“Calm Down”

7 mayo 2013 at 10:23 Deja un comentario

Parece un chiste pero es verdad. Hace meses que no escribo ni en serio ni en charla. Hace tiempo que dejé a Irene congelada en los tres años o incluso en un poco menos. Hace rato que llegamos a los 3 y medio y, con ellos, a un espíritu más rebelde o determinado o reclamante de libertad o inmaduro pero ansioso de madurez… Hace días que nuestra hija dice que quiere tener cinco años (de una manera insistente), creo que como una forma de concretar en palabras que ella misma quiere estar más allá de esas limitaciones que parecieran colmar hoy nuestros días. En fin, que hace mucho que quiero venir a esta casita, servir un té y juntarme con mis amigas para hablar, pero no para responder a nada -aunque esté llena de preguntas-: sólo para hablar como solemos hacerlo nosotras, para desahogarme y ponerme al día. Así que aviso: puede ser largo y puede ser inútil, pero aquí va un intento de ponernos al día y de calmar nuestras propias aguas.🙂

Empiezo diciendo que nuevamente estamos en una etapa de tire y afloje: Irene sabe qué quiere, pero sus deseos no siempre coinciden con los nuestros y eso da como resultado un crash, pum, traca, plash semejante al de los cómics. Aquí, sin embargo no hay happy endings ni endings en lo absoluto porque la vida no tiene finales sino nuevos comienzos. En fin. Que “vamos tirando”, como dicen los españoles? Aunque a veces pareciera que tiraran de nosotros, pero no voy a filosofar. El hecho es que con nuestra chiquita, como le pasará a la mayoría de los padres, las fórmulas ni existen ni pueden ser escritas. Ahora mismo está tranquila secándose tras su baño, pero es posible que en cinco minutos algo la altere (traducción: que algo fluya en un sentido contrario a sus deseos y no salga como quiere) y como resultado tengamos gritos, protestas, llantos. Es la reina del drama (nunca pensé que diría esto, pero puedo jurar que sabe interpretar el grito herido a voluntad, desde afuera, y, claro, también desde adentro). Y si, aunque me desespere y sienta que soy la única a la que le pasa, sé que es normal. Intento dejar que pase la tormenta. Ahora lo único que a veces me funciona es decirle calmadamente que merezco respeto y que me hablen con amor, que no entiendo gritos ni malos tratos y que cuando me grite simplemente no la oigo (como si pasará la brisa). Y ya. Lo aplico y ella entiende y se calma. Algunas veces. En fin. Esto empieza a ser una diatriba. Punto y aparte y cambio de tema. Ommmmmm.

Con sus clases de ballet sigue tan entusiasmada como siempre (¿cuántas veces es normal tener que pedirle a tu pequeña algo? Es que repito y repito y de verdad que lo que yo o mi amado le pidamos parece que sólo lo oye cuando está relacionado con sus propios intereses. Las instrucciones son claras: “ponte la ropa que está sobre la cama. No te quedes sin vestirte mucho rato que estás agripada”… Y como brisa. Ommmmmm. Paciencia. Ha empezado a vestirse como después de la cuarta vez de recordárselo. Al menos lo superamos sin gritos. Vuelvo a la danza). Hemos cambiado los ritmos cotidianos. Ahora mamá va a más clases, trabaja un poco más desde casa y ella hace más cosas sola. No siempre salimos todo lo que me gusta al parque, pero hemos incrementado también sus propias actividades por fuera: una clase más de ballet y una de idiomas. Ambas las ama. Le gusta estar con otros niños y tiene muchísima ilusión por empezar el colegio. Ya hemos hecho casi todos los trámites para ingresarla en el que queríamos, a tres cuadras de casa, y ella está encantada. Sólo empieza hasta el año entrante, pero sabe que encontrará allí a varios de sus amigos y vecinos. La ilusiona. En una semana tiene una pequeña jornada de adaptación. Ya fue aceptada Veremos qué tal marcha.

(Y empieza la crisis porque le dije que no podría ir a ballet hoy -se supone que como consecuencia de una actitud egoísta de su parte. No sé cómo más lograr establecer un punto. He intentado varias cosas. Al final, seguro hablaremos y terminaré llevándola. Pero el proceso nos cansa. La clase es en la tarde. ¿Alguna sugerencia para lograrlo que me ahorre el malestar y la protesta? Nuevamente punto y aparte. Y Ommmmmmm.)

Papá ha cumplido uno de sus sueños (uno de los grandes), pero cumplirlo ha sido sólo el comienzo. Tenemos proyectos conjuntos y a futuro veremos qué tanto logramos avanzar con ellos. Crucen deditos porque son bellos.

Mamá, por su parte, también anda con nuevas propuestas. Activas, pero lentas. No sé qué tal resulten, pero prometo dar noticias cuando se concreten un poco. Adelanto, sí, que he aprendido montones de cosas en el camino y que al igual que este blog y otros trabajos-pasiones del pasado, mis nuevos proyectos se centran en el desarrollo de contenidos (escribir, escribir, escribir. Qué bueno).

¿Qué más? Que he caído en nuevos usos móviles y eso ha cambiado sustancialmente mi acercamiento a estos medios. Ahora leo más, escribo menos, pero bueno. En este instante intento escribir con un teclado mini. Creo que el relato fluye distinto. Es increíble cómo una cosa aparentemente vacua puede cambiar todo.

En fin. Intento encontrar nuevamente raíces, superarme a mí misma y a todas las taras de mujer dócil y “respetuosa” que traigo por herencia. Intento rescatar mi instinto, pero a veces siento que mis deberes y compromisos como mamá (especialmente) me obligan a pensar en las necesidades de otros. Pienso en lo importante que es ahora un par-hermano-amigo para nuestra pequeña. Y comparto preguntas e inquietudes con mi otra mitad, con mi amado y admirado. Y ahí vamos.

Si llegaron a este punto son admirables. Cierro mi retahíla. Tengo historias prácticas para contar sobre cómo evitar la tos nocturna de grandes y pequeños durmiendo con una bufanda o con un cuellito cerrado (para los peques sobretodo). Quisiera contar que el “pedo, caca y pis” que inunda el vocabulario de los niños a estas edades (recuerdo a la mamá de Leo y Luca hablando de ello) también llegó a esta casa de manera espontánea, y que los progresos en los garabatos infantiles siguen relevando un desarrollo natural que no se diferencia en casi nada del que evidencian los niños escolarizados desde pequeños. Nuestra chiquita sigue siendo un reto. Y de su mano vienen pegadas preguntas (ya saben), cansancios y sueños. Ah, a lo mejor en un mes saltamos el charco de trabajo y de paseo. Pero esa es otra historia que quedo debiendo.
Un abrazo a todas. Sigo visitándolas en sus casitas aunque guarde silencio.
Besos.

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Entry filed under: Crianza, Desarrollo, Desarrollo emocional, Desarrollo intelectual, En nuestra casita, Maternidad. Tags: .

Nuestra casita alterna ;) Un hilo rojo: ¿damos pasitos para juntarlo?

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