Socializar: ¿qué pasa cuando los niños no van a la guardería o al colegio?

7 febrero 2012 at 08:15 4 comentarios

Irene crece a pasos agigantados. O eso me parece a mí: cada día amanece siendo más ella, más clara, más autónoma, más niña y menos bebé. Lo que dice, lo que hace, la manera como expresa lo que siente y piensa, sus deducciones (que las hay), sus anhelos, sus juegos… Todo en ella es para nosotros una sorpresa y un descubrimiento. Ene veces he escrito que es imposible dimensionar lo rápido que crece un chiquito, pero cada día compruebo que incluso esa aseveración se queda corta. Estos últimos días las sorpresas han ido de la mano de su capacidad (o limitación, si puede decírsele así) de socializar: si bien a veces muestra reservas, poco a poco se va soltando más en sus relaciones con los otros. Por eso intuyo que abrirnos a nuevos espacios con pequeños va a enriquecer su desarrollo muchísimo más.

Imagen tomada de Skamasle Imágenes.

Desde sus primeros meses de vida tuve la impresión de que Irene era una niña sociable: sonreía, se mostraba tranquila ante extraños, se sentía cómoda fuera de su casita… Por supuesto había épocas en que también contaban las excepciones, pero incluso con ellas sentía -y cada día más- que nuestra hija no era tímida.

Pues bien: de un tiempo para acá frente a ciertas personas (que la saludan en la calle, que se acercan a hablarnos, que le acarician el pelo con palabras melosas, que la invitan a jugar con otros niños en el parque…) Irene intenta aislarse poniendo sus manos en su carita. Los dedos quedan un poco entreabiertos por momentos (para ver a hurtadillas), pero en otros además de la manita ella aprieta sus ojos. El mensaje es claro y mamá, aunque a veces le dice “saluda, mi corazón, a la vecina”, se queda tranquila.

Momentos después, cuando el “peligro” intimidante se aleja, la chiquita hace comentarios del estilo de: “yo no quería saludar a esa señora” o “mamá, esa vecina no me gusta” o (también, con tristeza) “yo sí quería hablar con ella”. También me ha dicho: “me asusté” o “¿dónde está el señor?”, etcétera, etcétera.

Paralelamente, además de la historia del lobo (y ahora del “pollo”, haciendo referencia a un muñeco gigante, con personaje disfrazado adentro, que camina en los centros comerciales promocionando una cadena de comidas rápidas), nuestra pequeña desde hace algunos días anda diciendo “mamá, a mí no me gustan los payasos” (y tuvo unos en casa en su cumpleaños) y otras tantas cosas más que evidentemente la asustan o por su tamaño o por sus gestos. Dice cosas como “el pollo es malito” (luego, tras una explicación de mamá y papá concluye que no es malo, “es amigo, pero a mí no me gusta”). Es decir: los veo, pero de lejitos.

Y entonces, por supuesto, recuerdo todo aquello que he leído y visto sobre la socialización de los niños: que sólo a partir de los tres años pueden interrelacionarse -compartiendo, negociando, interactuando- con otros niños, que los temores y los miedos son etapas de su desarrollo (naturales, por demás), que de manera innata, desde que son bebés, los niños tienen periodos de apego a sus papás y un montón de cosas semejantes. Pero a veces me rondan preguntas…

¿Nuestra pequeña debe socializar más?

En general no me ha preocupado sobremanera el tema, quizás porque realmente el temperamento de Irene es el de una niña simpática y tranquila que es recelosa ante desconocidos (con unos menos, con otros más), como nosotros mismos, pero con todas las ideas de escuela en casa rondando mi cabeza no está de más indagar.

Nuestra experiencia este fin de semana en su primera clase de baile (en la que, por cierto, continuará) fue reveladora en ciertos aspectos: Irene estuvo un tanto reservada al comienzo y, aunque le encanta moverse y bailar, no siguió fácilmente el ritmo de sus compañeras (niñas un poco mayores que ellas, de 3 años en adelante), tal vez porque ha estado menos expuesta a actividades de grupo y porque -juzgo yo- no ha tenido una profesora enfrente antes, indicándole que haga esto o aquello.

¿Y qué concluyo?

Creo que, desde el punto de vista de la socialización es importante encontrar espacios de interacción para los pequeños alrededor de los 2 años y medio -ya cada quien decidirá si deben ser de escolarización. Yo pienso que si se puede estar con ellos en casa, mejor no– porque ellos mismos, si no lo han tenido, los irán pidiendo. Siento que si viviéramos más en tribu (como dice Laura Gutman) no sería necesario recurrir a espacios externos, porque la misma familia proporcionaría esa socialización básica, pero como no es nuestro caso ni hay hermanitos ni primitos alrededor… la clase de danza, la visita a la biblioteca y el juego en el parque con los vecinos puede funcionar genial.

Confieso que me preocupé un poco al principio de la clase de este sábado porque pensé que nuestra chiquita se estaba perdiendo de algo, pero la vida se impusó y me desmostró, cinco o diez minutos después, que los niños tienen una maravillosa capacidad de adaptación y que aunque Irene no siguiera  a rajatabla (y sobre todo de inmediato) todas las indicaciones (algo que celebro en cierta forma, además) sí logró integrarse a la dinámica de grupo, manteniendo su atención (sorprendentemente), disfrutando de la música y el baile, e interactuando en la medida que se lo pedía la situación. No se aisló ni un solo segundo del grupo, no lloró, no se molestó. Simplemente tardó un poco más en entender la dinámica de “yo te indico y tú me sigues”.

En resumen, empezamos una socialización “formal” en la vida de nuestra chiquita que nos irá dando la pauta para otras formas de hacerlo. Y no ir al colegio (o a la guardería, para el caso), no limita el aprender a estar con otros. Como colofón, dejo un par de artículos (además de los links de Homeschooling que aparecen en la columna derecha de este blog) al respecto:

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¡A bailar! “Truth About Mom”: verdades de mamá

4 comentarios Add your own

  • 1. Maribel  |  7 febrero 2012 en 09:31

    Interesante reflexión.
    Mi hijo tiene tres años.
    Debido a mi preocupación por su socializacion, ya que no tenemos muchas ocasiones de que se relacione con otros niños, decidimos escolarizarle. La decisión duro dos meses y en nuestro caso no funciono, ahora aprende en casa.
    Creo que lo ideal es buscar un equilibrio. Los niños que aprenden en casa no deben estar aislados, es bueno encontrar momentos y actividades para compartir con otras personas. Pero no debe hacerse de una manera demasiado estricta (como el colegio) con niños tan pequeños como el mio.
    Lo bueno es que ellos vayan encontrado su espacio poco a poco y nosotras sepamos respetar sus ritmos y sus recelos. Quizás las cosas puedan surgir de una forma mas natural y espontanea…
    También son temas sobre los que yo pienso mucho.

    Responder
  • 2. Náhuatl Vargas  |  7 febrero 2012 en 09:35

    Yo estoy de acuerdo. Me preocupaba por eso antes, porque al principio mi hijo era un poco tímido, pero llegados los 3 años se volvió muy sociable, casi demasiado. Además noté que la escuela no era buena idea antes de los 4 porque no tienen capacidad de contarte lo que les pasa de inmediato, a lo mejor te cuentan de una agrasión meses después, cuando ya no puedes hacer nada.
    Al menos eso fue lo que yo observé con mi hijo que fue por temporadas a la guardería desde los 7 meses y ahora es un feliz niño educado en casa.

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  • 3. María José  |  8 febrero 2012 en 05:09

    Yo creo que lo importante es satisfacer las necesidades del niño. Hay pequeños tímidos, que no necesitan de los demás más allá de su círculo más cercano y para ellos encontrarse en un ambiente con otros niños puede ser perjudicial. Sin embargo hay otros que demandan actividades en grupo, compartir, pelearse…
    Leo va al cole y ahora que hace frío y apenas podemos salir de casa me pide muchas tardes ir a ver a algún amigo o que alguno venga a casa,¡él es demasiado sociable! 😉

    Responder
  • […] sólo a los 5 o 6 años de edad. ¿Las razones? Los links adjuntos exponen buena parte de ellas (verificadas con creces en la experiencia), pero pueden resumirse justamente en intentar educar a nuestra chiquita en un ambiente que le […]

    Responder

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