La velocidad de los niños

8 noviembre 2012 at 05:33 7 comentarios

O el tiempo. No sé. Lo cierto es que hasta hace muy poco he logrado concretar algo que puede ser obvio para muchos: que los tiempos y la velocidad de papá y mamá son muy distintos a los de los niños y que cuando nosotros decimos rápido, el chiquito entiende algo distinto. No es tozudez, no es rebeldía, no son ganas de jorobar la vida. Es un asunto semántico y vital. Nada más. Así que la próxima vez que sienta que empieza a perder la paciencia porque su chiquito no reacciona al ritmo que usted espera, respire profundo y recuerde que él tardó40 semanas en formarse en su pancita… y luego más de un año en empezar a caminar y unos seis meses o más en probar alimentos “sólidos”. ¿Sigo con la lista? 😉

De hecho, esta “revelación” sobre la velocidad de los niños me ha dado espacio para darme cuenta también de por qué a nosotros nos cambia tanto la vida ser papás: llevó más de una semana con ella en la cabeza, pero eso que yo llamo modorra cibernética y que bien podría entenderse como una niña de tres años que quiere-estar-con-mamá-todo-el-tiempo-a-su-lado sin darle tiempo para respirar y mucho menos para sentarse a escribir entradas en su blog, se ha impuesto hasta hoy.

Y, por supuesto, como suele ocurrir cuando se tiene una idea dando vueltas en la cabeza, llegaron un par de pensamientos más que se unieron a ella y que ampliaron su forma. Las anexo para que cada quien se haga su propia idea:

  • La primera es una columna muy interesante y recomendada sobre la paradoja de la velocidad, escrita por el esposo de otro mamá bloguera (a quien extrañamos infinitamente, por cierto). Él dirige una organización llamada Despacio que intenta concretar en la vida cotidiana muchas de las ideas de lo que se ha denominado el movimiento Slow. Del tema ya hemos hablado acá, pero de las conclusiones actuales quizás no. Para simplificar voy a decir que la columna plantea desde una perspectiva un poco más relacionada con la movilidad el abismo semántico que hay entre la velocidad de los niños y la velocidad de los papás. Así diría (pegándome a la misma fábula usada en su texto por el señor Pardo) que mientras los niños son la tortuga, nosotros somos la liebre que intenta cocinar, comer, arreglar la casa, trabajar, pensar, comprar mercado, producir grandes ideas, hacer estupendos proyectos (un disfraz, un menú nuevo, un libro, etc, etc, etc)… todo mientras la feliz tortuga avanza sonriente por la vida disfrutando el camino (y sus días, por supuesto). ¿Quién, carajos, se inventó los horarios? Realmente tardarse una hora en comer la cena no debería ser problemático, sobre todo si lo que implica es un tiempo en familia, conversado (evítese el “come rápido que debo ___”) y gozado hasta (literalmente) la saciedad.
  • La segunda, una oración que encontré casualmente hoy en Familia Libre, sin otra referencia que la de su autora, pero que bien entra dentro de esta sarta de cosas que hoy incluyo acá. Dice: “El embarazo es básicamente un tiempo de espera. Mientras el niño activamente crece, necesita que la madre tranquilamente se detenga” (Laura Gutman).

En síntesis, quería compartir una obviedad que suele pasarnos de largo y que, cuando aparece, solemos reducir a una idea de “lentitud” asociada a los niños, satanizada y padecida diariamente por sus papás. Yo, particularmente, estoy harta de pasarme los minutos de mis comidas diciéndole a Irene que si no termina pronto se va a quedar solita (recordé que había vivido la misma escena millones de veces en sentido opuesto cuando estaba pequeña y era yo quien se tardaba horas enteras en la mesa). He decidido, en su lugar, intentar adaptarme al ritmo de la pequeña o encontrar no sé qué alternativas de “movilidad” que nos ayuden a conciliar un poco las diferencias. Es increíble cómo algo tan simple puede terminar -si lo dejamos- por arruinarnos un poco el rato… y mucho más si pensamos que al final del cuento la liebre es la que pierde la carrera…

(…) Se entretiene con cualquier cosa,
menos con la apuesta. Al final, cuando ve
que la otra tocaba casi la meta,
parte como una flecha; pero los impulsos hechos
fueron vanos: la tortuga llegó de primera.

¿Alguna idea, algún consejo? Creo que todos deberíamos vivir en el tiempo de los niños, o en su velocidad. Ojalá logré superarme a mí misma para hacerlo 😉

Un abrazo.

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¿Afectan los estereotipos de género la educación de los pequeños? Y empezó noviembre…

7 comentarios Add your own

  • 1. mat & jose  |  8 noviembre 2012 en 09:11

    Ángela!!!

    Mientras leo tu entrada, pienso, uffff acabo de salir de casa corriendo dejando a las niñas para ir al banco, donde estoy ahora, al mercado, la farmacia… Corriendo como loca porque Teresa se puede despertar y temiendo esa llamada de teléfono de Maura para tener que volver corriendo… Ufff ufff sido día y noche de tanto correr. También pienso en esto, porque correr y no ir al ritmo de ellas dos? Pero no encuentro soluciones para no tener que ser la más rápida del barrio! Jajaj

    Cambiando de tema llevo días con el agradecimiento pendiente por los lindos zapatos y las lindas balletas de las niñas, nos encantan! Gracias! Fue súper rico ver a Gustavo, fue corto pero bueno… En estas carreras de la vida como decíamos antes!!

    Mil besos y te dejo que tengo que seguir corriendo para llevar hoy a Teresa al dermatólogo que tiene un pedacito de piel donde no le crece pelo en la cabeza.

    Nos vemos pronto!

    Matilde

    El 08/11/2012, a las 11:34, La casita de Irene escribió:

    > >

    Responder
  • 2. Náhuatl Vargas  |  8 noviembre 2012 en 10:58

    Si, primero que yo fomento la idea de contancia en lugar de rapidez. Es decir, no comas rápido pero sí constante por favor. Y para nuestra propia ansiedad, cualquier labor, tejer, bordar y hasta leer, a un lado de nuestros pequeños mientras comen o terminan sus ejercicios de escuela en casa, para estar junto a ellos sin desesperar.
    Por otro lado pienso que no tiene nada de malo comer solo, a veces nos pasa acá, que Itzcóatl termina antes de de que yo me pueda sentar, o lo dejo comiendo mientras me baño porque tenemos que salir, etc., no es algo malo o feo estar solita.

    Responder
  • 3. María José  |  9 noviembre 2012 en 10:57

    Uf, yo suspendo en esta asignatura, que me paso el día con la cantinela del “venga, vamos…” Aunque bueno, en mi defensa he de decir que en ocasiones, cuando la paciencia hace el favor de apiadarse de mí, les dejo hacer a ambos a su ritmo, sobre todo a la hora del juego.
    También he de decir que no veo mal del todo que los niños sepan que cada cosa tiene su momento y su lugar. No creo que necesiten una hora para comer, aunque lo hagan solos. En mi caso Leo es muy lento, se distrae con facilidad y puede eternizarse delante del plato, ¡y eso que le encanta comer! 😛

    Responder
  • 4. Nuria  |  11 noviembre 2012 en 07:25

    No se si fue en el blog o en fb. Pero justo a esa edad alguien me dio un típ muy bueno.

    Me dijeron ponele un kiwi bien jugoso o alguna fruta o algo así muy rico y decís que “quien primero termine lo tiene de postre”

    Eso funciona a esa edad ya. Ayer Analís lloro media hora xq ya no quería comida y quería postre. Pero Irene si esta en edad. Con Ignacio nos ayudo a que la cosa siga siendo lenta pero tolerable.

    Besos a la lentitud

    Responder
  • 5. Zarina Alejandra Ávila Romero  |  12 noviembre 2012 en 21:38

    Pues creo que desde que nació mi hija cada vez más necesito ir a su ritmo, es sanador, tranquilizante.. trato de dejarla a sus anchas, de darle su espacio, de respetar sus tiempo, de acoplarme a ella.. a veces es difícil, pero siempre que lo logro es una bendición para todos. Excelente reflexión, La comparto de inmediato.

    Responder
  • 6. margarita cuellar b (@mamidelux)  |  14 noviembre 2012 en 07:50

    En la pedagogía Waldorf le llaman “ritmo”…. es todo un rollo precioso sobre el cual hay mucha literatura… te paso estos enlaces que me parecieron pertinentes aunque si quieres busco algo en casa y te lo escaneo.
    http://www.celebratetherhythmoflife.com/2011/10/rhythm-waldorf-style.html
    http://millennialchild.wordpress.com/article/discover-waldorf-education-from-playing-110mw7eus832b-14/
    http://www.waldorftoday.com/2011/11/daily-rhythm-at-home-and-its-lifelong-relevance-by-helle-heckmann/

    La eterna pelea entre uno con uno y uno con ella(s). El reloj marcando los segundos y el afán que te invade. Es terrible cuando uno se detiene y se da cuenta de lo rígidos que podemos ser frente a los niños y sus ritmos. Espero que disfrutes los enlaces…

    Responder
  • 7. La velocidad de los niños 2 « La casita de Irene  |  12 diciembre 2012 en 08:14

    […] a ser nunca el caso. Lo cierto es que debo hacer justicia y hoy, un poco más de un mes después de la primera entrada relacionada con la velocidad de los niños (inspirada en buena parte por las dificultades que teníamos con Irene al comer), quiero compartir […]

    Responder

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