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“Truth About Mom”: verdades de mamá

Esta semana, encontré un artículo precioso y revelador sobre (¿crianza?, ¿educación?) las verdades de las madres, que me ha puesto a pensar en qué cosas me gustan o me interesan a MÍ realmente, como un camino para encontrar nuestra manera de ser papás. Sé que he hablado de muchas de ellas en esta casita, pero al leer otro texto -sobre Homeschooling, maravilloso, que me llevó al que mencionaba originalmente- me di cuenta de que, en general, muchas de las cosas que pensamos ideales para la crianza de nuestros hijos pueden no ser realistas con nuestra vida, nuestros gustos, nuestras circunstancias o nuestras metas. Decidí entonces “decirme” la verdad y tratar de encontrar esas particularidades que hacen que yo sea el tipo de mamá que puedo ser y no otra distinta, con la certeza de que -como lo dice Sarah, la autora de los dos textos reseñados- esta reflexión me ayudará a ser una mamá tranquila y feliz (y por lo tanto, nuestra chiquita será una niña tranquila y feliz, sin importar las cosas que hagamos o el lugar en donde estemos). ¿Cambiará la lista con el tiempo? Es apenas natural… así que será un tema en el que tenga que volver cada tanto. ¿Se animan?

La propuesta es relativamente simple: debo pensar primero en mis puntos fuertes, en segundo lugar en las necesidades de mi familia como un todo y en tercer lugar en las necesidades individuales de cada niño (en este caso, de Irene), teniendo en cuenta sus fortalezas. El reto original (es decir, el que dio lugar al que yo encontré) surge de un texto de una mamá que se puso en la tarea de pensar sobre los principios de mamás felices que educaban en el hogar. Parecería que me estoy volviendo monotemática con el asunto, pero lo cierto es que pienso que aunque el origen de todo esta historia es la reflexión sobre la educación en casa, el resultado bien puede funcionar para la crianza de los chiquitos y, por qué no, para lograr una vida más tranquila y feliz en cualquier hogar.

A veces pienso que cuando somos padres tendemos a desconectarnos de nuestro instinto para seguir consejos o modelos que quizás no se adapten a nuestras vidas. Caemos fácilmente, en consecuencia, en una trama de inseguridades, insatisfacciones, temores e infelicidad que podríamos evitarnos si nos permitiéramos escucharnos más a nosotros mismos y a nuestra realidad.

Así que sin afán de consejo, pero sí como ejercicio personal que quiero dejar por escrito (siempre pienso que Irene podrá encontrar en algún sitio esta historia de nuestra experiencia y que estas palabras le ayudarán, aunque yo no esté presente, si algún día ella misma llega a ser mamá) y que quizás pueda inspirar a alguien más, empiezo mi lista de verdades. Espero que nos sean de muchísima utilidad.

  • Adoro escribir y leer. Creo que no sería feliz si no tengo un libro para hojear en las noches: me encanta quedarme dormida con una historia entre los dedos y adoro hacer un cuento de todo, con palabras más que con imágenes (lo segundo no se me da, pero no me quita las ganas de narrar).
  • Soy metódica, aunque a veces me cuesta terminar todo lo que empiezo. Me gusta encontrar una manera de simplificar procesos y odio perder tiempo tratando de hacer cosas que se pueden sistematizar (y no hablo sólo de procesos tecnológicos…).
  • Me gusta hablar. Mucho. En mi intimidad. Con Irene me he dado cuenta que tiendo a verbalizar todo (bueno, no tanto: soy medio cohibida para expresar ante extraños lo que pienso). Y pregunto razones o detalles de todo. Soy inquieta y me gusta dialogar.
  • Soy muy racional. Este punto a veces juega en mi contra, pues tiendo a explicar todo, a veces desconociendo que hay cosas que no caben en las palabras (o a sabiendas de que es así, pero olvidando que puede ser bueno simplemente sentir y callar).
  • Con lo único que soy minuciosa y perfeccionista es con lo abstracto (lo que escribo, lo que leo, lo que pienso). Tiendo a hacer muchas cosas prácticas al cálculo (recetas, proyectos de costura), ignorando a veces instrucciones. La buena noticia: no me frustro fácilmente con los resultados; si no sale lo que planeé soy buena para buscar alternativas o para dar por cerrado el intento sin que me quedé un sinsabor fatal.
  • No soy buena para trasnochar, no al menos haciendo cosas que impliquen pensamiento: si debo pensar, la mañana es una mejor hora.
  • Soy paciente.
  • Soy prudente.
  • Soy tranquila. El problema: no me gusta que se me altere mi espacio de paz. Y soy mala para oir ruidos todo el tiempo (odio, por ejemplo, las emisoras con conversaciones todo el día. O estoy oyéndolas atenta o debo apagarlas. No me gusta el ruido de voces al fondo… y eso a veces hace que no me dé cuenta de que estoy rodeada de mucho silencio… yolvide que a mi amorcito y a Irene les gusta un poco de “música” y actividad).
  • Suelo hacer varios proyectos al mismo tiempo… pero si algo no “me atrapa”, lo dejo con facilidad.
  • Intento ser más manitas, pero se me da mejor lo de pensar.
  • Me gusta muchísimo estar al aire libre.
  • Me gusta viajar.
  • Me distraigo fácilmente con las pantallas (es una ventaja no tener televisión en nuestra casa).
  • Tiendo a poner los deseos de otros por encima de los míos. Puede ser generoso, pero a veces restringue claridad.
  • Me gusta que tengamos tiempo libre en familia, sin actividades fijas. En esos ratos, por ejemplo, me encanta salir a caminar.

Creo que tendré que hacer una lista con las fortalezas de Irene y otra con nuestras necesidades de familia… Viéndolo bien, no era tan sencillo. Queda en “continuará”. 😉

Imagen tomada de Short-Story-time.com

8 febrero 2012 at 09:42 5 comentarios


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