si se tiene en cuenta que ninguno de nosotros -padres de la pequeña- fuimos al jardín y nos pasamos la vida de lo más contentos, integrados y capacitados. En fin).

He leído en varios textos que la socialización de los niños (ésa en la que pueden empezar a preocuparse por los demás) sólo se da a partir de los 3 y 4 años. Antes de ello, el niño necesita de sus padres para aprender a conocerse a sí mismo, lo que exige un paso por cierto egocentrismo y un enfrentamiento con sus propias limitaciones (que dan lugar a las rabietas, por ejemplo), naturales y necesarios para su desarrollo. Puede estar con otros niños, sí, pero normalmente para jugar junto a (no con) ellos, pues su interacción social fundamental es de demanda y protección y se da con sus papás. Recomiendo al respecto (y mucho), la lectura de este texto (escrito por Armando, de Bebés y más) que da pautas concretas sobre el desarrollo emocional y social del niño, además de brindar algunos videos sobre estudios hechos al respecto. Lo cito a manera de resumen:

“Hacia los 3-4 años el lenguaje se ha ampliado considerablemente con respecto a edades anteriores, los accesos de rabia (rabietas) son cada vez menos frecuentes puesto que empieza a madurar el control de sus propias emociones pudiendo expresar, a su manera, los sentimientos de amor, tristeza, celos, envidia, alegría, curiosidad y orgullo.

Gracias a estas capacidades emocionales su visión egocéntrica se empieza a ampliar a otras realidades al comenzar a preocuparse por los demás (los niños son tremendamente empáticos, llegando incluso a llorar si ven que alguien está llorando y a ofrecer su bien más preciado para consolarle).

Esta maduración emocional es la que el niño necesita para empezar a conocer otros ambientes y aprender que existen otros niños con semejantes inquietudes y deseos y con capacidad para interaccionar con él de una manera diferente a la de papá y mamá.

Es este el momento ideal de iniciar la socialización, que debería ser siempre de manera paulatina y respetando los ritmos de los pequeños. Es decir, ni siquiera estamos diciendo que el colegio debería empezar a los tres o cuatro años, lo ideal sería que a esa edad empezaran a tomar contacto con otros niños en compañía de su madre (aunque sin prohibir contactos más tempranos, evidentemente, pues muchos son inevitables), siendo el niño quien decidiera hasta dónde separarse y hasta dónde llegar.

Es fácil entender por qué diversos países europeos defienden la escolarización a partir de los 6-7 años. Su objetivo es tratar de que el proceso de socialización sea precisamente eso, un proceso en el tiempo y no un “mañana empieza a socializarse, lo dejo en la guardería”.”

Con esto queda claro que antes de los tres años los niños necesitan tener cerca a personas que les den seguridad y cariño y sean un ejemplo válido para crecer con confianza en sí mismos y con una buena dosis de autoestima. La compañía exclusiva de una madre y un padre se anteponen, entonces, a la de una guardería. Quizás pueda parecer que el niño se apega mucho a su madre, que no se relaciona bien con otros niños, que explota en llantos o molestias cada dos por tres, pero todo ello es una manera natural de aprender a conocerse a sí mismo y a tener la confianza y seguridad necesarias para ver a otros y reconocer en ellos sus mismas necesidades. Yo, al menos, digo que Irene tendrá toda una vida por delante para estar con otros niños, ir al colegio, aprender a pintar, sumar, escribir y hablar… ¿por qué adelantarlo si puedo estar con ella durante estos años? (Otro tema es el de las madres trabajadoras y las licencias -cortas casi siempre- de maternidad… pero ésa es una discusión para dar con los gobiernos. O con las mamás, si trabajan para pagar la guardería: creo que también falta información, pero eso es harina de otro costal).

Salud y seguridad

Aparte de esas razones, para nosotros hay otras más relacionadas con la salud y la seguridad de Irene. Las guarderías (llamadas también coloquialmente “el festival del moco”) suelen ser focos de infecciones y virus para el niño (más aún para un bebé). Esto se da por la concentración de pequeños con sistemas inmunodeficientes aún en proceso de adaptación con el mundo exterior: compartir espacios reducidos y una amplia variedad de objetos terminan por ser vías de propagación de gripas, lombrices, infecciones gastrointestinales y un sinfín de virus. Puede pasar en un parque, en la sala de espera de una cita médica, en el bus y etcétera, pero las posibilidades de que ocurra en la guardería -sin duda- son mayores, al menos mientras el niño crea sus propias defensas. Sabemos que el “festival” se presentará seguramente, pero si podemos posponerlo para cuando su cuerpecito sea más fuerte, ¿por qué no?

Además de eso (y esto es muy importante) estamos convencidos de que nadie puede cuidar mejor a un niño que sus propios papás. Habrá excepciones, seguramente, pero se darán por condiciones médicas o mentales especiales que no viene al caso mencionar. De ahí nuestra lógica simple de esperar hasta que Irene hable: si algo malo le pasa nos lo puede contar, al menos para darle nuestro punto de vista sobre ciertas cosas y discutir opiniones distintas con ella. Nos hemos preocupado (y mucho) por brindarle amor sin golpes ni gritos, por proveer todas sus necesidades, por enseñarle a vivir en consonancia con la naturaleza, por amar desde el respeto, por cuidar su cuerpo, por valorar la vida no desde las cosas sino desde las relaciones con los otros y los sentimientos… y creo que es natural que queramos esperar hasta que esas enseñanzas estén claras y firmes en ella antes de enfrentarla a un mundo donde no todos piensan igual.

Eduard Punset, abogado, economista y comunicador científico español, afirma -basado en estudios científicos- que los primeros seis años de vida del niño son fundamentales para su desarrollo emocional, por lo que recomienda que la mayor parte de estos los pase el niño al lado de sus padres. Comparto su opinión. Dejo un video corto con sus comentarios al respecto y el link de un artículo donde pueden encontrar el documental completo (el número 30 del programa Redes, de Punset) sobre ello (no añado el documental aquí mismo porque no sé cómo hacerlo, pero lo recomiendo muchísimo).

No me alargo en más explicaciones porque se me hace que este texto ya está extenso. Veremos qué nos depara el futuro. Por lo pronto, Irene sigue pasando sus días completitos con nosotros (un privilegio que no queremos desaprovechar). 😉

2 febrero 2011 at 10:28 14 comentarios

“¿Cómo será tu bebé?”

Hoy he encontrado un precioso texto (muy significativo, además) sobre cómo será la vida del bebé al llegar a casa. Aunque no es de mi autoría (el autor es Armando Bastida, de Bebés y más) y ya pocas veces incluyo textos de otros, lo adjunto porque creo que plantea un punto de vista muy valioso: que las demandas de amor y cuidados de un recién nacido son naturales, pues -además de buscar los medios para su supervivencia- confirman ese fuerte vínculo que hay entre papás e hijos

“Suele suceder que cuando una mujer echa la vista a la prueba de embarazo y observa que es positiva su mente se vuelve un torbellino de dudas ante la incertidumbre. Primero sobre qué pasará estando embarazada, cómo lo vivirá y cómo será el parto, segundo sobre cómo serán la vida y las costumbres una vez el bebé llegue, tercero sobre cómo adecuar la casa al bebé, cuarto sobre cómo responderá el papá a la llegada del bebé, quinto…

Y cuando la mayoría de las dudas se van difuminando a medida que pasa el tiempo la mayoría de las mamás empiezan a disfrutar del embarazo, de los cambios, de las pataditas y movimientos y empiezan a preguntarse cómo será su bebé.

No hace falta explicar demasiado cómo será a nivel físico, pues todo el mundo sabe cómo son los bebés: pequeños, con la piel suave, ligeros, tanto que es un placer cogerlos en brazos y sentir que no es necesario hacer demasiado esfuerzo para sostenerlos y rodearlos.

Lo que muchas madres desconocen es cómo será la vida con su bebé y esto es lo que trataré de explicar hoy.

Tu bebé nacerá un buen día y te darás cuenta de que todo aquello que hacía dentro de la barriga lo hace también fuera. Las patadas que antes recibías serán al aire y el rato que descansaba dentro lo hará también en el exterior, sobretodo si sigue cerca tuyo.

Los primeros días ya lo querrás con locura, porque llevarás con él más de 9 meses. Papá, sin embargo, tendrá que hacer las presentaciones pertinentes y el roce, inevitable y deseado, hará que el amor surja igualmente.

Dicen que los bebés comen y duermen, comen y duermen. Es posible que así sea, pero también es muy posible que los primeros días haya que añadir un “lloran”, porque aunque parezca mentira tienen sus propias necesidades y ellos no son capaces de satisfacerlas. Además, si tu familia es muy de coger a los bebés, el llanto estará casi asegurado, pues no llevan demasiado bien eso de cambiar de brazos y olores demasiadas veces.

Es posible que los primeros días e incluso las primeras semanas, acepte dormir en un moisés a tu lado, sin embargo es probable que en algún momento empiece a quejarse porque ahí se sienta aislado, solo y desprotegido. Pensarás que no es posible, que estás a solo medio metro de él, sin embargo él magnificará ese espacio por mil, porque todo lo que no sea tocar y oler el cuerpo de mamá es, para un bebé, soledad.

De igual modo los primeros días y semanas aceptará ir en el cochecito e incluso en la sillita del coche, pero poco a poco empezará a comportarse de la misma manera, solicitando tu calor incluso en esos momentos.

Esto, que parece un paso atrás en su independencia o la muestra de que has cometido algún error es realmente un paso necesario hacia su autonomía y responde a un proceso normal, que llega después de una tregua muy necesaria a los papás. Los niños, realmente, necesitan los brazos de sus padres, el cariño, el afecto, el calor y un pecho que lo amamante casi a todas horas. Los primeros meses, sin embargo, tienden a conformarse con un poco menos (excepto en el alimento, para el que no pueden ceder), para que el choque de rutinas y horarios de la madre no sea demasiado fuerte.

Imagina que tú, una mujer independiente, adulta y con total libertad para hacer lo que quieres y cuando quieres te toparas de golpe con un bebé que necesita contacto contigo las 24 horas del día. El cambio sería tan evidente, tan desestructurante, que el bebé correría el riesgo de no ser amado con total dedicación. Por eso empiezan pidiendo alimento a menudo, pero durmiendo unas cuantas horas, muchas de ellas en una cuna o en un cochecito. Por eso cuando son bebés permiten en ciertos momentos ser cogidos por otras personas, pese a no ser mamá. Poco a poco, a medida que van creciendo, van mostrándote cuál es su verdadera necesidad: vivir contigo y a través de ti, con el amor como gasolina.

Él será un apéndice tuyo, un satélite en tu órbita a todas horas que te demostrará que sin ti no es nadie. Tú serás sus ojos hasta que él pueda ver y pueda decirte qué quiere ver. Serás sus oídos hasta que él sea capaz de decidir qué escuchar. Tú serás sus piernas hasta que él sea capaz de usar las suyas. Serás su traductora hasta que él sea capaz de hablar directamente con los demás. Serás su alimento hasta que sea capaz de comer por sí mismo y serás el calor y el amor que necesita hasta que él… bueno, lo serás siempre, incluso cuando crezca y forme un hogar.

Dicen que los bebés no traen manual de instrucciones. Es mentira. Ellos son el manual de instrucciones. El problema es que los adultos nos empeñamos en evitar creer que ellos son capaces de mostrarnos cómo debemos criarlos. Sin embargo lo son, son capaces, pues desde que nacen nos empiezan a decir qué necesitan y cómo lo necesitan.

Hay una cuestión, sólo una, en la que los bebés han conseguido total independencia: el alimento cuando es leche materna. Todo el mundo sabe ya que en cuestión de amamantamiento los bebés saben gestionarse perfectamente. Piden cuando necesitan y no lo hacen cuando no. Maman cuando tienen hambre o sed y dejan de hacerlo cuando están satisfechos. Nadie pone horarios ni marca esperas absurdas y sin embargo los niños crecen y se desarrollan perfectamente. La cosa cambia si el niño toma biberón. No porque los niños no sepan controlar su alimentación de ese modo, que saben, sino porque en ese momento, cuando los padres son capaces de cuantificar lo que entra, deciden tomar el mando (con la recomendación habitual de profesionales de la salud de limitar la ingesta con horarios y cantidades exactas).

Entonces, si los bebés son capaces de autogestionarse a la hora de recibir alimento, ¿por qué no iban a ser capaces de gestionar el amor que necesitan?

“Creo que ya ha aprendido lo que son los brazos, porque cada vez me los pide más”, me dijo una madre una vez. “Es normal, yo cuando conocí a mi mujer apenas la tocaba. Poco a poco llegaron las manitas, los roces, los abrazos, las caricias y los besos y, cuánto más tenía, más quería… a eso se le llama amor”, le respondí.

Fotos | vividexpressionsphotography, Jon Ovington en Flickr”

27 enero 2011 at 07:59 5 comentarios

Dientes, dientes, dientes…

De una salida progresiva y gradual de incisivos, pasamos a un ataque frontal de salidas de muelas. La buena nueva (aunque esa noticia también es grata para los avances de la chiquita) es que a diferencia del malestar y la irritabilidad que acompañó la asomada de narices de la primera de ellas, la llegada de dos nuevas muelitas simultáneas no han afectado en lo absoluto el ánimo de nuestra pequeña. Ni su apetito ni su sueño…

[Youtube=http://www.youtube.com/watch?v=WY8jr_qdQLs]
La mala nueva es que esos dientes traseros no se dejan “retratar”. No sé si sea un asunto de fotógrafa, de cámara -me falla la nuestra. Snif- o de modelo. Lo cierto es que puedo dar fe de que hay dos señoras blancas y grandes saliendo de las encias de nuestra hija, que se suman a su segundo incisivo inferior izquierdo. Ah, las señoritas nuevas, por cierto, vienen acompasadas a ese mismo lado, arriba y abajo. 😉 Y amenazan en convertir a nuestra chiquita en una nueva versión de Cookie Monster. Jajjaja

PD: Dos detalles más. Sobre aprender a dormir tengo una nueva hipótesis (que voy confirmando lentamente): Irene duerme más horas seguidas cuando se duerme por sí misma. Si se queda dormida en su última toma de pecho y yo la pongo en la cama, suele despertarse a medianoche (después de 4 o cinco horas de sueño). La madre regresa, la acompaña pero no la saca y la chiquita vuelve a caer en brazos de Morfeo. Pero si su sueño llega después de comer e ir consciente a la cama y caer profunda después de revisar ene veces que la mamá sí la acompaña, puede dormir hasta 10 y 11 horas de un tirón. ¡Y sin lágrimas! [Ha de tener que ver algo con que ya tiene casi dieciséis meses, ¿verdad?. Recuerdo las palabras de Karina así que borro la anterior afirmación para evitar que se rompa el hechizo. Por cierto, dejo otro video (entrevista preciosa) del Cookie Monster original. Me hace recordar mis épocas de infancia. [♥ Suspirito, suspirito, suspirito ♥].

Y uno de los clásicos: 😉

Por cierto, a la fecha completamos once dientecitos en la boca de Irene. ¿Un montón, no? Espero que eso la convierta en Food Master. Jjejej.

26 noviembre 2010 at 06:38 3 comentarios

El dominio de la cuchara

A los quince meses (y antes), con compañía, con algo de ayuda y con mucho amor los niños pueden coger la cuchara por sí mismos y comer. No sé si pueden hacerlo desde los 3 meses, los 9 o los 10. Sé sí que Irene ya no quiere que nadie le ayude y que, para lograrlo, toma en sus manitos su cuchara (que le damos desde pequeña cuando nos sentamos a comer) y la de los papás (con la que furtivamente íbamos tomando bocaditos para darle mientras ella hacía sus ensayos). A veces la suelta, a veces no y a veces coge las dos. 😉 Se ensucia hasta el pelo, pero efectivamente come algo por sí misma. Así que ¿si experimentar sirve para aprender, por qué no dejar que se ensucien y aprendan a comer?

PD: y a propósito de las herramientas para comer, ya salió del todo la muela (la primera)… y empezó a abrirse camino -desde hace una semana- el segundo incisivo inferior izquierdo. ¡Esta sonrisa cada vez se ve más completa! Y los dientes salen a granel. 😉

PD. 2: No se pierdan la primera parte que publicó Victoria sobre la Guía de la buena esposa. ¡¡¡Tiene foto que comprueba la existencia del manual!!! Y muuucha tela para cortar (además de que está en su costurero). Un abrazo a todos.

19 noviembre 2010 at 08:33 7 comentarios

Muelas, fiebre y llantos: ¿se puede pedir más?

Las últimas dos semanas han sido difíciles. No por problemas de salud sino por cansancio. Irene ha estado irritable, llorosa e impaciente. Espero que sea temporal. Pasamos del susto de una fiebre constante y repetida durante dos días, al descubrimiento de un par de muelas nuevas que, por lo visto, molestan un montón. No sé si haya relación entre una y otra o si la fiebre fue la consecuencia de un cuadro viral. En cualquier caso, el tema no pasó a mayores y nuestra chiquita sigue tan saludable como siempre… pero no tan tranquila. ¿Será propio de su edad? Espero que sí porque si no voy a empezar a echarme bendiciones. :S

Y resumo rápidamente algunas medidas tomadas. Para la fiebre (que no deja de ser una defensa natural del organismo que indica que el cuerpo se protege de cualquier bicho que quiera entrar): ropa ligera (de algodón), bañitos frescos (mas no fríos) y ventilación. Ah, y mucho líquido para evitar una deshidratación. Y amor, amor, amor. Usamos antipiréticos cada 8 horas (no siempre son necesarios) y nos mantuvimos en casa con temperaturas que oscilaban entre los 37.5 y los 38.5 grados centígrados. Las recomendaciones sobre cuándo ir a urgencias (si es un recién nacido, de inmediato) y cuándo suministrar antipiréticos y antitérmicos pueden encontrarse acá. Y otras sobre cómo tratar la fiebre en casa y cómo tomar la temperatura, se encuentran aquí.

Con respecto a las muelas, la salida de los dientes nunca ha significado malestares para Irene. No puedo confirmar entonces que sea verdad que den diarrea o fiebre o irritabilidad. Sin embargo, como toda norma tiene su excepción, la coincidencia del cuadro febril y la irritabilidad de la chiquita con la señora muela (buenos, las doñas porque vienen dos) me hace dudar. Por si las moscas, dejo un link, también de la pediatra Amalia Arce (los dos primeros eran suyos), sobre la salida de los dientes (que aunque sean definitivos, dicen, se portan igual). Según ella, es un proceso fisiológico y no viral (así que cero fiebre y demás molestias médicas). Cada quien opina según su experiencia.

Y cierro con los llantos. Irene está impaciente y molesta. Y nosotros ya no sabemos qué pensar. Primero creímos que era por la fiebre, luego pensamos que se debían a los dientes y ahora no sabemos si es un asunto temperamental. Lo cierto es que nuestra hija está impaciente, llorosa, resabiada y difícil. Sus gritos de independencia son cada vez más fuertes y sus malas caras y protestas se repiten cada vez más. Seguimos siendo amorosos y precisos en nuestras explicaciones, pero aclaro que no es fácil hablarle a una chiquita que grita. Hemos optado algunas veces por la indiferencia, precedida de un “cuando te calmes, hablamos”. Ha funcionado algunas veces, otras, sus protestas son pasajeras y pasan una vez ella encuentra algo más en qué pensar. Repito: no es fácil. Creo en la disciplina amorosa, sin gritos ni golpes… pero no tengo aún claro cómo debo reaccionar ante estos episodios. ¿Algún consejo desde la experiencia?

😦

4 noviembre 2010 at 07:25 22 comentarios

Otra vez como en botica…

De todo. Un resumen sobre nuestras últimas semanas con Irene. Anticipo noticias de sueño, temperamento, dientes y verde.


[A ver si esta vez si logro cubrir la mayor parte de las novedades… sin escribir un kilómetro de post. ;)]

  • Karina me anticipó que no hablara mucho de esto, así que lo hago en susurro: Irene duerme otra vez plácidamente en la noche, diez horas de un tirón más o menos, después de un retorno de despestares (que no será el único, seguro, porque es bebé y porque ellos se despiertan en la noche como nosotros). Creo que encontré la causa eficiente de que estuviera despertándose: tenía calor. :S Y yo, poniéndole cobijas, pijamas gruesas y etcétera porque creía que si estaba calientita se despertaba menos. ¿Quién podrá ayudarnos con el efecto sobreprotector? Recomendaciones: eviten pijamas con poliéster (mejor fibras naturales que respiren, como el algodón) y celebren, después del año, que no vengan con piecitos cubridores, sobre todo si viven en el trópico. Y si el niño se quita la cobija… pues seguramente lo hace porque tiene calor. 😉
  • El último diente en salir se ha tomado su tiempo y ha molestado un poco, rascando, inflamando… El apetito ha mermado. Ya, por fin, se ve una hilerita blanca en su espacio. Y creo que se tejen arribos futuros porque las encias están cada vez más gruesas por todos lados. Ya nuestra chiquita luce sonrisa de niña que crece. A veces extraño su desdentado.
  • Todos los días hay gritos de independencia en nuestro hogar. El temperamento de Irene sigue afianzándose, revelando una chiquita decidida e independiente. Quiere comer sola (¡con cuchara! Y lo mejor -dato importante para otros padres- es que como ocurre con casi todo: si la dejas experimentar, aunque se ensucie, lo logra), caminar sola, correr sola… Manda y dispone. Y sonríe con una carita tan dulce y amorosa… Mi muacho dice a veces que está consentida, yo creo firmemente que está descubriendo que puede hacer cosas por sí misma y que, cuando no puede, se frustra un poco y le duele. ¿Y qué funciona para calmar los ánimos y evitar lloros y malestares? Explicarle lo que pasa, con detalles, y cambiar su foco de atención. Si el grito se torna grave y continúa después de aclarar lo que sucede (los niños a veces no son buenos interpretadores por eso es bueno hablarles), le decimos que entendemos que se siente mal, que estamos para acompañarla, pero que sólo ella puede encontrar la manera de calmarse. La dejamos un poco sola (manteniéndonos a su lado pero sin prestarle toda la atención)… y comprende y se calma. Si no funciona, un buen abrazo conversado no falla.
  • Y cierro confirmando lo que ya he dicho otras veces: la naturaleza es sabia… y nosotros sólo debemos dejarla hablar. Y dejar de pelear con ella y seguir su curso con confianza. Este fin de semana tuve dos muestras claras de ello: la primera, una huerta orgánica preciosa, que apareció de la nada, al lado de mi cotidianidad. La montaron en tres semanas y ya tiene sus retoños (una preciosidad). Muchas veces creo que cuando hablas de algo empiezas a verlo de repente porque te has sensibilizado para ello… pero en este caso, juro, siento que la vida me está trayendo las cosas para que aprenda de ello y pueda empezar proyectos. Veremos, veremos. Ahora, lo segundo: después de una temporada de lluvias fuertes, hay derrumbes grandes y pequeños por todos lados en las montañas que abrazan mi ciudad. Fuimos a una casita de campo y vimos, dolorosamente, que el cauce que había sido basurero de materia orgánica de un vecino empezó a erosionarse (y no poco). Si en lugar de tirar allí los residuos del corte de su jardín, el hombre hubiera destinado una pequeña área -segura- de su lote para acumularlos y los hubiera dejardo degradarse (también ha podido preparar una caja compostera, airear los residuos cada tanto, taparlos con un plástico para incrementar la temperatura de la pila,…), habría tenido abono para sus plantas, un cauce limpio y un derrumbe menos de qué preocuparse.

Y cierro con la recomendación de dos lecturas cortas de otras mamás bloggeras que sin querer coinciden un poco con lo que acabo de mencionar: Boicot a Nestlé (al que me uno totalmente) y De “madres vaca” y periodistas fatuas. Cada vez me convenzo más de que nuestras pequeñas acciones o palabras sí pueden cambiar algo… cuando menos nuestro mundo. Quedo debiendo noticias de nuestros avances en Simple Living… pero ya habrá espacio para ellas. [Añado un cartoon de Nani (que salió en la prensa hace como veinte días y se ve mejor aquí) que habla por sí mismo.]

19 octubre 2010 at 04:52 8 comentarios

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