¿Los terribles dos?

15 agosto 2011 at 08:38 6 comentarios

Contrario a lo que vaticina la mala fama de los dos años, Irene nos sorprende cada día con muestras de comprensión, madurez y autonomía. No sé si sean producto de su cartácter, de nuestros ritmos, de la atención que recibe, de la disciplina (sin golpes) que impartimos, o si sean llanamente un asunto de la edad. Lo cierto es que las rabietas o pataletas y los “yo quiero o no quiero” pronunciados con rebeldía van dando paso a oraciones quizás igualmente autónomas, pero cada vez más dulces y conciliadoras. ¿Será que los terribles dos no son tan temibles o que aún están por llegar?

Nuestra chiquita apenas cumplió sus dos años hace una semana, pero las típicas caracterizaciones de independencia, autonomía, frustracción y “pataletas” (con tirada al piso y todo, momentánea) aparecieron desde los dieciocho meses más o menos… para dar paso a una chiquita más tranquila, más madura, más comprensiva y más conciliadora a estas fechas. Y aclaro que eso no significa que Irene sea una niña dócil y calladita -lejos está: significa que ese temperamento autónomo y determinado que la caracteriza se explaya también en comprensión, dulzura y tranquilidad. Es más, quizás las palabras no sean precisas, pero lo que sí puedo asegurar es que nuestra hija parece adaptarse cada día, más feliz y más tranquila, a los ritmos de este hogar.

Los cambios

Las sentadas a comer, por ejemplo, ahora son menos dramáticas (pasábamos desde hace algunos meses por períodos de “corro alrededor de la mesa porque no me quiero sentar”. Ahora casi siempre Irene nos acompaña en su silla tranquila, después de un “no quiero” juguetón que se transforma en un “con el papá y con la mamá” amoroso que accede a comer con nosotros). Del mismo modo, hay menos protestas y gritos foribundos cuando oye un “no” como respuesta (igual, por supuesto, hay cosas que no le gustan, pero concilia más rápidamente… y, sobre todo, ahora atiende más razones, sin tirarse al piso “desmayada” como ocurría hasta hace apenas un par de semanas). También hay menos drama a la hora de salir del agua (que le encanta) cuando termina el baño y mucho menos al volver a casa después de jugar.

Es cierto que nuestra chiquita nunca ha sido dramática, pero también lo es que en los meses previos a que cumpliera los dos años, empezábamos a ver muestras de “no comprendo” o “entiendo pero prefiero esto”. Del mismo modo, tuvimos algunos baches de inapetencia, acompañados incluso de un amplio menú puesto sobre la mesa para ver qué quería  comer. Pasamos por dudas con respecto a la manera de aplicar la disciplina con amor y sin golpes (con intentos de “tiempos fuera”) y por sospechas -positivas- sobre la ayuda que podía brindarnos simplificar la vida (y especialmente la paternidad  -vuelvo a recomendar el libro de Simplicity Parenting… y si no, el club de lectura de Rachel sobre el libro (¡con resúmenes por capítulo), que pueden encontrar acá).

¿Qué puede ayudarnos a que no sean terribles los dos o los tres años?

No cantamos victoria -en cualquier caso entendemos que esa “rebeldía” de los dos y los tres años hacen parte de un proceso de maduración natural-, pero sí creemos que hay comportamientos y costumbres que pueden ayudar a que ese descubrimiento del yo y sus limitaciones sea menos complejo en los pequeños (y más amable para los papás).

En nuestro caso, creo que ha sido relevante el desarrollo del lenguaje de Irene. Sé que todos los niños lo llevan de manera diferente, pero siento que a estas alturas nuestra hija se expresa con bastante claridad, lo que facilita la expresión de sus emociones, de sus deseos y de sus “no estoy de acuerdo” (a veces se equivoca en las conjuugaciones, sigue hablando con mucha frecuencia en tercera persona cuando se refiere a ella y aún complementa muchas de sus oraciones con gestos -como muñeca, mano, para decir: “dame esa muñeca, papá”-, pero avanza y se expresa e insiste cuando ve que no le entendemos. Ahora, siento, es una niña que habla y quiere se le entienda. Y nosotros unos papás derretidos que queremos “charlar” con ella más y más).

También considero importante el eterno hablar y explicar. En casa le hemos hablado a Irene desde que estaba en la pancita (una razón, quizás, para que ella no pare de hablar y de verbalizar todo lo que hace -“me siento”, “casi me cae”, “la niña no quiere”, “vamos a la calle”, “quiero ir al parque”, “me voy a bañar”, “hace popo”, “se salió el chichí”, “los muñecos ya comieron”, “susto no” (ahora intenta, claramente, superar sus miedos solita, dándose tranquilidad) y un largo etcétera-) y eso se mantiene, con explicaciones que a más de uno le pueden parecer excesivas. Hubo un tiempo, no muy largo, en que parecía que le hablábamos a las paredes porque Irene en medio de sus llantos de protesta no lograba ni quería oír explicaciones. Hoy eso pasa algunas veces, pero cada vez menos. La explicación sumada a una clara (ahora más férrea) figura de autoridad en el papá y la mamá ayuda a que ella esté dispuesta a entender lo que tratamos de explicar.

Y ahí viene el otro punto que considero relevante: la disciplina de papá y mamá. No ha sido fácil encontrar el punto de equilibrio, pero siento que nos estamos acercando. Seguimos claros y firmes en que no se aprende con golpes, pero también nos inclinamos cada vez más a reconocer que tampoco se puede caer en la permisividad. Un tono de voz quizás más serio y definitivo (no gritos) y una reducción de alternativas nos han ayudado a ello. Y también los tiempos fuera: esos que aplicamos muy pocas veces (incluso con dudas), pero que han resultado definitivos para que Irene entienda ciertas limitaciones. Ahora, la claridad, las explicaciones y el amor nos ayudan un poco más en la “negociación” que implica educar y aprender por partida doble.

Recomiendo, en definitiva, la búsqueda de ritmos y de lenguajes conjuntos que extiendan puentes entre papás e hijos.  Las palabras nunca sobran, más si están llenas de amor y buena voluntad. También la búsqueda de lecturas diferentes sobre muchos de los dramas posibles entre chicos y adultos (sigo recordando con admiración y gusto esta historia de Armando y las piedritas atrapadas en las zapatillas de su pequeño). Ah, y los tiempos compartidos (esos en los que nos relajamos grandes y pequeños) son utilísimos. Finalmente, creo que ese cambio mágico que llega de la mano con la ma-paternidad es sólo el comienzo de un sin fin de años maravillosos… con todo y contrariedad. 😉

PD: Dejo como ilustración de este video la recreación de los “terribles dos” que hicieron, en su momento, los productores de una serie infantil de dinosaurios. Sé que puede recordarle más de un dolor de cabeza a algunos padres, pero también termina siendo relajante saber que hasta en los “muñecos” -como les dice Irene- se da esa transición (más terrible que en la realidad, sin duda. Jjajaj). La fuente, otra vez, es Bebés y más.

PD: Queda pendiente nuestro resumen de la celebración de los dos de la pequeña… que aún no se materializa: será este fin de semana en nuestro hogar. Por lo pronto, sí, hubo torta y canción y velita en casita con papá y mamá. 🙂

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¡¡Felices dos años, mi corazón!! Nuestra fiesta de cumpleaños

6 comentarios Add your own

  • 1. Nuria  |  15 agosto 2011 en 12:58

    Bella!!! Que interesante texto y muy útil

    El enano mío ha sido verbalmente un zorro, super bien, y los terribles dos le llegaron como a los 2.6 o 2.7. Antes de eso era todo bien, todo fácil, relativamente claro. Creo que ese momento de “saberse diferente” de los padres y por tanto usar el mecanismo del berrinche para mostrar la propia autonomía. Dependen del niño, a veces duran muy poco y a veces no llegan del todo!!

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  • 2. Victoria  |  16 agosto 2011 en 07:17

    Quiero mirar ese libro de Simplicity Parenting. Mi teoria muy a la carrera porque tengo a la bebita en las piernas y desde ayer estoy tratando de leerte, es que ser papa de un nino de dos anios no es una tarea facil, y quizas no haya libro ni truco alguno que la haga facil, es asi, y punto. A mi me da la impresion que en el pasado los papas se preocupaban menos por la crianza de los hijos, leian menos quizas, sin embargo tanto mi mama como mi abuela coinciden conmigo en que “la crianza es muy dificil”. Hoy en dia yo pienso en las cosas de la maternidad que me costaron mas trabajo (la destetada, la dormida, la alimentada de la hija) y me da la impresion que si las hubiera enfrentado de otra manera no hubieran sido tan dificiles, pero lo que pasa es que no las hubiera enfrentado de ninguna otra manera, y ahi es donde esta el problema, uno reacciona como reacciona, porque es la primera vez, porque no sabe, por como se siente, y ni si existiera la formula para hacer unas pastillitas de como criar, sin llanto, sin cansancio, sin remordimiento, etcs, se podria uno librar de eso. Digo yo. Pero aclaro, me encanta leer todas estas reflexiones, y me identifico en la manera como tu ves y has asumido la crianza. Un abrazo. El delantal esta en camino. Te doy mas detalles en cuanto pueda. Llega primero a Miami y ahi hablamos de nuevo. Un beso,
    Victoria
    Corrigeme los errores de pensamiento por favor. Estoy apurada 😉

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    • 3. azulitoclaro  |  16 agosto 2011 en 07:21

      Ningún error de pensamiento. Yo también creo que la crianza viene del corazón. Lo que pasa es que no puedo dejar oficio y vicio de leer… y, claro, encuentro cosas maravillosas “que me tocan el corazón” y otras que no. 🙂 Ah, y creo que tienes razón, que la crianza es difícil siempre justamente porque se trata de mamás, papás e hijos… y de todo un presente y un futuro para tres o más de. Gracias por pasar por aquí. Y por el delantal. Un abrazo y un besito, A.

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  • 4. María José  |  19 agosto 2011 en 02:09

    En mi caso como en el de Nuria están siendo más los terribles dos y pico, por no decir los tres. Leo se agarra unas rabietas impresionantes, yo creo que son llamadas de atención porque pensará… si al bebé le hacen caso cuando llora, pues a mí también. En fin, en esas estamos…

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  • 5. Jess  |  7 septiembre 2011 en 13:10

    Ya tengo el libro que comenta Victoria que comentaste en otro post lo tengo entre mis pendientes a leer, respecto a ¨los terribles dos¨ creo que cada niño es diferente y expresa lo que siente en formas diferentes, para mí no hubo terribles dos, ni terribles tres, espero que no tengamos terribles cuatro, pero conforme van aprendiendo a expresar lo que quieren o disgusta la cosa va cambiando, tengo una amiga que escribió un post sobre esto y me parece tan acertada que te paso el link estoy segura que algunas cosas te gustarán:
    http://macarenahenriksdatter.blogspot.com/2010/02/terrible-twos.html

    Responder
  • 6. A mordiscos « La casita de Irene  |  12 octubre 2011 en 08:49

    […] regaña, protesta y se rebela. Me temo que es algo inherente a su edad (ya queda poco de “los terribles dos no han pasado por acá“), pero también sospecho que nuestra paciencia y amor son una buena guía para superar los […]

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