“Yo no quiero que trabajes, mami”

8 agosto 2012 at 03:04 6 comentarios

¿Así o más claro? Con esa oración simple (expresada por Irene otras veces, en medio de llantos y discusiones, pero ante oídos ocupados y medio sordos de mamá) mi chiquita y la vida han resuelto el enigma de las crisis de mis anteriores entradas. El origen del demonio de Tazmania, en resumen, soy yo misma… bueno, yo o la atención perdida de mi hija -ahora que me parecía más independiente y más autónoma, menos demandante y más tranquila…

Ni los terribles dos ni los terribles tres ni la edad ni caprichos ni incomprensiones ni irracionalidad son adjudicables realmente a mi niña. Son inventos, quizás. O mejor: nuestra forma torpe y desconectada de entender una necesidad elemental y básica. Lo único que un niño necesita (yo misma lo he escrito en esta casita) es a sus papás. Y yo, que siempre he defendido esa crianza cercana, sin escuela ni nada que marque distancias, he caído en la falacia de ver en mi chiquita -que ahora camina sola, come sola, juega sola, habla como cotorra- a una personita independiente. Me necesita, apesar de todos esos logros. Porque es una niña y los niños necesitan a sus papás. Pretendo que entienda “mis necesidades” de tener otra vez una vida paralela (que es normal, que es humana, que a veces, no sé si psicológicamente, materialmente, profesionalmente, económicamente parece necesaria -insertar bendiciones a Simple Living como una forma d vida válida y necesaria aquí) a la de ser mamá. Pero no, estar disponible no basta. Al menos no solamente. Libros, trabajos, escrituras, pantallas y todo aquello que disperse la atención de mamá por periodos prolongados desata una crisis ya descrita que simplemente dice: “estoy aquí, te necesito, acompáñame” (es decir, “atiéndeme, juega conmigo, abrázame”).

Escribo esto y el corazón se me hace una uva pasa. No pretendo solidaridad ni látigo, simplemente quiero compartir esa respuesta directa y sencillísima -dicha ahora en nuestra cama, hace como una semana, al despertar y jugar con papá y mamá saludando, sonriendo, en medio de una felicidad y una tranquilidad total- que aclara definitivamente el panorama.

Y doy detalles de nuestra vida: Irene nunca está sola, siempre tiene un adulto disponible para ella. Si mamá trabaja en casa (ayudando a papá, casi siempre, o escribiendo -por ejemplo este blog, ahora a las 2 y 30 de la mañana-) no lo hace porque sea asalariada. Puedo dejarlo y ya está. Pero, claro, ese “trabajar” -que es lo que le he dicho a mi hija que hago, lo mismo que ella ha repetido que va a hacer, trayendo su computador de juguete para sentarse a mi lado, pidiéndome que ponga su mesita y su sillita al lado de la mía con un “mamá, yo también quiero trabajar” o cualquier variable similar- afecta mi disponibilidad: menos parque, menos juegos, menos conversaciones, menos estar juntas con los cinco sentidos puestos. Y la vida da razones que no vemos, así sea expresadas en gritos, reclamos o cambios de opinión repentinos, contradictorios e incomprensibles.

Hemos tenido días mejores, definitivamente. ¡Mejorsísimos! La solución, más allá de la disciplina positiva (que existe y creo que siempre ha primado en esta casa y que puede ayudar, sin duda, a enfrentar momentos de crisis demoníacas), ha sido dedicarle más tiempo y más atención a nuestra chiquita.

Así que no hay terribles dos, ni terribles tres (¡faltan un día para el cumpleaños de nuestra chiquita!), ni terribles nada. No es capricho, no es irracionalidad. Es necesidad de mamá (con todas sus letras, irremplazable por otro adulto disponible). Y eso, sin duda, es vital. No será fácil mantener la disponibilidad al tope, pero al menos ya tengo claridad sobre el enigma. ¿Vale la pena? Seguro. No sólo por estos mejores días, tranquilos, sosegados, felices, sino porque creo que las faltas o no de afecto (que estar disponible también es darlo sin condiciones) marcan el resto de la vida de un pequeño. Ya habrá tiempo para otras cosas, otros libros, otros oficios alternos (así sea en la madrugada, cuando un poquito de insominio nos hace levantar).

Estoy tranquila y feliz. Y, sí, no es un reto fácil, pero me gustan los “premios” (y esta solución final). Seguiré “transmitiendo”.😉

Un abrazo y un gracias a todas por sus palabras.

PD: Ilustro esta nota con una imagen emblemática, del 22 de septiembre de 2010: la de la eurodiputada conservadora italiana Licia Ronzulli, quien llevó a su bebé a trabajar “para que pensemos en todas las mujeres que no pueden conciliar su vida profesional con su vida familiar”. No estoy en contra del trabajo, lo admiro y lo respeto, pero no puedo dejar de desconocer una cosa natural. Nos falta tribu y nos jode (perdón) el sistema en el que vivimos. Los niños, que no entienden ni de capitalismos ni de facturas por pagar, lo tienen claro: ellos sólo necesitan a sus papás. Cierro, para ¿dar esperanza? ¿acabarla? con una foto actual de esta misma diputada (y su hija) en la Eurocámara (si meten su nombre en Google y seleccionan imágenes, verán un montón de sesiones con chiquita a bordo más… ¿conciliación laboral?).

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6 comentarios Add your own

  • 1. Náhuatl Vargas  |  8 agosto 2012 a las 15:24

    Si, pero quizá ese no es lugar para una niña o bebé. De cualquier modo es importantísimo.
    Y si, necesitan más de nuestro tiempo y mientras seamos capades de darlo sin berrinches (berrinches adultos, de no tengo tiempo para mi y mi desarrollo profesional, etc.) y la posibilidad económica es lo mejor para ellos.

    Responder
  • 2. María José  |  9 agosto 2012 a las 09:14

    Ay, pobre Irene, ¡hasta que al final lo soltó! Bueno, pues sabido el origen de “sus males” ahora es más fácil ponerle remedio, siempre y cuando se pueda, claro está. No cabe duda que para nuestros hijos nuestra presencia es importante, pero más aún nuestra atención a sus necesidades.

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  • 3. Nuria  |  9 agosto 2012 a las 20:35

    Me encanta!!!! mis respetos porque esa sensibilidad de escuchar, de dar espacio.
    Bueno ahí poco a poco van creciendo los tres en esa profesión de ser papás, de ser hija y de ser familia.

    Mucho amor

    Responder
  • 4. Aldea  |  10 agosto 2012 a las 07:18

    Efectivamente!!!! Este és también mi problema….los momentos de desesperación, no són más que la sensación de tener que PARTIR-TE en dos!! Porque tu cuerpo, tu alma i tu bebe te dicen que te quedes al lado de tu hijo/a y que le prestes atención y cuidados…y la sociedad actual te exige (nos autoexigimos) muchos quehaceres, trabajos y ocupaciones!!! Y entonces, es cuando me siento ESTRESSADA!!! Tristemente, yo no puedo dar-le todo mi tiempo a mi niña…porque trabajo, y siento que yo tambien me llevaria a mi niña conmigo al trabajo (seguramente me hecharian de la empresa, a parte que trabajo en un laboratorio químico y, este, si que no és lugar para un bebe…)

    Besos!

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  • 5. Victoria  |  5 octubre 2012 a las 11:11

    Cuanto tiempo Azul. Te entiendo. Yo se exactamente lo que quieres expresar, exactamente. Esa primera foto de la eurodiputada ya la habia visto, y alguien en alguna parte comento, dos puntos, abro comillas, quiero ver lo que va a pasar cuando se despierte la bebe, cuando llorre, cuando vomite? Y aunque creo que uno puede hacer cualquier cosa cuando mentalmente esta organizado para eso (ejemplo, llevar una bebita a una sesion del congreso), no es asi de facilito. Ahora, por otro lado, y en algun momento lo conversaremos con mas calma, tambien creo que ya no somos el mismo humano que eramos, no somos la misma tribu, fuimos monos en el pasado, hoy somos otra cosa, y no es bueno, ni es malo, es otra cosa, y no creo que vamos a volver nunca jamas a ser lo que fuimos. Pero en algo quiero ser clara, no estas sola, somos muchas, por suerte nos conocemos y estamos juntas. Yo TE ENTIENDO🙂

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  • 6. Y empezó noviembre… « La casita de Irene  |  14 noviembre 2012 a las 08:05

    […] más continuamente en esta casita (que historias sobran). Tengo varias en el tintero, pero el “no quiero que trabajes, mami” sigue […]

    Responder

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